No más mostrador, comedia original en cinco actos; representada por primera vez en el Teatro de la Cruz el dia 29 de abril de 1831 · Capítulo real 2 de 20
ESCENA VIII
Texto completo de esta unidad literaria, reunido aunque el lector la divida en 4 tramos técnicos para mejorar el rendimiento.
ESCENA VIII.
DOfÍA BIBIANA. DON DEOGRACIAS. JULIA. BIRNAROq}.
FRANCISCO, que sirve el almuerzo, bl jocqubt.
yoc. ( /í Bernardo. ) Vengo á saber las órdenes de V. S.
Ber. (Pues señor, está visto, hay que dejarse llevar.)
Deo. ( acercándosele , mientras que ellas se miran ai espejo y componen el peinado.) Bernardo, por Dios, que es usted el conde del Verde Saúco hasta el último trance, ó no se casa usted con mi hija.
yoc. Señor, lo que V. S. mande.
Ber. Me parece que te puedes ir; ó si no te puedes quedar.
Jul. ( yísomándose al almacén. ) Ay , qué bonito tilburí !
Joc, Es el de mi amo el señor conde.
yul. Ay qué bonito; mamá, mire usteá!
Ber. {^4 don Deogracias.) También tilburí? cómo saldremos de esto?
Veo. A usted qué le importa?— Vamos, señor conde, siéntese usted.
Ber. Permítame usted... Señoras. — Vamos, (Buscando para sí un nombre.) Simón, Pedro... — Mi Jocquey, Rodulfo, sírvenos.
Bib. El señor conde nos dará noticias de París. .
Ber. ( Esta es otra. )
Bib. Cómo deja usted París?
Ber. No hay novedad particular; ya ve usted, París...
Bib. Oh! yo lo creo: qué ópera nueva se echaba cuando usted* vino?
Ber. Precisamente , cuando yo vine... oh ! muy bonita.
Bib. Cómo se titula?
Ber. La... la... la, la, la, qué fatalidad...! no acordar*
roe yo ahora; y todo el día la estoy tarareando. (Pof vida de...) — En fin, muy bonita.
Bib. Ya ve usted, París... aquello será un geotio inmenso...
Ber, Y aquí de ópera cómo estamos?
Bih. Digo que aquello sefá un gentío.
Ber. (Vuelta!) --Señora, es una confusión; no se puede dar un paso; en fin, es una liorna. Y aqui de ópera?
Bib. Diga usted, y qué vestidos llevan las señoras á los bailes?
Ber. (Por vida mia!) — Señora, yo no reparo; perOM. sin embargo, muy bonitos.
Bib. Yo lo creo: qué telas son las mas...?
Ber. Sí señora, de varias telas. (Estoy frito.)
Bib. {A Julia.) Hija mia, distraído, como todos Cftos señores.
Ber. {yí dbn Veogracias.) Y la ópera aquí...?
Deo. Buena, muy buena; pero desentonan los coros.
Bib. Eso no sucederá en París ; no es verdad , señor conde?
Ber. Qué, no señora; ya ve usted...
Bib. Ya me hago cargo, alli... sino que aqui en España, como somos asi... tan...
Jul. Al señor conde le gustará mucho hablar de París..* como es tan bueno...
Ber. Sí señora , much». — Coi que aqui la ópera...
Dco. Usted no faltará nunca?
Ber. No, porque me guardan mi billete; ello cue«ta mas; pero es preciso desengañarse; es imposible concluir con los revendedores. Y usted , señor don Deogracias, no es apasionado de la ópera?
^ib. (Verá usted cómo dice alguna brutalidad.) {Le ptIlizca. )
Veo. Sí señor, mucho; pero de música...— rauger que rae atenac«as — yo no ent^iendo una nota; y m^ gu^ta
mzs ir al Pelayo de Quintana ó al Viejo y la NiSa de Moratin, que á la ópera. Bib. No lo dije? No haga usted caso, señor conde; mi marido no está en el tono; es un español, muy español, y nada mas. {yí don Deogracias.) Brutol tú me has de avergonzar por todas partes. Deo. Pero muger... En fin, te gusta el conde ?J Bib. Qué fino! cómo se conoce que viene de París! gué maneras! ú no ser quien es.
