Memorias de un setenton · Capítulo real 9 de 9
CAPITULO XXVII
Texto completo de esta unidad literaria, reunido aunque el lector la divida en 22 tramos técnicos para mejorar el rendimiento.
CAPITULO XXVII.
ADIÓS Á LA HISTORIA. 1843.
Adolece ordinariamente la senectud de un achaque físico é intelectual, que consiste en ver y recordar los objetos y sucesos lejanos con mayor claridad y lucidez que los próximos, y de aquí el placer que experimenta el anciano al expresar las reminiscencias, siempre gratas, de la primera edad, que ve clara y distintamente reflejadas en su imaginación. — A este fenómeno hube sin duda de obedecer cuando, fiado únicamente en la memoria, me resolví, no sin alguna temeridad, á consignar en el papel aquellos sucesos de que fui testigo en el primer período de la vida, y que tan hondamente se reflejaban en mi cerebro, pareciéndome que no llegaría el caso de decaer en su narración : tal era la intensidad de luz que sobre ellos derramaba la fiel memoria.
Ayudado, pues, únicamente de ella, y dejando correr la pluma con su acostumbrada rapidez , consigné sencillamente, y sin ciúdarme ni poco ni mucho del artificio retórico, mis impresiones sobre los sucesos acaecidos á mi vista en el primer tercio de mi vida y del siglo actual, deteniendo-
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me con complacencia en reflejar las trasformaciones j progresos que á causa de ellos hubo de experimentar nuestra sociedad pública j privada. — De esta manera, y sin gran dificultad ni esfuerzo , pude ir exhibiendo á la vista del lector una serie de cuadros histórico-pintorescos correspondientes al período trascurrido desde el año memorable de 1808 al de 1833, ó sea desde el advenimiento al trono del rey D. Fernando VII hasta su muerte. — Pero al llegar este período histórico (1833), en que, á par de un nuevo reinado, se inauguraba la completa y radical variación en la marcha histórica del país y su cultura , y á medida que se iba acercando el objetivo de estos bosquejos humorísticos , entrando ya en el dominio de la generación actual, que conmigo los presenció, sentí flaquear la memoria, titubear el entendimiento y abandonarme del todo al todo la voluntad.
Porque, tratándose ya de sucesos coetáneos á la mayor parte de los vivientes, y descritos minuciosamente en tantos libros de historia contemporánea, en tantos folletos, memorias y diarios que la prensa, emancipada ya, ha ¡narrado y comentado, ¿qué interés podría añadir á la narración de sucesos tan conocidos y apreciados por su mayor proximidad ?
Por esta y otras razones que me callo, habráse observado en los últimos capítulos de estas Memorias que, apartándome cuidadosamente, desde la muerte de Fernando VII, de las vicisitudes políticas, me contraje al primitivo objeto de mi narración, que no fué otro que el discurrir y consignar en estos recuerdos las diversas fases que ha ido presentando nuestra sociedad; objeto más conforme con mi carácter é inclinaciones que el de las investigaciones histórico-poKticas , y más grato también (me atrevo á creerlo así) para la generalidad de mis lectores.
Cerré, pues, el ventanillo de mi cosmorama por la par-
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te que mira á la historia, dejando á los eruditos y concienzudos autores especiales, á los Pachecos, Burgos, Miraflores, MarHanis, Bermejos y Piralas, el cuidado de exponerla concienzuda y discretamente; y el de reflejar su continuo movimiento y vitalidad á este monstruo de cien lenguas apellidado la 2yre7isa periódica, que no hay suceso que no registre en todos sus detalles, hecho que no comente, reputación que no eleve, analice ó destruya, ya con el escalpelo de la crítica severa, ya con el cascabel de la sátira , con más primor y talento que el que pudiera prestarle mi vetusto y descolorido pincel. — Empero al ceder la palabra en aquel punto y hora á tan poderoso órgano de publicidad, paréceme del caso hacer su presentación al respetable público en el período á que me refiero, ó sea la década trascurrida entre 1833 al 43, mientras que con mucha satisfacción propia rindo ante el mismo las armas y abato gustoso mi pabellón.
II.
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Diez años de absoluto silencio, impuesto por el Gobierno absoluto de Fernando, habían hecho desaparecer hasta la memoria del indiscreto ensayo hecho por la prensa política en el turbulento período constitucional de 1820 al 23; pero estos diez años de recogimiento y de estudio habían engendrado nuevos y más profundos conocimientos ; habían producido nuevos adalides , que se presentaban hoy en el palenque de la publicidad con armas mejor templadas. — A la Revista Española, primera publicación política á la muerte de Fernando , y que redactaban los hermanos Carnerero, Alcalá Galiano, Rodrigo, Campu-
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zano y Grimaldi, sucedieron inmediatamente otros muchos diarios con distintas tendencias y denominaciones, mereciendo alcanzar respectivamente el primer lugar, bajo las opuestas banderas moderada y progresista, el titulado La Abeja, que era redactado por los ilustres Pacheco, Pérez Hernández, Bravo Murillo, Peña Aguayo j Olivan; y El Eco del Comercio, que levantaba la bandera del progreso en las robustas manos de D. Fermín Caballero, don Ángel Iznardi, D. Joaquín María López y D. Mateo Ayllon. — Un año más tarde apareció en la escena periodística, con carácter más ecléctico y con un esplendor desusado en la forma, El Español, la primera entre nuestras publicaciones periódicas que , por su confección política , literaria y hasta material, podia sostener la comparación con los primeros diarios de Europa. Su fundador, mi distinguido amigo Sr. D. Andrés Borrego (uno de los rarísimos que aun quedan vivientes de aquella ilustre pléyade de publicistas), dirigia su redacción y explanaba su doctrina con singular acierto y trascendencia, y á su inmediación militaban estadistas eminentes y una porción de jóvenes, que sirvieron de plantel, no sólo para otros periódicos importantes, sino también para brillar en la tribuna y en los altos puestos del Estado : Ríos Rosas y Donoso Cortés, Villalta, Egaña y Zaragoza, González Brabo y Sari orín s, y otros ciento que lucieron sus primeras armas en la redacción de El Español y se dispersaron luego, fundando otras publicaciones excelentes, como El Correo Nacional, La España, El Corresponsal y El Heraldo, aunque todos afiliados, más ó menos marcadamente, bajo el pabellón moderado. — La prensa progresista, abanderada valientemente por El Eco del Comercio, tuvo también muy luego sus inmediatos sostenedores, entre los cuales merece especial mención El Clamor Público, fundado y dirigido por D. Fernando
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Corradi, y El Castellano , de pequeñas dimensiones, aunque de profunda intención, que fundó D. Aniceto de Alvaro.— Por último, en el sentido más ó menos retrógrado ó absolutista, llevaba el estandarte La Esperanza, discretísima publicación, fundada por D. Pedro de la Hoz^ j á su lado El Católico j El Pensamiento de la Nación, redactado éste por el insigne D. Jaime Balines.
Con decir que la parte satírica y maleante de todas estas publicaciones y otras especiales corría á cargo de Larra (Fígaro), Segovia (El Estudiante), Abenamar, Pelegrin, Salas y Quiroga, Espronceda, Alvarez Miranda, González Brabo, Villergas, Tirado y otros infinitos, que ostentaban la mayor agudeza y donosura , puede calcularse la suma de talento desplegada por tan discretos escritores en la prensa de aquella época, y que desgraciadamente se desvaneció con ella , sin haber llegado á ser conocida y apreciada por los lectores actuales. Y en gracia de ellos, y como ligera muestra de aquellas regocijadas plumas, reproduciré aquí dos trozos epigramáticos que me saltan á la memoria y que corresponden á la primera época, antes que, desbordada la prensa satírica, diese cabida en sus columnas á los acerados dardos de El Huracán, á los extravíos y desmanes de El Guirigay , á las caricaturas ultrajantes de El Mundo y La Posdata , y á la frailuna chocarrería de Fray Gerundio. — Referíanse estos versos al célebre ministro D. Pío Pita y al regente Espartero, y fueron siis autores, si no me equivoco, don Jacinto de Salas y Quiroga y D. V. Alvarez Miranda. Helos aquí :
AL MINISTRO PITA PIZARRO.
c( Sublime señor don Pío , De quien nunca yo me rio, Temeroso de un navio
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Que me arrastre á Santa Cruz (1);
j) Por cuya gracia inñnita En esta tierra maldita Tan sólo al nombre de Pita
Surge un tesoro de luz
» Enjuga este llanto mió, Don Pío ; Calma el furor qu© me agita,
Don Pío Pita ; Pues á tu piedad me agarro , Don Pío Pita Pizarro ; Don Pío , Don Pío Pita , Don Pío Pita Pizarro. »
(Seguían otras tres ó cuatro estrofas, que no recuerdo.)
AL REGENTE ESPARTERO.
« En tiempos de gloria llenos, Con humildad y llaneza Deseó ser vuestra Alteza Alcalde, ni más ni menos.
» Pero os dijeron los buenos De la progresista ley Que reclamaba la grey Vuestro auxilio soberano , Y vos dijisteis ufano : El mejor Alcalde, el Rey.-»
(Aquí había otras dos décimas, j concluía con la siguiente :)
ce ¡ Cuánta alabanza va en ¡jos De vuestra Alteza, ¡ oh Regente! ¡ Cuánto os alaba la'gente ! ¡Alabado sea Dios!
