Mis memorias diplomáticas, misión ante el gobierno del Brasil · Capítulo real 2 de 3

CAPITULO III

Texto completo de esta unidad literaria, reunido aunque el lector la divida en 86 tramos técnicos para mejorar el rendimiento.

CAPITULO III

EL FRACASO DE LA NEGOCIACIÓN

El resultado de la negociación secreta, en el momento mismo en qne aparecía como un brlHante éxito, para usar las palabras del señor general Mitre, se tomó en un súbito fracaso. 4 Cuáles fueron las causas de este brusco cambio f 4 Qué razones influyeron en ello? Documento en mano trataré de historiarlas diversas incidencias que explican ese resultado, para que cada cual cargue con sus respectivas responsabilidades.

Antes de embarcarme, conferencié con el general Roca en su casa particular, y de él recibí directamente sus últimas instrucciones ; prefería que se pactase la división del territorio en cuestión y se prescindiese de indemnizaciones y arbitramentos, y como él era el jefe del estado, éste era el propósito con que volví á Río.

Desde Río de Janeiro escribí al ministro Ortiz : «Llegué el día 15 (enero de 1885) y ese mismo día fui al ministerio de negocios extranjeros, donde estuve con el señor barón de Cabo Frío, que al día siguiente me devolvió la visita. Por la noche visité al presidente del consejo de

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ministros, quien quedó muy complacido por la rapidez de mi regreso. Me ha dicho que em])ezaremos nuestras conferencias en la semana próxima, de todo lo cual le instruiré en la forma a(;ordada. El mismo consejero Dantas se ha hecho cargo de la cartera de negocios extranjeros, y eso facilitará aún más mi cometido. Me aseguró dicho señor que en la contestación á mi telegrama de primero de año, me manifestaba el deseo de mi pronto regreso. Tal respuesta no he recibido, y ayer recibí una carta del presidente del consejo, con el informe del telegrafista de haberse expedido el dicho telegrama el 2 del corriente ». El 21 del mismo mes, escribía al ministro doctor Ortiz: « Los diarios de esta capital (Río de Janeiro) publicaron hace días la situación impopular del ministro López ííetto, en Chile, con motivo de los fallos arbitrales, y agregaba la Oazeta de Noticias que el proceder de López Netto era apoyado i>or el cuerpo diplomático en aquel país, y aquí por S. M. Sea de ello lo que fuere, el hecho es que tales publicaciones parecían revelar una situación tirante entre los dos gabinetes. Llega entretanto el Blatwo Encalada, de la marina chilena, y se aprovecha de esta circunstancia para hacer una demostración inusitada, dando ayer una matinée dansante á bordo del Eiuchueh para brindar en nombre de la marina brasilera por la unión chilena. Tal demostración no se hizo con la corbeta Argentina. Creo que es una manifestación política, á fin de tranquilizarlos ánimos por las noticias del procedimiento del ministro López Netto. Esto no es hecho sin acuerdo supremo. En política exterior todo es consultado con el emperador. Espero se me señale el viernes para la primera conferencia y

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debo prevenirle que el sábado vendrá el emperador, pero eiítoy seguro de no recibir ninguna respuesta decisiva sin antes consultarlo. Sobre las bases aquellas, es S. M. quien resistía, puesto que el gabinete las aceptaba, como también la mayoría del consejo de estado, según me lo ha manifestado un consejero en intimidad. Es poderosísimo el obstáculo, mas, con la idea de transacción directa, tal vez pueda modificarse aquella tirantez. Le anticipo estas noticias que son meramente informativas. Ayer estuvieron á visitarme varias personas, entre otras, el consejero Sinimbú, quien me dijo... : « Si fuese jefe del gabinete, la cuestión estaba arreglada. » Aunque liberal, es opositor al actual ministerio » (1). Al regresar á Eío de Janeiro di aviso oficial al ministerio, recibiendo esta respuesta :

ExcelentÍ8s^ítno metí caro amigo senhor doctor Quesada,

Regressei hontem de Friburgo y amanha, no meio dia, estarei as suas ordems na secreteria dos estrangeiros.

Con muita estima^áo e distinta considera^áo de vuecencia exlentissima, amigo affettis«imo e obsecuente servidor

Jf. P. de Souza Dantas (2). La siguiente carta da cuenta de la primera conferencia.

(1) Archivo del miniBterio de relaciones exteriores. El plenipotenciario Quesada al ministro Ortiz, Río de Janeiro, 21 de enero de 1885.

(2) Archivo en San Rodolfo. El ministro de negocios extranjeros concejero Dantas al plenipotenciario argentino, Río de Janeiro, 22 de enero de 1885.

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(B««ervada)

Ayer me escribió el señor presidente del consejo señalándome el día de hoy, á mediodía, para conferenciar en el ministerio de negocios extraiyeros. Le contesté qae iría á la hora indicada.

En efecto, tnvo lugar boy la primera conferencia, que se convino fuese en carácter privado, de la cual redacté el protocolo que acompaño, después de ser revisado por el señor barón de Cabo Frío, presente en aquel acto.

He creído necesario insistir en las bases que V. E. conoce, de acuerdo con las instrucciones, y propuse que, si fuesen aceptadas, modificaría el artículo 1® substituyéndolo por una transacción directa, si las otras dos bases fuesen aceptadas.

Procedí así, porque sabía que S. M. bacía oposición á todo, á pesar de la opinión del consejo de estado, cuya mayoría aceptó mi plan. He creído conveniente no ceder desde el principio, sin tener la certidumbre de que acepten el artículo 1^ modificado como V. E. lo indica. Si no lo aceptan, conviene que quede nuestro derecho explícitamente reservado. S. M. tiene ideas exageradas, alguien espera que tal vez cambie con la transacción que V. E. ha indicado ; pero él teme herir las preocupacionea brasileras que hacen de esta cuestión, cuestión de defensa de fronteras.

Se inclinan por lo que he indicado, á la propuesta hecha á V. E., que importa ganar tiempo para colocar mañana nuevamente la cuestión en el terreno en que se encuentra hoy. He exigido no perder tiempo y por eso se ha señalado el martes á las doce para una segunda conferencia, que será después de oir á S. M. Se me preguntó si la línea divisoria sería trazada de este á oeste ó de sur á norte, y dije que no podía responder sin consultar á mi gobierno.

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Nada puedo inducir, 8ÓIo sé que todo depende de la manera cómo el emperador aprecie la nueva indicación. Sóbrelos demás tópicos, las respuestas las tendré oportunamente. Exigirlas en el acto como tenía derecho, hubiera sido poner en peligro el resultado, desde que este ministro no se separa de la opinión de S. M. De modo que hasta ahora lo que desean es la aceptación del estudio propuesto á V. E. En una palabra, ganar tiempo. El martes sabré lo que piensan, y si es posible arribar ó no á un arreglo.

Creo que se perdió un momento oportuno con mi viaje imprevisor, y que ahora se hacen más reservados, ó no sé como apreciar las cosas. El presidente del consejo abunda en protestas amistosas, pero yo exijo hechos y la i-espuesta no puede eludirdirse. No hacen inconveniente á este ó aquel punto, es al conjunto : es el temor de resolver la cuestión. Creo que se sienten medrosos por la preocupación que ya insinué.

Di á ent-ender entonces que no habría transacción, si quieren que la frontera sea en los ríos que el Brasil pretende, puesto que sería una imposición y no un arreglo. Expuse que la estrategia no justifica esa imposición, porque no hay tal peligro en el trazo de una divisoria equitativa.

Es todo cuanto por ahora debo y puedo informar á V. E. No va el protocolo firmado, porque no se me ha devuelto adicionado ó con la conformidad. Para no demorar sin embargo el informar á V. E. envío la presente y en la primera oportunidad remitiré el documento á que me refiero (1) .

Procedía con suma cautela, y mientras no obtuviese resultado, quise prudentemente hacer entender al doctor

(1) Archivo en San Rodolfo. El pUnipotenoiario Quesada al ministro de relaciones exteriores, Río de Janeiro 25 de enero de 1885.

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Ortiz que insistía en que la negociación se terminaseen Buenos Aires ; pero habíamos convenido con el barón de Cabo Frío que el tratado, si se llegaba á realizar, sería firmado en Río de Janeiro, como lo deseaba él y el consejero Dantas, y yo mismo, porque si mío era el trabajo, justo era que mi firma fuese la comprobación de mis servicios. En cuanto al doctor Ortiz, prescindía de él por las razones ya expuestas.

He aquí, ahora, el referido proyecto de protocolo :

Río de Janeiro, 23 de enero do 1883.

El ministro argentino expuso : que, de aciierdo con el deseo * manifestado por el excelentísimo señor presidente del consejo, al despedirse para Buenos Aires, se había demorado allí pocos días, y volvía para continuar la negociación privada que se hallaba pendiente ; que juzgaba que había llegado el caso de obtener la respuesta prometida confidencialmente, sobre las bases particularmente formuladas ; que esas bases comprendían tres puntos : 1° estudio de una línea divisoria conveniente, sometida á la aprobación de ambos gobiernos } 2^ someter á la decisión arbitral todas las cuestiones que una y otra parte contratante tuvieren relativas al dominio territorial, al sólo objeto de indemnizarse ; 3" convenir para el pago de la« indemnizaciones por las cesiones territoriales que recíprocamente pudieran hacerse, sin alterar la línea divisoria que fuese aprobada. Que si estas tres bases fuesen aceptadas, él adelantaría, mb conditione, lo estipulado en el artículo 1<>, substituyéndolo por una transac ción definitiva, (jue divida el territorio entre los cuatro ríos por partes proporcionalmente iguales ; pero que tal propuesta quedaría de fado insubsistente, sino fuesen aceptadas las estiX)ulaciones 2* y 3* de los proyectos.

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El excelentísimo señor presidente del consejo abundó en deseos de arribar á un arreglo conveniente, que esperaba realizar ; qne, aun cuando concordaba en que esta negociación tuviera, por ahora, carácter privado y confidencial, sin embargo pedía el término necesario para consultar al gabinete sobre la modificación indicada condicionalmente, fijando el martes próximo á mediodía para dar una contestación. Preguntó si la línea divisoria se trazaría de sur á noi-te ó de este á oeste.

El señor ministro argentino respondió : que respecto al trazo de la línea, consultaría previamente á su gobierno j que debía declarar que el gobierno argentino entendía y pedía que constase, que la presente negociación confidencial no intenumpe ni traba la maix;ha de la negociación oficial, iniciada y seguida en Buenos Aires, donde juzgaba su gobierno debía terminarse ésta, en caso de solución favorable.

El excelentísimo señor presidente del consejo declaró: ser exacto que el doctor Quesada manifestó siempre que la negociación confidencial era difei-ente de la oficial, á lo que asintió el gobierno imperial ; que esta negociación, en todo caso, debía continuarse aquí, y, si se llegaba á algún resultado, aquí se debería dar forma oficial al pensamiento, según creía tener derecho el gobierno imperial, cuyos fundamentos expondría con más detención en oportunidad.

£1 ministro argentino expuso : que, en cuanto á la última parte de lo manifestado por el señor presidente del consejo, ya había expresado la opinión de su gobierno, la que desarrollaría oportunamente, pero que, por ahora, no creía conveniente insistir ; que al adelantar la proposición contenida en el artículo I® quería dar una prueba de la lealtad sincera con que procede su gobierno, deseoso de poner término definitivo á las cuestiones de límites ; que el presidente de la república piensa que arreglar esta cuestión significa iniciar una nueva política que ar-

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monice los intereses de las dos naciones y estreche la amistad qae cnltivan, separándose de las rivalidades y desconfianzas de la época colonial. Qne creía innecesario^ por ahora, insistir sobre los pnntos qne había tratado antes.

£1 excelentísimo señor presidente del consejo abundó en iguales sentimientos, declarando que, por su parte, haría cnanto fuese posible para arribar á una solución amistosa y permanente.

Se convino en que la presente negociación tuviese un carácter reservado y privado, y que sólo se dieía forma oficial una vez que concordasen en ana solución (1) .

Esta redacción no fué aprobada y entonces se redactaron los borradores que reproduzco bajo los números 10 y 2^

He aquí la primera variante :

£1 ministro argentino expresó : qne la exposición que el señor presidente del consejo acaba de hacer, le obliga á recordar los antecedentes de la pi-esente negociación privada, para establecer la verdad y poner á cubierto su reputación ; que el señor barón de Cabo Frío, de acuerdo con el ministro de los negocios extranjeros, consejero Soares Brandáo, le presentó las bases que dieron comienzo escrito á esta negociación, habiendo entonces declarado el infrascripto que no tenía autorización de su gobierno para ocuparse de la cuestión de límites ; que la discusión estaba radicada ante el gabinete de Buenos Aires, pero que, si privadamente concordaban en una solución, él la presentaría á su gobierno é informaría personalmente, si fuese preciso 'f que quedaba de facto establecido que esta negociación

(I) Archivo en San Rodolfo. Copia oficial, debidamente legalizada.

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privada no englobaba ni podía englobar la negociación oficial, y qne insiste en este punto por ser fundamental } que posteriormente, habiendo solicitado y obtenido confidencialmente del señor ministro de relaciones exteriores autorización para indagar si era posible hallar un medio que resolviese la cuestión pendiente, para que, una vez encontrado, dar cuenta al gobierno, así lo había manifestado al señor ministro de relaciones exteriores ; que el gobierno imperial, para contestar oficialmente sobre aquellas bases y contraproyecto que el infrascripto presentó privadamente, convocó al consejo de estado, como el actual presidente del consejo se lo manifestó confidencialmente ; que después se le dyo que la respuesta se daría una vez que se hubiera contestado al memorándum argentino, y que, habiéndose contestado, tavo necesidad de ausentarse á Buenos Aires y al despedirse del señor presidente del consejo, le pidió éste demorase cinco días para darle la contestación prometida, por estar ya llenada la condición de responder al memorándum ; que no siéndole posible, el señor presidente tuvo la bondad de pedirle regresara pronto para continuar la negociación comenzada, que no era ni podía ser la que se hallaba pendiente ante el gabinete de Buenos Aires ; que el señor presidente del consejo tuvo la deferencia de ir á su casa y, en carácter muy reservado y confidencial, le comunicó la propuesta que hacía el ministerio, agregando que eso no obstaba para continuar la negociación confidencial j que el que subscribe expuso que, aun aceptado ese estudio, no era ni podía ser un inconveniente para la continuación de la negociación confidencial; de lo que claramente resultaba que, en ese momento, el gabinete no entendía que esa propuesta cerrase «I camino á la negociación de que trata ; que si ese hubiera sido BU pensamiento, no podía explicarse cómo el señor presidente del consejo instase al que subscribe demorase cinco días para obtener la respuesta de las bases á que ha heeho referen -

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cia, y no pudíendo quedarse le pidiera su pronto regreso, como se sirvió hacerlo decir también al ministro de relaciones exterioi-es y al señor presidente de la república, por intermedio del señor Alendar; que no pudiendo, por lo expuesto, suponerse que fuese posible confundir ambas negociaciones, encontraba que la contestación que el señor presidente del consejo le transmitía, cerrando la discusión, pudo habérsele dicho al partir en vez de instarle por su pronto regreso ; que consideró innecesario establecer que la modificación que propuso quedaría defacto insubsistente, como quedaban las demás bases ; que no alcanzando á comprender los móviles que ahora hicieran cerrar la discusión, cuando la cuestión era la misma antes de su viaje, causábale sorpresa el que se le hubiera inducido á regi-esarcon brevedad y ese deseo se comunicara á su gobierno ; que por su parte daba por cerrado este incidente...

La segunda variante decía así :

El ministro argentino, después de oir la exposición del señor presidente del consejo, le pidió permiso para hacer alguna observación, á pesar de haber por su parte cerrado ya el debate, pero lo hace porque es indispensable exponer con claridad la verdad : primeramente, el ministro argentino no ha insistido para obtener una respuesta á las bases escritas y contraproyecto, sino vino á conocer la reiterada promesa de una respuesta confidencial sobre ella ; segundo, que es la primera vez que el señor presidente del consejo emite francamente la idea que la proposición oficial substituyó á las bases confidenciales, pues se pennite recordar al señor presidente del consejo que él concordó con el ministro argentino en que ambas proposiciones no se excluían, y que podía continuar la negociación confidencial ; que quizás en el cúmulo de quehaceres, S. E. ha olvidado lo

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explícito que fueron ambos á este respecto ; que, en cuanto á las bases escritas por el señor barón de Cabo Frío, de acuerdo con el señor ex ministro y consejero Soares Brandáo, debe decir que, antes de esas bases escritas, sólo hubo entre el doctor Quesada y el señor consejero barón de Cabo Frío, conversaciones particulares, y que se reproduce en lo que antes expuso sobre este particular : la propuesta confidencial escrita no fué iniciada por el ministro argentino, aunque contenga su pensamiento, y la prueba es que presentó las modificaciones del contraproyecto j que se permite recordar una vez más al señor presidente del consejo, que tanto S. E. como el señor ex ministro consejero Matta Machado, dijéronle que el consejo de estado pleno sería consultado sobre la negociación particular, como ya lo habíasido sobre este tópico la sección de los negocios extranjeros del mismo consejo, y que insiste en esta parte porque no se trataba de la cuestión de límites en general, sino concretada Á la negociación confidencial, pues las conferencias, muy amistosas entonces, el ministro las escribía y sobre ella tiene plena certidumbre ; que respecto de la instancia que el señor presidente del consejo le hizo para no demorarse, se permite recordar á S. £. que fué en casa del señor presidente del consejo donde tuvo lugar esa conversación, y que en esa fecha aun no se había redactado la proposición que debía hacei^se, puesto que lo ñié con posterioridad, de manem que hay error en decir que el ministro argentino ya estaba informado : fué después que el señor presidente del consejo tuvo la benevolencia de ir personalmente á casa del ministro y allí le dio conocimiento de la proposición y ambos concordaron en que esa proposición no excluiría la negociación confidencial, y espera que así lo recuerde el señor presidente del consejo, sin necesidad de entrar en otros detalles de aquella conversación : de modo que, concordando en el alcance de la propuesta, ofreció volver pronto para

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contínuar la negociación confidencial ; qne hechas estas observaciones no debe referirse al propósito ni á la intención del gobierno imperial de traer aquí la negociación oficial, porqne la vez primera que, en la primera conferencia, lo oyó decir al señor presidente del consejo el ministro argentino le declaró qne, por su parte, nunca prohijaría esa sostitución ; por lo demás, el ministro tuvo siempre el mayor placer en tratar con tan cumplidos caballeros, como las distinguidas personas que han intervenido en esta negociación confidencial y amistosa (1).

Escribía, en carta reservada, de mi puño y letra al ministro Ortiz, lo siguiente : « El telegrama cifrado que hice anoche á Y. E. y que se transmitirá hoy, habrá ya informado á Y. E. de la contestación que me dio el emperador, pidiéndome la transmitiera al señor presidente. La importancia del hecho, y lo inusitado de la forma, me obligan á entrar en detalles. Ayer sábado, día en que S. M. recibe á cuantos quieren verle, fui á San Cristóbal á saludarlo después de mi llegada. Era una simple visita de cortesía. Cuando S. M. me vio, me hizo señas para que me aproximase. Me saludó con las fórmulas de estilo, preguntándome por el país, por mis hijos, por el vi^e, agregando que yo había vuelto muy pronto. — Dyele: « al partir prometí al señor presidente del consejo regresar en breves días. He cumplido mi compromiso, puesto que apenas estuve once días en mi país. Y. M. recordará que el presidente del consejo, al despedirme, me pidió me demorase aquí cuatro ó cinco días, á ñn de darme una respuesta sobre el negocio pendiente, y que, no siéndome posible, solicitó mi

(I) Archivo eu San Rodolfo. Copias citadas.

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pronto regreso; cayo deseo expresó además ahí el ministro Alen9ar á Y. M. y al presidente». — «Hoy nos hemos ocupado de V. con el senador Dantas», dijo S. M. — «Ojalá sea para arribar á un arreglo definitivo », le respondí. — « Por ahora no hay otra cosa que hacer sino aceptar la propuesta brasilera, que es la que satisface la opinión de este país, y un antecedente necesario para tratar la cuestión, pues desde la época colonial no 8€ ha estudiado el terreno, y conviene verificar ese estudio. Así dígalo al señor presidente ». — « Creí que era más práctico una transacción, que zanje ya las dificultades, porque ese estudio dará por resultado que los brasileros sostengan las pretensiones portuguesas y los argentinos las españolas; y quedaríamos después de tres años, que es lo menos para ese estudio, en el estado en que nos encontramos hoy », dije yo. — « Ko, replicó, los brasileros buscarán la verdad » y, elevando un poco la voz : « No hay sino aceptar la propuesta brasilera, que es la que satisface la opinión de este país». Me habló inmediatamente de los peligros de que la prensa se entrometiese en la discusión y la necesidad de ser sincera. — Yo agregué : « Es inútil discutir con V. M., pero, sin que prejuzgue sobre el estudio propuesto, creó prudente buscar una solución más inmediata ». El emperador no discute, habla y no espera la réplica.— Me recordó el caso del alemán... y agregó: «el ministro de relaciones exteriores dijo que lo habían destituido como una deferencia al pedido de Alen§ar, y fué por no estar el empleo en el presupuesto». — «Permítame V. M. que le observe que ese empleado no es del ministerio de relaciones exteriores, y que el hecho es que se de-

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moBtró buena voluntad por el gobierno, mientras que, según documentos brasileros, ha resultado falso el hecho del cambio de banderas, que jamás han existido en aquellos parajes ^. — « ¡ Bueno! ¡bueno! pero necesitamos entente cordiaU, no como la Francia y la Inglaterra, sino leal y franca: así lo deseo. Y ^ Yd. ? » — « No, no, le repliqué. — «Entonces venga á verme cuando quiera, ya sabe...» y me acompañó algunos pasos. Le di las gracias y me retiré. «Refiero casi textual lo que pasó: Y. E., por mi carta de ayer, sabía lo sucedido en mi primera conferencia con el presidente del consejo, cuya respuesta debía dárseme el lunes, es decir, mañana, i Por qué se ha anticipado S. M.f ¿Qué causas ó motivos han hecho cambiar la manera de pensar en el gabinete? Si allí manifestó oficialmente el ministro del Brasil que el presidente del consejo deseaba mi pronto regreso á fin de continuar la negociación confidencial pendiente, que en nada modificaba la oficial, paréceme lógico suponer que no debía ser para dárseme por respuesta la que anoche me ha dado S. M. Si sólo acepta el gabinete el estudio previo de los cuatro ríos y del terreno entre ellos comprendido, ¿que razón había para indicar el deseo de que volviese pronto I La respuesta á aquella proposición hecha al ministerio de Buenos Aires debía obtenerse allí, donde estaba pendiente y radicada la discusión oficial. De manera que la resolución indeclinable del emperador, que será la que el gabinete prohije, no se explica con los antecedentes del negocio, y podría inducir que causas supervenientes han modificado la intención y los propósitos que tenía el presidente del consejo, al manifestar deseo de continuar la

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negociación confidencial, que, podría decirse, complementa la proposición brasilera y la haoía práctica. Aun no se me ha devuelto el protocolo de la primera conferencia, que reclamaré mañana. Ahora bien, resulta que no habiendo yo retirado el artículo 2** y 3°, quedan íntegras nuestras pretensiones y derechos. A fin de que V. E. sepa que, reiterados, basta que le comunique que confidencialmente y como juicio particular, lo había dicho yo al presidente del consejo : « el gobierno argentino no hace cuestión de dinero y como aquel pueblo es generoso y noble, tal vez arreglada la cuestión principal renuncie hasta el arbitraje ; pero esta es una hipótesis mía». Esto mismo lo había transmitido á 8. M., y no por eso ha modificado la actitud decidida que él ha tomado, tanto más cuanto que estoy informado de que la mayoría del consejo de estado aceptaba mi solución. Ahora bien: ¿qué se propone con ese estudio previo, una vez que rehusan la división por mitad del territorio comprendido dentro de los cuatro ríos? !N^ecesario es recurrir á la hipótesis: obtener que la comisión científica reconozca que los ríos son los que los portugueses pretendían, y desde luego reclamar todo el territorio; aquí dicen son mil seiscientas leguas y no ochocientas, como allá lo creen. Colocada la cuestión en este terreno, se deduce que el estudio previo es para resolver en ese sentido la cuestión. Pero |si ftiese el resultado favorable á los antiguos reconocimientos y exploraciones españolas! Besponderán que la estrategia se comi)romete, porque se haría en aquella frontera una cuña que amenaza la seguridad del imperio, y, bajo otro aspecto, tratarán de obtener qne tal territorio se divida ó se ceda. Se llega, pues, á

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este resultado: quieren por todos los caminos regularizar en esta parte la frontera, y, en vez de hacerlo con franqueza y lealtad, ocurren ahora al arbitro propuesto. Por eso tal vez diría S. M.: « que era lo que satisfacía la opinión brasilera ». Á pesar de todo, como esta cuestión es grave, y como es bueno ponerse á cubierto de las acechanzas codiciosas, me parece que lo indispensable, por ahora, es alejar la guerra. 4 De qué manera? Dada la situación, no veo sino ir al reconocimiento, al estudio propuesto, previas declaraciones protocolizadas sobre el alcance y objeto práctico del estudio, si es para transigir 6 para resolver según el resultado. Entonces la negociación se trataría allí sobre este tópico, porque será la base que buscan para la solución futura. íío se puede ir con los ojos cerrados, creyendo en los compromisos, en las promesas y la palabra empeñada. Necesario es ponerse en guardia, y calcular cuál será el nuevo terreno en que, después de tres años, volverá sobre el tapete la cuestión. Esto, en el caso que las comisiones no se peleen y hagan imposible el estudio propuc^x). En cuanto á mí, personalmente, quedan en posición desairada los que me prometían entrar al fondo de la cuestión para buscar una solución inmediata, todos los cuales son arrastrados hoy por la voluntad imperiosa de S. M., que no cede. Yo tampoco tendría confianza en promesas. En cuanto á la materia discutida, le daré las formas del caso y pasaré á V. E. nn informe detallado, en el que expondré lo sucedido. Á pesar de haberme faltado, insisto en creer que es necesario la mayor pnidencia, más : dormir con un ojo abierto, como algunas veces lo he dicho. La inesperada resolución que

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comunico, dada con rapidez poco usada aquí y por el mismo emi>erador, previene y aconseja cautela. ¿No habrán influido, en algo, informes posibles del conde d'Eu ! ¿Las demostraciones hechas al Blanco Encalada por el jefe de la escuadra brasilera no tendrán ahora alguna explicación t ¿El arreglo de la navegación de la Laguna Merim, no será un gaje para la república del Uruguay, cuya amistad cortejan! En fin, yo no debo entrar en el terreno peligroso de la hipótesis. Quizás la sorpresa con que quedo, después de tantas seguridades morales que formaron mi criterio, y que expuse al gobierno durante mi permanencia aUí; tal vez todo ello, me hace juzgar más grave la respuesta. Más quiero dar á V. E. hasta mis impresiones del momento» (1).

Imnediatamente de lo sucedido había hecho este telegrama al ministro de relaciones exteriores :

Río, 24 de enero de 1885. Señor ministro :

Acaba de decirme S. M. que no hay otra solución sino el reconocimiento propuesto por el Brasil de los cuatro ríos, porque eso únicamente satisface la opinión pública del imperio ; que mientras tal estudio no se realiza no conviene ocuparse del fondo del asunto } que así lo hiciera saber al señor presidente, de quien me hizo elogios.

Está pendiente para el martes la contestación del ministerio , W ya innecesaria. Explicaciones las daré por nota á V. E., «i no prefiere que el secretario vaya como correo de gabinete.

(1) Archivo del ministerio de relaciones exteriores. El plenipoien- ^'wrio Quesada al ministro Ortiz. Río de Janeiro, 25 de enero de 1885.

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Ya no había objeto en guardar secreto con el secretario de la legación, que lo era entonces don Carlos María Ocantos.

Puede juzgarse de mi actividad por las fechas de mi correspondencia ; trabajé siempre sin temer la fatiga. Esa misma noche vino el secretario y cifró y se expidió el anterior telegrama, y yo redacté la extensa nota informativa y reservada que he reproducido, narrando mi entre\Í8ta con el emperador.

El ministro Ortiz me respondió en 2 de febrero del mismo ano : « Por su reservada de 25 del próximo pasado, quedo impuesto del inesperado giro que tomaron á su regreso á esa las negociaciones confidenciales que dejó pendientes ; y no alcanzo á explicarme la razón de un cambio tan inesperado y tan poco conforme con la circunspección de que deben estar revestidos actos de esta naturaleza. Sea de ello lo que fuere, el negocio queda terminado y V. E. debe excusarse en adelante de hablar del asunto, aunque fuere provocado á ello, limitándose á contestar que no tiene autorización para ocuparse de él. Esto es lo que i>or encargo del señor presidente transmití á V. E. » (1).

Excuso comentarios : por la inhabilidad de nuestra cancillería se había obtenido el funesto resultado de hacer escollar la negociación, suspendiéndola bruscamente, ordenando mi viaje, con grave sorpresa del gobierno imperial, sin duda; para someterse, muy á pesar suyo, á la

(1) ídem. El ministro Ortis al plenipotenciario Qttesada. Buenos Aires, 2 de febrero de 1885.

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resolución del presidente Eoca, quien mandó se extendiese plenipotencia á mi favor para terminar oficialmente la negociación, que había sido elogiaba con aprobación por el general Mitre, á quien se consultó, como lo he repetido reiteradamente.

Era evidente para mí que en el cambio operado en el gobierno brasilero había influido la orden para mi viaje intempestivo : era el gobierno argentino, por la ligereza en su procedimiento, el que había probablemente influido en el ánimo del emperador y quizá en las exigencias del partido de la guerra. Volví á mi casa desde San Cristóbal bajo el peso de las cavilaciones que esto me producía y tomé la resolución firmísima de salvar, por una defensa hábil y firme, cuando menos mi honor comprometido en la negociación secreta, que — como tengo referido — sólo había sido verbal, con dos propuestas sin firma, sin haberse levantado ningún protocolo, de manera que podría ser burlado si el gabinete imperial se negaba á que constase oficialmente todo lo ocurrido. En este caso, se habrían regocijado los ministros del gobierno de Buenos Aires, que habían hecho circular, bajo secreto á voces, que yo había sido engañado por la habilidad diplomática brasilera. Si la negociación se perdía, como debía suponerlo por la actitud airada del emperador, debía salvar cuando menos mi crédito personal. Firme en esta resolución, deseé la llegada de la mañana siguiente para pedir una audiencia al presidente del consejo, ante el cual yo estaba armado con su palabra de honor, y no tenía derecho para poner en duda su hidalguía. Además tenía fe profunda en la honorabilidad del barón de Cabo Frío, quien, si era impotente

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para evitar el inesperado fracaso de la negociación, no podíaser lo para evitar que ftiese yo personalmente burlado y comprometida mi reputación diplomática. Lo que me preocupaba era saber cómo se urdiera la hábil intriga que había desbaratado mi plan : sospeché que debía ser obra del ministro del Brasil en Buenos Aires, con la mira de que ahí se reanudase la negociación para su gloria personal; y en este supuesto, creí en la evidente cooperación del titular de la cancillería, por su inexperencia ó su ambición. 'No me ofusqué ; mi situación personal se tomaba peligrosa y grave, por actos ajenos á mi voluntad, y la defensa de mi honra filé mi mira principal, resuelto á no omitir esfuerzos, porque, confieso con franqueza, la fama legendaria de lo ac- 1 tivo y hábil de la diplomacia brasilera no me había causaI do miedo ni me había impedido modificar mis propósitos. Encontré lentitud en los procedimientos y los trámites, brillando en todos los momentos, como una luz, la actividad caballeresca y la lealtad noble del barón de Cabo Frío, cuyo elogio jamás consideraré bastante. Su pensamiento fué siempre claro, sus trabajos asiduos y francos: la verdad fué entre ambos el vínculo que nos había unido, como se unen los hombres honrados. La artería diplomática es una escuela añeja, desacreditada y sólo buena para novelistas y dramaturgos. He obrado siempre guiado por la verdad y sin temor á decirla y defenderla: me pareció cobarde y vergonzosa la mentira. Acostumbrado á observar á los hombres, no temí sus intrigas, pues no pudieron ser más constantes las de algunas ambiciones, pero conocía á estos ambiciosos neuróticos y no me asustaba luchar con ellos : temía sí á los traidores desconocidos.

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En esta grayísima situación, me faltó mi hijo, ausente en Europa, i>orque habría sido mi intermediario para informar al presidente, desde que no podía confiar en la discreción de su secretario doctor Alberto Navarro Viola.

Me confundía al tratar de explicarme las causas del cambio en el emperador, porque entonces ignoraba que el motivo fué una ligereza del ministro Ortiz dicha al ministro del Brasil en Buenos Aires, quien la telegrafió á Kío de Janeiro y produjo el fracaso, además de las intrigas chilenas y del partido de la guerra.

Á fin de conservar el natural calor de la narración de los sucesos diarios en que actuaba en esta gravísima emergencia, prefiero reproducir la correspondencia oficial.

Como lo tenía anunciado á Y. E. hoy tnvo lugar la segunda conferencia.

Sabía anticipadamente cuál sería el resultado, pero yo debía establecer con claridad el procedimiento irregular é inconsiderado que se observaba, no discutiendo las bases de la negociación privada, y sosteniendo como solución la propuesta oficial, cuando ambas negociaciones fueron juzgadas siempre diversas y que no se coufundían ni perjudicaban. Necesitaba establecer con claridad que el presidente del consejo, al solicitar mi pronta vuelta de Buenos Aires, fué para darme una respuesta precisamente sobre la negociación confidencial, deseo que expresó allí, en nombre del mismo señor presidente del consejo y á su pedido, el ministro del Brasil señor Alendar. De manera que del procedimiento resultaba la contradicción en que se colocaba

328 MIS MEMORIAS DIPLOMÁTICAS

el gabinete^ lo que me induce á suponer que causas supervinientes han cambiado las ideas, ó que faltaba la sinceridad en los deseos expresados.

Llegué al ministerio cinco minutos antes de mediodía, y me hice anunciar al barón de Cabo Frío, á- pesar de que se me informó que ya estaba el presidente del consejo. Queria reclamar al señor barón de Cabo Frío la redacción hecha por mí de lo ocurrido en la primera conferencia, que se me prometió revisar y enviármela pronto, lo que no había sucedido. £1 señor barón me dijo que ese boiTador estaba en poder del presidente del consejo, á cuyo gabinete de trabajo me invitó á pasar.

