Misterio · Unidad 147 de 196

Unidad 147 · MISTERIO 975

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MISTERIO 975

bre inteligente y resuelto; el hijo de un sastre, Hervagault, mozo de cuenta, que sabe lo que so hace; un Maturino Bruneau, zuequero en Vezins, impostor muy popular... y un supuesto barón de Richemont, más peligroso todavía, porque ha recibido educación, tiene buenos modales, está versado en historia, y conozco caballeros y realistas sinoerísimos que se han puesto de su parte resueltamente...

La duquesa, que escuchaba con sostenida atención, fijó en su marido los inquisidores ojos, cuyo mirar de acero cortaba cual la hoja de un cuchillo.

Al ver tpie el duque se detenía, como si recelase continuar, ella murmuró:

— Y. . . ¿qué más? ¿se acabó la lista de falsarios?

— No — repuso el duque, haciendo un esfuerzo. — Otro hay, que sale á la superficie estos días... Le protegen ¡es increíble, señora!... le protegen y le patrocinan gentes de quienes yo nunca lo hubiese creído á no verlo. Por ejemplo: ¡Renato de (iriac... un joven á quien juzgábamos tan leal, tan caballero... tan adicto! Su madre, la KoussUlón, está inconsolable, y ya ni le ve ni le trata. Un Larochefoucauld... Madama de Rambaud, la que mecía la cuna de vuestro hermano... los Marco de Saint" Uilaire... el marqués de la Feuillade... la marquesa de Broglio Solari... Una legión.

— Pero, en fin-:-in8Ístió con voz incisiva la duquesa, — ¿quién es ese impostor? ¿De dónde viene?

— Viene de Inglaterra. Se ha criado en Prusia. Es un oficial mecánico, llamado Guillermo Dorff...

Los dientes de la duquesa castañetearon. Sus labios se agitaron como si volviese á rezar, como si se dirigiese al Cristo y le viese destacarse, á la luz de la lámpara, sobre el negro paño. Echó atrás la cabeza, que osciló en el respaldo del sillón, y el esposo, asustado, se inclinó para socorrerla con un Frasquito de sales inglesas, pues parecía próxima á desvanecerse.

Por medio de un esfuerzo de la voluntad, más que por los efluvios de las sales, la duquesa se repuso y miró á su esposo con aire interrogador.

— ¿Por qué— dijo viendo que el duque no proseguía — quiere el rey que yo esté prevenida en este asunto? Decídase alld, en las esferas donde el rayo político se fragua, todo lo que á política se refiera, y déjenme á mí, triste despojo de un naufragio, vivir en el retiro y la oración,

— Señora— contestó con deferencia el duque, — es natural que