No más mostrador, comedia original en cinco actos; representada por primera vez en el Teatro de la Cruz el dia 29 de abril de 1831 · Capítulo real 15 de 20

ESCENA XI

Texto completo de esta unidad literaria, reunido aunque el lector la divida en 2 tramos técnicos para mejorar el rendimiento.

ESCENA XI.

DICHOS. FELIPE II.

Fel. Quedaos, don Rodrigo.

Rod. Quisiera estar á mil leguas de aqui.

Juan. Iba en busca vuestra, señor conde.

(49)

FeJ. Yo os salía al encuentro , sefior don Juao.

yiían. Tengo una pregunta que haceros y una satisfacción que pediros.

Fel. Veré si debo responder áia primera, y si quiero dar la segunda.

Juan. Me habéis empeñado vuestra palabra: acaso no os acordarais... ?

FeL He impuesto una condición. Tal vez habrais olvidado...

y-uiin. La de aprobar mi elección.

Fel. Y si no la aprobase...?

Juan. Tenéis el derecho de negarme vuestro consentimiento.

Fel. Lo creo.

Juan. Como yo el de casarme sin éi.

Fel. Lo dudo.

Juan. Grande y poderoso, tal cual sois pronto lo - snbreis de cierto. Yo también tengo una duda.

Fel. Cuál ?

Juan. Es cierto lo que me ha dicho don Rodrigo...

Fel. Qué os dijo don Rodrigo?

Rod. Nada que no pueda repetir delante de vuecelencia.

Juan. Doña Florinda me niega su mano, y me cierra su puerta.

Fel. Tal es en efecto su resolución.

Juan Mas no asi su voluntad.

Fel. Qué os obliga á suponerlo?

Juan. .Su amor. Habéis recurrido á las amenazas para intimidarla.

Fel. Y por qué no íl la razón para convencerla?

Juan. Basta de rodeos! Es una felonía que solo puede lavarse con sangre. La vuestra, ó la mia.

Rod. Imprudente!

Fel. Estraño lenguaje en boca de un hombíe de iglesia.

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yu<m. Subterfugio digno de un cortesano.

Fei. Acaso no hayáis meditado que hay alguna distancia entre nosotros.

Juan. Qué podéis alegar para probarla? Vuestra edad? Entrambos somos jóvenes: vuestra mayor destreza en las armas? La niego: vuestra nobleza? Vos me sois garante de la mia^ quien quiera que yo sea, presumo que mi padre no valia menos que el vuestro.

Peí También es mas cierto de lo que creéis.

yuan. En qué os fundarais pues para rehusar?

Fel. Y quién os dice que no acepto ?

Rod. {Arrojándose entre los dos.) Vuecelencia permitirá...

Fel. Silencio!

Rod. Osáis, don Juan.,.?

Juan. Dejadnos... {Al rey.') En tal caso, dentro de algunos instantes detras de las tapias de Santo Domingo.

Fel. Ved, señor don Juan, que es sitio consagrado.

Juan. Eso mas cerca estará el vencido de reposar en sagrado : en cuanto me separe de doña Florinda, que ha de verme, mal que os pese, soy vuestro.

Fel. Una palabra, don Juan, una sola, que os ruego peséis bien. No os estorbo que entréis á ver á doña Florinda, que ha de repetiros cuanto acabáis de saber^ mas si tenéis afición á la vida, renunciad de buen grado esa entrevista: os lo aconsejo, porque si traspasáis el lindel de esa puerta, no habrá perdón posible para vos.

Rod. Ceded, don Juan, que yo también os lo ruego.

Juan. {Al fTy. ) Es compasión.

Fel. Mozo imprudente, bien la habéis menester j mereced la.

Juan. Noble conde, voy á saber de dofía Florinda si sois vos acreedor á la mia.

(H)

ESCENA XIL

FKLIPB II. DON RODRIGO.

Peí. Qué decís, don Rodrigo?

Rod. {Todo trémulo.) Señor...

Fel. Ese es el cristiano perfecto, el tercer devoto de mis reinos?

