Mis filosofías · Unidad 49 de 56
Unidad 49 · CONSEJOS A ERASMO
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CONSEJOS A ERASMO
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CONSEJOS A ERASMO
Cur moriatur homo cui salvia crescit in borto ? dice una vieja máxima de la Escuela de Salerno.
¿Por qué ha de morir el hombre en cuyo huerto crece la savia?
¿Por qué, añades tú, querido Erasmo, ha de morir el hombre que tiene arterio-esclerosis, desde que existe la arsonvalización ?
¿Por qué ha de sufrir el hombre enfermedades orgánicas desde que vive en Nueva York el doctor Carrel, de origen francés, pero de procedimientos americanos, que en un instante le extrae al paciente el hígado, un riñon, cualquier entraña, y la sustituye con otro órgano
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fresco, depositado en grandes vasijas heladas? ¿ Por qué ha de morir el hombre cuando se curan ya el cáncer y la tuberculosis; cuando se ha hallado una vacuna contra el cólera (que, según Metchnikoff, es más fácil de evitar que los catarros) ? ,
— El hombre muere, respondes, oh Erasmo dilecto, porque se fastidia
— ífPero ignoras, insensato, que hay un doctor francés que con cauterizar las mucosas de la nariz te quita tristezas, melancolías, esplines (así, castellanizado), angustias vagas, aprensiones, etc. ? ,
— ,1 Insistes en que á pesar de eso el hombre se fastidia? I V :v:^
— Pero dime, Erasmo, se fastidia, ¿por
qué? '.. ■ I .,v,ur.. ,.,..;■,...
— Si tiene hartura por ella y por necesitado si tiene necesidad, afirmaban los antiguos. Pero no es cierto, Erasmo. Si tiene hartura, mira tú cuántas maneras hay ahora de. divertirse uno con su dinero : en el mar, las rega-
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tas, la natación, el yatismo ; en tierra el autof:^ móvil y los cien juegos atléticos ; en el aire... las alas, las alas « de fuerte tela continental ». ¿Pues qué, has olvidado, Erasmo, que desde hace algún tiempo volamos?
— (i Y el Polo? — (no me refiero al que se juega en jaquitas, sino al Polo Norte) — ¿ y el Polo, Erasmo? No ves ya venir á la legión de deportistas ricos que van á seguir los nuevos caminos trazados por Peary? ¿No los presientes ya, peludos como antropopitecos, dentro de sus rudas pieles, amigados de esquimales, y contando en el « Boreal Club », de Quebec, de Copenhague ó de Cristianía, sus recorri-
— Mas á los que no tienen dinero, ¿qué recurso les queda? >í?^
— Pero, Erasmo, si justamente los que no tienen dinero son los que han inventado estas i cosas. ¿Pues tenían dinero los Wright? ¿Y lo ha tenido Farman ? ¿ Y Peary, y Cook, y antes Nansen? ¿ Y Bleriot? Fíjate en que todos se han
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popularizado y han crecido merced al entusiasta dinero ajeno.
— I Inventar es difícil !
— No lo creas. Se trata por lo general de una rueda, de un tornillo, de una palanca más... ¿ quién fué en realidad el inventor del aeroplano? Sauvage. ¿Sabes por qué? Porque inventó la hélice... ¿y del automóvil? Fernand Forest porque inventó el motor explosivo.
Y aun suponiendo que tus facultades mentales no te permitan, Erasmo, hallar ese tornillo, ó esa rueda, ó esa palanca, ¿quién te impide lucir los inventos de los demás? Lefebre, el que se mató por dar de pico contra la tierra, no tenía más que veinticinco años y había encontrado ya cierta celebridad y un porvenir asegurado. ¿Por qué? Pues simplemente porque era audaz. En unas cuantas horas aprendió á manejar los biplanos del tipo Wright y eso le bastó y sobró para sentar plaza de aviador.
— ¿Qye por audaz se mató?