México viejo; noticias históricas, tradiciones, leyendas y costumbres · Capítulo real 4 de 34

CAPÍTULO Vil

Texto completo de esta unidad literaria, reunido aunque el lector la divida en 3 tramos técnicos para mejorar el rendimiento.

CAPÍTULO Vil

LOS ACUEDUCTOS

hUENTE DEL SALTO DEL AGUA.

CAPÍTULO VII

LOS ACUEDUCTOS

Destruidos casi por completo los dos acueductos, el de San Cosme y el de Belén, que surtían de agua potable á la ciudad de México, antes que desaparezcan para siempre, bueno será hacer aquí su historia, pues esas dos famosas arquerías bien lo merecen, por ser dos monumentos muy antiguos, monumentos levantados durante la época colonial, y por consiguiente propios de incluirse en esta obra.

El de San Cosme remonta su origen á tiempos muy lejanos, anteriores á la conquista, pues ya Cortés en sus “Cartas á Carlos V,” nos hace una descripción en estas líneas.

“Por la una calzada, dice, que á esta gran ciudad entran, vienen dos caños de argamasa, tan anchos como dos pasos cada uno, y tan altos casi como un estado, y por el uno de ellos viene un golpe de agua dulce muy buena, del gordor de un cuerpo de hombre, que va á dar al cuerpo de la ciudad, de que se sirven y beben todos. El otro que va vacío es para cuando quieren limpiar el otro caño, porque echan por allí el agua en tanto que se limpia ; y porque el agua ha de pasar por los puentes, á causa de las quebraduras por do atraviesa el agua salada; echan la dulce por unas canales tan gruesas como un buey, que son de longura de los dichos puentes, y así se sirve toda la ciudad.”^

Ignórase la fecha en que fué construido este caño de argamasa, y sólo sabemos por Betancourt que se reedificó en tiempo de Motecuhzoma II ó Xocoyotzin.

1. Historia de Nueva España, escrita por su esclarecido conquistador Hernán Cortés, etc.', por D. Francisco Antonio de Lorenzana. — México. 1770. — Pág. 108.

Silicula la ciudad do Teiioch por las fuerzas ospafiolas, uno do los cuidados (juc tuvo Hernán Cortés, fue el do privar á los valioulos moxica del agua que venía por el citado caño, lo (|ue logiaj no sin haber sostenido una reñida acción, y desde osla vez no volvió á entrar el líquido sino hasta después del triunfo completo de los compiistadores. “La primera cosa ({ue mandó Cortés á Ciuatemus — dice Bernal Díaz del Castillo, después de referir la toma de México — fué, que adobasen los caños del agua de Chapul tepe(|ue, s(‘gún y d<‘ la manera (juc solían estar antes dc‘ la guei’ra, é (pie luego fii(‘se td agua por sus caños á entrar en a(piella ciudad de México...”'

Por esta indicación del veraz cronista, y por las s(‘ñas (jiie nos dejó Motolinía, se puede asegurar (pie el precitado caño de argamasa, traía el mismo camino (pie el de San Cosme.

“Sea (pie los caños de los indios, agiM'ga (d Sr. (larcía lcazl>alccta, hubiesen (jiiedado muy maltratados con la d(‘s tniccii' n casi g(‘n(*ral (pie S(‘ hizo de la ciudad para lomarla, ó (pi(‘ los españoles no los considei’asen sulicientes para sn (d>j(‘lo, (d caso (‘s (pi(‘ d(*s(l(‘ los principios de la nueva p(j|)lación s(‘ trataba ya (*n (d cahildo de las ohras para Irao' (d agua á la ciudad. Así s(* ve (Ui (d a(da d(d DI d(‘ Ihiero de I52Ó, en (pie se di(> comisiiui jiara (dio al Licen(da(l(» Zuazo y al factor Salazar. Ihi Ib de .Innio se inainhi [lagará Bodrigo de Paz el inijiorte de las mantas y maíz (pie bahía dado á ciertos indios de México “(pie han guardado la diidia aceipiia hasta “el día (pie se coimuizó á labrar la dicha aceipiia, c drjó de venir el ^''arjua á esta cibdad." De aipií se intiere (pie el nuevo caño era una reposición ó reconstrucción (bd antiguo, pues de ser distinto, no habría sido necesaria esa interrupción del agua. 1 ii mes después, el i21 de Julio, pidió.lorge deXexas (píese lepagara el reslode la cantidad en (pie había contratado la conducción del agua, y además lasalhricias ipie se le habían prometido “haciendo venir el agua como bahía venido.” K1 resto del importe de la olira se mandó pagar, y (pie las albricias quedaran “para adelante. ” Diremos de paso (pie el famoso

