Misterio: tríptico campesino · Capítulo real 2 de 17

ACTO PRIMERO

Texto completo de esta unidad literaria, reunido aunque el lector la divida en 2 tramos técnicos para mejorar el rendimiento.

ACTO PRIMERO

LOS RELICARIOS

Interior de la casa de nn rico hacendado montañés. A la izquierda,, hogar con gran chimenea. A la derecha, puerta que comunica con las demás habitaciones. Ancho- portón al foro y ventana En diVersos lugares de la escena, escaños, sillón de cuero de firme res¬ paldar, sillas y una mesa de pino, sobre la cual arderán los cuatro mecheros de un velón de Lucena.

PERSONAJES

ACTORES

CANDELARIA

TÍA BOLINA..

PEDRO .

JULIÁN .

GARABIEL . . . TÍO SOLANA. UN CRIADO..

Sra. Matilde Rodríguez^ Lasheras Srta. Villegas.

León.

Sr. Ruiz Tatay.

Manrique Gil.

Sepúlveda.

Llaneza.

N. N.

La escena en la montaña de Santander, 1865

ESCENA PRIMERA

CANDELARIA, enlutada, de aspecto siempre digno, en el ocaso de la vida, pero hermosa aún, aparece sentada cerca del hogar y lee en alta voz en un libro de rezo. A su lado, también sentada, su hija CINTA, adolescente ingenua; viste de claro y cubre su laida y parte del busto con un delantal. Alineados, enfrente, con la cabeza descu¬ bierta, responderán al rezo los campesinos, que son por este orden: GARABIEL, mozo regocijado y fuerte, pero pronto a la sumisión; ÑISCA, joven aldeana supersticiosa y cándida; el TÍO SOLANA, viejo montaraz, formado en la vida rústica, y la TÍA BOLINA, que, incli¬ nada ligeramente á un lado por una desviación senil, se apoya en. corvada sobre un báculo. Su voz cascada tiene siempre sonidos mis¬ teriosos y como proféticos. Habla con la autoridad y convicción firme de quien, mezclando la superstición con la fe primitiva, cree hallarse en posesión de la verdad. Todos visten al estilo de los labriegos del país, y los viejos calzan almadreñas

(Leyendo.) «Apiádate, Señor... »

«Apiádate, Señor...»

«De tus siervos...»

«De tus siervos...»

«Y haznos dignos...»

«Y haznos dignos...»

«De tu misericordia...»

«De tu misericordia...»

(a la tta Bolina.) ¡Jágase p’allá la agüela, que hiede!

(a Garabiei.) ¡Más hederás tú, lenguatón, canij°!

(a los dos.) f A ver si hay silencio y respeto!

Es la tía Bolina, que meja que s’aduerme. Es Garabiei que fachendea.

¡Requetenó!

¡Requetesí!

¡Juera!

¡Callarvos ya! (siguen los labriegos disputando en voz baja.)

(con energía.) ¡Orden, Ú OS echo á todos! (Todos callan y vuelven á alinearse. Candelaria lee.) «D¿\nOS

firmeza...»

— 15 —

Ton< s

«Danos firmeza...»

« Para cumplir...»

«Para cumplir...»

«Tu soberana voluntad...»

«Tu soberana voluntad...»

Amén.

Amén.

Ahora, á preparar para recogerse. Tú, Cinta, ¿por qué no te has acostado?

Porque me da mucho miedo la tormenta, y, además, quería esperar á mi padre. (Adelantándose.) A fe, la mi señora, que mala joma hemos tuvío. Por toa la parte de Cabuérniga, Lodar y Peñalabra, han caío pedrusccs de lo menos dos cuarterones.

Pus évate que musotrus apenas si pudimos arrecoger la cebá, que toa s’había reblande¬ ció. Y al auto del ganau tuvimos que bus¬ carle por los cajigalucos, ande s’había refugiau tiritandu dende las gamas jasta el campanu.

Pos yo salto y digu que vusotrus os asustáis trempano, y que otras tromentas más gordas he visto yo cuando llevaba á majadear los mis rebaños á Reocín.

¡Miren el jaque de Garabiel: más garridu es

que un jándalu! (Tía Bolina y tío Solana ríen.)

A mí las tormentas me dan mucho miedo, pero mucho. Cuando veo en el cielo esas nubes tan negras, creo que me amenaza una desgracia desconocida, y me entran deseos de preguntarlas: ¿qué mal os he hecho yo? Pero ellas parece que vienen sobre mí, como si dijeran: ¿ves nuestras alas negras? Pues con ellas te vamos á llevar adonde van todos los que Sufren sin culpa. (Se oye fuera arreciar la lluvia )

No seas supersticiosa, hija mía; ni las nu¬ bes, ni los hombres, ni los malos espíritus, serían capaces de arrebatarte de mis bra¬ zos.

(En tono profético.) ¡Venturada y feliz haga la suerte á la mi niña; que sobre su frente tiendan los ángeles las sus alas, y la defien-

— 16 —

DICHOS;

sombrero

Jltl.

dan y conserven para gala y orgullo de la tierruca!

(Que habrá estado cerca de la ventana.) Agora, Calle

la tía Bolina, que el amo viene.

ESCENA II

el SEÑOR JULIÁN por el foro, con capotón de monte, de fieltro y polainas. Le acompaña un CRIADO con un

farol

(Entrando.) ¡Vaya una noche de trajín! ¡Mal¬ dita alcaldía! (ai criado.) Ya puedes cerrar el portón y dar una vuelta por el ganado, (vase

el criado por el foro con el farol, dejando cerrada la puerta.) Tú, Ñisca, prepara la habitación de la Señorita, (vase Ñisca por la derecha.)

