No más mostrador, comedia original en cinco actos; representada por primera vez en el Teatro de la Cruz el dia 29 de abril de 1831 · Capítulo real 12 de 20

ESCENA XIV

Texto completo de esta unidad literaria, reunido aunque el lector la divida en 6 tramos técnicos para mejorar el rendimiento.

ESCENA XIV.

DICHOS y FEDERICO, que trae la mano vendada coniin pañuelo.

Todos. ¡Federico! •

Fed. (Abrazando cí FeZ/pe.) ¡Qoerido amigo!

¡ Querido pa... Fel. ( Interrumpicndole. ) Bien , bien. ( Aparte

mirándole con vanidad. ) Es nú hijo , es mi

hijo.

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Fed. ¿ Me perdonan ustedes este mal rato que....

Mat. Yo no señor» no tiene perdón habernos dado tal susto.

Fed. ¡Matilde!

Isa. A mí nada me dice ; rae juzga indiferente, y no cree deberme consolar, j AhJ cuánto sufro! {A él.) Federico...

Fed. Perdone usted , señora j apenas me atrevo á presentarme delante de usted.

Isa. ¿Por qué ? ¿Crees que no he participado de los temores que los dos me habéis causado, yendo en ello lo que mas aprecio en el mundo? ( Mirando á Felipe. )

Viz, Es usted muy amable , tia ; ya sabe que ha hecho un gran servicio á toda la familia.

Isa. Por lo mismo debemos agradecérselo de una manera disua de nosotros. Sobrino , varias veces hemos hablado de tu boda con Matilde^ pero me parece que he leido en su corazón...

Mat. ¿Me dice usted á mí, tia?

Isa. Sí ; me parece que pretiere , como su madre^ una boda por amor, á una boda por razón de estado ; y para satisfacer de este modo las obligaciones de toda la familia, ke determinado, si á ella le parece bien , conceder su mano á aquel á quien tli debes la vida.

Fed. I Es posible !

Mat. \ Qué fortuna !

]^iz. Por consideraciones á mí le da una heredera de cien mil reales de renta. : Jesús, lo que me quiere mi tia I ( Felipe se acerca á doña Isabel. )

Isa. Y ademas haré por Federico lo que debo hacer. {Bajo.) Asi que »e casen, Felipe, ahora no.

Fel. ¿Qaé tiene usted? {ídem.)

Isa. {ídem.) ¡Qué ganas tengo de abrasarle!

Fel. (ídem.) ¿Y quién se lo impide á usted?

isa. ( ídem. ) No me atrevo.

jPeZ. (ídem.) ¿No se atreve usted? ;Qué desgraciada debe usted ser! Vaya {Alto.), caballerito, ¿quiere usted mas ? Ha hecho usted una bonita suerte i una muger lindísima, cien mil reales de renta... ¿No da usted las gracias á quien tanto hace por usted?

Fed. ¡ Ah I Mi vida no bastaría para... {Besando la mano á doña Isabel.)

FeZ. ¡Ehl No señor, asi no. {Empujándole.) Un abrazo; la señora lo permite.

Isa. ¡Ah! {Le abraza.) No resisto mas. ¡Hijo

^,4^ I

nuo

B8—

Fed. ¿ Qué dice usted? Mat. y Viz. ¿Su hijo?

Isa. Sí, amigos : ha llegado el momento de^ deí . cubrir un secreto que ha estado á punto de esponernos á todos á una desgracia. Vuelve , hijo mío, á mis brazos , y reconoce en mí una madre que se honra con este título á la faz del universo. Y tú , Felipe , basta de humillaciouesj llega y ocupa para siempre el lugar que de derecho te corresponde , y que te ha conquistado tu virtud. Felipe es mi esposo. Mat. y Viz. ¿Qué dice usted ? Isa. Sí, mas despacio podré ©spllcaros este arcano. {A Felipa.) Desde hoy solo tendrás a ta cargo la felicidad.de toda la casa. Fel. Yo soy dichoso ; mas dichoso que nadie j mírelos usted unidos ; esos eran los deseos de Felipe i se han cumplido , y ya nada necesito.

FIN.

