Mis filosofías · Unidad 55 de 56

Unidad 55 · DE LA CORRECCIÓN QUE DEBEMOS... 271

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DE LA CORRECCIÓN QUE DEBEMOS... 271

Los fantasmas son muy sensibles á estas muestras de deferencia.

En general responden con esquisita finura ; exponen brevemente sus necesidades, ó bien sus deseos, y desaparecen. No le quitan el tiempo á nadie, porque comprenden su valor. En el otro lado de la muerte, señor Méndez, también el time is money, pero no vil moneda^, de 21 quilates ó de diez dineros 20 granos, sino moneda de perfeccionamiento y de amor... ;

Suele suceder, sin embargo, prosiguió el profesor después de una pausa, que el esfuerzo del fantasma no le basta para reproducir la voz humana ; más aún, que no es suficiente ni siquiera para que la materialización dure mientras se conversa, y en pleno diálogo ó en plena aparición el espectro se disuelve ó desvanece. En este caso, señor Campomanes, ¿ cuál debe ser nuestra actitud?

— Ninguna, señor profesor, puesto que el muerto se ha ido.

— El muerto no se ha ido, señor Campo-

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272 MIS FILOSOFÍAS

manes : él muerto está alli. ¿ entiende usted i Está allí. Solo que ya no le vemos porque nc pudo llevar adelante su esfuerzo de condensación de la materia. En este caso, debemos seguir dirigiéndonos al sitio desde donde se nos mostró y ofrecerle nuestros servicios. Podemos decirle, por ejemplo : ' ^$^. — Si ya no le es á usted dable materializarse, caballero (repito que son muy sensibles á las buelias palabras), recurra usted á mi mano : ves usted : cojo un lápiz, papel... Dícteme usted... yí; Mueva usted mi diestra.

Si ni aun esto pudiere hacer el fantasma, ofrezcámosle nuestro futuro sueño.

— Esta noche, digámosle, cuando mi alma se desate de las ligaduras carnales, me pongo á la disposición de usted para que se sirva insinuarme lo que guste. Estoy por completo á sus órdenes. ,

He aquí, Méndez, he aquí, Campomanes, la actitud de todo hombre correcto, ante un fantasma : actitud por alto extremo meritoria.

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E\ hecho de que la muerte nos vuelva invisible á un amigo, á un hermano, á un prójimo, no nos faculta para ser bruscos, despectivos ó ligeros. ¿Pues qué, un ciego, porque no nos ve, deja de saludarnos en cuanto se da cuenta de nuestra presencia? Y nosotros, amigos míos, Méndez, Campomanes, Cajiga... ¿ qué somos sino unos pobres ciegos ante el Misterio ?

Los muertos no son los ausentes, sino los invisibles, creo que dijo Víctor Hugo. Seamos, pues, corteses para con ellos. Los ciegos generalmente son corteses. ¡Seamos siquiera como los ciegos!

Y basta de clase por ahora, concluyó el profesor levantándose.

Nuestra próxima conferencia versará sobre la manera de distinguir á los fantasmas serios de los otros... porque, amigos míos : Cajiga, Campomanes, Méndez, hay fantasmas y fantasmas...

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