Libro de los niños · Unidad 5 de 5
Unidad 5 · HA* UWV \VWV'I W\ VM W\ V\UVt VVV Mí
Texto completo en español de una edición de dominio público con fuente y huella registradas.
HA* UWV \VWV'I W\ VM W\ V\UVt VVV Mí
El invierno es la cuarta y última estación del año: principia a fines del mes de diciembre, en el punto mismo en que los dias son mas cor¬ tos , y las noches larguísimas.
Los bosques se presentan desnudos de hojas, y los prados sin 'verdura ni flores; pero en esta estación se la¬ bran y se abonan los campos, para que den á su tiempo abundantes mieses y frutos. Dios ha dispuesto, en su infinita sabiduría, que la tierra des¬ canse algún tanto para producir lue¬ go mas, y que el hombre la riegue con el sudor de su frente, antes de reeojer sus tesoros.
En el invierno son por lo común mas frecuentes las lluvias que en nin¬ guna otra estación ; por lo cual los arroyos suelen venir crecidos, los rio» salir dé madre, y correr impe¬ tuosos torrentes por los montes y va¬ lles, que aparecían secos en el vera¬ né.
Como los rayos del sol tienen me¬ nos fuerza en invierno , al paso que el cielo suele estar entoldado con nu¬ bes y celages , esta estación es tris¬ te y melancólica , aunque no falta de cierta magestad y grandeza , como sucede siempre que se descubre el poder del Altísimo. Pocas cosas hay mas hermosas que los campos cu¬ biertos de nieve : y pocos espectácu¬ los tan sublimes como una tormenta; porque sobrecogido el hombre por
una especie de temor religioso , re¬ conoce su pequenez, y naturalmente eleva su ánimo á Dios, que dispone del trueno y del rayo.
Pero cuando mas terrible se os¬ tenta en medio de su gloria y pode¬ rlo , se descubre su infinita piedad y misericordia; convirtiéndose en provecho del hombre lo mismo que parecia encaminado á su daño. Las nieves abrigan las sementeras y tecundan los campos; los vientos puri¬ fican el aire , mueven las naves por los espacios del mar , y hasta llevan semillas de plantas y de flores de una región á otra. Las tormentas limpian ^atmósfera de vapores pestilencia¬ les , y á veces producen la benéfica lluvia , con que se refresca el ambien¬ te y se fertiliza la tierra.
En medio del rigor del invierno como que se aprecia mas, y se agra¬ dece á Dios, disfrutar de un hermoso dia , cuando el sol se muestra radian¬ te, infundiendo calor y vida; asi como no puede menos de admirarse el po¬ der y la bondad del Criador, al con¬ templar en una noche de enero la apacible luz de la luna, que sigue magestuosamente su curso por un cie¬ lo sembrado de estrellas.
Yo te descubro , Señor,
Cuando al son del ronco trueno, Abre la nube su seno Y arde en vivo resplandor!
Yo te descubro /tendiendo E! iris de la esperanza;
Yen vínculo de alianza El cielo y la tierra uniendo.
A tu voz el viento bramá,
Y mar y tierra conmueve;
A tu voz la blanca nieve Vida en los c ampos derrama.
Preso el fugaz arroyuelo,
Presa está la clara fuente;
Mas ya el sol resplandeciente Rompe sus grillos de hielo:
La densa niebla deshace;
El monte y prado fecunda;
Al mundo de luz inunda,
Y el mundo á su luz renace.
Del invierno en los rigores
El hombre, buen Dios , te implora; Mas ya tu mano atesora De abril y mayo las flores.
uiaSa.
gu situación y dominios.
Hacia un estremo de Europa Se halla la fértil España,
Por altos montes y mares En rededor resguardada.
Al norte los Pirineos
La segregan de la Francia; Sirviendo sus altas cumbres De limite y de muralla.
Dos mares, al mediodía,
Sus costas en torno bañan,
Y un Estrecho las divide De las costas africanas.
