México viejo; noticias históricas, tradiciones, leyendas y costumbres · Capítulo real 12 de 34

CAPÍTULO XXIII

Texto completo de esta unidad literaria, reunido aunque el lector la divida en 2 tramos técnicos para mejorar el rendimiento.

CAPÍTULO XXIII

LA CAPILLA DE LOS TALABARTEROS

LA CAPILLA DE LOS TALABARTEROS (1629)

CAPÍTULO XXIII

LA CAPILLA DE LOS TALABARTEROS

Grande fué la piedad de los buenos habitantes de la capital de Nueva España.

Su extremado fervor lo manifestaron por cuantos medios les fué posible, y hoy mismo, en que el soplo de la Reforma ha derribado los monumentos levantados por los creyentes, quedan todavía elocuentes pruebas de lo que afirmamos.

El sentimiento religioso no se contentó con multitud de santuarios, iglesias y conventos que ocupaban calles y manzanas enteras, sino que por todas partes quiso expresar su místico entusiasmo, ya construyendo ermitas y oratorios particulares, ya incrustando en las fachadas de las casas nichos con santos, de los cuales muchos permanecen en nuestros días á despecho del buen gusto artístico.

Los zaguanes de las posadas, de los mesones y de las'casas de vecindad, ostentaban casi siempre, alguna imagen pintada en lienzo ó una escultura toscamente labrada, frente á las que ardía de continuo la vacilante luz de una lamparilla.

Complemento de estas manifestaciones públicas del culto, fueron las grandes cruces de madera ó cantería que se elevaban en los cementerios de las iglesias y en las plazas, así como el sinnúmero de capillas aisladas que por todas partes se construían, de las que muchas han desaparecido por completo, otras han sido destinadas á usos diferentes, y varias están aún llenando el objeto para el que fueron establecidas.

Antes de 1801 existían las siguientes capillas :

2i0

l. San Agustín Zoquiapan, situada al Oriente de la ciudad y vendida después en 600 pesos.

2. De las Animas^ situada en la calle de las Escalerillas, á espaldas de la Catedral, que existe desde el siglo XVI II y que se quemó el 3 de Marzo de 1748 ; pero fue reconstruida en la forma que hoy tiene. En ella se reunía una congregación, cuyo fin era hacer sufragios por las almas del Purgalorio.

3. San Antonio el Pobre.

4. San Antonio Tomalláii.

i). Calvario, que estuvo donde hoy es calle de Patoni y se demolió para couslruir casas ])arlicular(‘s. Databa de priiici|)ios del siglo XVII v eiilonces era conocida [)or ‘‘ bumilladero de tos Cuerreros ”, tal v(‘z por haberla mandado couslruir alguno de los miembros de la familia de este rico mayorazgo. Distaba del Convenio de San Erancisco el mismo número de varas, (jue “ Cristo Xiu'slro Señor anduvo con la cruz á cuestas por la calle qu(' llaman de la Amargura Era la úllima de las cai)illas donde acostumbraban rezar las estaciones, los viernes de cada año, los buenos vecinos de la ciudad de México. La primera estación se rezaba en la Iglesia de la Tercera Orden de San iM-ancisco. La segunda en una capilla situada en el atrio de este Convento, capilla de ‘‘ doce varas de largo y seis de ancho, con tres bóvedas v dos puertas, aliñada de lienzos de la pasión con sus cuadros, niuv devola ” : la había edificado D. Cristóbal de la Plaza, Secretario de la Lniversidad, á la entrada de la iglesia mayor de San Ih'ancisco, hacia el Poniente L La tercera cslación se rezaba en una

1. DociwiBfitos pcivü Ici hislot'ici de México, Segunda Serie, tomo II, pág. 1^.

•2. En los últimos tiempos ya no existía esta capilla, y la segunda estación se rezaba frente a un bajorelieve en piedra, que representaba á un Jesús Nazareno, y que estaba labrado en el muro N. de la capilla de Bal' anera.

