Logica · Unidad 45 de 49
CAPITULO IX. — parte 4
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[12] El Abad CALMET, que trató de propósito este punto, no adhiere al dictamen comun de los antiguos Escritores, que suponian haber tomado Platon las noticias de los libros de MOYSES, por haber tratado con los Judíos en Egipto. Mas esta controversia nada hace á nuestro asunto, puesto que solo intentamos manifestar, que los Filósofos Gentiles anteriores á Jesu-Christo no se metieron en estas averiguaciones. En los primeros siglos de la Iglesia sí que hubo muchos impugnadores, y contradictores de la Divinidad de las Escrituras Sagradas. Bien sabidos son los conatos de FAUSTO Maniqueo, á quien respondió S. AGUSTIN: las artes, la malignidad, la potencia de JULIANO el Apóstata, contra quien escribieron S. CIRILO ALEXADRINO, y S. GREGORIO NACIANCENO: los argumentos del Filósofo CELSO, á quien satisfizo ORIGENES. Las Apologías de S. JUSTINO, de TERTULIANO, MINUCIO FELIX, ARNOBIO, LACTANCIO, y otros antiguos Padres á favor de la Religion Christiana, son testimonios ciertos de las contradicciones que esta tuvo en su establecimiento, y por ellas se ve la oposicion que hacian algunos á la Divinidad de las Santas Escrituras. Estos errores envejecidos, desechados, olvidados, y envilecidos, se han renovado y se renuevan cada dia, y salen al público vestidos de nuevo á la moda del siglo, con agudezas, eloqüencia, versitos de Poetas Latinos, y pedacitos de erudicion halagüeña, para captar á los incautos en un tiempo en que son muchos los Filósofos, y muy poca la Filosofía. Los Socinianos, dando á la razon del hombre un imperio muy superior á sus fuerzas, volvieron á abrir el caminos, que desde la antigüedad estaba cerrado, exâgerando que no ha de haber otra norma que la de la razon, y que los Sacrosantos Misterios de la Religion Christiana han de desecharse por no poderlos alcanzar la razon humana, sin hacer caso ninguno de lo que en esto enseñan las Divinas Letras. Los Sectarios del tiempo presente se recalcan en lo mismo, y no pierden ocasion en sus escritos _varios_ para despreciar la revelacion.
[13] He dicho _varios_, porque hoy dominan una suerte de escritos donde se habla de todo sin probar nada, parecidos á aquellas ferias donde se proponen infinitos géneros de poco valor, todos confundidos entre sí, sin otro fin que el de embelesar á los compradores, incapaces de distinguir lo sólido de lo aparente, lo superficial de lo fundado, el oropel del oro. Piezas sueltas, pensamientos vagos, reflexîones volantes, mezclas de todas las cosas, discursillos de quanto hay en el mundo, hacen el caudal de estos Escritores. MIGUEL DE MONTAÑA, entre los Franceses, dió auge á esta costumbre de escribir á los principios del siglo pasado. Despues Mr. de S. EUREMONT, La BRUYERE, y otros muchos la han adoptado. Ultimamente la practican Mr. de VOLTAIRE, y ROSEAUX. El Autor del _Arte de pensar_ y el P. MALLEBRANCHE han mostrado los errores de MONTAGNE. No faltan ahora impugnadores sólidos de los sectarios presentes, que con esta casta de escritos persiguen la Religion. La desgracia es, que los libritos perniciosos se leen y se celebran; los de los contradictores ni aun noticia se tiene de ellos. Lo mismo sucede con los del tiempo pasado. S. AGUSTIN trató de propósito de la Divinidad de las Santas Escrituras en varias partes impugnando á Fausto, y de intento en los libros _de la Ciudad de Dios_, demostrando los desvaríos de los Filósofos Gentiles, y la verdad de las Divinas Letras, como dictadas de Dios. Cerca de nuestros tiempos trató BELARMINO este punto al principio de sus contraversias: despues NATAL ALEXANDRO en el tomo segundo de su Historia Eclesiástica. Son tan admirables y tan sólidas las pruebas con que estos Escritores muestran que las Sagradas Escrituras del Viejo y Nuevo Testamento son la voz de Dios, que se ha dignado revelar á los hombres lo que no podian estos alcanzar con sus luces, que no hay mas que desear. Mi intento aquí es no salir de la Lógica, y mostrar que, segun sus reglas, las Divinas Escrituras son reveladas por Dios, y que las contradicciones de los Sectarios modernos no se pueden componer con una Lógica atinada.
