Memoria sobre educación común · Capítulo real 2 de 7

PARTE PRIMERA

Texto completo de esta unidad literaria, reunido aunque el lector la divida en 7 tramos técnicos para mejorar el rendimiento.

"La primera i principal causa de estos resultados es la lei con respecto a las escuelas, que aunque de antigua existencia, ha sido mejorada en estos últimos treinta años. Por esta lei los padres son compelidos a enviar sus hijos a la escuela desde la edad de seis Hasta la dé catorce años, donde deben aprender a leer, escribir, contar, i la adiciotlal instrucción que sus padres escojan, según las vocaciones a que los dedican. A muchas escuelas de Baviera hai afecto un jardin en que se enseña a los niños, durante las horas de recreo, las principales operaciones de agricultura i jardineria ; i en todas las escuelas de los tres Estados, a las niñas, a mas de instrucción igual a la que reciben los niños, se les enseña a tejer

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medias^ bordar i coser. Es del de1i%r de la policía i del cura ver que la ki sea debidamente ejecutada^ los niños enviados a la escuela con regularidad a instruid(i3f en ella diariamente. Si los padres son parcial o totalmente incapaces de pagar la educa*^ cien de sus hijos» la común cubre el déficit. El cura tiene superintendencia sobre el maestro eJdjiéndo*» le el gobierno que vijile el cumplimiento^ de su de-* ber; i el cura cuida asimismo de que loa niñtis de stt rebaño asistan regularmente a las escuelas. Des-^ pues de haber asistido muchos años a la escuela» ú niño recibe del maestro i del cura un certi£cadio, sin el cual no puede obtener acomodo; pc^ue S9 castiga como por acto ilegal con una multa fija al patrón que emptee un niño que no tenga dicha eertifícado^ i estas multas jamás son dispeni^as^ lo que hace cierto el castigo. El maestro e» pagado como en Escocia con un salario, una casa^ un jardin^ úi veces un campo, i por la retribución que pagan los niños.

^^Hai otras causas secundarias; pero estas leyes i la posesión de la tierra por los labradores i artesa^ nos son las dos primeras. Entre las causas menores entra la simplicidad de sus formas relijiosas i universal tolerancia ; pues aun la fe católica en Wurtem- . berg estar desnuda del aparato i pompa con que se ostenta en varías partes de Alemania i en Francia/^

PARTE PRIMERA.

SECCIÓN PRIMEEA-

Il^tLÜENCIA BB LA INSTRUCCIÓN PRIMARIA £N LAS <X)STÜMBRES I lEÑ LA MORAL PÚBLICA,

^w No saldremos^ en cuanto nos sea permitido^ del

* examen da los hechos prácticos que hasta ahora hemos tratado de tomar por guia en nuestrasi es*» plotaciones.

La memoria del ministro de Hacienda del pasada año/evtla un hecho interesante. La Ccga de ahorros no ha surtido, según él, los efectos que de su institución se esperaban. En diez años nadie o poquisimos han puesto un centavo en sus arcas, o tan limi-^ tado ha sido su motimiento que sus administradores han creido inútil darlo a luz.

Las cajas de ahorro 810% sin embargo, el termómetro de la moral de las clases trabajadoras; porgue ellas revelan hábitos de frugalidad^ i sobre todo

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el pensamiento del día mañana ; acaso la aspiración nobilísima de lleg-ar con tiempo i economía a po* seer un peculio, educar a sus hijos, i dejarles medios de vivir. Lord John Russell propuso el año pasado? en el Parlamentos ing-lés, dar el derecho de elejir a todo el que hubiese depositado 50 libras esterlinas en las cajas de ahorro, seguro» de que ese hombre abrig*aba Jos sisfntrmieiitós i las virtudes que constituyen al ciudadano. Para medir los progresos que el pueblo ing-lés ha hecho en moralidad (gTa<;ias a la educación que se le distribu3^e), se han compulsado los rejistros de las cajas de ahorro. En 1839 la población del Reino Unido era de 26.616,000 habitantes, i se depositaron en las cajas de ahorros ciento doce millones ciento diez i nueve mil ochocientos doce pesos. Tomando solo, la cifra de los millones redondo, por los años subsiguientes, hasta 1846, se depositaron 123-128-143-166-162-163millones hasta que en 1846 los caudales puestos a interés subieron a pesos 167.973,210. En 1839 tocaba la proporción de los depósitos con la población total^ ricos i pobres a mas de 4 ps. por habitante mientras que en 1846, habiendo aumentado la población de almas a 28.487,000, tocaba a cada una a 5 ps. 1 real. ,

Chile tiene millón i medio de habitantes, i por tanto, en condiciones iguales debiera su población trabajadora tener depositado en la caja de ahorros siete millones de pesos.

¿No nos regocijaríamos siquiera, de que se hubiesen depositado ocho mil pesos eñ nuestra caja? ¿Có* moesplicar este fenómeno? ¿No Vabé él trabájadbr

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que haiuna caja de ahorro? ¿Cuánta riqueza entonces crearía el dar instrucción primaria al pueblo, para nada ipas que ponerlo en aptitud de snberque tal institución existe? A la Inglaterra lévale 108 millones de pesos en capital acumulado para acre-, centar la riqueza nacional, fomentando ademas la industria con suma tan enorme, dada a bajo in« teres.

En Santiago^ Valparaíso i Copiapó se ganan sueldos abundantes. Los talladores de madera, los albañiles, sastres, impresores, zapateros, mineros^ marineros de ribera, cargadores, ganan por sema* na sueldos superiores a sus necesidades.

Pero hai en Chile, contra las cajas de ahorros^ organizada una orjia nacional que principal el sá-» bado i no concluye el lánc^, en que salario^ salud i deudas contraidas no dan. abasto a las necesidades ardientes de esos dias. La población de Chile no ha aumentado sino en una cifra limitada desde 1840; pero los plantíos de viñas han decuplicado en el mismo tiempo, i diez i seis ifábricas de cerveza en Santiago, sin contar las de Valparaiso i las numerosas destilaciones de chancaca han concurrido a proveer a esta demanda, Es seguro, incontrovertible hecho^ que las clases trabajadoras de Chile se han desmoralizado en ^stos áltimos años, mas de lo que antes lo estaban, i esto se concibe fácilmente. Lo limitado de los salarios ponia coto antes a los deseos, mientras que los oficios nuevos i bien retribuidos, como la mayor estension que ha adquirido la esfera del trabajo han puesto al alcance de millares, sumas de que no saben que hacerse. La lei de patentes, desieosa

— 30 — de protejer todas las iudnstríafl útiles i productÍTas de ríqaeza^ dice : ^'son libres de derechos de patentes l€LS fábricas de licores^ No obstante esta sofid-» tud de la lei, la estadística comercial por el prímet semestre de 1858, ' cuenta esportadas de Chile para el comercio est^rior^ seis arrobas de aguardiente^ mientras que se importaron 6518 galones i 1228 docenas de vasijas de aguardiente.

La lei que protejia el cultivo de la viña ba sido burlada por el espíritu de vino introducido^ i las melazas i chancacas que han venido a satisfacer la de« manda de licores. M tósigoque despoja a la pobkcion trabajadora de una nación del fruto del trabajo de la semana^ es un veneno peor^ por cuanto no solo afecta la salud^ sino que destruye la riqueza^ i su preparación no debe ser fomentada. Las viñas deben producir vino ; pues el'"' alcohol se obtiene de madera, de trig'o, de caña de azúcar i de cuanta sustancia contiene partes sacarinas. Sabemos que en Buenos Aires pagan los despachos, confiterías, es*» quinas, patente por separado para vender licores.

El producto de tantas materias sometidas a destilación no basta, como se vé,, al consumo del pais que con el clima mas adecuado no ha podido en veinte anos de protección dar una botella de ituo potable a la esportacion. Hoi hai para los vinos mía Oaliíbmia como la hubo antes para los trigos. La enfermedad de la vid en Francia ha hecho subir este artículo a precios excesivos. Chile hubiera podido atenuar el déficit que esperímenta el consumo del mundo, si al clima pudi^*a añadir la educación industrial que le falta. El cabo de Buena Espe-

— 31 — ranza^ quién lo creyera! el África aspira a rÍTalizar eon la Francia, en la producción de los vinos.

£1 desarrollo de consumo de licores espirituosos en Chile coincide pues en progresión ascendente con el desarrollo de las cajas de ahorros en Ing'la-' térra, i eon la jeneralizaciou de ia lei del Maine en loa Estados de la Union Americana^ prohibiendo la venta de Hcores, a que las sociedades de tempe-» rancia habían ja arrebat4MÍo millones de consumidores.

Pero para suprimir la embriag'uez como solaz éA trabajo^ es preciso antes de todo saber elevar el «apiritu, i ennoblecer al hombre. £n los países donde se ha emprendido curar este virus que trae la especie humana casi desde la cuna^fuá necesario* sostítuirle compensaciones. La embriaguez es la poesía del alma encorbada bajo el peso del trabajo i de !a destitución de ideas ; la pasión del juegpo es u»a tentativa suprema^ mil reces repetida, para adquirir. !Nadie juega para perder. Asi pues, el 611100 preservativo contra estas ineursiones en lo ideal i la disipación, es dar ideas* La instrucción Usna estos objetos, ún rebajar el alma, sin degradar el cuerpo í sin derrochar los salarios. Una novela, si se buscan disipaciones, embriaga por mas tiempo que una botella de vino, i la caja de ahorros promete infaliblementa fortuna mas segura que loa azares del dado, aunque pida mas tiempo.

Bnrores de una moiral que tiene siempre la desgracia de estraviarse en sus aplicaciones, han hecho en algunos países abolir la lotería páblíca. Las masas trabajadoras derroclian infaliblemente cuanto

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llega a sus manos^ cuándo' no tienen uHa aspira^ cíen. Esta es una verdad pasada a axioiaa> La lo? tería publica satisface la mas i^lta d^ las nebesMa. des del espíritu^ la esperanza aunque remotísima de ser feliz» esperanza que sin ella abandona para siempre el que solo g'ana un salario. La lotería- pá^ blica es una suscripción voluntaria de un pueblo entero de a dos reales cada uno> para creat una íov* tuna que no existía^ i que una vez acumulada rara vez se disipa. Cuidad de los peniques, dice el adajio ingles, que las gfuineas se cuidarán ellas mismas. La lotería «n fin, sin la violencia febril de los juegos de azar, mantiene el espíritu alerta meses en*" teros, ag-uardando un resultado, e introduce por la primera vez en el pensamiento la idea de contar <íon el porvenir. El vulgo nada espera, esta es su des- ^acia. Yo no trepido en aconsejar el restablecimiento inmediato de la lotería pdblica, para desti* narsus provechos a fomentar la instrucción pri^ maria. Si hai quien repute inmoral el mas metódico, menos apasionado i mas pausado juego, la llama- ' riamos contribución impuesta a la pasión del juego, para estirparla por la educación. Para muchedum* bres ignorantes la lotería es una caja de ahorros. En la Habana i el Brasil, los esclavos primero se privan del sueño que de guardar utía peseta para la lotería. Libertarse es el pensamiento de toda la vida. En los Estados Unidos, en Buenos Aires, o Montevideo, Lima, etc., todos • los blancos pagan esta contribución mensual al acaso, como pagan el seg-uro de sus casas, para.estar a cubierto de un mtd posible. Tan inmoral es lo uno cómo lo otro j lo pri-»

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mero se hace por la esperanza de adquirir, ío segfundo por el temor de perder. Las probabilidades de incendio i de sacarse una lotería son perfectamente iguales.

Como en Chile solo casos raros pudieran presentarse délos efectos de la instrucción primaria sobre la moral pública, pues no habiendo instrucción primaria nadie ha podido ver sus efectos, mendig-aremos ejemplos entre los estraños. Fuéronlos tanjibles en 1847 en Francia, cuando la carestía de trigos puso a prueba la moralidad de las poblaciones, bajo el aguijón del hambre. Ved aquí como refiere el Anuario de la Economía política est.e hecho : "Al publicar los mercuriales del trigo, durante el pasado mes de enero, un diario político hacia notar que el precio medio del hectolitro se habia elevado a 35 francos en los departamentos del Alto i Bajo Rin, mientras que no habia pasado de 26 en los del litoral que se estiende desde la Mancha hasta el Morbihan. Sin embargo, anadia, no ha habido que reprimir desorden alguno en la Alsacia, que tanto ha sufrido con esta alza de precio, mientras que los mercados de la Bretaña han sido atropellados i saqueados varias veces. La diferencia de educación popular en aquellas partes de la Francia entre las cuales se establece la comparación, basta para esplicar este doble hecho.

