Misterio: tríptico campesino · Capítulo real 12 de 17
ESCENA IX
Texto completo de esta unidad literaria, reunido aunque el lector la divida en 2 tramos técnicos para mejorar el rendimiento.
ESCENA IX
DICHOS, CARMINA por la derecha, con jarra y vasos
Car. Aqilí está la sidra. (Coloca jarra y vasos en la
mesa de los aldeanos, y comienza á servirles.)
Mar. Bebamos á la perra salud del fantasma de
Carbayera.
Car. . ¿Qué fantasma?
Mar. Un bulto negro (con sorna.) muy grande, gi¬
gantesco, espantoso, que ha aparecido en la Carbayera y tiene asustadas a estas buenas gentes.
Car. ¡Válanme todus los santos y santes! Si juera
yo home, esta misma noche tiempo faltaríame para dir á ver el asombro Pero los homes (Con afectado desprecio y mirando de reojo á Miguel) son cobardones en él país.
Mig. (poniéndose en pie.) Los homes aquí son... como
son, Carmina; y ca uno tié su corazón con las otras entrañas, (se sienta.)
Car. ¡Bahl ¿Atreveríaste á dir esta noche solo á
la Casona, Bastián? (Bastián frunce el ceño.) tú, PaCO? (Paco baja la cabeza ) ¿Y tú, Miguel? (Miguel calla y apoya la frente en la mano.) ¿Lo
véis? Ya no hay homes. ¡Ya non hay aquí sino calzonazus!
Mig. (Levantándose.) ¡Carmina!
Mar. (ídem.) Y al que fuera esta noche á la Car¬
bayera, á pie ó á caballo, y bien armado de una carabina para escarmentar á ese bulto
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negro, ¿qué sería lo que le darías tú en premio?
Car. Yo... Daríale primeru esta flor que al pechu
trayo, y aluegu...
Mar. Luego, ¿qué?
Car. ¡Daríale un besu en la su boca!
Mar. ¡Basta! Así que salga en el cielo la luna, montaré á caballo é iré á traerte un vaso de agua de la Carbayera.
Car. (con coquetería.) Solu el decillu, bien vale la
flor, (se la da. )
MlG. (interponiéndose y fuera de sí.) ¡Non, Cristo; non!
Esa flor es mía. (La coge de manos de Martín.) Porque yo he de ser quien ha de dir esta esta noche, solo, sin caballo y sin armes, á traerte algu que vale más que el agua de la juenti.
(Todos pénense en pie y se aproximan.)
Bas. ¿Qué va á ser? ¡Mi alma!
Mío. ¡Un anillo de desposorios!
C\R. (Gozosa.) ¡Al fin!
Mar., Está bien; pero tenga presente el buen ami¬ go que no andaremos todos muy lejos, y veremos si hay artimaña ó no en la prome¬ sa. (a Paco y Bastián.) ¡Ea, chicos! Venid con¬ migo, que tengo que hablaros y hemos de preparar lo necesario para el regreso de este valiente.
Paco Avisemus tamién á Pachu.
(Vanse Martín y aldeanos por el foro.)
Car. Prometidu lu has. ¡Ay de ti si mientes! Al
amanecer espero el anillo.
MlG. (Cogiéndole las manos y estrechádoselas con fuerza.)
¡Será tuyo!
(Vase corriendo por el foro. Carmina mueve la cabeza con gesto satisfecho, sonríe, y vase por la izquierda.)
MUTACIÓN
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CUADRO SEGUNDO
Bosque en el camino de Infiesto. A la izquierda una fuente rústica. Al fondo derecha la casona. Junto á la tercera caja de la iz¬ quierda un bulto cubierto con ramajes que significa ser la vaca muerta.
ESCENA PRIMERA
ARMIDA, en aparente sueño, con la cabeza hundida en las manos.