DON JUAN DE AUSTRIA,

ó LA VOCACIÓN.

COMZSIA £ir CI37CO ACTOS

Y EN PEOSA

DE Mr. casimir DELAVIG^E.

ABREGLADA AL CASTELLAHO

POR

JDan ¿Hariana 3o^¿ írc farra.

MADRID.

IMPREXTA DE D. JOSÉ MARÍA REPÜLLfcS.

1837.

.__á

PERSONAS.

Felipe II.

Don Juan.

Don Rodrigo Qaesada, dd consejo de S. M. Cát' losV.

Don Pedro Gómez.

Carlos V.

El Prior del ¿onvento de GerÓBinUM de Yu«t¿,

Fr. LoreniOv ' .

Fr, Timoteo.

Pablo, no\iicio de quince anos,

Rafael 1

Domingo. \ Criados de don Rodrigo»

Ginés )

Doña Florinda Sandoval.

Dorotea , dueña.

Un Ugier del palacio.

Cortesanos, Ugieres, Algaacilcs, Frailes, Guardias &c.

£- m

^fta Comedia es propiedad de sil editor ^ quien perseguirá ante la ley al que la reimprima.

ACTO PRIMERO.

Vm librería en cata de don Rodrigo: en los alrededor res de Tuledo,

Don rodrigo, ginés con bugías en la mano, domingo.

Rod. Xxiumbra, Ginés. Véalos yo después de tres dias de ausencia, mis caros libros, mis amigos y mis consejeros .. ( Separando las luces que Ginés acerca. ) Eh ! no ran cerca ^ quieres hacer un auto de fé con mi biblioteca? Por Santo Domingo: esos libros son mejores cristianos que tú y que yo. No debo á su intervención la conversión á Dios del mozo mas mundano de entrambas Castillas? {hiparte.) Pobre don Juan! Sepultar dentro de un habito tan raras y tan altas prendas... Pero asi lo quiso el emperador, mi señor, y nuestro nuevo rey don Felipe ha jurado no reconocerle sino con es» condición, {yílto.) Eh? Paréceme que oigo ruido €n su aposento. {^ícercúndose á una puer/a lateral.) Don Juan, hijo mío, no dormís ?

Una voz de adentro. Padre y señor , estoy en oración.

/?0t/. Santa palabra ! { yí don Juan.) Proseguid, hijo mió ; mi regreso después de tan corta ausencia no ha de turbaros en vuestros piadosos deberes hacia «I Padre común de todos los hombres. {/í Ginés.) Ven hacia esta parte, y hablemos bajo. Ginés,

^u¿ ha hecho mi hijo durante mi viaje? Ha asisri<« do todos los dias al templo á la hora acostumbrada?

Gin. A la hora acostumbrada.

Rod. Su estancia en él era larga?

Gin. Larga.

Rod. Al ir ó al volver no has visto nada sospechoso?

Gin. Nada sospechoso.

Rod. No has recibido para él ninguna carta?

Gin. Ninguna carta.

Vom. Fuera de esta. (Deslizándola por debajo de fa puerta de don Juan. ) Ya está en el buzón.

Rod. Estoy satisfecho. Sírveme siempre con el mismo celo.

Gin. Con el mismo celo.

Rod. Es un eco!! este asturiano. Una muía he tenida de su tierra, que gastaba mas palabras. Pero fiel. A tí, Domingo. Qué hizo mi hijo el dia de mi partida?

J)om. Levantóse un tanto triste. Acompaiíéle en sus devotas oraciones , y si no lo habéis á enojo, hícele pie para el almuerzo.

Rod. Veo que si tomas parte en sus devociones, no olvidas sus desayunos.

Dom. Suéleme decir que reza con mas fervor cuando estoy á su lado , y que almuerza con mejor apetito.

Rod. {/Iparie.) Este es mas suelto que el otro. Ha andado tres años al servicio de un canónigo, {yí Domingo.) Y después?

Z)om. Le leí para edificarle un sermón del padre Fresneda... pero pesia, mí...

Rod. Se durmió?

Vom. No, sino antes del Ave María...

Rod. Oh ! qué, no le recordabas los grandiosos hechos del reinado anterior?

