Mis filosofías · Unidad 28 de 56
Unidad 28 · LO OyE SUGIEREN LAS SILLAS 119
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LO OyE SUGIEREN LAS SILLAS 119
« antes de que los sabios repudien este dogma », pierde su reputación.
Á nosotros, los que no somos técnicos, Sus Majestades los sabios no nos designan más papel que el de los borregos de Panurgo.
Solo que á veces el sabio hace las veces de Dindenaut, y se ahoga con los borregos.
El LECTOR. — ¿ Y á qué viene todo esto ?
Yo. — Todo esto no viene « á » nada; pero sí viene « de » algo : viene de que las primeras tibiezas primaverales han echado fuera á las sillas, las cuales se alinean cada día más nutridas y numerosas en el Prado, en Recoletos, en todos los paseos de Madrid. Verlas en su actitud expectante y cuasi discreta, sentarme en la que estaba más á mano y echarme á divagar, todo fué uno.
¿Qué cosa seria se puede pensar en las tras- * humantes sillas de los paseos?
Perdonadme, pues, la digresión, y si os place, tomad asiento á mi lado. Las luces de la ciudad empiezan á salpicar la sombra invasora.
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Las parejas juveniles se acercan más para verse mejor. La eterna quimera canta no sé qué cosas aladas en un piano lejano; como en los versos del duque Job, es « noche de luna y de silencio afuera », y el invencible Deseo, padre de la Especie, recorre paso y leve la penumbra.
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NUESTRO AMIGO EL GRILLO
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NUESTRO AMIGO EL GRILLO
Como una campanita de cristal, se oye por todas partes, cuando llegan las primeras tibiezas del estío, la monótona estridencia del grillo.
Es el grillo real, que se vende, ya suelto, ya en minúsculas jaulas de alambre, de hojadelata ó de bambú.
Es el grillo, canario de los pobres, que con incesante rozar de élitros aduerme inquietudes y arrulla ensueños.
Un poco de lechuga fresca y un poco de calor bastan para alegrarlo. -^
Las largas antenas ascienden y descienden á través de los intersticios de la jaula y los opa-
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eos ojos saltones miran inmóviles, mientras los diáfanos élitros pueblan la siesta y las primeras horas de la nocTie de un cri-crí metálico.
Los japoneses, que son maestros de paciencia y doctores en minuciosidad, han logrado, á fuerza de selección, crear especies de insectos « cantores ».
Claro que esta última palabra sigue significando aquí un frotamiento de élitros, especial de los « ortópteros », pero de timbre tal, que á veces semeja gorgeo.
El grillo en el Japón es casi un « virtuoso ». Sus élitros, afinados por cruzamientos seculares, por selección tenaz, producen sonidos admirablemente cristalinos. I
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Hay otros insectos que imitan los ruidos y vibraciones más diversos. Á uno de ellos, por ejemplo, se le designa con un gracioso nombre