» Todos alaban en vos
(1) De Tenerife.
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El talento y el valor ; Mas yo , pobre pecador , Que os miro de cabo á rabo , La serenidad alabo , Serenísimo Señor. »
Por lo que á mí toca , y aunque cortésmente invitado por todos los directores de aquellos periódicos , mis amigos , á tomar parte en su redacción , me negué constantemente á ello, por no querer de modo alguno mezclarme en las controversias políticas; pero la comezón del escritor es una enfermedad dominadora, j para transigir con ella dentro de los límites que me trazaban mis inclinaciones , me resolví á fundar una publicación mia propia, exclusivamente literaria , popular y pintoresca, nueva absolutamente entre nosotros en su esencia y en su forma , y á semejanza de las que con los títulos Penny Magazine y Magasin Pittoresque habia visto nacer en Londres y en París; y el 3 de Abril de 1836 fundé El Semanario Pintoresco Español.
Era mi propósito, al emprender esta publicación , generalizar la afición á la lectura y el conocimiento de las cosas del país, así en su belleza natural como en sus monumentos artísticos, ya en la vida y hechos de sus hijos ilustres, como en la historia y tradiciones de las localidades, usos y costumbres del pueblo, procurando realzar las descripciones con profusión de dibujos , grabados en madera por el método recientemente adoptado en el extranjero, y de que ni siquiera se tenía noticia entre nosotros.— Bajo todos estos conceptos creo haber hecho un verdadero servicio á las letras y á las artes con la importación en nuestro país de esta clase de publicaciones pintorescas, ó ilustradas y como ahora se dice, venciendo los formidables obstáculos que á ello se oponían por la falta absoluta de artistas conocedores del grabado tipográfico,
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y hasta de papel y de máquinas propias para la impresión. Tuve ademas la buena suerte de atraer á la colaboración del Semanario á todos ó casi todos los literatos que habian alcanzado un merecido renombre, Gil Zarate, Ochoa, Revilla, Segovia , Lafuente, Príncipe, Colom, etc., yá todos los que en Madrid y las provincias se interesaban en dar á conocer la historia , los monumentos artísticos, el carácter, usos y costumbres de cada localidad. Este Semanario , en fin , sirvió de palenque á nuestros primeros poetas. Zorrilla, Tassara, Bermudez de Castro, Enrique Gil , Rubí , Retes , Grijalva y otros muchos , y también á las sociedades literarias el Ateneo y el Liceo; y á mí propio me sirvió para continuar las Escenas Matritenses en una segunda serie , que comprende los cuadros desde El Dia de toros hasta el de la Guía de forasteros , y que es , á mi juicio , la que merece algún aprecio. — El público español dispensó , en fin , tan buena acogida al Semanario , que , á pesar de sus defectos materiales , y á ^nielta también de las circunstancias críticas del país en lo más encarnizado de la guerra civil , llegó á contar hasta el número , inverosímil en un periódico literario , de cinco mil suscritores , viéndome ademas en la necesidad de reimprimir la colección completa de los siete tomos ó años en que yo la dirigí, desde 1836 á 1842, al final del cual la cedí á otras manos, que le hicieron decaer, hasta que, recogido por las expertas del Sr. Fernandez de los Rios , volvió á adquirir su primitiva importancia, que sostuvo hasta 1857. • Pero basta ya de prensa periódica, á la que naturalmente tengo que ceder , como ya dije, la pluma de la historia; mas como me sea muy duro despedirme de ésta tan bruscamente , permitiréme sólo trazar un cuadro humorístico-político (que será el último de esta clase) de cierto episodio histórico de aquellas vegadas, que por acaso tuve ocasión de presenciar.
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UN PRONUNCIAMIENTO ANDALUZ.
. El día 2 de Abril de 1843, en medio de la tranquilidad aparente, bajo la regencia del general Espartero, salí de Madrid en compañía de mi cordial amigo D. Francisco del Acebal y Arratia, persona tan apreciada y considerada en nuestra sociedad por sus excelentes prendas de carácter, su ilustración, patriotismo y filantropía, así como también por su opulenta fortuna y elevada posición social, proponiéndonos dar un agradable paseo á lo largo de nuestras costas de Mediodía y Levante, y dirigiéndonos por de pronto á Sevilla para asistir á las solemnes funciones de la Semana Santa , y á la antigua y animada feria de IMairena, Hicímoslo así , en efecto , y pocos recuerdos conservo en la memoria tan agradables como el de la imjaresion que produjo en mi ánimo la estancia durante todo el mes de Abril en aquella deliciosa ciudad, reina de la Andalucía, en quien parecen haberse aunado con los dones de la naturaleza y el arte los recuerdos de la historia y los encantos de la poesía. Trasládamenos después á la culta Cádiz, permaneciendo en ella quince dias, en los cuales tuve ocasión de recordar los angustiosos de 1823, que ya describí en lugar oportuno. Pasamos luego á Gibraltar, y hubimos de detenernos á pesar nuestro en aquel padrón de nuestra patria , aguardando el paso del vapor Balear, que hacía semanalmente la travesía; embarcados, en fin, el dia 24 de Mayo al anochecer, dimos fondo al siguiente, 25, en la bahía de Málaga, muy ajenos seguramente de que lo hacíamos, como quien nada dice, en el cráter de un volcan en el momento de su erupción.
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Con efecto, en aquel mismo día escribíase en la agitada j levantisca ciudad del Guadalorce la primera página del alzamiento que, de aquel chispazo, llegó á convertirse en incendio contra la regencia del general Espartero. — Mucho hubo de contrariarnos semejante coincidencia á nosotros, ciudadanos pacíficos y ganosos de pura y deleitable recreación en aquellas risueñas comarcas, el hallarnos metidos, sin sospecharlo, en un movimiento político que podia tener terribles consecuencias ; pero al saltar en tierra y al recorrer las calles de la ciudad sublevada , el espectáculo de holgura y regocijo que se ofreció á nuestra vista calmó nuestro terror, persuadiéndonos de que, según vulgar expresión, no llegaría la sangre al rio, y que todo ello se reducía á un regocijado espectáculo , ó como si dijéramos, á un pronunciamiento andaluz á la manera de entonces, de amable desorden con acompañamiento de guitarras y castañuelas.
Por de pronto, nada más grato que ver aquella muchedumbre de todas clases , desde las más severas y entonadas hasta las más humildes y pintorescas, corriendo las calles al compás de las músicas militares y dando vivas á la ausente Reina Gobernadora, y mueras irónicos á los ayacuchos , aguaduchos y avechiichos (que de todas estas maneras eran apellidados los secuaces del Regente) ; aquellas hermosísimas malagueñas asomadas á los balcones y arrojando flores y coronas sobre los milicianos nacionales y sobre los coches en que la Junta de ordenanza, presidida por un Sr. Elizaicin , pasaba á instalarse en la Casa Consistorial ; aquellas iluminaciones espontáneas ; aquel repique de campanas, y aquel coro, en fin, unísono de expansión, de fiesta y de alegría. — Y todo ¿por qué ? No sabré decirlo, ni creo que tampoco lo supiera la inmensa mayoría de la población; y era que en la ocasión presente, como en otras anteriores, aquella meridional multitud,
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obedeciendo á su idiosincrasia, seutia la necesidad de alzarse contra alguien ¡morque si, j entonces este alguien le tocaba serlo al general Espartero, al mismo á quien tres años antes babia aclamado frenéticamente, y que algunos después babia de volver á aclamar.
Una vez lanzados á la arena los inquietos malagueños, era natural que pensaran en procurarse cooperadores y aliados, y así lo bicieron de buen grado, empezando, en su consecuencia, á recibir desde el dia siguiente adhesiones de los pueblos comarcanos, y basta de Loja, Antequera y Granada, que se pronunciaron también — refuerzo de aclamaciones, vítores y campaneo, iluminaciones , música y acompañamiento; — pero á la mañana siguiente, ¡noticia triste! díjose que Granada se babia desjyronunciado; que los demás pueblos no acudían solícitos á la demanda, y que al Gobierno de Madrid no le babia becbo mucba gracia , que digamos, el bromazo malagueño. — ¿Qué bacer ? ¿Qué no hacer? — Columnas de milicianos á Granada para excitarla á pronunciarse de nuevo ; requisitorias á los pueblos inmediatos para que acudan con hombres y dinero. Y no en balde, por cierto, se tomaron estas disposiciones, porque de los pueblos inmediatos empezaron á afluir á la capital sendos pelotones de gente armada y refuerzos considerables de boca y guerra, y Vélez, Loja y hasta la misma Granada se volvieron á pronunciar.