En efecto, el señor consejero Dantas estaba allí escribiendo un bi lie tito con lápiz. Me saludó como siempre y me hizo sentar á su lado. Mandó llamar al señor barón de Cabo Frío y le dijo que tomase asiento. Manifesté complaciencia de que asistiese el señor barón á la conferencia. Era un testigo condecorado é instruido en la negociación particular, tanto que él mismo redactó las prímeras bases.

Antes de entrar en materia, dije, «permítame V. E. reclamarle el borrador redactado por mí de lo ocurrido en la primera conferencia. Es preciso no confundir». — « Aquí está », y me lo dio. Había ligei-as anotaeiones, pero una fundamental.

Yo había cuidado de decir y pedir que así constase, qne en mi carácter oficial entendía y quería que constase que el gobierno argentino hacía de la negociación particular y confidencial una muy diversa de la oficial ; que quedaba enteramente desembarazado en su acción, y que era en Buenos Aires donde tomaría la forma oficial, llegado el caso. Había redactado la respuesta del presidente del consejo, tal cual pasó, asintiendo sobre aquella diferencia, y pretendiendo que, si se arribaba á un resultado en la confidencial, aquí se le diese forma oficial.

Esta redacción la objetó. Decía que no había comprendido

EL FRACASO DE LA NEGOCIACIÓN 329

bien aquella diferencia, y que por ello supone que mi regreso era para las ulterioridades de la propuesta brasilera. — « Permítame V. E. restablecer los hechos, le interrumpí. Siemxire se convino en esa diferencia, de un modo claro, y cuando V. E. estuvo en mi casa, antes de mi viaje, para decirme cuál em la propuesta brasilera, como me lo había anunciado S. M., V. E. cuidó de decirme estas palabras : esa propuesta no obsta á la negociación confidencial que tenemos. Y yo le respondí : aun aceptada por mi gobierno, podemos continuar para buscar nna solución más pronta; la propuesta es un estudio general, y la negociación confidencial trata del trazo de la línea divisoria. Por otra parte dije: la respuesta que V. E. debía darme ei-a relativa á la negociación confidencial, muy anterior á la propuesta ofrecida ». — El presidente del consejo declaró que mi viaje le había sorprendido, que me instó porque lo suspendiera por cinco días, que cuando se persuadió que no podía acceder, me pidió mi pronto regreso y que así le había escrito al ministro del Brasil en Buenos Aires para que lo exprese al ministro de relaciones exteriores y al señor presidente de la república; pero que, con ese deseo, él había tenido la intención de entenderse con el ministro argentino aquí sobre todas las ulterioridades, en la negociación, por las simpatías, etc., etc. — « Permítame V. E. otra rectificación. Yo nada tengo ni tenía que hacer con la negociaeión oficial. Los memorándum» y sus consecuencias forman la negociación oficial, radicada en Buenos Aires, y no podía ni debía mezclarme en sus resultados ulteriores. Ni mi gobierno lo habría tolerado, ni yo lo habría pretendido, ni aceptado. De modo que los deseos que repetía el señor presidente del consejo sobre mi regreso, eran para continuar la negociación confidencial y no para otra cosa; porque eso era lo que quedaba pendiente entre el señor presidente y yo. Que insistía que se expresase, como era la verdad.

330 MIS MEMORIAS DIPLOMÁTICAS

que ae había reconocido siempre que las negociaciones eran diversas». — « Bueno, dijo el señor presidente. Sírvase redactar V. E. esa parte ». — La leí de nuevo, y dije : « yo no puedo hacer sino lo que ya hice, aquí está expresada la verdad, y no podría cambiar la redacción, puesto que siempre expresaría el mismo pensamiento ». — Quiso que el señor barón de Cabo Frío redactase; éste se excusó. Entonces, con lápiz, redactó estas líneas : « O presidente do conselho declarou ser certo que o doctor Quesada manifestou o pensamento de que a negociando confidencial e difieren te da official, do que assintiou o gobierno imperíal ; que esta negocia^áo em todo caso devería continuarse e terminarse aqui, dada á forma oficial, etc., etc. ». Me dio el papel, y me rogó le diera la redacción conveniente. Tomé entonces los borradores, y quedamos en que remitiría todo con un billete al presidente, preguntándole si eran exactas las referencias del protocolo, y, con su respuesta afirmativa, lo remitiría á y. E., pues ya había manifestado el deseo de aprovechar el paquete del 21.

« Ahora — dije — aun cuando S. M. , en una visita de cortesía que le hice el sábado, me ha dicho cuál es la resolución del 'gobierno, esa opinión muy respetable no es transmitida por el órgano y en la forma admitida en los negocios internacionales ». Referí lo ocurrido y agregué : « que había sentido aquella conversación provocada por S. M., puesto que no era permitida la discusión ; que el carácter imperativo con que me había manifestado que tal era la resolución del gobierno, por ser esa la que satisfacía la opinión brasilera, no era fórmula admitida porque no se trataba de un ultimatumj y que la opinión argentina era un factor esencial para convertirla en hecho ; que había extrañado que S. M. me preguntara si yo me retiraba, por que eso sólo depende de la voluntad de mi gobierno , que no está obligado á anticiparla ».

EL FRACASO DE LA NEGOCIACIÓN 331

£1 presidente del consejo oyó cabizbajo mi exposición rápida y hecha en tono de broma, pero me respondió : « S. M. manifestó el sábado en el consejo que se encontraba muy contrariado por aquella conversación, que abundaba en protestas de estimación personal hacia mí, etc., etc. » Y agregó : « S. M. no es constitucionalmente el órgano para transmitir las opiniones del gobierno; es el gabinete el responsable y quien gobierna, y es por eso que en nombre del mismo voy á dar á V. E. la contestación». Me d|jo que el gabinete, después de maduras reflexiones, pensaba que ante todo debía hacerse el estudio y reconocimiento propuesto, fundándose en las razones que había expuesto á V. E. y quizo leer.

Yo me opuse. « Sobre este tópico yo no puedo discutir, dye. Pero permítame una observación. Esa propuesta fué hecha antes de mi viaje, y V. E. me declaró entonces, en mi casa, que no obstaba para continuar la negociación confidencial. De manera que el gabinete ha mudado de opinión por alguna causa saperviniente, pues no me explico que me pidiese mi pronto regreso, privándome del natural interés de demorarme éh mi país, para oir que la propuesta oficial cierra el camino á la otra». Le ponía en torturas.

Quiso explicar el pensamiento por la intención de englobar ambas negociaciones, y traer la oficial aquí, haciéndome elogios.

Declaré que tal confusión era una hipótesis imposible, que mi gobierno no aceptaría, y que personalmente yo rechazaba ; que jamás pude intentar violar la secuela desembarazada de la negociación oficial ; que muy claramente habia sido este punto establecido con el señor Matta Machado, anterior ministro y con el mismo señor consejero Dantas ; y viéndole tan confundido ledye: «puede V. E. redactar su exposición, yo la contestaré ».

Entonces me señaló el día de hoy á las once y media antes de mediodía, para terminar la tramitación, pues de esto sólo se trata.

332 MIS MEMORIAS DIPLOMÁTICAS

En la conversación que durante la conferencia tuvo lugar, el señor barón de Cabo Frío dijo : «estoy cierto que se ha volver á la propuesta de V. E. » — « Tal vez, contesté, después de tres años de paz armada y de desconfianzas. Mi propósito fué concluir con una situación peligrosa y perturbadora, y arribar por equidad y prudencia á una transac<;ión directa. Mi gobierno abunda en leales intenciones, y sus deseos me dieron mayor ánimo ; pero ahora se cierra la puerta con un estudio que sólo tiene por objetivo tratar de que resultan justificadas las pretensiones portuguesas. Todo se complica, desde que no puede haber confianza recíproca. Natural hubiera sido que cuando menos el señor presidente del consejo indicase los objetos de ese estudio, porque si no se hace, estaremos en la misma situación que hoy, más irritadas las pasiones. Y eso, — dije riendo, — que el señor presidente del consejo es mi amigo y de esta amistad hemos hecho ambos mucho alarde...» El presidente estaba en espináis; me retiré diciendo les : « Les dejo para que redacten. Hasta mañana».

Tal es esta entrevista, tratándose de una negociación cuyo resultado es para mí tan imprevisto como inexplicable. No alcanzo á darme cuenta de la conducta, de las promesas, de la palabra de honi-a comprometida por el señor presidente del consejo, á quien recordé, entre otras cosas, que la negociación particular era tan diversa de la oficial que para' tratar de la primera se había convocado al consejo de estado, como el mismo señor presidente del consejo me lo comunicó confidencial y amistosamente. Hoy volveré á la hora convenida y si hubiese tiempo, V. E. será informado del final de este proceder, queuie abstengo de calificar (1) .

(1) Archivo del ministerio de relaciones exteriores. El plenipotenciario Qtiesada al ministro Ortiz. Río de Janeiro, enero 27 de 1885.

EL FRACASO DE LA NEGOCIACIÓN 333

CJonviene que me abstenga de comentarios y continúe reproduciendo mi correspondencia, que es la narración histórica de cuanto ocurría en Río de Janeiro. Mi carta siguiente al ministro Ortiz decía así:

Estará V. E. sorprendido del mal éxito de mi misión, pero no lo estará tanto como yo, dados los antecedentes personalesd el negocio. Le he dado cuenta oficial y minuciosa de lo ocunido, y tengo miedo de insistir en repeticiones que se hacen insoportables, cuando el resultado queda siendo el mismo.

Me sorprendería menos que la contestación fuese una negativa después de discusión, que la forma inusitada y poco diplomática de que el mismo emperador, en una visita de cortesía y pendiente la respuesta del presidente del consejo, tan generalmente Cíiuto, me dyera imperativamente : « no hay sino aceptar la propuesta brasilera, porque es lo que satisface la opinión pública brasilera ». La razón de su resolución, la ignoro ; y por otra parte, la proposición es el estudio del territorio y de los cuatro ríos resulta esencialmente dilatoria, me llama la atención.

4 Qué se propone ? Si fuese con buena fe, habilitar á ambos gobiernos para resolver la cuestión en términos conciliadores, 8C expresaría con claridad que se proponía ese estudio, que serviría para que ambos gobiernos resolviesen de acuerdo, y en caso contrario por arbitraje, para dar así una prueba de que la violencia no entra en las miras del que propone el estudio. Si hubiera buena intención, esa misma comisión que va á hacer el estadio podría recibir la autorización de proyectar la división conveniente, ó bien la división por mitad del territorio, como bases para arreglos ulteriores. Pero V. E. ve que con grnn generalidad y sin haber querido comprometer la menor opinión, cierran la puerta inesperadamente á ima negociación

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confidencial, para cuya continnación el presidente del consejo pidió me demorase cinco días, antes del vi^je, ó que regresase lo más pronto posible. Como si esto no fuese bastante, escribe á Alendar para que exprese su deseo á Y. £., como ministro de relaciones exteriores y al señor presidente de la república. ¿Es racional suponer que tomaba ese empeño, para decirme: no hay más camino que el estudio previo propuesto por el gobierno imperial t Paréceme que no.

Por otra parte, ese mismo presidente del consejo, antes de mi viaje, estuvo á comunicarme confidencialmente la propuesta que hacía el gobierno, diciéndome que no era un obstáculo para la negociación confidencial, con lo cual concordé, agregando que, aun aceptado ese medio, no excluía la negociación confidencial. Luego, en ese entonces el gabinete no tenía 1a i*esolución que me comunicó el emperador.

No se debe suponer mala fe mientras no se descubra el interés ó ej objeto de una acción. 4 Qué interés puede tener el presidente del consejo en hacerme regresar pronto, para darme por respuesta la que me dio S. M. t Seria una perfidia sin objeto. Y necesario es no olvidar la buena amistad de que hasta entonces me había dado pruebas. Tampoco podía proponerse lui objeto que pudiera ser utilizado por el gobierno imperial, aunque yo fuese burlado. 4 Qué es lo que desea f 4 que se acepte la proposición que ha sido formulada, si el dicho de S. M. es sincero t Luego entonces, estando en los mejores término» conmigo, pudo y era natural me hubiera dicho cuando me comunicó la proposición oficial, comunicación hecha con autorización del emperador, quien me había anunciado que el preHÍdente del consejo hablaría conmigo, que esa proposición la consideraba el ministerio necesaria para entrar, después de llenados sus objetos, á ocuparse del fondo de la cuestión de límites. Obrando así habría sido leal, me habría dado una respuesta

EL FRACASO DE LA NEGOCIACIÓN 335

indirecta á la negociación, y me habría habilitado para informar al gobierno con verdad, y en beneficio del éxito de la proposición misma. Pero no hizo eso, me declaró que esa propuesta, aunque no reaolvia la cuestión, era un medio de sacarla de la discusión ardiente para traerla á un terreno práctico, que no impedia continuar la negociación pendiente, de cuyas ulterioridades deseaba nos ocupásemos pronto.

4 Cómo interpreta Y. E. entonces la conducta del jefe del gabinete t Y prescindo de que tenía empeñada conmigo su palabra de honor como presidente del consejo, como caballero y como amigo, de que la cuestión tendría una solución ó él renunciaría 8u puesto. Y prescindo de recordarlo, porque hoy me sostendrá qae el estudio que propone es, á su juicio, la solución á que se refería, y que ha cumplido como caballero su compromiso. Cuando tal obligación contrajo, no estaba aún contestado el memorándum, y por lo tanto no se había aún fonnulado la proposición que se ha hecho después. Pues bien, la única explicación que yo encuentro, si las acciones humanas se han de explicar por sus móviles, es que cansa síipennniente ha influido en la resolución adoptada,

Y aquí voy á entrar á las hipótesis, que pueden ser erróneas. Ante todo, á mi regreso supe, confidencial y privadamente, que S. M. rechazaba la idea de indemnizaciones; pero esto no me desanimó, por lo que teníamos conversado. Esperé entonces que la discusión viniese sobre ese artículo, para consultar con V. E. Este temperamento era lo prudente. Ya ve que no se precipitaba. Supe además muy, reservadísimamente, por el barón de Cabo Frío que él dudaba del éxito á pesar de sostener, como había sostenido delante de mí y del presidente del consejo, que mi proposición debía ser aceptada, y, más, que á ello se volvería con el tiempo. Pero, como yo tenía orden de V. E. de adelantar las propuestas substituyéndolas por una transac-

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ción directa, tampoco me desanimé. Provoqué sin pérdida de tiempo la primera conferencia, y en ella, como V. E. ya lo sabe, hice sub-conditione la propuesta que V. E. me ordenó. £1 barón de Cabo Frío esperaba que esa propuesta pudiera modificar la opinión del emperador, si había energía en el gabinete, y que podía provocar audazmente hasta una crisis ministerial, haciendo de esta grave cuestión, cuestión de gabinete. Pero no tienen autoridad moral, viven muriendo, y tal vez caigan en marzo, si organizan para entonces la cámara. Mi amigo, tan decautadamente mi amigo, fué quien conferenció con el emperador, antes de hacerlo oficialmente con sus colegas de ministerio, y el resultado fué que, yendo yo de visita por casualidad ese mismo sábado, S. M. se precipitó para comunicarme el resultado, sin esperar ni el acuerdo con el gabinete, que se reúne los sábados por la noche.

¿Qué causa influyó tan decididamente en S. M.t Este es un misterio, y, vuelvo á repetir, en mi opinión es algún motivo 8u¡)erviniente. Por ello quiso impedir el acuerdo y estando ya comprometido como emperador, nadie osaría hacerle volver sobre sus pasos. Y es bueno que V. E. sepa que el mismo emperador me ha dicho, antes de ahora, que es muy testarudo. Y lo es. Ahora, yo no sé si el ministro Alendar haya podido escribir diciendo que el gobierno argentino no hará jamás cuestión de territorio, y dando esperanzas de obtener él mayores venteas si se rompía la* negociación confidencial conmigo. Y tal vez así sea, desde que sólo él ha podido infoi-mar sobre la nimiedad de la causa de la separación del alemán Xiederlein, con motivo de lo que se decía sucedido en Campo-Eré, diciendo que no fué como satisfacción á la reclamación brasilera, sino por cuestión de presupuesto. Hecho que S. M. me comentó, y yo rectifiqué, como lo he informado oficialmente. No será extraño que ese ministro haya oído decir que el gobierno argentino jamás hará

EL FRACASO DE LA NEGOCIACIÓN 337

la gaerra por ese territorio, y, en su consecaencia, haya acousejado sostener con firmeza las pretensiones brasileras, qne sostienen qne para ellos ese territorio es necesario para tener una frontera segura. Esta puede ser una hipótesis. Otra puede encontrarse, tal vez, en informaciones del conde d'Eu, en su viaje ahora. Quizás se le ha dicho que el sentimiento popular de esas provincias es sostener las pretensiones por el derecho y contra el derecho, que necesitan ese territorio, y que la necesidad justifica todo. Yo no sé ; induzco que algo muy serio ha debido obrar en el ánimo del empei'ador, tan calmoso para adoptar una resolución, y, en este caso, tomando la iniciativa.

Ahora, pue«, toda la habilidad depende de V. E. que no necesita opinión ajena ; pero permítame darle la mía, hoy sin prestigio por el mal éxito, no por inhabilidad mía, sino porque no »e puede preveer lo absurdo: puede calcularse hasta un delito, pero no se puede prever una causa superviniente y un proceder fnera de los usos y de las prácticas diplomáticas. Pues bien, mi opinión, valga lo que valiera, es que se debe obrar con la más grande prudencia y concretar todo el esfuerzo en el estudio de la proposición brasileVa.

Cambian el terreno de la acción : sea V. E. Eestratégico. Un estudio y reconocimiento de los cuatro ríos 4 qué objeto se propone? Conviene fijar las miras con que va á procederse, porque no puede ser mera curiosidad geográfica ; es como antecedente para resolver la cuestión. Bueno, pues, conviene antes de que el result-ado favorezca á las pretensiones de uno ó de otro, pactar qué valor jurídico tendi-á ese estudio, para qué fines lo ejecutan las partes. De él pueden resultar soluciones muy distintas, que deben preverse. Si se trata de rectificar las operaciones anteriores de los demarcadores españoles y portugueses, se reconoce, y conviene establecerlo, la vigencia de los tratados con arreglo á los cuales la cuestión quedará resuelta, segón

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informen las comisiones que van á practicar el estadio. £sta es una solución bastante peligrosa. Todo dependería de las comisiones, y probablemente se tomarán á palos jmra que ninguno... Ó ese estudio y verificación se hace como antecedente tundamental para que un arbitro decida la cuestión de hecho y de derecho : esta solución es más prudente. Ó bien ese estudio tiene por objeto averiguar si es posible, por una transacción, se arribe á encontrar una línea divisoria conveniente : esto sería amistoso y noble. De modo que lo que no es cauto es entrar en ese estudio sin rumbos fijos, sin fines y propósitos claramente definidos.

Y es por eso que me decía muy re-servadamente el barón de Cabo Frío : « queda aún la dificultad de redactar de acuerdo las instrucciones; no es tan sencillo lo propuesto. » Y, en efecto, ahí está el busilis. Yo prefiero que eso se pacte por un convenio y no por medio de instrucciones. Un convenio evita la mala fe, y hay derecho para aclarar bien y pactar los fines de estudio previo, trazando el procedimiento ulterior. Estoy seguro que... V. E. les descubrirá el juego, la doblez con que, haciéndose los inocentes, proponen un estudio general. Es ese el caballo de Troya ; es preciso quitarles muy calmdtomente la máscara. Ko se precipite, abra la negociación, pida explicaciones, y haga sobre esto su negociación capital, mientras prepara la contraréplica del memorándum.

Ya ve V. E. cómo, á pesar que tengo derecho para quejarme de la doblez con que han obrado conmigo, no puedo ni quiero, ni debo perder la calma, y por eso habrá observado cuan moderado soy en las exposiciones ; lo fuerte está en la verdad. He escrito mucho y me siento muy fatigado. Escribo largamente al señor presidente (1).

(1) Archivo en San Rodolfo. El plenipotenciario Quesada al wtnwfiv de relaciones exteriores. Río de Janeiro, 28 de enero de 1885.

EL FRACASO DE LA NEGOCIACIÓN 339

Tengo derecho para decir que la actividad en mis tareas podía ser igualada, pero jamás superada. Todo lo f redactaba yo, y frecuentemente copiaba yo mismo la coi rrespondencia reservada, con la mira de conservar los docu- ( mentos para mi propia defensa, desconfiando del proceder , de otros, que tan indignamente procedieron conmigo. Al > volver á leer mi correspondencia después de tantos años f transcurridos, confieso que me complazco en haber sabido I dominarme. Creí necesario informar directamente al geI neral Roca, presidente de la república, de lo ocurrido escribiéndole la siguiente carta :

(ReBervada y confldencial)

Mi estimado señor presidente :

El ÍDexplicable procedimiento que este gabinete ha observado y el resultado inesperado para mí, por la forma y por la rapidez, me han causado sigular impresión. Me he ocupado preferentemente de establecer con regularidad lo ocurrido en las conferencias, y he dado cuenta oficial, pero confidencial, de lo sucedido. Necesito á V. E., que tanta confianza me ha dispensado, darle los detalles y los fundamentos del criterio que me servía para emitir á V. E. mis opiniones. Sé, porque es famosa, la perfidia con que los negociadores abusan, y por ello, para formar mi criterio, necesito basarlo en hechos, y éstos interpretarlos racionalmente. Ruego á V. E. quiera dispensarme su atención.

El sefior barón de Cabo Frío, de acuerdo con el ministro de negocios extranjeros, redactó las bases escritas que dieron origen á mi negociación privada. Declaré entonces que no tenía autorización del gobierno para ocuparme de la cuestión, pero

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que sí privadamente ne hallaba un medio que yo juzgase conveniente, me comprometía á proponerlo al gobierno. Con esta reserva franca empezó el negocio, de que V. E. tuvo conocimiento por la exposición que mi hijo le hizo, y por mi correBpondencia luego. Yo presenté modificaciones á esas bases. Esto es todo lo que hay escrito, hasta que ha empezado la negociación confidencial, después de mi llegada.

Ahora bien, no podía dudar que este gobierno daba importancia á esas bases, cuando convocó para oir opinión sobre ella;» al consejo de estado. Si el gabinete las ci-eía inatendibles, 4 cómo explicar racionalmente que las sometiese al consejo de estado f No concibo el objeto, sino era para negociar sobre ellas. Más aún : un consejero de estado me ha asegurado ahora «¡ue la mayoría del consejo fué favorable á mi pensamiento. Concordaba con ellas el barón de Cabo Frío, director general del ministerio de relaciones exteriores y el ex ministro de negocios extraiyero* consejero Matta Machado. Se me contestó confidencialmente, después de oído el consejo de estado, que el gabinete había resuelto, ante todo, replicar al memorándum argentino, yquee»» era la voluntad del emperador.

Me llama perentoriamente el gobierno, y el presidente del consejo me declara que, estando llenada la condición y contestado el memorándum^ estaba ya en situación de tiutar de mis bases y darme una respuesta, pidiéndome demorara cinco días antes de hacer mi viaje. No pude acceder y me pidió mi pronto regreso para tratar del negocio. Más aún^ escribió al ministro Alendar hiciese presente á V. E. y al señor ministro de relaciones exteriores que deseaba volviese pronto, para las ultcrioridades del negocio. Todavía más. El mismo emperador, antes de mi via^je, me dijo que me vería el presidente del consto. Vino en efecto, á mi casa, y me comunicó confidencialmente la proposición que hacían al gobierno argentino, agregando que

EL FRACASO DE LA NEGOCIACIÓN 341

ello no obstaba para nuestra negociación. Concordé con él, prometiendo que volvería en pocos días, como lo hice.

Con estos antecedentes, ¿cómo podía dudar que las ulterioridades fuesen favorables! Es cierto que no tenía respuesta, como lo manifesté á V. E., pero para obtenerla es que debía regresar pronto. ¿Cómo explicar entonces que, pendiente la respuesta confidencial del gabinete, el emperador me diese por resolución definitiva la propuesta sometida al gobierno argentino! ¿Cómo se explica que S. M., tan reservado, haya tomado un papel tan fuera de los usos y de las prácticas diplomáticas f No encontrando razón plausible, tengo necesidad de suponer que alguna causa superviniente ha producido este resultado.

¿Cuál seat Entro en el terreno melindroso de la hipótesis. ¿No será acaso que el señor Alen<?ar haya informado que él obtendrá ventajas mayores que las que de mi negociación obtendrían f ¿ No habrá supuesto que el gobierno argentino renunciaría en obsequio de la paz, átoda pretensión territorial t ¿No habrá hecho creer la posibilidad de que el Brasil regularice su frontera en aquella parte, como lo desea y pretende! No tengo ningún dato que autorice mi afirmativa. Pero me ha llamado la atención que S. M. me hiciera observar que, mientras el ministro de relaciones exteriores declaraba que por deferencia al pedido brasilero se destituía al alemán Niederlein, resultaba que había sido por no estar el empleo en el presupuesto. ¿Quién, digo entonces, sino el ministi'o Alen9ar ha podido dar aquel detalle y comentarlo desfavorablemente I Si esa nimiedad preocapaba al emperador, tal vez haya creído, por informes del mismo origen, posible obtener todo el territorio que desean.

El hecho es que, en vez de tratar de la negociación confidencial, ahora se escuda con la propuesta hecha oficialmente. ¿Es racional suponer que, para darme esa contestación, haya pedido mi pronto regreso, y hecho presente ese deseo por intermedio

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del mismo señor Alen9ar f La razón dice, no. Porque, si fuera el pensamiento del gabinete á mi partida, pudo y era racional me lo dijera, para solicitar que yo informara favorablemente al gobierno. Pero, por el contrario, concordamos en que esa propuesta no era un inconveniente para proseguir la negociación confidencial. ¿Qué ventajas sacaban, si fué un engaño calculado? No las concibo. No influía esa mala conducta en el éxito, porque no debieron suponer una aceptación á vuelta de vapor, y por el contrario, al pedir mi regreso podía influir para aplazar la respuesta.

Estas reflexiones me hacen suponer que una causa superviniente, que ignoro, ha modificado el pensamiento del gabinete. Para suponer mala fe es preciso descubrir un interés, un objeto. No lo veo en proceder deslealmente. 4 Acaso los informes del conde d'Eu no hayan influido? Tampoco puedo afirmarlo. Pero me ha llamado la atención las demostraciones hechas con el buque de guerra chileno Blanco Encalada, cuando el gobierno de Chile y su prensa se quejan del proceder de López Netto. 4 Quieren halagar á los chilenos, como van á hacerlo con los orientales, concediéndoles la navegación de la laguna Merimf 4 Qué objeto se proponen? Neutralizar á nuestros vecinos, para que la acción brasilem quede expedita para pretender todo ^1 territorio en cuestión. ¿Están resueltos á no ceder? No lo sé, pero parece que á eso van. El reconocimiento y estudio qne proponen, ¿ es acaso para robustecer las aseveraciones de los portugueses, y con arreglo á ellas imponer? Pero, debe antes preguntarse, ¿reconocen como válidos los tratados entre España y Portugal ? ¿ quieren que la cuestión se resuelva con siyeción al derecho estricto? Si este estudio tiene por objeto conocer el terreno para buscar una solución amistosa ¿por qué no lo dicen f I y por qué, al hacerse ese estudio, las comisiones no propondrían una línea divisoria conveniente? Si hubiera buena fe, el

EL FRACASO DE LA NEGOCIACIÓN 343

estudio no perjudica, si el arbitriye ó el derecho estricto ha de resolver ; pero convendría conocer los objetos de ese estudio. No comprometen opinión previa, porqiie se reservan obrar según los resultados.

Creo conveniente buscar una solución tranquila, pero lo que acaba de acontecer conmigo es una lección. No ha bastado ni la palabra de honor comprometida por el presidente del consejo ni la opinión del consejo de estado. De manera que juzgo que yo obré ilusionadamente, cuando decía á V. E. que abrigaba esperanzas de un resultado favorable. Y mucho más fuerte fué mi creencia cuando el gobierno me ordenó proponer una transacción directa, dividiendo equitativamente el terreno comprendido dentro de los cuatro ríos. V. E. ve que no han querido ni discurir esta base. Todo lo esperan del rebultado del estudio, á que invitan al gobierno de V. E.

Yo he perdido la fe en cuanto ellos dicen, porque ya no hay nada que garantice una promesa. En tal caso, estoy sin autoridad moral para dar opinión. Tengo la conciencia de haber obrado como un hombre racional, expuesto á ima deslealtad, pero en los resultados, como V. E. verá por los protocolos, queda altamente colocado el gobierno argentino, sus tendencias conciliadoras y su justicia. He enviado la exposición escrita de la primera conferencia, y me ocupo ahora de redactar la segunda y final. Niuia hay que esperar aquí y todo depende de la negociación oñcial allí. Es una derrota sin combate, un proceder que me abstengo de calificar, dados los antecedentes que dejo recordados. En la exposición escrita de lo sucedido en las conferencias, soy explícito, y verbalmente dije verdades. Pero mi carácter me ha impuesto límites, y he obrado con energía y templanza, para salvar en esta derrota sin combate cuanto raenos el honor.

Mi aspiración se ha desvanecido, y creo que no por inhabili-

344 MIS MEMORIAS DIPLOMÁTICAS

dad ni falta de tacto; ello resultará de los documentos y es con arreglo á ellos que debo ser juzgado. Siento que yo no sea quien dé á y. £. resuelta esta cuestión. Creía estar en el camino, pero no pude suponer que faltaran al debate y se escaparan por la tangente. Reitero mi creencia de que causas extrañas y superWnientes han inñuído en el resultado (1).

Incurro indudablemente en la repetición de los mismos sucesos, pero juzgo que no debo suprimir la publicación de documentos oficiales que son los justificativos de mis tareas diplomáticas: si entonces hubiera conocido quien cometióla falta, lo hubiera dicho; pero en aquellos días lo ignoraba. He aquí, ahora el texto oficial definitivo de los protocolos, puesto que el siguiente — único firmado — engloba expresamente al primero, que no fué subscripto por separado:

En la ciudad de Río de Janeiro, reunidos en el despacho del ministerio de negocios extmnjeros, á 27 de enero de 1885, el excelentísimo enviado extraordinario y ministro plenipotenciario de la República Argentina, doctor don Vicente G. Quesada, y el excelentísimo señor presidente del consejo de ministros, encargado interinamente de la cartera de los negocios extranjeros, consejero Manuel Pinto de Souza Dantas, en conferencia confidencial y privada para tratar de la negociación sobre límites, que en el mismo carácter estaba pendiente, convinieron en que la exposición escrita de la primera conferencia se tuviera por definitivamente autenticada con las cartas recíprocamente cambiadas, pues es exacto su contenido, lo que se hace constar para mayor claridad en este acto.

(1) Archivo en San Rodolfo. El plenipotenciario Quesada al préndente Roca, Río de Janeiro, 28 de enero de 1885.

EL FRACASO DE LA NEGOCIACIÓN 845

S. E. el señor presidente del consejo expuso : que, según lo que había prometido al señor ministro argentino en la primera reunión y conferenció con sus colegas de ministerio sobre la propuesta confidencial y privada de S. E., acrecentada y modificada fub-conditiQne en cuanto á la primera base ; que, después de considerar muy atentamente la propuesta así modificada, el gobierno, no obstante ver en ella una nueva prueba de los deseos del señor ministro argentino, á que por su parte corresponde sinceramente, de adoptar un arbitrio que, á su juicio, pueda determinar una solución definitiva de la cuestión de límites, con todo piensa todavía, por los motivos constantes al final de la nota 30 de diciembre del año próximo pasado, á que se refiei*e, que debe mantenerse en este terreno, honrando de esta manera la convicción con que de parte á parte el gobierno argentino y el imperial se han esforzado, siempre dominados de las mejores intenciones, para demostrar el derecho que juzgan tener : en efecto, en la propuesta de 80 de diciembre, el gobierno imperial dyo bien claro que en su pensamiento está resolver la cuestión de acuerdo con los principios de la justicia y del derecho.

