Los perseguidos · Unidad 5 de 5

Unidad 5 · Los PSRSEGUTDOS 31

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Los PSRSEGUTDOS 31

perspicacia excesiva para seguir el juicio del médico mientras se cuenta el caso hermano del nuestro es cosa muy de loco. . . Y la misma agudeza del análisis no hace sino confirmarlo. . Pero — aun en este caso — ¿ de qué manera, de qué otro modo podría defenderse un cuerdo?

—¡No hay otro, absolutamente otro!— se echó a reír el interrogado. Díaz me miró de reojo y se encogió de hombros sonriendo.

Tenía el deseo de saber que pensaba el médico de esa extralucidez. En otra época yo la había apreciado a costa del desorden de todos mis nervios. Échele una ojeada, pero el hombre no parecía haber sentido su in~ fluencia. Un momento después salíamos.

— ¿Le parece?. . .—pregunté al siquiatra.

— Hum!. . . creo que sí. . . — me respondió mirando al patio de costado. Volvió bruscamente la cabeza.

—¡Vea, vea!— me dijo apretándome el brazo.

Díaz Vélez, pálido, los ojos dilatados de terror y de odio, se acercaba cautelosamente a la puerta, como seguramente lo había hecho siempre— mirándome.

— ¡Ah! bandido — me gritó levantando la mano — ¡Hace ya dos meses que te veo venir!...