El espectáculo de aquella holgachona y mansa revolución empezaba á ser empalagoso por lo monótono , y mi compañero y yo, un si es no es hastiados de tanta dulzura de pasa y batata, determinamos trasladarnos á la ciudad insigue de los Abencerrajes y Zegríes para ver si en ella lográbamos desempalagar el ánimo con más gratas emociones. Y no tuvimos que arrepentimos; porque el espectáculo revolucionario, si más morigerado y sensato, era también más pintoresco y poético en la antigua corte
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de Boabdil. — Habíase formado allí su correspondiente Junta, compuesta de personas respetables de la población, los señores Bello, Roda, Valenzuela, etc., etc., ejerciendo las funciones de secretario el Marqués de Tahuérniga , en quien, por cierto, no supe reconocer al pronto la misma persona del ciudadano D. Juan Floran, el Castelar de la época de 1820 al 23, fogoso tribuno de la sociedad Landaburiana; el emigrado después en Londres, á quien tuve allí ocasión de tratar, y que , entregado á sus estudios é inclinaciones de poeta, liabia modificado radicalmente sus exageradas opiniones poKticas y acrecido sus dotes de distinguido literato y de cumplido caballero. — Este personaje , altamente simpático , era el alma del movimiento granadino, el autor de aquellas ardientes proclamas y alocuciones, el promovedor de las fructuosas tareas de la Junta, á las cuales no tardaron en adherirse las personas más distinguidas de aquella culta sociedad, los hermanos Castro y Orozco (Marqueses de Gerona), los Pérez Herrasti, los Heredias, Burgos, Duran, Ortiz de Zúñiga y los ilustrados jóvenes Peñalver, Paso, Lafuente Alcántara, Fernandez-Guerra, Montes y otros muchos que no recuerdo, vigorizando con su influencia el alzamiento, é imprimiéndole un carácter de formalidad y trascendencia. — El pueblo , hasta en sus clases inferiores, simpatizaba también con un movimiento que acaso no comprendía; decia mil pestes de los ayacuclios ó aguaduchos, subia á la Torre de la Vela de la Alhambra á tocar la histórica campana, que no habia resonado desde la época de la invasión francesa ; escuchaba entusiasmado las peroratas sui generis del zapatero MalaguiUa, que, subido sobre un tonel en la carrera del Darro, le mareaba con sus declamaciones tribunicias ; y acudia á la capilla de JV^uestra Señora de las Angustias, alumbrada por centenares de luces que la hablan ofrecido las señoras de la ciudad. — Dicha imáffen estaba
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adornada con la banda j bastón de general , como autoridad suprema y defensora del pueblo , huérfano de sus autoridades, porque tanto el capitán general Alvarez , como el jefe político, hablan abandonado sus puestos por no poder ó no querer combatir el movimiento , recayendo el mando de la plaza en un simple comandante , Sr. Rubin de Celis, que declaró á la Virgen patrona, generala y defensora de la ciudad. — Porque calmos en la cuenta que nos hallábamos amenazados de un sitio en regla, pues los generales Alvarez primero, Van- Halen é Infante después, se iban acercando en ademan hostil, aunque sumamente mesurado, y como apareciendo respetar la ciudad muslímica y los espléndidos palacios y torres de la Alhambra y del Generalife.
Y era por extremo interesante contemplar desde ellas el cuadro que ofrecía la incomparable vega de las heroicas tradiciones con la afluencia de hombres armados que de todos los puntos de la provincia acudían á la ciudad con sus trajes pintorescos y tradicionales; así el paisano de Santa Fe y de Atarfe como el miliciano nacional de Loja y Antequera, así los ribereños del Dauro y del Genil como los contrabandistas de la Alpujarra, al mando del famoso Cuchicid, sin que las escasas tropas de los generales sitiadores se opusieran á su paso, y hasta fraternizando con ellos y entonando juntos las canciones del país. Era un espectáculo verdaderamence interesante, lleno de vida y de colorido local.
Ello es, al fin, que estábamos en completa rebelión, y el Gobierno de Madrid amenazaba aquella hermosa ciudad, que había venido á convertirse en el centro de la insurrección andaluza. Nada sabíamos — yo al menos lo ignoraba— de lo que pasaba en el resto de España , como ni tampoco de los planes y esperanzas que pudiera tener la Junta directora del alzamiento, y ya iba terminando el
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mes de Junio sin más noticias que las contradictorias de los diarios granadinos ó las que propalaba el zapatero Malaguilla desde su tonel, asegurando que las siete provincias andaluzas, que toda España, que toda Europa estaba pronunciada , y que Granada iba á ser declarada capital del reino. — Algo de verdad habia de haber en cuanto á la extensión del movimiento, y de ello era claro indicio la inacción de las tropas y el desidioso abandono del estupendo asedio anunciado por los generales ; y es que sin duda, llamados por el Regente bácia Sevilla, en donde se presentaba el peligro mayor, dejaban á los granadinos despacharse á su gusto en su pintoresca rebelión. Esta, sin embargo, iba tomando cierto carácter de gravedad , y sólo faltaba para dar dirección á aquella muchedumbre armada (que , según Malaguilla, subia desde 24 á 200.000 hombres) un jefe caracterizado que la imprimiese unión y movimiento, y este jefe no tardó en aparecer.
Uno de los primeros dias del mes de Julio se difundió la voz de que acababa de desembarcar en Málaga el general D. Manuel de la Concha (uno de los emigrados en el extranjero desde la intentona fracasada en Madrid la noche del 7 de Octubre de 1841) y que se dirigía á Granada á tomar el mando del ejército andaluz. Era, en efecto, así; y á las pocas horas hizo dicho general su entrada triunfal en la ciudad, en medio de los trasportes de regocijo de la numerosa población, que salió á esperarle al camino en cabalgaduras y carruajes de todos sexos y edades, y que le tributó en la carrera, por las calles de la ciudad, la más entusiasta ovación. Puesto de acuerdo con la Junta, y sin perder momento, salió al siguiente dia con todas las tropas y paisanos disponibles en dirección á Sevilla, donde, como es sabido, puso cima á esta aventura, obligando al Regente á embarcarse en el Malahar.
Quedamos, pues, en la ciudad, como suele decirse, en
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una balsa de aceite j con la convicción del próximo triunfo del alzamiento, con lo cual pudo entregarse el vecindario á la solemnidad del dia del Corpus, que haLia retrasado, con todos sus episodios pintorescos de arcos, cuadros y enramadas en la plaza de Bibarrambla.
De Madrid, entre tanto, nada se sabía con seguridad, y hasta se ignoraba dónde estaba el Regente ; sólo sí que todas las ciudades de la costa estaban adheridas al movimiento, y que este podia contar ya con un triunfo seguro. Visto lo cual, y también que hablamos perdido dos meses para nuestro paseo costanero, mi compañero y yo determinamos abreviarlo. Verificámoslo así desde luego, emprendiendo nuestra marcha con dirección á Almería en la mañana del 21 de Julio, no sin haber sido testigos el dia anterior de un doloroso espectáculo, cual fué el incendio de la famosa Alcaiceria, especie de bazar de tiendas, ó más ))ien barrio mercantil semejante á los berberiscos , y que encerraba grandes riquezas en mercancías, por lo cual este suceso fué considerado como una verdadera calamidad.
íbamos á bordo de una tartana ó carro prehistórico, al mando de su patrón, el tio Palomo, contando con llegar á Almería para embarcarnos con dirección á Levante. Nunca se apartará de mi memoria el recuerdo de aquel accidentado viaje de tres dias mortales, para salvar las 16 ó 17 leguas de camino en tan especiales condiciones, que parecían remontarnos á cuatro siglos de distancia. Arrastrábase el vehículo por las secas cañadas, que, á falta de otra carretera, teníamos que seguir, con movimientos bruscos y terroríficos de nuestra desdichada carreta, á cada uno de los cuales, después de persignarme, preguntaba yo al mayoral: — «Pero, tio Palomo, ¿hay ejemplar de haber llegado á Almería con este carrito? — ¡Cómo qué! (me respondía el interpelado) ; yo aseguro á su mersé que, muertos ó vivos, llegaremos allá , si Dios y el ganado no
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disponen otra cosa, el jueyes á la tardesita. )) — Y éramos el lunes al amanecer.
Adelantando , en fin , trabajosamente, j haciendo las correspondientes paradas en Guadix , el Nacimiento , Alcubillas V otros pueblos inverosímiles y primitivos, llegamos á Almería sanos y salvos; embarcados en seguida para Cartagena, emprendimos desde esta ciudad una interesante excursión á los deliciosos pueblos j comarcas de Orihuela, Murcia (tan desdichados en los momentos presentes) y Elche de los Palmares, j tornamos á embarcarnos en Alicante con dirección á Valencia, á donde arribamos cuando ya esta ciudad, como las anteriores, habia hecho su correspondiente pronunciamiento, que, como todos los suyos, fué señalado con la sangre de una víctima expiatoria, el jefe político Camacho. — Una vez allí, y conociendo ya el desenlace del drama político, ó sea la acción de Torrejon de Ardoz, y la entrada de Narvaez en la capital , no nos apresuramos á regresar á ella , antes bien nos proponíamos continuar nuestro paseo hasta Barcelona ; pero el tumultuoso carácter que allí tomaba el movimiento , por un lado, y por otro las delicias de la ciudad del Turia, con su culta sociedad , sus primores artísticos y su encantadora huerta, fascinaron nuestra voluntad y nos obligaron á permanecer allí durante casi dos meses, hasta que en los líltimos dias de Octubre regresamos á Madrid para ser testigos de las fiestas celebradas con motivo de la declaración de la mayoría de la reina Isabel II , que fué el resultado final de aquel movimiento, cuyos tímidos preliminares habíamos visto iniciarse en Málaga y Granada.
