Misterio · Unidad 170 de 196
Unidad 170 · MISTERIO 4BI
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jurado que morirá á las mías es la que ha enmarañado los hilos entre los cuales se enreda su padre de usted... que ojalá tuviese de desconfiado lo que tiene de candido, después de tanta y tanta prueba como posee de que el mundo está lleno de fieras y de malos bichos.
— En eso no estamos conformes— objetó Luis Pedro. — Líis manos que han enredado estos hilos son más blancas y más aristocráticas que las del esbirro, por mucho que se las lave, jnila y enjabone. ¡Complot hay aquí y complot inicuo, tal vez tramado á espaldas de la misma duquesa, cuyo nombre puede servir de añagaza y cebo para sacará luz los pai)eles; pero el complot viene de arriba, de muy alto! A hacer lo que podamos... á prevenir, si cabe, y si no, ¡por lo menos á castújar!
Y el amarillento y fosco semblante del carbonario adquirió de repente una expresión que varias veces había notado, en él Amelia, y que le prestaba (cierta trágica hermosura.
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IjOS que no conocen los parques y jardines de YersaDes no tienen idea de cómo puede manifestarse, con elementos campestres, la dignidad nobiliaria, realzada por una nota de elegaiicia artística.
La impresión no es la de esa dulce melancolía que inftmde la tranquilidad del campo, sino la de una altivez majestuosa que pesa sobre el espíritu y que á veces se transforma en solemne aburrimiento, nacido de la misma regularidad y mag-
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nificoncia de aquel sitio real, donde aun parece que van á desftlar las damas de empolvada cabeza y los caballeros de bordada chupa.
No hay nadie que no experimente cierto respeto al ver en el gran patio erguirse la estatua de bronce del Rey Sol., 6 al mirar con asombro extenderse la interminable línea del palacio dominando los jardines.
Los domingos permitíase al público que se solazase en el parque, pero durante la semana entera éstos permanecían solitarios; únicamente los recorría la brigada de jardineros, limpiando y rastrillando, enarenando, recortando los solemnes mirtos, y unos cuantos guardias, carabina en bandolera, velando por la seguridad de las reales personas, cuando se las ocurría espaciarse por allí, y los días festivos, evitando que el público estropease los jardines. Extrañeza causó á Nazario Pantín, sargento de los guardias de Yersalles, el recibir del conservador y administrador del real sitio orden perentoria de retirar la fuerza el jueves, en la parte que corresponde á la gran avenida del Tapiv verde., al estanque de Latona, al bosque de la Columnata y al bosque de Apolo, y después otra no menos categórica de recoger durante el día la fuerza (i la sala que servía de cuerpo de guardia. Quien manda manda —pensó para su uniforme Nazario Pantín. — De allí á poco supo que también se había dispuesto dar asueto á los jardineros y que no pareciesen por el castillo. Como el miércoles ¡lor la tarde había llegado la señora duquesa, sobrina de Su Majestad, Nazario se echó á discurrir.