1. llisloria verdadera de la conquista de la Xiicva España. — Edición de H. Rafael. — Tomo UI, cap. CLVH, pág 19*2.

acuerdo para cortar los árboles de la fuente de Ghapultepec “ por que quitaban el sol” y las hojas que caían en el agua “la tiñen é dañan, “ á cuya cabsa es doliente é no tan sana como si los dichos árboles se “ cortasen,” lleva la fecha de 28 de Enero de 1527.

“ Consta por varias noticias que este primer acueducto de los españoles, que sólo era una atarjea baja, venía por las calzadas de la Verónica y San Cosme, lo mismo que la arquería actual C Hasta la esquina de la Tlaxpana estaba descubierto, y desde allí á la ciudad tenía una bóveda con sus lumbreras : así lo dice Cervantes (Diálogos). Parece que á los principios no pasaba de la esquina de Santa Isabel donde comenzaba la traza^ pues el b de Setiembre de 1527 se sacaba á remate “ la hechura del rollo, é fuente, é pilar que se ha de hacer en la plaza de esta dicha cibdad, é la tracdura del agua de la fuente de Cbapultepec á la dicha plaza. ” La obra aun no estaba terminada, el 5 de Febrero de 1529.

“ En el cabildo de 14 de Marzo de 1530 se habla de un caño nuevo “ que agorarse hace, ” y en 12 de Agosto se dió licencia al monasterio de San Francisco para que tomase agua del caño viejo “ hasta tanto que llega el caño nuevo, ” y en 2 de Enero del año siguiente se repitió la merced, casi en iguales términos. Confieso ignorar cuál era ese caño nuevo, así como lo que significa la división de la agua en tres partes, que se verificaba en la esquina de Santa Isabel, según dice Cervantes. ” ^ Hasta aquí el erudito autor de la “ Bibliografía Mexicana del siglo XVI. ”

Pero el agua de Cbapultepec no era ya suficiente en 1527 para abastecer á la población y se pensó en traerla de ChurubuscO; y aunque ignoramos si se trajo, debe haber sido por corto tiempo. También se proyectó traer la del manantial de Coyoacán, cuando gobernaba D. Gastón de Peralta (1566-1568), mas por dificultosa se abandonó la empresa. El sucesor de Peralta, D. Martín Enríquez, se fijó entonces (1568-1580) en los manantiales de Santa Fe,consi-

1. Téngase presente que esto lo escribía el Sr. ícazbalceta en 1875; ahora no existe ese acueducto.

2. Notas á los Diálogos latinos de Cervantes Salazar.

guicndo un Luon resultado, j)ues en 157G México disfrutaba de estas aguas. Así lo asegura el padre Sahagún cuando dice :

“ A la fuente que solía venir á México, con que se proveía la ciudad de agua antiquo^ la llaman Chapoltepec, que (juiere decir : monte como cigarra o langosta, por((iie ella nace al pie de un nujiilecillo que parece langosta. El agua de esta fuente os mala, y no sulicientc para el abaslecimienlo d(‘ toda la ciudad; por eso hizo bien el Virrey D. Martín luirí(|uez, en procurar de traer la otra que arriba se dijo. ‘

Los arcos del acueducto, (jue constíi d(* más de ROI)*, S(* comenzaron cu ti(uu|)o del Manjués de Mont(‘S Liaros (IbOO-lbOT), (|uien los de¡() termiiiadijs basta los Dc'scalzos \ iejos, esto i‘s, basta San Cosme*, y se concluyeron en \i\2i) por el eutouces Vii'i’ey de Nm*va llsjeafia, Mar(|ués de* ( luadalcázar. \'A ce)sto total de* la ar(|ue*ría fué de* IbO 000 [)esos, ele* los ejue* e|ue*dej de*bie*neb> e*l Ayunlamie*nlo I2‘)000, poi* los cuales satisfacía uu lédite» anual ele* 0,.M)0 |>e*se)s á bes elrsceiieliente*s ele Baltasar lleeelrígue*/.