DICHOS. BL SASTRE BORDBRu.
Sor. Felices, señor don Deogracias. Hola, están ustedes comiendo ya? irán ustedes á los toros? abur, doña Bibiana. [La da en el hombro.)
Bib. Caballero, qué franqueza! tenga usted la bondad de reportarse; para la primera vez que rae ve usted no deja de tener desembarazo; si busca usted á mi marido... vamos, hombre, despacha al señor.
Bor. La primera vez que la veo... ah! ah! ah ! señora, perdone usted; yo pensé que el sastre Borderó, como antiguo parroquiano...
Bib. Deogracias, qué impertinencia ! Usted, sefior conde, escusará...
Ber. Señora!
Bor. Señor conde! hola, esta casa va subiendo como la espuma. \
Deo. {Le lleva al lado opuesto.) No haga usted caso de mi m.uger,
Bor. No, no vale la pena. Vengo por el terciopelo gris-perle., y es preciso...
Deo. Hombre, si pudiera usted volver, porque... la verdad, estamos en este momento haciendo los honores
al sefior conde del Verde Saaco, que almuerza con nosotros.
Bor. El conde del Verde Saúco : ha venido ya ? quién es, aquel?
Veo. Sí sefior ; pero hombre, no mire usted con ese descaro: con que vuélvase usted á otra hora.
£or. Qué casualidad ! precisamente le ando buscando por todas panes, porque desde que se fue á París me dejó una pella de cuatro rail reales por un xur/u, un habit de chasse y un corsé....
Deo. Hombre, en mi casa... estamos frescos! (Esto es lo que yo no había calculado.)
Bor. Quite usted, verá usted. — Señor conde, sefior conde del Verde Saúco.
Ber. (Diantre! apenas he tomado posesión del título, y ya todo el mundo me conoce.) — Qué quiere usted?
Bib. Qué insolencia!
Bor. V. S. es el sefior conde del Verde Saúco...?
Ber. Sin duda, vamos, acabe usted.
Bor. Sefior, soy el sastre Borderó, me he presentado varias veces en la fonda donde está V. S.
Ber. (En la fonda. Esto es cosa del ^adre; bueno.)
Bor. Y siempre me han despedido, ese mismo criado que trae V. S.; que V. S. na estaba visible, que tal, que...
yoc. Las órdenes del señor conde.
Ber. Bien, está bien; calla tú ; y qué?
Bor. Yo he respetado esas órdenes... pero al fin tengo aqui una letra aceptada por V. S. y endosada á mi favor, cuyo término ha espirado.
Deo. ( Por san Telmo^ lo hemos echado á perder. ) -- Sefior Borderó, el señor conde esta en mi casa ahora , y...
Ber. (Cómo disimulan!) — Corriente... esa letra... veamos: (La ve ^ y dice apnríe.) este es golpe del pa-
dre; de gentes elegantes es tener acreedores, y él me ha encontrado uno en un momento. — Bien, cierto^ pero qué tengo yo que ver con esto? Es verda^l que yo he contraído la deuda, pero qué! quiere usted que yo también la pague? Lo he de hacer yo todo? Véase usted con mi contador; los hombres de mi clase no acostumbrarnos á pagar las deudas nosotros misiíios j ó cree usted que soy un cualquiera?
Bor. Ya sé que va mucha diferencia; pero está sentada en el consulado, y me sería muy sensible que por un asunto de esta clase se viese V. S. detenido...
Veo, (Malo, todo se va á descubrir.)
Bor. Y preso en el c(^sulado...
Bib. y Jul. Preso!
Ber. Señoras, este hombre está loco; á mí? no es posible; y á qué sube, una talega^ ó dos?