Z)óm. Temí que el nombre de Francisco I despertase eo él lut antiguas Imaginaciones marciales.

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Rod. Francisco I sigue pues siendo su héroe! ( yfpar" fe. ) Estraña fantasía en un hijo de Carlos V, {yí Domingo.) Y después ?

Dom. Acostóse como de costumbre al caer del dia, y reposó con un sueño tan tranquilo como su conciencia^ dijome á la mañana que los ensueños que habla tenido hubieran honrado á un padre del yermo.

Rod. El gozo ha de matarme! Hace seis meses, Domingo, cuando don Juan parecía cuidar mas del mundo que' de su salvación , quién hubiera creído que habíamos de ver jamas tan milagrosa conversión? Modelo es de buena crianza. Da las llaves.

Vom. Aquí están todas. (Aparte. ) Salvo la buena.

Rod. Ahora no pudiera salir sin mi licencia.

Dom. {Aparte.) Pero entrará con la nuestra.

Rod. Podéis recogeros. Tomad para vosotroi {Ltt da dinero. ) , y Dios os guarde.

Gin. Dios nos ayude.

Rod. No, no j no pecará por palabras de mas.

ESCENAII.

DOM RODRIGO,

Estoy fatigado. (Sentándose.) Bueno será ver sí no he perdiao en el viaje alguno de mis papeles. {Abre una cartera y saca algunas cartas.^ que recorre.) Ah! La orden del rey don Felipe , que se niega á verme en Madrid , y me manda volverme al punto á Villa García de Campos, donde, á Dios gracias, ya estoy de vuelta.

"Últimos consejos de Ignacio de Loyola á su amigo y señor don Rodrigo Quesada, del consejo que fue de S. M el señor emperador don Carlos V." La carta que aquel santo barón me escribió algunos dias antes de su muerte. Quién hubiera adivinado jamas cuando mandaba aquella compafiía de Mi»

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gueletes en el sitio de Pamplona que habla de verse un día al frente de otra compafíía. Dios me perdone, bien diversa, y que ha de venir á ser andando el tiempo un ejército , según levanta gente para ella! Letras por cierto bien preciosas. Mal haya yo, si me canso jamas de pasarla y repasarla. (Zeyendo.) ""Os ocurre una dificultad, un escrúpulo de conciencia, mi muy caro hermano, tocante al hijo natural del emperador don Carlos V el mancebo don Juan, nacido en Ratisbüna el 24 de febrero de 4545, quien fue cometido á vuestro celo desde I9. edad mas tierna, y que pasa en la opinión de las gentes por hijo vuestro. En el caso, me decis, de que mi discípulo no fuese reconocido por el rey don Felipe, su hermano, á pesar de la palabra que delante de mí empeñó al emperador religioso actualmente en el monasterio de Yuste, debo ó no publicar la verdad? Distingamos, hermano mió; distingo..." Eh! Eh! Cuando cursaba en el colegio deMonteagudo á los treinta y cinco años ya era el escolar mas sutil para estos casos de conciencia... siempre cortaba el nudo con su distingo...

"Si don Juan estuviese aislado en el mundo, yo os diria: hablad .¡ don Rodrigo. Pero se trata de un secreto que atañe á dos testas coronadas; no es posible, hermano, dar á luz las faltas de los grandes de la tierra sin grave escándalo de los pequeños. Considerad ademas cuan eminente riesgo corrierais vos mismo. Yo os propondría por tanto un término medio , que concillase vuestros deberes con vuestro interés, cual- sería acreditar el nacimiento de vuestro discípulo por medio de un instrumento que él pudiese iiacer valer algún dia á su riesgo y peligro; esta medida os reportarla la doble ventaja de daros tranquilidad en esta vida, y de no iatimidaros en la oua..."

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Ya está hecho, ya está hecho ^ aquí esti el itiitrutnento. "'Segunda dificultad tocante á la madre del mancebo don Juan. Veo que no sabéis á quién achacar esta debilidad , y que andáis dudoso entre una real princesa de Hungría, una novilísima marquesa de Ñipóles, y una humilde cuanto hermosa panadera de Ratisbona. Bien que fuese lo mas natural , mi muy caro hermano, designar la plebeya por caridad hacia las dos novilísimas seiíoras, apruebo con todo vuestra dificultad. Pero en tal caso os quedará el medio, tan conciliador como el otro, de dejar en blanco el nombre de la maJre."

