Leyendas españolas · Unidad 96 de 180

Unidad 96 · EL PRIMER

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EL PRIMER

CONDE DE CASTILLA.

-Í-&-!

« Octavio.

Quién así cambió su estrella?

Tur pin.

Ella.

Octavio.

¿Y quién fué su sosten

En sus males?

Turpiu.

Ella.

Octavio.

¿Y quién

Rompió sus prisiones?

Turpin.

Ella.

Octavio.

Válgalo Dios por doncella !

No hai fiora mas arrojada

Que doncella enamorada. »

Un Ingemo de esta corte.

La corte de Navarra on Caslro-fiierle (17) Prisión mas l)ien parece, (¡ue morada De un soberano poderoso y fuerte, Que ensanchó sus dominios con la espada : Que Don García olvida ya la muerte De su padre, y la oferta reiterada De alzar contra el autor fiera cuchilla ; Fernán González, conde de Castilla.

338 EL PRIMER CONDE DE CASTILLA.

Mas que la edad, un frío aburrimiento, Y mas que el desengaño, la fatiga De un reinado cuidoso y turbulento La antes famosa actividad mitiga. Pésale el curso de los años lento; Su aletargado corazón no abriga Deseo ni temor, pena ni goze ; Ni amor, ni envidia, ni ambición conoce.

Mohosos yacen en mansión oscura. Cual rotos muebles ó marchitas flores, Broquel y espada, lanza y armadura, En tanto fiero empeño vencedores. Ni el alazán recorre la llanura Tras gamo 6 liebre : duermen los azores Lánguidos en la percha : en el retrete No resuena el bullicio del banquete.

Sancha no lejos de su padre crece, Sin recibir caricias de su mano, Bien que de fresca juventud parece Ya en sus mejillas el vigor lozano. Pero en vano el retiro la oscurece, Cual rica joya en tierra vil, y en vano Triste y austera soledad limita La inquietud generosa que la agita.

EL PRIMER CONDE DE CASTILLA. 339

La condesa Matilde la acoiiipañ.-i, Dama de ingenio agudo y gran respeto, Que el rei condujo de región eslraña, De su cordura y razonar discreto Prendándose en Tolosa. Y en España Obispos é infanzones en secreto Imploran reverentes sus avisos,

Y los adoptan fleles y sumisos.

Ella de Sancha el corazón dirige Con habla grave y amistoso zelo;

Y en aquel ¡ib'.mdono (jue la aflige, Matilde es su esi)cranza y su consuelo. De su meditación el curso rige,

Para evitar que tome osado vuelo,

Y en peligrosas fantasías halle Deseo que la inquiete y la avasalle.

Tal puede reprimir la débil rama Del aliso la fuerza del torrente. Que de la alia cerviz del Guadarrama Se desploma espumoso y prepotente. Ya en aquel seno juvenil la llama Prendió de aféelo puro ; ya vehemente Busca, sin encontrar quién se lo indi(|ue. Objeto á que su ardor se comuni(|ue.