"Los departamentos del este que tanto sufren con la carestía son precisamente aquellos en que la educación popular está mas difundida. Ved aquí el lugar que ocupan bajo este punto de vista, i el número de jóvenes de la edad de veinte años, que soM. II. 5

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bre mü, han frecuentado las escuelas, i saben por lo menos leer :

^^En el Bajo Rin, de cada mil saben leer 886. — Meuse 934.— Vopges 918.— Doubs 919.— Jura 906.— Alto Ein 896.— Meurthe 803.— Mosella 830.— Alta Saona 869.

"En todos estos departamentos que soportan con tanta calma i resignación las privaciones i los sufrimientos que impone la carestia, la instrucción primaria, de cuyo beneficio participa la casi totalidad de la población, ha desenvuelto desde temprano la inteüjencia de los habitantes. Ella les ha enseñado a respetar la propiedad ajena, aun bajo el aguijón del hapabre. Los habitantes comprenden fácilmente que el mejor medio de aseg^urar la provisión de los mercados es inspirar seg'uridad a los tenedores de los artículos de consumo, i que el menor desorden produciria un efecto diametralmente opuesto al que querrian obtener.

"Ahora si examinamos cuales son los los departamentos donde han ocurrido los desórdenes, veremos que estos departamentos, situados al oeste i centro de la Francia, son precisamente aquellos en que se encuentran menos habitantes que hayan frecuentado las escuelas primarias. Ved aquí el lug^ar que ocupan bajo este respecto, i el número de jóvenes de veinte años que, sobre mil, han frecuentado las escuelas i saben por lo menos leer : en Maine i Loira 422 por cada mil. — Vendea 418. — Mayenna 383.— Ule et Villaine 377.— Vienne 357.— Morbihan 341.~Indre i Loira 340.— Costas del Norte 317.— Finisterra 296.— Nievre

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276.— Cher 241.-Indre 218.— Alta Vienna 216.

"Cuanao se compara la situación respectiva de estos departamentos^ i los del este de la Francia, nos creemos autorizados a decir que los graves desórdenes que han aflijido a los primeros no hubiesen tenido lugar si la instrucción primaria hubiese desenvuelto en la intelijencia de las poblaciones ^y respeto del orden i de las leyes, como lo ha hecho en losotros.^' Pero la mayor parte de los habitantes ha permanecido sin instrucción, por lo que, no obedeciendo sino a sus instintos brutales, no han encontrado otro medio que la violencia i el pillaje para hacer cesar los temores que les inspiraba unalijera aumentación en el precio de los comestibles, justificando asi la calificación de salvajes que les daba un grave majistrado en una circunstancia reciente. Un hecho que merece ser notado es el de que los dos departameiitos en que los desórdenes han sido mas graves son IndreJ i Vienna, precisamente los que están mas abajo en la escala en cuanto a la diferencia de educación.

^^No sería posible formarse una idea de la situación verdaderamelite aflijente en que se encuentra la instrucción de las mujeres en esos departamentos. Baste decir que el número de las que no saben leer por cada mil, anda entre 895 i 784 en seis de ellos.

^^Las comparaciones que acabamos de establecer contribuirán sin duda a demostrar el error de los que pretenden que la difusión de la instrucciou hace aumentar el número de los crímenes i de los delitos, sin embargo de que el examen atento de

— seles documentos que publica anualmente el ministro de la justicia i de la guerra, hecho con imparcialidad, i sin intención fija, prueba hasta la evidencia que la difusión de la instrucción primaria ha mejorado considerablemente las disposiciones morales de las poblaciones. Vése en efecto que, mientras el número de jóvenes de edad de veinte anos que han recibido instrucción, desde 1828, ha aumentado un 45 por ciento, el de los acusados de la misma clase de edad, de veinte a cuarenta años, no ha crecido sino de 16 por ciento. Este resultado notable muestra que, de año en año, hai menos crímenes entre las personas que han frecuentado las escuelas, que entre los que no han recibido ninguna clase de edu-

cación/'

Un estado semejante de cosas hacia decir a J. B. 8ay, en un manuscrito inédito hasta 1848 : í^Cuando se compai^a la civilización de los pueblos con lo que podia ser, dá ganas de esclamar : "/OA naciones cultas^ cuan bárbaras sois lodaviar

Pero no solo la instrucción primaria como una adquisición contribuye a mejorar las costumbres, elevando el ahna por el desarrollo de las facultades intelectuales, sino que las escuelas son la única ocasión que la jeneralidad de los habitantes de Chile tiene de adquirir hábitos morales. Las costumbres son la moral práctica, i las costumbres no las dá el artesano o el gañan que no las tiene sino depravadas por lo jeneral, ni la mujer vulgar que carece de tiempo, de medios i de moralidad, para establecerlas.

Las buenas costumbre en las clases acomodadas

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las da la caisa en que viven^ el aseo a que fie habi* tuan; el sentíiuiento de la dig'nidad propia^ el ireno déla crítica^ el bien parecer^ i las ideas de moral i decencia^ que son comunes a todas las sociedades cristianas.

¿Qué entendemos por moral? Lo que proviene de inorif les mwurs^ las costumbres^ i ¿qué son las costumbres sino los hábitos? luego dando buenos hábitos se arribará a la moral que es el precepto teórico. Los hábitos, las costumbres se fundan sobre hechos, i requieren un modo de ser particular. No se habüímrá al aseo^ esta moral del cuerpo^ quien no tenga camisa que mudarse. La formación de las costumbres depende pues de hechos materiales idelá desaparición o atenuación de dificultades que embarazan el repetir ciertos actos saludables^ hasta adquirir el hábito de obrar bien siempre, es decir^ en conformidad al precepto moral.

De esta verdad dan testimonio todos los siglos, i la esterilidad de los esfuerzos para morijerar la» costumbre» de las masas, mientras cierta suma do bien estar i cierto grado de desarrollo intelectual no vinieron en auxilio de los preceptos, a hacer menos enérjica la tentación a que cede sin resistenoiaí el menesteroso azuzado por la necesidad, el ignorante imprevisor por reflexión, i brutal por no tener ejercitadas las facultades del alma.

Al hablar de la moral pública debemos señalan otro costado por donde flaquea ésta entre nosotros. Lo que las costumbres son a las leyes, es el espíritu público para el gobierno de la sociedad* La lei reprime i castiga los delitos; pero las costumbresr

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se anticipan a la lei, previniéndolos i evitando que nazcan. Las costumbres buenas o malas, son pues la policía de la lei. Sucede lo mismo con el espíritu público; él hace lo que la lei no puede hftcer, porque es la acción de los sentimientos comunes a una sociedad, manifestándose por actos independientes de la acción gubernativa; i el 'signo mas característico de nuestra época, i la gflorificacion de las ideas cristianas son esa multitud de asociaciones, de donaciones, de suscripciones, con objeto de promover la mejora intelectual i moral de las clases interiores, qfte es lo que disting-ue a los pueblos mas avanzados. Hai sociedades en Inglaterra, Estados-Unido s^ Francia, Alemania, para dar educación a los desvalidos, para difundir la Biblia, para enviar misiones a paises salvajes. Las hai en Inglaterra para fundar escuelas para los andrajosos (ragged school), para la difusión de los conocimientos útiles por publicaciones periódicas, para escuelas dominicales en que enseñan personalmente los socios, para escuelas nocturnas, etc. Una sociedad, la de Escuelas publicas, ha educado a la ciudad de Nueva York, fundado la educación común ; i hai ademas sociedades para fomentar la educación de las jentes de color, i en todos los Estados que forman la Union americana, los vecinos contribuyen al sosten de las escuelas públicas en proporción de sus haberes, como que la instrucción i educación dada a todos es la mejor garantía de la conservación de la propiedad i el jérmen de todo progreso.

Todos estos esfuerzos del espíritu público no son mas que la caridad cristiana ilustrada, obrando en

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escala mas dilatada que la limosna, que envilece sin atacar el oríjen de la indijencia. El hospital cura la enfermedad que ha provenido de los desórdenes i abusos de apetitos indisciplinados : la escuela, elevando el carácter moral, previene la incontinencia i los malos hábitos. Un vestido viejo cubre la desnudez del andrajoso ; pero roto ese vestido, reaparece la desnudez, mientras que la educación de los midrajososy aunque mas lenta en sus efectos, acaba por proporcionar atpaciente los medios de vestirse, i romper el hilo de la tradición de miseria de la familia en que ha nacido. Es, pues, la educación un capital puesto a interés para las jeneraciones presentes i futuras.

^^res años hace, decia un visitador en Inglaterra, que un pequeño número de personas intentó un supremo esfuerzo para hacer alg'o en beneficio de la apiñada población, cuyos niños infestaban los alrededores de Lesvin-Mead en Bristol, i fundaron una escuela de andrajososy de que por alli no se habia óido hablar hasta entonces. Ellos no tenian sino una vag'a idea de lo que podian ser las dichas escuelas, pero como veian grupos de a diez i de a veinte niños revolcándose en la calle, creyeron que convendría mejor para ellos fundarles una escuela. Para formarse idea de las dificultades que habia que vencer, basta decir que el barrio aquel solo puede ser comparado en degradación a los mas oscuros i abominables de Londres. La población se compone de la mas vil chusma irlandesa, i como debia esperarse, la embriaguez prevalece alli en un grado que sobrepasa toda concepción. Los niños and(aban punto

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menos qjie desnudos^ porque sus padres les empeñaban los vestidos para beber^ i los niños venian muriendo (de hambre a la escuela^ porque las madres habian sido llevadas a la cárcel. ^^Nuestra pequeña escuela^ decia uno de sus fundadores^ compuesta de 20 a 40 niños, continuó hasta la pascua, i en este corto tiempo sus efectos fueron sensibles. Los vecinos ^ota^on que las calles estaban mas tranquilas, i con no poca sorpresa veian a aquella especie de animajes feroces marchar de dos ^n dos pjor las calles. Al principio, cuando seg-uian a su maestro a la sala de temperancia, fueron espulsados, pues tal era su asquerosa apariencia que se temió que viniesen a excitar un tumulto ; pero poco después sus andrajos i pies desnudos dejaron de ser obstáculos para admitirlos, viendo su ordenada conducta. Un testiflaonio mas cumplido de los efectos de la escuela^ lo dio lafpolicía, estrañando que su presencia había dejado de ser necesaria casi en aquel barrio.^'

Citamos este hecho entre mil, para mostrar lo que pudieron hacer una docena de vecinos para cambiar la suerte del pueblo. Las escuelas de andrajosos se propag'aron en todos los barrios de Bristol; i aquella chusma degradada desapareció. Los andrajos cedieron su lug'ar a vestidos mas aseados, i a la embriaguez hereditaria, la caja de ahorros.

Preguntamos ahora, nosotros, ¿hai en Chile dos vepinosquese hayan reunido para trabajar con su influencia i su dinero en producir algún bien que refluya en benefício de la educación? ¡Examinad, cristianos, vuestras conciencias! Sabemos que hai directores de hospitales i de dispensarías. Sabemos

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que se da limosna eja las puertas de las casas i se socorren en secreto dolencias verg'onzosas. Sabemos que hai personas caritativas^ que derraman tesoros entre los necesitados. Pero no es eso. ¿Hai upa sociedad de temperancia para combatir la embriag*uez? Una sociedad para derramar libros relijiosos .en el pueblo? Una sociedad para educar pobres^ rotos, hijos de desvalidos? Una sociedad para fomentar las cajas de ahorro, i ensenar el camino de ellas a los que le ig'noran? Una sociedad para dar lecciones en escuelas dominicales? Una sociedad para fundar escuelas noturnas?

¿No existe el espíritu público en Chile? ¿La caridad está wuerta en los corazones? ¿El egoísmo predomina a tal grado, que no haya quien pueda jactarse de haber distraido de las necesidades puramente materiales de la vida, comer, vestir, lucir, una suma de cincuenta pesos, para socorrer al prójimo, mejorando su situación de una manera efectiva i duradera?

No : el aspecto de Santiago está revelando a los ojos ^que hai en la población en jeneral un sentimiento páblico, un espíritu público que está obrando prodijios, que invierte un millón de pesos anuales en satisfacer una aspiración que nada tiene de terrena. Levantad la vista hacia el cielo i veréis elevarse torres altísimas a un tiempo, por todo los puntos del horizonte; en la Compafúa, en San- Agustín, en San-Francisco ; poderosos cabrestantes apenas sostienen las enormes masas de granito que se elevan para completar el frontis de la catedral. La Merced, la Becolet^ dominica; la frapcisca, la

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Hai mas todavía : la población femenil en masa consume sin distinción de clase en merinos, sargas o groses negros, que cuestan diez reales la vara para arriba, la misma cantidad que de jéneros blancos toca al consumo jeneral. Hai sociedades del Cái'men, de San Francisco, de Cucuruchos, de todos

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los nombres, contribuciones en la Bula restablecida, i donaciones de miles de pesos intervivos i legrados cuantiosos en los testamentos para el fomento de obras pias. En fin, de un modo o de otro el público de Santiago invierte, a júzg^ar por el total de las obras piadosas en construcción, un millón de pesos anuales en satisfacer una necesidad de su espíritu.