Se‘gún el paelre* Meeliua, citaeb) pe>r ()re»ze*e) y lb*rra, e*aela arce) tenía “ ocho varas ele* anedio, se*is ele* alte», una vara y tre*s cuartas ele grue*so, ele* bue*ce) ele* taige*a tre*s emartas, ele* pre*til me*e!ia vara caela hiele), ” y teeelala se*rie* una e*xle*nsieui ele* emalro millas. Comenzaban b)S arce)s, elice* e*l Si‘. I)i‘e)zce), ari'iba eb* Cba()ulte*|)e*e*, se*giiían peer la calzaela ele la Ve*re)uie‘a e'ii e*l e*xti*e*me> ()e*ste*ele* la ediielael, ejue*brabau j)or la ele* Idaceepan, y teemaueb) ele* I). á C. “ venían á re*malar e*n una caja ele agua repartiebera e*n la e*se|uiua eb*l l*ue*nle* ele* la Mai’iscala, líiie*a re*cla á la eaille* ele Santa Isabe*l. ” l'iii 1770 gasté) e*l Ayunlamieute) en i'e*|)oslcioue*s I i , lOI pe*se)s, una respe*labb* suma en 17S7, y en 1707 se ceempusierou gran |)arte* eb* b)s arcos ele la calzaela ele la Verejiüca.

Aelemás ele las reposiciones meucionaelas, hubo otras muchas, ele

1. ¡lisloria general de lis cosas d: Sucia España, cdicitjn eie Hustamaiite, tomo III, pág. 313.

2. Así lo eÜce el P. Fr. Balthasar Medina en su Chrónica de la Provincia de San Diego de Méjico, 168*2, y el Sr. Icazbalceta en las notas á tos citados Diálogos de Cervantes asegura que fueron mil arcos.

las que nos conservaban las fechas diversas inscripciones que se encontraban en el aciieduclo. Quien quiera conocerlas, consulte el interesante estudio que con el título de “ Epigrafía Mexicana, ” está publicando en los Anales del Museo Nacional el laborioso joven D. Jesús Galindo y Villa. Por nuestra parte, solo copiaremos dos de esas inscripciones.

La de la caja repartidora del Puente de la Maríscala decía así :

Reinaxdo e Las Estañas i ixdias Oiuevtales i Occjdevta- || les la Mago. Católica del Uey Do Eeltpe 111 Nriio. SoiC Sr. || por madado DEL Ex° Sr. Do Diego 1'erxádes de Cordova VIarqves || de GvadalCAZAR SV UIRP.EY 1 LvGAR TeXIETE GoVERXADOR 1 Ca- || PITA GeXERAL DESTA Nvep.a España i Presídete de la Real A- || a^diexcia della se HIZO ESTA OBRA SIEXDO CORREG®'* EL LiDO. Do GaC || DE MoXTE AlEGRE I Admimstrador i Comisar" della Do Fernado || de agvlo Reinoso Regidor desta Civdad de Me/° Acatóse Añ°de 1620.

Tiene la lápida I"". 56 de largo ; 0“.6i de ancho, y 0“.09 de espesor. Las letras iniciales son rojas. Actualmente existe en el Museo Nacional.

Como se ve, la anterior inscripci(5n se refiere á la conclusión de la arquería. El Ayuntamiento de 1883, creyendo equivocadamente que se refería al término de los jardines de la Alameda, levantó con esa lápida, en una de las fuentes, un tosco y feo monumento, que por fortuna se mandó derribar después.

La otra inscripción, que se hallaba en la fuente de la Tlaxpana, decía :

Reynando ex Las Españas la Católica y IT M agestad del Señor D. Piielipe V que dios guarde y Gobernando este Reyno el illmo. y Excemo. Señor D’’ D. Juan Antonio Vizarron y Eguiarreta Arzobispo de la Santa Iglesia de México Virrey Gobernador y Capitán General de la nueva España y Presidente de la Real Audiencia se Redificó este Tramo de 27 arcos y se hizo de nuevo esta fuente en la Q c" el ag^ a d mai° de 1737.

El primer tramo de dicha arquería, de la Maríscala á San Fernando, se destruyó por los años de 18dl á 18ó2, y el segundo de San Fernando á la garita de San Cosme en 1871. La demolición del resto se ha hecho en nuestros días.

