Misterio · Unidad 137 de 196

Unidad 137 · 350 MÍSTERIO

Texto completo en español de una edición de dominio público con fuente y huella registradas.

350 MÍSTERIO

con ella, Juan Vilain? Porque entonces te aseguro, en nombre de mi hijo, la administración de este castillo y la granja de Plouaret... Además doto á la novia en tres mil libras; es mi regalo de madrina». Y yo acepté... no por la administración, ni por la granja, ni por la dote, ¡así Dios me confunda y mande un rayo sobre mí si miento! sino porque te quería más que á las telas del corazón, porque desde que llegaste al castillo no he dormido una noche, porque si cerraba los ojos soñaba contigo, porque mis venas ardían, porque estaba como aquellos á quienes las brujas de la fuente encantada roban el sentido y queman la sangre.

Y Juan Yilain, cayendo de rodillas ante Amelia, rompió á sollozar como un chiquillo.

Amelia sintió un movimiento de piedad.

- Juan Yilain, ya lo veo, también tfi has sido engañado i)or la serpiente. ¡Escucha la verdad! Me he casado contigo por fuerza, x)or la fuerza más bnital, porque iban á matar de hambre... de hambre, ¿lo oyes? á ese niño, que no es hijo mío, pero es un inocente, es una criatura indefensa. Y como me he casado contigo violentada, nuestra boda es, á los ojos de Dios, un sacrilegio, y tú no debes creerte mi marido ó pecarás mortalraente y condenarás tu alma, Juan. ¡Mira lo que haces!

El mozo se incorporó, cruzó los brazos sobre el pecho y movió la cabeza.

— Eso será cierto, aunque me repugna y me cuesta trabajo creerlo de mi ama y madrina; pero, sea por la causa que sea, casados estamos; soy tu marido, eres mi mujer; ningún poder

divino ni humano basta á deshacer lo hecho. (^Kie el niño sea tuyo 6 ajeno, no me imix)rta... ;No pregunto nada! ¡Tu vida anterior á este día tuya es... para mí has nacido hoy y naciste vestida de blanco, más pura que el agua del .manantial! ;Te quiero tanto!... ¡Si alguien intentase haceros daño á ti ó á la criatura conmigo se las habrá! ¡Mía es Amelia y sabré defenderla! Desde hoy perteneces á Juan Vilain... Que sea Dios ó el diablo quien te ha traído á mí, te acepto, i)or([ue te idolatraba de tal manera, que no podía i)egar los ojos ni atravesar bocado; era como una esi)ecie de maleficio. ¡Era enfermedad, era una cosa de esas que no caben en el pecho!... ¡Si no viene mi ama y me c-asa contigo... una noche soy capaz, no de profanarte, pero de darte la muerte! ¡Mucho te resi)etaba, i)ero se vuelve uno loco! ¡Ya eres mi mujer! ¡Alegría! Y el bretón echó los nervudos brazos al cuello de Amelia...

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La hija de Dorff se hizo atrás de un salto, dispuesta á una lucha que, por la fuerza muscular del bretón, era estéril, cuando en el reloj de esmalte y bronce dorado sonó la hora, y el recuadro con pinturas mitológicas, que había vuelto á encajarse de suyo y sin ruido en la pared, giró de nuevo, y en la estancia penetró un hombre.

Juan Yilain dejó á Amelia y se volvió atónito.