Libro de los niños · Unidad 2 de 5
Unidad 2 · FABULA.
Texto completo en español de una edición de dominio público con fuente y huella registradas.
FABULA.
El topo y el gusano de lu*
Por una estrecha hendidura Sacó la cabeza un topo ,
Con poca carne en los huesos
Y mucha piel en los ojos :
No sabe si es noche ó dia ; Pero siente en el contorno A un gusanillo de luz,
Y le dice de este modo
“ Ufano puedes estar, Tamaño como un gorgojo Llevando en parte vedada,
La linterna por adorno •
Ya la muestras, ya la ocultas, Tan altivo y orgulloso Como fanal que en la torre Enseña el puero al piloto. ”
“No tal (contestó el gusano.) Que mi pequeñfez conozco;
Mas á ninguno, hago daño,
Y algún bien procuro á otros : Doy luz , oculto en la yerba , Sobre las plantas me poso ,
Y los insectos acuden
A guarecerse en su tronco ;
Ni destruyo las raíces.
Ni las semillas me como ,
Ni por temor á los hombres Bajo la tierra me éscondo. ”
Esto dijo el gusanillo ;
Y lo dijo con tal tono,
Que el dañino animalejo Quedó aun mas ciego de enojo Fué á replicar y no pudo , Sintió encendérsele el rostro ,
Y murmurando entre dientes, Metióse dentro de un hoyo.
Así en el mundo sucede . Que los mas torpes y tontos Al que brilla poco ó mucho Le zahieren envidiosos.
TEJL FERRO.
En la sierra de Guadalupe vivía un ganadero , ya anciano , qne había perdido la mayor parte de sus bienes á causa de la guerra , en términos que solo le quedaba un corto rebano, para mantenerse él y su familia. Ha^ bia encargado su guarda a un mu¬ chacho de diez á doce años, hijo suyo y á quien como tal amaba muy en¬ trañablemente ; si bien aquel rapaz tenia el genio díscolo , y solía no es¬ cuchar los consejos y advertencias de su padre con la docilidad y respeto que debiera.
Una de las cosas que mas le ator¬ mentaban , aunque en si muy peque-
ña, era que le hubiesen dado por compañero y vigilante un perro de ganado, nacido y criado en la casa, á quien todos los pastores de aquellos contornos conocían y acariciaban, poique realmente merecía el nombre de leal.
Solo el pastorcillo le miraba con malos ojos, y al menor descuido 6 falta, le daba golpes con el cayado; mostrándose el animal tan humilde y sumiso, que lejos de volverse contra el dueño, se echaba en el suelo y me¬ neaba la cola, como para desenojarle, y á veces lamia la mano que le habia castigado. -£ ¿ Para qué quiero yo es¬ te estorbo? (decía á sus solas el mu¬ chacho: ) yo solo bastaría para guar¬ dar el ganado , y para traer sobre pus honibros alguna oveja que se des»
carriase; en vez que este torpe mas* tin anda y desanda cien veces el ca¬ mino , y con sus vueltas y revueltas me cansa y me marea. Ni tiene siquie¬ ra la gracia y viveza de otros, que saltan y hacen mil habilidades , para diversión y entretenimiento de sus amos : durante horas enteras está echado á mis pie3 ; y no parece sino que mi padre le ha dicho al oido que no me pierda ni un instante de vista. No : pues en llegando yo á ser gran¬ de, con la mayor gracia del mundo le pongo á la puerta, y que vaya á buscar refugio a la portería del con¬ vento. ”
Mas de una vez habia tenido aquel muchacho esta platica consigo mis¬ mo ; y de tal suerte manifestaba en su rostro lo que pasaba dentro de su
corazón, que no parecía sino que el buen leal le adivinaba los pensamien¬ tos , y se quedaba mirándole de hito en hito inquieto y pesaroso. Mas aconteció un dia , en el mes de agosto por cierto, que estando sesteando el ganado, y el zagal desapercibido, apareció de repente una loba, que te¬ nia atemorizada la comarca con sus muchos estragos. No se sabe si venia acosada del hambre, ó perseguida por los cazadores; pero lo cierto de ello es que daba tales ahullidos, co¬ mo cuando pocos dias antes le qui¬ taron sus cachorros; y apenas la sin¬ tió el ganado , se desparramó por el monte, habiendo algunas ovejas tan tímidas y azoradas que se despeña¬ ron por un tajo.