capillita “conjunta á la Tercera Orden”, de bóveda, “ con dos altares devotos, y dos puertas al patio, que aumentan su grandeza ” ; tenia “ catorce varas de largo y seis de ancho Las estaciones cuarta y quinta, se rezaban ya en la calle, fuera del atrio de San Francisco, en dos capillas, hechas á costa de los señores capitanes José de Retis y Domingo de la Rea. Eran también de bóvedas, de doce varas de largo y seis de ancho, “ con sus dos puertas y sus retablos dorados, y lienzos muy devotos ” : cada una había costado más de cinco mil pesos L Desde la sexta hasta la décimatercia estaciones se rezaban en ocho capillas que existieron en medio de la hoy “ Avenida Juárez ”, cuya ubicación de cada una era como sigue : la primera, frente á la casa que hace esquina y mira al Oriente del callejón de López; la segunda, frente á los números b y 6 antes de la bocacalle de Dolores; la tercera, frente á la casa número 7 inmediata al Convento de Gorpus-Ghristi ; la cuarta, frente á las casas 7 y 8 antes de la esquina de Revillagigedo ; la quinta, frente á la casa número 7, que fué del Presidente de la República D. Manuel de la Peña y Peña; la sexta, frente al Hospicio de Pobres, y la séptima y octava frente á lo que fué edificio de la Acordada, que hoy son casas particulares. La décimacuarta estación se rezaba en la Capilla del Calvario, que era la más grande, situada “ sobre un sotabanco ó zócalo ”, al que se subía por trece escalones en memoria del Viacrucis ^ y arriba de la puerta principal tenía un Calvario labrado en piedra.

Ya que hemos hablado de las capillas ó ermitas que estaban entre la hoy “ Avenida Juárez ” y la calzada Sur de la Alameda, — capillas que dieron nombre á la calle del Calvario, — no será inoportuno que digamos algo de ellas. No se sabe cuándo fueron construidas ; pero como las otras del atrio de San Francisco, datan sin duda del siglo XVII, pues ya en el Plano de la Ciudad de México de N. Fer de principios del siglo XVIII se ven indicadas. Por los años 1804 se

* 1. Vetancourt, Crónica de la Provincia del Santo Evangelio de México^ segunda edición, tomo 111, págs, 117 y 123.

2. Vicente Mañero, El Monumento levantado en la Alameda de México, pág. 08.

21:í

peiis(3 en <lcrri barias, para ampliar el paseo de la Alameda. En 1824, se inicio de nuevo su deslriicción, en vista de ser sns muros abrigadero de ladrones, mnjerzuelas y toda clase de gente perdida. La mesa de la Tercera Orden reclamó, pues eran de su propiedad; pero al iin, después de varias comunicaciones un tanto destempladas, el Ayuntamiento resolvió pagar una indemnización á la dicha Tercera Orden. El ingeniero de la Ciudad las avaluó en 11.400 pesos, á 1.42o cada una, y por el informe que dió sabemos que eran de tctzontle^ de bóvedas, con pnendas principal y de costado, y dos ventanas ovaladas hacia (d Sur. La Tercera Orden recibió sólo, sin embargo de diclio avaluó, 7,000 pesos, 1.000 en mensualidades y 0.000 á j*ecouocer con nu rédito del ó por denlo sobre rentas del Lariáu. En Aovicmibre de 182ó se derribaron seis capillas, que medían 18 pasos cuadi'ados. y las dos éillimas situadas frenle á la Acordada d(‘pués (h‘ 1827, piu‘s todavía (ui este ano exislíanC Cada una de las capillas hmía uu gran licmzo ó pintura representando los pasos (hd Via-(h*ucis.

