Leyendas históricas de América. La conquista.--La colonia.--La independencia.--La república · Unidad 22 de 121

Unidad 22 · 60 MANUEL J. CALLB

Texto completo en español de una edición de dominio público con fuente y huella registradas.

60 MANUEL J. CALLB

de entusiasmo, y su política vio en el heroico suceso una buena ocasión para alentar el espíritu de su ejército, presentándole palpable y reciente ejemplo de cómo se combate y cómo se vive y muere por la Patria.

Al efecto, expidió un decreto laudatorio, en el que ordenaba vaciar una medalla que llevase en el centro una S volteada, con esta inscripción: «A los vencidos de Chancay».

¿Por qué la S al revés?

El Primero de Namancia, para cuyo, soldados habían cosido uniformes lujosos, llorando y engrilladas las damas payanesas en el año 1817, prestó buenos servicios en las campañas de la Independencia, siempre en concepto de batallón colombiano, del 20 al 24.

Hallándose en Guayaquil, en el últimamente expresado, tomó el nombre de Voltyeros,

Los grandes nombres de la epopeya americana iban desapareciendo de las tropas que en ella actuaron. Algún tiempo después, el batallón Girardol, que recordaba la acción grandiosa del Bárbula, ¿no se había de llamar simplemente el batallón Islotes, y ser impíamente fusilado?...

ESTAR DE MALAS

Conocida es la frase del general D. Joaquín Posada Gutiérrez, obstinado conservador desde los últimos días de la Gran Colombia y autor de unas curiosas Memorias históricas, al saber que el general D. Tomás Cipriano de Mosquera, enfermo de muerte en Popayán, había recibido los auxilios de la Iglesia, después de una borrascosa vida política en la que hizo mangas y capirotes del cleriguicio colombiano y de la libertad religiosa.

«Como se muera, aunque se salve>, exclamó aquel buen católico, con la caridad más cristiana y fervorosa.

|Y qué duda cabía de que la salvación del gran general era cosa segura, a lo menos en el concepto del interesado!

Ya en los últimos días de su vida, enfermo y valetudinario, comiendo una vez en casa de su amada hija doña Amalia, en unión de los presbíteros doctores Joaquín Pardo Vergara y Fran-

^ MANUEL J. CALLE

Cisco Javier Zaldúa, como este último, por complacerle, afírmase que su robustez le prometía aún largos años de vida, dijo con adorable sencillez:

-Por lo menos, no temo la muerte, porque allá ruegan por mí todos los angelitos que he enviado al... cielo. Nada me resta que desear, porque durante mi larga existencia he obtenido cuanto he querido.

-Lo cual prueba que usted será un gran santo el día que quiera— le contestó con buena sombra el doctor Pardo.

—¿Quién lo duda?— le replicó convencidísimo el desterrador de obispos y confíscador de bienes eclesiásticos.

De seguro que los angelitos (los fusilados) se estarían de rodillas ante el Eterno, impetrando la salvación del viejo liberal, menos uno que se fué al cielo mediante un acto de caridad que no era de la voluntad ni entraba en los planes políticos y justicieros de don Tomás.

El caso es breve y lamentable, y merece referirse; si bien lo haré variando el nombre, porque existen todavía en Pasto parientes y allegados del protagonista de esta verídica relación, a los cuales no agrade tal vez que se remueva esta vieja historia, que es un ejemplo vivo de que cuando el hombre está de malas no hay subterfugio que valga para ser vencido por el destino.