Moral social · Unidad 1 de 55

Unidad 1 · [ORAL SOCIAL

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[ORAL SOCIAL

EUGENIO M. DE HOSTOS

Profesor de HistorU UniverEal

y Rector del Liceo -M. L. Amunilegui- (.Sináígo, Chile);

Catedrático de Moral'y Director de U EíCueU Marmal de Mae:

y Director geaeral

de Enieñuia Korioal de U República DomioicaDa,

SSaXTNCA EDICIÓN

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£a «Sociedad dt Ctseianza»,

de Santo Pomlnjo,

ACUERDA:

aFavorecer la publicación de las obras del Sr. Hostos, metódica y sucesivamente, como la más digna ofrenda del país reconocido. Para ello constituyese una Comisión compuesta de los señores Lie. D. Fed. Henriquez i C., Lie. D. Feo. J. Peynado, Dr. D. Feo. Henriquez i C, Lie. D. Eugenio C. de Hostos y D. Enrique Deschamps.»

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PRÓLOGO DE LA PRIMERA EDICIÓN

Un día se levantaron alarmados mis discípulos. Vinieron ¿ mí, y me dijeron:

— Maestro, urge publicar la Moral.

— Y ipor qué urge?

— Porque los enemigos de nuestras doctrinas van por todas partes predicando que son doctrinas inmorales.

— Mal predicaquienmalvive,y malvivequien mal piensa y quien mal dice.

— Sí; pero no es tiempo de responder con comparacioaeS) sino con pruebas.

— Bien predica quien bien vive,

— Pero no se trata de las pruebas de conciencia, que siempre son ineficaces para los malignos.

— ¿Entonces se tratará de pruebas de apariencia, que siempre son eficaces para los benignos?

— No. Se trata de pruebas contundentes.

— Pues eso es inmoral: la moral no contunde.

— Pero hunde y debe hundir ¿ los que calumnian las buenas ¡ntenciones.

— De ellas está empedrado el infierno, así como de malas intenciones está pavimentado el mundo de los hombres.

— Por eso mismo hay que desempedrarlo y recalzarlo de buenas intenciones.

— Pues entonces no hay que publicar la moral en libros, sino en obras.

— Bien se ve que no basta, cuando nos calumnian.

— Son las calumnias de la propaganda en sentido contrario. Dejémosla pasar, que eso no daña, pues el mérito del bien está en ser hecho aunque no sea comprendido, ni estimado, ni agradecido, y vivamos la moral, que es lo que hace falta.

— Bien está — afirmaron con desidiosa afirmación. — Bien está, pero cuando se pida á las doctrinas calumniadas las pruebas de su moralidad...

— Y ustedes, ¿qué son, si no son pruebas vivas de ella? ¿Acaso no lo son? Porque si no lo son, á

Sesar de los esfuerzos que se han hecho, una de OS: ó ustedes no han acogido sino por su parte externa las doctrinas, y en ese caso es inútil difundirlas, ó la sociedad en que viven es por si misma un obstáculo, y en ese caso...

— En ambos casos es preciso publicarla: en el primero, para que pasemos de fuera adentro de las doctrinas; en el segundo, para que disminuyan los obstáculos.

— ¿Disminuir? Quizá aumenten. A la verdad, como las doctrinas más sinceras son las que resultan más radicales, tal vez escandalicen las sencilleces que yo les he dictado. Mejor, ya que tanto empeño tienen los amigos de las buenas intenciones, mejor será que sólo se publique aquella parte de la Moral que se refiere á los deberes de la vida social.

— Pues bien: déjenos publicarla.

— Del país y de ustedes es. Tómenla y publí- •quenla.