Leyendas españolas · Unidad 95 de 180

Unidad 95 · D0>' POLICARPO. 331

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D0>' POLICARPO. 331

Allí de Mably y su pesada escuela, Propagadora de la gran doctrina Que en la esfera social todo nivela,

Y no sabe crear, si no arruina ; Que en la feroz Esparta nos revela El máximum del bien, y nos destina Frugales mesas y desnudos lomos ; — Quedaron en cenizas dos mil tomos.

De D'Holbach los narcóticos escritos, Donde el error en formas mazorrales Conduce al hombre á bárbaros delitos. Se tornan chicharrones infernales. Allí mueren folletos iníinitos Del padre de los cultos liberales, De Constant, que un humazo uegro esconde Junto al Conservador del gran Vizconde.

V tú, Corina ! tú también! ¿ la gracia De tu estilo no basta? No : en tus hojas Tremenda chispa sus furores sacia ;

Ya se chamuscan fétidas y rojas. Pudiste merecer tanta desgracia? Tú, que en la inspiración la pluma mojas, ¿ Cedes, cuitada, al torbellino negro ? Pues, como sol cristiano, que me alegro.

332 DON POLI CARPO.

;, Para qué declaraste insana guerra, jVUijer, al hombre que deplora el niíindo; Al que, cual numen atloró la tierra, Al que al malo inspiró terror profundo? Las perlas ricas que tu pluma encierra, No debieron ornar ídolo inmundo; Ni te hizo el cielo dones esquisitos Para adular hinchados parásitos.

Allí cien escritores romanescos De novelas, ensayos, melodramas, Anglomanos, exóticos, tudescos, Desparecieron en vorazes llamas : Imitadores frios y grotescos; Fabricantes de insípidas proclamas; Que en vano escalar quieren la alta cima, Donde el cantor de Ofelia se sublima.

Ya consumado el horroroso incendio, Entra la esposa, y en raudal henchido Vierte la execración y el vilipendio Contra el devoto y mísero marido. Él, de resignación frió compendio, Sin alterarse aguanta el estallido; Ella en sangriento insulto se desboca, Y él le contesta cual pelada roca.

DON POLICARl'O. 333

« Separación, » esclama furibunda, Desgarrándose el chai y las polleras ;

Y él, inmutable en su (fuielud protunda. Le responde : « Hija mia, como quieras. » Dirá lal cual lector : «Qué buena tunda ! » Policarpo se^uia otras banderas. Empalagado ya de aquel consorcio.

Vio el cielo abierto cuando oyó — Divorcio.

LIT

Oijían ustedes cómo acaba el cuento. Muchos años después, el buen Carranza .Murió siendo donado de un convenio,

Y era de aquel convento la esperanza. Su preciosa mitad, alto portento

Di' lino gusto y mujeril pujanza, Se-un relieren, terminó la vida En la calle de Atocha recogida.

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