No más mostrador, comedia original en cinco actos; representada por primera vez en el Teatro de la Cruz el dia 29 de abril de 1831 · Capítulo real 20 de 20

ESCENA XV

Texto completo de esta unidad literaria, reunido aunque el lector la divida en 4 tramos técnicos para mejorar el rendimiento.

ESCENA XV.

FKLIPB II. 'DOW PEDRO Gt)ME7.

Fel { Los ojos danzados sobre el arma que dejó caer

don Juan. ) Oso levantar contra mí esa espadn... '^

'Mas que veo? Reparad, don Pedro. No me enga^-

(ÍOl)

can mis ojos. Mis ordenes llegaron tarde para in»-> pedir que viese á Carlos V.

Gom. Don Rodrigo sin duda lo dispuso todo.

Z*V/. Traidor! Si vuelve á caer en mis ruanos, don Pedro... {Suenan tres palmadas.) Escuchad.

Gom. Es seña.

Fel. Seña que nos entrega un cómplice. Corred, don P«- dio , y i ay de cuantos me han ofendido !

ACTO QUINTO.

Xá cámara del rey en el 'aldázíar de Toledo, Una puerta lateral ; etra grande eri ^f fondb , que- d? á Uua galería: un Cruciüju pendiente, en fondo negro.

3FELIPK II sentado jumo á una mesa, don pedro, que trabaja con el rey.

Fel. i eneís la lista deflos condenados que me ha sido entregada por él inquisidor general ?

Gom. Aquí está. - ' ,

Fei. ( Recorriéndola!) Judíos , siempre judíos. Auméntase el rigor; los. esterminaré : aunque hubiera de convertir la Españ? en un yermo^ habrán de desaparecer dejando sus->tesorOs p^r^ enriquecer el culto, y su sangre para avivar ,1a ^fé %spirante. Todo por la fé, y solo por la-fe^ "^

Gom. Quién pudiera dudarlo, señor?

Fel. No cíeais, don Pedro, que sea espíritu de venganza: no imaginéis que pienso en ella.

Gom. Lejos de mí tal idea.

Fel. Con todo , si , como dices , no perteneciese á esa abominable raza... Don Rodrigo debe de saberlo. El sin duda la conoce.

Gom. Ya di orden de que fuese conducido á la presencia de V. M.

Fel. Si al menos abjurase sus errores con convicción sincera!

Gom. Una, señor, existe que le ha de impedir abjurar las demás. Su amor.

Fe¡. Don Pedro, queréis obligarme á dar muerde á ese mozo?

Gom. Yo, señor!

Feí. Y decis bien ^ y sois mi amigo en aconsejármelo. Pemasiado lo deseo yo ya^ pero no puedo cerrar Jos oidos á la voz de la naturaleza que resuena ea mi corazón: hay un respeto humano que me detiene. Si mi padre se lo ha dicho todo, es claro indicio de que lo toma bajo su protección.

Gom. Hasta la presente nada lo prueba,

Fe/. Su digno preceptor, á quien voy á interrogar, ha de aclarar mis dudas en ese punto. Quien una vez me engañó, puede engañarme de nuevo. {DanJo un golpe sobre la lisia. ) Pero por esta vez yo sabré hacerle forzosa la verdad-

Gom. Siempre tuvisteis el miedo por uno de los mejores arbitrios para mover á los hombres.

Fel. El mejor , don Pedro. Las dignidades se envilecen prodigadas, el oro se agota; el miedo empero no se agota, y no cuesta nada.

Gom. Aqui llega don Rodrigo.

ESCENA 11.

DICHOS. DON RODRIGO conductdo por un ugier que se retira.

Fel. Estoy sereno. Ni hay enojo en mí ya, ni rencor. Puedo ser justo. No esperáis por cierto vuestro perdón?

Rod. No lo merezco , señor; pero la clemencia de V. M. es tan grande que lo espero.

Fel. Os las habréis con el rey, ó con el santo* oficio: lo único que de vos exijo es que elijáis vuestros jueces.

Rod. Sefíor, ya elegí, y estoy en presencia de mi juez.

ÍW. Pero ert tanto solamente os dejaré esa libertad en cuanto me satisfagan vuestras respuestas. Todo pende de vuestra sinceridad.

Rod. Será completa ; porque si bien la verdad puede perjudicarme, sé que la mentira ha de perderme.

Un ugier del palacio., anunciando. Un espreso de su eminencia el inquisidor general.

Rod. Quisiera estar á mil leguas de aqui!

Fel. Salid á recibirle, don Pedro, y volved presto.

FELIPE II, DON RODRIGO.

Fel. Hé aqui la lista de los que han de morir mañana en el auto de fé que ha de celebrarse para castigo de los crímenes de algunos, y remisión de los pecados de todos. Esta lista no está tan llena que no pueda hallarse espacio para algún otro. Aqui queda sobre esta mesa^ pero á la primera palabra dudosa que salga de vuestros labios, le añado uti nombre. Ahora responded. Conocéis á doña Florinda?

