Leyendas históricas de América. La conquista.--La colonia.--La independencia.--La república · Unidad 35 de 121

Unidad 35 · 90 MANUBL J. CALLE

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se entablaron las negociaciones que produjeron el armisticio, habiendo ido con pliegos del Libertador a Morillo el edecán de aquel, O'Leary, Morillo le habló de aquel hombre con entusiasmo, y se lo entregó para que le condujese al Libertador, sin exigir canje, y hasta le regaló dinero. El Libertador volvió por él ocho hombres de Barbastro* (1).

¿No parece ésta una página de la galante caballería? ¿No se recuerda a aquel buen Pedro de Bayardo, defendiendo él solo un puente contra todo el ímpetu del ejército español, hasta que los suyos se retiren?

Y, no obstante, las escenas de la guerra a muerte estaban fresquecitas, con sus Boves, Morales, Rosetes, Antofíanzas, Sámanos, Enriles, Moxós, Toirás, y más monstruos que desacreditaron el nombre español y la raza humana, en las regiones de la América Meridional.

Los jefes independientes consideraban como un triunfo suyo el armisticio celebrado en Trujillo el 26 de Noviembre y ratificado y canjeado en la misma noche; armisticio por el cual se regularizaba la guerra, concediendo garantías aun a los espías y desertores. Y lo considera-

(1) Memorias del general Rafael Urdaneta.

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ban tal, no sólo por las notorias ventajas en que quedaba su ejército, sino por el tácito reconocimiento que el general español hacía del Estado colombiano y su independencia, al suscribir estas palabras en el acta de ratificación: «En consideración a que... mis comisionados, para ajustar y concluir un tratado que regularice la guerra entre España y ColombiQy con los comisionados del Excmo. Sr. D. Simón Bolívar, presidente de la república de este nombre.,.* Bolívar no nizvo caso de ello, fijándose tan sólo en las positivas ventajas ootenidas. «Cada artículo de los Tratados— dice O'Leary— contenía algo favorable a los colombianos, y, como los hechos lo probaron, esta negociación decidió la independencia del país».

El general en jefe español fué más allá todavía. Inmediatamente después de ratificado el honroso convenio, manifestó su vivo deseo de conocer personalmente al caudillo americano, y por medio de sus comisionados solicitó una entrevista, que fué concedida en el acto, señalándose para verificada el día siguiente, y como lugar adecuado el mísero poblachón de Santa Ana, equidistante de ambos campamentos .

En la mañana del 27 hubo movimiento en el real español. Morillo escogió un escuadrón de caballería para escolta, se hizo acompañar por cincuenta jefes y oficiales de lo mejorcito de su ejército, y con este séquito se puso en camino.