No hai que decir que la cumulación de todos estos hechos a un tiempo i casi en un año es un acaso fortuito. No, coincide con otros actos de un orden puramente moral. El Senado que se negfaba a dictar una lei para desenvolver- la instrucción primaria, se aunaba espontáneamente para restablecer la Compañía de Jesús. Cuando se trata de restablecer la Compañía de Jesús, se trata simplemente de una cuestión de educación.

Hai en todos estos hechos lecciones útiles que debemos sacar para nuestro objeto i esclarecimiento de nuestras dudas. Como se vé, ni falta espíritu público en Chile, ni cuerdas que vibren en los corazones por ideas i sentimientos de un orden elevado. Pero no tanto los sentimientos cristianos se han despertado cuanto han g'anado las prácticas relijiosas.

No es Chile, ni entre nuestro elero que ha principiado de muchos años atrás el movimiento de ideas que aqui se resuelve en torres, altares i estatuas. Ha principiado en puntos mas avanzados, en los hombres que dirijen la politica de los g'obiernos. Han querido, por jusfo temor a los desbordamientos de la muchedumbre, o alas audacias de las ideas

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cuyo desorden perttirba a las viejas sociedades, sintiéndose dipuestas a rejenerarse pero inorando cómo levantar un baluarte, imponer un freno salu' dable i establecer un medio de influencia moral. El gobierno de Chile mas que ning'uno en América entró en esta vía, i lo que hoi sucede, si no es preci» sámente todo b que se deseaba, es consecuencia de una impulsión dada. Desgraciadamente la exaltación de los sentimientos relijiosos nos encontraba con las mismas ideas económicas que nos habia de« jado la España de tiempos atrás, i no hemos aun acertado a dar a este saludable movimiento otras formas que las que antiguamente revistió, con riesgo de volver a aquel^ pasado, por los mismos medios que él empleó, medios que ni la moral ni la historia abonan.

El espíritu del cristianismo es todo caridad, todo amor al prójimo. Amor a Dios i al prójimo, he ahi la leii los profetas j pero este segundo amor, prueba visible i consecuencia del primero, se ha ejercitado siempre según las necesidades de la época.

La mas alta espresion de la caridad cristiana es aquella en que no contentándose con alijerar los malea presentes escudriña su oríjen i va directamente a su fuente. ¿Puede concebirse nada mas sublime que la Penitenciaria para la rehabilitación moral, penosa pero cierta del que/, malas inclinaciones, peor educación, i pasiones desenfrenadas llevaron hasta el crimen, i aun hasta el hábito del crimen? ¿Concíbese caridad igual a la que ha fundado las casas de reforma para niños que preludian en la carrera del desorden moral, dándoles en ellas la

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instrucción de que careciaii; habituándolos a la práctica del bien.

Tales son la creaciones maravillosas del sentimiento relijioso ilustrado. Si las máximas del JEvanjelio han tenido su ejecución en la tierra^ no es sin duda en tiempos pasados^ ni en la formas que en ellos se manifestó que debamos buscar ejemplo» j i es por lo menos estraño que ningún síntoma se muestre hoi en el espíritu público de que hayamos mejorado a este respecto. No queremos sino citar un hecho. El jeólog^o ingles Lyell, hace en sus viajes esta declaración, del espíritu de caridad que reina en la Nueva Inglaterra : ^^üna de las facciones de la historia moderna de estos paises la forman las munifícientes donaciones i legados para objetos públicos ya sea de caridad o de educación. No solo es común en los ricos capitalistas dejar por testamento una porción de su fortuna para dotw instituciones públicas, sino que los individuo» durante su vida hacen donaciones de dinero para los mismos objetos. Yo he visto una lista de legados i donaciones hecha en estos últimos treinta años en solo el Estado de Massachusetts que montaba a nada menos de seis millones de pesos/^

¿Podríamos oponer a esta cifra una propoíeional destinada,a los mismo fines? Sabemos es verdad,, die testamentos en que se nombra a el alma de heredera dejándole treinta mil pesos, para propieiarlefl las puertas del paraíso, lo que parece realizar tmtemente el adajio^ la caridad prím^o poi? casa.

No nos parece aventurado avanzar que el aimndono de la instrucción primaría o nacional, i que

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esa indeferencia absoluta de las personas mas llenas de sentimientos de hermandad i caridad, proviene en gran manera de la dirección que se dá al deseo de agradar a Dios, i a las manifestaciones monumentales del espíritu relijioso. Creemos también que el sacerdocio malogra, con daño de la civizacion, elementos de difiísion de sus doctrinas, i de lejítimo poder e influencia, descuidando esta parte de su ministerio docente; pueri si bien manifiestan muchos alarmados de toda injerencia suya, en la educación, es precisamente porque lo ven no hacerla entrar en parte como uno de los medios de servir a Dios i al prójimo. Las instituciones de la Iglesia que tienen por objeto la moralización de las masas por el consejo i la instrucción catequista, tienen en la difusión de la instrucción primaria vehículo mas poderoso que la palabra, cuya acción se circunscribe a una esfera limitada. ¿Puede concebirse cómo en una sociedad que ocupa quinientas leguas de territorio^ diseminada en campañas, absorvida por la necesidad de proveer a sus necesidades, entorpecida por la ignorancia, no se cuente con otros medios de morijerar que la confesión auricular i las pláticas doctrinales? Pero ' para que la confesión por sí sola fuese un medio disciplinario, necesitaria mas frecuencia que la que es compatible con las necesidades de la vida, i el sacerdocio deberia contar, sobre un millón de adultos qué cuenta el pais, para saber si aplica con fruto este correctivo.

Si la barbarie se perpetua, si la inmoralidad crece, culpa es de la limitación de los medios de

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acción puestos en ejercicio para combatirla, i mui grande debe ser el fondo moral que existe en el hombre, cuando resiste a este abandono.

Mucho hace la predicación sin duda para de- ^ tener el torrente de la demoralizacionj pero las masas populares ocurren inrreg-ularmente a recibir el pan de la palabra, i aun la palabra hablada no obra sino un instante^ i no alcanza a una cuadra, mientras que la palabra escrita es el pensamiento relijioso i moral estereotipado, que vive a todas horas, i se difunde por todo el pais i permanece años dando su tributo de consejo en el seno de la familia, en el taller, en las mismas horas que su ausencia deja a merced del fastidio o vaciedad de espíritu a desordenadas pasiones. '^El confesonario como medio de moralización corrije el desorden moral una vez producido; pero su auxilio llega casi siempre tarde, cuando el hábito dañoso está formado por la educación ipor el ejemplo; cuando el árbol está endurecido, i los instintos animales i las pasiones han tomado todo su imperio. Los ejercicios espirituales conmueven profundamente el corazón, despiertan los sentimientos morales adormecidos, i avivan por la imajinacion exaltada las imájenes fúnebres de una condenación eterna. Cierto ; pero los ejercicios espirituales no desarrollan la intelijencia embrutecida ya i sin elasticidad, ni cambian la destitución del hogar doméstico, causa de la depravación de las costumbres, ni enseñan una profesión que dé lo suficiente para vivir, ni acallan el hambre de los hijos de esos matrimonios imprudentes del proletario^ este fabricante de prole, como la palabra lo dice. La erec-

-• 48 — * cion de templos, de pináculos i de estatuas eleva el alma de quien comtempla las maravillas de las bellas artes, puestas al servicio de una grande ideaj pero estas construcciones en que se sepultan millones de capitales^ fruto del trabajo de jeneraciones, hacen desaparecer para siempre un instrumento de riqueza que habria . continuado reproduciéndose en millones i millones, fecundado por el trabajo, para alivio de muchas dolencias i miserias futuras.

Este es un punto gravísimo que debiera por sí mismo recomendarse a la atención de los que dan impulso a los sentimientos públicos. Los progresos de la economía política han tenido el estravío de las edades pasadas, desaconsejando el abuso en esas construcciones que petrifican el fruto del trabajo de jeneraciones enteras i detienen a una nación en su carrera. La edad media fué el apojeo de esta tradieioB humana que principia en las pirámides de I^ipto i acaba en las grandes basílicas modernas ; quedaiulo por verse si los caudales que en ellas se sepultaron no habrían contribuido, conservándolos, a salvar a los pueblos, cuya riqueza vino a sepultarse en esas estupendas creaciones, dejándolos por siglos imposibilitados de mejorar de condición, sin que jamás se haya notado que tales prodigalidades hayan contribuido á hacer ni mas morales ni mas relijiosos a los pueblos. Es al sacerdocio ilustrado a quien toca guiar la conciencia pública por camino mas productivo de bienes para el mayor número, i su cooperación a la grande obra de mejorar la intelíjencia nacional la haría avanzar rápidamente. Por lo mismo que la relijion

— 40 — éstoda eftpírituftl no hade dgaíM embotado aa árgfano prc^o^ si no m quiere dejeneraria en mpaatteioti. Bn todo caao^ ai los sentímientos del púbtiao tto íavoreoeü la mqora intelectiial ni la difiíaioa de laatuoee, re^on hiübráde preguntar a loa que lo fomentan i dirijen^ ai no es obra auya intencional o por error, tal indiferencia.

lias ideas cristianas de nuestra época han tomado formas menos suntuosas, peao han penetrado mas hondamente en el fondo de la sociedad. En lograr de afeitar los deslices todos los sábados^ seg^Ur ros de que han de renacer como la barba» porque como ella son una rejetacion natural de ciertae condiciones de la vida, todos los cristianos se han consagrado a estirpar las causas del vicio, educando a las poblaciones. La limosna que socorre la neos»* sidad del momento, sin curar la incapacidad de trabajar, se ha convertido en ese vasto sistema de escuelas^ que cubre hoi los estados cristianos i orga^ nlzádose en contribuciones para su sosten. Lapruo^ ba es que donde las eseuelas abundan escasean los mendigos, porque se ha acudido a la fuente de la miqeria. Pero ni aun la limosna dada al neoesHik do eitonera del deber de patriota de ayudar * la mejora moral, intelectual e industrial de sus con^ ciudadanos, como la parte de la humatiídad sobre la cual debe estendef su acción.

JDe los hechos que hemos encaminado resulta, a tiuestro juicio, que la caridad cristiana i el espíritu público de la clase educada de Chile solo necesita ensanchar la esfera de su acción i estenderse a cu^ rar el mal en su rai«, la ig^norancia en lu^at de de* M. li. 7

— .50 — tenerse a oponerle formas esteriorés i medios deinfluenpia moral por esencia lipaitados^ porque no, son diréctps. Le educación en Inglaterra es emiuenteinente relijiosa, Jtan retlijiosa que el' Estado no ha podido organizaría por estorbarlo el clero angiicano, contentándose solo el gobierno con inspeccionarla.

"•' ^^Lo mismo que la nationai Society es lá iglesia anglioana, dice el consejero Mr. Rendu, en- su informé sobre la educación de Londres^ asi» la catholique comitee es la iglesia católica en acción. Para la segunda como para la primera, la instrucción es un instrumento de propaganda ; i este principio es jtoda la íuerza de la comisión/^ '^Cuando se compara, ^dice el informe de un visitador, el estado de la relijion. en los lugares en que la educación ha sido con perseverancia difundida con la situación que tiene donde no se hace de una evidencia incontestable, queelmejor^ sino el único medio de echar las bases de una rejeneracion durable, es la construcción de ccisasdeescuelaf i la formación de buenos maestros. Asi cuando un obispo ingles conjura a los habitantes de Lóxxdres, en nombre de los intereses eternos^ como ea nombre de la salvación s(3cial, a que abran, en provecho dé las masas desvalidas, los tesoros de ía educación cristiana, se hace solo el eco de esta voz poderosa que doce siglos no han alcanzado . a sofocar -/^ Sacerdotesl construid escuelas en las villas* i en las aldeas : los niños que se presenten, sean quienes sean, recibidlos ; al instruirlos no les exijáis nada : porque, acoi'daos que está escrito : Los que hubiesen instruido a sus hermanos^ brillarán cotno

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estrellas en la eternidad. ^^ El mismo pensaipiento que se reprodujo mas tarde^ porque era cristiano : ^^Yo afirmo que la autoridad tiene el deber dé forzar a los que le están sometidos, a enviar los niños a la escuela. Qué! si se puede en tiempo de guerra obligar a los ciudadanos a llevar el arcabuz, i U pica, con cuánta mas razón no debe obligárseles a instruir a sus hijos, cuando tienen que sostener la guerra con el espíritu malo que anda rondando en torno nuestro, para despoblar el estado de almas virtuosas?'' El mismo que se formuló en lei, tres siglos mas tarde diciendo : ^^Sera creada i organizada una instrucción pública común a todos Ibs ciudada^os, gratuita con respecto a aquellas partes de la enseñanza indispensables para todos los hombres, i cuyos establecimientos serán distribuidos gradualmente, en una relación combinada con la división del reino/'

El mismo que hoi rechaza el Congreso, i descuir da la iglesia, i no acqjen sino con tibieza los que creen comprender como cristianos su importancia.

