Mis filosofías · Unidad 54 de 56

Unidad 54 · ¿TIENE USTED TALENTO? • 263

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¿TIENE USTED TALENTO? • 263

..... Solo que entonces no soy yo. ¡ Son el océano y el cielo azul y las estrellas y la misteriosa mansedumbre de la tarde, los que tienen talento!

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DE LA CORRECCIÓN QUE DEBEMOS

OBSERVAR EN NUESTRA ACTITUD

PARA CON LOS FANTASMAS

DE LA CORRECCIÓN QUE DEBEMOS

OBSERVAR EN NUESTRA ACTITUD

PARA CON LOS FANTASMAS

Llegamos — dijo el profesor de psiquismo al abrir la clase — á uno de los puntos más importantes de lo que pudiéramos llamar nuestro curso de misterio :

— ¿ Qué actitud debemos observar ante un fantasma?

Hace algún tiempo — siguió diciendo — las apariciones eran de tal suerte excepcionales, que no valía la pena pensar en ellas.

Las mujeres, ya se sabe, sufrían al verlaÉ un ataque de nervios. Los hombres echaban á correr.... á menos que tuviesen un valor á toda prueba. .f,

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268 MIS FILOSOFÍAS

« Tiene más valor que el que le habla á un muerto », se decía. 1

í Pero rarísima vez, encontraban las mujeres esta ocasión de desmayarse y los hombres de huir. Los fantasmas venían poco á mezclarse á nuestra vida.

Las circunstancias, en los últimos años, han '1'^ cambiado totalmente. I

La humanidad — ciertas clases sociales, en especial — se afina. Nuestros sentidos se aguzan. Hay ya resquicios entre la sombra, á través de los cuales adivinamos la cuarta dimen- ; sión... i

La eventualidad de topar con un fantasma puede ocurrir á todo el mundo. Conviene, por tanto, meditar nuestra actitud. 1

— Usted Méndez, — interrogó el profesor dirigiéndose á uno de los alumnos — ¿qué haría si viese un fantasma? 1

— ¡ Echar á correr, señor ! I

— Haría usted muy mal, Méndez. Cometería .^ usted una imperdonable falta de cortesía. 4 Pues

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qué (exclamó, animándose el profesor), si un caballero, si un hombre cualquiera pretendiese hablar á usted le volvería usted repentinamente la espalda ? ; ^ — No, señor.

— Pues entonces ¿por qué adopta usted tal actitud con el fantasma, Méndez?

— Un fantasma no es un hombre, señor profesor.

— Un fantasma es más que un hombre, señor Méndez

Pero continúo : cuando un fantasma se presenta, hay que considerar desde luego esto : que ha hecho un indecible esfuerzo á fin de materializarse ; que tal esfuerzo obedece á un vivo deseo de pedir ayuda (ó quizá de darla); que para lograr tal ayuda el fantasma busca un hombre civilizado

Ahora bien, imagine usted que este hombre civilizado echa á correr., sin darse cuenta del esfuerzo enorme realizado por el fantasma con el único objecto de hablarle.... ¡ Qué decep-

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ción ! ¡ qué tristeza para el aparecido ! ¡ qué concepto se formará de usted, Méndez!

En Estados Unidos y en Inglaterra, en esos dos paises que hemos convenido en llamar civilizados, nadie comete con un fantasma tamaña descortesía |

La buena crianza inglesa, sobre todo, procede en estos casos con finuras y delicadezas poco comunes.

Un inglés — favorecido por la aparición de un fantasma (sí, señor Méndez, no sonría usted : he dicho favorecido y he dicho la verdad ; una aparición es siempre una distinción. Los fantasmas no se aparecen á cualquier quídam, á cualquier Nobody fo no where, como diría el mismo inglés). '

Un inglés favorecido por la aparición de un fantasma — repito — , se dirije á este con gran comedimiento y le dice :

— ¿ Qj-ie desea usted gentleman ? ¿ en qué puedo servirle?