CAPITULO XXVÍII
Y ULTIMO.
LA CARGA CONCEJIL, 1845 Á 1850.
Una vez descartada de mi narración la parte históricoanecdótica, en que sólo cupo el papel de espectador á mi insignificante persona; habiendo dedicado también algunos capítulos al movimiento literario y culto de nuestra sociedad, en el cual hubo ya de alcanzarme algún tanto de intervención; réstame sólo, para concluir estas ya fatigosas Memorias, trazar un breve cuadro del progreso material de la capital del reino , que se desarrolló especialmente en el quinquenio de 1845 al 50; con lo cual daré por terminado mi voluntario compromiso de llegar con estos recuerdos hasta la segunda mitad del siglo y no pasar de allí; y lo hago con tanto mayor gusto, cuanto que eu dicho período puedo asegurar que, haciendo un paréntesis á mis ocupaciones literarias, consagré toda mi vitalidad al desempeño de la honrosa carga concejil con que me vi favorecido, y voy á explicarlo.
En la elección de Ayuntamiento para 1840, con arreglo á la nueva ley del año anterior , y sin duda en alguna junta preliminar de electores de mi distrito — á la cual.
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como de costumbre, no asistí — hubieron de pensar algunos amigos y apasionados, que á nadie le faltan en este mundo, que, dados mis antecedentes, estudios y escritos en pro de los intereses materiales de la población, sería conveniente mi presencia en la corporación municipal, aun conociendo mi notoria repugnancia á ejercer este car go. Corrieron, pues, y llegaron á mis manos, no sé bien si con disgusto ó satisfacción , las candidaturas en que se hallaba mi nombre, y llegado el dia de la votación, se presentó en mi casa un inspector, celador ó cosa tal, diciéndome estas ó semejantes palabras : — «Vengo á recibir las órdenes de V. S. para el acto de la votación» ; — á que le contestg: — «Pues haga V. de modo que nadie se acuerde de mí para votarme.» — Replicóme el inspector, alcalde de bai-rio ó lo que fuere, diciendo: — «En eso ni puedo ni debo complacer á V. S., y hasta ahora no he recibido orden semejante de ningún candidato. » — « Pues entonces, haga Y. lo que le parezca y deje rodar la bola.» — Con lo cual, y mi ausencia acostumbrada del colegio electoral, la votación se hizo, y en el Diario siguiente me vi elegido concejal, por un crecido número de votos, para el Ayuntamiento que habia de empezar en 1.° de Enero de 1846.
■ Por fortuna, eran ya pasadas las grandes peripecias políticas del período anterior, desde 1836, y los Ayuntamientos, reducidos por la nueva ley á la gestión administrativa, hallábanse relevados ipso facto de las atribuciones y procedimientos que antes les envolvían en la atmósfera insana de los partidos políticos. No era ya su misión agitarse dentro de aquella órbita vertiginosa; ni ocuparse en poco ni mucho en manifestaciones patrioteras, según las distintas fases de la política dominante; ni organizar, vestir, arengar, presidir ni costear las charangas de la milicia ciudadana; ni designar jueces de hecho; ni inter-
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venir en sus juicios de imprenta ; ni presidir asociaciones políticas ni fiestas patrióticas, ni ocuparse, en fin, en otra cosa que no fuese la buena administración y fomento de la localidad. — Y como yo, según queda dicho en capítulos anteriores, habia manifestado mi inclinación dominante liácia este objeto civilizador — ¿para qué negarlo? — entré de buen grado en la Casa consistorial , prometiéndome contribuir , basta donde alcanzasen mis fuerzas , á tan patriótica tarea. — De igual propósito participaban sin duda todos los demás concejales electos, entre los cuales figuraban en gran mayoría personas de prestigio y consideración por su jerarquía, patriotismo y especiales conocimientos , tales como los señores Marqueses de Santa Cruz, de Perales, de Barbóles, de Regalía y de Acapulco ; el Duque de Abrántes ; los Condes de Torre-Muzquiz, de Goyeneche , de Cumbres- Altas y Casa-Flores ; los acaudalados D. Diego del Rio, D. Cándido A. Palacio, D. Juan Gil Delgado, D. Luis Piernas, D. León Villareal, y los abogados y otras personas de gran consideración, Sánchez Ocaña, Betegon, Campoy, D. José María de Alós, Posadillo, Nocedal (D. José María), Aldecoa, Stuich, Bañares, Laplana, etc.; todos los cuales formamos un fuerte haz de voluntades para dirigir el movimiento por el camino del progreso material y administrativo que reclamaba la opinión, entonces por fortuna unánime, del vecindario.
No eran, por desgracia, correspondientes á nuestros buenos deseos los escasos medios que á la sazón podia ofrecer el presupuesto municipal , reducido á la cantidad de quince millones de reales por toda clase de ingresos : cierto que las necesidades y las exigencias del servicio de, la población de Madrid (reducida entonces á la mitad de la que hoy encierra ) no eran tan apremiantes y extensas como ahora; pero también lo es que para satisfacerlas.
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cuenta actualmente con un presupuesto sextuplicado. — No podíamos hacer otra cosa más que seguir, dentro de los límites que nos marcaba la escasez de recursos, el buen camino de la reforma material, iniciada en 1835 y 36, durante la inolvidable administración del Marqués de Pontéjos, y que liabia sido interrumpida después por lo accidentado de las circunstancias políticas desde 1836 al 44. — Los Ayuntamientos constitucionales de este período, cohibidos y abrumados por aquellas azarosas circunstancias, 2:)0C0 ó nada habían podido hacer para continuar desarrollando los intereses materiales; y los alcaldes electivos, dominados y absorbidos por las atenciones políticas, hubieran dejado escasa memoria de su administración si no fuera por las contadas y honrosísimas excepciones de los Sres. D. Fermín Caballero, D. Juan A. Mendizábal, D. Salustiano de Olózaga y D. Lino Campos, que en los brevísimos períodos que desempeñaron aquel cargo dictaron algunas disposiciones ventajosas para el mejor servicio de la población.
El recuerdo sin duda de la fructuosa administración del último corregidor Poutéjos fué causa de volver á estable- €3r este cargo oficial, que, al paso que ofrecía mayor autoridad y prestigio al presidente de la corporación que el que pudiera tener entre sus compañeros uno de los concejales investido con la alcaldía, prometía también mayor duración á dicha autoridad para desarrollar sus planes ; pero , á decir verdad , esta circunstancia fué negativa, pues que durante mi cuatrienio de concejal conocí hasta seis alcaldes corregidores, lo cual da por término medio una duración de ocho meses, menos aún que la que antes gozaba la alcaldía.
El primero de dichos corregidores, á mi entrada en la Corporación municipal, fué el Marqués de Peñaflorida, iintiguo oficial de Guardias Reales, y recientemente afi-
LA CAKGA CONCEJIL. 471
liado á la política dominante, que acababa de desempeñar nada menos que el Ministerio de la Gobernación, donde se habia señalado, cuando no por sus grandes conocimientos administi'ativos, por cierta energía de carácter, que era conveniente á la nueva situación, creada bajo la presidencia de González Brabo. Pero en cuanto á su ejercicio de la autoridad municipal , poco ó nada nuevo acertó á plantear, y sólo dejó memoria por su famoso bando disponiendo el remetimiento de todas las rejas salientes de las fachadas; operación que, llevada á efecto con cierta dureza, le granjeó al Marqués el apodo de J^l Corregidor rejicida.
Sucedióle en el bastón el Duque de Veragua , grande de España, discreto hombre de mundo j no escaso de intención en el arte de gobernar la población; pero falto de energía y perseverancia, que le privaba de acometer las reformas necesarias j desarraigar las corruptelas establecidas. Algo hizo, sin embargo, conducente á este fin en los pocos meses que duró su administración; pero tuvo que prescindir de dichas tareas para ocuparse en los grandiosos festejos con que se celebraron las bodas Reales de S. M. j A. en Octubre de 184(3, j singularmente en las ostentosas y costosísimas corridas de toros en la Plaza Mayor, en cuya complicada disposición pudo lucir el Duque su especialidad y dihgencia.
Al Duque de Veragua sucedió, no sé por qué, el Marqués de Somernelos, persona apreciabilísima sin duda, de talento despejado y honradez suma, que habia sido Presidente del Congreso y Ministro de la Gobernación; pero dotado de un carácter débil é irresoluto , poco apto , por ende, para reprimir abusos y acometer empresas de alto vuelo y de reconocida utilidad.
El general Conde de Vistahermosa, que le sucedió en el mando, era precisamente la antítesis del de Somernelos
472. MEMORIAS DE UN SETENTÓN.
por SU carácter enérgico y decisivo; y en los once meses que tuvo á su cargo la administración municipal no dejó, como suele decirse , títere con cabeza , ni hubo un dia solo en que no idease ó llevase á cabo alguna medida más ó menos importante respecto á la mejora material de la población. Entre muchas que pudiera citar, la más memorable fué la de la reforma completa del empedrado de las calles por el sistema de adoquines; la del alumbrado por el gas; la trasformacion de la áspera Cuesta de la Vega en suaves bajadas y agradables mesetas ó pensiles; la nueva construcción del parque del Dos de Mayo del Prado; la apertura para carruajes del paseo de la Fuente Castellana , etc. Y si hubiera podido enfrenar su carácter algún tanto dominante, ó de militar ordenancista, no hay duda que se hubiera hecho dueño de la misma popularidad que obtuvo Pontéjos.