Es un portento para estas sutilezas. He seguido su consejo , vista la dificultad de acertar en medio de tantas fragilidades imperiales. En resumen, del lado de la madre hay confusión , tropel: por lo regular sucede todo lo contrario. {Guardando Jas car~ las. ) Creo que reina la mayor tranquilidad en la cámara de mi discípulo. Se habrá recogido. Hagamos otro tanto.

ESCENA IIL DOMINGO. gin6s. Después don JUAV. RAFABL.

J)om. {En voz baja.) Entrad , entrad , sefior don Juan:

ha pasado á su cámara. yuan. Lléveme el diablo! si ha vuelto, llego tarde. Gin. Tarde?

Dom. Jura como un herege. yuan. Como un devoto; á fé que vosotros, con toda

vuestra devoción , no desconocéis ninguno de los

siete pecados mortales. Dom. Pero nos arrepentimos; si los buenos cristiano»

no pecasen, habría una multitud menos en la tierra. yuan. Silencio, víbora! {Corriendo hacia la puerta de

SU cuarto. ) Rafael , Rafael , soy yo.

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Raf. {jíhrienáo ía puerta.) En buen hora, sefior don Juan; á no ser por un ardid de guerra, la plaza estaba tomada. Hemos parlamentado al través de la puerta. Pero, voto á Dios! la superchería no le va bien á un soldado viejo.

^uan. Toma ejemplo de Domingo : es oficio que no le cuesta, y que le vale. {Sacando la bolsa.) Toma, Ginés, por tu discreción, y tú Domingo, por tus embolismos: insignes bribones, cobráis por dos lados vuestros leales servicios.

T)om. Dios nos dio dos manos, y usamos de ellas en obsequio vuestro.

Gin. En obsequio nuestro.

jf^uan. Esta es la primera vez que ha alterado el testo. Ea, id con Dios. ( Sacudiendo la bolsa vacía.) Hé aquí dónde paran los dineros que mi buen padre nie da para el rescate de cautivos.

DON JUAN. RAFAEL.

Raf. Don Rodrigo puede alabarse de estar bien servido por cierto, y vuestra salvación está en buenas manos. Vuestra señoría sin embargo m.e había prometido volver mas pronto.

yuan. Hallara yo medio de separarme de ella! lo que me pasma aun no es el haberla dejado tan tarde, sino el haber teñido fuerzas para separarme de ella; y si no rae entiendes, buen Rafael, tanto peor para ti. Será señal de que no has amado jamas.

Raf. Pluguiera á Dios!

yuan. Sí , á tu modo.

Raf. Si hay dos modos, vive Dios que era el mejor; pero no se me acuerda que el amor me hiciese falCtr nunca de mi puesto j ni aun después de la glo-

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riosa jornada de Pavía , cuando haclamoí zafirrancho de las milanesas^ y puedo jurar con todo á vuestra señoría que el dia de nuestra partida las morenas de aquella tierra no podian decir como nuestro prisionero: Todo se ha perdido menos el honor.

Juan. Oh! Francisco I! Gran rey, que admiro mas todavía por sus defectos que por sus raras prendai. Ese sabia amar.

Raf. Y se batia como un leon^ capo di dio\

Juan. Parece que no se te olvidó todavía el italiano!

Raf. Par diez! Sé jurar en todas las lenguas: y es gran recurso en el estrangero.

Juan. Vive Dios que no lo haces mal en castellano; acuérdate sino del dia en que el viento jugando con el manto de doña Florinda dejó por primera vez su rostro á cubierto en el paseo, y nos mostró la mas peregrina belleza de que pueda envanecerse \x Andalucía.

Raf. Cuerpo de Cristo ! No os dije yo que era andaluza? Dónde hay ojos...

Juan. Y los suyos, Rafael! Oh! me enloquecen de

• amor y de placer.