El ministro argentino expuso : que el señor presidente del consejo le ha de permitir manifieste la sorpresa de ver traída al debate, en la negociación confidencial, la misma propuesta que oficialmente se ha hecho al gabinete de Buenos Aires, porque no era lógico ocuparse sobre un mismo tópico confidencialmente aquí y oficialmente en Buenos Aires ; que sobre esa proposición se abstiene de entrar en discusión, no sólo por lo expuesto sino porque no tiene ni pudo tener autorización de su gobierno, á quien exclusivamente compete estimar su mérito y discutirlo j que, entretanto, pide permiso al señor presidente del consejo pai*a recordar los antecedentes de la negociación confidencial : que el ministro argentino siempre sostuvo, como

346 MIS MEMORIAS DIPLOMÁTICAS

lo reconoció S. E. en la primera conferencia, que esta negociación era diferente de la oficial, de manera que no puede suponer que se pretendiera nunca englobarlas y confundirlas : que, cuando se le presentaron por escrito por el señor barón de Cabo Frío, con autorización del ex ministro consejero Soares Brandáo^ las bases de la negociación privada, declaró con lealtad que no tenía autorización de su gobierno para ocuparse de la cuestión de limites radicada en Buenos Aires, manifestando empero que si privadamente se encontrase una solución que pusiese término á esa cuestión, él se comprometía á transmitirla á su gobierno é informarle personalmente, si fuese necesario : que esa negociación fué promovida con buena fe y lealtad, y que confidencialmente se le hizo saber que se había convocado al consejo de estado para consultarlo sobre su mérito } que se permite recordar á S. E. que él mismo le manifestó después que se había resuelto, ante todo, contestar el memorándum argentino, hecho lo cual se hallaría el gobierno imperial habilitado para dar una respuesta sobre las recordadas bases ; que eso mismo le fué transmitido por el ex ministro consejero Matta Machado, con quien tuvo el honor de conferenciar . privadamente varias veces ; que obligíido por negocios privados á ausentarse para Buenos Aires, cuando se fué á despedir de S. E., éste le pidió demorara su viaje cinco días, pues ya se había tenuinado la contestación al memorándum, y había llegado el caso de ocuparse de la negociación confidencial; que no siéndole posible acc^er, S. E. le pidió volviese pronto para las ulterioridades que quedaban pendientes, que era la respuesta á las bases escritas, y que S. E. llevó su bondad hasta escribir en ese sentido al ministro del imperio en Buenos Aires, quien así lo manifestó al señor ministro de relaciones exteriores y al señor presidente de la república ; que, en efecto, sólo se demoró once dios en Buenos Aires, y apenas regresó se puso á disposición

EL FRACASO DE LA NEGOCIACIÓN 347

de S. E. para ocuparse de la negociación pendiente ; que conviene recuerde el señor presidente del consejo que, cuando tuvo

Íla benevolencia de ir á su casa y le manifestó cuál era la proposición que el gobierno del Brasil hacía al argentino, ambos concordaron en que esa proposición no excluía la negociación confidencial, y el ministro argentino agregó que, aun aceptada por su gobierno, podía* continuarse negociando confidencial-

: mente, porque, en efecto, el estudio general que se propone de

I, los cuatro ríos y del territorio dentro de ellos comprendido, no

excluye que las comisiones proyecten una línea de demarcación

■ conveniente, sigeta á la aprobación de ambos gobiernos, puesto

que, por el contrario, fijaba baña fide el objeto de ese estudio, que no es una solución definitiva 5 qne le ha de permitir el se-

f ñor presidente del consejo que repita que se sorprende ahora

que, en vez de la respuesta á las bases escritas, se presente como indeclinable la misma propuesta del estudio previo ; que, si tal fué el pensamiento del gabinete, no concibe el objeto de pedirle volviera pronta de Buenos Aires, cuando esa propuesta era precisamente la negociación oficial, de la cual el ministro argentino no tiene derecho ni autorización de ocuparse j que necesita dejar claramente establecidos estos antecedentes para salvar su i-eputación, pues su gobierno no podría explicarse se pidiese su pronta vuelta para repetir únicamente la misma proposición que el señor Aleuíar, de un modo oficial, había hecho en Buenos Aires j que colocada la cuestión en este terreno no puede continuar discutiéndola, y sólo le resta protestar una vez más de la lealtad de su proceder y de las buenas intenciones del gobierno argentino, al que dará cuenta de todo lo ocurrido, cerrando así, por su parte, lo que tiene que exponer en esta conferencia y retirando de fació y expresamente las bases, materia de la negociación privada. El presidente del consejo pide permiso para decir que juzga

348 MIS MEMORIAS DIPLOMÁTICAS

sin fundamento la sorpresa manifestada por S. £. de ver traída al debate en la negociación confidencial la misma propuesta hecha oficialmente al gabinete de Buenos Aires : manifestando el señor ministro argentino el deseo de obtener del gobierno imperial una respuesta á la proposición confidencial, últimamente aumentada y modificada sub-cot^ditione, era deber del presidente del consejo satisfacerlo, lo que cumplió después de conferenciar con sus colegas de gabinete ; realmente en su respuesta se refirió el presidente del consejo á la proposición oficial contenida en el final de la nota de 30 de diciembre, más no fué su intención provocar debate con el señor ministro argentino sobre la mencionada propuesta; tan solamente quiso informarlo de que, aun cuando no aceptada la proposición privada y confidencial, de su examen y del estudio de la cuestión de limites nació la idea contenida en la propuesta oficial : y los motivos por los cuales el gobierno imperial así pensaba fueron francamente expuestos en la referida de 30 de diciembre ; de lo que deja expuesto bien ve el señor ministro que no hubo ni hay el pensamiento de englobar y confundir las propuestas ; por el contrario, lo que se puede concluir es que la oficial sustituyó á la confidencial. El presidente del consejo pide permiso para observar que, según le informó el señor barón de Cabo Frío, las bases por él privadamente presentadas en virtud de determinación del señor consejero Soares Brandáo, reproducían apenas en foi-ma regular y completa, para la mejor apreciación, la idea antes también privadamente sugerida por el señor ministro argentino al mismo señor barón en conversaciones particulares : sin contradicción el gobierno imperial prestó la mayor consideración á la propuesta confidencial, siendo también cierto que, interpelado por el señor ministro argentino sobre el modo como el mismo gobierno la encaraba, respondió que, habiendo sido consultado el consejo de estado sobre las bases particula-

EL FRACASO DE LA NEGOCIACIÓN 349

ree, resolvió el mismo gobierno responder en primer lugar el memorándum argentino, hecho lo cual daría al señor ministro una respuesta sobre las bases confidenciales y privadas ; que del hecho á que se refiere el señor ministro argentino, de haber el presidente del consejo pedido á S. E. que demorase algunos días más su partida para Buenos Aires, no se puede concluir si no que, por parte del gobierno imperial, había todo el deseo de ponerse de acuerdo con el señor ministro sobre la conveniencia de aceptar la República Argentina la propuesta oficial ; que, de todo enterado, en tal caso, partiría el señor ministro para Buenos Aires, bajo la promesa de regi*esar inmediatamente : es por lo que, además del pedido al señor ministro, el presidente del consejo en carta al ministro brasilero en aquella ciudad le manifestó el deseo de que S. E. volviera en corto plazo para proseguir en los ulteriores términos de la negociación; es bien cierto que en las palabras « ulteriores términos de la negociación » de que se sirvió en su carta al ministro brasilero y por éste repetidas en la contestación en que le participó haber cumplido la orden que recibiera, estaba comprendido todo el pensamiento del gobierno imperial, y viene á ser: que, por su parte, preferida la propuesta oficial, podía la negociación realizarse en esta corte, siendo para tal fin autorizado con poderes el señor ministro ; y continúa en creerlo así el presidente del consejo : explicada en esta forma la causa del pedido hecho al señor ministro, de demorar su partida, y de recomendarle al señor Aleñar, ministro brasilero, de intervenir para que fuese corta la demora del señor ministro argentino en Buenos Aires, no le queda al señor presidente del consejo sino esperar que S. E. continúe viendo en todo el procedimiento del gobierno imperial irrecusable prueba de la convicción en que se encuentra de la buena fe y lealtad con que el señor ministro ha tmtado esta cuestión.

350 MIS MEMORIAS DIPLOMÁTICAS

El ministro argentino, después de oir la exposición del señor presidente del consejo, le pidió permiso para manifestarle que quizá fué e«e su pensamiento, pero que no le fué manifestado con claridad que le permitiese comprenderlo, porque no habría en ello concordado, por cuanto las dos negociaciones eran diversas por los medios y por los objetos.

Vicente G. Quesada, — M. P. de Souza Daiiias (1).

Publico los documentos oficiales, de los que hice sacar testimonio legalizado, por cuanto los originales quedaban en las cancillerías respectivas. Tomé, esta precaución, por no confiar sino en mí mismo. Todas estas circunstancias dan mayor interés á estas Memorias diplomáticasy porque sólo yo puedo conocer lo que pasó. Sin embargo, el archivo del ministerio está completo, hasta con mi correspondencia confidencial.

El segundo protocolo se firmó más tarde, por las causas que expresa esta esquela :

Meu caro Sr, Dr. Quesada :

O consellieiro Dantas chega de Friburgo amanhá a tarde eso o verei no dia seguiente.

Estáo ese communicará o que V. E. mi diz. Sempre con á maior considera^jáo de V. E. amigo

Cabo Frió, Corte, 3 Feb. 85.

(1) Archivo en San Rodolfo. Copia testimoniada por el secretario Ocantos.

EL FRACASO DE LA NEGOCIACIÓN 351

En 3 de febrero, escribía de Eío de Janeiro, confidencial reservada : « Por mi demora no está redactada la exposición de lo ocurrido en la segunda y última conferencia. Recibí la redacción que hace el presidente del consejo, la que he traducido, y redacté mi respuesta. Hecho ésto, es preciso que me señale día para ver si estamos recíprocamente conformes. Ya está listo y acabo de escribir al señor barón de Cabo Frío, pidiéndole haga presente al presidente ésto y solicite fijación de día y hora. Este caballero se ausentó para Friburgo y quizá vuelva hoy ó mañana. De manera que tal vez no pueda mandarle oficialmente el documento, por este vapor. Por casualidad he sabido que el mismo sábado en que S. M. habló conmigo, le habían mandado del ministerio la correspondencia del barón de Alengar, y este hecho confirma mi sospecha, pues él hace la referencia sobre el alemán ]ííierderlein, y es probable que hizo el mismo comentario que impremeditadamente repitió S. M. Sé además que él desea ser el negociador en esta cuestión. Con estos antecedentes, confirmo mi hipótesis de que él habrá aconsejado suspender aquí la negociación confidencial y concentrar allí la oficial, sin declinar de la propuesta. Al tomar ésta en consideración tendrá recurso para volver sobre lo que aquí rechazan, pues debe fijarse con claridad los fines y objetos del reconocimiento propuesto. Me llama mucho la atención que en la exposición hecha por el presidente del consejo, diga : « ... resolver la cuestión de acuerdo con los principios de justicia y del derecho » ¿qué quiere decir? ¿resolver la cuestión del estricto derecho y excluir la transacción y el arbitraje? Le llamo nuevamente la atención ; conviene so-

852 MIS MEMORIAS DIPLOMÁTICAS

bre todo contrareplicar al memorándum. Si, por el contrario, entienden que ese reconocimiento no excluye ni la transacción ni el arbitraje, es prudente que tal condición quede comprobada en un protocolo ó en un tratado, como crea más hacedero. Razón fundada hay en no aceptar ese estudio para encontrarnos como hoy, después que estos caballeros han eludido tratar ni dar respuesta, prometida entretanto, sobre la negociación reservada. V. B. puede ponerlos en un círculo de fierro á fin saber dónde van, qué quieren y qué se proponen. El barón de Cabo Frío, que es hábil, teme que la propuesta tendrá dificultades en las instrucciones dadas á las comisiones científicas, que supone sean de acuerdo, y por eso es que me decía: «han de volver á su idea» ; si esto sólo diera por resultado conciliar el lugar y la época de la negociación. Vea V. E. si es más feliz que yo. Alen5ar es muy intrigante, pero sedúzcalo V. E. si puede. Tengo el mayor interés en que V. E. reciba el último documento. Verá con qué claridad expongo la historia de la negociación y como se ve, sin esfuerzo, que hubo causa superviniente para adoptar la resolución final. Es bueno que no comprenda Alendar que allí hay apuro. Si él elude explicaciones francas, V. E. gana tiempo manifestando á su vez que conjuntamente con la contraréplica, el gobierno tomará en cuenta el estudio previo » (1).

Estaba empeñado en la redacción de los protocolos de la negociación secreta, á fin de que quedara á cubierto mi reputación como ministro; pero el presidente del consejo

(1) Archivo del ministerio de relaciones exteriores. El plenipotenciario Quesada al ministro Ortiz (confidencial reservada). Río de Janeiro, 3 de febrero de 1885.

EL FRACASO DE LA NEGOCIACIÓN 353

no quería que la verdad fuese clara y lealmente expuesta, á ñn de disimular su sinrazón y deslealtad, su olvido de palabra de honor empeñada.

Sabía que Alen§ar había recibido orden de no cambiar ni tma coma á la nota y á la proposición, quedando su papel reducido á firmar. Si nuestra cancillería hubiera sido, no digo hábil pero, por lo menos, dotada de un tacto previsor, habría exigido del ministro levantar protocolos de la negociación sobre la propuesta de reconocimiento; pero nada hizo, aceptó y firmó con inexcusable precipitación. De este proceder son culpables todos los miembros del gabinete, menos el general Victorica. Si se hubiera sido más hábil, lo lógico habría sido llamarme, y darme plenipotencia para que me entendiera con Alendar, ó consultar al general don Bartolomé Mitre ; pero era el deseo tan grande de poner la firma al pie de este preliminar de arreglo, que todo se precipitó, haciendo caso omiso de mis observaciones 5 ¡ precisamente en el ministerio se había jactado con Alendar del triunfo de la habilidad diplomática argentina, refiriéndose á la negociación secreta I Alabanza que irritó al emperador y produjo el rompimiento de mi negociación. Insisto en esto para comprobar cómo la deficiente organización de una cancillería puede producir daños irreparables en los negocios internacionales. Recibí el 6 de febrero esta esquela :

2íeu caro 8i\ Dr. Quesada,

S. E. o Sr. conselheiro Dantas receberá a V. E. com muito prazer segunda feira^ 9 do corrente, ás 11 horas de manhá,

354 MIS MEMORIAS DIPLOMItICAS

na secretaria. E'o primeiro dia de que S. E. i)ode disponer. Sempre com a maior consideradlo de V. £. amigo e Cd.

Caho FHo. 6 Feb. 1885.

Ponía todo el empeño posible para que se fírmase el segundo protocolo^ — que, al dar por incluido el texto del primer protocolo proyectado, pero no ñrmado, lo incorporaba á dicho documento internacional — porque la demora en estos negocios podría dejarme sin documentoft tan fundamentales para la justificación de mis procederes. Parecíame que la demora era un recurso del consejero Dantas, para dejar en la sombra lo que había pasado, desde que no había resultado nada positivo; más yo estaba aguijoneado por la defensa de lo que juzgaba mi honra en una negociación tan paciente y lealmente conducida. Con muchísima franqueza había expuesto al señor barón de Cabo Frío el interés personal que me agitaba y el anhelo de poner término á este negocio. Impuesto de la exposición del señor consejero Dantas le escribí :

Río de Janeiro, 25 de febrero de 1885.

Excelentísimo señor consejero M, P. de S, Dantas :

Recibí la exposición y la traducción portuguesa del protocolo, y necesito que V. E. se digne explicarme algunos conceptos que la ignorancia del idioma no me hace comprender con claridad; y en cuanto álos hechos, V. E. se ha de dignar oir algunas rectificaciones. Para ello solicito una conferencia el día y hora que V. E. crea más apropiado.

EL FRACASO DE LA NEGOCIACIÓN 355

Soy con mucha estimacíón y consideración de Y. £. atento

amigo y serYÍdor

V. G. Que8ada(l),

Á esta esquela recibí la siguiente respuesta :

Gabinete do preBidente do conselbo.

Bío de Janeiro, 25 de febrero de 1885.

Ikeelentissimo senhor doutor D, V, G. Quesada :

Em resposta a presada carta de V. £. hoje datada, tenho DiTiita satisfa^áo de dizer-lhe que amanhá as once y meia estarei na secretaria de estranjeiros, onde poderemos conferenciar.

Son con muita con8Ídera9áo e estima de V. £. amigo muito

apreso servidor

M, F, de Souza Da/ntas,

Con la fecha que se consigna escribía al señor ministro Ortiz la siguiente :

(Confidencial)

Ann cuando en mi última le d^e que iba á aceptar la réplica del señor presidente del consejo á mi exposición, reflexioné que me era imposible aceptar tan monstruosa mistificación de la verdad. Entonces hice mi rectificación, para exponerle que, si el persistía en lo que se me había comunicado, yo me vería obligado á rectificarlo ; pero que si él modificaba la exposición sin alterar lo ocurrido conmigo, yo no insistiría en que constasen mis rectificaciones.

En efecto, le escribí diciendo que mi ignorancia de la lengua

(1) Archivo en San Rodolfo.

356 MIS MEMORIAS DIPLOMÁTICAS

portuguesa no me hacía comprender claramente el alcance de algunos de sus asertos, y que, en cuanto á los hechos, me había de permitir algunas rectificaciones, para todo lo cual le pedía una conferencia. Me contestó en el mismo día, señalándome el de ayer á las once y media. Fui con los papeles. La conferencia duró desde esa hora hasta la una de la tarde. El barón de Cabo Frío fué testigo. Le rectifiqué hecho por hecho, v le dije que la interpretación <|ue él ahora daba era de tal manera nueva, que yo tenía que rectificarla con los detalles de lo ocunúdo entre ambos, que pedía se tuvieran presente, dejándole mi rectificación escrita. Le agregué que no deseaba una polémica, que sólo pedía la verdad de lo ocurrido, dejándole plena libertad pai-a escribir sus juicios y expresar sus intenciones; pero que los hechos no autorizaban en manera alguna lo qne él decía. Mi exposición verbal fué vehemente, pero amistosa. Convino en suprimir y modificar, y yo agregué : «dejo mi rectificación, por ella podrá apreciarse la verdad tal cual ha sido». Si corregida la exposición, no se me obliga á rectificarla, lo evitaré, pero quiero que conste que jamás prohijaría que se trajese aquí la negociación oficial.

No sé cuándo me darán conocimiento de la exposición modificada, pero de todo le daré cuenta, con las copias respectivas. Jamás conocí mistificación igual, pero también no creo haya habido más ruda rectificación de la verdad. Me dio un nuevo recado amistoso del empei-ador, y repliqué que no debía extrañar mi ausencia de Petrópolis, puesto que el año pasado no fui sino el 14 de marzo y que este año probablemente sólo iría en abril.

Debo decirle que el consejero Dantas, á pesar de su aplomo, tuvo que callarse muchas veces, echando á la broma las verdades que le decía. Al concluir me dyo : « todavía V. E. y jo hemos do concluir este negocio». Le respondí «permítame V. E. declinar tal honor ; V. E. tiene muchos ardides de abo-

EL FRACASO DE LA NEGOCIACIÓN 357

gado. Cuando se nombre un negociador como el señor barón de Cabo Frío, y el gabinete gobierne y no el emperador, entonces hablaríamos». Esto lo decía en tono de broma, pero fué una flecha de Parto.

Tenga, pues, paciencia si aun no le envío estos documentos y crea que si traje canas, me han puesto los cabellos blancos la doblez y la deslealtad de algunos de estos señores (1) .

La conducta del consejero Dantas era artera, porque se encontraba bajo la presión de hechos y circunstancias que dificultaban la explicación de la actitud inesperada asumida por el gabinete ; él que estaba cogido por la palabra de honor que me tenía empeñada, y que no podía cumplir, no se atrevía á provocar la crisis ministerial, único medio digno de salir con honradez del atolladero. Si entonces yo hubiera sabido la confidencia incauta del ministro Ortiz al ministro Alenjar, habría hecho lucir la verdad, y provocado francas declaraciones; porque suponían quizá qne yo me había jactado de habilidad diplomática, cuando había guardado la debida circunspección, profundamente contrariado por el intempestivo llamamiento de mi gobierno y la preventiva orden de suspender la negociación, que, decían, comprometía derechos claros ; y tan obscuros eran, que tuvieron, andando el tiempo, después de fracasada la transacción directa malograda por la ligereza de nuestra cancillería, que negociar el arbitraje del presidente de los Estados Unidos, y gastar sumas considerables en defensa del derecho para merecer un fallo adverso,

(1) ArchiTO en San Rodolfo. El plenipotenciario Quesada al ministro de relaciones exteriores. Río de Janeiro, 27 de febrero de 1885.

358 NEGOCIACIONES RESERVADAS

absolutamente adverso. Para que el gabinete del Brasil rompiese bruscamente la negociación, lo dije en toda mi correspondencia oficial y confidencial, algún suceso debía haber sobrevenido después de mi salida de Eío de Janeiro. Y así fué. Herida la vanidad brasilera, se vengaron de nuestra imprevisión : la represalia era un castigo, que les dio completa victoria.

Eecibí al fin la siguiente esquela :

Gabinete do ministro

dos negocios estrangoiros.

Río, 2 de marzo de 1885.

JEfXcellentissimo senhor doutor D, V, G, Qiiesada :

Passo as máos de Y. £. o texto portuguez completo da segunda exposi^áo.

Fice as ordenes de Y. E., bastando que de vespera me diga q liando pederá vir conferenciar commigo, para que avisal-ho hei da hora em que nos devoremos encontrar nesta secretaría.

Sou com mnita estima e con8Ídera9áo de Y. £. amigo aflfettis-

simo

M. P. de 8ouza Dantas (1).

Pocos días después, me escribía el mismo consejero :

Río, 9 de mar^o de 1885.

Excellentissimo amigo senhor doutor D. V. O, Quesada:

Se nao Ihe fór incomodo, pre^-lhe de vir a secretaria de estrangoiros amanhá ter^a feira, ás dez e meia horas do día, para fallar sobre a exposiyáo.

(1) Archivo en San Rodolfo.

EL FRACASO DE LA NEGOCIACIÓN 359

Sou com muita considerado e estima de Y. £., affettissimo

amigo e servidor

3f. P. de Souea Dantas (1).

La extensa carta que reproduzco es la historia de lo que pasó en la discusión para firmar el segundo protocolo.

(Reservada. Negociación confidenoial)

Hoy he firmado al fin el protocolo de la segunda y última conferencia que tuve con el actual presidente del consejo, senador Manuel Pinto de Souza Dantas, en 27 de enero próximo pasado, relativa á la negociación confidencial y privada sobre la cuestión de límites. Parecerá extraño á V. E-. el largo tiempo transcurrido entre aquel acto y la redacción de lo allí sucedido ; pero eso quedará explicado por la« dificultades de su redacción, confundiendo con estudio el señor consejero la verdad de lo ocurrido en esta negociación con deseos ó intenciones que dice tuvo, lo que ha originado la necesidad de una serie de conferencias y diversos proyectos de redacción. Al fin, por prudencia, no insistí en la verdad cruda, porque ya se tomaban agridulces esas conferencias, llegando á decirme el negociador brasilero que él no subscribiría tal rectificación, pura y simple, y á mi vez insistí en que tal era sin embargo la verdad de lo ocurrido y que yo no podía adulterarla. Colocada la cuestión en este terreno, el protocolo no podía firmarse, y entonces, en vez del borrador que yo propuse, consentí en duplicar con vaguedad á la réplica Dantas, porque de este protocolo, como de la exposición escrita de la primera conferencia, se deduce la verdad, que ahora ha intentado desvirtuar y confundir el negociador brasilero.

(1) ídem.

360 MIS MEMORIAS DIPLOMÁTICAS

Creo importante que quede bien claramente comprobado este incidente diplomático, muy característico en la larga historia de la cuestión de límites ; porque de todo lo sucedido resulta en evidencia la buena fe, la lealtad y nobleza del gobierno argentino, la que no podría pretender ciertamente, el último negociador biasilero.

Recordará V. E. qae él me había comprometido su palabra de honor, como presidente del consejo, como caballero y amigo mío, según él lo decía, autorizándome para dar de ello conocimiento á V. E., para garantir que la cuestión de límites se arreglaría, si bien es cierto que no fijamos el cómo, pues quedó pendiente su respuesta á las bases confidenciales. Ahora, olvidando esa promesa, se limita á sostener el estudio propuesto á V. E. de los cuatro ríos y del territorio dentro de ellos comprendido, sin decir en la proposición cuál será el objeto claro de ese estudio, si es para tratar la cuestión en derecho estricto, si es para procurar una transacción directa, ó para someter est^ reconocimiento, como un antecedente útil, en caso de ocumr á la decisión arbitral. Esta estudiada vaguedad en el objetivo de un temperamento que no es una solución definitiva, cuando se deshecha una transacción directa y equitativa y el arbitraje supletorio, exige que, ante de todo, se fije el alcance y los fines que el gobierno imperial tiene en vista al deshechar los medios de transar honorable y equitativamente la cuestión, propuestos en diversas ocasiones por el gobierno argentino, para proponer él un estudio del territorio. En efecto : recordaré la proposición del doctor Irigoyen, la del doctor Plaza y últimamente la que yo hice y modifiqué, en virtud de instrucción escrita dada por V. E. Si ninguna de esas propuestas han sido aceptadas, 4 qué objeto práctico, qué fin útil puede ofrecer el estudio previo del terreno para continuar después el debate t Ese temperamento, con la vaguedad con que se pro-

EL FRACASO DE LA NEGOCIACIÓN 361

pone, no es ana solución , ni la prepara baña fide, porque en tal caso convendría decirlo sin embajes.

Debo llamar todavía la atención de V. E. sobre un hecho que 68 sumamente importante. Cuando el señor presidente del consejo me expuso confidencialmente la propuesta que el gobierno imperial hacía al argentino, él y yo concordamos en que esa ■proposición no era nn obstáculo para proseguir la negociación confidencial y privada, y ahora pretende que esa proposición posterior sostitnyó á la confidencial. Este incidente revela que motivos extraños al debate, posteriores quizá, han hecho cambiar de ideas al presidente del consejo pues no puede suponerse que seriamente creyese que aquí se seguiría la negociación oficial, sin previamente haberlo obtenido con la claridad con que en estos asuntos se acostumbra.

Llamo, pues, la atención del gobierno argentino, porque, cuando menos, queda comprometida la sinceridad del negociador y se revela el propósito de evitar entrar hona fins al fondo del debate, aplazándolo por un recurso dilatorio.

Conoce V. E. los orígenes de esta negociación. Por el señor barón de Cabo Frío, como lo reconoce el protocolo último, me . fueron presentados privadamente, en virtud de determinación del consejero Soares Brandáo, las bases escritas, que « se producían apenas, — dice, — en forma regular y completa, para la mejor apreciación, la idea también privadamente sugerida por el señor ministro argentino al mismo señor barón en conversaciones particulares ». Se me pidió reserva y celeridad. Manifestó que yo no tenía autorización para tratar la cuestión de límites, pero que se si llegaba á un arreglo equitativo, lo propondría á V. E. Con este objeto presenté las modificaciones. De todo tiene V. E. conocimiento por mi confidencial particular de 17 de noviembre del año pasado. Antes de esta comunicación, pedí facultad á V. E. para buscar confidencialmente un arreglo, y V. E., por

362 MIS MEMORIAS DIPLOMÁTICAS

carta de 4 de febrero del mismo año, me la dio con toda confianza y amplitud, según las palabras textuales de esa carta. No había tenido respuesta á mi contraproyecto, y sabía que había sido sometido á la sección de negocios extranjeros del consejo de estado, que la forman el vizconde de Paranaguá, el senador Sinímbú y el señor Andrade Pinto. En este ínterin presentó su renuncia el gabinete presidido por el consejero Lafayette, y entró el actual. Fué en mi conferencia con el consejero Matta Machado, de cuyo resultado di cuenta por mi nota número 55, de 21 de junio de 1884, que le manifesté confidencialmente que pendía una negociación con carácter particular, y qtie la respuesta la transmitiría á V. E. así que me fuese dada, rogándole la brevedad y la reserva con que esta negociación se había iniciado. Daba este paso, en virtud de la autorización de V. E. de que dejo hecha mención. Hablamos extensamente, y fué con él con quien tuve la primera conferencia confidencial. Después tuvimos diferentes, y supe que el gobierno imperial había i'esuelto convocar al consejo de estado pleno para someter el proyecto y contraproyecto. Así se me dijo oficialmente. Mi carta reservada y confidencial, datada en 28 de septiembre del año pasado, da cuenta á V. E. de mis procedimientos. El consejo de estado, que después supe fué en su mayoría favorable á mis ideas, indicó la conveniencia de contestar previamente el memorándum argentino. Mi carta confidencial y privada dirigida á V. j¿., en 10 de octubre del mismo año, le instruye del estado del negocio. Posteriormente, por mi confidencial reservada de 6 de noviembre, dí cuenta á V. E. de una conferencia con el presidente del consejo y el señor ministro de estado en los negocios extranjeros. El primero me había comprometido su palabra de honor de arreglar la cuestión, autorizándome para comunicarlo á V. E. como lo hice en oportunidad.

Tal vez en la cronología no haya mucha exactitud, porque de

EL FRACASO DE LA NEGOCIACIÓN 363

gran parte de la correspondencia reservada que mantenía con y. £. no quedaban los borradores, por estar á la sazón sin secretario. Los diarios de aquí, y entre otros el Jornal do Commereio anunciaron las* reuniones del consejo de estado, y después dijeron que se había optado por el arbitraje. No tenía conocimiento de lo que pasó en la sesión secreta del consejo y me limité á remitir á V. E. las noticias de los diarios y sin poder transmitir nada positivo, porque aun no se me había dado respuesta sobre las bases y contraproyecto.

Fué en esta situación que V. E. me ordenó fuese á esa y diese cuenta de la negociación, suspendiendo aquí toda ulterioñdad, y que cuidase de dar á mi viaje el carácter de privado y por asuntos particulares. De manera que, cuando me fiií á despedir del presidente del consejo, ya no podía ocuparme de la negociación, por cuya razón no pude demorarme los cinco días que él me pedía, pues ya se había concluido la contestación al memorándum, y, como él decía, había llegado el caso de darme una respuesta. De los antecedentes someramente expuestos resulta que esa respuesta era la relativa á la negociación confidencial. Así lo reconoce el mismo presidente del consejo en el protocolo por estas palabras : « resolvió el mismo gobierno responder en primer lugar al memorándum argentino, hecho lo cual daría al señor ministro una respuesta sobre las bases confidenciales y privadas ». Y sin embargo de la explícita declaración que recuerda, pretende que, cuando me pidió suspendiese mi viaje, fué «con el deseo de ponerse de acuerdo con el señor ministro sobre la conveniencia de aceptar la República Argentina la propuesta oficial ».

De manera que el presidente del consejo, que reconoce estar comprometido á darme una respuesta 8obi*e las bases confidenciales, creía, según ahora lo dice, que en vez de esa respuesta me pedía demorase para procurar que yo sostuviera la propo-

364 MIS MEMORIAS DIPLOMÁTICAS

sición brasilera, 8in dar respuesta á las bases confidenciales. Esta pretensión es enteramente nueva y surgió por primera vez en el acto de redactar el protocolo, por cuanto es perfectamente cierto, como yo lo he expuesto en el mismo, que él concordó conmigo en que esa propuesta no era un obstáculo para continuar la negociación confidencial, y la razón es la que consta expuesta por mí en. el protocolo. Para demostrar que esta pretensión es nueva, basta que V. E. tenga presente el proyecto de réplica que me presentó el señor presidenta del consejo, que acompaño bajo el número 1. En vista de los errores de hecho que contiene, presenté yo la contraréplica que acompaño bajo el número 2. Mi rectificación era detallada y categórica. Manifesté que yo insistía en esa contraréplica si el presidente del consejo á su vez sostuviera los términos de la réplica; que dejaba todo, y que cuando S. E. quisiera tendríamos otra conferencia. Con ese efecto, me presentó entonces la redacción tal cual aparece del protocolo y me remitió todo para que lo examinase. Entonces le adjunté las palabras que acompaño bajo el número 4. Me escribió pidiéndome una nueva conferencia, y en ella me expuso que yo le hacía una rectificación en términos que él no podría subscribir. Fué entonces que, para evitar un conflicto, resolví redactar mi contraréplica en los términos vagos en que ahora aparece.

Resulta, pues, que el presidente del consejo ha querido disculpar su pedido para que me demorase y su carta al señor consejero Alendar, ministro brasilero allí, diciendo que era para que yo entendiese en las ulterioridades de la negociación oficial, sin haberlo pedido y sin que yo se lo pudiera prometer. Si tuvo ese pensamiento, jamás lo emitió, y no lo pudo emitir desde que concordó conmigo en que la negociación confidencial podía continuar á pesar de la propuesta oficial, poixjue ésta no excluía á aquélla.

EL FRACASO DE LA NEGOCIACIÓN 365

Tan es así, que basta un simple análisis de su réplica para descubrir las contradicciones en que incurre. En efecto : 1® reconoce que me prometió una respuesta á las bases confidenciales, una vez que hubieran contestado al memorándum argentino ; 2^ sin dar esa contestación, pretende que pidió demorase mi viaje para pedirme sostuviese ante V. E. la propuesta brasilera ; 8* esto no tuvo lugar y, por tanto, al escribir á Alendar para que yo volviese pronto, no podía ser sino para darme la respuesta pendiente, y no, como pretende, para continuar aquí la negociación oficial. De la misma exjiosición del presidente del consejo, se induce la verdad. Él dice : « que de todo enterado, en tal caso, partiría el señor ministro para Buenos Aires, bajo la promesa de regresar inmediatamente». Ahora bien, como no pude acceder al pedido de demorar cinco días mi viaje, es claro que no fui enterado de todo, y no llegó el caso hipotético de que volviera inmediatamente para satisfacer un deseo de S. E., que jamás insinuó. Si se analiza lo que sigue, se evidencia la confusión en que incurre S. E., tomando su deseo, si lo tuvo, como un pensamiento aceptado por mi, pues dice luego : « es por lo que, además del pedido al señor ministro, el presidente del consejo, en carta al ministro brasilero en aquella ciudad, le manifestó el deseo de que S. E. volvería en corto plazo para proseguir en los ulteriores términos. » Nótese bien que, cuando 8. E. escribió al señor Alendar, ya sabía yo que no podía demorarme, y por lo tanto no había podido manifestar su deseo de que yo ajwyase la propuesta brasilera y gestionase que aquí se continuasen las ulterioridades. Por el contrario, el señor presidente del consejo cuando, por la mañana, le expuso en casa del infrascripto cuál era la propuesta brasilera, ambos convinieron en que esa propuesta no destruía ni peijudicaba la negociación confidencial. De modo que, al prometer yo mi pronto Tegreso, era para la negociación confidencial, y eso me dijo era

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el objeto al ordenar al señor Alendar se empeñase por mi regreso. Respecto de la negociación oficial, nunca la hemos disentido, jamás de ella nos hemos ocupado, y tan es así, qne él confiesa que estaba comprometido, una ves contestado el memorándum, á darme una respuesta sobre las bases privadas. Fondado en no sé qué, es que dice ahora que escribió al ministro Aleñar para que gestionase mi pronto regreso, para las ultenoridades pendientes t Es innegable que estas palabras vagas, no puede comprender otra cosa que lo que aquí yo dejaba pendiente, y esto era única y exclusivamente lo relativo á la negociación confidencial. £1 señor presidente no tiene empero el menor escrúpulo en confesar ahora, cuál fué el pensamiento brasilero, «y viene á ser, dice: que, por su parte, preferida la propuesta oficial, podría la negociación realizarse en esta corte, siendo para tal fin autorizado con poderes el señor ministro».

Este pensamiento, si existió in petto, no abonaría la buena fe del negociador. Pero de los antecedentes verbales y escritos, no resulta tal cosa. Á mi no me lo expuso claramente : la prueba que no se ha permitido ni insinuarlo, á pesar de mi explícito rechazo. Porque, en efecto, fué terminantemente establecido que la negociación confidencial debía concluirla aquí el gobierno imperial } pero jamás se me insinuó que allí substituyera á la oficial y que aquí fuese trasladada. Esta pretensión insólita, que yo no habría ni escuchado sin rechazarla, ahora se emite; y se hace en términos tales que demuestra que, si ese fué un deseo, no se atrevió á poner los medios de realizarlo. Confiesa que era necesario que yo la aceptase y que V. E. concordase dándome poderes, ¿ cómo puede entonces suponer (lue todo eso quiera realizarlo sin pedirlo expresamente f Acaso por decir : « ulteriores términos de la negociación », pudo suponer que tácitamente se eliminaría la negociación confidencial,

EL FRACASO DE LA NEGOCIACIÓN 367

y aquí se Beguiría la negociación entablada en Buenos Aires y á cuyo gabinete, directamente y sin intervención mía, se hacía una propuesta Y Esto no puede suponerse bona fide.