Diremos para concluir con el acnedneto de San Cosme, (jiie sn arquería era doble, corriendo por la parte superior el agua de Santa Fe, conocida con el nombre de cujua delgada^ (|iie en la estación <le lluvias llega muy turbia, y por la atarjea inferior pasaba el agua gorda que provenía de niia de las fuentes de Cbapnllepec y dejó de corrrer hace mucho t¡em[)o.

Kespecto del acueducto de lUdón, (|ue servía para conducir (d agua gorda (jue brota al S. del cerro de Chapullej)ec, de la llamada alberca chica^ y (jiie surte á los vecinos de la parle S.<h‘ la ciudad de México, nada hemos alcanzado más (|iie las siguieiiles nolicias (|ue nos proporciona Orozco y Berra :

“ Fl acnedneto, dic(', comienza en Cba[)ullepec, rc'corre la calzada de Belén, de O. á F. y va á tenniiiar en la fu(*iiU‘ del Sallo d(d Agua. Nada sabemos del limnpo en (|ue por a(|uí se dió cidrada al agua de Chapultepec; las crónicas, (jm‘ frecmmbmuudo nos sacan d(‘ ajinros, consultadas acerca de mieslras anliguallas, nada dicmi r(‘S|)eclo á estí'asuidOj y sólo Belancourl deja caer eslas palabras :

“ Ihi el cerro, á media legua de la ciudad, está un mananlial dcidro de los jardiiu's de el palacio de los virreyes, donde s(' bospi'- dan anlesíhd recibimienlo jiúblico á sus venidas, cuyas aguas van por targoade. cal y cunto, y bejum de ellas la milad de la ciudad. " ’.

bislo escribiii hace años el Sr. Orozco. Las de (¡ne nos balda

Belancourl, fnei’on susliluídas por el acnednclo, del cual hoy no oxisle más (jiie la hermosa fuenle del Sallo del Agua, (|ue apesar de sn estilo churrigueresco^ y de hallarse mnliladas algunas <le las lignras y adornos labrados en el fronlón ([iie mira bacia el F., se ha <[nerido conservar como un viejo monnmenlo de aijiiella época, y como nn recuerdo del acnednclo de Belén (jne lerminaba allí.

1. Memoria para la Carta llidrorjrá fica del Valle de México, cap. II. — Tomo IX de Dolelin de la S. de G. y E., pág. 4*28.

En uno y otro lado del cubo que formó esta caja repartidora, se encuentran las siguientes inscripciones, curiosas por las noticias que contienen y por la forma que afectan en la distribución de sus renglones :

Hacia el Norte :

Reinaldo j.a Gatiióltca Maííestad DEL Su. D. Carlos tercero (que Dios guarde), sieado Virrey, Gobernador y Capitán General desta N. E. y Presidente DE su Real Audiencia el exmo. Sr.

Raylio Ere y D. Antonio ^Iaria Rucareli Y Ursua, Caballero Gran Cruz Y Comendador de la Tocina en el Orden DE San Juan, Gentil Hombre de la Cámara DE S. M. CON ENTRADA, TeNIENTE GeNERAL DE LOS ReALES ExÉRCITOS. SiENDO JUEZ

Conservador de los propios y Rentas DE esta N. C. el Sr. D. Miguel de Acedo del Consejo de S. M. y Oydor en ella, y siendo Juez Cojiisionado el Sr. D. Antonio de , Mier y Teran, Regidor perpetuo de ESTA N. C. SE ACABARON ESTA ArQUERiA Y Caja en 20 de Marzo, de .

MIL setecientos SETENTA Y NUEVE.