No es nuestro ánimo iasinuar la idea de que la iglesia católica se ponga como la protestante al frente de la educación. Su misioli solo es dirijir el espíritu público, i encaminar los sentimientos morales del pueblo, al cielo, por medio de la frugalidad i de la economia en la tierra, i los sentimientos de caridad de las clases acomodadas que hoi disipan sus erogaciones en monumentos de arquitectura, dirijirlos a la construcción de esos monumentos mas aceptables para la Suprema intelijencia, puesto que

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tienen por objeto rescatar almas degradadas que no se muestran hechas a su imájen i semejanza.

En Inglaterra es la sociedad en masa^ son los poderosos los que la educación fomentan con inmensas eíog^ciones, organizadas en sociedades para la educación de la mayoría. "Las instituciones, dice el consejero Rendu, de las casas de educación en Inglaterra llevan el sello de grandeza de que la sociedad inglesa dá tan visibles señales. Las fundaciones que allí se encuentran, dan testimonio de la intelijencia con que las altees clases sirven a sus propios intereses. Estas fundaciones de enseñanza i de beneficencia, son a la vez, para la aristocracia nobiliaria i financiera, la señal i la causa de su fuerza. La señal, porque aparece cual una toma de posesión permanente i regular del suelo. La cansa, porque hacen con respecto a la sociedad en que están echadas el efecto de las cadenas i de los sustentáculos de los edificios que sostienen.^

SECCIÓN SEaUNDA.

INFLUENCIA DE LA INSTRUCCIÓN PBIMAftlA EN

LA INDUSTRIA I EN EL DESARROLLO JENERAL

DE LA PROSPERIDAD NACIONAL.

Entendemos por industria en el caso presente, los diversos medios que los habitantes de un pais ponen en ejercicio para proveer a su subsistencia, i crear capitales que a su vez suplan al trabajo indi-

" — 53 -- úáxtgíl i ayuden a emprender gandes i lucrativos trabajos. De las formas diversas que el trabajo asume^ dos facciones principales presenta la industria en Chile; la minería i la agfrícultura. De ambas nos ocupai*emos separadamente, por cuanto ellas dan ocupación a la gran mayoría de los habitantes. La minería es la industrí^ sobre la cual menos influencia ha ejercido la educación. Juan Godoi^aquien Oopiapó ha elevado una estatua^ no sabia ni necesitó saber leer para descubrir las masas de plata nativa que se ofrecieron a su vista en ChañarciHo.

A primera vista esta observación parecerá trivial, i sin embarg'o es de una importancia inmensa. La simplicidad de las combinaciones metálicas que presenta la plata en Copiapó i en la jeneralidad délos minerales de Chile, hace innecesaria toda instrucción de parte del descubridor de minas^ del cateador, del mayordomo, del dueño mismo de la mina, del barretero i del apir. Hablo de lo que existe ; e interrogando los hombres i los hechos se enconti^rá confirmada esta verdad. Ningún hombre de ciencia ha descubierto minas, i para los minerales que no muestran plata córnea a la vista o plata nativa o metalizada, el au¿lio del ensayador ni el de la metalurjia le serán de poco auxiUo.

El pueblo minejpo ha creado su tecnolojía metalúrjica especial. En Chile hai, según ella, cinco clases de metales dé plata, plomos, barra, soroches, metales frios i calientes ; todos los que no se ajustan a estas categorías son untimonias que el minero |Mráctico debe abandonar como inútiles. Desdoro de m eiencáa seria pesfa^-les siíjuíera atención.

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Hé aquí una de las mas grandes i toas tentadoras industrias sustraida a la acción de la intelijencia, como aptitud para adquirir, ün químico^ un ensayador^ un metalurjista puede morirse de hambre en los minerales de Chile. El cobre está sujeto alas mismas reglas. Hallada o adquirida la mina, la utilidad es obra del acaso de un alcance, i su laboreo fruto del capital que pueda emplearse. Obtenida la riqueza que las minas prometen el poseedor cambia de situación, se vuelve capitalista, funda una nueva familia, i no muere afortunadamente, antes de haber visto a sus hijos figurar entre la juventud mas ilustrada del pais;

Todavía las minas de Chile ejercen una influencia adversa contra el desarrollo de la intelijencia. Toda industria paga el trabajo, devuelve el capital, i recompensa el injenio que el artífice pone para mejorarla. Cuanto mas capital se emplea mayores son los productos ; i cuanto mas injenio menores los gastos, mas perfección. Estas leyes jenerales a la industria, i cuya práctica produce hoi las maravillas, que no sabemos admirar bastante en baratura i belleza de los artefactos, están violados en la industria minera. El trabajo empleado no está siem^- pre representado en los productos ; el capital que absorbe no' es seguro que salga de los labores, i la perfección de los medios mecánicos de producir es cuestión accesoria, pues ante todo es preciso que haya productos, Así pues, esta industria está abandonada al acaso de las combinaciones de la naturaleza, que como Dios da i quita siíji que lá humildad de la razón humana, en lo que no es del domi*-

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nio del cálculo^ acierte a comprender las leyes que rijen aquellos actos. La industria minera; en las condiciones actuales, debe estimarse sumando el producto anual de las minas productivas, i dedu- • ciéndole el capital que han consumido las mismas, i las otras que no han devuelto el capital invertido en su esplotacion ; la diferencia daría el verdadero provecho que el pais obtiene de esta industria. •

Pero la minería, como todo trabajo, i como todo acrecentamiento de riqueza, influye indirecta pero eficazmente en la cultura del pais. El minero feliz funda una fortuna i establece una familia, i los éfec- , tos naturales del bien estar obrando, la mas cumplida educación de los hijos viene a completar la elevación i dignidad de los padres. Mas directos efectos ofrece en el adelanto moral i material, desenvolviendo el espíritu de empre!Sa,'de asociación i de progreso. Todo ha cambiado en la provincia.de Atacama de veinte anos a esta parte, except;o las es-», cuelas, que marchan al paso de las del resto déla Hepública.

Sábese el efecto que los placeres de oro de Calir fornia han producido sobre el hombre que losesplota. Al revez (Je la mina de plata que es esencialmente aristócrata, el lavadero es democrático hastaí la exajeracion. Enriquece ala muchedumbre, "después a la asociación, no de capitales sino de brazos e in-. telijencia. Los placera de oro desarrollan estraordinariamente la capacidad del hombre, como las aspiraciones de la masa,, como el espíritu de independencia, i solo, a eso debe atribuirse toda la fiíer-r za de espansion que la agricultura, 1^ juíflustrjia; i

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1 m Hites ft»t toiaado en cuatro mm en Odlifardia»

no ob^tanta \m memdim^ uo oh^bmte los trastor* upe obvfidú» en el comercio por la acaiQulaeion ex* ceeívdde iae?eadenaa^ atraídas irr^exivameiite por la £^0^ del oi^ como si la mayor o menor eaatídaííde oro^ debiese hacer consumir cieu quintales de harina a cada iiadividuo en el año.

El cabadcor d^ los placeres de oro^ i son en este momento 1 10^000 hombres los que ejercen esta pro* feaion^ yá en busca de una cantidad de oro que cutota reeoleetar^ para retirarse en seguida, eom* prar tierras baratas^ establecerse^ o regresar rico a su pais nativo^ o montar una fábrica^ o armar un

£stA esperanza no anima en Chile sino a los tres* cientos o mil dueños de minas ; i aun la naturaleasa de la mina entijeque permanezcan mineros^ aun después de enriquecidos^ esplotando^ [o buscando nueva riqu^». No asi la masa de apires i barreteros, que a nada aspiran sino a'tener dinero el sábado para disipar el domingo, contando con que cada sierté dias, durante su vida, vendrá siempre un domingo después de un sábado, i que siempre se han denecflsitar bárreteos i apirea.

De seis años a esta parte, un gi^an progreso se ha obrado «in embargo, en la condición material i aun en los gwtos de los trabajadores. Abandonando el traje pintorezco que caracteriza al minero chiksio, visten hoilos mas el traje euro|>eo, levita i sus aedesorios, steíodo enorme el consumo que de eham«» pague, burdeos i otros licores reinados hacen en

~ 57 -- La disipación del fruto del trabajo eg la miamai aunque- menos grosero el erapleo; pero este pl^ grem^ porque siemppe lo habrá en que los trajesi el degoaeo 1 lo8 g'ustos semibárbaros desapareacau^ no alcanea a la parte moral del iudiyiduo, i en euanto a la educación respecta^ ella no influye en mane^ ra alg'una en esta indufitría ni en loa que la ea<» plotan* ,

Ejerceria influencia de educación para mejorar la industria minera? Si se atiende a qw las montañas de Chile encierran toda variedad de mótales, de fue* mimetalas, tierras i piedras útiles ; si se tiene pre* senté que el mas vasto campo de las eiencia« de aplicadon a la industria es precisamente el que a la química i a la metaluijia ofrece la materia inórg'a** nica, se comprenderá ftcilmente^que la instrucción en estos ramos^ podña desenvolver riqueza, crear nuevas industrias^ improvisar nuevoa medios de vivir. Acaso el mal éxito déla mayor parte de loa laboreos de plata, lo dispendioso de ellos i la oom** paracion entre lo que gastan al ano todos los que aventuran capitales en su esplotacion i los pierdeoí con lo que sacan los que alcanzan, hag^a que se con-* sagren a otras esplotaciones de productos metálicos, mas subalternos pero mas seguros ; menos tentadores, pero mas sujetos a la intelijenda. Pero mientras tanto no sucede esto, la industria minera no es susceptible de ser influida por la educación, ni a su ve% puede prestarla apoyo, sino en cuanto produce riqueza, i la riqueza en jeneral es favora* ble al progreso. La estatua de Juan Godoi será por mucho tiempo el digno ^mbl^ma de ia industria M. U. 8

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minera. Los griegos habrían levantado un templo al Destino ciego. •

AG8ICÜLTÜHA. — Quédanos la industria agrícola^ que absorbe los tres cuai-tos de la población^ i tan poco la encontramos favorable al desarrollo de la educación. La propiedad territorial^ base de esta industria, está dividida en grandes masas. El catastro solo da en todo el territorio de Chile 11,310 poseedores de fondos rústicos ; i como la familia se compone en término ínedio der cuatro individuos, resulta que de millón i medio de habitantes que pueblan a Chile, solo 11,000 familias de todas condiciones esplotan sus ventajas, en proporciones que puedan producir un pasar. La circunstancia de ser tan pocos los poseedores de tierra hace que la agricultura pueda ser mas favorable a la educación superior que a iá primaria. Pero es menos favorable al desarrollo de la educación el sistema de labranza i los implementos que para ella se emplean. Consisten estos en un arado, compuesto de un palo buscado en los bosques con cierta forma particular, una reja informe de hierro, i algunas correas de cuero crudo, una azada, una pala, una podadera, una hichona, una hacha i algún otro instrumento mas, de formas tan groseras i tan rudas, a veces tan contrarias por su forma a las leyes dinámicas, que los fabricantes ingleses que hoi proveen al comercio de estos artículos, han necesitado hacer llevar de Chile los padrones de estos bárbaros instrumentos, para imitarlos, i hacer pulas, podaderas, azadas, hichonas para Chile, pues que los verdaderos instrumentos que Uevíin estos nombres, no serian aceptados

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por el trabajador chileno. Concíbese lo poco que tiene que hacer la intelijencia en labores rudas^ < hechas en beneficio de grandes propietarios. La teoría de la labranza es i^almente una tradición informe i hostil a todo resultado de la observación intelijente, i de los progresos de las ciencias natu- ; rales.

Compare el agricultor chileno el inventario que acabamos de hacer de sus implementos de labran-^, za^ con el que hace una de las fábricas de los Esta* dos Unidos de los que demanda la agricultura de aquel pais. Se usan i consumen.: — 85 especies distintas de arados, caracterizados cada uno por alguna circunstancia particular, con rejas de hierro batido o colado, para uno o dos caballos enjaezados con arneses ; con rueda i cuchillo, o cuchillo unido ; con cuchillo simple ; con doble cama, etc., etc. — 6 arados diferentes para laderas — 4 para terrenos interiores — 9 para maiz, arroz, o algodón con dos caballos^ — 7 para maiz con un caballo — arados para raspar — ^idem para sembrar— id, 3 de Steward, en todo 67 foriiías distintas de arados para varios usos, con ventajas o desventajas para cada jénero dé cultura que el labrador debe conocer.