Raf. A vuestra edad, señor, decia yo otro tanto.

^ Tero adonde os llevará ese galanteo.

Juan. Galanteo, Rafael? Galanteo osas llamar al amor mas ardiente y mas puro que ardió nunca en pecho castellano? Cuúl mayor prueba le pides á esa pasión que este mismo papel que me hace su violencia representar? Creíste por ventura que la hipocresía repugne menos á la fiera condición dQ un hidalgo bien nacido, que á la llaneza de un soldado de los viejos tercios de Klancies y de Italia ? Y con todo, para burlar la vigilancia de mi padre cedí á los malos consejos de Domingo.

Raf, No hay como uo santurrón para tentaros á pecar*

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Juan, Yo compré los escrúpulos de su conciencia y la imbécil afición de Gine's. Yo revestí el esterior de una vocación que no tengo, pesia á mí alma; debajo de esa máscara, que me lastima, supe encubrir...

Haf. Los paseos nocturnos, las serenadas... los eternos plantones al lado del poste de la iglesia.

Juan. Ah! donde le ofrecía el agua bendita... pero confiesa que jamas dedos mas hermosos de muger han desnudado el guante para tocar los de...

Ruf. Los de caballero mas galán.

^Uiin. Mas enamorado, Rafael, mas enamorado. Cómo pudiera tanta constancia no conquistarme su afecto? Cómo pudiera haberme negado la puerta de su casa, á su vuelta de Madrid, adonde estuvo en poco que mi locura y mi desesperación no la siguiesen. Si mas la vi, mas conocí que no me era posible pasar sin verla. No hay otra doña Florinda; no es la pasión quien me ciega: hay en ella, ora hable, ora calle, un no sé qué, que me tiraniza y me encadena á sus plantas para siempre. Es forzoso, Rafael, es forzoso que sea mía.

Riif. En buen hora, quién lo estorba? acabad una vez, como yo empezaba siempre.

Juan. (Con altanería.) Será mi muger j nos ofendes á entrambos.

Rcif. ( aparte. ) Tiene á veces un modo de mirar que me impone.

Juan. Sí; y pues tengo su consentimiento, mañana mismo habré de ser dichoso.

Raf. Mañana! Reparad con todo en los obstáculos...

Juan. Me agradan los obstáculos. Una boda secreta ademas no presenta ninguno. A mal dar, si mi padre lo llega á saber, y me deshereda, tengo aun mi espada, de que me enseñaste á servirme. Ella

/'bajtará para conservar el lustre de un apellido que

nadie puede robarme, y para volverme los biene* que la fortuna varia me arrebate. Ya hizo su deber la noche que encontré junto ú la puerta de doña Florinda aquellos desdichados que se me antojaron alguaciles del santo oficio.

Raf. Mal año! nos las habremos con el inquisidor general ? Mejor quisiera habérmelas con el diablo!

y^uan. Porque no crees en él.

Riif. Sí creo; pero el diablo, señor, no quema mas que los muertos, y el gran inquisidor quema á los vivos.

yuan. Dices bien i pero qué te hizo ese papel, que tan mal le tratas?

R'^y. No me acordaba: el pobre pagaba vuestras locuras. Domingo lo echó por debajo de la puerta. Esa al menos no pasará ¡a visita de don Raimundo Tariz, el director de Correos, y el hombre mas curioso del reino.

yuan. Con otras se desquitará.

Riif. ( Mientras que don Juan lee. ) Es una manera de confesor nombrado por el rey para toda la monarquía. Bien se puede decir de nuestro soberano que con ese director de Correos sus humildes vasallos no tienen secretos para S. M.

Juan, Convídame don Fernando Rivera á una batida , y en soto de S. M. En mala sazón por cierto.

Raf. y en soto de S. M. Reparad , señor, que la última hubo de costamos cara. Par diez! Mejor quisiera haber muerto diez hereges en sus reinos que una liebre en sus sotos.

Juan. Necio estás ! Si no fuera por el riesgo, quién iría por la pieza á correr el monte. El peligro, el peligro! Hé ahí el placer: en duelo, en batalla, en batida , venga como bien le parezca , para mí será siempre bienvenido. Si hubiese nacido rey, Rafael, eiuria estrecho en mis estados y no acertaría á

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respirar anchamente sino en los de mis vecinos.

