Moral social · Unidad 36 de 55

Unidad 36 · SEGUNDA FAETE

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SEGUNDA FAETE

X.A UORAI. 7 LAS ACTIVIDADES DE LA VIDA

CAPITULO XXIV ENLACB DE LA MORAL CON EL DERECHO POSITIVO

Patentizad*» ya en la relación de derecho los deberes colectivos é individuales que se deducen espontáneamente de ella, quizá parecerá superabundante la materia de este capitulo. No loes.

En primer lugar, el derecho, por su nativa virtualidad orgánica, trasciende tan hondamente á la actividad general de la vida humana, que la mejora y, por tanto, la perfecciona si se ejercita; que la malea y, por tanto, la corrompe si no es ejercitado. Asi considerado, sangre, quilo, protoplasma, el derecho es un elemento activo de moralidad.

En segundo lugar, el órgano del derecho es la conciencia, y sin violentar el lenguaje figurado, se puede afirmar que es, como el deber, una función de la conciencia. Así considerado, se desarrolla con ella y es condición del desarrollo de su mismo órgano: á más conciencia, más derecho; á más actividad del derecho, más vida en la con-

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ciencia. Ahora, como la conciencia es el más alto órgano de la personalidad humana, siendo por 680 la más elevada expresión de humanidad, e& por sí misma un exponente del esfuerzo hecho para elevarse, y de la evolución consumada por individuo y sociedad para realizar 6u desarrolloFunción de la conciencia, el derecho se presenta entonces como una actividad evolutiva que ha de proceder, como toda evolución, de antecedente á. consecuente, de efecto causado á efecto causal, de idea á principio, de iuducción á deducción, de elemenu) orgánico á cuerpo organizado. Para llegar al estado de conciencia en que el derecho es una función nunca cohibida ó reflexivamente favorecida, individuos y sociedades han de haber llegado también á aquella tan puntual concepción defdeber y costumbre del deber en que esta su-

Srema función del ser consciente subordina y orena nuestra vida toda. De éste modo, el desarrollo del derecho es coeficiente del desarrollo del deber; y en este sentido el derecho está con tan estrecho lazo enlazado á la moral, que ésta, por la intrínseca fuerza de las cosas, será y es más eficaz, más progresiva, más positiva, más elevada, mÁñ humana, cuanto más coadyuve el derecho al desarrollo de la ciencia y á la práctica de los deberes. Elemento de moral y motivo de moralidad, el derecho concurre á la noción del bien como á la práctica del bien; pero es necesario que concurra deliberadamente al progreso del bien social é individual. Para conseguirlo, es necesario que el derecho positivo (extendiendo esta denominación al administrativo, al constituyente y al internacional] se infunda en la idea de su trascendencia sobre la vida moral de la sociedad, de modo que el legislador legisle con la evidencia de que, fun-

dar el derecho ó desenvolverlo, es contl-ibuir á fundar y desarrollar vigorosas ideas j costumbres de moral.

Se objetará con razón que siendo progresivo ó evolutivo, el derecho no puede mejorarse por arte y ciencia del legislador; pero se salva la objeción pensando que también es progresiva y evolutiva la moral á que está enlazado por su origen y órgano común, que es la conciencia. Si la una progresa, el otro la seguirá en su progreso; y reciprocamente, si el derecho progresa, con el progresará la moral. Esta no es una simple verdad de inducción, que también lo es de experimentación. Basta ver en sus efectos históricos el desarrollo repentino del derecho civil, en Francia, á consecuencia de las reformas revolucionarias del siglo xvín, el impulso fasmoso dado por los constituyentes anglo -americanos al derecho político , la verdadera transformación del derecho penal iniciado teóricamente por Beccaria y Beuthaní y secundada en la práctica por Filadelfia y Nueva York, primero, por todo el mundo, después para ver cuan positiva es la acción del derecho positivo sobre la moral social y sobre la moralidad mdividual. El mismo derecho de gentes, no obstante lo informe, no obstante lo estacionario que lo hace el privilegio de modificarlo y alterarlo que aún conservan las llamadas grandes potencias, atestigua la influencia del derecho en la moral, mostrando con su actual incapacidad para regir y moderar la primacía de la fuerza bruta internacional, la inmoral iniquidad de esas naciones, cuya torpe grandeza se reduce á amenazarse los iguales, á imponerse por la fuerza los superiores a los inferiores.

En la vida internacional, como en la nacional y

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en la privada, el espectáculo de la inmoralidad concluye por ser agente de moral, y no es dudoeo que asi como el aumento de racionalidad ha hecho de los tratados particulares entre naciones una verdadera ley que las liga positivamente mientras rige; que asi como el aumento de necesidades y experiencias ha empezado á hacer de las convenciones y congresos internacionales una fuente de jurisprudencia; que así como el desarrollo de la filantropía reflexiva ha hecho necesarios los tratados de extradición y el derecho de ambulancias; que asi como el progreso de la moral universal trata de infundirse en el principio de arbitraje, así el progreso del derecho público y privado de gentes coadyuva al de la moral y al de la moralidad internacional. Urge que así sea. Cuando fatigados de la lucha con la inmoralidad

Írivada, los nombres de bien recorren con avidez >s grupos de sociabilidad en que sucesivamente, Í^ de un modo cada vez más complejo, se va reaizando el vivir humano, y en todas partes lo ven Contaminado de los mismos instintos y pasiones, y al llegar á la sociedad internacional esperan que, por ser ella más extensa, se habrá debilitado el egoísmo, y en vez de encontrarlo más débil, lo encuentran más robusto, porque el egoísmo nacional es un monstruo sin sensibilidad ni razón ni responsabilidad que devora- sin remordimiento ni piedad !a vida de millares, los bienes de millones, la industria de los siglos, los ahorros de la humanidad , las esperanzas de mañana , la fe de hoy, la caridad de ayer, no pueden tener ya confianza en el bien que los dirige. Y ese continuará, siendo el espectáculo «jue les dé la vida de relación de las naciones, mientras el derecho interna- ■>nal positivo siga careciendo de la fuerza moral