Seis clases de cultivadores y instrumentos áratoriomas manuable que sirve para remover los cumellónes de maiz i otros usos prolijos ; cuatro máquinas de sembrar con economía i precisión ; tres clases de gradas, o rastras artificiales ; cinco cortadores de paja i desgranadores de maiz, segadores, trilladores^ guadañas y doce podaderas mecá-p nicas ; rastros de huertas, palas i arados diversos ;

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^obasibarretias para ábmboyas; bombea perfec* cíonlidas^ carretillas^ ówrétASi carros^ eto,

Será flivordblela necesidad de manejar estos ins« trum^titos al desarrollo de la educación primaría ea los pai«as m que están en uso? Seria difícil i ma* jinarlo cuanto mas comprenderlo^ cómo un hombre podria tocar a estos instrumentos sin que su inteli* jencia estavieae desenvuelta por la educación^ £sa multitud de invenciones, luchando en perfección las un»si i^.on las otras, han sido el fruto de la intelijen* te observación de los labradores mismos para eüjerir las reS^nrmas, comparar los resultado^ prácticos, preferir loe mejores i recompensar por la demanda el talento inventor* Cada uno de ésos instrumentos ha tenido divididos en partidos a los labradores, motivado discusiones sin fin : ha habido pruebas alegadas, testimonios dados, i vei*dades al fiti aceptadas i reconocidas^ Por solo la nomenclatura de los implementos de labranza, se colije que la eduéa^ cien primarmy es decir^ la indispensable para desenvolver la razón del labrador, entra por mucho en la aceptación, jeneralizacion, manejo i buen éxito de esa multitud de instrumentaos i aparatos mecáni» eos, que poniendo en lugar de la fuerza, la ihteK* jentia, ahorran trabajo rudo i «capital, aumentando los productos. Tanta influencia tiene la educaciati primaria en estos progresos, que nuestro^ propiéta* ríos, la primera objeción que ha<)en para introducir^ los en sus labores, es la que salta a príoaera vista, la incapacidad de nuestro ganan para niíanejarlos j i hé nx^xú el mas alto tribuno que fe, indoiencia i e\

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egoismo pueden pagar a la difusión de la educación primaria.

La división de la propiedad territorial en garandes lotes es adversa a la educación primaria, por cuanto disemina la población i estorba la acción de la escuela que es el taller que la difunde, haciendo que la esfera a que sus beneficios pueda estenderse abrace reducido número de habitantes. Asi pues el cultivo de la tierra no dando holgura a la mayoría de los que se consagran a ella en chacras i otras mezquinas labranzas por un lado, i siendo estas meras rutinas, en que el sudor tiene la principal parte, por otro, la educación primaria queda fuera de las necesidades, i de los medios de la agricultura; i cuando la tierra es poseída en grandes lotes, la ediir cacion primaria^ iimecesaria para el cultivo, nada saca del propietario que reserva otra mas alta para sus hijos.

La grande propiedad, empero, puede ejercer una saludable influencia en el desarrollo futuro 4e la educación de los labradores, i creemos ver ya alborear el dia de un gran paso en este sentido con una gran reforma en la industria agrícola. Concíbese que la agricultura de pequeños lotes, como el papel moneda de a un peso, se sustrae a tod^ perturbación esterior, a toda influencia de la opinión como dpl interés del capital. Bl precio dé los cereales, en la agricultura en pequeños lotes, seria regulado simplemente por la demanda que hubiese de los sobrantes de cada labrador después de haber reservado la parte necesaria a las necesidades de su familia.

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Este era el termómetro del mercado chileno hace doce años^ cuando no había esportaciones^^ i el trig^o valía cuatrp reales en cosechas, 'alzando las manos al cielo los especuladores, ciiando;una plag-a dejaba frustradas las esperanzas del labrador ; pues que el capital entonces podia especular sobre el hambre.

La siembra de cereales ha tomado hoi, empero, el carácter de una grande industria nacional, consagrando los propietarios enormes sumas i estensiones inmensas de terreno, a producir cantidades grandes de trigo, para alimentar no ya la población de Chile, sino los mercados estranjeros. La agricultura chilena ha entrado por esta saludable revolución en las condiciones de toda industria, a saber asociación de capital e íntelijencia para producir mucho a poco costo.

Seis años que van corridos desde que se improvisó el mercado de California, no han hecho mas que cebar el espíritu de empresa^ pagando con ganancias

exhorbitantes la osadia i estension de los labores

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agrícolas. A una palabra de la industria cayeron, de un estremo a otro de Chile, los molinos que habiamos heredado de los antiguos colonos, para levantarse en su lugar las mas poderosas máquinas qiie haya inventado el injenio de otros pueblos, aunque con las máquinas hubiese de venir el artífice estranjero encargado de ajustarías,! el molinero naecánico que habia .de ponerlas en movimiento.

De repente las multiplicadas ruedas de los nuevos molinos se han paralizado en todo el territorio de Chile. Falta grano que moler? Los graneros al

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contrario están henchidos. Qué ha sucedido entonces? Falta un mercado para la esportacion de las harinas chilenas. El de California que desarrolló la industria agrícola, se ha convertido en un foco industrial a su vez, haciendo ruinosa la esportacion de los trigos chilenos. La industria agrícola pues, tiene a fiíer de industria productora de grandes cantidades de producidos, que regular sus valores, por los precios que les hagan en otros mercados las industrias análogas concurrentes. El propietario chileno necesita hoi saber, cuál es el precio de los trigos en Melboui;ne, en Londres, en Rio Janeiro, en California, en Buenos- Aires, i venderlos a los precios que los paguen ; i conao el precio en Iqs mercados lo hace la ^suma de los productos ofrecidos, resulta que para alcanzar a ese precio medio, necesita producir tan barato, salvo en circunstancias anormales, como el que mas barato produce de entre los concurrentes a un mercado.

La cuestión, pues, de los medios de producir cereales, con mucho capital, i pocos brazos empieza hoi a preocupar los ánimos de todos los propieta»- ríos chilenos, i la introducción i empleo de todos lop implementos aratorios perfeccionados a hacer deseable que los labradores que habrán de manejarlos fuesen mas aptos que lo que actualmente son. La industria de los cereales con instrumentos mecánicos hace presentir la época en que se abran escuelas por todas partes, ya que Ineducación primaria^ entra por mucho en la producción de cereales que nos ha alejado de California de la noche a la ma* ¿ana.

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Es üü hecho curioso que pata instmiccioü nuestra debemos eonsignar aqüi; porque errores semeJatites cuesta milloües a los pueblos, Latrasformacioüdel mercado de Gaíifortiia en focoiüdttstrial de cereales, sorprendió a Ohilé sin estar prepaf ado a ellos no obstante que los hechos se estaban produciendo a nuestra vista. Los propietarios reian de la idea de que California produjese cereales i los diarios (histórico) lo estaban nrobando con argumentos irrefiítableS; la víspera del dia en que el examen de los guarismos de bushéls de trig-o cosechado, i los avisos de las casas de comercio instruyeron a todos de que la transformación estaba ya consumada. Hoi la pereza i la imprevisión se alimentan co& quimeras aun mas estrañas/Quien se queja de nuestra propia abundancia, que estorba que tengan valor las cosechas quien espera que California, si bien ha alcanzado a abastecerse á sí misma, nunca llegara a esportar granos; quien en fin, contando con la mediocridad de los salarios, cuenta qué la industria clUlena compensará la acción de las máquinas i de la intelijencia de sus rivales j qUien en ñtí que la Europa será un mercado permanente para nuestros productos.

Para los que hablan de nuestra abundancia de productos, una sola cifra bastará a desengañarlos. 1178 millones de bushels de granos es el térmbo medio de la cosecha de los Estados Unidos. Si Chile produce diez millones de quintales de harina, fácil es mostrarlo por los estados de la aduana i el cálculo de' lo que la población consume. California posee terreno mas feraz que el de Chilcj

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i el' líibrador, propietario del suelo que labfa/de fácil adquisición i a bajo precio, en lugar de peones rüd:os^ hace jugar con sus propias manos una máquina que ara i pulveriza el térreiib, un sembrador que' diátribuyé ordenada i económicamente el gránoy un aparato' que siega en tina hora lo que diesi hombres no siegfán 'en un dia, i un trillador que le deja aventado i ensacado el trigo, que pasando por caminos de hierro a los molinos de vapor establecidos en las liahias de California, es recibido por los buques de la marina mercante del pais, que mantíene^elaciones activísimas con todos los mercados del mundo. El tiempo de saberlas noticias que guian las especulaciones seria bastante capital para asegurar lá ganancias.

Sobran brazos en Chile? Esta es ilusión de que no participan los que el año pasado vieron perder sus cosechas en gavillas por faltarles quien las alzara. En cuanto a los mercados europeos, precarios a esta d[istancia, son entre todos loa del mundo, los'que exijen mas barata producción en proporción de las distancias, pues Chile es el último pro- . veedor después de España^ Estados Unidos, Odessa i las costas del Mediterráneo. Provechos continjéntes hacen bajar indefinidamente el precio primitivo de compra ; i despues^dé dos anos mas de incertidumbre el propietario productor aprenderá mui a su costa a someterse a las leyes jenerales que regulan, en despecho de la voluntad, la estimación de los valores* Cualquiera que 'sea el porvenir de esta grande industria en Chile, grande por cuanto la distribución de la propiedad en grandes lotes la fá-

M. II. d

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vorece, nada tiene que 'esperar, sino del estudio i aplicación alas faenas de los campos^ de los medios intelijentes i mecánicos de producir; i esta reforma tiene su base en las escuelas, que preparan los brazps que han de ponerlos en ejercicio. En los doce meses que concluyen en agosto de 1864, la estadística comercial de Chile presenta como total de los producr tos agrícolas esportados los sig'uientes artículos: 74,692 fanegas de trigo, 524,271 quintales de harina, 2,816 fanegas de maiz, 108,211 de cebada, 10,877 de papas, 19,017 fanegas de porotos. Sábese que con otras variedades de productos agrícolas de poca monta, estos son los principales a que se consagra el cultivo en Chile. ¿Cuánta es la masa de productos que se cosechan al año en toda la estension del puis? Es este el problema que aui^ no han resuelto el censo ni la estadística; i. sin embargo esta incógnita es la base de todo computo de los precios. Nada puede aventux'arse ^obre el consumo que la población hace de estos artículos, i por tanto, ningún otro dato que la esportacioñ hai para estimar el excedente. En todo caso la producción parece limitada, relativamente a la ;de otros países agricultores.

El comercio. — Es el comercio en todas partas el campo en que se ejercita el talento, la actividad i el buen sentido del hombre, premunido de dotes í conocimientos que no entran en las clasificaciones de educación clásica. Un abogado, un médico, un literato llevan con estos títulos i la ciencia que presuponen, un pobrísimo caudal para medrar en las varias especulaciones mercantiles. Por el contrario, la C5-,

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cuela es la verdadera nodriza del comerciante. Una forma de letras irreprochable, la teneduría de libros, la aritmética, la jeografia, la estadística i la secuela comercial, hé ahí toda la preparación con que la sagacidad, la economía i la capacidad personal entran en la lisa. Ni perg'aminos, ni nacionalidad, ni ideas políticas, dan en sus filas preferencia. El comercio i no las minas es el verdadero nivelador de las clases enChile. TJn bodegón miserable, el escritorio del humilde dependiente, la pacotilla del inmigrante, están de ordinario en el prólogo de los libros de negocio de nuestras mas fuertes casas de comercio. Principiad por el falte, pasad al baratillero i de este al tendero i a la casa almacén, hasta las mas encumbradas categorías, i encontrareis las diversas gradaciones de una misma familia, o mas bien la fortuna en diversos grados, adquirida sin otra preparación que la de la escuela común. El labrador es una planta vejetativa, cuando no posee sino un pequeño espacio de terreno; el minero es un jugador grueso en el juego del alcance de la riqueza. La mayoría es pobre i está cargada de deudas, mientras que unos cuantos han atesorado cientos de miles. El comerciante llena el espacio entre el que vejeta i el que marcha a grandes saltos. Su negocio principia por cien pesos, i estos cien pesos le dan de que vivir con las esperanzas de acumular una fortuna andapdo el tiempo.