Observe Y. £. que el señor presidente del consejo no me ha hecho ana sola rectificación á lo expuesto en mi réplica; que, por el contrario, ha reconocido explícitamente cómo tuvo origen la negociación confidencial, la que fué sometida al consejo de estado, prometiendo después que, una vez contestado el memorandura, se me daría una respuesta á la negociación privada. Esa contestación es la que ahora consta por el protocolo, es decir, que el gobierno imperial no acepta las bases que por orden del ex ministro Soares Brandáo, condensando mis ideas, me fueron presentadas para la discusión. Si esas bases no eran aceptadas por el gobierno imperial, ¿cómo es que me fueron presentadas por escrito, y ellas y mi contraproyecto fueron sometidas al consejo de estado I No puede imaginarse que se haya dado esta larga tramitación á un proyecto de arreglo, si este no era prohijado por los mismos gabinetes que le dieron curso. Lo inexplicable es que el mismo presidente actual del consejo mostró un decidido empeño para que se contestase al memorcmdttm y poder ocuparse luego de la negociación confidencial. Más aún, y es esto muy singular. Después de la primera conferencia, y antes de celebrar las dos posteriores, en visita particular á 8. M. éste aprovechó para decirme, en términos muy autoritarios, que sólo la propuesta oficial brasilera satisfacía la opinión páblica del Brasil, y que el gobierno argentino debía aceptarla. Y es singular que el emperador, generalmente tan cauto, haya tomado esta vez una iniciativa contra las prácticas y contra la forma constitucional, pues es el gabinete el que gobierna y el que aún no me había dado la respuesta á las bases modificadas, con arreglo á las instrucciones escritas de V. E. De manera que el papel que ha desempeñado el presidente

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del consejo, es reducido á dar forma á la resolución directamente transmitida por el emperador.

Quizás entonces quien tuvo el deseo, el pensamiento y el propósito de traer, si fuese posible, la negociación oficial aquí, fué S. M., y ahora tardíamente ha pretendido darle forma el señor presidente del consejo, cuando ni era oportuno insinuarlo, ni hábil decirlo, ni leal manifestarlo. £n efecto : liabiendo recliazado por el último protocolo las bases propuestas, pi-oh^jadas por el mismo gobierno imperial, resulta que rechazan todo medio de conciliación equitativa, desde que no aceptan : V el trazo de una línea estratégica conveniente, sigeta á la aprobación de ambos gobiernos, para someter luego al fallo arbitral todas las cuestiones referentes al derecho histórico de propiedad internacional ; 2° que no aceptan tampoco la división equitativa, por partes iguales, del territorio comprendido dentro de los cuatro ríos. Resulta, entonces, que el objeto del reconocimiento propuesto no puede tener en mira, equitativamente pensando, sino robustecer las pretensiones portuguesas de la colonia y pretender con arreglo á ellas se decida la controversia. Aun en esta hipótesis, no sería la pretensión sostenible desde que los brasileros sostienen que fueron abrogados los tratados de limites entre las dos metrópolis. De modo que, sosteniendo ellos la posesión actual, sin título, 4 qué objeto práctico puede tener el estudio propuesto I Se trata, señor ministro, de territorios que en su mayor parte no están materialmente poseídos.

Yo opinaba que esa propuesta podía ser aceptada, cuando el presidente del consejo convenía en que ella no obstaba para proseguir la negociación confidencial. Efectivamente, podía perfectamente aceptarse la idea del estudio de los cuatro ríos y del territorio dentro de ellos comprendido, para que las comisiones propusiesen, ó el trazo de una línea conveniente y estratégica, que era mi idea ; ó la división por partes proporcionalmente

EL FRACASO DE LA NEOOCIACIÓN 869

iguales, como Y. E. lo ordenó faese propuesto en las instrucciones escritas ; y en caso que ninguno de estos temperamentos fuese definitivamente aprobado por ambos gobiernos, someter estos antecedentes ilustrativos al arbitro que hubiera de fallar. En este caso, ese estudio tenía un fin práctico, confesado lealmente, y las comisiones procederían bona fide, Pero una vez que el gobierno imperial rechaza esos temperamentos equitativos, se hace indispensable, antes de discutir la propuesta, fijar por medio de protocolos los objetos que se tienen en vista. De otro modo es una mera excepción dilatoria, para ganar tiempo.

Así fué que, en una de esas conferencias para concordar la redacción del protocolo, las que tenían lugar en presencia del señor barón de Cabo Frío, el presidente del consejo me dijo : «nos hemos de entender y tratar». Yo le repliqué: « V. E. es muy abogadil, y usa y recurre á su chicana para no entrar en el fondo franco de las cuestiones ; no trataría de esta materia sino con el señor barón, como plenipotenciario, y cuando el gabinete gobierne. » Refiero estas conversiiciones, porque acentúan perfectamente mis convicciones, y no las he ocultado, diciendo verdades en tono de amistosa broma.

Ahora bien, el rechazo de las bases propuestas no abona la habilidad ni la circunspección del negociador brasilero. Pudo abstenerse de emitir juicio sobre ellos, y limitarse á defender el estudio previo, para que, una vez hecho, se tomasen aquellas en consideración. En ello habría sido hábil. Pero el rechazo, in Uninej sin discusión, de tales bases, cuando sobre ellas se oyó al consejo de estado, y fueron prohijadas por elanteríor gabinete, prueba una inconcebible versatilidad^ ó que causas supervinientes han hecho cambiar el plan y las tendencias del gobierno imperial. No me atrevo en este informe á entrar en el terreno peligroso de las hipótesis. Llamo muy seriamente la atención del gobierno argentino sobre lo que ha ocurrido.

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De todas maneras, la negociación confidencial y privada no ha comprometido ningún derecho , no ha hecho declaraciones graves, ni ha peijadicado el memorándum argentino. Por el contrario, ha servido para que el gobierno imperial se quite la careta y rehuya los arreglos más honorables y prudentes. Las eventualidades del futuro darán la razón al gobierno que fué constantemente leal. Conviene que Y. £. tenga presente que toda esta negociación se ha llevado á cabo bigo mi explícita declaración de no tener poderes, sino una simple autorización privada de V, E. para buscar un arreglo, que yo juzgase equitativo. Sin embargo, se ha dado formas legales á los protocolos y los ha subscripto el mismo presidente del consejo. De manera que si mi conducta fuese desaprobada, sólo quedarían subsistentes las declaraciones del gobierno imperial y su rechazo á los temperamentos de arreglo equitativo propuesto.

Para justificar la demora de la redacción del último protocolo, adjunto copias de las cartas que me fueron dirigidas por el presidente del consejo y por el señor barón de Cabo Frío. Adjunto también copia del primer protocolo, cuya autenticidad queda ahora robustecida por la declaración contenida en el último protocolo.

Como son innecesarias las instrucciones que V. E. me dio, la modificación que V. E. hizo á las bases privadas y á la plenipotencia, de todo lo cual quedan copias autorizadas en mi poder, las devuelvo á V. E. como me lo ha ordenado.

Mi numerosa correspondencia confidencial suplirá las deficiencias del presente informe (1) .

(1) Archivo del ministerio de relaciones exteriores. El plenipotenciario Quesada al mvnietro de relacionen exteriores. Río de Janeiro, 24 de marzo de 1885.

EL FRACASO DE LA NEGOCIACIÓN 871

El presidente Eoca me escribió entonces la siguiente carta (1) :

Presidente de la República Argentina.

Buenos Aires, marzo 6 de 1885.

Señor doctor don Vicente O. Queacida,

Mi estimado amigo :

He leído con interés su carta y no me sorprende lo qne V. me comunica, porque la política á que Y. se refiere, no se distinguió nunca por su lealtad ni por su consecuencia.

Difícil es dar con las causas que hayan motivado un cambio tan inesperado. Serán tal vez las apreciaciones exageradísimas que se hacen sobre nuestra situación financiera; ó quizá la perspectiva de un conflicto con motivo de la lucha electoral. En cualquiera de los dos casos, hay una completa equivocación, porque ninguno de ellos encierra peligro alguno para la república. Lo que no creo es que la conducta referida obedezca á sugestiones del ministro Alendar.

Tendremos, pues, que seguir dejando al tiempo la resolución de la cuestión, lo qne á nosotros no nos perjudica, porque en cada día que pasa obtenemos una ventaja, dado nuestro sorprendente desarrollo en todos sentidos.

Por lo demás, V. no tiene motivo para inquietarse. Ha hecho y. cuanto ha sido posible, y su proceder no ha podido ser ni más hábil ni más patriótico, habiendo obedecido el último incidente á cosas que escapan á toda previsión.

(1) Archivo en San Rodolfo. El presidente Roca al plenipotenciario Qtíesada. Marzo 6 de 1885.

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Deseándole la mayor felicidad, me repito su siempre afectísimo amigo.

Julio A. Roca.

El presidente no sospechaba que el mismo ministro Alenjar, algún tiempo después, refirióle á mi hijo la jactancia de nuestra cancillería sobre mi negociación confidencial, que el general Mitre aprobaba con elogio, y que él comunicó las noticias al gobierno imperial, reconociendo la lealtad de mi procedimiento y mis esfuerzos i)or terminar la disidencia internacional. Lo que no pudo decir es que él, tanto como el ministro Ortiz, ambicionaban que la negociación oficial terminare en Buenos Aires, á fin de intervenir ambos.

Juzgo innecesario reproducir los siguientes documentos : proyecto de réplica del presidente del consejo ; proyecto de contraréplica del ministro argentino, y segundo proyecto de contraréplica, documentos copiados y legalizados por el secretario de la legación argentina, don Carlos María Ocantos, conservados en el archivo del ministerio de relaciones exteriores, y de acuerdo con los cuales se redactó y firmó el protocolo que queda reproducido en extenso. Aun cuando aparece fechado en 27 de enero de 1885, se firmó en 2 de marzo de ese año, según consta de las cartas del consejero Dantas, en el mismo legajo.

En 10 de febrero de 1885, en carta confidencial, decía al ministro Ortiz : « Ayer á las 11 a. m. fui al ministerio para conferenciar con el presidente del consejo sobre la redacción de lo sucedido en la última conferencia. Era el

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primer día que el ministro tenía libre, según me escribió con fecha 6 el señor barón de Cabo Frío, pues actualmente está ocupado y muy preocupado con la próxima reunión del parlamento, y el resultado definitivo de la elección de diputados. El mismo presidente me había dado en la conferencia anterior la exposición que él hacía, y ayer llevé en borrador el proyecto de protocolo, y la contestación mía á la exposición brasilera. La leí, como la traducción de lo dicho por el presidente del consejo, en presencia del señor barón de Cabo Frío, que asiste y ha asistido á todas las conferencias. En mi exposición hago la historia de la negociación privada y confidencial; y en el terreno en que ahora se pretendía colocar la discusión, declino de entrar en ella por ser la misma proposición de la negociación oficial allí radicada y doy por terminada la discusión, retirando expresamente las bases y modificación últimamente propuesta, con arreglo á las instrucciones escritas por V. B. Oyeron leer, y como conmigo se hizo, dejé los borradores, á fin de que el presidente conteste y explique el cambio del terreno de la discusión. Todo se hace con la mayor cordialidad, y V. E. verá con qué claridad concisa está expuesta la verdad por mi parte. No son necesarios comentarios : basta la lectura. Pero ayer hubo un incidente, antes de entrar en los objetos de la conferencia. El señor presidente del consejo, á quien en la primera conferencia para convenir en la redacción expositiva de lo ocurrido, le había yo referido cómo S. M. me había anticipado una respuesta, la forma en que se hizo y hasta el tono imperativo, refirió esto á S. M.; y ayer me dijo : que S. M. le había protestado que no tuvo intención en manera alguna en

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tomar una actitud imperativa, que había usado de la franqueza con que acostumbraba hablarme y que si aparecía vehemente era porque expresó una convicción ; que muy lejos de haber pensado ser descortés, tenía mucha estimación personal por mí, de cuya buena fe, lealtad y excelente deseo de armonizar ambas naciones, tenía formado el mejor concepto; que me dijera, por último, que si quería que me tratara con las reservas diplomáticas lo haría, porque no era eso difícil, pero que había él preferido el tono familiar y amistoso. Prescindo de las palabras, que en lo que me era personal fueron en la forma hiperbólica brasilera, mas en el fondo importa una explicación amistosa hecha por intermedio del presidente del consejo, delante del barón de Cabo Frío. Se lo transmito porque es un incidente en este malhadado negocio, que el presidente ha sostenido ayer ha influido en la contestación pronta al memorándum y en la propuesta hecha, en la que, según él, está englobada la idea capital de la negociación privada, de que esto sería un estudio preparatorio. Veremos cómo explica, al replicar alo que yo expongo. Ahora le queda á V. E. toda la carga, pero yo supongo que allí puede V. E. con paciencia, con mucha paciencia como aquí acostumbran, tal vez traerlos al mismo terreno del que se me han escapado por la manía de ser siempre cautelosos y desconfiados. Cuentan mucho con la instabilidad de nuestros gobiernos, y cuando encuentran que la razón prudente puede triunfar de sus pretensiones, ganan tiempo. Este método les ha hecho firmar tratados .ventajosos con las repúblicas del Uruguay, del Paraguay, de Bolivia, del Perú, etc. Mientras que, en la cuestión de límites con el gobierno francés

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Robre la Gnayana, andan con pies de plomo. Con nosotros una vez que saben que no obtendrán todo, y quizá halagados por algfuna ligereza ó informe de Alenjar, sospecho que creen sacar mayores ventajas después. La crisis económica, y la visita del conde d'Eu á las provincias limítrofes, no habrán influido poco en el cambio que yo encontré á mi regreso, á lo que debe agregarse la falta de autoridad moral del actual gabinete, en presencia de una elección, después de disuelta la cámara, cuyo resultado puede ser un descalabro ministerial... Eecibí una nota oficial recordándome el envío de la memoria anual de los trabajos de la legación. La reclamación es ñmdada, Y. E. sabe que en enero estuve allí, que apenas volví me ocupé de la negociación confidencial, de la cual aun estoy ocupándome, para dejar bien claramente expuesto lo sucedido, á fin de que jamás se califique mi proceder como una traba á la cuestión de fondo, cuando fué, por el contrario, el medio indirecto para acelerar la respuesta al mmnoranduMy que no lo habían hecho pronto, por el recargo de atenciones del señor barón de Cabo Frío. Y de los protocolos resulta como en relieve la poca lealtad con que aquí se ha procedido, y la manera amistosa y á la vez prudente con que procede mi gobierno. Esos documentos dejarán evidenciados que no hubo declaración peligrosa ni grave hecha por mí, ni que se amenguó en lo mínimo el memorándum del doctor Plaza, de cuyo valer y mérito no se trató, ni pudo tratarse. Voy entretanto á ocuparme de redactar la memoria anual » (1).

(1) Archivo del ministerio de relaciones exteriores. El plenipoten-

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La historia de estos sacesos está fielmente narrada en la correspondencia conñdencial, que mantave frecuentísima, dando los detalles que constituyen la ciúnica de los acontecimientos, que mis compatriotas ignoran, y que, como vindicación de mi crédito personal, conviene exponga para apelar al fallo de la posteridad.

« Comprendo perfectamente bien, — decía en 14 de febrero del mismo año al ministro Ortiz, — la sorpresa que V. E. ha debido tener como todo el gobierno, por nn resultado que sólo deja evidenciado... el doblez. Mas yo insisto en suponer que hubo causa superviniente entre mi ida y mi regreso, pues de otro modo revelaría inhabilidad en el procedimiento. Ya debe haber recibido el documento de la relación escrita de lo sucedido en la primera y en la segunda y última conferencia, falta que el consejero Dantas replique á mi exposición. A este documento le di el carácter oficial de protocolo, firmado por ambos y declarando auténtico y verdadero el de la primera conferencia. Así queda en documentos diplomáticos innegables historiada con lacónica verdad la negociación, y cuando V. E. lea ambos documentos, me dirá si cree que es indispensable que redacte el memorándum que me pide. En caso afirmativo, me conviene tener la correspondencia confidencial sobre esta negociación, que mantuve con V. E., puesto que de la mayor parte de esas cartas no dejaba borradores. La necesito para fechas y detalles, pues creo que V. E. quiere una exposición documentada. Mi opinión es que una exposi-

ciario Quesada al ministro doctor Ortiz (confidencial). Río de Janeiro, febrero 10 de 1885.

EL FRACASO DE LA NEGOCIACIÓN 877

ción concreta, á la cual se acompañe mi primera nota confidencial, remitiéndole el proyecto y * contraproyecto, y luego las instrucciones de V. E. y los oficios remitiéndole los protocolos^ bastaría como documento diplomático, á fin de poner en evidencia la deslealtad ajena. Esos documentos, reservados por ahora, deberán servir en caso de que las relaciones se compliquen, á fin de ponerlos en manos de los gabinetes de las grandes potencias y de los gobiernos americanos. Por ahora, pienso que sobre eso no debe decirse nada, y V. B. cuando tome en cuenta la propuesta hecha, exija allí que se estipule previamente los fines de ese estudio, que no es una solución sino un antecedente ilustrativo para continuar después discutiendo. V. E. puede traerlos al terreno de que se me han escapado ; tenga mucha paciencia : sin precipitarse, ni darse por entendido de lo hecho conmigo, exija fijar de acuerdo los fines y alcance de tal estudio ; si es para resolver la cuestión en derecho estricto, surge luego la cuestión sobre la validez y vigencia de los tratados entre las metrópolis, si los reconocen subsistentes, que así se declare. Si sostienen que están abrogados ¿ cuál es el objeto legal del reconocimiento propuesto! Ya ve V. E. cómo puede ir poniendo al negociador entre la espada y la pared. El tal A... por astuto que sea, no está preparado ni goza aquí de autoridad moral. El barón de C. preveo que al concordar con las instrucciones que deben dar los gobiernos á las comisiones científicas, van á encontrarse ante las dificultades, y por ello decía, delante del presidente del consejo : « han de venir á las ideas del doctor Quesada ». Mas todo ello dependerá del gabinete aquí. El actual está en artículo de

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muerte, me parece. No sé quién va á sucederle. Si faese Sinimbú, que no creo, tendría la creencia que nuestra cuestión entraría en el terreno de la armonía y la concordia. En caso que caigan los liberales y entren los conservadores, habrá otra disolución de la cámara, que sólo votará los presupuestos á fin de impedir la dictadura financiera, como hizo la anterior. Le recomiendo lea la revista del año 1884 sobre el Brasil, que le mando en oficio oficial. Y le llamo muy seriamente la atención sobre los parágrafos que se refieren á la cuestión de límites. Lo que allí se dice es el pensamiento brasilero, prohijado por el emperador : es cuestión, dicen, de seguridad de fronteras para el Brasil, y para la república es una cuestión de territorio. Colocar la cuestión en este terreno es hacer sumamente difícil un arreglo. Tienen la manía del tratado de 1857, é ignoran bajo qué restricciones fué aprobado por el congreso del Paraná. En esta cuestión no razonan, no saben ni quieren saber, les basta la preocupación popular. Por ello era y es mi idea que se estudie el trazo de una línea divisoria conveniente, y la cuestión territorial se decida por arbitraje. Era eso precisamente la negociación á fin de no herir aquella manía y traer las cosas al terreno de la prudente equidad. No lo han querido, ahora, cuando la mayoría del consejo de estado aceptaba ese pensamiento, que prohijaron los ex ministros de negocios extraiyeros Soares Branda y Matta Machado. Dada esta situación, creo que conviene marchar con pies de plomo y dormir, lo repito, con un ojo abierto, es decir, estar preparado para las asechanzas de los ambiciosos aquí, que no nos tomen desprevenidos en materiales bélicos, ni en la opinión de

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las grandes potencias. Aunque los Estados Unidos tienen una política egoísta, sin embargo nadie mejor que Y. E. y el gobierno sabrán cuándo y cómo convendría ponerlos al corriente, muy reservadamente, de lo sucedido. Espero el protocolo. Yo voy hoy á escribir pidiendo respuesta pronta para poner punto á esa negociación. Procedo conservando los mismos medios de franqueza anterior; no me he dado por enojado, y ya verá V. E. cómo quedan las cosas. Hago la historia y la doblez se evidencia, sin decirlo. No sé cómo replicarán, creo que están un poco embarazados; pero yo le recordé al presidente del consejo detalles ocurridos entre ambos, que no se atrevió á negar y de ellos resulta que el pensamiento que ahora prohija no fué el que tenía en nuestras conversaciones. Me indica V. E. la conveniencia de removerme: si es para Europa, acepto con gusto ; si fuese para América, sólo me sometería como á una necesidad, creyendo que V. E. me cree inútil aquí. Es preciso conocer á estos señores. Ahora querrían darme pruebas de deferencia para echarme tierra en los ojos : saben que los conozco, y que las protestas de amistad y y las palabras de honra, sé lo que valen! Son ellos los que están más incómodos. Yo he tomado la actitud prudente : me han hecho una mala acción, pero en esta carrera sería una torpeza aparecer enojado. Lo creyeron y se han chasqueado. Así el mismo emperador me ha mandado un recado con el presidente del consejo de que le he dado aviso, y éste me decía : no le hemos de permitir que nos deje, porque todos somos amigos suyos » (1).

(1) Archivo del ministerio de relaciones exteriores. El plenipoten-

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Con franqueza lo digo ; nuestra cancillería no estaba ju^ parada para ultimar la negociación, fijando rumbos seguros á los objetos de la proposición brasilera. El señor Alendar no era una eminencia diplomática; pero si el ministro de relaciones exteriores hubiera sido capaz de utilizar la situación, hubiese negociado con ventaja. Kada hizo por angustiosa precipitación, y los miembros del gabinete tampoco supieron, ó quisieron, tomar parte en la más im* portante de las emergencias de la cuestión de límites: querían conservar la paz, siguiendo el antipático aforismo de «que el que venga atrás que arree» Esa imprevisión nos condujo á ser condenados por el presidente dtj los Estados-Unidos, como arbitro, y fueron los brasileros los triunfadores, verdad que en daño de su papel histórico en Sud América.

En 21 de febrero acusaba recibo de la confidencial del ministro Ortiz, de 14 del mismo mes, y le decía: « Me alegro mucho el S9.ber la actitud que V. B. seguirá echando tierra al negocio, y no hablar nada de él. Aun no le puedo enviar el segundo y último protocolo. Tengo tres cartas del señor barón de Cabo Frío sobre ésto. Ya el presidente del consejo dio los apuntes para replicar á mi exposición. Estoy deseoso de mandarle ese documento. No atribuya á muy mala voluntad la demora. Este ministerio está moribundo. La cámara en su sesión preparatoria, hizo ya un escrutinio de los diputados electos que no ofrecían dificul-

eiario Quesada al ministro de reUwiones exteriores (confidencial). Bío de Janeiro, 14 de febrero de 1885.

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tad. Besultó mayoría conservadora ; además, esa mayoría cuenta con los liberales disidentes, de modo que los liberales gnbemistas quedan en notable minoría. Continúan tres comisiones estudiando las demás elecciones, pero este antecedente induce á creer que el ministerio no podrá vivir. No sé lo que sucederá; i)ero, en fin, asisto á otro funeral ministerial. Éste, que pudo hacer mucho, nada hizo. El obstáculo es el emperador. Es de una indecisión lamentable, tiene la energía de aquel portero Pipelet en los Misterios de París. Se deja sumir la bolla y queda quieto. Si entra, que me parece difícil, algún gran carácter, que son poquísimos, á formar el nuevo gabinete, tal vez habrá otra política internacional. Mas si suben otros, como transición mientras llegan los conservadores, no sé lo que sucederá. El viaje de la princesa fué resuelto por S. M., es un acto eminentemente político ¿cuál es el objeto 1 Hay quien supone que él quiere hacer otro viaje, que está cansado y desencantado, y que trata de popularizar la regencia, tal vez próxima. Estos son rumorea ó cálculos de los politiiians. Se los transmito como llegan á mis oídos. Á fin de que conozca el gran pleito electoral, le envío el Diario Oficial de ayer y de hoy » (1).

Repetiré una vez más que la crónica minuciosa, y casi diaria, de todo lo relativo á la negociación confidencial se encuentra en mi correspondencia epistolar con el ministro de relaciones exteriores, y deseoso de que se conozca la

(1) Archivo del ministerio de relaciones exteriores. El plenipotenciario QusMda al ministro Ortiz (confidencial). Río de Janeiro, febreo 21 de 1885.

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verdad histórica, reproilnciré las cartas mismas, aun temeroso de que resultan repeticiones.

El 4 de marzo escribía nuevamente al ministro: «Hace dos días que el presidente del consejo me mandó su exposición modificada y corregida, de modo que mi contraréplica no tendrá lugar. Estoy haciendo copiar todo, y tan pronto como esté puesto en limpio el protocolo y firmado, se lo mandaré, y las copias de todos los documentos relativos no sólo la redacción del protocolo, sino un informe que concrete lo sucedido. Como V. E. conoce los resultados, he llevado todo con mucha paciencia, y cuando esté V. E. impuesto por la lectura tranquila, le ruego que me dé su opinión. He tenido la resignación de Job, y una prudencia que no creo pudiera ser superada. De manera que, á pesar de la deslealtad para conmigo, al extremo de intentar mistificar la verdad de lo sucedido en la negociación confidencial, que es ya un acto reprobado, yo no he perdido el aplomo, le he forzado á rehacer lo hecho, exponiendo la verdad de tal manera que no le fué posible negarla. Y aun cuando le he dicho muchas verdades, siempre lo hacía para responder á alguna protesta de amistad y riéndome, de modo que mi conciencia me dice que todas las ventajas en las conferencias últimas han sido mías, pero estériles : en el fondo he sido burlado. El origen y la causa es S. M., no tengo duda. Estos no son sino meros ejecutores de lo que él quiere, y yo no sé qué es lo que quiere. Es un descreído, que no tiene valor moral para sobreponerse á las preocupaciones ó bien él quiere tomar todo el territorio de la disputa, por bien ó por astucia. Algo deben influir las revistas aparatosas del conde d'Eu, pues veo en los diarios de

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esa que, en una proclama al ejército, habla de la defensa déla «integridad del imperio», ¿quién la amenaza! Nadie, i)ero ellos pretenden que esa frontera disputada para ellos es una cuestión de seguridad y de estrategia, mientras que para nosotros es cuestión de extensión territorial : idea que muchas veces me ha expresado el emperador, y yo le repliqué como lo he contado : idea que tienen los brasileros, y que faé últimamente emitida en el Jornal do Commercio y en artículo que en recorte acompaño de la Gazeta de Noticias. Este artículo no dice una palabra de verdad. Todo en lo que á mí se refiere esinexato, y la referencia al tratado de 1857 sólo revela ignorancia. Ese artículo merecía una réplica, concretándola á demostrar que es una monomanía impolítica el recuerdo de ese tratado, pues no estando cangeado no es pacto obligatorio, y, por otra parte, que la ley del congreso del Paraná que lo aprobó, lo modificó en su esencia, y que sólo así modificado sería obligatorio para la república. De modo que es ignorancia invocarlo, i)orque no consiguen sus pretensiones. La respuesta debía ser breve, pero substanciosa. Yo no sé, más presiento tormenta: hay algo vago, que yo no podría designar, que me revela que tal cuestión entra en un período grave. No sé si, como una vez lo dijo con acierto La Prensa allí, echan esta cuestión en vísperas de una crisis ministerial á fin de contener á los partidos y para distraer la atención de las graves cuestiones internas hacia este fantasma, que sólo la mala fe lo hace amenazador»... (1)

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«Yo creo que el actual ministerio no puede durar,— de^ía al ministro de relaciones exteriores — sin embargo, he presenciado inexplicables sucesos. Á veces las oposiciones son como las tormentas tropicales, porque el carácter no es firme, es variable y movedizo, por cuya causa el emperador pesa como una mole de plomo, y paraliza todo, según su voluntad. No gusta de rodearse de hombres eminentes, por cuya razón los partidos están profundamente anarquizados. El jefe tradicional es el barón de Cotegipe. Ahora asoman con pretensión vanidosa el consejero Juan Alfredo y el orgulloso Paulino, no consintiendo en subordinarse á nadie. De modo que hay jefes de tres grupos ó fracciones del partido conservador, todos se creen herederos del poder. 4 Cómo quiere que los partidos impongan al testarudo emperador! Éste deja hacer, porque sabe que sin él nada pueden. Los liberales están también divididos. Saraiva es un jefe, Sinimbú otro y Celso Figueredo lo es también, sin contar al actual presidente del consejo, consejero Dantas. Posible es que estas agrupaciones se combinen para derrocarlo y luego vendrá la repartija del poder. La composición de la cámara responde á este fraccionamiento anárquico. No hay opinión pública poderosa. Eesulta, dadas estas circunstancias, que hacen á veces vergonzosas transacciones, y esto lo prueba la espectativa en que se encuentran sin que la cámara funcione. Llama la atención las fiestas dadas en Petrópolis en honor de la princesa. El viaje y estas demostraciones son

del plenipotenciario Quesada al ministro Ortiz, Río de Janeiro, 4 de marzo de 1885.

EL FRACASO DE LA NEGOCIACIÓN S85

esencialmente políticas. Ese viige fué la obra del emperador iqné se propone! El tiempo lo dirá. Mientras tanto los recortes de los diarios que le envío le mostrarán cuál es el estado social^ desde que aquí, bandas de eapoeiras^ bandidos conocidos, se pelean y se atacan á vista y paciencia de una mala ó impotente policía... Aun no he obtenido firmar el protocolo de la conferencia que llevará la fecha de 27 de enero. Me prometen de día en día el aviso. Me han agotado la paciencia» (1).

Por los documentos que dejo transcriptos queda perfectamente establecida la verdad de cuanto yo hacía en esa época, y sin embargo, — por una casual ironía en el involuntario trastrueque, — en nuestro país el diario oficioso. La Tribuna ISadonal, en artículo intitulado : La cuestión Misiones, decía, reproduciendo la noticia de un diario argentino: «Coincide con el verdadero objetivo del paseo que se ha terminado por preces en el templo 6 por cortejo del palacio, la ya anunciada solución de la cuestión de límites en las Misiones mediante augusto arbitraje. Ha cabido tan inesperado encargo al emperador de Alemania, cuya imparcialidad dará á su fallo el carácter severo de la justicia, y de un hecho nuevo parala geografía de esas zonas del continente americano... Entretanto, esperemos el veredicto que se elabore en el histórico alcázar de Federico el Grande, para aceptarlo como

^l plenipoteneiario Quesada al ministro Ortiz. Río de Janeiro, 8 de marzo de 1885.

386 MIS MEMORIAS DIPLOMÁTICAS

un gaje de rectitud, y como el ténnino de una controversia á que se atribuía una exagerada transcendencia para la suerte de los estados que han entregado á otras manos el nudo gordiano para desatarlo ». Estas son palabras que textuales reproduce el diario argentino, agregando: «no habiendo tal arreglo ni arbitraje convenido, carece de seriedad una afirmación tan perentoria» (1). i Qué responsabilidad incumbe á un diplomático sobre semejantee noticias de la prensa periódica 1 Mientras que £1 Naoional da así por terminada la cuestión de límites, los diarios del Brasil entonan con reproches injustos y cargos infundados á la actitud del gobierno argentino » (2).

La Crónica, de fecha 14 de marzo, decía: « Se ha esparcido, no sabemos con qué origen y fundamento, la noticia de haberse arribado, entre el plenipotenciario argentino y el gabinete brasilero, á la solución de la vieja cuestión de límites pendiente entre la república y el imperio, sometiéndolo al fallo del emperador de Alemania. Admitida y comentada por el colega que goza de autoridad, acaba de desvanecerse por completo ante una rectificación categórica del diario oficial... Si la misión del señor Quesada qne ha entrado en los dos años, — agrega el diario citado, — continúa y las discusiones y las conferencias siguen, es para nosotros prueba muy racional de que los negociadores quieren desatar con sus propias manos el nudo, que les hace consumir un gran espacio de tiempo dando vuelta los hilos y que los hubiese dejado ya sin tarea si se hubieran

(1) Tribuna Nacional, Bnenos Aires, 12 de marzo de 1885.

(2) ídem, ídem.

EL FRACASO DE LA NEGOCIACIÓN 387

resuelto á pasarlo al emperador de Alemania ó algún otro mediador, augusto ó no » (1).

£6tas noticias de la prensa periódica demuestran con evidencia que se conservaba con lealtad el secreto sobre el estado de las negociaciones, concretadas en esa época á la simple redacción de los protocolos. Jamás ocurrió, que yo sepa, la designación de tal arbitro, puesto que no se había convenido en arbitraje alguno, de manera que esos informes adolecían del mismísimo achaque de otros muchos referentes á la negociación confidencial ; informes que producían exasperación autoritaria en el ministro de relaciones exteriores, quien me envió los recortes de los diarios aludidos, probablemente con alguna amable alusión á la charada que le molestó tantas y tantas veces, hasta obtener que fracasase la negociación que, después reconocía por carta de 16 de mayo de 1885 como la única á su juicio, posible.

Mientras esto ocurría en Buenos Aires, yo luchaba en Bío de Janeiro para terminar con la redacción de los protocolos. Esta demora podía dejar sin firmar ese documento diplomático, por la caída del ministerio Dantas, y si éste, fundado en el hecho, se negaba á firmar, ¿ podía yo obtener un documento al que personalmente daba la mayor importancia ! Tal vez la demora dependía de las preocupaciones que su i)olítica debía producir en un jefe de gabinete, amenazado de crisis inevitable.

En 21 de mayo decía confidencialmente al ministro

(1) La Crónica, Buenos Aires, 14 de marzo de 1885.

