Los criminales en Mexico · Unidad 61 de 68
Unidad de lectura 61
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Jiií Círt'íizón (lo junbirioii v eiividÍM. Me ;ii ripiento y así ni<nírr aiTei)entido ptHji teuev tran<iu¡li<líi(l, dv todos esos disimrates licrlios por la violencia y falta d(^ experiencia. IVrdono á todos ndíy malos anfif>'o!^ «lue nie jmsieron en peligros tan nej4:ros y le {úih* á Dios que no vuelva ;'i vei-ter unu ;j:í)Uí de saiiicre
«('uarid(> yo debía casarme y nrelcr íi mi casji un s<'r lininantr
para í.-i felicidad njía y la de nns padres asesinaron jI mi
íiernnnio Encarnación. Un ^'ruptr de ladnmes. rateros asesinos le^ encuentran en la noí-ht» <|ue ibji para su cjisjk c(hi las bolsas de sus ropas llenas de pesos de su trabajo y unirs i>anes que llevaba inxtti sus tiennw hijitos; los asesinos le saludan, le oiVecen que toJnar, éste acepta y cuando lo vienHi incapaz de defenderse, h> eavjiran y lo llevan cenca de la mina de í^jm Antcmic^y cerca de la casa de mi nenia y lo ases*inan, lo acribillan á imfialadasf le hicieron saltar un ojo, le taltaba un dedo de la n>ano dereclia, estaba ¡rasado de un labi(F y picado de la esi>alda, un piacbetazo í'u la cabeza; pero con tmlo annuierió vivo; lo frió de la mañanaba bizovirlver en su vida y sólo se le oía un ronipiido ti-iste y fuerte. Mi novia y sus Iiermanas oyeron el ron<|uido y con)o la curiosidad sieuípre actun[>aña ji las mujeres^ fuenm á ver y pudienni conocer á mi infeliz hermano. «d>a Compuesta,* mi novia, cayó
desmayada del susttN le líarecía que yo era La justicia
investiría y lo.U'ió identiíicar atjUel crimen sin nombre, aprehendió li uutt (h» los criminales; ;i este b» couilenaban á diez afios de j)res¡di(» á las minas del líeal del ]Mo]jte. Kste bandido sin corazón, antes de sufrir un <lía tle su condena, ve la boca del tiro y se* avienta; vuela ese cuerpo desi^'raciadí» más de s<*iscientas Víiras, Así \KVj;ó i\{\\w\ desdichado su mahhul. Lo» demás huyeron. A mi novia, á (Mnisecuencia de haber acomi)añado á mi madre á recoj^er el cadáver de mi hermano del hos|>¡tal, y del susto y pena que tomó eiv ver á mi madi'e loca del p4's:ir. le p(\üó un tifo tan
.sr>o
vi()ltMit(>, q\w (iiiiiMH* (lías (lospiu's mi lioniiíiiu» y mi novia oKlabau sepultados. Yo dcsos])ertí, foniprondí qnv, la dicha era imia tiKlos los vscros liuinanos menos para mí; no fué ])osil»le vivir en afjuel hi'jfar ne,i»;ro y úv tantas íatalidades (pie no podía resistir, ¿(¿ntí partido tonnnía? Toeaoa señalármelo á mi destino. Huir ¿de (juiíMi y por qnv'! Sin (^nbari^o, salí de mi easa para no V(dver Jamás. Hasta la techa en qne escribo esta memoria, no volví á estar una semana con tran(piilidad; era yo huésped; la zozobra, la indif^nacitni la sentía yo (jue me empujaba á andar y anidar: no me cansaba,»
liclatauíb) lo (jue le ocurrió ima vez (pie huía de sus eiieniiííos, escribe A.:
<'Llefi:amos al paso y j)udimos comprender qne el río tenía nnis a^íua qne la (jue esperábamos ver. En efecto, me apeé del . caballo y á la orilla del río pude observar que el a<j:ua llevaba basuras: esto me hizo comprender que empezaba á crecerse. Una resohiciíni había ([ue tomar: (') pasaba para estar en salvo, ó en el día podría estar co<j:ido de mis enemifíos. A uno de mis acompañantes le ocurri(') la idea de ir á traer á un milpero
A poco l'eoó con el h(»mbre y yo le dije:
— Oye, til conoces bien el vado del río. ¿Xo está peli.n'roso? Ac(M'cate.
Se arrimó, y cuando pudo observar bien, nos CíUitesté:
— -Lleva bastanti» a.í»ua; pero creo (jue á caballo se pasa 1>í<mi.
— ¡iiieno — le contestí^— nnnitate en ese caballo que no lleva silla, y cruza el río y me hablas al otro lado.
A(|uel desdichado subió al caballo y le tentó los ijares con el talón, y el caballo se aventó tan tuerte al río, que esto lo des- (MUUHMtó tanto al caballo como al <íinete. El cabal U) retrocedió en el acto á (h)nde estábamos nosotros; al hombre ni siquiera pudimos ver (\y\v le sucedía, ni un relámpa«xo nos hizo el servicio de
Vov {U|iioÍ acli) iVmt'ln'í'. K-;taliii ol)í4cara la n'»;*li(' v si».«-ma ll(íVicndo; conipicudimos (|!.o a'pu'l infeliz había jxMccidí).
— Amia [)nv otro niilpcro — le (lij(* íÍ uno de mis aciMiipañantcs
Xi> le costó (i abajo (Micontr/irlo. Va dirii»! la maniobra con tnás cuidado y sin <inc aípicl í^iípicia la siiciti' de su piodccesoij
— l'asa el río y te daré nii peso; m» lenizo más — ^le dije.
— Ni p(jr diez- me coiitesid.
— ;Piies pasas, ])or<pie así lo quiero!
Aquel pobi'e tíMublabn iW trío ó de níiedo; \o estaba en el hlismo estado IjO liicc^ subir al caballo y le dije*.
— No toí^iies al cnballo con los ]i¡es: ajnieta tus |)iernas y Kólo levantas al calmlfo para adelante.
Le amarré una reata de la eintura, añadí otra y le advertí:
— ^Allleiíai' íií otrii ladí>^ dejas al eítballoy te ])enes en pie y jalas la rejtta coil todas tus fuerzas y entonees me es])eras: la lU'atít hie sirve á mí ílf» pasamano.
Aciuól íi'fyodeeió y tnvd la felicidad de lleiíar bien y tt)mése !»'uridad dí* que no perecería, piuíjue al sentir (pie eaía del caballo hosíitnmlojaliiríanlíís ji cabezade silla y nioriría del líojpe. ]>ero \ui nlio.iíiiflo eomo el otn». (/Uando nos «litéj y nu' dij(»:
— ¡Ya ])asél^sentí que mi salvación la debía á aípiel hombre, ■ — Jala la reata muy recio — le «lijci
' — Ya — contestó.
— Allá voy — h> volví á decir
Les di un apretón de nlamis ¡i l'<Mlrof y á SilveNtr<<, le qiíité el ñ'Cílni á nii caballo y resolví ir al agu:» [loniendo mi pensamiento al cielo ya (pie no |)odía levantar nli cabeza (Mi aquel momento. Mis linii<?(>s tcMiíau la otra ])unta. de hi reata: níi caballo se sintió fatii;ado por la silla, pero yo \v ayudaba arriba de corriente, s<q)es!'nnloiiie con la rí^ítta (pte lii» sirlté hasta salir, y lh\üué ala millar (írité í'i lii^sjiWonesí
^— ¡IJuena n(»;*heí ¡Adiós-!
^iAtO l;i rcalji y se pcnüó en la obscmidaíl.-
Peligros de mueríc