El comercio en Chile se divide en dos categorías: el de menudeo i el comercio de consignación o alta especulación. Aquel lo ejercen los nacionales i este de ordinario los estranjeros. Esta división que

— 68 — pareciera natural, nace sin embargo de lo ati'asado de la éducacdon pública entre nosotros. El comercio de rmpoi*tacion i exportación, <jue es lo que forma el con^ercio de un pais, requiere conocimientds de que lóS hijos del pais carecen de ordinario, i entonces loé emigrantes estranjaros o ramificaciones • iie ciasas'de 'Londres, Nueva York o Hamburgo, vienen a suplir nuestra incapacidad, sirviéndonos dé int^mediários. En toda la América del Sud^ la fuente de las mas rápidas ganancias está en maúofe de los^ extranjeros. Queda para el comermnt^ del pais el comercio de menudeo, i muchas fortunas se improvisan' en Sü ejercicio» Pero én éstos últiínod tiempos, con él átkmento del movimiento comercial i la inayor dificultad de ganar por él casi equilibrioquei^la conéurrencía establece en los precios i otras caneas, este Tdimo de industria haéiéndose diécü hadado lugar a repetidas quiebras, que han alar*^ mado al comerdio por mayor, i cénmovidó sino destruido del todo el crédito. Los cóniurSos han revé¿^ lado nna tristísima Ikga qué afea el interior' dé esta' industria. La igñoraÁcia del común de los co- ' mérciantéS) isu incapacidad dé llevad libros, sé- han hecho él velo' que éntíübre el fraude, o la mala fe de algunos. En este caso se hace palpable la nece-' sidád de una educación mas acabada que !a que han podido dar las escuelas antiguas a la jeneracion actualmente adulta. Con la introducción del crédito que tanta actividad o estension da a las operaciones comerciales, el ejercicio de comprar i vender necesita un arte plástico, que deje rastro imperecedero

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de cada dpeicacioíH ejecuteda^ a un d^ dar teBtioiQiiáo en todo tiemjio de lá honradez del comeirpiante.; I^a masa de comercio chileno, sobre todo léJQS de Vídparáiso^.nó lleva libros en forma, i pol* t^tos'e ha hecho indigna de crédito^. Hé aquf un efecto sonaüije de la falta de educaciou. Lá lei misma ha tepldo qiie €ofatemporizar con esta jeneral incapacidMÍ, préscindieudo de la formalidad de sellar, los. libros de comercio. i refrendar su primera pajina por.^l escribaBd'publico. Sobre este puntó debiera ser inflexible la administración, si quiere estorbar que ^e cierren las vias a la honrada especulación cont^rcial. Todos los ^ñoa debiera, pedirse a loíJ eoméN ciante que tienen tienda, almacén u otra, élaae de negocio sedentario o con puerta a la calle exhibir sus libros, para ver si 9cin,ll(9vadOíS..en forma, so pena dé una multa de treinta pesos, que; no pagarla cada .uno sino una vez en su vida, i aplicable a las e^uelas públicas que enseñan tenedui^a de libros. Esta medida justísima, en cumplimiento de leyes vy entes, en garantias de valores de millones, seria un medio de levantar el crédito, abatido . hpi por la jeneral aprehensión del desorden de la coptabilidad i la falta de todo medio da justificación de las perdidas, que con tanto fundamento alarma a las casas de primera mano. La influencia de las escuelas primarias sobre la industria que llamamos comercio es demasiado visible para que después dé lo dicho nos detengamos a demostrarla. Cuanto mas extensión tome aquella, cuanto mas variados sean sus ramos, tanto mas visible serán sus efectos en el

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comercio, que es la aplicación práctica de la aritmética i de la jeogTafia, por medio de la escritura, de la teneduría de libros i del cálculo.

Nos ha sido imposible adquirir suficientes datos sobre el número de personas que ejercen el comercio, pues este nos habria dado el de otras tantas familias que pueden dar continjente a la educación primaria. Las matrículas de 1849 dan 172 por Santiag-o i 186 por Valparaiso, en propietarios de casas de comercio, almacenes por mayor, tiendas i bara* tillos. Seria importante la publicación de las matrículas de todas las provincias, pues su conocimiento ilustraría mucho sobre el número de familias que están interesadas en la enseñanza.

Oficios e industrias. — Examinemos ahora cuál es la situación industrial de Chile, para ver si es necesario un sistema jeneral de educación que la desenvuelva, mejore o introduzca. Carecemos por desg'racia de documentos públicos que nos guien con certeza en investigación que tanta luz arrojarla sobre la cuestión que nos ocupa. Algunas facciones jenerales tan solo se presenta a la vista que puedan servir de puntos departida. Desde luego Chile carece de fábricas para artefactos, i esta escuna facción única entre los de nuestra propia raza. La esposicion de Londres ha revelado este hecho curioso. En aquellas juntas déla industria humana sin escluir el Asia, la Rusia, Marruecos i la Turquía, todos los pueblos mostraron artefactos, todos menos los de la raza española, que ni se presentaron en la lisa siquiera. Las colonias españolas son las que mas desheredadas se muestran de aquel caudal de tra-

— 71 — dicioiled o adquisiciones^ que perpetuándose eíi las faftiilias'o desarrollándose en talleres, por las aplicaciones de la ciencia a los usos de la vida, dan a los queuno poseen tierra o ca])ital medios de proveer a' sus ^necesidades i de hacerse una fortuna.

liOs artefactos que la industria produce i la vida civilizada demanda nos son subministrados por otros ^pueblos, en cambio de producciones que ellos necesitan i nuestro suelo puede desarrollar. Los paises tropicales, como Nueva Granada, Perú, Bolivia, etc.^ tienen o pueden tener producciones sing-ulares, los productos tropicales, el alg'odon, el tabaco, el añil, e¡[ cacao, el cautchue, la caoba, la quina, el huanó, la azúcar, la yerba, el café, que los colocan en situaciones especiales. Chile tiene por su clima tenaplado,que entrar para los excedentes de sus productos en lisa con la Europa, i los Estados Unidos, ya en los productos agrícolas, )^a en las fabriles, si las minas de metales preciosos no contindan siempre constituyéndole una especialidad industrial. Pero las minas deCopiapó, si bien acrecen la riqueza del Estado, rio pueden dar ocupación al exceso de población que se acumula en las grandes ciudades o la que sé aumenta en las campañas, i no puede poseer tierra o no es absorvida por las faenas campestres.

Seria mui humilde tarea enumerar las pocas industriias chilenas en que el hombre, tomando una materia sin valor o de un valor limitado, agrega otro valor producido por el trabajo i el arte, que es lo que constituye un artefacto. Pero es aqui donde se revelan los efectos de la educación de un pueblo, pues

Ipa prí)gTesos^ que.aetualmeBte hacen. Im^ qi^^ufac- ^¥93^g!^^^í^^ ^1^ ^lic^cioBes. ^e lai clenqi^ sij^o taiQbieul^,:tixa4icio9i^d.que Je h^nJiegado ^ua, tp£(- yores^ dejándo^Q ii^dusteias mj^Aual^B ^uq pónganla líOp^.hyoB eii :eBt^4Q^6 ganar la 6ijl?sisl;pncia.jP0be' ui^Oa a nv^tra ra^ la jineptitijid fnduatri^l que nos ^qiiejftj pues qujB. no posee la psfte de ^a JJspílá que poblóla América mejores medios indUst^iajt^ q)tó nosotros, pgxa.dar .medios de vivir a sti poblp^ i^ioDi. Los españoles que emigraü a Amérie^ i Avr jel bjtóeando trübajo, rara Vez? se lea vé praatkflr art^ mailuales que po9P lo jeneral i\q pQSjeén, eonS0í^gtíixidotíe al comecdo dé comestibles^ de. Mbirosi.o dé menudeo. La estíidisticá comercial jtíuestiia que solo veiiíte ^tíeulos m&nufacturados. qu^ ilosean ptdductos agrícolas preparádds^ o ett Jaruto^iPecibeidé España el comercio de Chile, mientras que la Inglaterra nos envia para nuestra consumo ^73 art^actos diversos^ producto de otras tantas industrias distintas^ 316 lá^ Alemania i 225 la Francie en objetos de gusto jeneralmente* Este hecho dará la medida délo que nuestra falta de educación. embaraza al desarrollo de la riqueza i al bienestar del cominn de lasjentes. Como la enumeración délas arfces europeas se baria para averiguar lo, que no ^cAmnos hacer y seria tomar términos mui altos de comparación, i eso nos lo instruyen suficientemente los artefactos mismos que usamos, producto de aquellas arteé. Tomaremos de los datos recojidós en los rejistros de las escuelas de> Nueva York, las profesiones'áétQS padres de los niños que asisten a

ó la edmaciqn '^ las manos ^ rqué crea riquBBáy' fueisa de la* a^i^icultura.Asiátifux enJSSS a Ja¿ escupios hijoa^dq íabricmAeñ de t(Aám paía buqués^ de flores artífimies^ dh arqmteetos^de artíai{as».de pán^eros^ dé barberos/ de heiteít)Si^:de {khviéQ;j^teá 'da bandáis^ da caldereros^ de encuadem'ádotest^. de ¿botérosy^e hiladores de oobrey dei paHddrea idé ibronoe^ ..Ae fundidores de bronce, de cefcvecerojs, dé>albaín3e», de carniceros/ de fabricantes de escobillas,') botefe, bombas^ jaulas, botones, de corredores, d» r^- brícante$ 'de míiebles, de enladrüladore^, :de'):catpintéros, de fabricantes de al£>mbrás i de canriíaj^, dérécomíioned<jrÍ3S»de ídem, de escidtoífes, de'CÍgprretos, de es<^ibíente&, de fitótoriás^debóbre^ deíbonfeccit^nadores, (}e éobreros, dc' laminadtixpes de^ideiíi, de inartílladofés de idem, de curtidores^: de'eübtóUeros/dé' escojedórés de carbón, de fabri<^n*es de g'orras, de calzadores, de fabricantes de f velas, de cajas de cig^arros, de químicos,- de silleteros, de fabricantes de relojes de níesa, de carreíteroB^He peineteros , de ^arg^o^es de carbón, dóradilaneros, ■ de fabricantes de cristal , de cÓT^elaros, de dentifi?ta$, de tintoreros, de dagúerreotipistáe, de droguistas, de dibujadores^ de iiijenieto^^ de fabricantes de cubiertos i de cartasy niños mandaderos 139, de grabadores, de fabricantes de fraijjas, de vendedores de frutas, dé pescadores, déíactoresy de labradores, de doradores,: de vidrieros,de orrbes,^© batidores de oro, de especieros^ de armeros, de^ colectores i vendedores de astillas, de fabricantes de cola, de estañadores de espejos, de preparadores de

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gas, de fabricantes de plumas de oro, de cortadores de vidrio, de fabricantes de rejas, de jardineros, de preparadores de alcanfor, de cocheros, de sombrereros, de fabricantes de cajas de sombrero, de calzones, de revendedores, de chalanes, de fabricantes . de tejidos de peló, de importadores, de fabricantes de instrumentos, de fundidores de hierro, de amoldadores de Ídem, de fabricantes en hielo, de charolistas, de joyeros, de fabricantes en arpilleria, de lubrádores, de lamparistas, de lapidario», de litógrafos, , de fabricantes de anteojos, idem de cueros, -linternas, formas, de cordoneros, de tejedores de mechas para lámpara, de horneros de cal, de maquinistas 105, de cortadores de mármol, de pulimen- ^dores de idem, de constructores de casas, de puesíteros del mercado, de lecheros, de preparadores de tafilete, de amoldadores, de maestros de música, de comerciantes, de empresarios de matrimoi)ios, de fabricantes de mástiles, de jentes sin empleo 7, de fabricantes de clavos, de caballerizos, de ópticos, de vendedores de ostras, de hiladores de estopa, de factoría de aceite de piedra, de pintores, niños empapeladores, de fabricantes de papel, de baratilleros, de fabricantes de cajillas de lápiz, de escojedores, de emplomadores, de porteros, de impresores, de poUerosj de fabricantes de carteras, de idem de cajafi de cartón, de idem de prensas, de pulidores, de médicos, de sacerdotes, de embaladores, de perfumeros, de empapeladores, de alfareros, de fabricantes de marcos para cuadros, de idem de decoraciones, de idem de aparejos de marina, idem de cintas, de cordeles, de marineros, de, sirvientes, de

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zapateros, de plateros, de fabricantes de ag^ua de soda, Ídem de fuentes, pulidore3 de piedra, refinadores de azúcar, jaboneros, fabricantes de varandas^ remos, velas de buque^ de aseiTadores, de laminadores de hierro, traficantes en arena, preparadores de ^zarzaparrilla, fabricantes de estacas, escalas, de ornamentos de acero, apisadores de especias, ntoUneros de aserrar, de sastres, de orineros, de curtidores,' de tabaqueros, de fabricantes de baúles, de fundidores de tipos, de idem de borlas, de estañeros, de tapiceros, fabricantes de paragxias, de tejedores, de carroceros, fabricantes de cajas de relojes, pulidores de idem, fabricantes de chicotes i bastones, hilanderos. En todo doscientas catorce profesiones que dan ocupación al común de las jentes. Gran número de estas profesiones existen entre nosotros ejercidas las mas comunes por nacionales, i las que no son de oríjen colonial por estranjeros ; pero cuan elevadas son las unas, ya por lo científicas, ya por el capital que invierten, i cuan humildes otras, como se vé por el estracto que precede ; allá los hijos de los que las ejercen acuden a las escuelas, a tomar en aquella fiíente común, la materia primera de todo desarrollo, la instrucciorf. Los ciento cuarenta i tres artículos manufacturados que nos envian los Estados Unidos, son casi todos el fruto de esas industrias, observación que hacemos para indicar que las analogías nuestras no producen artículos de esportacion, no saliendo estas profesiones de la categ'oria de oficio, si no se esceptuan , cobre^ laminado, cigarros, zapatos, riendas, ritos, g*alletas, fideos, hilo i cordeles de cañamos, libros impreaos, etc., de

qu3i8e'£^rtaa'[péqüéñQd sumas ii Irá paisefi> ve-

¡.ajl^iié .dfiSuendai ger^enia iat.e^iiaacioQ sóbrela pobláeúm fda0hil6 para «Btender ^licaihpo de la acekmíuranuall .m../-. t.-> < :■■ - r:..' • ,.,i.- •►¡.•¡ "í> :,-. iv^Iia^Fespoestainacadál examen que a pno^póaito ^loa ¿echo dados productos fabricados que : nos