Mandadas d(‘slruir las capillas por el Ayunlamienlo, ordenó éste (jue en las tachadas (h* las casas (jue miran hacia el Xorle <lc la Avenida Juárez ”, S(‘ “ colocaiaui unas cruces lalinas en bajo i(di(‘ve sobi'e pie<lra, (|ue luviera (d ái’bol media vara, y una tercia ambos brazos, á la allura de tres varas ”. La reparación de las fachadas ba hecho desaparecer estas cruces, trente á las cuales rezaron por vez tillima las estaciom's, los buenos y dev(dcs vecinos d(‘ la ciudad «le México, anh's «le «jue se promulgaran las Leyes «le Heforma.

h. (áimhdaria «!«' los Palos, llama«la lambién «leí Rosario.

7. Camlelaria d(‘ los Veleros «|ue ' exislió al Sur «le la ciudad.

8. Camielarila.

1, Expediente de las capillas del Calvario, que se conserva en el Archivo del Ayuntamiento.

9. Concepción, situada en la plazuela del mismo nombre. Parece que perteneció al Convento de las monjas ; pero no hay ningún antecedente. Tres tradiciones se cuentan relativas á esta capilla : que en ella se dijo la primera misa en México, que allí iba á ser hecho prisionero Cortés, y que en este punto estaba la casa á donde fné conducido Cuaiihtemoc el día de la toma de la ciudad. Relativamente á la primera tradición véase lo que decimos adelante en cnanto á la segunda, el hecho se verificó cerca de una acequia, donde después estuvo la ermita de San Martín, en Santiago Tlatelolco ; y respecto á la tercera ha habido una confusión topográfica.

En efecto, el P. Sahagnn, en el Libro XII, que trata de la Conquista, refiere que Cortés estaba en la azotea de la casa de un noble de Tlatelolco, — situada en el barrio de A maxac^ donde se edificó posteriormente la Ermita de Santa Lucía^

(( cabe la Concepción », — cuando fiié llevado á su presencia el 13 de Agosto de 1521 el emperador Ciiaiihtenioctzin. Muchos historiadores, sin fijarse hien en estas señas precisas, confundieron el barrio de la Concepción inmediato á Santa María déla Redonda, con el barrio de la Concepción Tequixper.a^ y la capilla ubicada en la plazuela del primero, con la Ermita de Sania l^ucía que existió cerca del segundo. Sabido es, que los últimos sucesos de la toma de la ciudad por los españoles se verificaron en Tlatelolco, y á este sitio hace referencia Sahagún al ocuparse de todos los

episodios que precedieron á la rendición de Tenochtitlan : al mencionar, pues, á la Concepción, se referia á la de Tlatelolco, y no á la de Santa María de la Redonda, que perteneció al barrio indígena de Ciiepopan. Además, el barrio menor de Amaxac^ que asegura estuvo donde después se levantó la Ermita de Santa Lucía, se bailaba cerca de la Concepción Teqnixpcca^ y nmy distante del otro. He consultado planos antiguos de México, y desde el de Alonso de Santa Cruz de mediados del Siglo XVI, hasta los últimos del Siglo pasado, lodos colocan la Inanila d(‘ Santa Lucía en el barrio de Tlatelolco, liacia la partí' más X. IC d(‘ la ciudad, com'spondienle á la manzana núm. 70, del cuarbd mayor núm, d, de los planos moderiU)s, y aun queda como im r(‘CU(‘rdo íle aíjnella ermita un callejíjii (jue lleva el nombre d(‘ Santa Lucía.