[14]Quando se exâmina si las Sagradas Escrituras del Viejo Testamento son reveladas por Dios, se trata de averiguar una cosa de _hecho_. Las cosas de hecho _sensible_ en su raiz, solo se saben por la aplicacion de los sentidos; si la cosa es _insensible_, por la razon. Las dos concurren aquí iguales á probar que Dios ha revelado las Sagradas Letras. Los sentidos, quando uno no puede aplicar los suyos, porque se trata de cosas pasadas ó ausentes, hacen fe siendo agenos, con tal que en su uso se haya evitado el engaño. Cómo sabríamos que hubo JULIO CESAR, que fué muerto en el Senado: que hubo CICERON, y que fué asesinado en una Granja: que hubo AUGUSTO y otros Emperadores Romanos, si no creyésemos á los que nos lo aseguran, porque los vieron, conocieron, y trataron? La fe de las Historias, y la noticia de los tiempos pasados nos viene de esa manera. Sentemos ahora un hecho asegurado sin contradiccion por todo el mundo, es á saber, que hubo un Pueblo Hebreo reducido á pequeño recinto, si se compara con la extension de los demas Reynos: que este Pueblo es el mas antiguo que se conoce: que por una tradiccion constante antiquísima, perpetua, y general creia que solo habia un Dios, el qual habia hablado á sus Padres, á ADAM, que fué el primer hombre criado en el Paraiso, despues á NOE, ABRAHAM, MOYSES: que hizo con ellos el pacto de enviarles un Mesías reparador del género humano, miserable por la culpa del primer hombre: que comunicó á MOYSES la Ley, haciendo claros los mandatos que la torpeza del entendimiento y el desorden de la voluntad habian obscurecido: que envió á los Profetas, inspirándoles lo que debian decir á su Pueblo escogido para que caminase por las Vias del Señor: que señaló el tiempo en que habia de venir el Salvador del mundo á enseñarles el camino de su suma felicidad: que todas sus promesas y avisos los autorizaba con milagros estupendos, con que se manifestaba su gloria y la seguridad de sus inspiraciones: que todo esto lo tenian escrito en el Viejo Testamento, cuyos libros guardaban como venidos del Cielo, los miraban con sumo respeto, los tenian por regla indefectible de su conducta ácia Dios, y por cosa sagrada, que era delito profanar. Esta tradicion es digna de fe inviolable por quantos títulos prescribe la mejor Lógica.
[15] La antigüedad, la perpetuidad, la sucesion de tiempos no interrumpida, la condicion de los poseedores de esta tradicion, que fueron los Patriarcas y Profetas, varones santos, ilustrados, veracísimos, sumamente conformes entre sí, sin haberse opuesto los unos á los otros en la diversidad de tiempos, costumbres y países, los milagros confirmatorios de ella, y el exâcto cumplimiento de las promesas, son pruebas relevantes de su verdad divina, puesto que el conjunto de todas estas prerrogativas no cabe en la potencia humana. Júntense todas las Historias seculares, que comunmente llamamos _profanas_: véanse sus tradiciones las mas acreditadas y tales, que todos les dén fe sin disputa: cotéjense sus circunstancias con las del Pueblo Hebreo, y se hallará que apenas llegan aquellas á tener una parte de las pruebas que califican á estas. La doctrina de los Libros Sagrados, así en asuntos Históricos, como en Morales, es la mas pura y perfecta. Todos saben que los mas exâctos Historiadores Gentiles han escrito innumerables patrañas, de modo que PLINIO, haciéndose cargo de esto dice, que DIODORO dexó entre los Griegos de escribir cosas frívolas[a]. Pero quántos defectos halló nuestro VIVES en Diodoro[b]? El Abad CALMET, en la Disertacion que puso al principio de su Historia del Viejo Testamento, probó concluyentemente, que todas las Historias profanas están llenas de faltas y contradicciones, de manera que lo mas fixo de ellas es lo que han tomado de la Escritura Sagrada. En lo Moral, quien haya leido á LAERCIO, SEXTO, EMPÍRICO, PLUTARCO, CICERON, SENECA, donde se hallan los sentimientos de los Filósofos antiguos, verá, no Moral arreglada en ellos, sino monstruosidades y errores enormísimos. Digna es de leerse sobre esto la obra del P. BALTO, y la que escribió últimamente el P. CEILIER contra BARBEYRAC, en las quales podrán todos ver que los Santos Padres, como fieles seguidores de las Divinas Escrituras, son los Maestros de la Moral mas pura, y que los Sectarios modernos en sus escritos no hacen otra cosa que copiar á los Gentiles.