' em'íáiai£9^a|iay i:delos^que(a su v.ez>espor£a«Chile^ loV queimu^strant iiná Taza entera, que. em «Europa i en 'Amérie&se :endüi^nt¿*a desproviátá de ^la edudacionifabril^u^ dáíde. \dvira la pobla^^ que no absorvrJá-ag^ioaltura* ía instrueciondesenyolviendo la- iht;e£|énckv los cónoGimiéntos oientifióos difíiúdíéndQse^i» ¿sfera.;de «susaplicacióneá a la industria se^ eatíende^ ibmando . nuevas formas el trabajosa abmtido nueras^ fuentes ala piiodu<;úioñ.Ti¡í<» es poique tetamos eU'íAméiriea que; las aptes fabriles, aio existinebtrá' nosotros^ sino porque perteiieoemós a:niiiürama>deíla familia europea que no las ejerce

* BÍno:eh*peqviefías i poco variada escala.; • • «

^ cuánto «a^íla fabricación de alg*.unos artefactos deque esSantiag'© el centro necesario, potr lel buen gusto ide la población^ más culta i numerosa, i por mayor reunión de familias acaudaladas que fomenten et consumo de. objetos de cierto valor, el rejistro de patentes por el año de 1849 iios dará, algunos datos preciosos* . -. •.

' Hai en Santiago doa latonerías pertenecientes a industriales' j^a/tc^íoí ; una hojalatería, Jraneesa ; cinco ciirtiembres^yrawcesaíj una talabarteria,/raneesa ; dos carrocerías, ^aw^a^a^, i una chilena; tres tonelerías^ayiCtf^6M ; una silleriayrawc^^í? ; seis car-

pinterias; tres inglksa^j Ao^fi'ancesáSy tóia española: boáegones hai reínte inúeve quince Qxxy 6^ propietarios son españoles ; cuatro dültíérías, tres dé/m/iée^ sés i una de éhilenvs ; hoteles^ tres teñidos por^ancesés e italianos i dos por chilenoslñbrikú de fideos, una italiana; de* ^^^^n^^^francesa; étnpápieladorésj franceses dbs, vidrieros, dos j^-rt^ícé^éí;' tapiceros^ dos franceses) üvmeúviSytresfrancesas; papelería^ yi^a»- c¿sa; boterías, áós francesas ; sombrererías; ctiatro francesas; nl'odisfas, seisyf*awce5/7ff; peluquerías; tres yrówceia^; sastrerías, cüatroy^^anma^, cuatro chilenas '; uii polaco ; j oyeria ¿eis franceses i alemanes^ unvi chilena y\ librerías españolas i francesas.

Retratistas, pintores, escultores, lapidarios, artistas al dagnierréótipo,' anteojeros, encuadernadores, peineteros, i toda otra arte liberal está en ttianbsde esti'anjet^os,' tío habiendo exceptuado mas dd'lá nomenclatura del' rejistro^'de patentes que venta dé pintüráv despacho dé licores, ^panaderías, Velerías, ventas de madera, ' 'qüé^ áuüqúé proftísionéfe " iíiui abundantes i desempeñadas casi todas por riácioíiá^- lés, lio pueden 'clasificarse etitré las ártrés'íábritóá ' por la simplicidad de ibs lirocediniieiitbs eri qué estriba su confección. ' • , ' •

¿Seria inútil la educación para los íAillarés tfe; personas de ambos sexos que üo poseyendo capital, ni habiendo hei*édado tiei*ras, necesitan sin emliai*- g'O píodücu' objetos qué tengan ün v^lor? Tío hemos hérédf áo industrias i casi estanios condenados a ño verías importadas por industriales éstrárijerósj yá que^cptrio lo ha demostrado felcensb, tan poca población heñios adquirido^ ¿cómÓ'"entóiíicés se cUfetita

— 80r— ati^'I^B Estados de la I^ueyu' - Ing^late^m en este

-kDhile^ pueeí^ necesítam por todas partéB deeuter* ritórioideseÉHvairer medios- de adcpiirir conomnajieiitos para fadütai^laititrodüccion i variaría multipli^ííaqon dé tóéiiíoáde iñriirftwínW^ pues • qile las dififcuUades para adquirir tiépra* dé tinlado^íilai ignorancia' en qtie se qi*ia lá población pw otro, fianah dbl pais en poco tieinpola'tóioiíftii^'de míos centenares de patronea i éí íestó d(^ gañanes, sujetos a salams^correspdidientes úr éca capacidad i núniero-: bxeésivüy si la emigtádoñ > las teíndád^ íptiértos primero;: i la expatriación clespúes^iio díiesen ^medios de sustraer^ sé a'feíttíadibá tftá'terrible: Chile nécesife,' irfas (te déséñ^lver capacidad indn^rialéAirétis' moradores-, i ^ésto'tibsb consigue sino porílaiustimíjpionj eüahtb qü^ 'la éáperitíiltía de cuarenta aSo^ * i los f estillados dél'ióensb' tótuái ié han profeád^ íjüé : de Ve^ contar póéo eái lá acée&ion áe^ población eetíailgérá, qué iiítítíduÉica las vatía» artes iniihiialé^ qné sobí tra* diéióflales'eu'lds países de donde viené^ i los necésáfidé adelantos en laqnépósee en estado dieriitina^ i qtiéiib pueden mantenerse ala par don losprodtictoS que libé étivian las ínismás artes^ áüsiliadás del cftpital e!a los países productores i llevadas a un gl'ádó de perfeccitíií admirable. ' ?

' ¿Téfhdriámóá necesidad aun de mostraí coíno la difesion de' la instrucción ptíede influir en eldesa^ rroUo déla prosperidad jeneral? Qué es la prosperidad del Esfcadb sirio la suma tptaí de las prosperidades particuíiaréfi? ¿Sin embargo, creemos indisperóáblé ¡É^ré^Tir alguniáslijents reflexiones que lie-

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ueu la mente del programa, al distinguir cuidadosamente la industria particular de la prosperidad de la nación. Muchos de los datos que, con los relativos al estado de la instrucción primaria hemos acumulado,. como premisas de este estudio, tenian por objeto ilustrar esa parte de la cuestión. Por ellos puede barruntarse cual es la situación i distribución de los metilos de prosperar que ofrecen el cultivo de la tierra, la esplotacion de las minas, el comercio i las artes manuales. Por ellos se dejan colejir quienes i cuantos están en camino i en aptitud de adquirir i acumular riqlieza, o en otros términos, dando por sumados los individuos que componen-la nación i sus elementos de trabajo, cuales son ceros, i cuanto suman las fuerzas productivas del Estado.

Pertenece a los hombres que dirijen los destinos públicos poner en la balanza todos estos i otros jérmenes de riqueza, i estudiar las causas que embarazan el desarrollo de los unos, o aniquilan completamente los otros. Nuestra tarea cesa donde dejan de hacerse sensibles los efectos de la instrucción primaria, en la cual comprendemos todo girado de educación esceptuando la que es puramente universitaria.

Gracias a los pasmosos progresos de la viabilidad del mundo, hace tiempo que no hai en la tierra Estados Robinsones Crusoes, viviendo para sí en su isla, solos en presencia de Dios, i sin vínculos que los liguen a la humanidad. Cada vapor que apaga sus fuegos en nuestras radas nos puede traer o quitar con una sola palabra millones de pesos, dar-

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— sanos o quitarnos felicidad. Desde que esto es asi^ nuestra existencia, nuestro bienestar dependen en gran manera de los cambios, progresos, necesidadfes, que esperimentan pueblos qué apenas de nombre conociamos. La industria, esto es, los medios de prosperar nuestros, está subordinada a causas esteriores que na nos es dado acelerar a retardar porque son rebeldes" al dominio de nuestros deseos i de nuestra voluntad. Los sucesos ocurridos en el Pacífico en estos últimos seis años han enseñada prácticamente esta verdad a los que ni aun habrían entre nosotros tenidof*ocasion de sospechar su existencia : i como la situación jeog^ráfica de un Estada es parte de su propio ser, séanos permitido diseñar en breves razgos nuestra jeografia comercial e industrial, ya que la política sale de los términos de nuestro cuadro.

Las olas del Pacífica han traído hasta nuestras playas el estremecimiento que se difunde por la superficie de las ag'uas cuando son a jitadas en uno de sus estremos ; i la conciencia pública ha presentida que alg-o de desusado ocurre que puede influir poderosamente en nuestra suerte futura, aunque este alg-o tome las formas que la conciencia de un peligro, el conocimiento de la debilidad o sentimientos o ideas contrarias le hagan asumir. Era el : Pacífica hasta ahora poco la retaguardia de los pueblos civilizados i como la estrema Thule del globo. De la noche a la mañana empero, por un cambio brusca de frente de una de las naciones riberanas del Atlántico, i por el concurso fortuito del hallazgo de la que hace tres siglos hizo perdonar las violencias de

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Cortez i de Pizarro, las auras del Norte traen a nuestros oídos el susurro confuso de pueblos actiTamente ocupados en tomar posesión de un punto favorecido de las costas de la América, i lanzar ya sus naves i sus aventureros en todas direcciones, cuál si de siglos hubiesen estado allí ubicados. Un grito universal ha anunciado como en tiempos antiguos la renovación de las luchas de razas humanas, o las guerras de relijiones hostiles que se disputarán a muerte la victoria.

Todo puede entrar en la esplicacion de estos fenómenos, cuya repetición ^ la historia justifica por desgracia las actuales aprehensiones. Pero tomando en conjunto las manifestaciones, i dejando a un lado las formas incidentales que revisten, para no estimar sino las causas que las producen i los resultados a que conspiran, parécenos ver algo de mas serio que luchas de razas de que habían ya desaparecido las trazas sobre la tierra. ¿No será por ventura lucha de industrias, de poderes, de desarrollo, i de fuerza de espansíon la que se inicia? Habíanse establecido nuestros padres en estas comarcas en tiempos pasados, como colonos del pueblo europeo de cuyo seno se desprendieron para poblar tierras vírjenes, desposeyendo a otros mas destituidos de medios de prosperar. No traían consigo para fundar naciones, ni las tradiciones de las artes, ni los rudimentos de las ciencias naturales que aun no habían nacido, ni aplicádose a la industria en Europa. Para precaverlos del embuste de las industrias estranjeras, como eljardinero protejo de la inclemencia las plantas nacientes, creándolas

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una atmósfera facticia^ la madre patria sustrajo sus colonias al contacto del mundo. Eran ricas o pobres ; ig'norantes o civilizadas ; los medios de prosperar eran abundantes o estaban obstruidos, pero todo tenia lug^r en relación a sí mismas, o cuando mas para con la madre patria que cosecha* ba los frutos de su propia obra. Tres siglos duró este sistema de tutela, de conservatorio artificial. La revolución de la Independencia empero, rompió los vidrios, i dejó la planta espuesta a la acción de la atmósfera ambiante i en contacto ya con la naturaleza esterior, con la vi¿a real de las naciones. Desde entonces los vientos i las tempestades nacidas en otras rejiones empezaron a sacudimos fuertemente, ya que los sistemas de esclusion, de protectorado, de tutela no estaban ahí, para ponemos a cubierto, aunque creándonos un modo de ser que haría imposible que subsistiese de suyo al aire libre. Desde entonces hemos debido preg-untamos, de qué vivimos, qué producimos, qué consumimos, i las demás cuestiones económicas de que necesita ocuparse quien entra a la edad viril i cuyo destino está confiado a su propio esfiíerzo i dilijencia. Todavía desde 1810 hasta 1850, las naciones concurrentes en esta gran feria de permutas i cambios en que los pueblos se presentan como simples individuos, algunos puntos de nuestro ser no se frotaban todavía con los análogos de otras naciones. La Europa nos enviaba sus artefactos a precios ínfimos, sin que arruinase la producción nuestra de otros artefactos parecidos, porque no habíamos aprendido a hacerlos. Nadie tenia que lamentarse de ver descender

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las groseras angaripolas antiguas de doce reales la vara^ a real i medio a que se vendian sus sustitutos^ quimones i muselinas. El artesano estranjero que llegaba a nuestras playas, era en cuanto a su industria el bien venido, pues siempre sabria hacer algo mejor que nosotros. Para nuestro lento desenvolvimiento quedábanos siempre un reducido horizonte comercial en torno nuestro, donde permutar el excedente de nuestros productos. El Perú i Guayaquil, mas tarde Sidney i Sandwich i las costas e islas del Pacífico, demandaban nuestros trigos, hasta que en 1848, término final de este orden de cosas, como la lámpara que al apagarse hace un esfuerzo supremo i brilla con desusado resplandor. California viene a estender la esfera de nuestra acción i darla una actividad inmensa. Los hombres pensadores vieron desde entonces en la pasajera prosperidad, el anuncio triste de una próxima decadencia 5 pero el vulgo estaba demasiado ocupado de aprovechar de la bonanza para prestar oidos a importunos i fatídicos anuncios, hasta que un dia un vapor llegó a Valparaíso diciendo ''basta!^ ya no se necesitan cereales, i el labrador que aun tenia la hoz en la mano dejó caer a tierra el manojo de espigas que acababa de cortar.