388 MIS MEMORIAS DIPLOMÁTICAS

Ortiz: «Se abrieron las sesiones del pariamento, prueba que las cámaras tenían el quorum legal para funcionar. Pues bien, la cámara de diputados no se reúne sino para tratar de las cuestiones de elecciones, reconocidamente enredadas, y el gabinete pretende que sólo después de concluida esta tarea debe ocuparse del objeto de la convocatoria extraordinaria. Disuelta la cámara electiva por causa del proyecto relativo al elemento servil, fué para ello que se convocó extraordinariamente. El discurso de la corona en la apertura, así lo dijo también. Sin embargo, la cámara no ha contestado aun á la Falla imperial, y esto prueba que el ministerio no tiene mayoría para la sanción del proyecto. Ha resultado así que sea el senado, cuerpo vitalicio, el que primero contestó al discurso de la corona, y se produce este fenómeno constitucional, que no se sabe que ha resuelto la nación por medio de la elección última, ó, en otros términos, cuál sea el pensamiento legal con relación al elemento servil. El senado es por su esencia un cuerpo conservador, y es la cámara de diputados la que representa los intereses políticos y populares, la que forma y derrumba gabinetes. Aquí propiamente está el elemento popular y el nervio político y parlamentario. El papel del senado es pasivo : puede demoler una situación política, pero no es por su iniciativa. Pudiera resultar opine en la cuestión de actualidad — la esclavitud — de un modo diverso que la cámara y vendría entonces, 6 la fusión y concordia de ambas ramas parlamentarias, ó el aplazamiento ó derrota del proyecto. De manera que un gabinete que ha usado del recurso de disolverla cámara y que se encuentra ahora impotente para conquistar suapo-

EL FRACASO DE LA NEGOCIACIÓN 389

yo, es un gobierno moralmente muerto. Hacen, entretanto, esfuerzos las dos fracciones liberales para arribar á un acuerdo sobre la cuestión de la esclavitud, acuerdo que quizás no salve al gabinete, al que quieren derrumbar los unos y los otros. Aquí nada se puede prever: son gritones furibundos, y dóciles, cuando don Pedro II quiere algo con energía. El hecho que está ahora visible es la derrota moral del gabinete: la cámara no funciona hasta que resuelvan sobre las elecciones disputadas y aún no aprobadas. Esa resolución x>odrá ser más ó menos favorable al ministerio ; sin embargo, la presencia de Moreira Barros, que es el presidente, prueba que los liberales gubemistas no tienen mayoría. En cuanto á los conservadores, he dicho en otra ox>ortunidad que están divididos y pierden así fuerza y prestigio. Si cae Dantas, ¿cómo será reemplazado! Difícil es preverlo. Muy desalentado me ha hablado el diputado Zama. El partido liberal está profundamente anarquizado, unos pocos hacen cuestión personal, otros de pensamientos y propósitos, y pienso que en todos es la conveniencia la que prima. El emperador se complace de este fraccionamiento, porque así queda más fuerte su influencia, y, como es pertinaz, hace lo que quiere y no hace más porque es linfático é irresoluto: cierra los ojos y no resuelve nada, deja que los sucesos lleguen y por sí mismo se acomoden. No puede imaginar lo que les satisface aquí la situación económica de la república. Anoche oía en el tranvía á un grupo de caballeros, quizás sin intención por mi presencia, que la crisis en la Argentina era mucho más seria que la del Brasil, el progreso y prosperidad allá más ficticio, y en ese terreno el peor era el agen-

390 MIS MEMORIAS DIPLOMÁTICAS

te de las Mensajerías Nacionales francesas, una especie de jurista de genio diabólico. Seguro estoy que acentuaban más la cosa á fin de que yo los oyeía. No se conforman con nuestra prosperidad, cierta pasioncilla de celo y envidia domina desde lo alto hasta las capas inferiores. Kos quieren mal. El mejor barómetro es el periodismo. Esquivan toda noticia favorable y se complacen en lo que es contrario al progreso. Hay mucha vivacidad intelectual, tienen hombres muy notables, sobre todo en las provincias limítrofes á nuestras repúblicas del snd, donde la población es vigorosa y viril. El clima tropical produce anemia, y ésta forma caracteres débiles : cierta ligereza en las costumbres, por el ardor mismo del clima, enerva la voluntad y afemina al hombre, cuyo color pálido muestra que la tuberculosis gana terreno. Me llaman la atención las tropas que aquí veo: predomina la pobreza física, que revela corrupción de costumbres... Aun no he conseguido firmar el protocolo de la última conferencia celebrada el 27 de enero » (1).

Preciso es reconocer que ese documento no ofrecía interés á un ministerio dominado por la crisis que dejo narrada: no era en verdad mala fe, sino que preocupaciones profundas é inmediatas hacían olvidar un documento que si á mí me interesaba, al consejero Dantas le era de todo punto indiferente, quizás algo incómodo porque le perturbaba en la lucha para conservar el poder. Así me

(1) Archivo del ministerio do relaciones exteriores. Confidencial del plenipotenciario Quesada al ministro Ortiz, Río de Janeiro, 21 de marzo de 1S85.

EL FRACASO DE LA NEGOCIACIÓN 391

explico lo acontecido, y creo justo decirlo con franqueza: no era mala fe sino la impotencia para dominar una situa^ ción política que se derrumbaba fatalmente.

En 1"* de abril decía al ministro: «Al fin puedo darle cuenta oficial y confidencial de la encantada negociación. He redactado un informe que contiene concretamente la historia de lo sucedido... Eesulta, á mi inicio, en relieve la doblez final. V. E. comprende que yo no podía ser muy claro, porque el consejero Dantas no habría firmado. Es preciso inducir la verdad, puesto que los hechos reconocidos son de tal naturaleza que sin mucho esfuerzo se apercibe lo falso en el caso... tengo la conciencia de no haber hecho ninguna declaración grave, ni mucho menos comprometido nuestro derecho. Después de lo ocurrido, supongo hayan desaparecido las impresiones que las erradas noticias de los diarios produjeron en ese gabinete... pero mi permanencia aquí es muy vidriosa. Saben que les conozco y eso hace que no se fíen de mí. Creo que verían con placer mi remoción, y ahora lo creo conveniente. V. E. mismo fué de esa opinión y cuento con su buena voluntad. Estoy en el purgatorio y es preferible salir pronto. El señor presidente tuvo la bondad de escribirme una carta muy satisfactoria después del fracaso de la negoción » (1).

No he encontrado esa exposición ni en el archivo del ministerio, ni en el mío pero con los documentos oficiales

(1) Archivo del ministerio de Felaoiones exteriores. El plenipotenciario Quesada al ministro Ortiz, Río de Janeiro, abril !<> de 1885.

892 MIS MEMORIAS DIPLOMÁTICAS

y confidenciales que reproduzco, queda perfectamente clara la verdad histórica.

Escribía al ministro Ortiz, en 11 de abril, lo siguiente: « He pasado seis días en Petrópolis, donde fui con el objeto de visitar en las pascuas al emperador y á la princesa. Al primero no le veía desde la célebre entrevista en el palacio de San Cristóbal, de que di á V. E. noticia, cuando me manifestó cuál era el arreglo que satisfacía la opinión pública del imperio. Sabe V. E. que hice presente al jefe del gabinete, consejero Dantas, la extrañeza con que oí al emperador darme una respuesta, antes que el ministerio me la diese por la vía y en la forma oficial, y el aire y tono de voz con que lo hizo. Eecibí después dos mensajes por intermedio del mismo consejero Dantas, que debían tomarse como una explicación ; sin embargo, yo no le había visto más. Quise, pues, aprovechar las pascuas para ambas visitas de cortesía. En efecto : el lunes de pascua visité á S. A. la princesa y al conde d'Bu, y el martes lo hice en el palacio imperial á SS. MM. En vez de señalar ambos un mismo día, son tan poco considerados que designan diversos días en los cuales los diplomáticos vestimos frac, y en coche es de etiqueta hacer esas visitas oficiales de cortesía. Este detalle es característico y por ello lo recuerdo. El lunes por la noche se dio un baile, al que asistí y donde por vez primera vi en sociedad al emperador, después de lo acontecido en el palacio de Petrópolis, como acto oficial, nada dijo. Me vio y vino á saludarme amablemente. Me dijo : « tengo que hablar con V. porque yo trato con franqueza á las personas que estimo, y guardo las formas diplomáticas para la rigorosa etiqueta;

EL FRACASO DE LA NEGOCIACIÓN 393

hablaremos ». — Eespondí : « estoy á la disposición de V. M.» — Me habló diciéndome que debía pennanecer en Petrópolis, que conversaríanos. Sin embargo regresé hoy. Durante la semana no he podido ni seguir el movimiento periodístico, ni los accidentes de la crisis latente ministerial, preparándose á dimitir. El lunes tendrá lugar la gran batalla en la cámara de diputados. El ministerio provocó la crisis por pedido del ministro de la guerra ; será sin duda derrotado. Se dice que Saraiva organizará el nuevo ministerio, y se designan, entre otros, á Celso júnior, joven diputado. ¿Qué hará el nuevo ministerio! Me inclino á creer que será un pastel, en cuanto á la manumición de los esclavos y, en cuanto á lo demás, supongo que dormirán la siesta. Sin embargo, bueno es que Y. E. no olvide que Saraiva me dijo alguna vez : « si fuese jefe en el gabinete arreglaríamos entre V. y yo la cuestión». Este dicho es más vago que la palabra de honor empeñada por el consejero Dantas, de cuyo procedimiento V. E. tiene motivos para juzgar. He perdido completamente la fe; sin embargo, más que nunca es necesario estar alerta, y por ello creí prudente regresar sin pérdida de tiempo de Petrópolis. Pienso que Saraiva no tiene elementos para unificar el partido liberal anarquizado, y no sé si promoverá alguna transacción con los conservadores. Dicen que sostendrá la bandera abolicionista, prudencial y respetuosa. Todo lo demás permanece estacionario...» (1).

(1) Archivo del ministerio de relaciones exteriores. Confldenoial : el plenipotenciario Quesada al ministro Ortiz. Río de Janeiro, 11 de abrU de 1885.

394 MIS MEMORIAS DIPLOMÁTICAS

Oficialmente hice saber que el gobierno imperial eligió sucesor al ministro López Netto, satisfaciendo así las exigencias de Chile ; hacía notar el empeño con que se evitaba agriar á este gobierno. El sucesor fué el senador Lafáyette Pereira, jefe que fué del gabinete: <( acepta, pero no saldrá hasta después de un mes ^ (1).

Los diversos incidentes con que á veces interrumxK) la narración de la negociación secreta, terminada como queda dicho, explican ó esbozan los rumbos de la x>olítica internacional, precursores de una entente cordiale con Chile, olvidando el gobierno imperial su papel histórico en la América del sud, que no era ni podía ser en el Pacífico sino con los vecinos del Atlántico, y, muy especialmente en el Eío de la Plata, con las naciones limítrofes. Con franqueza lo digo ; yo no era enemigo de las instituciones imperiales ; me era indiferente que imperase la forma democrática ó aristocrática : mi ambición consistía en la conciliación franca de los intereses, como garantía para conservar la paz. En aquel tiempo mi juicio era que el imperio no tenía raíces, ni base segura de duración; pero creía que esa evolución era ajena de los intereses del gobierno que representaba. Mi conducta se ajustó á este juicio, porque tampoco recibí instrucciones en contrario. Los diarios argentinos, y algunos políticos, eran contrarios á esa forma de gobierno hereditario. Tenía plena confianza en la lealtad del barón de Cabo Frío, á quien había expresado que en vista del cambio que, al regreso de mi ya expuesto y

(1) ídem. El plenipotenciario Queaada al ministro Ortiz, Río de Janeiro, 21 de mayo de 1885.

EL FRACASO DE LA NEGOCIACIÓN 395

corto viaje, encontraba en las ideas del gabinete después de la declaración de S. M. yo no podía continuar en Eío de Janeiro, sin que la traslación que solicitaría pudiese tomarse como un cambio en las buenas relaciones. El barón de Cabo Frío me declaró que, en efecto, se había operado una modificación en las ideas del gabinete por voluntad de S. M., lo que á su juicio debió producir un cambio ministerial, si el señor consejero Dantas hubiera querido 8W enérgico. No me explicó las causas de ese cambio, ni yo me atreví á indicarle el deseo de saberlas : juzgué que era secreto de estado. Si la reserva que en estos negocios se observa, no hubiera impedido, por entonces, saber la verdad, quizás explicada la mala voluntad de nuestra cancillería respecto á la negociación y que el anhelado triunfo de la diplomacia argentina era un juicio personal del general Mitre, y no jactancia mía, quizás, digo, la negociación hubiera continuado, á no ser que el emperador juzgase obtener ventajas manteniendo aquella cuestión como medio de sostener las instituciones imperiales. Sin embargo, creí y continúo creyendo, que don Pedro II era partidario de la i>az, pero tenía un carácter irresoluto y voluntarioso, y dada la pusilanimidad del gabinete Dantas, nadie podía hacer presión sobre su espíritu. Paréceme conveniente reproducir la opinión del diario argentino La Crónica, de 14 de mayo de 1885, diciendo: «Mientras viva Pedro II no habrá, pues, razón de política interna que precipite al jefe del estado á una guerra exterior, sin que sean por esto de desconocerse las miras bélicas de algunos políticos...» Estaba empero en error el articulista, afirmando que el « imperio se asienta en bases sólidas é inconmovi-

396 MIS MEMORIAS DIPLOMÁTICAS

bles... )> El ministerio tenía una oposición poderosa b^o la hábil dirección del barón de Cotegipe, con quien, una vez en el poder, habría sido más fácil entenderme; porque era uji hombre de voluntad firme y de gran autoridad. El mismo emperador le respetaba y quizás le temía, como le acontecía con todos los políticos de verdadera importancia. En cuanto al conde d'Eu, no creo que influyera en el espíritu de S. M., ni tampoco la heredera del trono: don Pedro era profundamente egoísta, y por temperamento indolente é irresoluto. Debía estar informado por el ministro del Brasil en Buenos Aires, que ahí el gobierno era decidido partidario de la paz, de manera que nada urgía para precipitar la negociación de un tratado definitivo de límites.

Mi amistad con el consejero Dantas se había enfriado durante las incidencias narradas, dejando al fin de visitarnos. Yo estaba resuelto á salir de Eío de Janeiro, pero no quería se atribuyese á mi amor propio ofendido, y la espera me tenía disgustado.

Estudiosamente, en la larga tramitación para redactar y firmar los protocolos, no presenté mi plenipotencia; quise conservar el carácter de negociación extraoficial, á fin de dejar desembarazada la acción de los gobiernos ; la hubiera presentado y hubiera firmado el tratado si se hubiera pactado, sin obedecer á las prevenciones del ministro Ortiz. El gobierno imperial supo que yo había recibido plenipotencia para dar forma oficial á la negociación secreta, pero tácitamente convino en que no hiciera uso de ella.

Por entonces recibí la siguiente carta :

EL FRACASO DE LA NEGOCIACIÓN 397

Estimado señor ministro :

A mi regreso de Mendoza he tenido la satisfacción de recibir los documentos que Y. E. me ha remitido relativos á la negociación de límites de que V. E. fué encargado.

Sin tiempo por el momento para ocuparme de su lectura, lo que haré oportunamente, me complazco en renovarle las seguridades de mi distinguida consideración y aprecio.

Francisco J, Ortiz (1). En 26 del mismo mes de abril, le escribí lo siguiente :

(Confidencial y reservada)

Me consta que el ministro Alendar ha escrito á su gobierno diciendo que V. E. le ha repetido la propuesta que fué aquí desechada en la negociación confidencial, y que él, dice, manifestó á V. E. no tener instrucciones. Agrega que V. E. le dio los detalles de la propuesta que él no conocía.

No sé si es confusión inocente ó mala inteligencia al transmitir esa noticia, pues Y. E. me había dicho que Alendar había pedido instrucciones para continuar la negociación oficial allí radicada, la cual nada tenía que ver con la confidencial que aquí fracasó.

Creo conveniente que sepa este antecedente, porque este diplomático es muy zorro, y eso sería contrario tanto á la opinión que Y. E. me ha manifestado como á lo que me ha escrito el señor presidente. Repetir la misma propuesta sería, en mi opinión, inojwrtuno ; pero al tratar del objeto del reconocimiento

(1) Archivo en San Rodolfo. El ministro de relaoionea exteriores al plenipotenciario Quesa4a, Buenos Aires, 21 de abril de 1885.

398 MIS MEMORIAS DIPLOMÁTICAS

por el gobierno imperial, entonces podría señalarse como mira el trazo de una línea conveniente, ó la división por mitad del territorio, proyectos que si no fuesen aceptados serían útiles á un arbitro. Pero si desde el principio Alendar intriga diciendo que y. E. le reproduce mi negociación, es claro que nada se hará... Creo, pues, conveniente que V. E. conozca lo que dice ese ministro (1).

El ministro Ortiz acostumbraba aparentar iniciativas cuando era simple ejecutor de las resoluciones del presidente, quien, accediendo á mi pedido de translación, me propuso la legación en Austria-Hungría ó en los Estados-Unidos, empeñando su amistad para que aceptase esta última, de manera que la siguiente carta del doctor Ortiz, era para mí un simple acto de cortesía.

Estimado amigo :

Le escribo para comunicarle que, en la entrante semana, le enviaré su carta de retiro de esa corte y su credencial para representar á la república en Estados Unidos, única legación disponible. Esperando un poco, es posible que tengamos vacante la de Austria, que le gustaría á Y. más; pero como sé que está y. allí tan contrariado, es que me apresuro á trasladarlo.

Nada hay de cierto en lo que ha referido Alen9ar sobre proposiciones. Me limité á decirle que había deplorado que no nos hubiéramos arreglado bajo las bases confidenciales, tmic€u posibles, á mi juicio.

(1) Archivo en San Rodolfo. Confidencial del plenipotenciario Quedada al ministro Ortiz. Río de Janeiro, 26 de abril de 1885.

EL FRACASO DE LA NEGOCIACIÓN 899

Sin otra cosa por hoy y deseándole felicidad, me repito su

affiíio. amigo y S. S.

F. J. Ortiz (1).

Baeno es tener presente las afirmaciones del señor Ortiz. En esta carta dice que las bases de la negociación confidencial eran las únicas posibles , á su juicio, y cuando de esas bases le di conocimiento, me llamó en nombre de todo el gabinete ordenándome suspendiese la negociación, según consta por su reservada de 2 de diciembre de 1884. De manera que en fecha 6 de mayo de 1885, no fluctúa en declarar que esas bases confidenciales eran las única>s posibles, olvidándose que en 2 de diciembre dei año anterior me había prohibido adelantar nada en conversaciones sobre límites. Cuando las relaciones internacionales se confían á una dirección de criterio tan movedizo y sin ' respeto á sus propias opiniones, es imposible obtener resultados favorables al país. La conducta que observó conmigo, produjo el fracaso de una negociación, cuyas bases confiesa en 1885, eran, á su juicio, las únicas posibles, y eso dicho, según él, al mismísimo barón de Alenyar á quien antes de mi llegada á Buenos Aiies, había manifestado que esa negociación era un triunfo de la diplomacia argentina. Narrar estas intimidades de la gestión de nuestra cancillería es comprobar la causa de todos los descalabros internacionales en la política de la Bepública Argentina. Pocos días después de la carta que dejo transcripta, me dirigió el siguiente oficio :

(1) Archivo en San Rodolfo. El minUtro Ortis al plenipotenoiario Quesada, Buenos Aires, 16 de mayo de 1885.

400 MIS MEMORIAS DIPLOMÁTICAS

Tengo el agrado de comunicar á Y. E. que, por decreto de esta fecha, S. £. el señor presidente de la república ha dispuesto que V. E. pase á desempeñar iguales ñincionee á Estados Unidos.

En esta virtud adjunto, con la copia de estilo, la carta de retiro que pone fin á su misión en el imperio del Brasil, así como la credencial para el gobierno de los Estados Unidos, que lo acredita en dicho carácter.

Al designarle á V. E. para ocupar la legación de Estados Unidos, se ha tenido en especial consideración sus patrióticos servicios en el Brasil y el acierto con que se ha conducido en todas las negociaciones allí entabladas y en las que Y. E. ha merecido la aprobación más completa. Oportunamente enviaré á Y. E. las instrucciones que han de guiarlo en el desempeño de sus altas fanciones.

Con este motivo saludo á Y. E. con mi distinguida consideración (1).

En este oficio declara reconocer el gobierno mis patrióticos servicios en el Brasil y « eí acierto con que se ha conducido, — dice, — en todas las negocia4>iones áhi entahladasyen Uis que V. E, ha merecido la aprobación más completáis. Esta declaración desautoriza lo que expuso en su nota oficial de 2 de diciembre de 1884, y coloca al gobierno en contradicción con sus propias afirmaciones, es decir, que después del ñ^acaso de la negociación la aprueba, negóciación que, cuando el éxito era probable, desaprobaba en los términos más desastrosos. Excuso comentarios : los hechos bastan para juzgar á los hombres públicos.

Mi carta de retiro está redactada en estos términos :

(1) Archivo en San Rodolfo. El mxnútro Ortie al plenipotenciario Quenada, Buenos Aires, mayo 22 de 1885.

EL FRACASO DE LA NEGOCIACIÓN 401

Julio A, Boca f préndente de la Bepúhlica Argentina^ á 8. M, el emperador del Brasil,

Grande y buen amigo :

Necesitando en otra parte los servicios del señor doctor don Vicente G. Quesada, que desempeña en ese imperio las funciones de£. E. y M. P. de la República Argentina^ he resuelto extenderle la presente carta de retiro. El señor Quesada ha merecido en el ejercicio de su misión la aprobación del gobierno argentino y espera que se habrá hecho acreedor á la consideración del gobierno y pueblo brasilero, por cuya prosperidad hago los más fervientes votos.

Dada en Buenos Aires, capital de la República Argentina, á los veintitrés días del mes de mayo de 1885.

Julio A. Roca. F, J. (Miz (1).

Inmediatamente qne recibí la carta que ponía término á mi misión, solicité audiencia para entregarla á S. M. He aquí la respuesta del ministro de negocios extranjeros :

Bío de Janeiro, ministerio dos negocios extranjeros, 8 de julio de 1885.

Acenso a recep^áo da nota que o senhor doutor don Vicente G. Qnesada, E. E. e M. P. da República Argentina, se serviu dirigirme a 6 do corrente, pedindo dia e hora para entregar a Sua Magestade o imperador a carta pela qual S. E. o senhor

(1) Archivo en San Rodolfo.

402 MIS MEMORIAS DIPLOMÁTICAS

presidente da República póe termo ásaamisáo diplomática junto ao mesmo augusto senhor.

£m resposta con^innieo ao senhor dontor Quesada que Sua Magestade receberá no Pa^o de S. Chrístováo, sabbado 11 do corrente as 7 y media horas da tarde.

Aproveito com prazer este ensejo para retribuir a ezpresáo sincera de agradecimento pela cordialidade que o gobernó imperial encontrón no senhor ministro durante a sua missño, e para renovar ao senhor doutor Quesada as seguranzas da minha alta considera^áo.

Vizconde de ParaiuHftíd (1).

El 9 de julio, aniversario de nuestra independencia, recibí en la casa de la legación el diploma y las insignias de la gran cruz de la orden imperial de la Besa. El gobierno del Brasil me ofreció así esta hermosa y espontánea demostración de consideración y aprecio por mi conducta como diplomático.

Eeproduzco el oficio del señor vizconde de Paranaguá, dice:

Río de Janeiro, 9 de julio de 1885. limo e exmo senhor doutor don Vicente G. Quesada:

Tenho a satisfa^áo de comimicar a Y. £. que Sua Magestade o imperador, meu augusto soberano, querendo dar-lhe um testemunho de sua imperial considerando, houve por bem, sobre proposta minha, nomelialo Gran Cruz honorario da orden da

(1> Archivo en San Rodolfo. El vizconde de Paranaguá, ministro áe negocios extranjeros del imperio^ al plenipotenciario Ques<tda, Río de Janeiro, 8 de julio de 1885.

EL FRACASO DE LA NEGOCIACIÓN 403

Rosa. Incluso remeto a Y. £. com as respectivas insignias, o

diploma que Ihe confere aquella ordem.

Enviando a Y. £. as minbas felicita95es por esa merecida

dÍ8tinc9áo, aproveito com prazer o ensejo jMira renovar-lhe as

seguranzas da alta considera^áo com que tenho a honra de

ser de V. E.

Visconde de Paranagud (1).

Al día siguiente dirigí al congreso argentino esta solicitad :

Río, 10 de julio de 1885. Honorable señor :

£1 ciudadano argentino que subscribe, en cumplimiento de lo dispuesto por la constitución, ocurre ante V. H. con el fin de impetrar licencia para aceptar y usar la gran cruz honoraria de la Rosa, en virtud los antecedentes que expondrá con brevedad.

Habiendo resuelto el exmo señor presidente de la república poner término á la misión diplomática de que tuvo á bien encargarme en esta corte, y confiarme una nueva plenipotencia cerca del gobierno de los Estados Unidos, pedí á S. M. el emperador día y hora para entregar la carta de retiro. En esta circunstancia, queriendo darme S. M. el emperador un testimonio de consideración, á propuesta de su ministro secretario de estado de los negocios extranjeros, vizconde de Paranaguá, tuvo á bien nombrarme gran cruz honoraria de la citada orden de la Rosa, cuyo nombramiento me fué comunicado el día 9 de julio, enviándome al mismo tiempo las insignias y el diploma.

(1) Archivo en San Rodolfo. El mzconde de Paranagud, ministro de negocios extranjeros del Brasil, al plenipotenciario Quesada. Río de Janeiro, 9 de julio de 1885.

404 MIS MEMORIAS DIPLOMÁTICAS

Acepté para pedir la licencia, que ahora solicito de V. H., y que ruego se sirva concederme, pues este testimonio honroso para mí, es prueha que correspondí á la confianza del gobierno que representé ante aquel soberano.

Es gracia y justicia, honorable señor.

V, G. Quesada.

Dirigí este documento al señor ministro de relaciones exteriores, suplicándole la pasase al congreso nacional; pero el señor Ortiz no estimó conveniente cursarla, ignoro por qué causas, y sólo años después, en viaje que hice á Buenos Aires, obtuve licencia del congreso para usar aquellas insignias. Antes de salir de Eío de Janeiro, escribí al presidente la siguiente particular :

Mi estimado señor presidente :

S. M. el emperador ha señalado el día de hoy á las siete y media de la tarde para que le entregue la autógrafa de Y. £. que pone término á mi misión en esta corte. Inmediatamente será recibido mi sucesor^ el simpático don £. B. Moreno.

El día 9 de julio el gobierno imperial tuvo la galantería de enviarme el diploma é insignias de gran cruz honoraria de la orden de la Rosa, como un testimonio de la imperial consideración de S. M. Acepté, para pedir la licencia que exige la constitución.

De manera que la bondadosa manera como Y. E. se sirve expresarse respecto de mi persona, como ha tenido la benevolencia de decírmelo el señor Moreno, las amistosas cartas de Y. E. y la amplia aprobación que el gobierno ha hecho de mi

EL FRACASO DE LA NEGOCIACIÓN 405

conducta, satíBÍacen toda mi ambición. Y si á esto se agrega un testimonio del gobierno cerca del cual fui acreditado, puedo decir con ñtinqneza á V. E. que no podía aspirar á más en cuanto de mí ha dependido.

Si acepté, con la constitucional reseiTa la distinción del emperador, fué porque he creído impolítico rehusar este testimonio, tanto más cuanto que igual cosa se ha hecho con Mr. Osbom, enviado extraordinario de los Estados Unidos, que hoy presenta también su carta de retiro.

Espero, para partir á mi destino, las letras de mis emolumentos y los gastos, y V. E. no extrañará mi proceder porque sin dinero no se vi^a. Hubiera deseado saludar á V. E. y aneglar personalmente mis asuntos personales, pero no creyéndolo así el señor ministro de relaciones exteriores, que después por telegrama me concedió licencia, me he visto obligado á no contrariar sus apreciaciones. Me retiro del Brasil con saudades y me satisface sobre manera merecer el juicio benévolo de V. E. de quien soy muy afectísimo amigo (1) .

En 23 de marzo escribía á mi hijo, que á la sazón viajaba por Europa, lo siguiente : « En esta emergencia el ministro doctor Ortiz me ha hecho justicia, y el presidente, al acusar recibo de la carta en que le daba cuenta del fracaso de la negociación, me dice lo siguiente: «Por lo demás V. no tiene motivo para inquietarse. Ha hecho V. cuanto ha sido posible, y su proceder no ha podido ser ni más hábil ni más patriótico, habiendo obedecido el último incidente á causas que escapan á toda previsión ».

(1) Archivo on San Rodolfo. JEl plenipotenciario Qtiesada al presidente Boca, Río de Janeiro, 11 de julio de 1885.

406 MIS MEMORIAS DIPLOMÁTICAS

De manera que me he tranquilizado. Esta negociación, cuyo origen tu conoces, me ha causado los más grandes disgustos. Me encuentro mal aquí y deseo dejar esta tierra : aunque el doctor Ortiz me lo prometió espontánea^ mente, ignoro cuánto tiempo tendré que vivir aquí. Mi salud es ahora buena. Cuando me he encontrado abrumado por tanto desagrado, adopté el sistema de encerrarme y no ver á nadie, temeroso de no saber dominarme y decir verdades que, repetidas, empeorasen mi delicada posición. Ahora se van calmando todos. He recibido dos recados del emperador, á quien no he visto desde el incidente. No voy á Petrópolis para evitar indiscreciones entre mis colegas, y el tiempo que pasa va adormeciendo la curiosidad y la chismografía. El día que me embarque, después de una residencia de más de dos años, me encontraré más aliviado moralmente y, sin embargo, este país me causa admiración por su hermosísima naturaleza. La prensa en general anunció el buen éxito en la negociación, indiscreción de que soy inocente » (1).

En el mes de abril, á instancias del ministro del Uruguay, pasé seis días en Petrópolis hospedándome en su propia casa ; el emperador, la emperatriz y sus altezas imperiales, informadas que había nacido mi primer nieto, me pidieron felicitara á mi hijo, en nombre de ellos, cortesía que recuerdo agradecido.

En 4 de mayo de 1885 escribía á mi hijo : « no tengo ánimo para entrar por ahora en otras explicaciones ni juz-

(1) Archivo en San Rodolfo. El plenipotenciario Quesado al doctor Ernesto Quesada. Río de Janeiro, 23 de marzo de 1885.

EL FRACASO DE LA NEGOCIACIÓN 407

gar lo ocurrido, paréceme que queda lo bastante para formar juicio » (1).

El ministerio presidido por el consejero Dantas estaba en inminente peligro de ser vencido y, en los primeros días del mes de mayo de 1885, la derrota se pronunció en el debate en la cámara de diputados. Cayó en el más absoluto despretigio y le enterraron sus mismos amigos jwlíticos, como yo lo había previsto, y fué encargado de organizar un nuevo gabinete el senador Saraiva. El vizconde de Paranaguá faé nombrado ministro de negocios extranjeros, de suerte que mis amigos personales ocupaban el poder ; pero quedaba rota la negociación y retirado mi proyecto. Los partidos políticos brasileros se fraccionaban alrededor de nombres propios, faltos de ideales seguros y de rumbos fijos. El gobierno se hacía más diñcil con este ñ-accionamiento de influencias.

En 20 de mayo de 1885, escribía á mi hijo : «El doctor Emiliano García, mi buen amigo, me dice que sabe de buen origen que me propondrán la misión á los Estados Unidos 6 á Austria-Hungría, noticia muy reservada. Don Luis Domínguez fué trasladado á Madrid, el doctor Cañé ambicionaba ser removido de Viena, de manera que se trataba de una combinación. No tenía yo noticia oficial. Entre Viena y Washington estuve perplejo : no sabía alemán, y mi inglés era aprendido en la niñez. En Buenos Aires estaban agitados y preocupados con la política, las candidaturas presidenciales y la situación económica. Por esas

(1) Archivo en San Rodolfo. El plenipotmoiario Qitesada al doctor Ernesto Quesada. Río de Janeiro, 4 de mayo 1885.

408 MIS MEMORIAS DIPLOMÁTICAS

causas me explicaba que aún no me dijeran nada. La misión en España era ambicionada por los dos ministros: Domínguez y Cañé » (1).

El 25 de mayo escribía á mi hijo : « Recibí carta del doctor Ortiz, diciéndome : « le escribo para comunicarle que enla entrante semana le enviaré su carta de retiro y su nueva credencial para representar este país ante el gobierno de los Estados Unidos. Única legación vacante». De manera que dejo el Brasil. Pienso ir á Europa y ahí tomar los vapores de la línea de Inglaterra á Nueva York. Gomo tu me anunciabas que habías resuelto ese viaje, quizá lo hagamos juntos y por eso te anticipo la noticia» (2).

Acepté la nueva misión : era preciso dejar el Brasil, pues mi presencia era embarazosa tanto para mí como para el gobierno imperial. Por otra parte, es uso diplomático este cambio en casos parecidos, y los Estados Unidos son la primera potencia en América, de manera que mi traslación era un ascenso. Me resolví á reaprender el inglés, para hacerme entender, leer los diarios, y no estar sometido á las apreciaciones del personal de la legación. El señor don Enrique B. Moreno fué trasladado de Montevideo á Río de Janeiro.

El presidente me escribió diciendo : « Los servicios que V. ha prestado en el Brasil estoy seguro serán muy inferiores á los que prestará al país en los Estados Unidos.

(1) Archivo en San Rodolfo. El plenipotenoiaíio Quesada al doctor Ernesto Quesada, Río de Janeiro, 20 de mayo de 1885.

(2) ídem, idem. Río de Janeiro, mayo 25 de 1885.

EL FRACASO DE LA NEGOCIACIÓN 409

Por macho que conozcamos ese país privilegiado, no lo conocemos bastante en los grandes rasgos que nos interesa penetrar. Queda á V. la tarea» (1).

El ministro Moreno me manifestó entonces de palabra que el señor presidente Roca estaba plenísimamente satisfecho y que le habló en tales términos, que él le replicó que toda su ambición sería merecer el mismo juicio en el desempeño de su misión.

Al salir de aquel país, escribía á mi hijo el 7 de julio de 1885 : « Tengo saudades sinceras. He pasado días tranquilos y á la vez experimenté los más grandes sinsabores; trabajé con asiduidad empeñosa, y la negociación secreta ¡ fracasó al fin ! Tal es la vida : mas sumando y restando lo acontecido, el resultado es grato, porque mi conciencia está tranquila. Siento pena al despedirme de personas cuya amistad cultivé con afecto. ¡ Es sin duda, el último adiós ! » (2).

El 11 de julio presenté en el palacio de San Cristóbal mi carta de retiro. Lo mismo hicieron con Mr. Osborn, ministro de los Estados Unidos, quien en la misma noche presentó á su vez la carta de retiro y el señor Moreno presentó sus credenciales en la misma ocasión. El emperador se manifestó amable, diciendo que deploraba no hubiera permanecido más tiempo, frases que acepté como cortesía sin transcendencia.

(1) Archivo en San Rodolfo. El presidente Boca al plenipotenoiario Queeada. Buenos Aires, junio de 1885.

(2) ídem. El plenipotenoiario Quesada al doctor Ernesto Quesada, Río de Janeiro, 7 de julio de 1885.

410 MIS MEMORIAS DIPLOMÁTICAS

Mi hijo me escribió que haríamos juntos el viaje á los Estados Unidos. «Tu apreciación entre Washington y Viena, — le decía en carta de 18 de julio de 1885, — es perfectamente exacta. Los colegas diplomáticos que conocen ambas capitales, opinan del mismo modo. De manera que me complace que el destino, sin iniciativa mía, me envía esta vez lo mejor. Me queda un problema: el idioma inglés. Emprendí el estudio con empeño, pero en las agitaciones de los ulteriores días que preceden al viaje, he suspendido. Yo he de hablar el inglés, porque tengo el firme propósito de aprenderlo. Mi edad no me acobarda, poco me importa pronunciar mal, quiero entender y que me entiendan y leer » (1).