Bor. Nada de eso... la bagatela de cuatro mil reales.
Ber. Y para eso me viene usted á romper la cabeza! habrá insolencia!
Bor. Señor, es verdad; pero V. S. lo debe...
Ber. Demasiado honor le hago á usted en acordarme de él para que me sirva, y para deberle, y para... en fin, eso es una futesa ; ahí está el señor don Deogracias, tengo cuenta abierta con él; él se lo dará á usted. — Señoras, sigamos.
Deo. Cómo, cuatro mil reales yo?
Bib. Sí, hombre; qué puedes rehusar al señor conde? y qué entiendes tú de. eso, y de los estilos de etiqueta... dalo...?
Ber. Efectivamente, es tan poca cosa, que yo, en igual caso, por usted...
Deo. Sí, pero usted cree que esto es «hanra, y «n este momento estoy en una situación tan crítica... (Tambieo renunciar á uxui intriga que se presenta can
bien... tal vez se lof^re cobrarlo del conde verdadero... en fin...)— Señor Borderó, venga usted conimigo.
Bor. Mire usted que ya que estoy aquí, me es indispensable llevar el muaré...
Veo. ^Ia muger se lo dará á usted. — (.^^ Bernardo.) Voy á dejarle á usted solo con ella , haré llamar á mi muger...
Ber, Corriente, y siéntelo usted en el libro.
SOf^A BIBIANA. JULIA. BERNARDO. BL JOCQUBT.
Ber. Estos tunantes piensan que no tiene uno otra cos^ que hacer sino atender á sus impertinencias.
Bib Señor conde, qué quiere usted? no tienen principios, ni educación... un sastre... como usted ha dicho muy bien, les hacen ustedes mucho honor en mirarlos, y mucho mas en que puedan decirse sus acreedores.
Ber. Quién lo duda? sino que es una canalla des^ conocida, y...
ESCENA XL
DICHOS. FRANCISCO.
Fran. Sefíora, mi amo la llama á usted por un mo-^ mentó.
Bib. Jesús, qué hombFe! he de dejar al sefíor conde?
Bír, Señora, sé lo que es el comercio ^ por mi no deje usted de hacer lo que se le ofrezca, sería ofenderme.
y»/. ( Me dejan sola con él. )
Ser. (Ha llegado el momento, y no se puede despreciar esta ocasión.) — Rodulfo, á cuidar del tilburí.
JUtlA. BERNARDO.
Ber. ( Cogiéndola ¡as manos , y adelantándose sohre la escena.) Julia, qué ocasión tan feliz, y que' diclia la mia la de poder ofrecer á usted mi amor: está usted triste? ciertamente j qué tiene usted, Julita? le desagrada á usted este paso? -(Qué trabajo me cuesta fingir con ella también^ ah! se paga del rango.)--No me quiere usted contestar?
5^m/. Señor conde, usted nos hace tanto favor, que no puedo menos de estarle agradecida, de quererle bien...
Ber. Favor, agradecimiento... es decir que no me ama usted; si usted me amara... los amantes nunca se hacen favor en amarse j la clase es para ellos despreciable.
j^ul. Y usted cree que para mí no lo es? diga usted, cuando usted me seguía sabia yo que era usted conde, y mis ojos no le decian bastante claro que no me era indiferente?
Ber. Qué oigo ! es deciii que aunque yo no fuera el conde del Verde Saúco me amaria usted.
jful. Señor conde, he dicho demasiado para lo que es permitido á una muger; pero ya qi'e antes de hablarnos le habia dado á usted algur.ai: yuuestras de inclinación, debo hablar. Si usted ao me hubiera dado
< una prueba como esta de amor, ereeria, como to-
- dos, que tengo las mismas ideas de mi madre, que no aprecio sino el oropel i pero ah ! no sabe usteí la pena que he sentido cuando mi madre me dijo
que el conde del Verde Saúco me pedia; se me cayó el alma á los pies, disimulé; pero acordándome de mi desconocido, y bien determinada á hacer al conde el objeto de mi desprecio , maldije su clase , el afán de mi madre... y solo cuando reconocí en usted ai mismo que ya mi corazón estimaba en secreto, fue cuando volví á gozar de la tranquilidad que creí haber hui lo de mí para siempre.