Al Conde de Yistahermosa sucedió el Marqués de Santa-Cniz, grande de primera clase, de la ilustre alcurnia de los Bazánes y Girones, tipo de hidalguía y de perfecto caballero, el cual dejó también buenos recuerdos de su breve administración en la reforma de las fuentes públicas, en la beneficencia y en otros objetos del servicio municipal; pero un suceso insignificante ó baladí, cual fué la prohibición que intentó hacer del grosero espectáculo popular titulado El Entierro de la Sardina, le hizo declinar muy en breve el mando, que pasó á manos de iino de mis compañeros é íntimo amigo, Z). Luis Piernas, que tanto y tan meritoriamente habia trabajado en su cargo de concejal. Y como yo cesé en éste poco tiempo después, hago alto aquí en esta cronología de los corregidores.
Todos ellos, amigos mios antes de serlo, continuaron dispensándome su amistad y dando á mis consejos y observaciones gran importancia, sosteniéndome en todos los proyectos que mi buen deseo y decidida inclinación me
LA CARGA CONCEJIL. 473
sugerían; y tanto, que en las festivas conversaciones de los concejales me solían apellidar con benévola ironía El Corregidorcillo. Pude serlo de derecho , y ellos lo sabían, porque en uno de los frecuentes interregnos de este cargo, llamado por el Sr. Sartorius, conde de San Luis y ministro de la Gobernación, con quien me unían antiguas relaciones amistosas, me scfrprendíó diciendo que bailándose vacante el corregimiento, y deseoso de bacer una elección acepta á la población de Madrid, había pensado en mí para ofrecerme el bastón; á lo cual resueltamente, y sin titubear, le respondí agradeciéndole el favor; pero que, no pudiendo contar con la autoridad suficiente entre mis compañeros para ejercer su presidencia , no podía aceptar aquella honra, que, por otro lado, era opuesta también á mi deseo de trabajar toda mi vida con mí acostumbrada independencia , sin emolumento ni premio alguno, en pro de mis convecinos y de mi pueblo natal; prestándose también muy poco mi carácter á la ostentosa representación personal que aquel alto cargo exigía; y que, por lo tanto, habia propuesto limitarme al mejor desempeño de mi carga concejil con todos los recursos de mí pobre entendimiento.
II.
Al efecto, y previo un concienzudo estudio del perímetro de Madrid y de sus más urgentes necesidades, escribí un extenso Proyecto de mejoras generales , que leí en sesión de la Corporación municipal, el día 23 de Mayo de 184(3. — En él, después de las consideraciones que creí oportuno hacer sobre las reformas que hubieran de emprenderse, clasificándolas en sus tres grados de urgentes, necesarias y útiles, subordinándolas todas á la posibilidad
474 MEMORIAS DE UN SETENTÓN.
material, j partiendo de la base de que á la sazón no urgia la necesidad de la ampliación ó ensanclie de Madrid, proponía aplazarla para más adelante, limitando la tarea á la regularizacion del espacio entonces ocupado por el caserío, no tan reducido, que no jDudiera, bien aprovechado, bastar aún por largo tiempo á la comodidad del vecindario, reducido entonces á la mitad del que cuenta hoy dia. — Y para demostrar esta aseveración, dividía mentalmente á Madrid en cuatro grandes trozos ó cuartos de círculo, en estos términos: 1.°, el comprendido entre las calles de Hortaleza j de Alcalá, ó sea de N. á E.; 2°, entre la calle de Alcalá y la de Toledo, de E. á S. ; 3°, desde esta última á la de Segovia y Cuesta de la Vega, de S. á O. ; j 4.° j último, desde ésta á la de Fuencarral , de O. á N. ; — y considerándolos minuciosa y detalladamente, proponía en ellos las variaciones siguientes ; En el trozo primero proponía la completa trasformacion del distrito del barquillo, que era entonces un verdadero arrabal, compuesto de miserable caserío j espaciosas huertas, corrales, tahonas, fraguas y herrerías (de donde les vino á sus moradores el célebre nombre de los Chisj^ews de Madrid, así como el de Manolos á los del distrito de Lavapiés), y para verificar esta trasformacion proponía la apertura, por la manzana núm. 316 de la calle de Hortaleza, de la nueva de Gravina, y rompiendo luego las de Santa María del Arco, Soldado, San Cláreos, Válgame Dios, Saúco, Piamonte, Ahnirante, Santa Lucia, y otras en dirección á Recoletos , con lo cual se conseguiría vitalizar aquel extenso distrito y dar ocasión al ínteres privado para construir decoroso caserío; todo, en fin , según se ha verificado al cabo de treinta y cuatro años de mi propuesta, cambiando este distrito en uno de los más elegantes de Madrid. — Llegando luego al estrecho j^ciseo de Recoletos, encarecía la necesidad de su am-
LA CARGA CONCEJIL. 475
pliacion por la izquierda, remetiendo las tapias de las huertas de las Salesas, Altamira j de la Inspección de Milicias, y por la derecha la construcción de una nueva y elegante barriada en los sitios ocupados por la Veterinaria, Recoletos, Montealegre, el Pósito y hornos de Villanueva y Cuarteles, hasta la puerta de Alcalá; todo espléndidamente realizado hoy.
Discurría en el seo;undo trozo sobre la reoularizacion del salón del Prado y del sitio del Buen Retiro , y penetrando en la población por la calle de Alcalá, trazaba una completa trasformacion del distrito del Congreso entre dicha calle y la Carrera de San Jerónimo, proponiendo para ello el rompimiento de dos nuevas calles ( que titulé de Floridahlanca y de Jovellanos), dar salida al Prado á las cerradas del Sordo y de la Greda , todas ellas , así como la del Turco, ocupadas á la sazón por extensos jardines y corralones con algún mezquino caserío. Aceptado el pensamiento, tuve la satisfacción de asistir, como comisario de obras, á la tira de cuerdas, y hoy la superior de ver realizado completamente el pensamiento, excepto en cuanto á la salida que yo proponía de la nueva calle de Jovellanos á la de Alcalá por el jardín de Eiera, á la que se negó su propietario. — También me ocupaba, como no podía menos, del ensanche de las dos calles de Peligros, proponiendo el de la ancha — ¡ qué tal sería la estrecha ! — y á que bauticé con el nombre de Sevilla, en combinación con la del inmundo callejón contiguo, llamado entonces de Jlita, antes de los Bodegones, y siempre de los lupanares, lo cual pudo hacerse entonces con mucho menos sacrificio que el monstruoso que exige hoy al acometerle.
Penetrando luego por la calle frontera de San Agustín en la de Francos y Cantarranas (Cervantes y Lope de Vega), proponía la salida de ambas al Prado, y la utilización para un barrio entero de la huerta de Jesús, rom-
476 MEMORIAS DE UN SETENTÓN.
piendo, si era posible, otra calle por el costado del palacio de Medinaceli hasta la Carrera de San JerÓDÍmo , lo cual DO pudo verificarse. — En este trozo , entre otras mnchas indicaciones, proponía la creación de un mercado en el corralón de los Desamparados; la continuación de la calle de Atocha hasta el convento ; el arbolado de la parte alta de dicha calle ( que es lo que se realizó ), y luego, desde el cementerio del Hospital al Barranco de Embajadores, la apertura de un paseo ó houlevard que vivificara todo aquel distrito, dando salida á él á diversas calles, promoviendo la construcción de nuevo caserío y formando un gran mercado de caballerías, el Matadero y otras construcciones; parte de cuyo plan se ha realizado. El trozo tercero , comprendido entre las calles de Toledo y de Segovia, mereció mi especial atención, insistiendo en el proyecto , que ya entonces se agitaba, de reducir á mercado cerrado (aunque, en mi opinión, no debia ser cubierto) la plaza de la Cebada, y el saneamiento de todo aquel distrito del Rastro , con distintos rompimientos que se hicieron. — Entrando luego "en los barrios de San Francisco y la Morería , y para establecer comunicación entre ellos y la calle Mayor , me atreví á proponer la construcción de un pnente ó viaducto sobre la calle de Segovia, que empalmase con el Pretil de los Consejos ; idea atrevida del ingeniero Saquetti , constructor del Palacio Real en principios del siglo anterior, olvidada después hasta que yo la exhumé de los archivos del Patrimonio, y me atreví á cargar con la responsabilidad de proponerla. — Veintiséis años después, el 31 de Enero de 1872, fui invitado por el dignísimo Alcalde Presidente de la Municipalidad, Sr. Galdo , para asistir á la inauguración de esta obra colosal. — Al mismo tiempo entraba en mi plan el rebajar el altillo de las Vistillas, formando en él una glorieta ó jardín, á cuyo proyecto se prestó generosamente el señor
LA CARGA CONCEJIL. 477
Duque de Osuua, su propietario, empezando por acometer el desmonte de más de cinco metros de altura , y hubiera continuado la segunda parte del proyecto , si no fuera por la dilación de tantos años en la obra del viaducto.