Rod Como V. M.

Fel. No mas?

Rod. Acaso menos.

Fel. Qué queréis decir?

Rod. Lo que digo, señor, no mas.

Fel. Desde cuándo la conocéis?

Rod. Desde el dia en que V". M. me d¡ó cita en su casa.

Fel. ( Es tendiendo la mano hacia la lista. ) Don Rodrigo !

Rod. Tened, señor. V. M. me condena por ser sincero. Qué haría si no lo fuese?

(<05)

Fel» En menosprecio de mis órdenes llevasteis á don Juan al monasterio de Yuste. Podéis negarlo?

jRoi. No puedo.

Fel. Para que viese en él á mi padre?

Rod. Y al suyo.

Fel. ( Poniendo la mano sobre la lista. ) Don Rodrigo!

Rod. Apelo á V. M. , señor. Es cierto ó no?

Fel. Y lo vio? Y lo sabe todo?

Rod. No señor.

Fel. No? Mirad que habéis dicho no.

Rod. Repito, señor, que Carlos V no ha dejado un punto de ser para él un monge del monasterio.

Fel. {Señalando la espada que está sobre la mesa. ) Esa espada prueba lo contrario. Y el monge del monasterio probó por lo menos al fiársela que no insiste en los convenios ajustados entre nosotros acerca de ese mancebo.

Rod. Convengo en que sería singular presente si destinase todavía á don Juan á la iglesia^ pero afirmo que el emperador, mi amo...

Fel. Que fue vuestro amo.

Rod. Que el emperador Carlos V no le ha reconocido por hijo suyo.

Fel. Estáis cierto de eso?

Rod. Tan ¿ierto como lo estoy poco de vivir mañana.

Fel. [Con violencia^ echando mano de la lista.) Don Rodrigo!!

Rod. Señor, el ruido solamente de ese papel en las manos de V. M. bastarla para turbar cabezas mejores que la mía. Este tormento no le va en zaga á ninguno. Pero cuanto afirmo es verdad.

Fel. ( Levantándose. ) Se interesa pues por ese hijo mas de lo que yo pensaba?

/?oi. {Con viveza. ) No quise decir eso.

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FV/. Pero ese ínteres, ese carifío, aunque lo fuese, se desvanecería por si mismo á la consideración de un crimen de lesa magestad , crimen que don Juan ha cometido, y por el cual debe morir.

Hod. {animándose ó. su pesar. ) Oh ! no ! V. M. no pronunciará esa sentencia: vuestro augusto padre no la consentirá.

Fel. Hay pues dos reyes en la monarqu^? Y el que reina es por ventura subdito del que reinó? Carlos V ha muerto para España, ha muerto para el mundo; yo os lo probaré, don Rodrigo, porque ese mozo imprudente morirá, á pesar de la voluntad ó de la flaqueza de un monge de Yuste.

Hod. {De/ todo fuera de sí.) Oh! no 5 nadie habrá hablado en esos términos de mi sefíor^ no se condenará á su hijo en mi presencia sin que antes yo, su antiguo criado , haya al menos protestado poc entrambos.

Fe¿. Sois vos, don Rodrigo, vos quien habla?

Rod. {Cayendo de rodillas. ) No os lo diré, sefíor, sino de rodillas, pero os lo diré. Por prudencia, sefíor, por razones de política , en nombre de la naturaleza y de vuestra gloria, no destrocéis la grande alma de Carlos Vj no os estrelléis, señor, contra aquel cuya fama anda aun en boca de todos, aquel cuyos beneficios viven aun en todos los corazones. Aunque no fuese ya sino una sombra, saldría, señor, del sepulcro para amparar su sangre y I3 vuestra contra vos mismo. .

Fel. ( Precipitándose hacia la mesa , donde toma la pluma y la lista. ) Oh ! es demasiado.

Rod. Escribid , señor , escribid ; matad al anciano; para nada os puede ya servir^ mas perdonad al joven, que tiene una vida entera que sacrificaros, y un corazón de veinte años que latirá en su pecho por su rey y por su pais : viva ese , señor , y si ha

(107)

d€ recibir la muerte sea por vos, y no de vos. En ín, es vuestro hermano! {/arrastrándose de rodilias hasta el sillón del rey. ) Sí , es vuestro hermano! Ah! seiíor , por ventura tiene un rey tantos amigos fíeles, que pueda privarse él pr©[HO voluntariamente del cariño de un hermano? •

"Fel. Alzad, anciano^ vos mismo estáis espantado de vuestro valor. ( Después de una ligera pausa. ) No me obligo á nada para con don Juan ^ pero si le concedo la vida, lo que dudo, sera para que la oscurezca en la austeridad de un claustro. Os autorizo á detíírselo. Sé que tenéis poca influencia sobre élj no importa, probad á convencerle. Id á buscarle, y que os acompañe aqui. {A don Pedro., que ha en- ■'Irado hacia el fin de la escena.) Conducid á mi presencia á doña Florinda.