Ber. Julia, será cierto? — (Y he de hacer el tramposo , el loco ^ los ojos de esta muger ? No. ) — Julia , sepa usted...
jh*¡. Ay ! alcé usted: por Dios! Papá viene.
Ber. Julia , si usted me quiere...
yu¡. Sí, sí, cuente usted con mi amor, pero alce usted.
Ber. (Padre maldito, por qué tan pronto? hubiera sabido quién soy, que no tengo acredores...)
JULIA. BERNARDO. DOK DX0GRACIA5.
Veo. Señor conde , está usted servido , y aquí tiene usted el recibo.
Ber. Guárdemelo usted; ya nos entenderemos.
Ju/. Papá, ustedes van á hablar de asuntos, me iré con mamá.
Ber. Julita , usted nunca es un obstáculo...
Ju/. No importa ; hasta después , señor conde.
Ber. Agur, preciosa Julia.
Deo. Bien , anda , ahora vamos allá. (Con eso le d¡r¿ lo de la letra ; piensa que es juego, y yo estoy desesperad»,)
ESCENA XIV.
DON DIOGRACIAS. BERNARDO.
T)eo. Amigo Bernardo, esto...
Ber. Esto va divinamente j déme usted los brazos y la enhorabuena, amigo: no he perdido el tiempo; pero qué bien lo ha dispuesto usted todo, hasta ñngtr el acreedor, y la letra, y...
Veo. Poco á poco, Bernardo; le contaré á usted...
Ber. Sí, si ya entiendo; es usted un portento de habilidad.
Veo. Pero si no...
Ber. Es claro, si no , po se podía hacer bien ; hable* ran sospechado...
Veo. No señor...
Ber. No ; asi , cómo es posible que den en ello. -Pues señor, usted serí hábil; pero confiese usted que yo no le voy en zaga; rae he declarado á la chica, y no solo he visto que me quiere , sino que la he fondeado, me he cerciorado de que viO piensa como su madre, que no me quiere por ser conde; aunque no lo fuera rae querría : ella misma me lo ha dicho, ahora, aquí, cuando usted vino... y aquel aire de candor... no, no me engaña; y usted ha sido un torpe en venir tan pronto...
Veo, Cómo , un torpe todavía, después de soltar cuatro mil rs.
Ber. Déjese usted de bromas; sí señor; ni yo puedo' ya fingir mas; su hija de usted es preciosa, y «i ella no se deja llevar del oropel, es preciso que iodo se descubra, y ahora mismo voy, porque soy feliz...
J)to. {Le detiene.) Hombre, venga usted acá; este hombre no me deja hablar , y codo lo ra á echar i
perder. La chica será todo lo que usted quiera , y le querrá á usted sin ser conde j pero la madre no: hombre, mire usted lo que hace, por las onge mil vírgenes y todos los innumerables mártires de Zaragora. - i'^^-
Ber. No importa, la chica será mia.
Veo. Hombre, yo me voy á quedar sin cuatro mil rs. y sin novio; venga usted acá, loco de atar, que todo se concluyó , si...
Ber. Pero queriendo usted y la chica...
Veo. Aunque quieran todas las chicas de! barrio, si mi muger no quiere , usted y yo y la chica y todo el barrio saldremos arañados, y locos, y perdidos, y sin boda, y sin dinero, y sin ojos en la cara. Sosiégúese usted , siga su papel , que mi plan no tsti •acabado; venga usted conmigo, aqni pueden volver y oírnos ; en mi cuarto le acabaré a usted de esplicar cómo se ha proporcionado este disfraz, y lo que hay, y lo que ha sucedido, y en fin, vamos, vttoos ¿ mi*cuarto.