[Nota a: _Apud Graecos desiit nugari Diodorus._ Plin. _Hist. Nat. l. 1. praef. p. 5._]
[Nota b: Vives _de Caus. corruptar. art. lib. 2. pag. 370._]
[16] Es tambien conseqüente á la pureza de la doctrina, y prueba de su Divino origen el culto, adoracion y respeto á Dios, que se prescribe en las Sagradas Letras. No se puede ver mayor humiliacion del ánimo delante del Señor: qué súplicas y oraciones tan fervorosas, qué lágrimas, qué esperanzas y sumisiones, qué reconocimiento del supremo dominio de Dios sobre las criaturas no se descubren en el culto y adoraciones del templo. Si bien se mira, no pueden los hombres con mas pureza manifestar su pequeñéz, su miseria, su esperanza, sus votos, sus ánimos, enderezándolo todo á reconocer la grandeza, magestad, clemencia y misericordia del Todo-Poderoso. El culto Gentílico á los Dioses era inmundo, vano, sacrílego, y mezclado de mil impurezas, como consta de las historias de ellos. Se sacrificaban los hombres: se llenaban los Altares de sangre: no acompañaba la humildad á las súplicas, ni iban conformes el corazon y la lengua.
[17] No hay Nacion, por bárbara que sea, que no tenga Religion, porque están plantadas en el corazon de todos los hombres las semillas de ella. El Padre ACOSTA, en su Historia Natural de las Indias, pinta los antiguos Moradores de la Nueva España, como gente sin Religion alguna[a]; mas creo que se engaña, y que es fundada la impugnacion que en esto le hace CUMBERLAND, á quien siguen otros Ingleses[b]. Ni hay que fiarse de las relaciones de los Viageros, pues no siempre averiguan las cosas de espacio, ni las dicen como ellas son, sino segun las entendieron, como lo han notado con sagaz advertencia los que no se dexan sorprender de las novedades[c]. Júntense todas las maneras gentílicas y bárbaras de adorar la Divinidad, y cotéjense con la dignidad y pureza del culto que prescriben las Sagradas Letras, y se verá que aquellas vienen de los hombres, estas de Dios. No es de poca consideracion el empeño con que las Santas Escrituras condenan la idolatría, y enseñan á reconocer y adorar un solo Dios, para entender que así como el culto de muchos Dioses nació de la ignorancia y malicia de los hombres, el conocimiento y adoracion de un solo Dios verdadero, Hacedor de todas las cosas, viene del Cielo.
[Nota a: Acost. _Hist. de las Ind. lib. 7. cap. 2. pag. 453_.]
[Nota b: Cumberl. _Ley Natur. Discurs. prelimin. §. 2. pag. 3. y 4_.]
[Nota c: _Vease_ Valsecchi _lib I. cap. 9. §. 2. y sig. pag. 122_.]