Ya en el cuarto trozo, ó sea en la calle Mayor, proponía la regularizacion de la áspera y formidable Cuesta de la Vega, trasformándola en suaves bajadas y mesetas, contenidas por fuertes murallones y convertidas en amenos jardines; todo lo cual se realizó á impulsos de la enérgica intervención de los corregidores Conde de Yistabermosa y Marqués de Santa Cruz. — La calle Mayor desembocaría, según mi plan, en dicha cuesta, y por su derecha empalmarla ccn las obras que el Real Patrimonio trataba de emprender, de acuerdo con la Municipalidad, según los planos que se levantaron entonces de la nueva Plaza de la Armería, y prolongación de las dos alas del Palacio hasta la gran verja que habia de cerrarla. — Aqm', en este sitio tradicional, es donde yo proponia, siguiendo á Saquetti, la construcción de la catedral de Madrid, embebiendo, si era posible , en ella el todo ó parte de la antiquísima parroquia de Santa María. — Luego en la plaza de Oriente proponia la construcción de casas en semicírculo á los lados del teatro , en los términos en que hoy se ve , y á cuya tira de cuerdas tamliien asistí como comisario.— En la bajada de Santo Domingo (que entonces se hallaba cubierta de sucios cajones de comestibles) propuse la formación de un mercado cubierto, para lo cual en la tira de cuerdas del derribo de los Angeles se afectó la forma cuadrada que hoy ha venido á ser chocante á la vista , por no justificada con la creación del mercado propuesto. Procuré, ademas, la facilidad de comunicaciones de dicha calle Mayor, trazando la nueva de Calderón de la Barca , en el solar de las monjas de Constant inopia, en
478 MEMORIAS DE UN SETENTÓN.
el cual proponía, ademas, la construcción de una casa aneja á la Consistorial para Archivos, Juzgados í/ Alcaldías. También rompí el callejón cerrado inmediato á la casa de Oñate , j otros varios en este distrito; indiqué la erección del mercado en el solar de los Mostenses, que al fin ha venido á realizarse ; la del cuartel de la montaña del Príncipe Pío, el Hospital de la Princesa, la nueva Cárcel, y la traslación á este distrito de otros establecimientos que contribuyeran á darle vitalidad.
Por último , penetrando en el centro de la población, propuse continuar la vía directa de N. á S. , prolongando la calle de Carretas por la tahona de la Trinidad hasta la plaza del Progreso; reforma esencialísima , que juzgo indispensable, y que no pudo entonces realizarse por la oposición que hallé en el ministro de Fomento Bravo Muriüo. — Otros muchos ensanches parciales, y á mi ver indispensables, en el centro contenia mi proyecto, tales como los de la calle de Jacometrezo á su entrada y salida, y la prolongación de la de San 2Iir/ueI hasta la del Desengaño, y otras, que no pudieron verificarse por la penuria del escasísimo presupuesto municipal. — Llegando, en fin, á la plaza Mayor, presenté el plano de su regularizacion completa, con empedrado de adoquín, anchas losas, bancos y la nivelación de los soportales, y la colocación en el centro de la estatua ecuestre de su fundador Felipe III, que estaba en la Casa de Campo; y aprovechando la oportunidad que se presentó á poco de las fiestas Reales celebradas aquel mismo año en dicha plaza, tuve la fortuna de ver realizado del todo al todo mi proyecto, y aun la de obtener directamente de S. M. la reina D.* Isabel II la cesión á la villa de dicha estatua , propiedad del Real Patrimonio. Esta es la única gracia que pedí y obtuve de aquella augusta señora.
Ademas de todas estas reformas materiales que abar-
LA CARGA CONCEJIL. 479
caba mi proyecto , proponía otras relativas al buen servicio del vecindario en los diversos, ramos á cargo de la administración municipal : tales eran el abastecimiento de aguas y comestibles , reforma del empedrado, alumbrado, limpieza y riegos; servicio de incendios y demás, y basta me atreví á proponer la creación del Teatro Español en el coliseo del Príncipe, propiedad de la villa; indicación que, aceptada por el celoso ministro Conde de San Luis^ fué convertida en Real decreto, cometiendo su instalación y gobierno á una Junta presidida por el Sr. D. Antonio Benavides, y en la que obtuve la bonrosa distinción de vicepresidente; de ella formaban parte, como vocales, los más distinguidos autores y actores; pero de esta misma profusión de elementos gubernativos resultó tal complicación é interés dramático, y tal cboque de opiniones y razonamientos, que aunque dio por resultado la inmediata creación del teatro Español, bubo de sostenerse muy poco tiempo , no pudiendo resistir á tanto exceso de vitalidad gubernativa.
Tal era el proyecto ó programa propuesto por mí en el seno del Ayuntamiento en 1846, y que envolvia nada menos que una reforma completa de la capital dentro de sus límites de entonces. — Y para regularizarla y disponer topográficamente su cumplimiento , reproduje una proposición del alcalde D. Fermin Caballero en 1840, dirigida á que por una comisión de ingenieros se levantara un plano rigorosamente geométrico en grande escala, qus pudiese servir en adelante para las nuevas alineaciones; á consecuencia de cuya proposición babian sido nombrados por el Gobierno los ingenieros D. Fernando Gutiérrez,
480 MEMORIAS DE TIN SETENTÓN.
D. Juan Merlo y D. Juan Rivera, si bien se hallaban paralizados sus trabajos desde aquella época. Reanudados á consecuencia de nii nueva proposición, los emprendieron con gran celo j bajo mi inspección como comisario especial, teniendo ellos la satisfacción de dar concluido en el espacio de cuatro años tan importantísimo trabajo , y yo la de dejar colocado en el salón de columnas del Ayuntamiento, á mi salida de la Corporación á fin de 1849, el magnífico Plano to'pográjico de Madrid, de 126 pies cuadrados de superficie, con escala de V126O) así como también de seiscientos planos parciales de cada calle , en mayor escala, para servir á los arquitectos en sus operaciones periciales.
Igualmente, y como complemento para la realización de las reformas administrativas , redacté un Proyecto de Ordenanzas municipales, con arreglo á las necesidades del dia, que discutido por el Ayuntamiento y aprobado por el jefe superior de la provincia, quedó publicado en 1848, y son las mismas que todavía rigen, aunque evidentemente resultan boy muy apocadas para las crecientes exigencias de la actual población.
Aprobado, en fin, mi proyecto, en todas sus partes, por el Ayuntamiento , impreso por él y elevado al Gobierno y á la misma Reina y su augusta madre, mereció entonces ser objeto de interés general, y la prensa de todos los matices le reprodujo y comentó con grandes elogios, que si no merecia por su desempeño, al menos eran disculj^ados por las rectas intenciones del autor (1).
(1) Hé aquí en qué términos se expresa el Sr. Jladoz al insertar mi proyecto en el tomo x de su Diccionario :
C( No es posible hablar del Sr. Mesonero Romanos sin recordar )) al hombre estudioso , ilustrado, infatigable en el trabajo , celoso »por el bien de sus semejantes; no tenemos el honor de conocer »al Sr. Mesonero Romanos ; pero nuestros estudios nos han hecho
LA CARGA CONCEJIL. 481
Esto no obstante, y considerado bajo distintos puntos de vista, fué objeto de controversia dicho proyecto; pues al paso que unos le consideraban como una utopia bija del entusiasmo, laudaljle, aunque exagerado, de un buen patricio , y de dificilísima , cuando no de imposible realización, teníanle otros como apocado • y meticuloso por extremo, y echáronse á discurrir planes ideales y perspectivas fantásticas, incompatibles con la escasez de fondos del Municipio, y prematuras y hasta inconvenientes, atendido el interés del mismo vecindario. — Entre uno y otro extremo creo sinceramente que me mantuve en el fiel, limitándome á proponer y sustentar aquellas modificaciones que entonces eran necesarias, útiles, y sobre todo practicables , sin dejarme arrastrar de un entusiasmo delirante; procurando respetar lo existente; no atacar de
)> apreciarle, considerándole como un hombre distinguido, como )nma persona á quien debe mucho la población de ]\Iadrid. Nos 7) complacemos en consignar aquí nuestro juicio sobre este l)ene- » mérito español, á quien admiramos por su laboriosidad y por su )) talento.»
ilADOz, Diccionario, tomo x, pág. 382. (Art. Jíadeid.)
C( Cuando no tuviéramos otras y muy repetidas jíruebas de la ^ilustración poco común y del celo incansable por promover toda )> clase de mejoras en la capital, que tan ventajosamente distinguen »al Sr. Mesonero Romanos, el proyecto que vamos á analizar, obra »de gran mérito, de una profunda y constante observ-acion , que » nos ha facilitado el Ayuntamiento, bastaría para, que formáse- 5)mos el juicio más relevante de su persona. La Comisión de obras )> públicas del mismo Ayuntamiento , en su dictamen sobre el j^ro- 5)3'ecto referido, dice, entre otras cosas, lo que sigue : — Aj)licany>do á este trabajo la severidad de principios con que debe mirarse y>tnda idea importante y que tienda al bien ¡público, no duda la Coyimision en afirmar, sin afección ni lisonja de ninguna esjjecie, que y)el jyroyecto del tSr. Mesonero Romanos es un trabajo de conciencia^ y>y cuya trabazón supone mucho estudio y observación. y>
Ídem, pág. 1082. 3i
482 MEMOEIAS DE UN SETENTÓN.
modo alguno la riqueza pública y privada, antes bien contribuyendo á crearlas allí donde no existían, á fomentar las existentes, señalándolas nuevas vías y derroteros en que pudieran desarrollarse.