Galicia yace al ocaso,
Al Portugal apegada,
Y el Atlántico es el foso Que defiende aquellas playas;
En tanto que por oriente El Mediterráneo aguarda A las naves que algún día Fueron á Grecia y á Italia.
No lejos las Baleares Recuerdan su antigua fama,
Por los célebres honderos. Terribles en las batallas;
Mientras al estremo opuesto
Dése óbrense las Canaria Como descanso y refugio En navegaciones largas.
Por aquella nueva senda Fueron los hijos de España A conquistar otro Mundo Con una cruz y tina espada.
Pasaron aquellas glorias,
Con tanta sangre compradas;
Y solo quedan vestigios De dominación tan vasta:
Puerto-rico , que á Colon Llenó el pecho de esperanza ;
Y Cuba , fértil en frutos Que á todos sacan ventaja.
También en África hay restos De las glorias castellanas;
Y Ceuta que del Estrecho Parece guardar la entrada.
fia los eliftiai táas Íefáüdáí
Allá en los mares del Asia,
Aun rige el cetro español Filipinas y Marianas-.
De suerte que donde quiera Se ven las señales claras De qué el sol á todas horas Tierra española alumbraba,
XX»
Xtios principales;
Muchos y abundantes ríos Cruzan el hispano suelo; Llevándole jugo y vida.
Como las venas al cuerpo. Los mas ricos y afamados Boa el caudaloso Ebro,
Que i. la inmortal Zaragoza
Riega sus campos amenos.
Los de Castilla fecunda Con sus raudales el Duero ,
^ busca salida al mar De Portugal por un puerto.
El Tajo que pasa al pié De los muros de Toledo, Ufano con tantas glorias Se encamina al propio reino Mas no asi Guadalquivir, Que se da por satisfecho Con que Córdova y Sevilla Le reconozcan por dueño.
III.
Cordilleras y montes.
Desigual y montuoso Es el terreno de España; Y sus mayores llanuras
Las de Castilla y la Mancha.
Crúzanla en distintos rumbos Cordilleras y montanas.
Que la abastecen de bosques.
De marmoles y de aguas.
Los fragosos Pirineos La defienden y resguardan. Desde el mar de Cataluña Hasta el golfo ce Vizcaya.
En Aragón el Moncay , Sobre todos se levanta;
Y linde de ambas Castillas Empinase Guadarrama.
Sierra-Morena famosa A la Bética da entrada, Alegrando el corazón Con su verdura lozana.
Encierran ricos metales Los montes de la Alpujarra;
Mientras el Darro v Cerní
Nacen en Sierra-Nevada.
Allí cesó el duro imperio De las lunas africanas,
Y se tremoló la cruz
En las torres de la Alhambra;
Tras ocho siglos de guerra, Desde la primera hazaña,
Cuando en los montes de Asturias Sacó Pelayo la espada.
IV,
Feracidad dé su suelo.
Con franca y liberal mano Ha tratado á España el cieloDerramando en ella dones Que repartió en otros reinos.
Clima templado y suave , Ni muy rígido él invierno \
Ni el verano tan ardiente Que quite fuerzas f aliento.
Puro el aire , el sol radiante,
El cielo claro y sereno ,
Las corrientes cristalinas,
Fecundo y hernioso el suelo.
Los frutos mas estimados Juntos los da su terreno ,
Sin tener qué ir en su busea De la tierra a los estreñios.
Mieses , plantas , yerbas, flores, Cubren los campos estensos ;
Y mil preciosos metales
La tierra esconde en su seno.
Los montes le dan abrigo ;
Los rios frescura y riego ;
Y á competencia dos mares Llenan de naves sus puertos.
Crece el cáñamo en sus campos, Nace al par el linó tierno.
Da rica seda el gusano, Blando vellón el cordero:
Al algodón en los prados Cual copos de nieve vemos; Mientras la caña se mece,
Su dulce jugo ofreciendo.
1 pues de bienes y dones A España ha colmado el cielo, A tanta bondad de Dios Yngratos no nos mostremos.