Leyendas españolas · Unidad 98 de 180

Unidad 98 · EL PRIMER CONDE DE CASTILLA. 3i3

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EL PRIMER CONDE DE CASTILLA. 3i3

Cauteloso reserva Don García Nueva que halaga sus impulsos Geros; Mas pronto cambia en bulla y alegría Su retiro y sus hábitos austeros. Mandato urgente presuroso envía A los mas esforzados caballeros, Diciéndoles que tiene meditada Grave empresa, gloriosa y reservada.

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Que se aperciban sin tardar, pues vale Mucho la prontitud en el empeño, Sin que aquella noticia se propale, Porque nadie descubra su diseño.

Y en efecto, con turba armada sale, Cuando en las alas de la noche el sueño La silenciosa capital domina,

Y escaso albor los cielos ilumina.

Llegó después á Sancha la noticia,

Y consternada la dejó, y llorosa;

Que auníjue nunca del padre la caricia llidagó su niñez, la fervorosa Condición de aquel alma sin malicia No enfría de la suerte rigorosa La aspereza, y amar es su destino,

Y no sabe seguir otro camino.

3H EL PRIMER CONDE DE CASTILLA.

Ya en occidente la postrer vislumbre Del dia se ocultaba, y en pos de ella Derramaba torrentes de alba lumbre La luna, remontando su faz bella Con indecible majestad. La cumbre Del monte y el raudal nacido en ella Imitan los reflejos celestiales, En dura nieve y móviles cristales.

Del regio alcázar á distancia breve

Se conserva postrada la ruina

De romana mansión : ni rastro leve

De su historia se j^uarda ni adivina.

Que el tiempo así con rauda acción conmueve

Los trabajos del hombre, y encamina

Todo á la destrucción, en cuyo abismo

Se habrá de sepultar el tiempo mismo.

EL PRIMER CONDE DE CASTIIIA. 3t5

Naturaleza disírazó el ultraje De los sijjlos, ciñendo cariñosa Los mutilados restos del follaje De verde aliso y de silvestre rosa.

Y en rededor magnííico paisaje Dispuso, que termina en grandiosa Persi)ectiva, do el albo Pirineo Levanta su volumen giganteo.

Ansiando por la plácida frescura (Jue alli en lemi)lada noche se respira,

Y aquel puro deleite y grata holgura Que la frondosa soledad inspira, Sancha abandona la mansión oscura De su palacio, que con tedio mira;

Y al lado de Matilde, á paso lento Se encamina al antiguo monumento.

Sentadas en el rolo peristilo, Antes á falM) núnicn consaiírado, Atónitas contemplan el tranquilo Reposo del ambiente perfumado; Reposo (|ue en el seno, cuando asilo Presta á locas quimeras, arrastrado Por »'l secreto ini|)ulso de ansia incierta, Dolor profundo y turbación dispierla.