Leyendas históricas de América. La conquista.--La colonia.--La independencia.--La república · Unidad 11 de 121

Unidad 11 · LEYENDAS HISTÓRICAS 37

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LEYENDAS HISTÓRICAS 37

Y la mirada de ambos se hundió en un punto lejano de la cordillera, al tiempo que se abrían sus bocas en una sonrisa imbécil y se dilataban sus narices como aipirando el anunciado viento...

Y aquí, caballeros, encajaría una digresión acerca de las importunas maldades de las corrientes de aire, que deciden en no pocas ocasiones de la suerte de grandes acontecimientos de la historia humana. Pero se la perdono a ustedes en gracia de la brevedad, pues ponerme a hablar de las batallas navales perdidas o ganadas a impulsos de una racha que pincha las olas y sepulta los navios, sería caer en vulgaridad flagrante. ¡Si hasta en el Arte hace su papel el maldito! Y si no, recuérdese la opinión de aquel D. Jacinto de Romarate, que en casa del buen Fabricio Núñez— aquel poeta modernista que erró su época al nacer tres siglos antes y ser discípulo de Góngora en vez de actuar de imitador de Rubén Darío—, hallaba que el viento es el que forma el verdadero interés de la Iflgenia de Eurípides.

Y no hay que reírse, como los convidados del amigo de Gil Blas... Ahí tienen ustedes a Escipión bien acampado a orillas del Trebía en acecho de una oportunidad para darle un buen golpe a Aníbal. El bribón del cartaginés, inquietas sus avanzadas con los negritos africanos, sus auxiliares, le obliga a pasar el río, y calcula tan

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bien, que a poco se levanta un remolino, el cual hiere en el rostro a los legionarios con sus ráfagas heladas que arrastran torbellinos de nieve... Los soldados se enfadan, se ciegan, se aturden; el hijo de Amílcar aprieta de lo firme; y veinticinco mil romanos tendidos muertos en el sangriento campo de batalla, atestiguan la victoria del gran capitán de Cartago...

Pues algo de Aníbal tenía el indio zarrapastroso, que murmuraba en el oído de su compañera, tan zarrapastrosa como él. «Doña Marcela: na huáirata shamunmi...* Porque... Verán ustedes, que merece contarse.

LA QUE HICISTE EN YAQUACHL.. LA REPAGASTE EN HUACHl

Nuestros padres, hablando de la guerra de la Independencia, solían decir con fruición patriótica: La que hiciste en Huachi, la pagaste en Yaguachi) pero los españoles que en aquel tiempo nos combatían, demasiado pudieron tornarles la frase del modo que queda apuntado; pues si bien es cierto que en Yaguachi Sucre les cobró con creces a los godos el desastre de la'división mandada por Pebres Cordero y Luis Urdaneta en aquel lugar infausto de nuestra historia, haciendo trizas al coronel realista González y su