Hacia el Sur se lee esta otra, que se refiere también á la historia uel acueducto :

Se advierte de distancia DESDE LA TOMA EN LA AlVEKCA HASTA ESTA CAJA 4.663 VARAS

Y DESDE EL PuENTE DE ClIAPULTE-

PEC 904 Arcos. Y iiariéndose HECHO varios esperlmentos

PARA DAR LA MAYOR ELEVACION

Y MÁS FUERTE IMPULSO Á LA AgUA,

SE CONSIGUIÓ EL DE VARA Y TRES OU-

ARTAS 3ÍÁS DE LAS OUE AL TIEMPO DE ESTA NUEVA ArOUERIA TENIA SIENDO ASSl OUE SE HALLÓ OUE LOS Se.ÑORES CiOVEIIN ADORES ANTERIORES LE ELEVARON Á LA TARGEA POCO MÁS DE VARA. De DONDE SE VEE OUE EN ESTA ÚLTIMA CONSTRUCCIÓN SE HA CONSEGUIDO LLEGASE Á LA DE DOS VARAS, Y TRES OUARTAS DE ALTITUD MAS DE LA OUE EN SU ÜRIGUEN (sic)

TUBO PRESEDIENDO (cOMO VA DlCHO) VARIOS PROLIXOS Y ESOUlSITOS EXPERIMENTOS.

CAPÍTULO VIII

LAS CASAS DEL ESTADO

MÉXICO ANTIGUO (SIGLO XVl).

CAPITULO VIII

LAS CASAS DEL ESTADO

Cuando Hernán Cortés, á raíz de consumada la conquista, hizo la distribución de los solares á sus capitanes y soldados, no se conformó con haberse apropiado muchos y de los mejores para sí y para sus adictos, sino que también se adjudicó los dos célebres palacios conocidos por “Casas nueva y vieja de Motecnhzoma,” las que poseyó de hecho cerca de ocho años, hasta que el Rey se las donó por cédula de 6 de Julio de 1529.

La primera de dichas casas había sido habitación de Motecuhzoma II ó Xocoyoetzin, y ocupaba lo que es hoy Palacio Nacional, ExMercado del Volador y Conservatorio de Música, y la segunda fué en un tiempo morada de Motecuhzoma I, y se hallaba limitada por las actuales calles del Empedradillo, P y 2^" de Plateros, San José el Real y Tacnba.

Esta última casa, residencia primoro del Conquistador, enseguida de las dos primeras audiencias y virreyes, posteriormente de los hijos de Cortés, y por último de la nobilísima institución del Monte de Piedad, fué conocida sucesivamente con los nombres de Casa Real, casas del Marqués del Valle, Real Palacio y casas del Estado.

Durante más de tres centurias ¡ cuántos cambios y transformaciones han sufrido ! ¡ Cuántos personajes históricos las han habitado, y cuántos sucesos notables han tenido lugar dentro de sus recintos !

Allá, en los tiempos precortesianos, fueron palacio de uno de los más valientes y preclaros señores aztecas, del famoso Motecuhzoma Ilhuicamina, llamado el viejo, y que elevó á la gran Tenochtitlan á un grado altísimo de esplendor. Años después, fueron aposento del

afortunado español, que con un puñado de aventureros conquistara á México, y más tarde prestaron abrigo á la primera Audiencia, formada por los odiosos Ñuño de Guzmán, Juan Ortiz Matienzo y Diego Delgadillo ; á la segunda Audiencia en la que figuraron varones tan insignes como D. Sebastián Ramírez de Fuenleal y D. Vasco de Quiroga; y por último, á los ilustres virreyes D. Antonio de Mendoza y D. Luis de Velasco.

Bajo esos techos seculares y dentro de esos muros, los liijos de Cortés concibieron el atrevido proyecto de alzarse con la tierra, y más de uno de aquellos audaces conspiradores pagaron su delito con penas severísimas. D. Martín Cortés, el hijo legítimo del Conquistador, fué desterrado á España, el otro D. Martín á quien liabía dado vida Doña Marina, fué atormentado del modo más infame, y los hermanos Ávila subieron al patíbulo en medio de la consternación y del espanto de sus cómplices.

Pero es tiempo de hacerla historia del célebre edificio.

Una vez dueño de la casa vieja de Motecuhzoma, Ileriiáii (iortés la reedificó para convertirla en palacio.

Durante el Siglo XVI, presentaba mucha semejanza con una fortaleza. La parle construida estaba limitada por las calles de Tacuba, Empedradillo, Cinco de Mayo y San José el Real. Constaba de dos pisos: el primero, ocupado por accesorias que se arrendaban á diferentes comerciantes, y el segundo destinado á habitaciones.

