Moral social · Unidad 19 de 55
Unidad 19 · CAPÍTULO xrii
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CAPÍTULO xrii
EL nEBBR DEL TRABAJO. — SUS MODIFICACIONES Btí LOS DIVERSOS GRUPOS SOCIALES
La idea del trabajo ha sido tan exclusivamente recluida en la de esfuerzo muscular ó mecánico, y con tan exclusiva limitación al fin legal de la fa-
milla y al propósito social de la industria, que apenas, y como simple concesión al lengfuaie figurado, se admite la realidad del trabajo intelectual y del trabajo moral, no obstante la energía fisiológica y la psicológica que se emplea en ambos, ya pesar de que ambos, como eltrabajo material, tienen por contraprueba y testimonio un producto ó resultado.
Presentarlo, por tanto, como un deber positivo, escrupulosamente deducido de relaciones evidentes, es, en apariencia, sacar de sus límites racionales al trabajo. Aún más lejos de ellos parecerá cuando lo presentamos como deber genérico, capaz de generar otros deberes, modificándose en forma y fondo, en nombre y en objeto, según los diferentes grupos sociales en que opera. Y, sin embargo, puntualmente exacto es, como ya hemos intentado demostrarlo, que el trabajo es un deber fundado en la necesidad, y que, como esta , relación se extiende desde el individuo hasta la humanidad, el deber del trabajo funciona en toda la serie de relaciones y se modifica sucesivamente en cada una de ellas, sin dejar nunca de ser el mismo esfuerzo con la misma capacidad de dar un resultado. Mas para que la moral social sea com-
fletamente positiva y en los deberes que precepúe, nos muestre la correlación de todos ellos y su íntima relación con h naturaleza del individuo y de la sociedad, vamos á insistir en exponer minuciosamente las ideas que hayan podido parecer confusas.
Ante todo se ha de recordar que de cada relación que se descubre entre el individuo y la sociedad, se deduce un deber ó un grupo de beberes, y que la razón de que este deber ó grupo de deberes se deduzca, está en que la relación no ea más
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■nuestro alcance, lo que hacemos en realidad es contribuir á la obra y beneficio general del municipio; ya directamente, cuando tomamos una porción de nuestro peculio para pagar cuotas ó im ■ puestos municipales; ya indirectamente, cuando,
Í)roduciendo mucho, consumiendo mucho, cipcuando mucho nuestro capital, pensando mucho en el bien del municipio, (mndo ejemplo en el ejercicio de nuestro derecho y en el cumplimiento de nuestro deber municipal, coadyuvamos activamente al cumplimiento de los fines de la vida municipal en si mismos, y á los de la vida individual dentro del municipio.
■ Por razones idénticas llamamos deber de fomento el que tenemos de trabajar en favor del desarrollo provincial, pues es claro que si el trabajo individual de todos los co-provincianos es tan ordenado que dé por fruto el mayor desarrollo de la provincia, como el resultado del trabajo indirecto ha sido el fomento, y como fomentando nuestra provincia es como cumplimos con el deber de atenernos á la relación de necesidad que cou ella nos liga, claro es también que el nombre de ese deber es el mismo de ese resultado. Por eso lo llamamos deber de fomento. Es lo mismo que si dijéramos que la necesidad que nos relaciona á la provincia nos obliga á favorecer ó fomentar del modo más activo su desarrollo, porque ese es el único ó mejor medio de satisfacer dentro de ella nuestras propias necesidades.
Al llegar al tercer grupo social, el deber genérico de! trabajo se nos na convertido en deoer ■ de patriotismo. A primera vista, esta modificación de! deber del trabajo es incongruente é incomprensible; pero á segunda vista, nada es más congruente y comprensible. Porque si el patrio-
tismo es puro sentimiento, sentir mucho por ia patria es trabajar mucho con el corazón por ella; esto es tan real, que los verdaderos patriotas sufren enfermedades físicas ó morales que se derivan inmediatamente del constante anhelo en que el amor á su patria, y la inquietud por ella, mantiene los nervios, los pulmones j la sensibilidad moral de esas victimas de sus propios esfuerzos.
Si el patriotismo es pura acción de una voluntad *que se consagra al bien de una patria, continuo esfuerzo de la voluntad, es decir, trabajo continuo de ella, es esa uniforme actividad. Si el patriotismo es pura idealidad empeñada en producir un tipo superior de patria, trabajo de la mente es ese.
Si el patriotismo es un esfuerzo combinado de esas actividades en dirección al bien de la patria, tanto más trabajo es cuanto mayor el esfuerzo combinado.
Pero aún es más clara y más perfecta la correlación entre trabajo y patriotismo, cuando concebimos el patriotismo como es en realidad. Antes que todo, y por encima de todo, el patriotismo es un deber.
Y es un deber porque es el único ó mejor medio de llegar el individuo, en la relación de necesidad, á la satisfacción de todas las que tiene el hombre en la sociedad nacional. Con efecto, el deber de patriotismo no es, en definitiva, más que el deber de trabajar asidua y concienzudamente, encuerpo y alma, con músculos y nervios, con razón y sentimiento, y con toda la fuerza de la conciencia por el más alto desarrollo posible de la patria nacional.
Y ese deber está exclusivamente fundado en la necesidad de mejorar la patria, porque su mejora-
miento es el mejoramiento de las condiciones generales de la vida social. De modo que este deber positivo de amar á la patria, trabajando por ella y por nosotros, para ella y para nosotros, no tiene nada de fantástico, ni de lírico, ni de épico, ni de falaz, ni de ilusorio, ni sirve para alagar pasiones populares, ni para explotar en beneficio propio las aleffrias ó las tristezas, ó los dolores ó los placeres, o los triunfos ó las derrotas do la patria.
Uno de los esfuerzos más grandes, ó más bien, la serie de esfuerzos más poderosos que se ve precisado á hacer el ánimo, son los que reclaman la necesidad de conciliar nuestros deberes como patriotas con nuestros deberes como hombres. De aquí nace la común incapacidad que se .tiene de ser á la vez un buen hijo de la patria y un buen hijo de la humanidad.
Pero si se piensa que el conjunto de naciones en cuyo seno vive la nuestra, es una verdadera familia de pueblos en la que, como en la familia de individuos, cada miemliro depende de la mayor prosperidad de todos; si se piensa en esto, se comprenderá que no es incompatible el patriotismo con aquella subordinación lógica y conveniente de los afectos y deberes que nos ligan con la patria, á los efectos y deberes que nos ligan con la humanidad; debemos, por tanto, subordinar los unos á los otros, considerar como un verdadero deber el de subordinación y cultivar cada vez con miás esmero nuestro deber de patriotismo, no ya sólo por la patria, sino porque cuanto más firme sea nuestro patriotismo, tanto más concienzuda será nuestra subordinación al más vasto interés de la humanidad.