Tlaf. Asi era yo en matrimonio. Vive Dios ! Y que el hijo de un señor tan pacifico abrigue sentimientos tan atrevidos!

Juan. Eso te asombra ?

Raf. No sé qué fantasías se me pasan por la cabeza cuando veo un hijo que no se parece á su padre. Pero dame siempre tentación de risa.

Juan. Escuchemos. No oiste ruido... Alguien llega.

•Raf. A estas horas? Sí por cierto... llamaron.

Juan. Será don Fernando Rivera! Grande indiscreción ! ( Corriendo hacia la ventana. ) No j dos caballeros que no conozco.

Raf. {Que le ha seguido.) Gran sombrero; capas pardas... figuras son misteriosas j alguna grave visita de don Rodrigo.

Juan. Cuidemos que no nos sorprendan aqui. Vamos de esta pieza: ayúdame á vestir el disfraz de la vo-

■' cacion y á desnudar este trage. Tomemos un aire santo y bienaventurado.

Raf. Trabajo os mando !

Juan. {Deteniéndose.) Padre mió ! Le engafío y le amo sin embargo; Áh! Rafael, si en vez de ser par dre, fuese tio...

Raf Podria alabarse dé' tener por sobrino el pecador mas incorregible de todas las Españas. Par die;t, si este entra jamas eii un convento... ^ ''••'<'-» <- - ►'"^

Juan. Será en un convento de monjas,

Raf Ahí os seguiré, sor Juana.

Juan. Sí, fray Rafael ^ para absolverme de mis pe-

' cados; no ha de faltarte tarea. {^Entrándose.) Adentro, Rafael, adentro!

Raf. ( Siguiéndole. ) Lindo fraile habíamos hecho !

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ÍSLIPB II. DON PEDRO GÓMEZ. DOMINGO.

Feí. Decid á vuestro amo que el conde de Sant^ Piore quiere hablarle.

Vom Don Rodrigo liega ahora de un largo viaje^ está recogido , y temo que vuestra señoría tenga mucho que aguardar.

Fel. Aguardaré.

Vom. Salvo sea el respeto que debo á vue señoría...

Fel. No veis ya que aguardo ?

Vom. Par diez ! No parece con todo que le coge acostumbrado.

FELIPE II. DON PEDRO GÓMEZ.

Feí. { /arroja su capa sobre un sitial , y se sienta. ) Cuan largas son las últimas leguas en un viaje.

Gom. Como todo lo que se desea ver concluir. Ya estamos, señor, en casa del antiguo criado de vuestro augusto padre. Asómbrame que aquel monarca hubiese podido escoger semejante consejero.

Fel. Vuestro asombro fuera justo si los reyes , cuando escogen un consejero, se obligasen á seguir ciegamente sus consejos.

Gom. Discreción , providad... convengo en ello.

Fel. Y eso es nada, don Pedro?

Gom. Pero sin carácter.

]Fel. Los que tienen demasiado gustan de servirse de los que no tienen ninguno.

Gom. Un hombre á quien hace titubear el menor riesr go, á quien desconcierta el primer obstáculo , harto convencido de su destreza para no ser fácilmente

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engañado... tan alta reputación, en fin, y tan poco merecida... eso es, señor, ganar enjuego sin poner.

fel. Parécese á otros muchos á quienes engrandece la mano que los mueve; y si esta los suelta, de grandes que parecian , caen en el abismo de su medianía.

Gom. V. M. hace el retrato de sus ministros... osaré preguntar á V. M. si la profunda meditación en que le veo sumergido... acaso el joven don Juan...

Fel. {Levantándose.) Oh! el fastidio me pesa. No puedo permanecer en un sitio. Por qué la habré visto ? Ah! Por qué la habré visto? Tú fuiste quiea me dijo en el soto de Manzanares: "Miradla, señor, qué gentil belleza."

Gom. Señor, su recuerdo persigue todavía á V. M. ?