Aíjuí filé, |)ii('s, donde (niauli lemoc, en seguida de haber sido api'isionado j)or Cairía de llolguín, y llevado delanle de Hernán Corles, b‘ «lijo; «Señor Malinclit', he cumplido con lo (]ue , estaba obligado í'ji d(‘fensa d(‘ mi ciudad y vasallos, y no jiuedo más; y pues vengo por fiu'rza y pi'i'so anb' lu ju'isoua, liazde mí lo(|ue le plazca. » V poniendo mano (Ui el puñal que llevaba Cortés al cinlo, agri'gó : « ¡ Toma liu'go (‘slí* puñal y málame C(>n ó\ I »

\i\ Sí'ñor Orozco y Ri'rra, suministra ítalos pai’a síishmer la i’ecl ilií*a(*ií)u í|Uí‘ bí‘iuí)s lií'ídií). I). Alfreílí) Cbavero, íjue íui su íliscurso ílí' la iuauguraí'ióu ib' la í'slalua íb‘ Cuaubleiuííc sostuvo la Iraíliídóu í'rraíla, úllimameulí* esluíliíi ('I jiuulo con ní)Solros, y me ílispensii el honoi’ílí' liací'r suya la opiuiíúi (jue luauifeslé al Sr lugenierí) D. Maleo Llí)\Ví‘s, cuaiiílí) nií' cíuisulbi mi parí'cer acerca íle la caj)illa íle la Conce[)ciiúi, í|ue v\\ IS!)7 sí* iba á íb'nábar á petición ib* varios vccim^s : pí'iM) í|Uí* poi- lortuna í)nb*ní') i*l Ayuulamií*ulo se Cí)nservai'a en vista ib* las razones í(Uí* ílicbo Sr. Llowí's i'xpresó (*n su eriulilo y concienzuílí) informe.

1 1). Coucí'pcií'm Tí'í|ui\|)eca ó Teí|uipebuca, silmula en el barrio ílel minino uí)mbre, Inuda el X. IC íle la ciudad, é inmoíliala al liarrio íle Amaxac ilí)nile í*sIuví) la l'inuila ib* Sania Lucía íle íjue baldamos en

el número anterior. El barrio de Tequixpeca, se llamó antiguamente Tetenantitech ó Tetenamitl^ y en el había un teocalli azteca.

« Prosiguiéndose la guerra entre los mexicanos y los’ españoles, — dice Sahagún — siempre les iban ganando tierra los españoles á los mexicanos, y los iban arrinconando hacia el lugar donde finalmente les dieron mate^ en un rincón deste Tlatilulco, que se llama Tetenantitech, donde ahora está edificada la iglesia de la Concepción

CAPILLA DE LA CONCEPCION TEQUIXPECA (1898).

de la Madre de Dios Nuestra Señora Santa Maria. » Esta iglesia de que habla Sahagún no fue sino una Ermita ; en cuyo mismo sitio se edificó la actual capilla de la Concepción Tequixpeca, tal yez sobre el propio lugar en que estuvo el antiguo teocalli indígena. El barrio es, pues, histórico por haber sido el último baluarte de la heroica- defensa que hicieron los mexicanos de la antigua Tenochtitlan.

11. Concepción Ixmalhuatenco, situada también en el barrio de su nombre.

12. Santa Crucecila, al Sur de la capital y valuada cu 200 pesos.

13. Capilla de los Dolores, que fue propiedad de D. José Sotero Montes y destruida por sus herederos para fabricar casas particulares.

14. San Fraucisquito, al Oeste de la capital, y que se vendió en 300 pesos.

lo. San Jerónimo Allixco.

I(). Manzanares, en el l)arr¡o de su nombre.

17. San Miguel Cliapultepec.

IS. San Mi{j;'uel Nonoalco.

10. Niño Perdido, (jue estuvo situada en la es((uiua de los callejón (‘s de Jdzapán y C(m laceros.

20. Rosario, vi\ el puente del mismo nomlu’e.

21. Hesui’rección.

22. San Salvador (d Seco.

32. San Salvador el \erd(‘.

2i7

24. Tepito, en la plazuela conocida con este nombre.

2o. Tlaxcoaque.

