Mis filosofías · Unidad 48 de 56
Unidad 48 · EL RESUCITADOR Y EL RESUCITADO 2}í
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EL RESUCITADOR Y EL RESUCITADO 2}í
I « Por un gato. . . . . . . 15 Pesetas
« Por un perro 20 —
« Por niños menores de diez años. 50 — « Por niños mayores de diez años '
y menores de dieciocho . . 80 — « Por jóvenes de ambos sexos de c; r^ 18 años á 30 años. . . . 100 — ^ « Por señoras y caballeros de
treinta á cuarenta años. . . 200 — « De cuarenta años en adelante
precios convencionales. » vr V^ ^
rt , . ^*"* ^* Lázaro, 3
X Teléfono n' 333.
« Servicios inmediatos á cualquier hora del día ó de la noche. »
^ « DISCRECIÓN ABSOLUTA. ♦:>■ ,
EL PACIENTE, ifónico. — Perfectamente; de suerte que yo, como mayor de treinta y menor de cuarenta, tendré que pagarle á usted doscientas pesetas. ^^
EL RESUCITADOR, sotiHenté. — Sí, señor. ;
EL PACIENTE. — Pucs está usted lucido...
EL RESUCITADOR. — ¿Por qué, si usted gusta? V
EL PACIENTE. — Porque me he suicidado... por deudas. ¿Comprende usted? ■:
»3a MIS FILOSOFÍAS
EL RESuciTADOR. — ¡Oh! yo no soy un acreedor exigente. Ya me pagará usted. Si todo mi dinero estuviera tan seguro como
EL PACIENTE. — Pues no veo la tal seguridad. I - '"V:l\ -"
EL RESUCITADOR. — Yo, SÍ
EL PACIENTE. — Yo no, porque ha de saber usted, que esta misma noche volveré á suicidarme. '
EL RESUCITADOR. — Perfectamente... jY yo le resucitaré de nuevo mañana ! j
EL PACIENTE, indignado. — Pero, ¡ eso'es un abuso! I
EL RESUCITADOR. — Fuerza es que recobre mi dinero... Repito una vez más que soy un resucitador honrado. A haber sabido que usted era un suicida, no lo resucito ; pero, puesto que, por error de los que me llamaron, he venido y he hecho funcionar mi máquina, empleando una hora de mi tiempo, justo es que usted' me' pague... (Tengo^ familia... mujer y
' # EL RESUCITADOR Y EL RESUCITADO • Hp-
seis hijos 1 uno de ellos resucitado... ya vé usted mi honradez... pude dejarle muerto : era una boca menos; pues no, señor, le resucité... ¡Creí que era mi deber!... Pero decíamos que si usted me paga, podrá suicidarse de nuevo tranquilamente. Soy el solo concesionario en este país para la explotación del invento, como he tenido el honor de decírselo á usted, y nadie vendrá á molestarle con una nueva resurrección... Dormirá usted definitivamente... en paz. En cambio, si usted me queda á deber esas 200 pesetas, me veré precisado á resucitarle cada vez que se suicide... ¿se entera usted?... Es desagradable esto que le digo, nada hay más fastidioso que una resurrección... pero no puedo hacer otra cosa... ¿Se entera usted?
EL PACIENTE, Comprendiendo los inconvenientes de la situación. — Sí, ya me entero, ya me entero... Esta misma tarde tendrá usted sus doscientas pesetas. Puede usted traerme la factura... Lo aguardo hasta las seis ó las siete...
No olvide que por la noche repetiré mi tentativa de asfixia...
EL REsuciTADOR. — ¡ Entendido ! No le haré esperar... ¡Ya sabía yo que nos arreglaríamos!
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