(1) Archivo citado. El plenipotenciario Quesada al doctor Ernesto Quesada, Río de Janeiro, 18 de jtilio de 1885.

CAPITULO IV LA CUESTIÓN MISIONES

i Cómo ñié levantado el secreto de esa negociación ? Mis labios habrían quedado sellados para siempre á su respecto y habría continuado cargando con la responsabilidad de su fracaso, si el gobierno argentino no hubiera juzgado que la reserva carecía de razón de ser y, oficialmente, no hubiera resuelto hacerla cesar. Precisamente al actual ministro de relaciones exteriores, doctor Zeballos, fué á quien correspondió dar ese paso. En efecto : la vez primera que oficialmente se ha dado cuenta al congreso de mi negociación confidencial, fué en la Memoria de relaciones exteriores presentada al congreso na^sional por el doctor don Estanislao S. Zeballos^ comprendiendo el período de octubre de 1891 á agosto de 1892. Contiene un capítulo intitulado : Brasil : La cuestión de limites.

No entra en la índole de estas Memorias analizar la exposición que sobre la materia se hace oficialmente ; pero debo examinar lo que se refiere á mi negociación, que dejo narrada en extenso con la justificación documentada de lo que aconteció, por cuanto me encuentro en la necesidad

412 MIS MEMORIAS DIPLOMÁTICAS

de rectificar los hechos, para evitar que el carácter oficial del documento induzca á error. Juzgo necesario reproducir íntegro lo que refiere bajo el rubro : Misión del doctor Quesada á Rio de Janeiro,

Del contenido de la Memoria al congreso, el ministro doctor Zeballos hizo una edición que publicó en 1893, intitulada : Derecho público sudamericano. Cuestiones de limites entre la República Argentina^ el Braml y Chile (1).

Necesito establecer la verdad histórica, para ocuparme luego de las apreciaciones oficiales.

El decreto de mi nombramiento de enviado extraordinario y ministro plenipotenciario está datado en Buenos Aires á 15 de enero de 1883, y en el mismo se ordena que el señor Jacinto Villegas, que ejercía el cargo interinamente en Río de Janeiro, pasase al Perú. En esa época el ministro del imperio en Buenos Aires era el señor -barón de Araiyo Gondim, y en Buenos Aires estaba radicada la discusión diplomática de la cuestión de límites; precisamente el ministro doctor Victorino de la Plaza me dio lectura de su memorándum. Yo no tenía instrucciones oficiales para intervenir en la tal negociación, y por esa razón me entendí confidencialmente con el presidente antes de em-

(1) Derecho público sudamericano. Cuestiones de Itmiies entre l<w repúblicas Argentina, el Brasil y Chile, Extracto de la Memoria del ministerio de relaciones eicteriores de la República Argentina, presentada al congreso nacional en 1892 por el doctor Estanislao S. ZebaUoS; ministro del ramo. Eidición autorizada por decreto de 10 do octubre de 1892. Imprenta de J. Peuser. Buenos Aires, 1893. 1 vol. en 8° de 342 pág. y un mapa.

LA CUESTIÓN MISIONES 413

barcarme para Río de Janeiro. La correspondencia confidencial de los precedentes capítulos, prueba que procedía con autorización del presidente general Boca.

No es, pues, exacto que yo reemplazase como ministro al señor don Luis L. Domínguez, sino al señor Jacinto YiUe- j gas : no lo es tamx)oco que en esa época estuviera el barón ' de Alenjar como ministro del Brasil en Buenos Aires, porque estaba acreditado ante el gobierno del Uruguay, y allí permaneció hasta la muerte del barón Araujo Gondim ; por tanto, el barón Alen9ar no dirigía el arreglo de la exploración previa que en esa época no había propuesto el gobierno imperial. Es errado sostener que yo tomase i)osesión de mi cargo en 1884, cuando presenté mis credenciales en Bío de Janeiro en los comienzos de 1883 y basta que recuerde la carta del presidente Roca de marzo de 1883, reproducida en otro capítulo. Ejercía mis funciones cuando llegó á Río de Janeiro, con licencia, el barón de Aratyo Gondim, y á su muerte se ordenó que el barón de Alen5ar pasase á reemplazarlo ante el gobierno de Buenos Aires, en el año 1884.

Toda la narración oficial sobre los procedimientos de la negociación confidencial^ basada quizá en deficientes elementos de información, viene á quedar modificada en presencia de la documentación que he insertado en este libro (1).

(1) Reproduzco lo que dice el sefior ministro doctor Zeballos : « Lo reemplazó el publicista doctor don Vicente G. Quesada, especialmente idóneo para tratar nuestras grandes cuestiones de límites. Sos libros sobre la frontera chileno-argentina j la serie de artículos dedicados en La Nueva Revista de Buenos Airee á las cuestiones diplo-

414 MIS MEMORIAS DIPLOMÁTICAS

Pocas veces, refiriéndose la documentación oficial de negocios graves, se incurre involuntariamente en análo* gos errores de cronología, errores que inducen á formular apreciaciones inexactas, y á atribuir estudiada doblez y

máticae del Brasil con el Río de la Plata, daban á su nombramiento una significación especial, que fué discutída por la prensa del Río de la Plata y de Río de Janeiro. Pero el doctor Quesada había hecho en aquellos artículos declaraciones expresas en favor de la paz é insinuado soluciones conciliatorias de los viejos litigios hereditarios. Para él, la cuestión era de debate y de negociación diplomática y no de estallido de armas. En 1884, cuando tomó posesión de su alto destino en la corte fluminense, la cuestión de Misiones se hallaba pendiente de la actitud del Brasil después del canira-m^morandum argentino y de la propuesta de arreglo que él fundaba. El doctor Quesada no tenía instrucciones, por consiguiente, para tratar la cuestión de límites de una manera concreta. Ignorando el gobierno argentino la actitud que asumiría el imperio en el estado del asunto, solamente podía señalar á su plenipotenciario una conducta de observación y de expectativa. Desde su llegada á la corte inquirió cuál era la opinión de los hombres influyentes sobre una solución amistosa de la cuestión de límites y transmitió sus observaciones al gobierno, en confidencial de 17 de noviembre del aflo citado. La influencia del doctor Quesada se hacía sentir en forma de sugestiones íntimas, en el círculo de sus relaciones privadas, que, por cierto, comprendían altos é influyentes dignatarios del estado, y su idea fundamental, de suprimir pretextos para incesantes recelo» en la política de las dos naciones, hizo fácil camino en el seno del mismo gobierno. Se le pidieron fórmulas concretas ; pero ni las tenía, ni estaba autorizado por su gobierno para darlas. Su acción concurría simplemente á suavizar asperezas, descubría con verdad y tino horizontes de comunes promesas é incitaba á la concordia, á la solución. Alguna vez avanzó ideas posibles de arreglo : pero lo hizo salvando con prudencia su carácter oficial. Á fines de 1884 le fueron presentadas por el ministerio de relaciones exteriores del imperio unas bases de arreglo directo ó transacción. El doctor Quesada tomó el escrito con cierta sorpresa, porque no esperaba qne

LA CUESTIÓN MISIONES 415

deslealtad á un gobierno que, durante el larguísimo periodo de la negociación secreta, me dio pruebas acabadas de benevolencia. Eecuérdese lo dicho referente al barón de Cabo Frío, su buena fe y perfecta circunspección. El

las ideas conciliadoras hallaran tanto favor en una atmósfera que» sistemática y hábilmente, se presentaba á los argentinos con un carácter de absoluta intransigencia. El ministro argentino recogió el pliego, lo comunicó á Buenos Aires, y en carta confidencial pedía instrucciones, después de examinarlo y de indicar las modificaciones de forma ó contrapuestas que le parecían oportunas. El gobierno argentino firmó y expidió en 5 de enero de 1885 amplios poderes para que el doctor Quesada entrara de lleno en la negociación conciliadora propuesta por la cancillería imperial, para dividir el territorio de Misiones equitativamente, sobre la base de someter al arbitraje las cuestiones dudosas de derecho y de acordar una indemnización pecuniaria al vencido en aquel juicio. La negociación fué interrumpida por el llamado que el gobierno hizo al doctor Quesada para que se trasladara á Buenos Aires, viaje que el presidente del consejo de ministros del imperio deploró. £1 doctor Quesada se comprometió á regresar sin tardanza y en verdad solamente demoró once día» en la república. Á su regreso continuaron las conferencias. El ministro argentino notó, desde luego, que la canciUería imperial hacía juego doble. Mientras en Río presentaba la fórmula de | transacción inmediata conocida, buscaba en Buenos Aires, por me- r dio del ministro AleuQar, el aplazamiento del negociado, gestionan- | do la fórmula del tratado de exploración previa del territorio. El \ aplazamiento sostenido con franqueza, en momentos de angustia ' para la política argentina, se presentaba ahora disimuladamente, porque la prosperidad y vigor de la república, después de las sangrientas explosiones de 1880, y la solución amistosa de la cuestión de límites con Chile, obligaban al Brasil á desplegar la mayor prudencia en sus relaciones con la cancillería de Buenos Aires. Acaso esperaba nuevas agitaciones, otra guerra civil, como la pronosticada para la terminación del período presidencial, á fin de promover arreglos con probabilidades de mayores ventajas. El doctor Quesada creyó oportuno prevenir al gobierno argentino de la doble negocia-

416 MIS MEMORIAS DIPLOMÁTICAS

ministro Zeballos juzgó siempre con imparcial equidad mis servicios, y esta vez, en el cúmulo de atenciones para comprender en su narración negocios diversos y complicadas gestiones diplomáticas, las confusiones y los errores

ción con que el Brasil se entretenía á la vez en Buenos Aires y en Río. El proyecto de estudio previo de las Misiones tenía por objeto explorar al gobierno argentino y conocer el interés y firmeza que la cuestión le inspiraba. Su fracaso podía ser remediado por el arreglo directo promovido en la corte. La línea de conducta que las circunstancias y los datos ofrecidos por el ministro argentino en Río de Janeiro trazaban á la cancillería de Buenos Aires era obvia. £1 estudio previo debía ser discutido y resistido exhibiendo su inutilidad diplomática, porque demarcación tan onerosa podía hacerse después de cortado el nudo, para levantar los hitos á la vez que se explorara la región. Por otra parte, i qué objeto diplomático tenía el estudio previo, fuera de la satisfacción de dudas puramente científicas f ¿ Diría este estudio, con la firma de los comisionados de uno y de otro país, que Portugal se había equivocado en el siglo pasado al sostener el límite de los ríos abajo del Uruguay Pitáf 480 alcanzaría un resultado contrario! Eso habría sido autorizar á los comisarios exploradores para despejar la incógnita y resolver el asunto, y ambas naciones rechazaban el procedimiento. Había, pues, razones valederas para aplazar, en último caso, la contestación definitiva del gobierno argentino, como lo deseaba el ministro en Rio de Janeiro. Esta actitud resuelta y reservada de la cancillería de Buenos Aires había impresionado, sin duda, la de Río, en medio de cuya firmeza y agitaciones hábilmente mantenidas en el parlamento y en la prensa, palpitaban en formas visibles un noble propósito de no llegar á los extremos con la República Argentina. El éxito de la transacción directa dependía, pues, en cierta medida, de nuestro mismo gobierno, y el doctor Quesada pudo comprobar el hecho de que las probabilidades de la iniciativa del barón de Alendar en Buenos Aires disminuían las de su negociado en Río. En efecto, el presidente del consejo de ministros, consejero Dantas, el barón de Cabo Frío, autoridad tradicional en la materia y una parte del ministerio, estaban de acuerdo con el doctor Quesada en la transacción y

LA CUESTIÓN MISIONES 417

cronológicos deben atribuirse á las deficiencias del servicio del personal en la cancillería, en cuyo archivo, sin embargo, está guardada hasta mi correspondencia confidencial, que yo he podido consultar, para lo que es preciso disx>oner de tiempo. En él están las autorizaciones amplias

comprometidos oficial y privadamente por actos y palabras. Convo- ^ cado el consejo de estado pleno, su mayoría adoptó la transacción y la minoría se inclinaba Á la exploración previa. No obstante, el gobierno imperial no contestaba á la contrapuesta ó modificaciones que el doctor Quesada proyectó en el plan del ministerio de relaciones exteriores de Río, y ocultándole la opinión favorable del consejo de estado, se le dijo que el gobierno creía necesario contestar el eontra-memorandum argentino, antes de resolver sobre la transacción. Cuando esta réplica se hallaba en manos del gobierno argentino y la invitación del barón de Alendar, para pactar el reconocimiento previo, obtenía favorable acogida en Buenos Aires, el gobierno de Río detuvo sa marcha hacia la transacción, y separándose el emperador por un momento de las prácticas diplomáticas y constitucionales de su corte, aprovechó una visita de cortesía social del doctor Quesada, para darle de improviso la contestación, que debiera recibir por el órgano del ministro de relaciones exteriores del imperio y que aguardaba hacía tiempo, sobre el arreglo dii-ecto. El empe- '\ rador se decidió por la exploración previa y suspendía la otra negó- • ciación. El doctor Quesada hizo conocer al gobierno argentino este ^ paralelismo diplomático, con observaciones patrióticas y razonables. El tratado de reconocimiento previo no se hizo esperar en la forma ya conocida, y el doctor Quesada reclamó y obtuvo la protocolización de las negociaciones de arreglo directo, á que había sido invitado por el imperio. En dicha documentación fundó las observaciones precedentes. » Dei-echo Público Sud Americano, Cuestiones de Umites entre las repúblicas Argentina, el Brasil y Chile. (Ex.- tracto de la Memoria del ministerio de relaciones exteriores de la República Argentina, presentada al congreso nacional en 1892 por el doctor Estanislao S. Zeballos, ministro del ramo. Edición autorizada por decreto de 10 de octubre de 1892. Buenos Aires, 1892, pág. 110 y siguientes.

418 MIS MEMORIAS DIPLOMÁTICAS

y confidenciales que me concedió el ministro Ortiz, y todo cuanto referente al largo proceso de mi negociación confidencial queda historiado. Para restablecer la verdad de los hechos, un tanto velada en la Mfnnoria oficial á que aludo, tendré que referirme de nuevo á hechos é incidentes ya narrados. Procuraré, sin embargo, repetirme lo menos posible. Me vi obligado á dar cuenta de esa negociación en trámite, é impuesto de ella, el ministro me ordenó suspenderla, ir á dar cuenta, y en ese mismo momento el gobierno imperial propuso el reconocimiento previo. El emperador, á quien por aquellos días encontré en la sesión de apertura anual del Instituto histórico y geográfico del Brasil, impuesto de mi inexplicable viaje, me anunció que ordenaría al presidente del consejo fuese á mi casa para darme lectura de la propuesta que hacía el gobierno imperial para reconocer el territorio disputado por medio de comisionados ad hoc, pidiéndome no me opusiese á esa propuesta. Efectivamente, fué el señor Dantas á la casa de la legación, me entregó en reserva, por voluntad del emperador, un ejemplar de la contestación dada al memorial redactado por el ministro de relaciones exteriores doctor Plaza; documento que aun no enviaba á mi gobierno, y en ese acto me dio lectura de la nota en que se hacía la proposición á que antes aludí. El señor Dantas agregó que escribía al señor barón de Alen9ar, ministro en Buenos Aires, para que solicitase del ministerio argentino no se me demorase más de tres ó cuatro días á fin de que volviese á Eío de Janeiro, me dijo: « para ocupamos de la negociación pendiente». Expongo sencillamente los hechos y me abstengo de comentarios, porque ya he narrado la

LA CUESTIÓN MISIONES 419

historia documentada de mi misión ante el emperador, en los precedentes capítulos y es innecesario repetirla. Me embarqué convencido de que la negociación fracasaría, porque era inexplicable que por negocios privados me ausentase, cuando quedaba pendiente una negociación importante; yo no podía revelar al gobierno imperial que me llamaba el ministro de relaciones exteriores, y mucho menos que se me había prohibido continuar esa negociación. Mi x>o8Íción oficial me ha impuesto absoluto silencio durante un largo período, y no me hubiera sido permitido rectificar la Memoria del ministerio de relaciones exteriores, sobre hechos personales míos, demostrando las confusiones que se notan y lo injusto de muchas de sus apreciaciones sobre el gobierno imperial, si oficialmente se hubiese dado cuenta exacta de la negociación confidencial; mas ya que ello no es así estoy en el deber de restablecer la verdad, expuesta claramente en estas Memorias.

Esta negociación secreta es uno de los episodios más curiosos é interesantes de la historia de la diplomacia argentina, y la más honrosa para quien, declarando que no tenía poder ni instrucciones de su gobierno, había seguido negociando durante un largo período, llenádose todos los trámites, oída la sección de negocios extranjeros del consejo de estado, después el consejo en pleno, ocupádose de ella el emperador, apoyádola todo el gabinete, sin otra garantía que la personal que yo inspiré al gobierno imperial. Dudo que haya muchos casos en que una negociación difícil, en la que en el transcurso del tiempo intervinieron muchísimas personas, se conservase secreta.

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sin que yo diese entonces cuenta oficial á mi gobierno en mérito de su autorización: persuadido, como estaba, de que si durante la gestión el gabinete de Buenos Aires tuviese intervención en el negociado, lo desbarataría, como lo hizo; y estaba autorizado á proceder así, y obraba con lealtad, porque fueron las condiciones que puse al presidente general Boca, de que, si me autorizaba, buscaría una solución conciliatoria, sin que se pidiese cuenta hasta que presentase resultados positivos, bien entendido. No teniendo plenipotencia, la desaprobación dejaba al gobierno en absoluta libertad, y esa misma autorización me concedió desX)ués el ministro Ortiz. Yo jugaba mi posición oficial y tal ñié la garantía positiva que ofrecí al gobierno imperial, comprometiéndome á sostener ante mi gobierno la solución conciliatoria á que pudiésemos arribar, dejando yo de ser ministro diplomático si fuese desechada. Es evidente que jamás dije que tenía la autorización confidencial del presidente, porque quise proceder con lealtad honrada ; mas sabían confidencialmente que mi gobierno conocía mi proceder, no los detalles. Una indiscreción, cuando se me llamó y después de oir el parecer del general Mitre, que fué favorable á la negociación, despertó la ambición del barón de Alenjar, irritó la vanidad del emperador, y deshizo mi lento y hábil trabajo; porque el remedio que puso el presidente Boca, aunque radical y personalmente honroso para mí, no podía deshacer las heridas hechas á la vanidad imperial por su ministro de relaciones exteriores y á los negociadores brasileros, clasificando de triunfo el proyecto en trámite. La verdad es que fué Alen9ar quien firmó con el ministro Quimo

LA CUESTIÓN MISIONES 421

Costa^ el tratado que puso término á esta discusión, sometiéndola al arbitraj e del presidente de los Estados Unidos. Yo cuidé muy bien de guardar relativo secreto sobre detalles, porque al presidente Boca, á quien hubiera informado, no le escribía por no confiar en la circunspección de sus secretarios, y la ausencia de Buenos Aires de mi hijo y del general Victorica, hacían imposible informarle bajo la seguridad de la reserva, tanto más cuanto que la condición que expresa y terminantemente me impuso el barón de Cabo Frío, al iniciar por escrito la negociación que llevábamos verbalmente, fué que el gobierno imperial exigía celeridnd y 8eereto,]o cual admirablemente conveníaá mis propósitos. Cumplimos ambos, con religiosa lealtad, en guardar absoluto secreto. Para que pueda apreciarse en verdad el mérito de esta negociación, es indispensable tener presente el estado de las relaciones internacionales entonces, y el fracaso de las mismas confiadas al doctor Tejedor, y la ineficacia de la intervención oficiosa del ex presidente Avellaneda, y que el doctor Irigoyen jamás pudo arribar á ninguna solución pnidente, porque había propósito en el gabinete imperial de aplazar la discusión, sin duda por el temor de empeorar las relaciones. De manera que el ministro doctor Zeballos no ha podido darse cuenta de cómo nació la proposición que me hizo el ministro imperial, y se ha visto forzado á interpretar intenciones y á juzgar habilidades engañosas que jamás existieron. La idea fué mía míos los trabajos precursores, y felizmente la iniciativa de la negociación escrita fué del barón de Cabo Frío, por orden del ministro de negocios extranjeros, circunstancia que atenuó mis responsabilidades ; y que me permitió afirmar que yo

422 MIS MEMORIAS DIPLOMÁTICAS

no había propuesto ningún tratado ni transacción, sino que me había limitado á utilizar la iniciativa del ministro imperial. Lo que ahora digo es la verdad, tal cual aconteció, y lo afirmo cuando de lo que refiero ninguna ventaja personal me propongo sacar. Mérito grande hubo en saber iniciar cautamente esta negociación, con la autorización confidencial del presidente Eoca, en prepararla sin prisa, sin descanso y sin decir dónde iba con mis trabajos y lo que me proponía, á fin de cumplir el compromiso espontáneo con el presidente de la nación. Jugaba una partida complicada y grave, y era condición que sólo yo conocía los medios de que podía valerme, resultando que fué tan hábil mi proceder que el mismo don José Cándido Gómez fué mi mejor cooperador, sin que jamás lo haya sabido nadie y menos el barón de Cabo Frío.

El 25 de enero de 1890, los ministros doctor Zeballos de la República Argentina y don Quintín Bocayuva de los Estados Unidos del Brasil, firmaron un tratado de arreglo directo, en Montevideo, donde conferenciaron. El ministro doctor Zeballos, en su Meinoria al congreso dice: «El rechazo del tratado que el mariscal Deodoro y su gabinete habían iniciado y aprobado unánimemente después de su celebración, fué el primer síntoma del desprestigio y de la caída de ese gobierno ». Sometido este tratado á la aprobación de la cámara de diputados, la comisión especial nombrada para dictaminar aconsejó que se prestase aprobación al tratado de 25 de enero de 1890 (1).

(1) Memoria del min'ntterio de relaciones exteriores j presentada al congreso nacional por el ministro doctor Zeballos, antes citada.

LA CUESTIÓN MISIONES 423

No me propongo referir las incidencias que surgieron hasta arribar al cumplimiento del arbitraje pactado.

Yo he ignorado, hasta que he leído la Memoria del ministro de relaciones exteriores, que el ministro señor Domínguez hubiera tenido conferencias con el emperador y con el ministro de negocios extranjeros (1) en virtud de las cuales recibiese instrucciones para proponer el arreglo de la cuestión de límites. El señor Domínguez fué trasladado á los Estados Unidos de la América del Norte y le reemplazó interinamente el señor Villegas, de manera que hay posiblemente error en lo aseverado en la página 110, de la obra citada del doctor Zeballos. Repito que yo fdí recibido en 1883, y no como se afirma señalando el año de 1884, en que se me ordenó suspendiese la negociación y fuese á Buenos Aires. En la página 111 cita una sola de mis confidenciales, cuando en el archivo se encuentran las numerosas que he reproducido en los capítulos precedentes.

A mí no se me pidieron nunca fórmulas concretas de transacción, como se afirma, ni menos se me exigió autorización oficial. La negociación se inició declarando yo que no tenía plenipotencia para tratar esa cuestión, y las bases fueron escritas y presentadas por el barón de Cabo Frío. No hay, pues, exactitud en lo que el ministro refiere sobre el origen de esta negociación confidencial y secreta, como tampoco la hay en que las bases me fueran presentadas á fines de 1884, puesto que ya se habían sometido

(1) Cuestioiie8 de límites, por el ministro doctor ZebaUos, pág. 68.

424 MIS MEMORIAS DIPLOMÁTICAS

con mucha antelación, á la sesión del consejo de estado de negocios extraiyeros, y después al consejo en pleno. ' Carece también de exactitud el aserto de que conociese el pliego de bases y lo comunicase á Buenos Aires, y que en carta confidencial pidiese instrucciones, como se afirma en la página 112 del libro citado. Á fin de demostrar el involuntario error en que ha incurrido la Memoria de relociones exteriores y el libro citado, reproduzco el siguiente documento :

República Argentina. Ministro de relaciones exteriores.

Buenos Aires, 14 de noviembre de 1884. Señor ministro :

Desde hace algún tiempo los diarios de esta capital, de Montevideo y de Río, publican noticias relativas á la cuestión de limites pendiente entre esta República y el Brasil. Se hacen comentarios y se transmiten correspondencias, citando nombres propios y refiriéndose á declaraciones hechas por V. E. para el arreglo de la cuestión, como verá adjunto.

Este ministerio no puede continuar ignorando, como hasta ahora, lo que V. E. hace ó dice en nombre del gobierno, y es por esto y por encargo del señor presidente de la república que me dirijo á V. E. pidiéndole se sirva comimicar oficialmente todo lo ocmTido al respecto. Si ese gobierno ha hecho proposiciones, ó si las ha hecho V. E. cuáles son, y en qué estado se encuentra ese negocio, es lo que el gobierno argentino debe saber con todas las explicaciones del caso y la opinión de V. E. al respecto.

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Esperando tina pronta contestación, tengo el honor de reiterar á V. £. las seguridades de mi mayor consideración.

Francisco J. Ortiz (1).

El diario El Nacional de Buenos Aires inventó la noticia de haberse pactado el arbitraje y nombrado como arbitro al emperador de Alemania, invención á que nadie dio imI>ortancia. Necesito declarar una vez más que los ministros de relaciones exteriores desde 1883, conocían mi propósito de indagar cuál era el pensamiento de los hombres de estado brasileros en la cuestión de límites.

Yo había escrito al ministro Plaza, lo siguiente : « En cuanto á mi amigo el barón de Cabo Frío crea V. que conozco bien sus ideas, sus preocupaciones, pero precisamente lo que se necesita es convencer, porque confío mucho en la razón y él es hábil. Si las viejas preocupaciones le dan los hábitos de una refinada astucia, lo que es preciso es encontrar el punto vulnerable, no para hacer el pai>el de más hábil sino para demostrar la verdad y el interés de estas dos naciones. Predicar la verdad, mostrar las conveniencias de entendemos, tiene siempre ventajas : aquí creen que son allá los maquiavélicos y los guerreros, y obran en consecuencia. Mi opinión sería y es, tratar de concluir con la paz armada, que nos arruina, 4 cómo I Kesolviendo en equidad las cuestiones pendientes. No se puede precipitar nada : más teniendo tal objetivo, con elementos bélicos á fin de no ser víctimas de una iniquidad,

(1) Archivo en San Rodolfo. El ministro Ortiz al plenipotenciario Quesada» Buenos Aires, 14 de noviembre de 1884.

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espero que se ha de llegar á la orilla. Malhadadamente el gabinete aquí no tiene valimiento ni valor. S. M. no quiere resolver nada y todo se deja para el día de mañana. Ko crea V. que yo esté adormecido, pero necesito cooperación y cooperadores » (1).

Precisamente esto me faltó, porque los políticos argentinos creyeron que se trataba de engañarme; que los brasileros obrarían siempre de mala fe. Mas la causa principal era la ambición del ministro de relaciones exteriores al querer firmar él, en Buenos Aires, el tratado confidencial, si hubiese sido aceptado definitivamente por el gobierno imperial.

Es cierto lo que dice el ministro doctor Zeballos que el «gobierno argentino firmó y expidió el 5 de enero de 1885 amplios poderes para que el doctor Quesada entrara de lleno en la negociación conciliadora», pero omite la circunstancia de que me fueron expedidos habiendo ido yo á Buenos Aires, pov orden del gobierno después de ordenarme suspender la negociación. Fué el presidente Roca quien ordenó se me diese la plenipotencia después de oírme, y quizá concordante con la opinión del general Mitre, quien, consultado, había aprobado mis procedimientos y la negociación confidencial. Refiere que fui á Buenos Aires, y que á mi regreso á Río de Janeiro continuaron las conferencias. « El ministro argentino notó, desde luego, que la cancillería imperial hacía juego doble». Loque yo supe fué lo que directamente me comunicó el empe-

(1) Archivo en San Rodolfo. El plenipoteneiario Quesada al ministro de relaciones exteriores doctor Plaza, 1883.

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rador, que sólo sostenía la propuesta del reconocimiento del territorio, como lo había comunicado al gobierno de Buenos Aires, porque eso satisfacía á la opinión brasilera. Yo no observé juego doble, sino tuve la certidumbre de que la negociación quedaba derrotada : cambio profundo, sorprendente, en la manera cómo se había llevado antes esa negociación, y cambio cuyas causas dejo historiadas en los capítulos anteriores.

Luego se dice: «Mientras en Río le presentaba la fórmula de transacción inmediata conocida, buscaba en Buenos Aires, por medio del ministro Alenjar, el aplazamiento del negociado, gestionando la fórmula del tratado de exploración plena del territorio » (1). Esto es también equivocado, puesto que el presidente del consejo, consejero Dantas, por orden del emperador, en la casa de la legación, me dio lectura de esa propuesta antes de embarcarme para Buenos Aires. No hubo esa doblez imaginaria y esa mala fe que se indica, puesto que fué el mismo emperador, quien, á mi regreso, me comunicó sin atenuaciones esa resolución. El gobierno imperial cambió su proceder, pero diciéndomelo con toda franqueza. Lo expuesto oficialmente en la Memoria del ministerio es completamente erróneo, y se explica por la preocupación de creer en la doblez de una intriga desleal. Yo que ftií negociador, que he actuado personalmente, que aprecié el cambio producido x>or mi viaje, he expuesto la verdad en mi correspondencia confidencial con el presidente Roca y con el ministro Ortiz.

(1) Obra citada, Cuestiones de Umitea, pág. 113.

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Más aún; si al redactar la Memoria del ministerio al congreso, la cancillería hubiera leído el protocolo firmado en Río de Janeiro en 27 de enero de 1885, habría visto que el presidente del consejo declara, « aun cuando no aceptada la proposición privada y confidencial, de su examen y del estudio de la cuestión de límites nació la idea contenida en la proposición oficial » (1), Es, pues, un error asegurar que yo encontrase juego doble, cuando con la más terminante claridad consta en protocolo diplomático, y se afirma que la propuesta del reconocimiento previo del territorio nació del examen de la negociación secreta, y, á mi regreso de Buenos Aires, se me d^jo sin ambajes que esa propuesta sustituía á la negociación. Loque yo encontré irregular fué el cambio en la conducta del consejero Dantas, quien me había dado su palabra de honor, como amigo, como caballero y como presidente del consejo, de que se arreglaría la cuestión de límites, autorizándome para participar á mi gobierno esa garantía moral y solemne. Esto fué lo que me pareció desleal, porque debió, como caballero, provocar una crisis ministerial, y como jefe del gabinete no haber consentido que fuese el mismo emperador quien me comunicase esa resolución clara y definitiva, del gobierno imperial.

Alenjar en Buenos Aires no entabló negociaciones, como se dice en la Memoria del ministerio, porque recibió orden de no cambiar ni una coma en la propuesta, y fué la

(1) Protocolo ñrmado en Río de Janeü-o el 27 de enero de 1885 por el ministro argentino Quesada y el presidente del consejo de ministros consejero Dantas. (Archivo del ministerio de relaciones exteriores.)

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incomprensible docilidad de nuestra cancillería la que se sometió á la imposición autoritaria del emperador, quien, preciso es confesarlo, quedó triunfante, como también triunfó en el Paraguay el barón de Cotegipe celebrando el tratado con esta república, mientras el gobierno argentino cometió el error de romper la alianza y declarar, con culpable ligereza, que la victoria no da derechos. El ministro doctor Zeballos hace la historia circunstanciada de todas las emergencias que dieron por resultado cumplir el tratado de 1889, sometiendo la cuestión al fallo arbitral del presidente de los Estados Unidos, quien resolvió á favor del Brasil.

ííecesito rectificar las afirmaciones y los juicios expuestos en la Memoria del ministerio al congreso^ porque se . estudia la negociación secreta bajo equivocado criterio. No es verdad « que creyese oportuno prevenir al gobierno argentino de la doble negociación en que el Brasil se entretenía á su vez en Buenos Aires y en Eío » (1). Jamás expuse semejante cosa : la negociación confidencial fué terminantemente sustituida por la propuesta oficial, como tantas veces he repetido, y en Río se levantaron los protocolos diplomáticos que la dieron por terminada, retirando oficialmente mis indicaciones. La negociación oficial continuaba en Buenos Aires, de donde nunca fué sacada, X)orque la mía era diversa y la plenipotencia que se me entregó no la presenté jamás. En el protocolo firmado el 27 de enero de 1885, se dice terminantemente : « El ministro argentino expuso : que el señor presidente del con-

(1) Obra citada, pág. 113.

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sejo le ha de permitir manifieste la sorpresa de ver traída al debate^ en la negociación confidencial, la misma proposición que oficialmente se ha hecho al gabinete de Buenos Aires, porque no es lógico ocuparse sobre un mismo tópico aquí y oficialmente en Buenos Aires.., ; que el ministro argentino siempre sostuvo, como lo reconoció S. E. en la primera conferencia, que esta negociación era diferente de la oficial, de manera que no pudo suponer que se pretendiera nunca englobarlasy confundirlas... »(1). La Memoria del ministerio de relaciones exteriores, sin embargo, dice : « Mientras en Río le presentaba (la cancillería imperial) la fórmula de transacción inmediata conocida, buscaba en Buenos Aires, por medio del ministro Alenyar, el aplazamiento del negociado, gestionando la fórmula de exploración previa del territorio» (pág. 113). Hay inexactitud en lo expuesto : la proposición oficial sustituyó la negociación confidencial, por personal y expresa declaración que el emperador me hizo.

No hubo el supuesto propósito que expone el ministro doctor Zeballos en su libro (3). El emperador aplazó la cuestión por otras razones, que pueden explicarse por el propósito de la alianza con Chile, tal vez ; pero es equivocado decir, y más al congreso, que se mantenían dos negociaciones simultáneas. La negociación confidencial que yo mantuve fué declarando que no tenía autorización oficial de mi gobierno, y, á pesar de esta circunstancia, la

(1) Archivo del ministerio de relaciones exteriores. Protocolo de 27 de enero de 1885.

(2) Cuestiones de límites, ya citado, pág. 113.

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negociación siguió todos sus trámites hasta que el gobierno me ordenó suspenderla y presentarme á dar cuenta ; nube de verano que satisfacía las iras del titular ministerial, quien, sumiso, me entregó mi credencial y plenipotencia para tratar oficialmente lo que antes había hecho como particular : lo cierto y excepcional es el cambio producido en los ministros por el alto y prudente criterio del general Mitre.