Además de estas capillas existieron y existen algunas otras, que se hallaban junto á diversas iglesias, como la de Santa Catalina, la más pequeña de todas, en la esquina de la calle de este nombre y San Ildefonso; las de la Espiración, Rosario y Tercer Orden, en Santo Domingo ; la primera abierta al culto, y las dos últimas demolidas; las del Señor de Burgos, Tercer Orden, Nuestra Señora de Aranzazú, Servitas, Balvanera y Santa Escuela, en el atrio de San Erancisco también derribadas ; las de la Preciosa Sangre y de la Archicofradía de San Ignacio, en Santa Catarina ; la de Santa Clara, en la esquina de la calle de este nombre y la de Vergara, y por último la de Nuestra Señora de la Soledad, que se construyó en 1729, entre el Sagrario y la Catedral y sirvió mucho tiempo de bautisterio.

De todas estas construcciones apenas se conservan poquísimos datos históricos sobre su origen, y de algunas se ignoran del todo : pero no así de la que nos vamos á ocupar en seguida, de la Capilla de los Talabarteros.

Por mucho tiempo se llamó plazuela del Marqués, la parte de la ciudad comprendida entre el Empedradillo y la Catedral, por haber existido allí las casas de los descendientes del conquistador, Marqueses del Valle ; casas que ocupaban precisamente el sitio donde ahora se encuentra el Montepío, desde la calle de Tacuba hasta la del Cinco de Mayo.

Esta plazuela es también célebre, porque en ella estuvo uno de los 78 edificios que rodeaban el Teocalli Mayor, y que describe en estas cortas líneas el venerable P. Sahagún :

“ El 68 edificio, dice, se llamaba Tozpalalt : este era una fuente

muy preciada que manaba en el mismo lugar ; de aquí tomaban agua los Sátrapas de los ídolos y cuando se hacía la fiesta de Vitzilopochtli y otras fiestas, la gente popular bebía en esta fuente con gran devoción.”

Arruinado el templo por los españoles, la fuente se cegó ; pero como parece que producía agua de muy buena calidad, volvióse á abrir por orden del Cabildo en ló28, y se ignora cuándo se cegó de nuevo.

Pues bien, en esta plazuela y en los bajos de las casas del Marqués del Valle, vivía en el año de IbOT un maestro guarnicionero y espadero, llamado Pedro de Siria, quien por su mucha devoción á la Santa Cruz, propuso (|ue en ose lugar se levantase una, para celebrarla cada año en su íiesla titular.

I.os vecinos se prestaron desde luego; se recogieron las limosnas necesarias, y obtenida la licencia respectiva, se construyó una peana y sobre ella una Cruz dorada, (jue con gran recocijo y solemnidad se estrenó el día d de Mayo de IbttT.

Con el objeto de atender al culto, se nombraron de entre dos vecinos, ádos personas para que cuidasen de él, y como estos vecinos eran generalmente del gremio (|ue entonces habían fiinilado los talabarteros, cuyo giro se hallaba establecido principalmente en a(|uella plazuela, de a(|uí lomó el nombre la Cruz mencionada.

Con el tiempo, al par (|ue la devoción crecieron las limosnas. Cada año, el día d de Mayo, la (haiz se adornaba profusamente con llores, con cintas y con papel de todas clases^ así como ahora se acostumbra.

La función se celebraba además, ‘‘con misa y con grande aparato de intanlería, á cuyo efecto los Virreyes mandaban prestar la arcabucería y picas de la Armería Peal, y los viernes de cuaresma se predicaban sermones á que concurria mucha gente."

Va j)or esa época los talabarteros habían logrado establecer una cofradía; pero en medio de tantos progresos y entusiasmo, sucedió (jue el día de la fiesta del año de Ifidfi, en una accesoria de los bajos de las casas del Marqués del Valle (jue habitaba un tal Alonso de

Arfrán, se declaró un terrible incendio, á causa de haberse quemado el altar en que los cofrades habían celebrado su fiesta ; incendio que consumió también los adornos de la Cruz.