Realizadas están casi en su totalidad mis indicaciones, y esto sin órdenes superiores, sin perjuicios ni lágrimas de nadie, voluntariamente y sin grandes sacriíicios , antes bien cou notable aumento de la riqueza pública y particular, y del decoro y comodidad de la capital.
Si las necesidades crecientes cada dia , por el aumento ó más bien duplicación del vecindario , y las exigencias del buen gusto y de la cultura han hecho acometer después reformas superiores — á que por mi parte he procurado asociarme con toda la fuerza de mi voluntad hacia el progreso verdadero — ténganse presentes las diversas etapas recorridas en este camino por Madrid desde 1815, y que quedan incidentalmente consignadas en capítulos anteriores de estas Memorias al fin de cada década, 1815, 1825, 1835 y 1845; y que las sustanciales mejoras propuestas en mi proyecto, hace treinta y cinco años, indudablemente, como el tiempo se ha encargado de acreditar, fueron la base y el cimiento de las nuevas aplicaciones y progresos; cabiéndomela satisfacción de acertar entonces á ser eco de las necesidades y deseos de mis convecinos, y el mérito de formularlas en el programa ó proyecto referido.
Así que, al llegar el dia 31 de Diciembre de 1849, en que cumplía el cuatrienio de mi cargo concejil, salí de la Casa Consistorial con la convicción de haber hecho todo lo posible , dentro de las escasas fuerzas de un buen ciudadano, en pro del progreso y cultura de la capital.
Y como en ese mismo dia terminó también la primera mitad del siglo (en cuyo término dije en la Introducción
LA CARGA CONCEJIL. 483
que liabian de girar estas Jlemot'iafi) , pongo aquí fin á ellas, después de haber procurado bosquejar, según me ha dado Dios á entender, las diversas fases que en este largo período ha ofrecido nuestra sociedad bajo los distintos aspectos histórico-político , literario j progresivo, y á los cuales me tocó concurrir, ya como simple espectador, ya como partícipe de su acción y movimiento. — La sucesiva marcha de la historia política , y las vicisitudes que acarreó, no entra ya en la jurisdicción de este libro, limitado sólo al recuerdo de lo remoto, y que por su misma oscuridad y lejanía podia ofrecer algún interés en boca de un testigo presencial.
Para adquirir este ambiente de antigüedad la pintura de los hombres y las cosas más cercanas, y para despertar la curiosidad y simpatía de la generación venidera no faltará, seguramente, alguna futura y humorística pluma, algún viejo setentón de 1920.
FIN
ADJUNTA
MEMOfilAS DE 11 SETENTÓN.
Al despedirse para siempre el autor de un público indulgente, que durante medio siglo le favoreció con su aplauso y simpatía, permítasele exhumar, entre tantos recuerdos ajenos como deja consignados en estas Memorias , un desenfado propio, casi poético , en el que hace treinta y cinco años intentó bosqueijar su i^era efigies social, y que viene aquí de perlas para servir de rondó final á esta modesta y cansada relación.
1845.
Yo soy el hombre feliz, Que con un tranquilo gozo , Mi independencia proclamo A la faz del mundo todo.
No tengo males ni penas , Ni enemigos, ni patronos, Ni subdito que me adule , Ni jefe á quien hacer coro;
Ni acreedores que me pidan , Ni esperanza de mortuorios , Ni deuda que me desvele , Ni deseo bienes de otros.
486 ADJUNTA Á LAS
Tengo los que á mi ambición Le bastan para su cobiio ,
Y los tengo bien tenidos, Por (lereclios patrio y propio.
No me ha obligado á escribir La sacra fumes del oro, Sino un tintero maldito Que no sabe criar moho.
No cuento entre mis amigos Ni entusiastas ni celosos ; Soy conocido de muchos. Mas son mis amigos pocos.
No frecuento los salones Del magnate poderoso , Ni obligo á que en mi antesala Aguarden humildes otros.
No recibo del poder Participación ni voto ,
Y de la Tesorería
Hasta hoy el camino ignoro.
No me obligan compromisos A la opinión de los otros ; Tengo y sostengo la mia, Pero sin tema ni encono.
De los farautes políticos No sé los planes recónditos , Ni en los periódicos leo Sus artículos de fondo.
Doy por buena su doctrina
Y argumentos hiperbólicos ; Pero yo guardo la mia Para mi servicio propio.
No me envenena la bilis El mirar á más de un tonto Gobernando una provincia, O en Madrid nadando en oro.
Nunca interrumpe mi sueño De un Ministro el ceño torvo,
Y si le encuentro en la calle , Hago que no le conozco.
Todos fueron mis amigos ,
MEMORIAS DE UN SETENTÓN. 487
Y mis compañeros todos ; Yo me quedé en la platea, Ellos saltaron al foro.
No les envidio el papel , Porque pienso que es más cómodo Ser espectador con muchos Que espectáculo de todos.
No sé por dónde se va A los favores del trono , Ni en mi modesto vestido Brillan la plata ni el oro.
Las veneras y entorchados , De que andan cargados otros, Las contemplo propias de ellos. Como de mi mis anteojos.
Soy, en fin, independiente De hecho, y también de propósito, . Sin compromisos ajenos ,
Y hasta sin deseos propios.
Pero, en medio de esta dicha. Que me hiciera vivir horro , No sé qué sino fatal Me hace depender de todos.
No hay Junta ni Sociedad Que no me honre con su voto Para trabajar de balde En los públicos negocios.
¿ Se instalan cuatro vecinos , Honrados y filantrópicos , . Para fundar una escuela , Ó una caja de socorros ?
Pues me nombran Presidente , O Secretario con voto, Y me enviau los apuntes Para hacer los monitorios.
¿Se trata de algún proyecto De asociación , de periódico , De reforma material
488 ADJUNTA A LAS
Ó instituto filantrópico?
« Extienda usted , don Kamon , Ese informito de á folio, O forme usté el reglamento Que han de discutir los socios. »
No hay un cargo concejil Para el que no me hallen propio. Ni expediente del común Que no venga á mi escritorio.
No hay reunión literaria Que no me cuente por socio ; No hay duro que no me pidan, Ni trabajo que no tomo.
Usufructuario de nada, Soy honorario de todo ; Figuro en cartas de pago , Nunca en nóminas de cobro.
« Usted , que está tan holgado (Me dice don Celedonio) , ¿Quiere usted ser mi hombre bueno En un juicio de despojo?
)) Usted , que es tan complaciente, Tan servicial y tan probo , Sea usted tutor ó albacea De éste, de aquél ó del otro. »
No hay autor que no me lea Sus manuscritos narcóticos, Ni periódico de letras Que no cuente con mi apoyo.
Ni álbum de uno y otro sexo Que no me demande un trovo, Ni litigante hablador Que no me emboque el negocio.
Huyendo ser publicista , Soy público de los otros,
Y para no ser electo , Tengo que darles mi voto.
A trueque de este derecho Imprescriptible , sonoro ,
Y en premio al servicio ajeno
Y en pago de bienes propios ,
MEMORIAS DE UN SETENTÓN. 489
Eecibo cada trimestre Los apremios amorosos De la patria , pagaderos A la orden del Tesoro.
Con esta vida que cuento , Con este afán que deploro, Todos me tienen envidia, Yo me compadezco solo.
Hay quien me cree discreto; Otros me juzgan uq porro ; Unos dicen : «/ Qué buen hombre! » Otros responden : «¡Qué tonto .h')
1879.
Siete lustros más, corridos En el histórico afán ; Hombres vienen y hombres van ,
Y los que ayer vi caldos Hoy en la cúspide están.
Sólo mi humilde barquilla Ante el piélago profundo Descansa sobre su quilla , Mirando desde la orilla El laberinto del mundo.
Nada era, nada soy; A mi nulidad me atengo ;
Y lo mismo ayer que hoy, A mis soledades vaij ,
De mis soledades vengo.
El Cuuioso.... Tácente.
índice.
Páginas.
Introducción v
Capítulo I. 1808.— El lí) de Marzo 13
II. ídem.— El 2 de Mayo 29
III. ídem. — Del 2 de Mayo al 4 de Diciembre. . 46
IV. 1809 á 1812. — La ocupación francesa y El
hambre de Madrid 68
V. 1812.— Los aliados en Madrid 89
VI. 1813. — Los franceses por última vez, . . . 100
VII. ídem. — Salamanca y los Arapiles 110
VIII. 1814. — Las Cortes en Madrid y Aniversario
del 2 de Mayo 125
IX. ídem. — Regreso de Femando 142
X. 1815-1816.— Madrid y los madrileños. ... 158
XI. 1815-1819. — La corte de las Españas. . . . 176
XIL 1820.— La revolución 198
XIII. ídem. — Período constitucional 220
XIV. 1821. — Segundo del período constitucional. . 237 XV. 1822.— Tercero del mismo 257
XVI. 1823. — Postrimerías de la Constitución. . . 265
XVII. ídem. — El sitio de Cádiz 280
XVIII. 1824-1826. —Doblemos la hoja.— Unos , trajes
y costumbres 300
XIX. 1827-1828.— La juventud literaria y política. . 317 XX. 1828-1830. — Ojeada á la época Calomardina. . 331 XXI. 1830-1831.— Episodios literarios.— ¿7/ Pamasillo. — El teatro y los imetas 348
índice.