Qué había sucedido? qué es lo que sucede ahora?

Sucede que el resumen de la civilización de todos los tiempos i de todos los paisas j que todos los medios intelíjentes de producción ; que todas las artes de locomoción j que todas las máquinas de ahorrar trabajo, tiempo i brazos, i todas las enerjías combinadas del hombre llegado al mayor grado de

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desenvolvimiento, han venido a sentarse a nuestro lado, i a establecer sus talleres para producir no solo lo que no fabricábamos, en lo que no iabia gran mal, sino todo aquello que confeccionábamos mal. Sus sementeras de trig'o están al lado de las nuestras para aprovisionar los mercados que nosotros frecuentábamos, lanzando sus clippers en todas direcciones para competir en fletes baratos, en rapidez de travesia con nuestras naves de alquiler j sus máquinas poderosas vienen a competir con nuestros rudos brazos, prodig^ados en hacer con ciento lo mismo que haría uno intelijente ; sus instituciones de cosmopolitismo pasa a crecer rápidamente su n6- mero como nación con el excedente que desperdician las otras, i nuestro sistema de querer separar la zizaña del buen ^ano, contra la prohibición espresa del Evanjelio ; su sistema de invasión pacífica por la acción individual con nuestros sistemas g'uerreros de reconcentración armada a la europea j í lo que es el resumen de todas estas oposiciones, su sistema de educación común universal^ que hace de cada hombre un foco de producción, un taller de elaborar medios de prosperidad opuesto a nuestro sistema de ignorancia universal^ que hace de la gran mayoria de nuestras naciones, cifras neutras para la riqueza, ceros i ceros i ceros, agregfados a la izquierda délos pocos que producen, i ademas peligTos para la tranquilidad, remoras para el prog-reso, i lo que es peor todavia, un capital neg-ativo dejado a los tiempos futuros, esto es a la nación, para embarazarle los medios de prosperar. No, nunca la historia presentó espectáculo igual! Los tiempos

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antiguos vieron luchas de cartajineses ida romanos; la Europa culta, de esclavos i de hombres libres, vio caer sobre ellos bárbaros del norte que por la sangre i el íuego arrasaron toda una civilización, i se dividieron a los amos i a los esclavos infeudados con la tierra de que hicieron sus condados, principados i reinos. Hablase hoi de guerra entre el Oriente i el Occidente, entre un mundo semi-bárbaro i otro que hasta hoi era tenido por. mui civilizado. Nada de esto es lo que va a ocurrir luego en el Pacífico. Es esta la guerra santa del sistema de escuelas públicaSy de esa instrucción primaria de cuya injluencia en la industria i la prosperidad nos andamos inquiriendo todavía por estos mundos, preguntando con curiosidad si una hacha afilada cortará mas que otra embotada i mohosa, o si mil intelijencias desenvueltas, armadas de todos los medios de producir, serán tan eficaces como la' de diez palurdos ignorantes, embrutecidos, ebrios, desnudos i sin instrumentos para sobreponerse a la materia, domellarla, someterla, 3ea en forma de tierra, de mares, de vientos, de tempestades, de piedras, de metales, de madera, e imprimirle formas, espedirla rápidamente por medios de locomoción que disputan a los astros la velocidad i la rectitud de sus trayectos* Tal es la lucha en que vamos a ser actores, i corremos riezgo de ser víctimas. Lucha de razas? Miopes!! No hai razas que tengan el don esclusivo de dar educación jeneral a sus miembros. Los niños en los Estados Unidos nacen, creédnoslo, tan destituidos de toda instrucción, como nacen aquí los de nuestros paletos.^ Los caracteres de aquella

— 88 — pretendida raza empiezan a desenvolverse desde la edad de cinco años, i el espediente no es ya un secreto que no pueda comunicarse, porque no lo ocultan, como los emperadores de Oriente ocultaban la manera de preparar -el fuego grieg'o, o Venecia el secreto de sus famosas fábricas de vidrio. Oid este secreto divulg^ado de fundar naciones, de hacerlas crecer en medio siglo como no habian crecido las otras en miles de años, de templar hombres como el acero de Shesfield, para convertirlo en instrumentos contundentes, cortantes, punzantes, perforantes.

Desde luego han cuidado por leyes previsoras de hacer que la tierra inculta se conserve ilesa de todo abuso i accaparementy para que los medios de producción estuvieran a disposición del mayor número posible ; en seguida, previendo que de los pueblos viejos i mal constituidos se desprenderían los hombres que dispersa por el mundo el deseo de establecerse en mejores condiciones, les han reservado un hogar caliente i sin trabas para que lo ocupen como ciudadanos. Han montado la máquina política de manera que no haj^a gastos de preservación i reparación de averias diarias, i sobre esta base tan sólida han descendido a detalles mas minuciosos. Como la base de la prosperidad del Estado es la facultad de prosperar que posee el maj^or numero de habitantes, han arrebatado a la madre el párvulo a la edad de cinco años, i sin distinción de sexo, clase, fortunq, porque en esto está el secreto, lo han sometido en tan tierna edad a la blanda i social disciplina de un departamento primario, de

~ 89 — donde pasa este algodón apenas cardado, a la E55- CUELA PRIMARIA. Desde allí el fabricante de lioin-. bres productores, cuando está ya en estado de recibir formas, pasa aquella materia bruta aunque animada a la ESCUELA SEGUNDARIA, donde empiezan a incrustarle i'üdimentos de ciencias de aplicación : lajeografia, a fin de que conozca la estension del mundo que tiene por delante para esplotar (es curioso observar en los tratados de jeo^afia de la& escuelas norte -americanas, que a la descripción dc la Europa solo consagran dos pajinas, mientras qué sobre el resto del mundo no economizan detalles); las mateunáticas aplicadas a la mensiu'a de la futura propiedad ; la astronomía^ para que sepa dirijirse en los mares que va a recorrer; la física, para que conozca las propiedades de la materia i las leyes de la mecánica ; la teneduría de libros^ para que conduzca con acierto sus negocios ; i para iniciarlo en todo ; la Biblioteca del Distrito , que le hace conocer los viajes célebres, las aventuras de mar, las descripciones de todos los paises, los inesplotados recursos que encierran, el sistema de gor bierno i cuantos conocimientos son necesarios para formar parte de los pueblos civilizados. Con estos elementos, limitados si fuera esta toda la educación dada a todos en un país, pero vastísima desde que viene a formar el patrimonio de todos sin excepción, queda ybrmarfa la raza nueva de hombres^qne empieza hoi a perturbar la secular quietud i el silencio del Pacífico, el último de los mares sometidos al dominio de la civilización.

M. II. 12

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Se nos ha preguntado como influye la instrucción primaria en el desarrollo de la prosperidad jeneral^ i solo hemos necesitado señalar con el dedo hacia el Norte ; i decir como dirían sus favorecidos sectarios ; behold! mirad! Cuando vuestros cereales» se pudran en los graneros, por no encontrar mercado a donde esportarlos al precio que otros los venden^ el propietario dirá : ^^hé ahí la influencia de la instrucción primaria dada a todo un pueblo ; aquel labrador intelijente produce trigos mejores i mas baratos que yo/'

Cuando venga a establecerse una línea i despue» dos i ciento de vapores en nuestras costas^ i ganar con nosotros mismos lo que hubiéramos ganado si hubiésemos sabido construir naves^ máquinas, i dirijirlas, el armador que vende su buquecillo de ca* botaje por serle improductivo, dirá : "Aé ahí la influencia de la instrucción primaria dadiEi a ese em. presario, a ese maquinista i a ese capitán, que salie* ron todos de una misma escuela/'

jDuando venga el empresario de dilijencias a examinar nuestras vias de comunicación i establezca postas i movimiento regular, los cien birlocheros sin otro arte que imponer precios a su antojo, según la necesidad de moverse, al abandonar su vehículo inútil ya, dirán: "hé ahí la influencia de la instrucción primaria que ha eriseñado a otros a reunir en grandes vehículos a bajo precio, el costo de muchos con administración separada/'

El molinero que desmonta sus piedras ante las máquinas que producen 600 quintales de harina flor

— 01 — al dia^ dirá : ^^hé aquí la influeficia dé la instruccitm primaria dada a otros i que viene a arrebatarme el pan de la boca.^

Cuando el rico hacendado vea decrecer sus rentas^ las deudas aumentar en proporción, por haberse hecho duros los tiempos, escasos los brazos, e im ' productiva la cultura, comparados sus costos con el valor de los productos, i venda sii onerosa tierra a quien mejor se la pag'ue, i éste esplotándola con máquinas, subdividiéndola convenientemente, produzca mucho i barato, dirá: ^'he aquí él producto de la instrucción primaria que vi^é a desposeernos de instrumentos de trabajo que no supimos fecundar/'

Cuando el Senador, el Diputado i el Ministro vean aparecer el déficit de las rentas por faltar la base que es la producción de millares i millares dé productores, i la tempestad mujir en el horizonte, torba i destructora por que la ajitan todas las igno - rancias, todos los egoísmos, todas las preocupa ^ clones i todas los ineptitudes qué la falta de inHruc^ Clon primaria i la destitución que es su' consecuencia desenvuelven, dirán, pero tarde! para pofiér remedios : *^hé aquí la falta, capital i réditos capitali* zados, de haber rechazado desde 1849, en nuestro orgnllo de alumnos del Instituto, en nuestro eg'óis* mo de acaudalados, la lei que pedia los medios de org*anizar un sistema completo dé instrucción primaria para fundar el orden en la única base eccmomica^ el interés de todos en conservarlo. El ejército cuesta millón i medio que pagan los contribuyentes ^ i es el ejército el instrumento de todo desorden, cuan-

— 92 — do la hora llega. Eldinero qué cuesta restablecer el orden, bastaría píira educar en institutos nacionales a todos los habitantes del pais. Pero contra ese enemigo de los pueblos ig^norantes i atrasados^ la industria: i la mejor aptitud para el trabajo^ contra ese enemig'O solapado que se presenta bajo las formas de un Wheelwhrigt, a quien levantamos estatuas, de un Green^de un Haviland que nos dotan de molinos, de un Campbell, que delinéalos ferro-carrileSy aquellos que vendrán mas tarde a ponerse en lugar nuestro, a pedirnos el favor de dejarnos en la calle haciendo al pais el inmenso servicien de dotarlo de medios de prosperar, pero esplotándolos ellos, pues ellos saben ponerlos en ejercicio i nosotros no ; contra enemigo tan útil, tan inofensivo, los ejércitos nada pueden, ni las prohibiciones ni la rabia de la nulidad i de la impotencia. Si hubiera guerra, ellos nos construirían la pólvora i nos venderían fusiles de patente para que los combatiésemos; porque vendiéndonoslos ganan ellos i acumulan riqueza, i comprándolos nosotros disminuimos la poquísima que tenemos i nunca somos mas débiles que después de haber ganado-una batalla inútil. Si armamos las preocupaciones estáipidas para nuestra defensa, nunca estaremos mas cerca del abismo, pues no hemos hecho mas que retardar la époqa en que podría hacerse algo por el buen camino.'^

Es mas sencillo el medio de promover la prosperidad nacional que nosotros proponemos, i es /armar el productor ^ tomando niños, o todos nuestros actuales seres ineptos para ella, i des--

— 93 — íructares de los productos i capitales ya creados para convertirlos en artífices de la prosperidad jeneral.

Asi es como la instrucción primaria influye en el desarrollo de la prosperidad jeneral.