Gotn. Cómo, señor...

Fel. Conducidla , y dad orden al mismo tiempo de que don Rodrigo pueda ver á vuestro preso. Andad.

Rod. {^parte.) Otra misión! La últiaia por cierto.

FELIPE II.

ün príncipe de mi nombre, de mi sangre misma, otro yo en mi corte ó en mis ejércitos! Jamas. Basta con un hijo. Sobra con un hermano. Es fuerza que muera, ó que obedezca. (/índándo precipitadamente. ) y aun cuando se sometiese , no veria yo siempre debajo de sus ropas sagradas al insolente que me hizo retroceder? No veria hasta en su báculo pastora! de obispo la espndaí desnuda que oso alzar contra mí? No hay perdón posih'e! Obedezca ó no, es ■forzoso que muera. {Deteniéndose.) Pero y mi padre? £a vaoo procuro revelarme contra ua ascea-

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diente que no acierto á sacudir; me domina. Su dignidad imperial y real oscurecida y muerta, tal cual está, impone á la mia. Es una sombra, sí, pero si se me apareciese de repente podría decirle: "To maté á vuestro hijol^^ Estas palabras se hielan ya sobre mis labios, como si estuviese en frente de mí, como si su mirar de águila me anonadase entre el polvo. La Europa está llena aun de su gloriaj una sola voz suya bastarla para hacer resonar ea todos sus ángulos mi desdoro. (Después de un momento de silencio.) Matar yo á su hijo! imposible! {Vejándose caer sentado.) Nunca me atreveré! Pero obedecerá ! De qué suerte obligarle ? Solo una persona en el mundo puede, y si resiste, si la tentación viene á ser en mí mas poderosa, será indicio de que Dios quiere que yo sucumba á ella. Entonces sucumbiré... Aqui llegan.

FELIPE II. DON RODRIGO Y DON JUAN pOf Cl fondO.

Después doña elorinda y don pedro por la puerta lateral»

Bod. ( Bajo á don Juan. ) No es el valor lo que os recomiendo. Juan. Ah! Florinda! Fio. Don Juan! Fel, {jé Gómez y don Rodrigo.) Salid.

[dichos, menos don rodrigo y gomei.

Fel. {yíparte.) Su suerte va á decidirse: á este punto no me siento piedad alguna en el corazón. .

Fio. {^ den Juan.) Os vuelvo á ver, don Juan; dicha por cierto •que no esperé*.

Fei. Pero que sera corta. (^ don Juan.) Os intimaron mi resolución?

Juan. Me la intimaron.

Fel. Cuál es la vuestra?

Juan. El conde ele Santa Fiore la sabe harto bien para que pueda el rey ignorarla.

Fel. Insistis ?

Juan. Pronunciar con los labios votos que mi corazón desmintiese fuera acción vil. Moriré, sefior; es mejor que España tenga un noble menos, que un mal sacerdote mas.

Fel. Caiga, pues, sobre tu cabeza la sangre de esa doncella, porque tú mismo acabas de pronunciar 6u sentencia. - .

Juan. Qué decís? sefior...

hei. Que si resistes perecerá, y qae viviíá sí consientes.

Juan. V. M... > '■•■■ ■ -

Fel. Sí; puedo salvarla de esa muerte que destruiría tanta belleza , de esos tormentos cuya sola idea espanta. Podrá hutr y refugiarse en tierra mas hospitalaria; podrá, si quiere, esconder su oscura exis- • tetícia en -Un rincón de España, donde mi justicia la olvidará. Don J^uan, os empeño mi palabra real, mas someteos.

Fio Os piden, don Juan, mas que la vida; os piden la libertad. Dejadinie«ufri'r mi suerte: yo no he menester para morir sino tan peco valor! Vos habréis menester tanto oara vivir esclavo? i

Juan. Esclavo ! Y esclavo en un hábito hasta la muei^

te ! En buen hora ! Mi amor me prestará el valor de

! .que me creí incapaz. Después de vos, Florinda , mi

libertad es lo que mas amo en la tierra; pero prt--

<i(éndola, os salvo. Ah! lo que me hubiera envij'e-

(HO)

- cido, de hoy mas me honrará. Ya fuera mengua el dudar. {A Felipe con dignidad.) Señor, usáis conmigo una violencia de que habréis de responder un diaj pero en vos reside el podej: abusad pues de él ; disponed de mí.

Fio. No , don Juan, no!

