Misterio · Unidad 148 de 196

Unidad 148 · 378 lOBTERIO

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acudamos á vos cuando se trata de desplegar energía. Fiamos en vuestro carácter fírme y en la rectitud de vuestra conciencia. Sabemos además que para vos es sagrado el Principio que representamos; que en tal capítulo podríais darnos á todos lecciones, porque ninguno tiene tan robusta convicción do la dignidad suprema del solio...

— Es que nadie sino yo ha sufrido por el solio un calvario — respondióla duquesa con patético acento. — La mujer más desventurada de la tierra es la que veis aquí... IjO escribí en las paredes de mi cárcel... y ei*a verdad.

— ¡Qué recuerdos! ¡Qué dramasl— suspiró el duque.

— ;Ah! — dijo la duquesa. — En aquella horrible prisión... mientras recorríamos el Via cnu'ií< de los ultrajes... como una estrella más hermosti y más luciente, porque asoma entre negras nubes y alumbra precij)icios y cadalsos, he visto alzarse, envuelto en sus alas de arcángel, el sacrosanto Prrm'tpw.., El sólo vale y significa algo; los individuos ¡nada! Nuestra vida, nuestros dolores, ¿qué son ante el Principio, eje de la Historia? De toda la sangre que se vertió, de cuantas cabezas cayeron, ¡una, una sWa, la (\\\e encarnaba el Principio, ha gritado ante la vengadora Providencia !

Al hablar así un fuego extraño ardía en las marchiUis pupi las, un jadeo seco alzaba y deprimía el pecho, donde podía escucharse el leve crujir sedoso del papel oculto. El duque se aproximó á ella, aunque no se resolvió á tomar y estrechar cariñosamente las manos de su mujer. Jamás el dulce transporte verdaderamente amoroso había fundido en uno á aquellos dos seres.

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— Mucho me agi*ada veros así— murmuró.— ¿De dónde han podido inferir Su Majestad y nuestro padre que pensabais de otro modo?

—El rey — contestó ella gravemente,— como no ha sufrido, no siente el Principio. Yo rezo mucho por el rey. Necesita de mis oraciones y de las de todos los honrados. ¡El rey no es buen cristiano!... ¡El rey es poco rey!

— En esta ocasión, no, señora — apresuróse á contestar el duque. —Su Majestad tiene aficiones y gustos que acaso riñen con los vuestros... con los nuestros— corrigió inmediatamente;—pero cuando ve amenazada el arca santa... entonces, señora, recobra el tino... mejor dicho, no es que lo hubiese perdido, es que lo antes mirado con indiferencia de artista, y de pensador, y de filósofo empapado de... de ciertas doctrinas que tampoco á mí me son simpáticas. . . recobra para él su significación verdadera. Hay momentos, sí, en que la imaginación le domi- /na... pero sóbrale talento para que no sean pasajeras tales impresiones. ¿Os acordáis del episodio reciente de aquel viejo visionario, aquel Martín, que logró ser admitido á presencia de Su Majestad y le dijo mil locuras y chocheces? Pues al pronto el rey quedó muy preocupado. Creía próximo su fin...

—Y lo está — contestó categóricamente la duquesa. — La enfermedad se ha acentuado. Su Majestad decae á ojos vistas.

— Razón de más — advirtió el duque — para vivir prevenidos. La agravación de Su Majestad puede acarrear complicaciones...

— ¿Y qué relación existe entre eso y la cuestión de... de los impostores?— preguntó la dama.