En cada uno de los ángulos de las esquinas había un bastión almenado, y el segundo piso del frente, que daba hacia lo que se llamó entonces “Plazuela del Marqués,” estaba formado por un largo corredor de elegante balaustrada, sostenido por altas y redondas columnas, en las que el grueso de ellas conservaba perfecta armonía con la altura. Los arquitrabes estaban labrados con primor, lo mismo que las basas; pero lo que hacía solidísimo el corredor, según dice un testigo presencial, y le daba una apariencia verdaderamente regia.

eran los arcos, que colocados sobre las columnas, sostenían el techo.

“La casa misma — dice Alamán — sobresalía como alcázar ó torreón de una fortaleza gótica, sobre todo lo edificado á su rededor, y la azotea estaba guarnecida de almenas, para parapetarse la gente armada en caso necesario. En el bastión de la esquina de la calle de Tacuba, al Nordeste, desembocando á la plaza, es donde se había de haber formado, para la ejecución de la conspiración de que fué acusado D. Martín Cortés, el arco para entretener en él, echando una loa, á la audiencia y demás autoridades en el paseo del pendón, mientras salía por la puerta excusada que daba á la calle de Tacubay la tropa armada que debía estar prevenida para prender á todos los concurrentes, cuyo paso embarazaría la gente que al mismo tiempo había de aparecer en lo alto del bastión.”

En este ángulo, esquina de Tacuba y.Empedradillo, yen la torre, existió un reloj, cuyas pesas pendían de largas cuerdas, reloj que se había colocado allí con el objeto de que todos los vecinos pudieran escuchar bien las horas, y acaso también, como dice un escritor, “para guardar mejor y más ordenadamente lo prevenido respecto á la asistencia de los oidores,” pues en las Ordenanzas de Audiencias, dadas en México á 23 de Abril de 1528 se previno, que estuviera “continuamente un reloj en lugar conveniente para que lo puedan oir.” “Después — continúa el Sr. Icazbalceta — cuando la Audiencia se trasladó al actual Palacio, pasó con ella el reloj y dió su nombre á seis calles de las que corren hacia el Norte en la misma línea del frente de Palacio.”

Establecida en México la primera Audiencia, el Rey solicitó de Cortés le franquease las casas á que venimos refiriéndonos, para alojar á los oidores, las salas del tribunal, y sus respectivas oficinas, pues hasta entonces no tenía el Gobierno palacio propio. En 1530 trató el mismo Rey de comprar la casa del Empedradillo y aún dió desde luego cierta cantidad. Desde entonces, y hasta el año de 1562, en que se compraron las casas que ocupa hoy el Palacio Nacional, las autoridades españolas continuaron residiendo en el edificio perteneciente al Marqués del Valle.

GONZALEZ ORREGÓN.

Estando consagrado á este objeto, veamos el aspecto que presentaba en 1554, siendo Virrey D. Luis de Yelasco, para lo cual nos serviremos de la animada descripción que nos dejó Cervantes Salazar en sus “Diálogos Latinos,” publicados por García Icazbalceta.

En los corredores se veían una infinidad de litigantes, agentes de negocios, procuradores, etc., etc., que unas veces andaban aprisa, otras despacio; ya se paraban para gritar, ó guardaban silencio, en medio de sus acaloradas disputas.

Entrando por el zaguán, (jue miraba bacia la plazuela del ^larqués, seguíase el patio, y allí s(‘ hallaba una escalera que conducía al tribunal de la Audiencia. Primero estaba nn a[)osento lleno de mesas, bancos y escribientes, (jue ocupaba el (iorreo Mayor ; después^ había un pasadizo sin puertas, (jue caía al palio, y (|ue daba entrada á la babitación del Virrey. Al penelrar allí, dice (Cervantes, era preciso descubrirse la cabeza, enli’ar callado y con r(‘speto, y en caso d(‘ hablar tenía mío (|U(‘ bacerb» en voz baja.

VA salón era gi’ande, bien adoriunhj é inrundía respeto, huí lugar prominenle se sentaba (d Vina*}' rodeado de los cuatro oidores. Cuicamente hablaba el Ministi’o semaiuM’o, “y eso rara vez y poco, por(|ue el silencio r(*alza la aulorida<l.” Los (res restantes sólo hacian uso de la palabra, (*u m'gocios graves ó cuando tenían (|U(‘ pedir explicación para 1‘ormarse juicio recto y cabal. Gubrían el estrado ricas alíómbras, y bajo un dosel de damasco galoneado se hallaban los asienlos.