Es de noche y la luz de la luna alumbra la escena. Suena lejos un
canto asturiano. Al acabar éste entra en escena el TIO RAMON con
montera y báculo
Ram. (Adelantándose hasta Armida y tocándole suavente en
el hombro.) ¡Armida... Armida!... ¡Desperta!
ArM. (Alzando la cabeza y con acento lacrimoso y doliente.)
Non duermo. Non tié reposo el ánima.
Ram. Entós, ¿qué fas? Avanzá es la noche; en el cielo ha dao ya el carro la vueltiña; el canto del gallo ha subió por el tronco de los ave¬ llanos y, al soplo del alba, estremécense friolentas las fueyas del maizal.
Arm. (Mirado al cielo.) ¡Sí: ya veo la estrelluca leja¬ na que asoma entre las ramas su olio azulao que parpadea; y, por mi espalda, siento pasar el frío de una nueva aurora doliente.
Ram. Entra y descansa; ese fríu farate mal.
Arm. ¿Trújome los amuletos?
Ram. Sí, coitada; tráigolos en el seno; ¡faga Dios que te sirvan de paz y de aliviol
Arm . ¿Son fojas de albahaca ó dientes de lobo?
Ram. Non, sino raíz de mandrágora, é piedra es¬
meralda, é diente de pez, é, para poner so¬ bre el corazón, paños de escarlata, mojaos de agua rosada é esparcidos de sándalos muy ceitelinos. (Le entrega los amuletos.)
Arm. Prémiele Dios el bien que me fá. (suspira.
Pausá.) Agora dígame por su vida: ¿halló á Miguel?
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R^m.
Quierlo creer. Non paresce el mesmo. Le falé al corazón y quedóse mu pensativo é mu agobiao.
¿Non si alcuerda de la casona?
Sí alcuerda y la concencia le muerde. Pero sufre aojamiento.
¿De quién* tío Ramón?
De una mala muller.
¡Ay de mí, tristel (se levanta.) Téngame. Quiero dir á rezar y los pies se me doblan, y los mis dientes chocan con el fríu mortal de la calentura.
¡Venturada! ¡Que non haya pena para ese malvao!
Calle: non es malvao Miguel. Bueno es y él vindrá á demandarme perdón y yo dárselo he en el nome de quien fizo levantarse las ramas caídas y resucitar á las cosas muer¬ tas, por todos los siglos de los siglos. (Siempre
con voz doliente y humilde.)
¿Dices que vindrá á demandarte perdón? Vindrá: me lo dice esa lluna fría que nos alumbra; esa estrelluca que brilla solitaria. Anúnciamelo el esnidiar de la juenti y la soledá de la noche grande, que paez que anuncia desposorios y el golpe acompasao, que toca á esperanza en el corazón. Allégrate estóncenes: vé á tornar á la tu ’’ alma el sosiego.
¡Ah! Non ha de tornar, Ramón; que traerále el remordimiento, pero non el cariñu. Siéntome enferma y él es juerti y sanu; cátome vieya y él es gentil y mozo; tróvome triste y él requiere solaz y esparcimiento. Dejaréle marchar de nuevo. Pediréle que me aban¬ done: trocaré su ventura por la mi muerte. El irá á buscar los falagus de otra muller y yo gol veré á la tierruca mi cuerpu y mi alma á esos astrus que se van borrando allá arriba, mu lejus, donde ni el pensamientu llega.
Vindrá; pero ¿cuándu?
Presto; tal vez agora mesmo. ¿Non oye mar¬ mullar algo ansina como susurro de agua
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serena? ¡Es el Sil alientu! (Animándose y comoinspirada.) ¿Non escucha rumor como de tie¬ rra que se estremez? ¡Son sus pisadas! ¿Non atiendi mover de foyarasca que se columpia? ¡Es él, que se acerca!
RaM. Calla. (Prestando oído al bosque.) Yo también
siento ruido de pasos, rumor de ramajes. Vé adentro. Dios fará !o que tinga á bien.
ArM, (Entrando en la casona.) ¡Vuelve! ¿Qué me im-
ta morir?