Leyendas y tradiciones: Toledo, Córdoba y Granada · Unidad 11 de 35

Unidad 11 · FRANCISCO VAL VERDE Y PEEALEtí 83

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FRANCISCO VAL VERDE Y PEEALEtí 83

alfombras ¿i su corcel. A este varón singular , con estudiada perfidia, hizo blanco de su envidia el rencoroso Aguilar ; 6 invitándole , traidor , á su fortaleza un día, donde una fiesta se hacía de otra persona en honor; le sentó á su mesa, y luego , como un bandido ruin, en la sala del festín hizo prender á Don Diego. En una torre encerrado, por largos meses, le tuvo, hasta que, á su antojo, obtuvo promesa del secuestrado de darle compensaciones si en libertad le ponía; cuantas Aguilar pedía con especiosas razones ; jurando el buen caballero que, si á su pacto faltaba, á retornar se obligaba al castillo prisionero.

Allá en la rica Baena y en una lujosa estancia

de aquel castillo , que mira á sus pies volar las águilas, sobre un sillón de respaldo, que entre primorosas tallas ostenta en altos relieves las nobilísimas armas de los Fernández de Córdova, reposa el Conde de Cabra. Su brazo diestro, doblado, en el del sillón descansa y apoya la noble frente sobre la rugosa palma. Ropilla de luto viste, y las sombras de su cara dicen bien, cuán tristes sean los pesares que le embargan. Pensando está en aquel hijo, gloria y honor de sus canas, que preso en obscura torre un miserable maltrata , cuando, abriéndose la puerta, vió , con sorpresa que arranca dos lágrimas á sus ojos, á aquel hijo de su alma , sano y libre, que á su cuello los fuertes brazos enlaza. Contó , Don Diego , á su padre de aquella su prisión larga detalles, que el noble viejo oyó trémulo de rabia, y al conocer el rescate que, con mengua de su casa,

por dejar libre á su hijo Don Alonso le reclama, y el sagrado juramento y la solemne palabra que exigió al joven cautivo de retornar, sin tardanza, á la prisión, si aquel pacto el Conde no cumple y guarda; alzó sentida protesta de la conducta villana del de Aguilar, y la expuso ante el trono del Monarca , para que la real justicia árbitra fuera en su causa. Examinó el Cuarto Enrique las pruebas de la demanda y declaró nulo el pacto , relevando, por su gracia, del juramento á Don Diego , que sin volver al Alcázar de Aguilar, cobró su honra de caballero sin tacha. Ya libre, Don Diego, y suelto de compromisos y trabas , acudió como valiente al terreno de las armas , escribiendo sus agravios en el hierro de su lanza , donde lavarse pudieran con sangre de las entrañas de aquel felón, su enemigo, á quien con un paje manda

un cartel de desafío

donde de infame le trata

y á fiera lucha de muerte

en campo neutral le emplaza.

Llegó á noticia del Rey

el nuevo giro que daban

aquellos nobles inquietos

á discordias , que las plazas

fronterizas dividían

con peligro de la Patria ,

y bajo terribles penas

de deshonor y de infamia

les prohibió que en los dominios

á donde su cetro alcanza ,

ni en ciudad ni en campo yermo ,

para reñir se juntaran.

No desmayó el de Baena,

y buscando tierra extraña

donde luchar, fué á pedirla

al Rey moro de Granada/

Muley Hacén, que á tal ruego,

vino pronto en otorgarla

en su corte, señalando

para una fecha cercana

la celebración del reto ;

y luego , por nueva carta ,

hizo al de Aguilar Don Diego

saber cómo le esperaba,

en el convenido día ,

ante la corte africana,

bajo el asilo seguro

de la regia salvaguardia.