[18] Todas estas consideraciones hacen, no una demostracion, sino un cúmulo de demostraciones, claras, evidentes, y certísimas, de la Divina inspiracion de los Libros Sagrados. En efecto, PEDRO BAYLE, sin embargo de su Pyrrhonismo, no se atrevió á negar que las Santas Escrituras llevan consigo los caractéres de la Divinidad[a]. A todo esto debe añadirse la creencia y autoridad de la Iglesia, que es indefectible. La Iglesia Christiana empezó con el mundo. En el Viejo Testamento estuvo en figura. Cumplióse todo en Jesu-Christo, á quien se enderezaban las promesas de Dios, los votos de los Patriarcas, las predicciones de los Profetas, y la creencia del Pueblo encubierta en las ceremonias legales. Esta Iglesia, continuada desde el principio del mundo hasta nuestros dias, sin interrupcion, con una misma creencia, reconociendo un mismo Reparador del género humano, un mismo Mesías libertador de su Pueblo, mirándolo en la Ley antigua como prometido y venidero: adorándolo en la Ley nueva como el Autor de la salud y Redentor, en quien se han cumplido todas las promesas y vaticinios, es un cuerpo sin igual en todo el Orbe; cuyo nacimiento, continuacion, perpetuidad, duracion, verdad, y permanencia, propuestas y explicadas en las Escrituras del Viejo Testamento, y confirmadas en el Nuevo con tan relevantes pruebas de conexîon, enlace, orden y credibilidad, que no hacen mas certeza las de la Geometría, arguyen evidentemente un origen divino, una sabiduría infinita, y una mano sumamente poderosa que la sostiene. ¿Qué Nacion hay, ó Provincia, ó Reyno, que por grandes que hayan sido sus aumentos, no haya venido á la decadencia? ¿Qué Gobierno, República, ó Monarquía podrá señalar y probar origen tan antiguo con unas mismas leyes, creencia, y costumbres en lo substancial? Un poco de letura de Historia hará ver á qualquiera la inconstancia de los Reynos, la caida de los Imperios mas poderosos, la mutabilidad de las Monarquías mas florecientes, porque así lo trae consigo la condicion humana. Quando á vista de estas mutaciones observamos, que la Iglesia Christiana permanece desde el principio del mundo, siempre la misma en sus fundamentales leyes, doctrina, y ordenamientos propuestos en los Libros Sagrados, sin variedad en la creencia, y sin que la hayan alterado la succesion de tantos siglos, tantas persecuciones como en todos tiempos ha experimentado; quando al mismo tiempo vemos, que quanto han establecido los Filósofos por el uso de la razon, está lleno de dificultades, contiendas, contradicciones, mudanzas, instabilidad, y errores, ¿quién habrá que no conozca que la Religion publicada en las Sagradas Escrituras no puede venir de los hombres establecedores de cosas caducas, sino de un Dios eterno, é inmutable? La Iglesia, pues, que nos asegura la Divinidad de las Escrituras, es un testimonio irrefragable de las revelaciones de ellas. Guarda la Iglesia estos santos Libros, los conserva, los sigue, cree su doctrina con uniformidad, y es fiel depositaria de sus verdades. Si todos los hombres se convienen en un principio de razon, no pueden engañarse, porque aquello en que todos concuerdan es preciso que sea verdadero. Dios es Autor de la revelacion como de la razon; su Iglesia, este Pueblo escogido, que se conviene sin discordia en la creencia de las Divinas Letras, no puede padecer engaño, ni puede decirse de ella que en esto puede errar, sin ofender la infinita veracidad de Dios, que ni puede engañarse, ni engañarnos.
[Nota a: Bayl. _Diccion. Crític. artícul._ Acosta _tom. I. pag. 71 y artícul._ Beaulieau _tom. I. pag. 522. artícul._ Manichees _tom. 2. pag. 2026_.]
