Moral social · Unidad 11 de 55

Unidad 11 · CAPITULO VI

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CAPITULO VI

SEOUNDA BELACtÓN. — RELACIÓN DE OBATITUD

A poco que se reflexione se verá que, después de nuestras propias necesidades, lo que más nos liga á los demás hombres es la gratitud.

Con efecto, en nuestra calidad de miembros de una familia estamos tan íntimamente ligados á «Ha por la gratitud, que nos reconocemos he- ■chura suya desde la cuna hasta la tumba. Si nacemos, á "la familia lo debemos; si nos conservamos,- por la familia es; si nos educamos, por la familia lo hacemos; presentes, por ella trabajamos; ausentes, por ella anhelamos; felices, por ■ella y dentro de ella lo somos; desgraciados, por ■ella lo sentimos; enfermos, por ella tenemos la muerte; moribundos, á ella volvemos la mirada.

En todos esos estados individuales el sentimiento de la gratitud es el que tan intimamente nos liga á la iamilia.

Cuando la moral enseñe á cultivar de una manera viva y activa este sentimiento, bien se puede asegurar que se habrá salvado la civilización, porque se habrá dado á la familia una fuerza de cohesión que no en todas partes tiene, que tiene en pocas partes.

Esa misma relación de gratitud no tan intensa ya, aunque más extensa, es la que liga al individuo con el municipio. De ella es de donde nace el cariño casi filial y el afectuoso interés con que los habitantes de un municipio miran los asuntos comunes de interés municijal.

El día en que la moral social se haya desentendido de sus errores teológicos y metafisicos para

sólo ver la base de la moral pública en donde efectivamente está, ia salvación política de los municipios será un becho: y no habrá babido, para realizarlo, mejor auxiliar que la moral social.

La misma relación de gratitud liga al hombre con la provincia en donde nace y á veces en donde solo vive, y es que la provincia, como todos los grupos sociales, es para cada individuo una familia, cada vez más extensa, á la cual debe siempre beneficios que agradece.

Este sentimiento de gratitud provincial se suele exagerar hasta convertirse en el defecto que se llama provincialismo, asi como suele exagerarse con el localismo la gratitud debida al municipio, y con el nacionalismo la gratitud debida á la nación. En todos esos casos es un vicio contrario a! deber de gratitud. La gratitud relaciona al individuo con la Sociedad nacional, y constituye lo que ya veremos que no es un simple sentimiento, sino un verdadero deber de patriotismo.

A medida que se extiende esta relación de gratitud á la universahdad de los hombres, va naciendo más vigorosa la fuerza de la dignidad humana, de tal modo, que el hombre que más vivamente siente la gratitud que á la humanidad debemos por sus incesantes beneficios, es el más humano.