ÍFV/. {Arrastrándole hacia el Crucifijo.) Ven, pues, ante este Dios que te escucha, y que ha de juzgarte, ven á ligarte con un juramento que has de reiiovar dentro de poco en sus altiares.. . .

Fio. Don Juan, don Juan! no acepto ese sacrificio.

Fel. Pero el cielo y yo le aceptaremos.

Juan. Nada por vos, señor, nada por el cielo. Todo por ella ! ( Estendiendo la rtíano hacia el Cruci-^ fijo.) Si, cuésteme en bueií' hpra.su yida. la:, desdicha de la mia en este mundo, y el riesgo d/^jpi alma en el otro!!! . ■ ' ' , : - <.) .\\ v. "_

Fel. (A los grandes del reino., que entran por la puer-^. ta delfondo.^ descubierto.) Qa'ién llega? Qué es esto ? Quién dio la orden de abrir? Quién osó coil' riesgo de su cabeza... r: •■•■'r."

ESCENA VIL

DICHOS. CARLOS V. DON RODRIQO. ppM PEDRO G0MK2. PABLO. CORTPSAIJOS ,0?i?.

Car. Yo, don Felipe. *i

Fel. Santo Diosl {<Descubriéndos£.).y os .¡ señor?

yuan. Qué oigo? . c nix :ÍT

Fio. Mis ruegos le persuadieron! : ■-

Car. Yo, á quien un deber imperioso fuerza á salir por' última vez del retiro de que jamas creí separarme. El padre de una desdichada me prestó un tiempo un

. servicio que salvo á la monarquía, y que fue injustamente olvidado. Ella al menos no habrá reclama-

(lil)

do en valde mi protección. Vengo á pedirla á sus jueces, que no me la negarán, y á vos, que debéis ser uno conmigo en el agradecimiento.

Wel. Nuestra clemencia, señor, se habia adelantado á la vuestra.

Car. No he -concluido. (^Señalando á don Juan.) Entrambos nos engañarrvas acerca de la vocación de ese generoso mancebo j mas nunca es tarde para enmendar un yerro. Donjuán, arrodillaos delante del rey de España! Aqui, en presencia de cuanto encierra el Estado de sagrado y grande, prometéisle obediencia y lealtad hasta la muerte?

Juan. Hasta la -muerte!

Car. Don Felipe, prometéis á este mancebo ilustre protección y amistad?

Fel. Cometió graves íaltas para x:ODm¡go.

Car. Cuáles i Hablad.

Fel. Perdonad, señor; -cjuiero no xecordarlas, porque solo olvidando puedo perdonar.

Car. Y las olvidaseis^

Fel. Por respeto á vos.

■Car. (yí don Juan.) Hijo de Carlos V, don Juan de Austria^ hijo mió, levantaos, y abrazada vuestro liermanoi

Fio. {Con dolor.) Hijo de Carlos V!

Juan. Yo, señor! Es posiblei {Pasando de ¿os brazos del rey á Jos de Cirios P^.) Yo hijo del hombre mas grande de su siglol .

Car. Nada debo olvidar. {A don Juan) 0« recomiendo al novicio Pablo; de él podéis hacervuesiro page, si , ■como creo, tiene vuestra misma vocación. Enseñadle á obedecer á «u^rey y á defender á su patria.

Pub. Señor!

Car. ( A don Rodrigo. ) No os dije , don Rodrigo , que la jornada sena buena?

Rod. Ha concluido, señor, mejor que empezó.

Fel. {yí Carlos») V. M. nos consagrará un día siquiera...

Car. ( Bajo al rey.) Don Felipe, es cosa embarazosa para una corte poner buena cara al pasado, sin comprometerse con el presente; puesto entre el agradecimiento y el interés, el mas diestro vacilaría. Evitemos entrambos la prueba. ( ^lío. ) Os dejo, hijo mió: la magestad que reinó debe ceder el puesto á la magestad que reina.

Fel. No me atrevo á insistir.

Rod. {/íparte.) Por temor de que la sombra eclipse el sol.

Car. Dofía Florinda, partamos. Vuestro destino pende de mí.

Juan. Cómo? Señor, padre mioü

Fío. Principe, no nos volveremos á ver en la tierra, pero viviremos juntos en mis oraciones al Dios de todos; para mí le pediré resignación, que da esfuerzo para sufrir en silencio; y para Tos gloria, única disculpa del olvido.

Juan. Olvidaros! jamas, señora, jamas!

Car. [A Felipe ) A Dios, don Felipe, {yí don Juan.) Príncipe, á Dios. Quedad vos, Pablo, en la corte; quedáis contento?

Vab. Por demás, sefíor. [p^s tan hermosa esa corte donde todos se sonríen, y ste abrazan y se quieren...

Car. ( Dándole con la mano en la mejilla.) Cómo en^^pl convento !

FIN.

PQ Larra, Mariano José de

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