(Abrazando á Julián.) ¡Padre mío!

¡Bonita te vas á poner de agua! Vengo cala¬ do hasta los huesos. ¿Cómo no te has acos¬ tado aún?

Estaba esperando á que volvieras, (cariñosa.) Mira si te queremos, que hemos rezado para que no te ocurriera ningún mal.

Ño era preciso. (Se sienta en un sillón junto al fuego, cerca de Candelaria. Cinta va á sentarse junto á la mesa y hojea el libro de devoción, que habrá su madre dejado allí al aparecer Julián en escena.) No

corría otro riesgo que el de atrapar un reúma. De todas maneras tendré que volver tem¬ prano al campo.

¿Por qué?

Porque las aguas han destrozado todo el ca¬ mino de Zajucos, y aquí á diez pasos, se ha hundido el puente de la cortadura.

¡Jesús!

¡Recontra!

¡Jesús, María y José! ¿Qué dice el señor? Alguna de- gracia va á pasar, (se oye ruido dci vendaval y luego de lluvia.)

Bastante aquél es que se hunda el puente. Lo peor será que algún caminante llegue á la cortadura desprevenido.

— 17 —

Pero habrán puesto luces. ¿No es verdad? Desde luego. Además, no es probable que nadie se aventure á ponerse en camino en noche de tormenta. (A través de la ventana se verá el resplandor de un relámpago )

Al respective de eso, lo que no se atreven á hacer los hombres, bien pudieran ha¬ cerlo...

¿Quiénes?

(Con gran misterio.) ¡Las ánimas! (Vuelve á sonar más fuerte el viento.)

¡Ay, madre mía!

¡Je, je! ¡Las ánimas de Zajucos! Vendrán so¬ bre vacas monchinas.

(a cinta.) No tengas miedo. Si las ánimas vienen las recibiremos como es menester. Las almas de los muertos no vuelven á la tierra.

Perdone la mi ama; pero asina me quede muerto si al consonante de eso no hay algo que icir.

¡Je, je! ¡ Alguna conseja de la tía Bolina! Bien; que nos cuente eso la tía Bolina. (Adelantándose y en tono misterioso, ) Dos veces, señor, hundióse el puente de la cortadura; las dos anegáronse las cañadas de San Juan de Zajucos.

Es natural.

Pero las dos veces, dempués de caer una lluvia mu juerte, y de soplar el cierzo, sonó un gran tronío y salió... (En voz baja.) (impaciente y medrosa.) ¿Que Salió?

¡Un ánima en penal (Ruido fuera de viento y lluvia.)

(Asustada.) ¿De veras?

(santiguándose) ¡Dios nos proteja, amén!

Y eso, ¿cuándo ha sido?

Mozuca era yo, que así Dios me guarde como me comparaban á las flores.

Pues ya ha llovido en el acebal.

La otra vez fué en tiempo de la mi madre. (Levantándose.) Bien; basta de historias y á acostar todo el mundo.

(Yendo al lado de su madre, que vuelve á sentarse.)

— 18

¡No, por Dios; yo quiero saber lo que pasó con el ánima en pena!

(con misterio.) Una noche escura y medrosuca, sonó, como dije, el tronío; salió el ánima de la cortadura y anduvo por las calles del pueblo, asina como media hora, mu estirá, mu triste...

(Con risa ruidosa.) ¡Te, je!

(Muy seria) Yo vus digo que la vide pasar por junto á la eglesia y daba asina unos sus¬ piros mu apagaos, que mejaba un pantasma.

(La lluvia cae cada vez más fuerte.)

Eso no lo trago yo, ni á jorcón.

(Angustiada.) ¿Y después?

Sonó otro tronío y el ánima metióse en tierra siete estadus.

Todas esas son necias supersticiones.

Los muertos no vuelven. (Relámpago.)

Ya apostaría el hijo de la mi madre un ca¬ rral de vino. (Trueno prolongado.)

¡Ay, máma! (Abrazándola.)

(santiguándose.) ¡Ave IV, aria Purísima!

(Muy quedo y con voz de sibila.) ¿Habís eSCUChail?

¡Callai, que ponís el pelleju de punta al insuncorda!

(Levantándose; todos le imitan.) ¡Vaya, esto ya S9 hace intolerable! Aunque hubiera en el mundo almas en pena y aunque fuera esta noche cuando se les ocurriera pasar por Zajucos, ¿iban á venir á llamar á esa puerta?

(Todos miran sin querer á la puerta.)

¡No digas esas cosas, por Diosl Descuida, hija mía; no llamarán.

Esas son cosucas de la tía Bolina, (suenan en

la puerta dos golpes secos, acompasados, distintos.) ¡Dios mío! (Va á refugiarse junto á su madre.)

¡Corchos!

¡Ay! ( Pausa. Todos se miran sobrecogidos.)

Han llamado, (con cierta inquietud.) (Tartamudeando.) Sí... ¡digo, no! Sí... ¡me paece que han sonau dos golpes!

Pues abre.

(Con la lengua trabada por el terror.) ¿Yo?... PlieS...

al respetive... ¡Que vaiga la tía Bolina!

— 19 —

Jul. ¿Tienes miedo, valiente?

Gar. No... digo, sí... Es el mate que...

Jul. Bien, abriré yo. (Abriendo la puerta.) Adelante

quien sea.