Misterio · Unidad 171 de 196

Unidad 171 · 434 MISTERIO

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— Quiere pasearse sola, meditar, no ver rostro humano. ¡Es tan aficionada al retiro! Pero quitar la guardia... ¡hum! no lo considero prudente.

Otros comentarios haría á i)oder notar circunstancias Jinn más singulares.

La misma tarde en que se había prohibido á los guardias poner el pie en el i)arque, cuatro hombres, que vestían el sencillo uniforme de aquel' cuerpo y llevaban igualmente terciada la carabina y en la cintura el cuchillo de monte, llegar jn ¡lor ol camino de Yille d'Avray y se acercaron á una de las puertecillas que dan acceso al parque, hacia los Trianones, y por las cuales solía dirigirse, sin pompa cortesana, á su predilecto recreo María Antonieta.

Con recato y sigilo abrieron la puerta, sirviéndose para ello de una llave que traía el que al parecer capitaneaba el grupo, y ya dentro, en voz baja, cual si temiesen despertar á los pájaros en la arboleda, conferenciaron. Era el que mandaba el grupo hombre como de treinta y pico de años, de barba cernida, color cetrino y abundante cabellera negra; su tipo meridional hubiese recordado, á quien estuviese muy al corriente do todas las peripecias de esta historia, el de aquel contrabandista catalán Alberto Serra, que conocimos en los dominios de Lecazes, de vuelta de Londres, confesándose autor de la introducción de un alijo de cuchillería. De los múltiples disfraces de Voll)etti, éste es el que suele adoptar cuando se propone representar un hombre de baja clase y ocultar bien sus facciones, semejantes á las del autor del Genio del Cristian inmo, IjOS que le

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acompañaban también lucían frondosíis barbas negras y tenían la tez morena de la gente á quien curten el sol y el aire en oficio como ol de guardar los reales i)arques y perseguir á los cazadores furtivos.

- ; C uidado! — dij o el j efe. — Atended bien y ej ecutad niej or ; el asunto es de interés y una torpeza se pagaría cara. Tú, Lestrade, te encargas de guiar é introducir en los jardines al personaje; trae el mismo camino que nosotros, y viene k pie desde más acá de Le Chesnay. Vosotros, Sec y La Grrive, estaréis do la parte de afuera, cerca de la puerta; dentro del parque no queda nadie sino yo. Cuando el personaje vuelva á salir, yo iré detrás de él; si os hago una seña alzando el brazo, arrojaos sobre él, amordazadle, maniatadle, cacheadle. Cuanto llevo consigo es para entregar al señor ministro en persona. Si sucede cualquier cosa, ; salvad lo primero el botín! ¡Huid con él, á París, al gabinete de S. E.! ¿Me habéis entendido? No importan vuestras vidas, no importa la mía; importa lo que ese sujeto lleva, los papeles en especial. ¡Al que llegue con ellos á presencia del ministro no le pesará á fe mía!

Hicieron señas de asentimiento, y la pequeña partida se desgranó en la forma indicada. Con tal cuidado apagaban el eco de sus pasos que sólo se oía el vago murmullo del follaje, agitado por una brisa aleteadora, la última de la primavera expirante. Una gran paz difusa envolvió al parque, por cuyos senderos so adelantaba ya, haciendo rechinar la arena bajo su andar lento, la duquesa en persona, vestida casi de luto, de seda negra bordada de canutillo y pasamanería, y apoyada la mano sobre el