De la exposición oficial del ministro ante el congreso, no se puede deducir la verdad de lo ocurrido ; porque hay error en los hechos y por tanto inexactitud en las apreciaciones. Yo no hice jamás oposición fundamental á que se aceptase la propuesta brasilera, porque había prometido no contrariarla, y acostumbré en todos los actos de la vida, cumplir lealmente mis compromisos ; lo que yo instaba fué que se fijasen los objetos de ese reconocimiento : así consta en mi correspondencia oficial y confidencial, que dejo publicada en los capítulos precedentes. Si al ministro le hubieran facilitado, cuando menos, los protocolos levan tados sobre mi misión confidencial, no podría decir que «de bía ser resistido exhibiendo su inutilidad diplomática» (1)

Precisamente lo fundamental de la negociación confi dencial era el trazo de una línea con la base arcifinia, prescindiendo de la cuestión de dominio territorial á fin de que, aprobada de común acuerdo, las cuestiones de pro* piedad y dominio fuesen sometidas al fallo arbitral sólo para los fines de indemnizar. De manera que jamás pensé en que el estudio de esos territorios fuese diplomáticamente

(1) ídem, pág. 114.

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ineficaz ; lo que sostuve fué que se estableciera cuál era el objeto del reconocimiento previo. La lectura de los documentos así lo establecen ; hay inexactitud en lo expuesto -al congreso en la Memoria del ministerio j popularizado después en la edición hecha por decr^jo de 10 de octubre de 1892, que vengo analizando ; jamás pensé que tal operación fuese posterior al arreglo de los límites como se afirma; mi pensamiento fué que ese estudio era previo con la mira de trazar la línea divisoria con base arcifinia. Es poco equitativo sostener en esa publicación «que hubiera razones valederas para aplazar la contestación del gobierno argentino, como lo deseaba el ministro en Eío de Janeiro.» Jamás deseé el aplazamiento; indiqué se fijase el objeto de ese estudio, nada más.

Dice al ministro al congreso: «El éxito de la transacción directa dependía, pues, en cierta medida, de nuestro gobierno, y el doctor Quesada pudo comprobar el hecho de que las probabilidades de la iniciativa del barón de Alenjar en Buenos Aires disminuían el negociado en Eío» (1).

Este parágrafo está completamente equivocado. El barón de Alen5ar no tuvo iniciativas; recibió orden de presentar la propuesta del gobierno imperial y de la cual se me dio lectura por el presidente del consejo antes de mi viaje á Buenos Aires, y cuando, á mi vuelta, me manifestó el emperador que era la única proposición que soste* nía el gobierno, la negociación confidencial quedó fuera de toda discusión. Si el ministro de relaciones exteriores hu-

(1) Obra citada, pág. 115.

LA CUESTIÓN MISIONES 433

biera leído los protocolos, hubiera visto constaba en ellos que yo declaré: ... «que dará parte de todo lo ocurrido, cerrando así por su parte, lo que tiene que exponer en esta conferencia, y retirando defacto y expresamente las bases materia déla negociación privada» (1). De manera que no es exacto que yo hiciera la apreciación de que la proposición presentada por el ministro del Brasil disminuyere lo que se negociaba en Eío, cuando en protocoU oficial retiré « expresamente las bases materia de la negociación privada. »

Es grande la confusión que se hace de los hechos ocurridos. El consejo de estado no fué convocado después de mi regreso de Buenos Aires, ni con posterioridad á la propuesta presentada por el ministro Alen5ar : lo fué antes de mi viaje, y por tanto antes de que oficialmente el gobierno imperial hiciera ninguna propuesta. Es equivocado que el consejo de estado discutiera el reconocimiento previo ; lo único que se discutió fué la negociación confidencial, y lo acordado fué cumplido, la previa contestación al memorándum del doctor Plaza, tanto que yo recibí, reservadamente, un ejemplar impreso antes de mi viaje á Buenos Aires.

« El tratado de reconocimiento previo, — dice el señor ministro Zeballos, — no se hizo esperar en la forma ya conocida, y el doctor Quesada reclamó y obtuvo la protoeolización de las negociaciones de arreglo directo, á que

(1) Archivo del ministerio de relaciones exteriores. Protocolo de la segunda conferencia, firmado por el ministro argentino' y por el presidente del consejo de ministros consejero Dantas. Río de Janeiro, 27 de enero de 1885.

434 MIS MEMORIAS DIPLOMÍTICAS

había sido invitado por el imperio » (1). Hay error en estas afirmaciones: se protocolizaron las negociaciones confidenciales en enero de 1855, antes de que el gobierno argentino hubiera aceptado la proposición oficial del reconocimiento previo. El gobierno argentino aceptó con apresuramiento esa propuesta, y las operaciones comenzaron el 21 de septiembre de 1885. Yo presenté mi carta de retiro al emperador el 11 de julio del mismo año de 1885, siendo trasladado en el mismo carácter diplomático ante el gobierno de los Estados Unidos por decreto de 22 de mayo de ese año 1885, y el señor Domínguez, que allí ejercía el cargo, fué enviado á España por el mismo decreto.

La narración documentada de los capítulos anteriores, me exime de comentarios y rectificaciones más detenidas; pero he juzgado imprescindible exponer ligeras observaciones, por el carácter oficial de la Memoria de reUieiones exteriores al congreso, y por el libro publicado en virtud de decreto ministerial. Mi propósito es establecer la verdad en lo que me es personal, porque son errores de cronología y confusión de hechos, trabando de materias tan complejas como la historia de las varias cuestiones de límites sostenidas por los gobiernos de la Eepública Argentina, confusiones tales que desfiguran el procedimiento, inducidas por la preocupación de suponer que el gobierno imperial hizo una intriga calculada, pretendiendo la secuela artificiosa de una negociación oficial con la mira

(1) Obra citada, pág. 117. Memat'ia del miniai^rio de relaciones etterioreSf presentada al congreso nacional en 1892, pág. 89.

LA CUESTIÓN MISIONES 435

de desvirtuar la negociación confidencial. Eso no es verdad, puesto que mi viaje, misterioso para el gabinete brasilero, mi negativa de aplazarlo por cinco días, á pedido del mismo emperador y emi)eño insistente del presidente del consejo, debió herir su susceptibilidad; yo era víctima consciente por guardar un secreto de estado, que mandó suspender la negociación y ausentarme de Kío de Janeiro para dar personalmente cuenta á mi gobierno. Si yo revelaba entonces ese secreto, si en confianza me excusaba de acceder al pedido del emperador, fundándome en la orden de suspender la negociación, la verdad habría aclarado el misterio y el emperador, paréceme, no hubiera asumido la responsabilidad de notificarme que la negociación confidencial era reemplazada por la proposición oficial. Yo he guardado el secreto hasta ahora, y justo es no hacer inculpaciones de deslealtad al gobierno imperial, víctima de la ligereza por la jactancia de un triunfo diplomático argentino, según el ministro Ortiz dijo al ministro Alenjar. Hay, sin duda, circunstancias que nublan la nobleza del gobierno imperial, y ya he dicho con lealtad mi juicio sobre el procedimiento del consejero Dantas á mi regreso de Buenos Aires ; pero no es equitativo suponer que la deslealtad haya sido un recurso premeditado del Brasil, como una tradición comprometedora de la buena fe. La historia narrada por el mismo doctor Zeballos de la negociación Quimo Costa- Alen9ar, la intervención del ministro Moreno en las negociaciones posteriores, el tratado ZeballosBocayuva, desaprobado por la cámara del Brasil, son interesantes accidentes porque, en medio de las divergencias, aparece firme el deseo de evitar la guerra y terminar la

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cuestión de límites ó por un arreglo directo ó por el arbitraje, que fué lo que triunfó. En este proceder me cupo la firme voluntad de conducirme con la más exquisita lealtad, defendiéndolo ante mi gobierno y justificándolo por mi intervención diplomática, desde las palabras pronunciadas en el discurso al presentar mis credenciales ; siempre sostuve que era necesario conservar la política tradicional de la alianza entre ambas naciones, ligadas por un tratado que las forzaba á conservar la independencia de la república del Uruguay, creada después de una guerra entre el Brasil y la Eepública Argentina.

Con explicable satisfaccióji reproduzco las cartas cambiadas en 1905 entre el señor enviado extraordinario y ministro plenipotenciario de la Eepública Argentina en el Brasil doctor Manuel Gorostiaga y el excelentísimo señor ministro de relaciones exteriores, barón de Eío Branco, porque dan la importancia oficial de la política de prudente conciliación sostenida por ambos gobiernos, como una necesidad para la conservación de la paz en sudamérica.

El señor barón de Eío Branco dice al ministro argentino:

Petrópolis. 3 de septiembre de 1905.

Mi juventud se pasó en el tiempo de la efectiva alianza entre el Brasil y la Eepública Argentina. Soy hijo de an hombre que fué siempre sincero amigo de la nación argentina, dando de eso machas pruebas su carrera política. Desearía que de mí se pudiese también decir que, durante mi pasaje por el gobierno, hice lo que pude para disipar viejos errores y estrechar las

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relacionen de bnena armonía entre los dos pueblos. Estoy cada vez mas convencido de que una cordial inteligencia enti-e la Argentina, Brasil y Chile, sería de gran provecho para cada una de las tres naciones, y tendría influencia benéfica dentro y fuera de nuestros países. Esos son igualmente los sentimientos de nuestro actual presidente, como fueron los de sus predecesores y los de los estadistas del segundo reinado.

Ci^éame siempre de V. E. amigo atento y S. S. — JRw Branco,

Y el ministro argentino le contesta:

Petrópoli», 8 de octubre de 1905. Distinguido señor ministro y amigo :

No debo partir sin expresará V. E. cuan honrado me siento por haber colaborado con V. E. en el noble esfuerzo de cerrar con llave de oro la paz perpetua argentino-brasilera. Fué siempre mi más vivo anhelo contribuir á despejar en uno y otro país, toda duda relativa á la ausencia de causas reales, grandes y pequeñas, presentes ó futuras — en cuanto la previsión humana alcanza — que puedan perturbar la cordialidad de nuestras relaciones ú obscurecer la conciencia de nuestras responsabilidades. La Argentina y el Brasil, ligados por la tierra, los ríos y los mares, parecen modelados para completarse, engranándose por un intercambio de servicios que el tiempo y la civilización se encargarán de hacer día á día más intensos y más fecundos en beneficios recíprocos, á la sola condición de la concordia. Así, V. E. me perdonará que, en mi modesta esfem, consciente de no haber sobresalido por aeto algimo de la línea cuya loza comtín es el olvido, me consideraré feliz y engrandecido al pensar que mi nombre, junto con el nombre ilustre de V. E., queda incorporado al de los obreros de lapaa intemacio-

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nal; b^o cuya influencia se cimentará la grandeza de ambos países. En los seis largos años que he representado á la Argentina ante el gobierno del Brasil, esperé confiado esta solución definitiva y consagré todas mis energías al propósito de infundir á los hombres del Brasil, la confianza más amplia de la lealtad argentina. Cuando la luz de la verdad ilumine todos los espíritus, se verá claro que nosotros los argentinos deseamos para el Brasil, lo que deseamos para la Argentina : verlos grandes, unidos, ricos y fuertes, por el trab^o y la voluntad de sus hijos, apoyándose y sosteniéndose el uno al otro en el cumplimiento de la misión que la providencia les ha reservado en esta parte del mundo.

Tuve la gran satisfacción de conocer á V. E. y tratarlo de cerca j de cultivar su amistad sin alternativas en las expansiones abiertas del hogar y á eso le debo poder valorar su espíritu culto y elevado. Llevo de V. E. las mejores impresiones y recuerdos, y V. E. colmará mis deseos si alguna vez se digna enviarme sus órdenes donde qniera que me lleve mi buena ó mala fortuna. Entre tanto disponga de su atento y respectuoso amigo. — Manuel Gorostiaga.

Entonces el barón de Eío Branco, escribió lo siguiente :

PetrópoUs, 9 de octubre de 1905.

Excelentísimo señor ministro y amigo:

Agradezco mucho á V. E. la carta de despedida con que me honró ayer, los sentimientos de amistad que en ella expresa para con mi país y mi persona y la referencia que hace de nuestros comunes trabajos de estos últimos diez meses para conseguir el tratado de arbitraje general, ya felizmente firmado. Desde que en la noche del 22 de octubre del año pasado, en

LA CUESTIÓN MISIONES 439

conversación en la legación del Ecuador, V. E. me manifestó el deseo de que concluyéramos un acuerdo de esa naturaleza, acogí con satisfacción su iniciativa^ j en 14 de noviembre le remití el proyecto que sirvió de base á las negociaciones. En 27 de diciembre, apenas me comunicó las modificaciones propuestas por su gobierno, combiné prontamente con V. E. la nueva redacción de algunos artículos. Sólo en principios de septiembre quedé informado que el gobierno argentino aceptaba el proyecto así enmendado y deseaba además que las reglas de proceso, reservadas por nosotros para cada compromiso especial, fuesen establecidas en el propio tratado general, como en el que la Argentina celebró con el Uruguay, Chile y Paraguay. Accedí sin demora á esa indicación, y en pocos días le presenté la redacción final con las enmiendas y los aumentos deseados. Kecuerdo estos hechos para poder decir que, por mi parte, hice cuanto pude, como V. E. también lo hizo, para apresurar la conclusión de ese negocio.

En cuanto á mis sentimientos para con la República Argentina, V. E. los conoce desde bastante tiempo y los vio de nuevo afirmados en la carta que le dirigí en 3 de septiembre. Deseo ardientemente que el tratado de 7 de septiembre último asegure para siempre la concordia entre nuestros dos países, y mucho me honra haber podido colaborar en esa obra de paz.

A V. E. y á su distinguida familia deseo próspero viaje y todas las venturas. Aquí me tendrá V. E. siempre pronto para todo cuanto fuera de su servicio. Agradezco de nuevo y muy cordialmente las expresiones tan amables y benévolas de su carta y subscríbome con la más perfecta estima de V. E. atento amigo y S. S. — Eío Branco,

Las precedentes cartas me causan satisfacción y contento, porque son la prueba de que en la misión que desem-

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peñé, procedí con la conciencia de servir los intereses permanentes de las dos naciones, y por ello he juzgado imprescindible narrar minuciosamente lo acontecido en mi negociación confidencial, á fin que quede históricamente establecida la verdad. Cualquiera que fuese el fracaso de mi negociación, quedará siempre evidenciado que eminentes brasileros cooperaron conmigo para poner un fin honorable á la cuestión de límites, que agitaba la opinión en nuestras naciones, y las declaraciones confidenciales de los negociadores del tratado de arbitraje general entre el Brasil y la Bepública Argentina, me compensan de los sinsabores que me produjo mi malograda tentativa de poner término final á las disidencias internacionales entre dos gobiernos tradicionalmente unidos por pactos que son la base de la paz en Sud América.

CAPITULO V

DON PEDRO II, EMPERADOR DEL BRASIL

Podría dar por terminada la parte relativa al Brasil en Mis memorias diplomáticas. Un sentimiento de justicia y de afectuosa cortesía me obligan á dedicar unas líneas finales al hombre esclarecido que gobernaba entonces el imperio y que me cupo la fortuna de tratar.

En los capítulos precedentes he narrado los recuerdos de mi vida diplomática en el imperio, apreciando la sociedad, los hombres de estado, los políticos, los literatos y los consagrados á la ciencia ; mi gestión diplomática emX>eñada en hacer desaparecer preocupaciones malsanas y con el alto pensamiento de volver á la política leal y franca de la alianza de las dos grandes naciones sudamericanas; mas quedarían incompletos tales recuerdos sino consignare mi juicio franco sobre el emperador, las ocasiones que tuve para apreciarlo como pensador, como hombre de estudio, como político y como gobernante, en tanto cuanto su acción personal influyó en el desenvolvimiento de los acontecimientos con relación á la política argentina. Necesito retrotraerme hasta los primeros tiempos de mi residencia

442 MIS MEMORIAS DIPLOMÁTICAS

en el Brasil á fin de seguir al emperador en las circnnstancias en que me fué dado apreciarlo, porque tuve el honor de hablar muchísimas veces con él.

Había recibido mi diploma de individuo correspondiente del Instituto histórico y geográfico del Brasil ; acepta agradecido el honor, y en la sesión correspondiente, presidida por S. M. el emperador, me incorporé á la ilustre asociación. Asistían: presidente comendador Joaquín Ñorberto, y los señores Olegario, Moreira de Azevedo, Machado Portella, Araripe, Henriques Leal, Maximiano CarvaIho, Severino da Fonseca y Francisco Borges. En ese acto se leyó mi nota de aceptación y la del consejero Domingo José Nogueira Jaguaribe. Después que se dio cuenta de los asuntos entrados y de las donaciones, el presidente me concedió la palabra y di verbalmente las gracias por haberme honrado eligiéndome, é hice votos por la prosperidad del célebre instituto. El presidente respondió que folga de ver en seu gremio tan distincto Utterato de cuyas luces y conhecinientos históricos muito espera. Mi diploma está datado en 20 de diciembre de 1883.

Este instituto fundado en 21 de octubre de 1838, gloria brasilera, funcionaba en el viejo palacio colonial portugués, en la grande y muy extensa biblioteca, salón muy espacioso en cuyo centro había una larga mesa que servía para que en los costados tomasen asiento los socios. El emperador, en su calidad de protector, presidía siempre las reuniones, oía los debates ó la lectura de los informes y trabajos. Terminada la sesión, se levantaban todos, y de pie, arrimados á la estantería, esperaban que el emperador

DON PEDRO II, EMPERADOR DEL BRASIL 443

bondadosamente conversase con cada uno; terminada esta ceremonia S. M. se retiraba. La Revista trimensal es famosa en todas partes é importantísima para el estudio de la historia brasilera.

Como elogio de esta institución bastará recordar que en esa fecha había publicado 50 volúmenes de obras y memorias históricas de la más transcendental importancia para la historia del Brasil. El emperador era un protector positivo: daba alojamiento y servicio. Alguna vez tuvo la bondad de decirme que no había faltado á las sesiones, porque quería por ese medio estimular á la asistencia. Yo me impuse el deber de concurrir, como cortesía hacia S. M. y por el placer de conocer y de tratar á los sabios y celebridades brasileras, todas, sin excepción alguna, caballeros cultos y amables.

Esta famosa academia, acaecida la muerte del emperador destronado y en el destierro, don Pedro 11, en 5 de diciembre de 1891, mostróse digna del respeto que ha adquirido por los notabilísimos estudios realizados, publicando un volumen bajo este título : Hoinenagem do Instituto histórico e geographico brasileiro a memoria de sua magestade o senhor dom Pedro II (1). El cambio en la forma de gobierno no engendró la ingratitud, y es honra que me complazco en alabar, la resolución que sancionó en la sesión de 7 de diciembre de 1891, convocada para resolver la manera de « manifestarlos sentimientos de profunda pena por el infausto fallecimiento de su augusto

(1) Un volomen de 803 páginas y cxxxix de Advertencia y el retrato de S. M. Río de Janeiro, 1894.

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protector. Entre varias resoluciones se tomó la que sigue, y á que antes me referí : « los secretarios de la mesa, quedan encargados de reunir en un libro especial la compilación de todos los artículos que hubiesen sido publicados con relación á la persona de S. M. el señor don Pedro II desde el día 5 del corriente ». El libro cuyo título dejo señalado, es el resultado de tal sanción de justicia al protector constante de aquella institución.

Don Pedro II nació en Eío de Janeiro el 2 de diciembre de 1825; fueron sus padres don Pedro I, el fundador de la independencia y del imperio ; y su madre la archiduquesa de Austria, fallecida el 11 de diciembre de 1826. El 7 de abril de 1829 don Pedro I abdicó la corona y se embarcó para Europa.

La niñez de don Pedro, sin las caricias afectuosas de una madre y falto de la dirección previsora paternal, fué dirigida por tutores y maestros, dejándole así en el carácter la carencia de los afectos, y la frialdad que imprime la enseñanza de extraños. Con muchísima razón me dijo alguna vez S. M., que le habían hecho voluntarioso por mala educación de Fr. Pedro de Marianna; en su niñez fué de temperamento nervioso y de constitución débil. No pretendo hacer su biografía, sino señalar algunos hechos que expliquen sus cualidades y defectos, en cuanto se relacionan con la política argentina, principalmente.

En julio de 1840 fué declarado mayor, es decir, legalmente habilitado para ocupar el trono. Las revoluciones y los temores que producen las guerras civiles, es peligrosa escuela en la niñez de quien por la ley está llamado á go-

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bemar. Niño todavía presenció el 15 de diciembre de 1833 que los revolucionarios cercasen el palacio de San Cristóbal, tomaran preso al patriarca de la independencia, uno de sus tutores, á quien desterraron.

Su administración, comenzada en medio de los tumultos domésticos, continuada entre las más cruentas disensiones internas, tuvo la misión de establecer la paz (1). Conviene recordar este medio angustioso de la niñez y juventud para comprender las indecisiones de su carácter, sus veleidades, y el deseo de aplazar las resoluciones ftindamentales. Tal medio ambiente imprime en el ánimo un fatalismo que quebranta la voluntad.

Tuvo maestros de lenguas extranjeras, y cuando fué coronado hablaba alemán, inglés, francés, italiano y español. Conocía la literatura clásica, el latín y el griego. Carácter reservado y austero, — dice uno de sus biógrafos, — bajo la larga regencia, mostróse dócil y sumiso para sus maestros y tutores ; fácil es concebir que aquella niñez pasó sin alegrías y afectos, bajo la influencia de la voluntad ajena, teniendo como única guía, cumplir con los deberes que sus maestros le prescribían. Era tal atmósfera excelente para saturar de acíbar el carácter más bondadoso. Cuando muy joven subió al trono, su carácter altivo y recto y su inteligencia se revelaron claramente en sus actos, al decir de su biógrafo. Las ceremonias de la coronación tuvieron lugar el 18 de junio de 1844. Se casó en 30 de mayo de 1843 con la hija del rey de Ñapóles, princesa italiana que tuvo el buen sentido de no mezclarse en la

(i) Gazeta de Noticias, libro citado.

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política, lo que, me decían los brasileros eminentes, jamás hubiera permitido el emperador.

Eepito que no es mi intención ocuparme de la historia de su reinado; me interesa el emperador, á fin de darme cuenta con verdad del mérito de un monarca que fué para conmigo de exquisita cortesía, rompiendo, sin embargo, con brusquedad inusitada una negociación pacientemente llevada con el más grande secreto, y quisiera explicarme las causas que influyeron en ese cambio, tal vez producido, como antes indiqué, por mi viaje inesperado á Buenos Aires.

Un sentimiento de justicia hacia S. M. me induce á darme cuenta de su intelectualidad. Su biógrafo recuerda las visitas á los establecimientos de instrucción pública, su protección á los sabios y á los artistas, discutiendo con ellos, y con ellos esforzándose para aumentar la instrucción popular, la que durante su reinado se desarrolló de manera notable. Le vemos, — dice, — como simple hombre de estudio presidiendo las sesiones del Instituto histórico y geográfico^ honra que le dispensó á esa importante corporación científica desde el 15 de diciembre de 1849, ó en las discusiones literarias hace pocos años, por él inauguradas en el Colegio imperial de don Pedro IT, actualmente Instituto nacional de instrucción secundaria. Y en los colegios, en visitas casi diarias, en las academias, asistiendo á las aulas y á los concursos, en los laboratorios de los sabios, en los museos, en las bibliotecas, en las conferencias, en todos los lugares donde se admite al hombre estudioso, se veía á don Pedro de Alcántara con el pueblo,

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mezclado en los trabajos del estudio (1). El emperador hizo establecer un observatorio astronómico en el palacio de San Cristóbal, cuya fundación es de 22 de julio de 1846.

Se dice que fué desprendido, que gastaba la mayor par-, te de la lista civil, bastante modesta, en beneficio de otros, reservándose lo estrictamente necesario. La verdad es que viajó por Europa y los Estados Unidos con economía tal, que de ello se quejaban los dueños de los hoteles donde se alojó, porque regateaba hasta el detalle. Ko poseía fortuna, y, destituido del trono, las cámaras le votaron una pensión modesta.

¿Fué este monarca un sabio ó un filósofo? Apelaré al testimonio de brasileros ilustres. El consejero Manuel Francisco Córrela, en la sesión del Instituto histórico y geográfico brasilero de 8 de abril de 1892, leyó un estudio, de que era autor, y había depositado en la caja de manuscritos secretos, en el que se disponía que se diese lectura tres meses después de acaecida la muerte de don Pedro II. «El consejero Correialee las transcripciones de algunas de las muchas anotaciones á lápiz, hechas por el ex emperador en las márgenes del libro de E. de Présense, titulado Les origines^ ejemplar que le fué obsequiado por el mismo emperador en 6 de mayo de 1884. Declara el autor que la Memoria tiene por objeto indicar cuánto el ex emperador se dedicaba á los estudios i ientíficos y patentizar la orientación filosófica en que se transparentan las creencias del católico convencido. Concluida la lectura, el autor ofreció el ejemplar del libro, que será conser-

(1) Libro citado.

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vado como documento para la biografía de su anotador. » Ignoro cuáles fueran las ideas y las creencias de este ilustre personaje en materia religiosa; sólo puedo afirmar que iba infaltablemente á misa en Petrópolis, donde concurría también al mes de María; pero estos actos externos pudieron tener por objeto dar ejemplo, que era su atento cuidado, persuadido, sin duda, de que no es hábil la indiferencia religiosa en un soberano católico. Toda la familia imperial seguía su ejemplo; sin embargo, no me atrevo á afirmar la exactitud del juicio emitido por el consejero Correia. El vizconde de Beaurepaire Eohan, miembro del instituto, fué nombrado para dictaminar sobre ello y dijo por escrito : « este documento es una nueva prueba del elevado criterio y sabiduría de nuestro augusto protector, y opina se publique en las páginas de la Ee vista del Instituto ». Ahora bien, en ese acto, que revestía una especial solemnidad, no hay ninguna noticia que revele cuáles fueron los estudios á que S. M. se dedicara, y si sobre ellos ha dejado algunos manuscritos. Se citan otros libros anotados por don Pedro II, lo que induciría á suponer que sólo ha dejado anotaciones, más ó menos importantes, en los libros que leía. Citóse, entre otros, las anotaciones hechas por el emperador en el libro Curiosidades do Paraná^ por el vizconde de Taunay. En una nota dice, hablando del barón : «débole muchísimo en cuanto al amor de lo bello y á su cultivo». Conviene recordar que fué uno de los varios profesores en su juventud. El doctor Pires Brandáo, hablando de recuerdos de Cannes después de la caída del imperio, dice que el emperador « hablaba del Brasil con el amor de un hijo ausente y apreciaba sus

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hombres con la misma imparcialidad y justicia que cuando gobernó. Incapaz de odios y deseos de venganza, puede aplicársele á S. M. lo que Eenan escribió de Marco Aurelio : toda la vida fué un estudio de devolver el bien por el mal». Vuelvo á repetir que era en mi tiempo general opinión de los brasileros consagrados á las ciencias y á la historia, que en su biblioteca abundaban los libros anotados por S. M. Dicen que gustaba de hacer versos, y si tal fué su gusto, paréceme que no tenía la vena poética.

Evidentemente era un intelectual, tal vez un erudito, pero ¿podría ser colocado entre los sabios? Su sabiduría la constituía su prudencia; gobernó liberalmente ; la prensa, <3omo el parlamento, son la más evidente prueba. Influyó en el progreso intelectual del Brasil y en el desarrollo de la riqueza, y en cuanto á la impresión que en mí produjo, fué de respeto por la mesura amistosa con que emitía sus juicios, dejándome el convencimiento de que era conscien temente reservado y que decía lo que quería, sin dejarse arrastrar por la improvisación. Su aspecto revelaba su <5arácter : frente espaciosa, ojos azules de mirada tranquila, barba larga y blanca, modal es pausados, como era su andar. Era simpático y respetable á la vez y en él se veía á todas luces, el personaje. El emperador escribió en Cannes, en 23 de abril de 1891, bajo el título: Fe ás oficio, una breve y muy interesante exposición de lo que hizo y de lo que deseó hacer durante su reinado, y en ella revela dotes meritísimas de estadista concienzudo, que amaba al pueblo y le preocupaba su bienestar y progreso. Y quiero citar estas palabras, que terminan ese escrito, testamento político de un monarca destronado, gravemente enfermo,

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preocupado quizás con la muerte : « Ñas preoccupa5oe8 scíentifícas e no constante estudo é que acho consolo é me preservo das tempestades moraes. — D. Pedro de Alcántara:^ (1).

El último trabajo publicado por el emperador se titula: Foésies Hebraico Provéngales du Eituel Contadin, traduit^ et transcritespar S. M. Dom Pedro d^ Alcántara Umper ador del Brasil, — Avignon^ Seguin FréreSj imprimeurs-éditeurs, 1891 (2). Esta noticia publicada en el Correio da Europa, 16 de diciembre de 1893, autoriza á creer que publicó otros trabajos, ignorando yo cuáles fueran.

Juzgo prudente recurrir al testimonio de escritores brasileros, para que pueda apreciarse bien la personalidad histórica del emperador del Brasil; entre éstos, citaré al celebrado y conocido José Verissimo, quien el 8 de diciembre de 1891, en el Jornal do Brazily publicó un muy notable artículo biográfico. « Este hombre que tuvo una educación frailesca, — dice, — fué un volteriano poco amado de sus padres ; ese heredero de uno de los mayores tronos del mundo y descendiente de la más antigua, tal vez, de las actuales dinastías, fué un demócrata que desagradó á sus iguales, los dinásticos europeos. » Reconoce que hubo en su carácter contradicciones y desvíos, y de ello tuve ocasión yo mismo de reconocer la verdad, en la conducta que conmigo observó: atento y obsequioso, benévolo y simpático, mas en un momento crítico, olvidando que el

(1) Libro citado.

(2) Libro oitado.

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emperador no gobernaba, me comunicó una resolución definitiva, autoritaria é inesperada, suspendiendo una negociación laboriosamente conducida. « Don Pedro II fué bueno. Él, que no fué tal vez grande, — dice Verissimo, — á pesar de su desprendimiento y de su magnanimidad, no supo desvanecer la sospecha de artificioso en que le tenía el pueblo ; supo ser, toda su vida, sin discontinuidad, lógica é instintivamente bueno. »

Esta calidad nadie se la ha negado : no perseguía, no odiaba, buscaba medianías para sobre ellas ejercer mayor autoridad, sin tomarse el trabajo de conquistarla convenciendo. « La ciencia de don Pedro II, — continúa Verissimo, — que unos afirman era variada, profunda y extensa, otros la niegan ; para servirme de una expresión de un amigo suyo, diré que tenía poca profundidad pero abarcaba mucha superficie; en medio de nuestros políticos, le daba un relieve y sino una superioridad, una confianza en sí mismo que, sin quererlo, les ofuscaba y ofendía... » Ambicionaba ser protector de las ciencias y de las bellas letras, y para merecerlo se esforzaba en demostrarlo, con irrisorios detalles, asistiendo á sus exámenes y á los premios escolares. « Monarca pacífico, liberal y filósofo, — dice el citado escritor, — deseaba aparecer bajo este aspecto á los ojos de su pueblo y del mundo. Si las bellas letras pueden hoy día no necesitar protecciones, el darlas no deja de ser un mérito en el monarca que las concede á los intereses de la inteligencia como homenaje de su acatamiento, mostrando así cuando menos conocimiento de su época. En el desarrollo de la intelectualidad brasilera, don Pedro II no tuvo ninguna acción directa; grande fué

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sin embargo, su influencia indirecta. Don Pedro II es la misma negación del sentimiento estético. El gusto y el discernimiento crítico le eran totalmente eírtraños. Sin embargo de ésto, mostró siempre mucho gusto y mucho interés i)or las bella» letras, las artes y las ciencias. No tenía el temi)eramento de escritor, más sí el de literato; no era un alma de artista, sino de bibliógrafo. Creo que había alguna vanidad y alguna afectación en su gusto por las cosas intelectuales, y al mismo tiempo me parece que si no fuese natural sería quizás más inteligente. Si tuvo, como no quiero dudar, el amor á las bellas letras, faltóle, sin embargo, la inteligencia, sino de ellas, de su sentimiento. Lo que digo de los estadistas, puedo decirlo de los literatos : fueron los más nulos y mediocres los que acogió, consideró y protegió. Alrededor de este Augusto no se hallan los Virgilios ni los Horacios, y los famosos señores literatos del palacio casi serían, como literatura, apenas materia para un poema heroico-cómico. Las bellas letras, por su naturaleza aristocrática, no pueden ser bien venidas en los palacios de los poderosos, sean reyes, sean presidentes de república, pues solamente aquéllos tienen cortesanos y áulicos. La democracia no es literaria, porque á la igualdad se opone la inteligencia, que ella pretende nivelar, y que es personal é indispensablemente aristocrática... La literatura ó el arte democráticos no existen; siendo manifestaciones de lo que hay de mejor y superior en la inteligencia humana, son forzosamente aristocráticas... Siendo, por lo tanto, aristocráticas las bellas letras no pueden ser palaciegas, porque su carácter es ser independientes de todo soberano, ante el pueblo ó el rey. Acontece, pues,

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que el rey, protector de las bellas letras, por regla general sólo encuentra la mediocridad para proteger... Mantenía correspondencia activa con los sabios extranjeros, y en Europa escandalizó las cortes, á los conservadores y á la gente hem pensante visitando los rabinos, los librepensadores, los republicanos y los impíos, como Eenan, Hugo y Littré... En el Brasil, su círculo literario era compuesto de personalidades, muy dignas sin duda, pero de tercer orden... Al título de « protector de las bellas letras », no quiso agregar sus propias obras que, paréceme, — agrega irónicamente Verissimo, — nunca fueron publicadas. Las pocas que conozco, todas de poesía, no dan ciertamente sino mediocre idea de su talento literario. » Reconoce Verissimo que el emperador fué el único, en la alta administración del país, que mostró constante desvelo por el lado intelectual del progreso brasilero ; que es inevitable reconocer lo mucho que se debe á su influencia, sin que sea preciso que fuese un artista, un escritor ó un sabio; «puede ser que nada de eso fuese», bastando empero que su grande elevación moral y su interés por la vida intelectual de los brasileros, concediese la atmósfera fecunda de libertad donde tuvieron expansión todas las manifestaciones del espíritu.