Peí. No, no; no pienso ya en ella; no quiero pensar en ella... como decíais, don Juan llenaba mi pensamiento.

Gom. La fuerza de la sangre habló tal vgz , y el corazón de V. M. se conmueve en el punto en que va á decidir su suerte.

ÍVA Y qué especie de sentimiento me pudiera conmover ? Hele por ventura conocido bastante para quexerle? Dióme acaso ocasión de aborrecerle? Qué bien me hizo? Y cuáles pudieron ser sus delitos contra mí ? ,.

Gom. Uno cometió, señor, uno solo. '

Fel. Y cuál ?

Gom. El de haber nacido.

Fel. No gusto de que adivinen mis pensamientos; pero por la salvación de mi alma os juro que decis bie». Ese es su delito; la misma sangre corre en nuestras venas. Holgábame de ser solo... pero empeñé mi palabra, prometí sobre los santos Evangelios...

Gom. Roma en la tierra puede dispensar de todo juramento...

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Fet. Roma! Me hilínillo ante el poder de Roma, pero Roma no hace nada de valde.

Gom. Verdad profunda!

Fel. Veré á don Juan: leeré' en su alma^ si es quien debe ser, le reconozco, y el celibato voluntario sepultará bajo las dignidades eclesiásticas su nacimiento, sus pretensiones y su posteridad. Pero si sorprendo en él la menor inclinación á las pompas y placeres del siglo, si el espíritu de rebelión le anima, le olvido; y á poco que hubiese penetrado el misterio de su cuna... Dios me inspirará!

Gom, Entiendo.

Fet. Asi pudiera sacudir otros recuerdos tan fácilmente como el suyo! Habré hecho por ella 15 que poc ninguna otra muger. Dos veces la seguí encubierto debajo de un disfraz: me confundí entre la muchedumbre para no perder su huella, y todo por tus consejos, y todo en valde.

Gom. Pudiera yo creer, señor, que aquella joven doncella, ó aquella viuda, pues que aun ignoro su estado, se escapase á mis pesquisas?

Fel. Los lutos os engafiaron: oh! no, no es viuda: es una belleza en el candor de la primera edad. Viudal Me matarían los zelos del tiempo pasado... pero poc qué me habíais siempre de ella, don Pedro?

Gom. V. M. , señor, fue quien primero^.

Feí. No hay pendiente ningún negocio , ninguna nO" ticia que pueda ocupar mi pensamiento ?

Gom. Una sola , señor , tocante ¿ la fé. Fel. A la fé? Hablad, hablad.

Gom. Me escriben que en uno de los valles del Píamonte varios vasallos de V. M. han sido sospechaIdos de heregia. Hé aqui la contestación. Fel. Oh ! es larga , demasiado larga. Nada de proceso; en materia de religión, don Pedro, no cabe discusiou , sino sentencia: no es menester un juezj

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sobra con un verdugo. Larguísipa, os lo repito.

Gom. Dicte V. M.

Fe/. Cuatro palabras: "Todos á la horca?^

Gom. V. M. ahorra mucho trabajo á su secretario.

FeL Un sacerdote para asistirlos en el artículo de la muerte, si se muestran arrepentidos j si quieren discutir, el verdugo.

Gom. Con razón se dice que V. M. es el mas firme apoyo de la fé católica.

H^el. El cielo me sería tal vez deudor de una recompensa. Pero quién sabe, Gómez, si no serás tú el instrumento de su misericordia. No me has dicho que mi tormento tendría fin aqui? No traes informes se- ' guros? No crees que habita en Toledo? Es cierto, ó es falso?

Gom. Yo asi lo creo, señor, y esta noche algunas de mis gentes han debido hacer pesquisas para descubrir su morada.

Fel. Lógralo, Gómez, y mi gratitud no reconocerá lírnitesj porque quiero descubrirte las flaquezas todas de mi corazón: esa muger me persigue, es mi . ángel malo, es un sueño que me devora^ estoy poseído de ella. Su imagen se interpone entre mi y el" Dios mismo que me escucha... hoy mismo , hoy también he omitido mis oraciones. Oh! no^ este estado no puede ser duradero, porque es intolerablej haría peligrar mi vida en este mundo y mi eternidad en el otro : de tí dependen , Gómez, mí vida y mi ventura. Haz que yo la vuelva á ver, y tesoros,, grandezas, todo es tuyo. Te cubrirás delante de mí, te verás tuteado po> el duque de Alba...