Con tal motivo, Francisco Pacheco, “ queeraá lasazón Mayordomo de la Hermandad que se había formado, obtuvo licencia del Sr. Arzobispo D. Francisco de Manso y Zúfiiga, para pedir limosna para reparar esta pérdida y que continuase como hasta entonces el culto, y habiendo obtenido los cofrades bula del Papa Urbano VIH el 4 de Julio de 1640, concediéndoles muchas indulgencias para que disfrutasen de éstas, se mandó en 22 de Marzo de 1643, por el Sr. Palafox, Obispo de Puebla, y electo Arzobispo de México, que la cofradía, en la que el mismo Sr. Palafox se apuntó, procediera á formar sus constituciones. Hízolo ésta así y además pidió permiso para construir un chapitel ó techo sostenido sobre pilares para poner á cubierto la Cruz, y como á su rededor había puestos y se ataban las besíias que entraban cargadas con fruta, se prohibió una y otra cosa con excomunión. El Virrey, Conde de la Mondo va, dió su permiso en 11 de Diciembre de 1687 para que se cerrasen los espacios que quedaban entre los pilares que sostenían el chapitel, con lo que quedó formada la capilla, en la que se obtuvo autorización para que se dijese misa los lunes y viernes de todo el año, y por último el Virrey, primer Conde de Revillagigedo, permitió por su decreto de 31 de Mayo de 1748 la reedificación de esta capilla tal como existió hasta su destrucción por orden del Ayuntamiento en 1823.” Fué confiada á un francés que muy en breve la consiguió, comenzando el derrumbe á 15 de Julio de 1824.

Estas noticias nos las proporciona el historiador Alamán, y en cuanto á la reconstrucción de la capilla. Sedaño nos dice que se hizo “con limosnas, á solicitud de D. Cayetano Gil y del Sr. D. Manuel de Urtuznástegui, prebendado de la Santa iglesia Catedral, que fué padrino de la dedicación en 3 de Mayo de 1751.”

La capilla de los Talabarteros, estuvo cerca de las Escalerillas, en la esquina, en terrenos del Marquesado del Valle, desocupada en su alrededor, “sin estar arrimada acosa alguna.” Tenía la forma de

un exágono, de seis varas cada lado, y de treinta y seis de circunferencia. Era bastante elevada, respecto al piso, pues para entrar en ella se subían siete escalones. Al Sur miraba la puerta, y hacia el Norte el altar delante de iina pequeña sacristía, y arriba tenía un cimborrio con seis ventanas. En el lado del Norte estaba el altar consagrado á la Santa Cruz, y en el del Sur, la puerta, como ya dijimos, y los cuatro restantes se hallaban ocupados por grandes pinturas representando respectivamente : la primera misa que se celebró en México, la a})arición de la Virgen deCuadalnpe al Obispo Zumárraga, el primer baulísmo (jiie se celebró solemnemente en la capital, y á Hernán (iortés cuando se hizo azotar delante de los indios, por haber tardado en irá una misa. l^]stos cuadros, ([ue son notables, más por lo (jue representan ({ue por su ejecución artística, se conservan en la [)ai*ro(|uia de Santa (h*uz Acatláu': el primero y tercero en el presbiterio; el segundo, en el coro, y el último en el cuerpo de la iglesia. VA autor de estos cuadi’os fue l). .losé de \dvar y Valderrama, pintor del siglo pasado.

S(‘gún se ci‘(‘e, sus asnillos son fantáslicos, es decir, no se hallan basados sino en la Iradicióii. Respecto á la [irimera misa, no es cierto <{ue se baya celebrado en la capilla (|iie nos ocmia, pues como dice muy bien el Sr. Alamán, ‘‘ se diría probablemente en el cuartel de los españoles y después se cotinuaría celebrando en la capilla (|uc s(' formó denli’o d(d tenijilo de /Jnilzi/opochtli \ pero ésta no es verosímil esluvi(‘se eu esle sitio, el cual es más de creer (pie no se comfiriMidía dentro del recinto did templo, sino ([iie había algún espacio bástanle capaz (uili‘(‘ ésl(' y la casa viejii de Moctezuma.”

