Mis filosofías · Unidad 27 de 56
Unidad 27 · LO QUE SUGIEREN LAS SILLAS ^ Jin
Texto completo en español de una edición de dominio público con fuente y huella registradas.
LO QUE SUGIEREN LAS SILLAS ^ Jin
comparable para asimilarse ideas, para instruirse, para evolucionar : el sillón de Voltaire.
¿Habéis imaginado alguna vez el papel que desempeñó en el siglo XVIII el sillón de Voltaire?
j Lo que oyó ese sillón ! (iba á decir « ¡ ese bendito sillón » ! pero me acuerdo de que tratándose de Voltaire no había nada bendito y suprimo la palabra). >
¡Cuántas argumentaciones, cuántas ironías, cuántos mots d'esprit, cuántos alejandrinos más ó menos bien cortados, cuántos madrigales... cuánta filosofía!
¿Y qué aprovechó de todo esto el sillón de Voltaire?
i Seguro estoy de que no supo quién fué Carlos XII!... ¡ ni quién fué Voltaire !
i Vaya, estoy convencido de que ni siquiera fué un sillón optimista como Pangloss!
Este mueble dejó herederos. Por donde quiera veréis « sillones Voltaire ». Es posible que su nombre os incite á comprarlos, posible que
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creáis aprender algo instalándoos en su hueco. Desconfiad : no aprenderéis nada. Os dormiréis en ellos : voilá tout. i
¿ Y quién os dice que por uno de esos sarcasmos de que es tan pródiga la vida, no despertaréis clerical después de haberos dormido librepensador en un sillón Voltaire? I
Sin embargo, las sillas y los sillones tienen un supremo talento : son por lo general silenciosos, j . Son silenciosos aun en las asambleas : observad, en efecto, que todos los oradores que hablan en las juntas, congresos, mitins, etc., empiezan por dejar el sillón ó la silla, poniéndose en pié. Son silenciosos aun en los banquetes. La prueba es que quienes brindan nunca lo hacen sentados. El sillón no les sugiere nada. Es la copa la que se encarga de sugerirles algo : generalmente estupideces.
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Este discreto, este jamás bien alabado silencio de los sillones y de las sillas, ha hecho pensar á algunos, que oían, y de ahí que Alarcón escribiese su fantasía (ya vieja, ¿eh ?) sobre « lo que oye una silla del Prado ».
¡Quién sabe si, en suma, las sillas no oyen nada! *
Hay que desconfiar de las afirmaciones de los hombres imaginativos.
La imagen no explica ni resuelve las cosas, y á veces es contradictoria.
¿No se nos ha repetido, por ejemplo, hasta la saciedad, que « las paredes oyen »? ¿quién no sabe y no repite que las paredes oyen?
Yo ignoro los siglos y los esfuerzos que nos costó descubrir y averiguar esta verdad axiomática de que « las paredes oyen »...
Y, sin embargo, hay una afirmación que contradice el axioma, y todos admitimos tal afirmación : «¡Es sordo como una tapia! » decimos.
« ¡ Sordo como una tapia ! » Pero una tapia ¿no es por ventura una pared ?
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¿Y no hemos conquistado definitivamente para la ciencia esta verdad comprobada, de que « las paredes oyen »? '
j Verdad comprobada ! j Conquistas de la Ciencia!
Des chansons que tout cela !
Ni hay « verdades comprobadas » en que se pueda creer, ni sabemos nada de nada. ,
Los sabios creyeron por mucho tiempo que la materia era eterna, y ahora resulta que se disgrega, y se desvanece como la sombra; creyeron que era inerte, y ahora resulta que almacena energías formidables, en las cuales se originan las fuerzas del universo ; creyeron en la generación espontánea y luego se burlaron de ella, y ahora vuelven á creer, y mañana volverán á burlarse; ¡frente á un Pasteur, hay siempre un Pouchet ! 1
Sin embargo, si un simple mortal, como yo, por ejemplo, ó como tantos otros, porque debemos advertir que aún hay simples mortales, se atreve á dudar de un dogma científico