Sentábase el Virrey en un almohadíín de terciopelo y ponía los pies en otro. Más abajo, se hallaban sentados “á uno y olro lado, el liscal, alguacil mayor, abogado de jiobi-es, protector y defensor de indios, y los demás letrados’’ (jue tenían pleitos. También la nobleza y los conséjales, cada uno en el lugar (|ue le correspondía, según su empleo y dignidad.

Todavía en la parte inferior, bajando algunos escalones, se encontraban escribanos y procuradores. Frente á los oidores, sentados cerca de una mesa, se podía ver al escriliano de Cámara redaclando los acuerdos y al relator dando cuenta con los autos. Detrás había un

enverjado de madera, que dividía la sala, con el fin de que la “gente baja y vulgar” no ocupase los asientos délos demás ; “tras este enverjado — dice Cervantes — están en pie, tanto los que tienen derecho de tomar asiento, pero no quieren tomarle, como los que aunque quisieran no podrían, porque no gozan de esa preeminencia.

Tal era el aspecto interior de las casas del Estado en los primeros años de la segunda mitad del siglo XVI.

El palacio tuvo en la espalda un gran jardín 6 huerta, que con el tiempo llegó á guardar un estado tal de abandono, que convirtióse en una serie de corrales desiertos, que por encontrarse en el centro de la ciudad, presentaban de noche gran peligro para los que por allí transitaban.

“El Ayuntamiento con este motivo — dice D. Lucas Alamán — obtuvo una real orden, para que los dueños de aquel terreno fabricasen en él ó lo vendiesen á censo enfitéutico,” para cuyo fin se levantó un plano por D. Andrés de Concha, “que fué revisado y firmado en 23 de Agosto de 1611 por D. Gerónimo Leardo, que era entonces gobernador del estado y marquesado del Valle. Tratábase de abricar, según se ve por dicho plano, un mercado cerrado, á imitación del de la seda en Granada conocido con el nombre árabe de “ Alcaicería,” de donde procede llamarse así esta parte de la ciudad de México, con cuatro puertas que se cerraban de noche, una de las cuales era el arco que en el Empedradillo formaba la entrada de la calle que

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PLANO DE LA CUADRA PERTENECIENTE A LOS MARQUESES DEL VALLE Y AL HOSPITAL DE JESUS EN LA CIUDAD DE MÉGICO CON EL PROYECTO DE CONSTRUCCION DE LA ALCAICERIA FORMADO EN l6ll.

corre de Oriente á Poniente y del cual tomó el nombre “de calle del Arquillo”, la que se terminaba en otro igual en su salida á la calle de la Profesa ó San José el Real : sobre uno y otro seguía la línea de lo edificado, y ambos permanecieron hasta que se construyeron las casas nuevas del Estado y del hospital de Jesús en estas calles : de la puerta que debía estar al lado Sur viene el que la extremidad de la calle de la Alcaicería, que sale á las de Plateros, sea un poco más eslreclia que el resto de la calle misma, por estar fabricado allí el macizo de la puerta. En todas las calles que formaban lo (jue se llamó la “tela de la Alcaicería” se habíande haber construido tiendas, con una trastienda ó almacén á la (‘spalda, y patios que les daban luz, poniendo fuentes en las intersecciones de las calles.”

Este proyecto no se realizó sino en parte, en lo que respecta á la distribución del terreno, y boy es difícil tormarse idea del proyecto, porque las calles abiertas en nuestros días con el nombre de “Cinco de Mayo,” lian venido á Iransformar del lodo aquellos lugares.

Ld palacio de los manjueses del Valle sufrió un terrible incendio el día de la Santa (umiz, del año de Ifidfi, después se reedificó de nuevo, sirvió otra vez de residencia á algunos virreyes desde 1()02, año en que filé destruida gran parle del Palacio Nacional, y, por último, rematados muclios de sus lotes, uno de los principales fué adijuirido por el Monte de Piedad.

Hoy, aíjuella gran manzana, dividida en dos por la avenida del Cinco de Mayo, se encuentra llena de elevados edificios, de casas de comercio, de hoteles y de otra diversidad de establecimientos; pero en ella nada hay que traiga á la memoria que, hace siglos, fué morada de Hernán Cortés, casa de sus descendientes y palacio donde residieron varias audiencias y virreyes.