VA mismo Alaináu niega lo de la azolaina jiropinada á Corlés; pero como (d hecho i's curioso y caracteriza la época, lo recordaremos a([uí, tomándolo del Libro Rojo,

'‘Liu'go ((ue se (‘stabh'ciiU’on en México, después de la toma de su capital, los jirimeros templos católicos, Ileruáii Corlés jmblicó una

I, Pero en tal abandono que sobre uno de ellos ha caído una gotera de agüe, borrándolo casi por completo. Esta circunstancia y el egoísmo del cura y sacristanes nos privaron de sacar copias fotográficas de dichas pinturas.

ordenanza disponiendo que ninguno fuese osado de no asistir á la santa misa los domingos y días de fiesta, desde antes del Canon ^ bajo la pena de azotes al que á dicha prevención faltare.

“Un domingo comenzó la misa, y la gente extrañó que el General no se hubiera presentado en la iglesia ; pero conocida su piedad religiosa y lo severo de sus ordenanzas, que anadie exceptuaban, calcularon todos que enfermo estaría de gravedad.

“De repente oyose un rumor por la puerta de entrada, y todos los rostros se volvieron para mirar al que tan tarde llegaba exponiéndose así al castigo, y encontraron con asombro que era el mismo Sr. Hernán Cortés, que atravesó el gentío y fiié á arrodillarse devotamente delante del altar.

“ Concluyó la misa, y allí mismo delante de aquel concurso. Cortés fué despojado de la ropilla y de la camisa y azotado en las espaldas desnudas por iin sacerdote, conforme á la dispuesto por su ordenanza.”

Sin embargo, según parece todo esto no fué sino valor entendido entre Cortés y el fraile que le propinó la azotaina, y el episodio no fué en la ciudad de México, sino en Tetzcoco, “donde — dice Vetancourt — habiendo azotado á uno de los principales por faltar á misa, se alborotaron los demás, y el católico Cortés concertó con el padre que tardándose á la misa lo enviase á llamar y lo despojase y azotase, como sucedió, que presentes todos lo hizo despojar y se dejó azotar Cortés del religioso en las espaldas.

Respecto á la primera misa, D. Francisco Sedaño, asegura que en la hoy calle de Santa Teresa, enfrente “ del palacio de Axayacatl y habitación de Cortés, por pedimento de éste y concesión y beneplácito de Moteznma, se fabricó de adobe encalado y bruñido, un humilladero, ermita chica ó altar en la calle y á lo público, en que se dijo públicamente la primera misa que se celebró en la Nueva España y en toda la América á solicitud de Cortés para aficionará los indios á los misterios de la religión cristiana. Con esta noticia se desvanécelo

1. Teatro Mexicano^ Cuarta Parte, Tratado Primero, Cap. 1.

({ue se dice de haberse celebrado la primera misa en la cruz de Talabarteros, cuya ermita se fabricó mucbos años después. Puede ser que antes se dijera misa para que la oyeran los españoles ; pero esta fué la que se celebró públicamente y con solemnidad.”

Á lo anterior, bay que rectificar que esta misa fué la primera que se dijo en la ciudad de México en piiblico^ pues en Tabasco ya se bahía celebrado, lo mismo (|ue en otros lugares de Nueva España, y en una de las salas del cuaidel de los españoles, como asegura Bernal Díaz del Castillo.

Ahora no ([uedan ni rastros de la capilla, ni memoria de la Cofradía de los Talabarteros, (jue cesó antes de 182d.

Pero la fiesta popular del d de Mayo subsiste aún, y cada año se celebra, con músicas, coludes y repelidas libaciones, por los albañiles (|iie izan la Sania (b*uz arriba de los audamios de las casas en consIrucción, y por los aguadores (|ue adornan las tueiiles de la ciudad.