Mis filosofías · Unidad 24 de 56
Unidad 24 · LO IMPREVISTO
Texto completo en español de una edición de dominio público con fuente y huella registradas.
LO IMPREVISTO
LO IMPREVISTO
Paul y Víctor Margueritte hacen notar, en una de sus más sugestivas páginas, que la « aventura » no se ha ido del mundo. Muy al contraricv, gusta de venir á tontas y á locas en un momento dado, á descomponer esta metódica monotonía de la vida. Como la liebre del refrán, salta donde menos lo pensamos.
Cierto que los hombres en general no aman á esta locuela' Aun cuando existe donde quiera, la niegan las gentes que ni quieren verla ni osan afrontarla; y estas gentes son legión. « Son, dicen los Margueritte, los rebaños de Panurgo. Niños prudentes á quienes el temor del castigo hace mantener inmóviles en los bancos, y que,
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con la cabeza entre las manos, dócilmente se rellenan el cerebro de cifras, de fechas, de nociones áridas y vanas. Jóvenes copiados unos en el modelo de los otros, que alimentan vicios pequeños, virtudes mediocres y ambiciones raquíticas. Hombres razonables que no se desvían jamás de la calle que los conduce á su tranvía y del tranvía que los conduce á la oficina. Cerebros fabricados en el mismo molde, corazones torneados al igual. Viven conforme á los usos y costumbres establecidos en el manual de urbanidad, dóciles almanaques obedeciendo á su reloj que le prescribe el ritmo de los actos previstos. I
« El miedo de obrar los paraliza, más que las tentaciones los estimulan á comer. Estos marchan por en medio del camino tan desconfiados de las flores que lo bordan y de las frutas de los campos, como de las espinas y los cardos de los declives. Los otros ni siquiera se apartan del camino real. En él nacieron y en él morirán. No habrán cogido moras en los mato-
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rros ni habrán rondado los ajenos cercados. Siguen beatamente poniendo el pié en los pasos que los preceden, con la vista fija en el límite que temen traspasar.
« Para ellos la aventura no existe trastornaría sus costumbres, retrasaría la hora de su almuerzo. »
La pintura es exacta aunque hecha con cierto desdén. Es cierto, hay muchos hombres así... habemos, fuerza será decirlo, muchos hombres así. Pero no todos hemos sido así siempre. Al principio, en el alborear de la muchachez, fuimos los caballeros de esa dama misteriosa y tentadora que se llama la Aventura. La seguimos en el día y en la noche, por los senderos y por los caminos, por las montañas y por los valles ; íbamos con el corazón asustado, y al propio tiempo en éxtasis. Nos heríamos en las malezas, nos desgarrábamos los pies en
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