Páginas.
XXII. ídem. — Siguen los episodios. — En prosa llana
y los pseudónimos 365
XXIII. 1831-1832.— La corte de Fernando y Cristina. 380
XXIV. ■ 1832-1833.— Entre la vida y la muerte.— La
jura de la Princesa 393
XXV. 1834-1835. — Cambio de decoración. — El Cólera 7norbo, y Mejoras materiales 411
XXVI. 1835-1840.— Revolución literaria.— £/ romanticismo.— El Ateneo. — El Liceo 427
XXVII. 1843. — Adiós á la historia. — La prensa j^erió-
dica, y Un pronunciamiento andaluz. . . 451
XXVIII. 1846 al 50.— La carga concejil 467
Adjunta á las Memorias de un Setentón 485
FIN DEL IXmCE.
LA ILUSTRACIÓN ESPAÑOLA Y AMERICANA.
PERIÓDICO ESPECIAL DE BELLAS ARTES Y ACTUALIDADES.
DIRECTOR-PROPIETARIO, D. ABELARDO DE CARLOS.
SE PUBLICA LOS DÍAS 8, 15, 22 Y 30 DE CADA MES.
Esta notable Revista publica en sus páginas no sijlo los acontecimientos más importantes que ocurren en el mundo, sino también cuantos monumentos artísticos y notables existen en España y América.
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AÑO XXXIX
LA MODA ELEGANTE ILUSTRADA,
PERIÓDICO DE SEÑORAS Y SEÑORITAS.
Sale á luz los dias 6 , 1 "i , 22 y 30 de cada mes. Sus números y anexos , que cada año forman un bellísimo álbum da unas 1.20Ü columnas gran folio, contienen agradable á la vez que instructiva lectura, inspirada en la más sana moral ; dibujes para toda clase de labores y bordados , modelos y patrones trazados de las últimas modas de París en todas las prendas del traje y adorno de Señoras, Señoritas, y niños de ambo? sexos; figurines iluminados, patrones cortados de los modelos de mayor novedad, trozos escogidos de música moderna, consejos de economía doméstica y ejercicios de ingenio.
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Albdm POÉTICO ESPAÍ5oL, por los señores Marqués de Molius, Hartzenbusch, Campoamor, Gaicano, Bustillo, Arnao, Palacio, Grilo, Aguilera, Nuñez de Arce, AJarcon y otros; un tomo, 4." mayor, 8 pesetas rústica y 12 lujosamente encuadernado.
Delicias del kuevo paraíso, por don José Selgas; 2." edición ; un tomo, 8.° mayor francés , 3 pesetas.
Cosas del día, continuación de las Delicias del nuevo pni-aíso , por D. José Selgas; un tomo, 8.° mayor, 3 pesetas.
Escenas fantásticas, por D. José Selgas; un tomo, 8.° mayor, 3 pesetas.
Maiu-Santa, por D. Antonio de Trucha; nn tomo, S.° mayor, 4 pesetas.
Amores y amoríos ( histoi-ietas en prosa y verso), por D. Pedro Antonio de Alarcon ; un tomo, 8 .° mayor, 4 pesetas.
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El Matrlmonio. Su ley natural, su historia, su importancia focial, precedido de un prólogo del Sr. D. Aureliano Fernandez-Guerra, por D. Joaquín Sánchez de Toca; dos tomos, 8.° mayor, 8 pesetas.
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Letra menuda , prosa y versos de Don Manuel del Palacio ; un tomo, 8.° mayor francés , 3 pesetas.
De MjU)rid á JLídrid , dando la vuelta al mundo, por D. Enrique Dupuy de Lome ; un tomo, 8.° mayor francés, 4
Adriana de Wolsey , original de Ventura Hidalgo ; precedida de un prólogo del Sr. D. Víctor Balaguer; un tomo, 8." mavor francés , 4 pesetas.
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acerca déla educación de la mujer),
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Manual de la Moda Elegante. — Tratado de costura, bordados, flores artificiales y demás labores de adorno y utilidad para las señoras y señoritas, 4
El libro azul, novelitas y bocetos de costumbres, por D. Eduardo Bustillo; un tomo, 8." mayor francés, 3 peseta?.
Cuentos, por D. José Fernandez Bremon ; un tomo, 8.° mayor, 3 pesetas.
3IEM0RIAS DE UN Setexi on , natural y vecino de Madrid , por D. Ramón de Mesonero Romanos : un tomo, 8,° mayor francés, 4 pesetas.
Nuevos poemas y doloras, por D. Ramón de Campoamor ; 4 pesetas.
El Mundo invisible, continuación de las Escenas fantásticas, por D. José Selgas ; 4 pesetas.
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Ai.niM roihico español, por los señores Marqní-s de Molins, Ilartzenbnsch, r'ainp"!iii""'> Calcaño, CustUlo, Arnao, ralacio, Q-rilo, Aguilera, Nuüez de Arce, Alarcon y otros; uii tx)iiio, 4." iiiayoi-, 8 pesetas ri^stioa y 12 lujosaiiieute encuadernado.
Dkucias nw. NrE\'0 faraíso, por don Josó Sek-as; 2." edición ; nn tomo, 8." Diíiyor francés, 3 pesetas.
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Escunas KAsris-ncAS, por D. José Selgas; nn tomo, S." mayor, ;í pesetas.
MAiti-S\,NTA, por D. Antonio de Tnieba; nti tomo, 8.° mayor, 4 pesetas.
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Ki, ]\lATr!isioxin. Su ley natural, ín historia, su imiwrtancia social, precedido (le un priMotro del Sr. D. Aureliano FernandoK-Cruerra , por D. Joaqnin Sánchez de Toca; dou tomos,- 8." mayor, H peseta?.
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Lf.tka menuda, prosa y versos de Don Manuel del Palacio ; un tomo, 8.° ma- > «r francés , S pesetas.
I>i; Madrid A Maduld , dando la vuelta al mundo, por I), Enrique Dupny de Lome ; uu tomo, 8.* mayor francés, 4
Adriana de Wolsey , original de Ventura Hidalgo ; precedida de nn prólogo del Sr. D. Víctor Balaguer; un tomo, 8." mayor francés , 4 pesetas.
Guia ilustrada uk Madrid, con más de 150 grabados intercalados en el texto y planos sueltos muy importantes, por el E.xcmo. Sr. D. Ángel F. de los Ríos; un tomo, 8.° prolongado, 6 pesetas rústica y 8 encuadernado.
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Un LIRRíi PVUA LAS DAMAS ( EstndlOB
acerca déla eílncacion de la mnjer), porD." María del Pilar Sinués (3." edición» ; un tomo, 8." mayor, 4 pesetas.
Un libro para las madres, yior Doña Maria del Pilar Sinnés ; nn tomo, 8." mayor francés , 4 peseta.».
La Vida íntima.— En la culpa va kl CASTIGO , por D.' Maria del Pilar Sinués (2.' edición) ; uu tomo, 8." mayor, 4 iiesetas.
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La Acüct-a. por I).' Maria del Pilar Sinués; nn tomo, 8." mayor, 4 pesetas.
Sueños y fjíalidadeí? , por D. Rnmon de Navarrete ; un tomo, 8." mayor francés , 4 pesetas.
El Bazar, revista üustrada, con novelas tan interesantes como Noventa y tres,
. de Víctor Hugo ; La Fé del nwior,de Fernandez y González, etc., etc. Cuatro tomos, 25 p^-setas.
Venturas y de.«ventuiias, por el cipitan de navio D. Cesáreo Fernandez Dnro; un tomo, 8." mayor, 4 pesetas.
Cuadros VIEJOS, colección de pincelada.', toques 5' esbozos, representando costumbres españolas del siglo xvil, por D. Julio Monreal; nn tomo, 8." mayor francés, 4 pesetas.
Una docena ük cuestos, por D. Narciso Campillo; nn tomo, 8." mayor, 4 ptas.
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La Leyenda de Hixem II. — El Capitán Morgan, por D. Enrique R. de Saavedra , Duque de Rivas ; un tomo, 8.° mayor francés , 3 pesetas.
Manual de la' Moda Elegante. — Tratado de costura, bordados, flores artificiales y demás labores de adorno y utilidad para las señoras y señoritas, 4 pp setas.
El libro azul , novelitas y bocetos de costumbres, por D. Eduardo Bustillo; nn tomo, 8." mayor francés, 3 ppset:is.
Cuestos, por D. Jo.sc Fernandez Bi-emon ; nn tomo, 8.° mayor , 3 pesetas.
Memorias de un Seten i on , natural y vecino de Madrid, por D. Ramón do Mesonero Romanos ; un tomo, 8." mayor francés, 4 jiesetas.
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JAN 2 0 1977
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