Rod. Confieso que por lo que hace á la devoción...

Peí. Tímido como una joven doncella...

Rod. Convengo en que por lo que hace á la tiraider...

Fel. Qué podéis decir pues en disculpa de él y de vos? Y yo no he de castigar su atrevimiento?

Rod. V. M. descendería hasta castigarle por su mano.

Fel. Estáis loco?

Rod. Dignaos, sefior, reparar que si hubiera sabido que hablaba con el rey...

Fel. Si lo hubiera sabido viviría?

Rod. Vuestro hermano!

Fel. Mi hermano, ese vasallo rebelde, ese bastardo insolente! No lo es^ no lo será jamas : él mismo acaba de cerrar la puerta á su perdón. Un medio solo os queda de lograr el vuestro.

Rod. {./aparte.) Qué exigirá de mí?

Fel. Vos sois el único aqui que sabe este arcano : ni puedo, ni quiero valerme de otro que vos para sepultarlo en el olvido mas profundo, (yícercándose á una mesa.) Vais á apoderaros de don Juan,

Rod. Osaré hacer presente á V. M. una sola observación ? Paréceme , señor, que le ha de ser mas fácil á él apoderarse de mí , que á mí apoderarme de él.

Fel. Mis gentes están prontas á prestaros auxilio, y deben de Haber llegado ya.

Rod. {Mientras que el rey se sienta á la meta.) Qué querrá escribir?

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F#/. (Escribiendo.) ""Mi muy reverendo padre: recibid en vuestra piadosa casa al mancebo que os será presentado por don Rodrigo Quesada, y ved de que sometido á toda la autoridad de vuestra regla, quede encerrado en ella para toda su vida. Yo el rey. "

Rod. Para toda su y ida!

Fe¡. Conduciréis á don Juan al monasterio mas inmediato, y de la orden mas austera: entregareis al superior esas letras de mi mano, y volvereis á darme cuenta de lo que hubiereis hecho.

Rocl. Perdón, señor. Perdón para un desdichado.

Fe/' Si no obedecéis, los que han de acompañaros llevan orden de conduciros á mi presencia^ y ora tengáis por morada un ataúd ó las paredes de un ca3ab020, no han de volver vuestros ojos á ver la luz del sol.

Rod. Obedeceré.

Fel. (yíb riendo la puerta del fondo ^ y hablando á varios ministros. ) Entrad , y ejecutad cuanto en mi nómbreos mande don Rodrigo. {A don Rodrigo.) Presteza y discreción, ó arreglad vuestras cuentas con Dios.

Rod. Está bien, os entendí.

Fel. Mucho me importaba que me entendierais. Quedad con Dios, don Rodrigo.

uosr RODRIGO junto las candilejas, los ministros en 'el fondo.

Rod. P:ira toda su vida! En un convento para toda su vida! Mancebo desdichado^ á pesar de todas fus locuras, de sus devaneos todos, nunca conocí nitjor que en este punto cuan grande es el amor

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que le tergo. Es mi hijo también. Y he de ser yo quien he de dar cumplimiento á ese decreto tirano...! {P^uelve á leer la orden ^ y paséase coa agitación. ) Pero esta orden no señala el monasterio. Ah! me ocurre... Si. Don Juan no tiene en el mundo mas que un protector natural que pueda salvarle, y salvarnos á entrambos: fuera osadía, sin embargo... El rey don Felipe... y" qué importa? Tengo algo ya que aventarar? Una vez desasido de la cumbre, puedo hacer otra cosa que rodar hasta el abismo? Oh! Ya conozco esas posiciones críticas; el emperador mi amo gustaba de ellas, pero él siempre caía de pie, y yo con él. Plegué al cielo que hoy pueda hacer otro tanto. {Con firmeza. ) Hay una especie de miedo que le da á uno ya valor de puro grande. Ya estoy bien decidido. ( Entrándose.) Daos, don Juan, á mi: {f^uelfo desde la puerta á los ministros.) entremos, señores, y favor al rey para prender á un hombre!!! (£n«- transe. )