Moral social · Unidad 4 de 55
Unidad 4 · INTBODUCCION
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INTBODUCCION
propia aoormalidad á hacer más irregular y más incompleta cuanto más inmoralmente legan á las generaciones venideras la tarea de mejorar, completar, armonizar y moralizar la civilización á que concurren.
Hombres á medidas, pueblos á medidas, civilizados por un lado, salvaies por el otro, los hombres y los pueblos de esté florecimiento constituimos sociedades tan brillantes por fuera, como las sociedades prepotentes de la historia antigua, y tan tenebrosas por dentro como ellas. Debajo de cada epidermis social late una barbarie. Así, por ese contraste entre el progreso material y el desarrollo moral, es como han podido renovarse en Europa y en América las vergüenzas 'de las guerras de conquista, la desvergüenzajde lá primacía de la fuerza sobre el derecno, el Dochomo de la idolatría del crimen coronado y omnipotente durante veinte años mortales en el corazón de Europa, y la impudicia del endiosamiento de la fuerza bruta en el cerebro del continente pensador. Así, por esa inmoralidad de nuestra civilización, es como ha podido ella consentir en la renovación de las persecuciones infames y cobardes de la Edad Media europea, dando Rusia, Alemania, los Estados Unidos, los mismos EstadosUnidos(¡qué dolor para la razón, qué mortificación para la conciencia!) el escándalo aterrador de perseguir las unas á los judíos, de perseguir los otros á los chinos. Así, y por esa inmoralidad constitucional del progreso contemporáneo, es como se ha perdido aquel varonil entusiasmo por el derecho que á fines del siglo xviii y en los primeros dias del xix, hizo de las colonias inglesas que se emancipaban en América, el centro de atracción del mundo entero; de Francia redimida de su feuda-
lismo, el redentor de los pueblos europeos; de España reconquistada por sí misma, la admiración y el eiemplo de los mismos pisoteados por el conquistatfor; de las colonias libertadas por el derecho contra España, inesperados fcictores de ciTÍlización; de Grecia muerta, un pueblo vivo. Ese entusiasmo por el derecho ha cesado por completo, y Polonia, Irlanda, Puerto líico, viven gimiendo bajo un régimen de fuerza ó de privilegio, sin que sus protestas inermes ó armadas exciten á los pueblos que gimieron como ellos.
El culto á la civilización, que de ningún modo más efectivo y más dio:no de ella debería manifestarse que civilizando los pueblos cultos á los que están en el primer grado de sociabilidad, y ayudando en su tarea de civilizarse á los que la han comenzado con obstáculos que, abandonados á si mismos, no pueden ó no deben superar, ni siquiera es un deber á los ojos de los Estados. Se buscan acá y allá, principalmente en América y en Oceanía, islas estratégicas que gobiernen mares, estrechos y canales, y que aseguren la primacía comercial, y en caso de querella, la prepotencia militar del ocujmnte; se rebuscan los escondrijos de nuestro Continente, que se cree ó se aparenta creer que no tienen dueño; se registra de Norte i Sud, de Este á Oeste, de Guinea á Egipto, del Delta al Niger, el Continente negro; en África, en América y en Oceania, hoy como en los siglos xv y svr, se ocupan territorios y jurisdicciones con la misma llaneza con que Colón ocupa las Antillas, con que Vasco Núñez de Balboa toma posesión del mar del Sud, con que Vasco de Gama declara portuguesa una población de más de doscientos millones de hindus, con que Cortés y Pizarro arruinan, en honor de España, dos civi-
lizaciones que hubieran podido y debido utilizarse.
Hoy como entonces, y como en los viajes de exploración, aunque sean Cook y D'Urville los jetes de las expediciones, y aunque sea científico el oTjjeto de ellas, el instrumento de civilización es el alcohol, y el procedimiento es el engaño ó el pavor.
Si: Liberia atestig^ua la altísima coucepción del deber de filantropía, y será honra perpetua de los abolicionistas norteamericanos; el Congo es testimonio del noble modo de concebir el deber de civilización, y siempre será gloria de Bélgica, de Leopoldo II y de Stanley; Australia es el hecho de colonización más portentoso, y lo admirará la historia, loando la sabiduría de Inglaterra: las Hawaií son prueba en favor del espíritu civilizador del protestantismo; y la entrada del Japón en la vía seguida por los pueblos civilizados de Occidente, obra será que para siempre ilustre el nombre del pueblo americano. Pero aunque la moral acepte como ofrendas á ella los actos interesados y el egoísmo nacional ó individual que ella tiene la virtud de concluir por hacer méritos suyos, ninguno de esos servicios á la civilización han sido tributos á. la moral. A excepción del Congo, Liberia, el Japón y las Hawaii, en donde la población indígena ha sido respetada, en donde efectivamente es un experimento de civilización el que en definitiva hará la humanidad, ¿qué ha sido de los indígenas de Australia? 4Qué ha sido de los indígenas de las Antillas? ¿Qué ha sido de los indígenas del Perú, de Méjico, del Brasil, de la Argentina? ¿Qué de los pecuodes, de los narmgansets, de los natches? ¿Que de aquellos dulces, pacíficos, benévolos, inofensivos habitan-