Mis filosofías · Unidad 17 de 56
Unidad 17 · 8o MIS FILOSOFÍAS
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8o MIS FILOSOFÍAS
tarle tantas cosas á la vez. Hay que ir por partes. Estamos apenas aprendiendo á saber cómo somos... No moralmente, que esto es imposible, sino físicamente. Nos hallamos en el A B C de la fisiología elemental. . . By and by. . .
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.Pero como parece que esta cuestión de la enfermedad apasiona por todo extremo á los hombres (y apenas si los pobrecillos tienen razón), no está de más exponer alguna vez, las teorías que andan por ahí campando por sus respetos... No sin confesar que la mejor de las teorías es no tener ninguna ; que el hombre ha nacido para vivir... sin médicos; que aquel á quien cabe la suerte de no tropezar con ellos en el camino de su vida, suele morir de viejo; que una farmacia es una fábrica de enteritis, de dispepsias, de gastritis, etc., y que la naturaleza piadosa nos da aún con liberalidad real, tres cosas admirables, de las cuales nos obstinamos en huir : el sol, el campo, el mar.
EL SEÑOR SALVAJE
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EL SEÑOR SALVAJE
Cuando se advierte el movimiento de una gran ciudad, de París, por ejemplo, con su incesante y formidable palpitación de vida, lo que más sorprende sin duda á muchos, es el reducido número de atropellados que arrojan las estadísticas menudas. ., /^
— ¡ Cómo ! exclamará el observador viajero : ¡ es, pues, posible, que esta enorme y ultracomplicada máquina se mueva sin aplastar centenares de gentes ! , ;: . -
— ¡ Qué ! continuará exclamando, ¿ no hay por ventura en París poetas, artistas, filósofos, sabios, inventores, enamorados, gente distraída, en fin, que no se dé cuenta del espantable peligro y caiga destrozada por un vehículo?
84 MIS FILOSOFÍAS
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¿Cómo es posible que esos caballeros de la abstracción y del ensueño, esos seres de alma escapada perennemente al país de la divagación ó perennemente recluida en sí misma, no caigan á montonadas?
¿Cómo admitir que en un año, en dos, apenas haya un distraído, un Curie que se desplome bajo la mole de un carro ? '
Y el observador curioso, después de estas exclamaciones, sigue mirando el trajín loco, el incomparable ajetreo de este París siempre febril : filas cerradas ó tropeles en desorden de coches de punto, ruedan sin estruendo por la avenida que orillan los plátanos. Ruidosamente avanzan los enormes autobús, cuyos abultados neumáticos parecen ruedas de aserrar. Con su monorítmico redoble vienen los tranvías, de todos colores, de todas suertes, sobando las monótonas paralelas de acero ; los viejos ómnibus, por su parte, rechinan y crujen, mientras penosamente avanzan. i
Y enredando su confusión y su rumor á