El terror del pastorcillo fue tal,
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que se quedó como si fuese de pie¬ dra, sin poder moverse ni gritar si¬ quiera ; porque el miedo le embargo la voz y el sentido, hasta el punto de caer desmayado y poco menos que muerto. IMas no asi leal , quien a_i que divisó á la rabiosa fiera, en v ez de acobardarse, empezó á ladrar con tanta furia que atronaba el monte; colocándose delante de su amo , co¬ mo pudiera hacerlo un padre en de¬ fensa de un hijo. La fortuna de am¬ bos fue que la hambienta loba pasó como un relámpago junto a ellos, en seguimiento de una oveja; dando al paso un mordisco , que hizo al # pobre leal una herida en el lomo.
A pesar del dolor vivísimo , no por eso dejó de ladrar y de querer embes¬ tir á la fiera; y apenas la vio lejos,
volvióse cariñoso ai muchacho, y em¬ pezó á acariciarle con tales demos¬ traciones, como si quisiera con ellas restituirle la vida. En este afan per¬ maneció durante algún tiempo, dan¬ do de vez en cuando unos quejidos como una persona* que está muv ape¬ sadumbrada; mas viendo que sus co¬ natos eran inútiles y que el chico no \° 7 la f n S1 ’ quedóse suspenso, como dudando de lo que había de hacer; jasta que, guiado por una especie 5 T] e lnstmt0 ’ ecíl ó á correr por aque¬ llos montes, y llegó jadeando á la cabana en que vivía á la sazón su amo. Hallo la puerta cerrada; y em . pezo a moverla con impaciencia, dando en ella golpes con las manos como una persona que llama con ne¬ cesidad de socorro.
Abrió la puerta el anciano; y se le cayeron las alas del corazón, al ver á leal tan fatigado y brotando san¬ gre de la reciente herida. Lo prime¬ ro que se le ocurrió fue si habría muerto su hijo; y daba pena ver al afligido viejo, acariciando ál perro y queriendo preguntarle qué había hecho del tesoro que le confió. No pudiendo permanecer en tan con¬ gojosa incertidumbre, salió el buen padre en busca de su hijo ; y leal le iba guiando por aquellas rocas y ve¬ ricuetos, estenuado de cansancio , y sin poder apenas moverse ; pero ha¬ ciendo esfuerzos por alijerar el paso ; y volviendo sin cesar la cabeza, para ver si le seguia su amo.
Asi llegaron al paraje en que es¬ taba el muchacho , sin haber recobra-
do todavía el uso de sus sentidos. Abrazóle su padre con la mayor ter¬ nura; rocióle después él rostro con agua de una fuente , que allí cerca manaba ; y dándole á oler unas ma¬ tas de cantueso y tomillo , fue vol¬ viendo en sí el rapaz, cual si saliese de un profundó letargo. Al pronto no sabia ni donde estaba ni lo que le ha¬ bía sucedido : volvió la vista al rede¬ dor en busca del ganado ; y solo vio á su padre , que estaba junto á él, y á leal echado á sus pies , rendido y casi desangrado.
Al cabo de pocos momentos, por la relación que el padre le hizo y por lo que él propio recordaba, compren¬ dió el gravísimo riesgo que había cor¬ rido , y que tai vez era deudor de la fiel animal. En el ins-
tante mismo se le vino aí pensamien¬ to la mala voluntad con que obede¬ cía los mandatos de su padre, enca¬ minados todos á su provecho, y la ingratitud y mal trato con que habia pagado la vigilancia de leal; y sin despegar los labios, pero arre¬ pentido y sonrojado , besó la mano á su padre, como pidiéndole perdón y ofreciendo la enmienda; y después levantó del suelo á leal , empezó á curarle la herida; y dándole palma¬ das en el cuello , le decía con cariño, cual si él lo comprendiese: “ ya ten¬ go un compañero y un amigo para to¬ da la vida”