Gom. Que con tanto placer me repite un vos á cada palabra; ó esa muger no existe ya en la tierra, ó habré yo de encontrarla.

Fel. Id con Dios i oigo á don Rodrigo; triunfad, don Pedro , y recordad las promesas de vuestro «eñor.

(/íparíe.) Vanidad humana ! Va á revolver la tierra, y todo por oírse tutear de un hombrea quien detesta.

FBLIPB II. DON RODRIGO.

Rod. El sefíor conde disculpará mi tardanza... Qué veo! Es V. M? ( Poniendo una rodilla en tierra. ) V. M. se ha dignado...

Fel. Alzad. Deponed el respeto debido á la magestad : el rey le renuncia , y el conde de Santa Fiore ro tiene derecho á él. Habéis pasado á Madrid, y habéis hecho mal.

Rod. Pero señorFe/. {Con impaciencia.) Mal, os digo, muy mal. No he

; olvidado nada. Venir á recordarme una promesa, es

.: suponer... que he podido...

Rod. Lejos de mi, señor, tal pensamiento. Ruego á vuestra... á vuestra escelencia, que vea una discul-

. pa de mi yerro en el afecto que profeso á mi discípulo.

Fel. Estáis perdonado. Espero que habréis guarda-* do el secreto.

Rod. Con escrupulosa lealtad.

Fel. Que habréis ejecutado puntualmente mis órdenes.

Rod. Al pie de la letra ; y el cielo ha querido que el éxito sobrepujase á mis esperanzas. Puedo sin vanidad presentaros, señor, en donjuán un modelo de crianza cristiana.

J^e/. Mucho decis.

Rod. Un mancebo piadoso, asi desprendido de las vanidades del siglo, como poco apegado á sus placeres. Consume las noches y los días en la meditación, la pensión que le dais en limosnas, y su tiempo en oraciones ^ en él se funden en fin U timidez de una virgen , y el fervor de un cenobita.

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Fe/. Es decir que es el mejor cristiano del reino.

Rod. {Inclinándose.) Después de S. M.

Fel. y del obispo de Cuenca , espero.

Jlod. ( Inclinándose de nuevo. ) Después de S. M. y del confesor de S. M. Es tanto , señor , que temo que los honores y dignidades de !a iglesia que le están reservados ofendan su humildad : tal es su vocación por la oscuridad del claustro.

Fel No hay mal en eso. Si lo que decís es cierto, como creo , voy á reconocer y á estrechar en mis brazos á un hermano ', pero quiero antes juzgar de su verdadero estado por mí mismo.

Rod Bien podéis, señor, desde este punto. A cualquiera hora que se le sorprenda se le hallara ocupado en sus deberes religiosos. , . ,

Fel Vale mas que yo entonces. Me recordáis , don Rodrigo, que hoy no he cumplido con los míos. Grave penitencia es acusarme delante de vos de esta omisión; hágolo por tanto humildemente 5 pero encaminadme á una pieza retirada donde pueda recogerme en el Señor , y reparar mi falta.

Rod. Permitid, señor, que os preceda...

Fel No; quedaos; preparad el ánimo de vuestro discípulo para recibir al conde de Santa Fiore, umca persona que de hoy mas tendrá derecho sobre el. Ni una palabra mas. Tocante á su vocación por el claustro, desde hoy quiero que quede satisfecha: podéis anunciárselo. ■ . , .,,

Rod. Puesto que rehusáis, señor, mis humildes servicios... ( Llamando. ) Domingo ! ( ^ este, que entra.} Conducid á S. E. al estremo de la galería enet oratorio de don Juan. ( ^/ rey.) AlU os vere.s rodeado de los objetos de su diaria veneración. {Le acompaña, inclinándose repetidas veces.) ^ ^

Fel. Está bien, señor don Rodrigo, esta bien. Basta. ( Co« í«'í«cíO«. ) Sobra ! !

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