Misterio: tríptico campesino · Capítulo real 10 de 17

ESCENA IV

Texto completo de esta unidad literaria, reunido aunque el lector la divida en 1 tramo técnico para mejorar el rendimiento.

ESCENA IV

DICHOS; MARTÍN por el foro, con traje de camino, polainas, espue¬ las y sombrero cordobés. Luego CARMINA, por la izquierda

M*f. Bien hallados. ¿Pueden decirme quién es el patrón del parador?

Ram. Bienvenido sea. Agora llega el ama. (Bajo á

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Miguel.) Non ti olvides. Vé á la casona. (Lla¬ mando.) ¡Carmina! Volveré, (a Miguel. Mutis por el foro )

Mar. ¡Carmina! ¡Bonito nombre tiene la patronal (a Miguel.) ¡Eh, buen mozo! Dígame, si gustar ¿estamos muy lejos de Infiesto?

Mig . (secamente.) Seis íleguas.

Mar . ¡Diablo! Tendré que pernoctar aquí. Gracias,, amigo.

Car. (Por la izquierda.) DÍOS H ayude. (A Martín.)

¿Qué se li ofrez?

Mar. Ante todo dar gracias á Dios, que pone en mi camino una mujer de tan hermosa pre¬ sencia.

Car. (Riendo.) ¿Oyeslo, Miguel? (Este hace un gesto-

de desagrado.) Grades, (a Martín.) ¿Y non Ü

ocurre más?

Mar . Que se haga cargo un mozo de mi caballo y que se me prepare un buen refrigerio, en que no falten las excelentes magras de Avilés y el queso de Canga?; todo ello servido, á ser posible, por esas manos de santita.

Car. (Riendo.) ¿Fala de veras, hom?

Mar. Tan de veras, que por ellas cambiaría gusto¬ so refrigerio y descanso. Tengo una imagenmanca, y me hacen falta unas manos así.

(\ a á cogérselas.)

Car. (Rechazándole.) ¡Téngase allá! (Miguel se pone en

pie.) Las mis manos pueden facer mal. (Rien¬ do de nuevo.) Si quiere que siamos amigos, entre allí (Señalándole la puerta de la derecha.) y guarde comenencia.

Mar. ¿Eres una virtud silvestre? Como quieras.

Pero no me hagas esperar, porque tengo que hablar contigo de moral despacio, (vase

por la derecha )

ESCENA V

CARMINA y MIGUEL

Car. (Riendo.) ¡Ja, ja, ja! ¡Mi vida, que es parlan¬

chín el viajero!

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Mig. Carmina, propóneste martirizarme.

'Car. Martirizarte yo... ¿Por qué?

M:g. Porque ti quiero con to el corazón, y non pueo ver que tales á otro home, y le rías, y !e fagas semblante.

Car. Libre soy como las alondras. A naide de mis

voluntaes fice mercó.

Mig. Mátasme faciendo talante de non saber que

yo ti quiero, que non acierto á vivir sin ti. Por ti abandoné la mi casona, por ti fí á la villa y jugué los diner* s.

Car. Ganaste, y así gastas m agencia.

Mig. Sí: gané; pero soy más probe que nunca,

porque naide me mira, porque no tengo más que á ti en el mundo.

Car. (.Poniéndose seria.) Tienes... á tu muller.

Mig. Non Ja mientes... Está agora llorando aban-

doná, y es buena... De seguro, millor que tú ..

Car. Gracias.

Mig. Pero tú me dominas» me arrastras... ¡Pa ti

sola es mi alma, tierna y llorosa, como por la mañana la yerba en el prao! ]Tú sola aquí

drento (con la mano sobre el corazón.) vives y

palpitas!

Car. Casao eres, Miguel, y yo mucho conozgo de

miseriucas. ¿Quién me diz que algún día non fenece el encantamento,’ y ti tornas, como una oveya, á la tu mullerina?

Mig. Non; yo ti lo juro. Una y mil veces faría por

cuertar ese ñudo pa venir á mirar los tus olios, (con ternura.) limpios COmO Sol que amanesce; pa oir la voz de la tu garganta, fascinaora como el gorgolitar de los paxarinos.

Car. Ley ti tengu; cariñu en tí asoma Pero non

me fío, Miguel.

Mig. Una prueba demándame.

Car. ¿Una prueba? Non eres [capaz de me la donar.

Mig. Siá cualsiquiera, yo prometo dártela,

Car. Non sé qué demandarte. Espera... ¡Ah, sí!

¿Te alcuerdas de si el día de la tu boda ficis* te á tu muller algún presente?

Sí.

¿Cuál, nin?

Un anillo de plata.

Pues bien: dame ese anillo.

(Turbado.) ¡El anillo!... ¡imposible, Carmina! ¿Lo ves? ¿Non lo dije?

El anillo del desposorio... ¡Mi alma! Dile en la ermita, entre la fumareda del incienso,, delante del Cristo, que estaba entre luces, con los sus brazos, muy flacos, abiertos, atendiendo el son tembloroso de la campanuca, que caía de la espadaña, oyendo mar¬ mullar non sé qué rezos misteriosos que los bornes no entén Traeríanos desgracia. Non; el anillo non si pué tocar.

(Despreciativa. )Non fales más; non me tiés ley. Torna con tu muller y tus rezos. (Hace ade¬ mán de marchar.)

(Angustiado.) Oye: ¡nom me rechaces, que mis uellos se nublan y por mis oreyas pasa el zumbió de las abejas, y en mi frente paece que la sangre se esnidia! Pídeme to: la vida; otra cosa que no el anillo.

¿Non jué prenda de amor, siñal de alianza? Vinga si me ames, y si non, vete (peusativo.) Armida le tié puesto en su mano, y st.'lo al dormir le deja en la su cabecera. Pídeselo, quitaselo, róbaselo.

Robárselo... dormida... ¡Non, non mi atrevot (Rechazándole.) ¡Bah! No eres home.

(Suplicante.) ¡Oj^el

Oitri día.

¡Carmina!...

¡Aparta!

(cogiéndola de las manos. Ella forcejea por desasirse.)

¡Non! ¡Mía serás, por juerza, si non de gradu! (Conteniéndose de pronto y rechazándola.) Pero no; ¡vete! ¡Vete! Eres la desgracia maldita. Tus olios son llamas; tu voz es bramío. ¡Tiés el encanto de Satanás! (va á sentarse junto á una mesa; apoya en ella el codo y la frente en la mano, como vencido por la lucha.)

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