El imperio cayó el 15 de noviembre de 1889, siendo jefe del gabinete el señor Alfonso Celso, vizconde de Ouro Preto, muy hostil á los argentinos, ambicionando, según mi sentir, una guerra. Este suceso histórico tiene singulares peculiaridades. Se decretó el destierro del emI)erador y toda la familia imperial, suspensión de la lista

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civil más tarde: el ministerio final del imperio desapareció sin estrépito y el trono se derrumbó ante la indiferencia general. El 16 de noviembre de 1889, el general Manuel Deodoro de Fonseca, jefe de la revolución victoriosa sin ninguna resistencia, dirigió al emperador un documento que dice así: «Señor: Los sentimientos democráticos de la nación mucho hace preparados, pero despertados ahora por la más noble reacción del carácter nacional contra el sistema de violencia, de corrupción, de subversión de todas leyes, ejercido en un grado incomparable por el ministerio de 7 de junio: la política de reiterados atentados del gobierno imperial en los últimos tiempos, contra el ejército y la armada, política odiosa para la nación, y profundamente por ella rechazada, el desconocimiento del derecho de estas dos clases que, en todas las épocas, entre nosotros han sido la defensa del orden, déla constitución, de la libertad y de la honra patria, la intención manifestada en los actos de nuestros ministros y confesada en su prensa, de disolverlas y aniquilarlas, substituyéndolas por elementos de compresión oficial que fueron siempre entre nosotros objetos de honor, para la democracia liberal, realizaron los acontecimientos de hoy, cuyas circunstancias conocéis y cuyo carácter decisivo podéis ciertamente apreciar. En presencia de tal situación, sentimos decirlo, y lo hacemos en cumplimiento del más costoso de los deberes, la presencia de la familia imperial en el país, delante de una nueva situación que ha creado la irrevocable revolución del día 15, sería absurda, imposible y provocadora de disgustos, que la salvación pública nos impone la necesidad de evitar. Obedeciendo, pues, á las

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exigencias del voto nacional, con todo el respeto debido á la dignidad de las funciones públicas que acabáis dé ejercer, estamos forzados de notificaros que el gobierno provisional espera de vuestro patriotismo el sacrificio de abandonar el territorio brasilero, con vuestra familia, en el más breve tiempo posible. Para este fin se os señala el plazo máximo de 24 horas, que esperamos no trataréis de exceder. El transporte vuestro y de los vuestros para un puerto de Europa, correrá por cuenta del estado, proporcionándoos para ello el gobierno provisional un navio con la guarnición militar precisa, efectuando el embarque con la más absoluta seguridad de vuestra persona y toda vuestra familia, cuya comodidad y salud serán vigilados con el mayor desvelo durante la travesía, continuando la dotación que la ley os garantiza, hasta que sobre este punto lo resuelva la próxima asamblea constituyente. Se han dado todas las órdenes á fin de que se cumpla esta resolución. El país espera que sabréis imitar en la sumisión á sus deseos, el ejemplo del primer emperador en 7 de abril de 1831. Eío de Janeiro, 16 de noviembre de 1889. — Manuel Deodoro da Fonseca. » Don Pedro II respondió: «En vista de la representación escrita que me fué entregada hoy á las 3 horas de la tarde, resuelvo, cediendo al imperio de las circunstancias, partir con toda mi familia para Europa, mañana, dejando esta patria, de nosotros estimada, á la cual me esforcé por dar constantes testimonios de entrañable amor y dedicación, durante casi medio siglo en que desempeñé el cargo de jefe del estado. Ausentándome, pues, yo con toda mi familia, conservaré del Brasil la más saudosa memoria, haciendo ar-

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dientes votos por su grandeza y felicidad. — Eío de Janeiro, 16 de noviembre de 1889. — D. Pedro de Alcántara y> (1).

He reproducido estos documentos textualmente, porque son la prueba irrefutable de que el trono imperial fué una institución sin raíces en el Brasil, y derrocado sin que nadie lo defendiese, puesto que la aristocracia vitalicia no estaba vinculada al trono por la tradición ni por el interés (2); de manera que bastó la notificación escrita de destierro al monarca y su familia, por haber resuelto cambiar la forma de gobierno, para que él, que desempeñó el cargo de jefe del estado, sumiso y resignado, acatase lo resuelto, haciendo votos por la grandeza y la felicidad del país, de cuyo territorio era arrojado I No conozco revolución que se le parezca, ni rasgo que caracterice mejor el fatalismo que dominó siempre al emperador, cuya impasi' bilidad estoica fué famosa.

Yo volvía en 1889 de Buenos Aires, donde fui con goce de licencia de mi gobierno, en viaje para ocupar nuevamente mi puesto oficial en Washington ; el vapor llegó á la bahía de Eío Janeiro cuando había pasado la hora para

(1) Libro citado.

(2) La nobleza brasilera meramente vitalicia, y por tanto sin el prestigio social de la tradición, se componía en 1883, de la manera siguiente : Títulos con grandeza : 4 marquesas viudas, 5 condes y la condesa de Barral que residía en Europa, 5 condesas viudas, 23 vizcondes y 18 condesas viudas, 28 barones. Nobleza sin grandeza : 16 vizcondes y 7 vizcondesas viudas, 240 barones y 41 baronesas viudas. Formo esta estadística por los datos del Almanak adminUtratit'o, mercantil é industrial do imperio do Brazil para Í883.

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que las autorídades marítimas diesen entrada á fin de que los pasigeros desembarcaran, y precisamente en ese mes de noviembre, en los mismos días, presencié desde la cubierta la iluminación de la ciudad y oí las músicas y vi levantarse los cohetes voladores, revelándome un acontecimiento de alegría popular y niidosa. Al siguiente día, vinieron algunos brasileros á bordo, y preguntándoles la causa de aquella iluminacióii, me informaron de que eran demostraciones que se hacían en honor de un buque de guerra chileno, anclado en el puerto, que devolvía la visita hecha á Chile por una nave de guerra brasilera. Alguien me dijo en confidencia : «celébrase la alianza secreta entre Chile y el imperio del Brasil» (1)

Parecióme extraña é inexplicable aquella profunda mudanza en la orientación de la política internacional, de que tantas veces hablé con el emperador, cuyas conversaciones he referido en detalle. No comprendía que aquel anciano, achacoso, prudente y pacífico, cambiara la base de la paz de las naciones americanas limítrofes con el

(1) Es sabido que Chile, desde que principió á discutir seriamente con nosotros su cuestión de límites, buscó y obtuvo la alianza con el Brasil durante el imperio. £1 plenipotenciario chileno Blest Gana había firmado un pacto ofensivo y defensivo, de tal modo que cuando en un momento crítico, con motivo de los asuntos del Paraguay, fué á Río de Janeiro en misión especial el general Mitre, al lograr zanjar la dificultad que pareció un momento llevarnos á la guerra, recibió esta confidencia de labios de un alto personaje brasilero : « vuestra excelencia sabrá que si hubiese llegado el caso desgraciado de un conflicto, el Brasil no habría estado solo... » La polüioa argentina en el Plata, por Ernesto Quesada, 1 vol., 1895, Buenos Aires. Apéndice, pág. 291.

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Brasil, cuyas alianzas históricas recordaba como hechos memorables del imperio, i)or una aventura inexcusable con una nación situada en el Pacífico, rompiendo con la República Argentina, aliada tantas veces al Brasil, cuyo recuerdo más de una ocasión evocó el emperador en conversación conmigo.

Mientras tanto, nada autorizaba á sospechar semejante cambio en la dirección política del imperio. El 7 de septiembre de ese mismo año de 1889 se había firmado en Buenos Aires el tratado Quirno Costa-Alenjar, estableciendo por el artículo 1** que las partes contratantes discutirían los títulos de dominio al territorio en disputa, en el plazo de noventa días, y vencido éste, sino hubiese « solución amigable », el artículo 2** estatuye que la cuestión sería sometida al arbitraje del presidente de lo8 Estados Unidos. El cange de ese tratado ratificado, tuvo lugar en Río de Janeiro el 4 del mismo mes de noviembre. ¿ Cómo comprender entonces las fiestas extraordinarias celebradas en esa misma corte en honor de un buque de guerra chileno, y, según se me informó, para celebrar la alianza con Chile? Francamente no podía comprenderlo. Más aun ; el ministro argentino en el Brasil, señor Enrique B. Moreno, había comunicado oficialmente al gobierno cómo fué recibida en el imperio la noticia de la celebración de aquel tratado, y en 9 de septiembre del mismo año había dicho: « El aviso telegráfico de V. E. lo recibimos, tanto el señor consejero Diana como yo, en la noche del 7. Llevé personalmente al emperador el telegrama de V. E. y me pidió lo leyera en alta voz, en presencia de los ministros de estado y personas de la corte que lo ro-

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deaban en aqael momento. Cuando terminó la lectura del despacho, el emperador me estrechó la mano efusivamente y me pidió retribuyera el noble saludo del excelentísimo señor presidente de la república. Se notaba en el semblante del emperador la alegría que dominaba su espíritu y esta misma observación fué hecha por todas las personas á quienes me he referido anteriormente» (1). 4 Cómo explicar que después de arreglada amistosamente la cuestión de límites, de cangeadas las ratificaciones del tratado, el mismo gobierno imperial cambiase la oriención de su política internacional y la tradición de las alianzas con los estados vecinos para buscar peligrosas complicaciones ? Yerdad que el gabinete presidido por el consejero Alfredo Córrela de Oliveira, que celebró el tratado, había caído ; pero el cange de las ratificaciones se hizo en el mismísimo mes de mi arribo al puerto de Río Janeiro, y estos cambios no se producen repentinamente y sin graves motivos, i Cómo rompía el emperador ese tratado, él, que era por naturaleza pacífico y conservador ? ; qué razón de estado le hacía desempeñar un papel desleal, faltando á obligaciones internacionales contraídas y cangeadas en los próximos días de ese mes de noviembre? El presidente del consejo, vizconde de Ouro-Preto, era enemigo de la República Argentina, se le creía partidario de la guerra, pero ese gabinete era resistido, impopular é impotente, y por tanto no ejercía presión sobre el empe-

cí) Memoria del ministerio de reUioiones exteriores, presentada al congreso nacional por el doctor Estanislao S. Zeballos, ministro del ramo. 1891-92, pág. 114.

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rador. No podía comprender la misteriosa noticia que se me comunicó á bordo. El proceder del emperador, si fue«e cierta la alianza con Chile, sería acción inexplicable y procedimiento de doblez misteriosa.

No había tiempo para bajar á tierra y continué el viaje, intrigado por aquella profunda y peligrosa veleidad. Arribamos á Dakar para tomar carbón, y allí, por telegrama se sabía la noticia de lo acontecido el 15 de noviembre, la caída del trono, el destierro del anciano emperador y su familia, evolución hecha sin derramamiento de sangre y en medio de la más desdeñosa indiferencia por el derrumbamiento institucional del imperio, destituido por un gobierno provisional republicano. Continué mi viaje, absorto en la meditación de aquellas evoluciones que cambian la suerte de los pueblos, deshacen las combinaciones astutamente meditadas y encaminan providencialmente las sociedades humanas al cumplimiento de sn papel histórico, en el que influye de modo poderoso, la geografía del territorio que señala los rumbos certeros por donde se desenvuelven armónicos los intereses internacionales.

Quedó siempre sin solución para mí este misterioso problema: 4 qué causa influyó en el criterio del emperador para cambiarla orientación de la política internacional brasilera ? No fué, paréceme, el interés dinástico, porque el emperador era el primer convencido de que el trono era, cuando más, institución vitalicia como la aristocracia, que le servía de adorno y no de base sólida; porque jamás supuso que la heredera lo ocupase, sólo transitoriamente como regente, en los viajes que hizo por Europa y Estados Unidos.

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Tamx)oco podía influir en esa veleidad irreflexiva, la cuestión de límites con la Argentina, puesto que se había cangeado el tratado que le ponía término. 4 Qué propósito serio y grave le inspiró contraer aquella alianza? El emperador me había expresado su absoluta oposición al cambio de la geografía política en Sud América, como ya lo he dicho, de manera que tampoco concibo que tuviese, como projMSsito, cambiarlos límites de las repúblicas vecinas, cuando él, mejor que muchos, conocíalos grandes sacrificios de hombres y de dinero hechos por el Brasil en la guerra contra el Paraguay, en la cual tuvo como aliados á la República Argentina y á la Uruguaya. Repito que el móvil de esa alianza secreta es para mí una incógnita insoluble. Fuera ó no cierta tal alianza, la providencia la desbarató por la caida del trono imperial, el destierro del emperador y la revolución en Chile que derrumbó al presidente Balmaceda, quien, asilado en la legación argentina, se suicidó.

Natural era que el imperio, por su mismo carácter monárquico, desenvolviese una política de expansión agresiva y de constante intervención en el continente sudamericano, para cimentar el predominio diplomático brasilero y para influir en la marcha de los asuntos de política internacional. Fué esa la tradición de la diplomacia imperial, mantenida por una cancillería en ia cual se observan las prácticas europeas, y se aspiraba á que la casa de Braganza renovara, en América, las mismas habilidosas hazañas con que, en Europa, otras casas reinantes hablan logrado modificar el mapa político de las naciones, teniendo en jaque continuo á pueblos y estadis-

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tas. De ese punto de vista, la política imperial constituía un verdadero peligro para los demás países sudamericanos, los cuales — salvo, quizá, Cbile — se han distinguido siempre por la ligereza é imprevisión con que han manejado sus relaciones exteriores. Caído el imperio, la república brasilera pareció abandonar esa tradición y fué, durante cierto tiempo, visible el desgano con que atendía á sus negocios extraigeros ; pero la reacción — gracias á la influencia de su actual canciller, el barón de Eío Branco — es hoy visible y la tendencia imperialista de su política americana busca, ^n unión con el famoso « destino maniñesto » de los yankees, dominar sobre este continente y retomar la orientación tradicional de la cancillería de la época imperial. / Caveant cónsules I Las naciones sudamericanas deben, por lo tanto, darse cuenta del nuevo peligro que las amenaza, y es quiza providencial esta transformación de la política brasilera, porque las obligará á prestar la debida atención á las relaciones exteriores. 1^0 critico la orientación brasilera: compruebo simple mente el hecho ; nuestros vecinos buscan su engrandecimiento, sino territorial, por lo menos como hegemonía continental, aspirando á presentarse ante el mundo — siquiera ante el soñado « concierto de las naciones » — como los naturales tutores de las demás repúblicas sudamericanas, á las que intenta considerar como á hermanas menores, sujetas á la dirección de la hermana mayor, la república brasilera : ésta, así, vendría á ejercer esa hegemonia por delegación de los Estados Unidos, por cuanto la gran república norteamericana sostiene que, en virtud de su mentada doctrina del « destino manifiesto »,

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es la llamada á encaminar el porvenir de América. La política imperialista yankee, por ende, busca ejercer su inf nencia sobre Sud América por intermedio de la brasilera, y ésta, á pesar de obrar sólo por delegación, se contenta con ese papel : así, en toda América, dominaría la república yankee y, como su lugarteniente en el sud, la brasilera. Ese sueño imperialista, por más que halague la vanidad de nuestros vecinos, no puede satisfacer la nuestra: luego / Caveant c&nsules /...

Prescindo de comentarios. Eecordaré, sin embargo, que la primera nación que reconoció al nuevo gobierno republicano fué la República Argentina por un decreto, con extensos considerandos, datado en Buenos Aires á 3 de diciembre de 1889.

Han pasado los años, no ambiciono nada, mis pasiones se han helado y mis años me colocan entre los inválidos. Mirar hacia el pasado, evocar los recuerdos, revivir en la memoria la vida que viví, para narrarla á los que vienen en pos mío, es una ocupación tranquila que desempeño con la conciencia de decir la verdad, durante el largo período de más de veinte años pasado en el difícil y complicado desempeño de misiones diplomáticas.

¿Cuál es la impresión que mi memoria conserva del emperador don Pedro II f Comenzaré por reproducir una carta confidencial del presidente general Eoca, datada en Buenos Aires á 26 de marzo de 1883, porque en ella me habla délo que decía con relación al emperador: «Recibí la atenta de V. fechada en Petrópolis el 6 del corriente mes. Le agradezco las noticias tan llenas de interés sobre

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la presentación al emperador. La idea que me da Y. acerca de su persona, es la que tienen todas las personas que lo han visitado, de esta república, donde es, por esto mismo, simpático y respetado. Felicito á V. cordialmente por las atenciones de que ha sido objeto por su parte, y que pnieban el aprecio por nuestros hombres distinguidos, y la rectitud de juicio del emperador» (1). De Buenos Aires me escribían el 24 de marzo de 1883, diciéndome: «los diarios partidarios del doctor Bocha se muestran desafectos con V.; pero han sufrido un soberbio chasco, al imponerse de los términos expresivos del telegrama de la Agencia Havas, anunciando su recepción oficial. Ul Diario decía: «la recepción fué muy cordial y el emperador se mostró afabilísimo con el doctor Quesada». El ministro de relaciones exteriores, escribía con fecha 14 de marzo del mismo año, lo siguiente: «He recibido su segunda confidencial del 6 del corriente, en la que me participa su primera entrevista en Petrópolis con el emperador. Mucho me complace la idea de que Y. desvirtuara con su tacto diplomático la mala impresión que los escritos de la prensa uruguaya hayan producido en el ánimo cauteloso de ese soberano. Creo así que su recepción oficial será digna y amistosa, la amabilidad con que ha sido V. tratado por la familia imperial es en mi concepto de buen augurio, pues se ve que proceden sin reservas. No demore en comunicarme todo lo que suceda con motivo de

(I) Carta autógrafa, archivo particular mío eu San Rodolfo. El presidente Roca al plenipotenciario Quesada. Buenos Aires, marzo 26 de 1883.

DON PEDRO II, EMPERADOR DEL BRASIL . 465

SU recepción, y espero también que no descuide de tenerme jil corriente del desarrollo que adquiera en Eío de Janeiro la fiebre amarilla » (1). El mismo ministro me escribía con fecha 14 de marzo de ese ano... «Tengo preparadas las instrucciones que V. me reclama y se las enviaré muy pronto. De todos modos éstas no son indispensables parsi su recepción en forma » (2). Datada á 7 de abril del mismo año, me escribía mi hijo : «Habrás visto que La Prensa de fecha 30 del mes pasado publicó una correspondencia de Eío de Janeiro dando detalles acerca de tu recepción ofícial. Todo el mundo los ha leído. Los diarios aquí. El Nacional y El Diario, habían escrito en contra de los uniformes. Reprodujeron el párrafo respectivo de aquellu correspondencia. Los artículos de Tavora fueron inmediatamente publicados en La Prensa y se reproducirán en La Nueva Revista.., Puedes imaginarte el placer extraordinario que tu carta me causó. Todos tus amigos me han felicitado. El doctor Diógenes J. de Urquiza, sobre todo, de manera muy expresiva... Inútil decirte los comentarios que aquí hacen de tu misión : unos te suponen en detenidas conferencias con el ministro Albuquerque, otros dicen que hábilmente estás ganando tiempo» (3). El doctor don Andrés Lamas, celebrado diplomático é

(1) Carta aiitógrafa del doctor Plaza. Mi archivo. El minútro de i'elacionéB exteriores al plenipotenciario Quedada. Buenos Aires, 14 de marzo de 1883.

(2) Documento de mi archivo. El minintro de relaciones exierioreH al plenipotenciario Quesada. Buenos Aires, 14 de marzo de 1883.

(3) ídem. El doctor Quesada al plenipotenciario Quesada. Buenos Aires, 7 de abril de 1883.

4t)6 MIS MEMORIAS DIPLOMÁTICAS

historiador uruguayo, me escribía desde Buenos Aires el 7 de marzo de 1883 : «Tuve el 23 una grave alteración de salud, quizá producida por exceso de trabajo, cuyas malas consecuencias siento todavía. Este accidente me privó del placer de volver á apretarle la mano antes de su partida^ repitiéndole, como ahora lo hago, que le deseo la mayor felicidad, y que siempre estaré á su disposición en todo cuanto pueda tener la fortuna de serle útil ó agradable (1)».

Aunque no concreto mi juicio sobre el emperador, conviene que vaya colocando en el camino los jalones que me permitan elegir el verdadero sitio para que la luz presente la figura que intento esbozar.

Mi preocupación era la negociación secreta, de buya historia dejo hecha la narración detallada y documentada ; ])ero quiero reproducir lo que me decía mi hijo, único intermediario para informar al presidente. Por carta datada en Buenos Aires á 16 de enero de 1883, dice: « Como supondrás he tenido frecuentes conferencias con el viejo amigo, sobre todo después de cada una de tus cartas. Ayer, me mostró tu telegrama del 14, que parece indicar que la demora se prolongará aun durante este mes. Aquí sólo están en el secreto el viejo amigo y el amigo principal, el amigo jefe nada sabe, pues los dos otros que han tomado esta cuestión con el mayor interés, creen mejor guardar reserva todavía, hasta el momento que se reciba tu ansia-

(I) Carta autógrafa. Documento de mi archivo. Don Andrea Lamas al plenipotenciario Quesada. Buenos Aires, 7 de marzo de 1883.

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do tele^ama. Están ambos en suspenso, si bien son tan desconfiados que dudan del éxito, ó creen, por lo menos, que los otros tienden más de un lazo hábil antes de entrar en la solución. Fían plenamente en tí, pero desean sepas que si, á pesar de todo tu empeño, no se arriba á un resultado satisfactorio y definitivo, ellos apreciarán todos tus esfuerzos, pero no sufrirán amargo desencanto. Te aseguro que se han conducido perfectamente bien: nadie sospecha ni remotamente. La negociación, pues, debes proseguirla eficazmente, pero les parece que es conveniente ignoren hasta el hecho de haber dado cuenta extra oficial, puesto que, en el fondo, el del ramo lo ignora, y por si se suscitara después alguna dificultad. Ahora bien: suponiendo que allí, donde saben el secreto los ministros y consejeros de estado, el resto lo ignore, se apruebe por fin la noticia, ¿habrá que someterla al parlamento? Y, una vez hecho, por tu intermedio el tratado, i cuál sería el resultado de la discusión parlamentaria ? Tú sabes que aquí, en cuanto á eso, nada hay que temer, 4 pero allí ! Aquí, pues, tienen cierto temor sobre ello. Para mí, lo importante, por el momento, es que salgas victorioso, que vengas, vuelvas y celebres el tratado. En seguida, si allí lo desaprueban, tú ya nada tienes que ver con eso. Sobre todo esa es materia que debe dejarse para después. Esta negociación me tiene en ascuas»... (1). Si la preocupación de mi hijo era tan intensa, la mía, guardando para todos profundo silencio, me causó graves inquietudes. El mi-

(1) Documento de mi archivo. El doctor Ernesto Quesada al plenipotenciario Quesada. Buenos Aires, 16 de enero de 1883.

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nistro de la guerra, mi amigo el doctor Vietorica, me escribía el 29 de septiembre de 1884, lo siguiente: «El presidente me mostró una carta suya. Ojalá al fin la cosa se haga como lo hemos deseado para bien de V. y del país y hasta de la América, i>orqiie ello daría un gran ejemplo, después de los desastres del Pacífico, y porque los Estados Unidos empiezan á estar repletos de inmigración. Hacer desaparecer esa nube es para el Brasil y el Plata abrir un grande horizonte de prosperidad, fuera de economizar en el presente, gastos tan estériles ó más bien perjudiciales al progreso (1)». Desde París me escribía don Mariano Balcarce, enviado extraordinario y ministro plenipotenciario de la república, en carta datada en París á 9 de octubre de 1884, estas palabras : « Veo c^n satisfacción que nuestras relaciones con ese imperio se mantienen muy amistosas aun cuando queda pendiente la secular cuestión de límites, que sería de desear desapareciese de nuestro horizonte político antes que llegue á faltar el emperador don Pedro, cuyo tacto, moderación y prudencia me inspiran gran confianza, pero celebraría más que usted lograse alcanzar tan difícil como importante resultado» (2).

Quise exhibir el testimonio de argentinos en la intimidad de la correspondencia \ epistolar, comenzando por el presidente de la república, ministros del gabinete y diplo-

(1) idom. El ministro de la gueira general Victmnca al plenipotenciarío Quesada. Buenos Aires, 29 de septiembre de 1883.

(2) Carta autógrafa. Documento de mi archivo. El ministro argénlino en Pans al plenipotenciario Quesada. París, 9 de octubre 1884 .

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luáticoB, para comprobar la alta idea que todod formaban de la elevación intelectual del emperador; porque esta prueba testimonial es la más concluyente de la buena fe y sinceridad con que conduje, durante años, una negociación confidencial, reservada, buscando la ansiadla solución. Cualquiera que fuese el resultado, la sinceridad del propósito parecíame garantía de fecundas relaciones en lo porvenir con el vecino país, aliado con la Argentina en sucesos memorables de la historia, como lo recordaba el mismo emperador.

Ahora bien, ¿qué juicio formo del emperador! ¿era acaso un sabio? ¿era sólo un filósofo! 4 ó se contentaba con ser un ecuánime indiferente que lo juzgaba todo con cierta plácida ironía !

Su mentalidad intrigaba ; no tenía fe en las instituciones monárquicas, y las mantenía sin preocuparse mayormente del mañana; no tenía confianza en su aristocracia vitalicia y los políticos brasileros le inspiraban mediocre estimación; algo escéptico y juguetón, en el fondo parecía entretenerse con jugar, como artístico dilettante, la interesante partida de ajedrez del gobierno imperial, pero lo hacía sin pasión, casi sin calor, como clubman harto ya del damero tantas veces observado. Estadista sin ideales marcados, sin ambiciones del mañana, contentándose con la fácil habilidad de vivir al día, en el cuarto de hora presente, sin preocuparse de los destinos futuros de su país, sin tener plan netamente formulado, sin las visiones del porvenir que caracterizan á los hombres que marcan un nimbo en la historia, era un gobernante tranquilo, exce-

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lente para épocas normales, en las que más se vegeta que se vive. Quería vivir gobernando sin mayores molestias, sin preocuparse de nada que perturbara la suave placidez de su existencia de filósofo práctico; en la vida privada habría sido un excelente caballero, culto, ilustrado, algo irónico, muy tolerante, quizá indiferente, no poco egoísta, pero que no habría incomoda<lo á nadie para no ser por alguien incomodado : un ideal á lo Eenan, — ;á lo Anatole France!... quizá — pero en la vida públicíi no podía abandonarse á esa dulce felicidad; tenía que ocuparse de gobernar, y esto lo contrariaba, lo sacaba de quicio, lo perturbaba no pocas veces. Fué monarca á la fuerza; si hubiera podido labrarse él mismo su destino, posiblemente no habría jamás soñado en malgastar esta corta vida en el gobierno de un pueblo, que pocas veces comprende el sacrificio que eso implica y que casi nunca sabe agradecerlo, creyendo que el poder es una canongía por todos ambicionada, siendo así que ello es simple cuestión de temperamento. Y don Pedro II no tenía el temperamento de un Kapoleón, ni siquiera de un Guillermo de Alemania: no había nacido para estadista, y entre su idiosincracia y la de un Bismarck hay un abismo inmenso; pero era un hombre encantador, que atraía y seducía : se le quería y su memoría no se borra de quienes hayan tenido la dicha de tratarle.

Don Domingo Faustino Sarmiento me escribía con fecha (> de septiembre de 1883, estas palabras, enviándome un artículo que publicó sobre el arbitraje : « Hágame la gracia de hacerlo llegar á manos de 8. M. el emperador, con

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mis respetos, é insinuarle mi deseo de poseer la obra que el i>adre Jacinto le atribuye sobre arbitraje también y que le mereció tantos elogios en el congreso de Bruselas, como miembro de la sociedad para suprimir la guerra. Tengo derecho de pedirla » (1).

Dicen que estudiaba, que leía mucho, que anotaba los libros, como queda indicado, de su rica y numerosa librería . Ignoro si dejó estudios ú obras escritas. Pienso que hastn en esto era reservado; tal vez no quería someter al juicio y apreciaciones ajenas sus propias obras. En el Instituto histórico y geográfico f donde yo concurría con asiduidad, guardó siempre silencio respetuoso, y en la conversación con que distinguía á los individuos de la ilustre corporación, decía generalidades vulgares. Yo asistía siempre, como un homenaje de personal respeto hacia el monarca que, con su ejemplo, servía de estímulo para los estudios científicos é históricos. ¿Era quizá un filósofo, en la acepción científica del término? !No me atrevo á sostenerlo, pero era estudioso y de elevada inteligencia, muy dado á observaciones astronómicas. Paréceme que era un descontento resignado, bajo aquél aspecto de bondad casi paternal. Era una verdadera personalidad. De todos los personajes extranjeros que he conocido, el emperador me deja bajo una impresión de sospechosa duda: moralmente no fascinaba por las ideas que emitiera, conversaba al parecer preocupado de lo que no se veía, más yo creo que en el fondo abrigaba la profunda duda sobre la duración del imperio.

(1) Archivo en San Rodolfo. Domingo F. Sat^niiento al plenipoteneiario Qnesada. Buenos Aires, 6 de septiembre de 1883.

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Creo que estaba convencido de que la duración del reino dependía de su vida, y debió sorprenderlo la revolución, que pienso no había previsto.

Por lo expuesto pudiera creerse que amaba la simplicidad, y sin embargo, frecuentaba los teatros, y desde San Cristóbal venía en coche con seis muías y escolta, de manera que era ruidosa su llegada. El pueblo le contemplaba en silencio, no despertaba entusiasmo pero tampoco odios: era un inofensivo; sino era un sabio, era un hombre sul>erior pues la verdad es que no tenía nada de vulgar. En el teatro se dormía, y la tarea de la emperatriz era despertarlo, tocándole con el abanico. Me parecía que exhibía su aburrimiento, tratando de distraerse, sin conseguirlo.

Amaba el detalle, lo absorbían las pequeneces, tanto que, como ya se ha dicho, asistía á los exámenes públicos y personalmente distribuía los premios. Yo concurría á esas ceremonias siempre que me invitaban, y estudiadamente procedía de tal manera para dar á S. M. esta prueba : de consideración ; pero confieso que aquel clima tropical / y aquella distribución de premios á los niños, me producían / un sueno terrible, que me obligaban á una lucha de titán. En esos detalles perdía don Pedro el tiempo. Leía la correspondencia diplomática, puesto que más de una vez me habló de la mía, terminando por aconsejarme que convenía la discusión verbal y sólo la escrita para expresar los resultados. Yo tuve la franqueza de manifestarle alguna vez que me parecía que empleaba demasiado tiempo en exámenes, visita de hospitales, de establecimentos públicos, cosas que me parecían muy inferiores á su alto rango. Me replicó que quería dar ejemplo, que esa idea lo dominaba.

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Creo que era consecuencia del tedio, en cuya atmósfera me parece se absorbía con pena. Una vez me confesó que el fraile que lo había educado había pervertido su carácter, haciéndolo voluntarioso. Si hubiera sido un sabio ó un filósofo consagrado al estudio, paréceme que esas pequeneces no lo hubieran dominado. Sus viajes al extranjero, me los explico por la necesidad de huir de ese aburrimiento neurótico, pues su estado nervioso revelaba un desequilibrio. Comía poco, bebía menos, y aun cuando hacía ejercicio á pie no era lo bastante. Tenía aspecto pesado, y sus baños hidroterápicos confirman mi opinión.

No tenía el carácter de un ambicioso, ni creo tuviese pasiones políticas ; lo que sí me parece es que tenía veleidades. Faltábale la energía de jefe de gobierno, y sus ministros se quejaban de la pereza con que se decidía, siempre preocupado de las pequeneces, hasta de la provisión de los empleos más subalternos. Ahora bien, i no influiría quizá en ésto aquel clima enervante! Podrá ser. Los trópicos quitan las energías, la indolencia es casi fatal, y por ello la población aparece anémica, la belleza femenina dura poco, la energía viril es la excepción.

En resumen: como gobernante reveló que no tenía la vocación del estadista; como monarca, que carecía de los prejuicios de la extirpe y del temperamento especialísimo que engendra el ejercicio de la realeza durante varias generaciones; como sabio, que no tuvo tiempo ni oportunidad para profundizar y sistematizar sus estudios, de modo que prefirió la cantidad á la calidad; como hombre, que era un perfecto caballero y una distinguidísima per-

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sona, atrayente y simpática, verdadero gentleman en toda la acepción de la palabra; como carácter, que su tolerancia y su ecuanimidad eran debidos á cierto tinte de suave ironía, con que miraba á hombres y cosas; quizá el rasgo prominente de su personalidad era ese dejo de elegante escepticismo que le impidió creer seriamente en nada, ni siquiera en su corona, ni en él mismo... De ahí que su imperio no constituyera un peligro para la idea republicana en América; era un cuarto intermedio visible, un incidente pasajero, en la historia de este continente.

irsDICE

SEGUNDA PARTE

NEGOCIACIÓN SECRETA CAPÍTULO I

T,A SITUACIÓN POLÍTICA Y ECONÓMICA DKL BRA8IL DURANTE MI NEGOCIACIÓN SECRETA

Breve» recuerdos de mi residencia en Larangeiras. Escragnolle Tonnay publica en la Gaceta de Noticias un juicio contra la pretendida propaganda argentina : carta dirigida (\ este escritor. Ministeri(» del consejero Pinto Souza Dantas. Mayorías parlamentarias. Mecanismo constitucional. Frecuentes cambios de ministerios. El partido liberal y el conservador. El sistema electoral brasilero produce la debilidad anárquica de los partidos políticos. Sitimción del gabinete presidido por Dantas, después de disuelta lii cámara electiva. La cuestión de la emancipación de los esclavos. Opinión del senador Silveira Martins sobro el emperador y la organización de los ministerios. La cámara de diputados provoca la crisis ministerial por las ideas del gabinete sobre el i>roblema del elemento servil. £1 presidente del consejo no aeepta la cuestión de confianza, sino cuando se discuta el pro^'ecto del ministerio. Situación política grave. Dimisión del gabinete Dantas. Ministerio del consejero Saraiva. Su programa de gobierno. El elemento servil y la cuestión financiera. Proyecto del gabinete Saraiva. Esas cuestiones producían la paralización de lo relativo á negociaciones internacionales. Influencia de ese ambiente en mi gestión diplomática. Juicio del Jornal do Commereio en su revista del año 1884. Cuestiones relacionadas con la de la esclavitud. Inmigración. Importancia para los estados colin-

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(lantes. Exposición «le mis ideas. Carta al presidente Roca sobre estos tópicos. Informes al ministerio sobre agricoltura. Noticia» relativas á la situación financiera. Término de las sesiones extraordinarias y apertura do las ordinarias. Disourso del emperador. Noticia de la Memoria del ministro de hacienda brasilera. Informes sobre las provincias brasileras limítrofes á la Argentina. Viaje del conde d*Eu á la provincia de Río Grande. Insistencia en mis informes con motivo de discusiones en las cámaras brasileras : junio 1885. Mi traslación como ministro diplomático unte el gobierno de los Estados Unidos. Respuesta del empera- «lor á la carta de retiro. Ministerio del barón de Cotegipe. Su visita en mi domicilio después del juramento. Amistoso recuerdo á la lealtad del barón de Cabo Frío, después vizconde del mismo nombre. El barón de Río Branco. Recompensas por servicios diplomóticos