Misterio: tríptico campesino · Sección preliminar

Preliminares

Texto completo de esta unidad literaria, reunido aunque el lector la divida en 1 tramo técnico para mejorar el rendimiento.

Cuartillas leídas por el primer actor D. Ri¬ cardo Calvo en la noche del estreno.

Senado ilustre:

La forma, en apariencia extraña, en que este es¬ pectáculo se presenta y el respeto debido al público del «Teatro Español», es decir, á la intelectualidad castellana, imponen al autor el deber de explicar, en pocas palabras, los motivos que le han llevado á es¬ cribir su tríptico; es decir, tres obras con diferente asunto, personajes y acción, aun cuando en todas haya un conflicto fundamental: el hogar deshecho y un solo protagonista: el misterio.

Seguro de su falta de autoridad para buscar orien¬ taciones nuevas en el glorioso campo de la literatura dramática, no se ha propuesto romper molde alguno ni tiene la vituperable osadía de separarse del camino trazado por los grandes maestros que dan al arte es¬ cénico esplendor y prestigio. Intenta únicamente deleitar; si no lo consigue acatará reverente un tan justo como severo fallo.

Los trípticos dramáticos son conocidos ya en Eu¬ ropa y sería imperdonable pedantería recordar nom¬ bres y nacionalidades. Los ha traído al arte moderno, la complejidad de la vida, cada vez más incompatible con todos los planos y esquemas rectilíneos y que no puede ser observada desde una sola posición y con

una sola lente. La variedad de perspectivas se hace precisa allí donde el campo de lo inexplorado no tie¬ ne límites; y esto es lo que ocurre con el misterio, mundo de fenómenos y abstracciones en el cual ape¬ nas si es posible recoger datos incompletos y presen¬ tarlos modestamente sin pretensión alguna de coor¬ dinación y menos de síntesis prematura.

Esto, por lo que atañe al fondo. En lo que respecta á la forma, ha surgido de un estado psicológico estric¬ tamente personal. Interesó al autor de la obra estu¬ diar la impresión producida por el misterio en los campesinos de las montañas de Santander, Asturias y Burgos, y creyó ver que, á pesar de hallarse separa¬ das estas comarcas por muy pocas leguas, los asun¬ tos, los personajes, la acción y el lenguaje cambiaban por la diferencia de ambiente de una manera consi¬ derable. Al proponerse escribir un drama no desco¬ nocía en absoluto la evolución del teatro moderno, cada vez más apartado de los efectismos, gritos y monólogos declamatorios y más propicio á la obser¬ vación del ritmo sereno y manso de la vida. Pero un mismo asunto, el hogar deshecho, bajo el influjo de lo desconocido, en el seno de la montaña, se la pre¬ sentaba bajo tres diferentes fases, siendo la acción en una intensa, aunque exteriormente apacible, en otra movida y en la tercera sombría ó francamente melo¬ dramática.

& nte la desgracia y el misterio unos campesinos rezaban, otros cantaban y otros empuñaban las armas.

Allí no podía haber exclusivamente ni teatro ínti¬ mo, ni de acción, ni de melodrama; la sensación la daba, el contraste de los tres. Y, así, decidió escribir no una obra, sino tres, cuyo nexo fuera la reacción

del alma montañesa contra la superstición y la fatali» dad y cuyos precedentes de forma (tríptico) estuvie¬ ran, no ya en Alemania é Italia, sino en nuestra misma literatura castiza, que dió vida á los Autos sacramen¬ tales.

Hé aquí la explicación de la aparente extravagan¬ cia que el autor pide que no se atribuya, en manera alguna, á osadía ni á falta de respeto, sino á una, tal vez equivocada, pero humilde y sincera, tentativa artística.