[19] Hemos probado hasta aquí la necesidad de la revelacion y su exîstencia: resta ahora satisfacer algunos reparos de los Sectarios. Dicen que MOYSES en sus leyes no señala otras penas á los transgresores que las temporales, sin hablar de la pena eterna en los Libros sagrados, que salieron de su mano, cuyo silencio arguye que no tuvo conocimiento, ni revelacion de ella. Este reparo ya es antiguo, pues le satisfizo S. AGUSTIN escribiendo contra PELAGIO. Es así que Moyses en sus leyes al Pueblo Hebreo no habló del castigo de la otra vida; pero no se arguye bien por eso, que ni él, ni su Pueblo lo creian. Este es argumento negativo, tomado del silencio de Moyses. En buena Lógica el argumento negativo para hacer prueba, entre otras cosas pide, que el sugeto que calló la cosa pudiese y tuviese necesidad de decirla. El Pueblo se gobierna mas por los sentidos que por la razon: los bienes sensibles le atrahen, y los moles sensibles le hacen temer, y le contienen. Moyses, que era Legislador, y conocia muy bien estas cosas, no hallaba necesario obligar á su Pueblo á la observancia de sus Leyes por unas penas, como las de la otra vida, que este miraba como de lejos, y que no le harian viva impresion, aunque las creyese. Aun en los que tenemos la dicha de recibir la Fe con el Bautismo, suelen hacer mas impresion las penas temporales que las eternas. Fuera de esto débese el Pueblo Hebreo mirar con dos respetos, ó como una Nacion particular gobernada por sus propias Leyes, ó como un Pueblo en quien estaba depositada la verdadera, Religion. como que era el que conocia y adoraba á un solo Dios. Quando Moyses establecia las Leyes de su gobierno temporal, no imponia otras penas que las mundanas; pero por lo que tocaba la Religion tenia este Pueblo creencia del premio y castigo eternos por la tradicion de sus mayores, y no era necesario acordarlas, al modo que sucede entre nosotros; pues las leyes patrias solo nos amenazan con penas y castigos de este mundo, aunque creemos las que Dios tiene reservadas para el otro. Este conocimiento del Pueblo Hebreo se manifestó despues mas claramente por los Profetas, y aun antes por lo que dice JOB; bien que su total luz se reservaba para Jesu-Christo, que como hijo de Dios, puso en claro el Reyno de los Cielos, entendido con algunas sombras por los antiguos Judíos, é ignorado enteramente de los Filósofos. Este punto le han satisfecho plenamente algunos Escritores Católicos, que lo tratan de propósito, entre los quales es muy señalado LUIS VIVES[a]. Un resumen de sus pruebas se puede ver en VALSECCHI, Dominicano[b]; y en el Diccionario Antifilosófico, escrito para responder al Diccionario Filosófico de Mr. de VOLTAIRE, que tomando de otros Sectarios este argumento, ha tirado á promoverle[c]. JUAN SPENCERO, Ingles, Escritor moderno de las Leyes y Ritus de los Hebreos, trata este punto muy de propósito, y pone razones y pruebas eficaces de los motivos que tuvo Moyses para no proponer á su Pueblo otras penas que las temporales, aunque era cierta en ellos la noticia de las eternas[d]. Debiera Mr. VOLTAIRE, si impugnase con buena fe, hacerse cargo de las pruebas de un Escritor tan célebre contra sus aserciones; mas visto es, que en esto siguió su estilo de decir las cosas, de no probarlas, y de asegurarlas con los mismos extremos, que si las hubiera probado.
[Nota a: Vives _de Veritat. Fidei Christ. lib. 3. pag. 414._]
[Nota b: Valsecchi _de Fundament. Relig. lib. 2. cap. 10. §. 5. pag. 214._]
[Nota c: _Dictionair. Antiphilos. articl._ Moys. _tom. 2. p. 43._]
[Nota d: Spencer. _de Legib. Hebraeor. lib. 1, cap. 4. tom. 1. pag. 41_.]
[20] Otro argumento contra la Divinidad de las Sagradas Escrituras hacen los Sectarios, sacado del culto divino prescrito en ellas, y practicado por la Iglesia; pues todas las ceremonias del templo las tienen por gentílicas y profanas, muy distantes de poder venir de Dios. Fuera increible el furor, que subministra las armas á estos impugnadores de la verdadera Fe, si no lo viésemos en tantos libros como esparcen, y no respiran otra cosa que odio y aversion á la Religion Christiana. Faltan aquí á una máxîma fundamental de Lógica, pues hablan decisivamente de lo que no estan bastantemente instruidos. Quieren gobernarlo todo por su Filosofía, y les falta la Teología, sin la qual no pueden dar un paso asegurado en estas materias; y ya que no quieran la Escolástica, debieran á lo menos estar versados en la _Polémica_. ¿Cómo han de impugnar lo que no saben? ¿Cómo han ver claramente la conexîon de lo que aseguran con los principios fundamentales del juicio, si los ignoran? Las ceremonias que usa la Iglesia, unas sacadas de los Libros Sagrados, otras instituidas por ella para mayor culto de Dios, son exâctísimas, y las mas á propósito para una casta y sincera adoracion de la Divinidad. Si se introducen abusos, se han de condenar estos, mas no el buen uso.