No más mostrador, comedia original en cinco actos; representada por primera vez en el Teatro de la Cruz el dia 29 de abril de 1831 · Capítulo real 19 de 20
ESCENA XXIII
Texto completo de esta unidad literaria, reunido aunque el lector la divida en 7 tramos técnicos para mejorar el rendimiento.
ESCENA XXIII.
CARLOS V, vueltos los ojos hacia ¡a puerta por donde acaba de salir don juan. pablo.
Car. Anda, mancebo generoso; asi de lejos, como de cerca, siempre velaré sobre tí. (l^iniendo hacia la orquesta.) He salido de mi empresa con honor. Ahora abdiquemos segunda vez.
Pab. {y untando las manos en ademan de súplica.) Reverendísimo padre, vuestra reverencia no se acordará mas de mi llave, ni de mi escala de cuerdas!
Car. Hasta mañana á la noche no.
Pab. {aparte.) Mal año para mí si me encuentra aqui mañana!
Car. ( Dejándose caer en un sillón. ) No puedo mas de cansancio. Pero este es el primer dia que he pasado en esta casa sin consultar mis relojes lü
ACTO CUARTO.
■030CH"
En casa de doña Florinda. Decoración del segundo acto, ün* mesa en que arden dos biigías.
DOÑA FLORINDA Sentada , apoyada la cabeza en /« mano, dorctea mirúndola al entrar.
Vor. JL-'uéleme verla. Si esos inquisidores fuesen
hombres, tendrían lástima de ella, pero son tigres.
Fio. Don Juan lo ignora. Eso será menos desdichado.
(yí Dorotea. ) Y mis letras? Dor. Partieron : el mensagero galopa á rienda suelti
camino de Yuste. Fio. Llegará? Dor. Por qué no ? Fio. Sabemos por ventura el nombre que tomó en ese
retiro ? Dor. Pero el sobre lleva el suyo. Quién no conoce á
Carlos V? Fio. Cedí á tus ruegos, Dorotea; creíste que movido de su antigua afición al padre, habia de interesarse en la suerte de la hija, huérfana y perseguida...! Quiero dejarte tus esperanzas. Dor. A no tenerlas, cuál fuera mi consuelo? Quién pudiera desarmar á ese tribunal terrible, que os citó ? Fio. Sosiégate , Dorotea. Tengo un protector que
(84)
^ui«re conducirme él propio á los píes de mis jue-f CCS, y asistirme con su favor.
Dor. Sí j ese personage misterioso que se presentó aquí de parte de S. M. y del conde de Santa Flore, y que solo á vos quiso descubrirse...
Fh Cuando bajaste, aun no habia venido.
Vor. Ya di orden de que le Introdujesen en llegando; mas ningún rumor se oye en la calle. Quién se creería en Toledo? Qué pesada calma I Ni un soplo de viento que refresque el ambiente.
Fh. Dices bien. Abre, Dorotea, las celosías.
Dor. Las de la calle?
F/o. No', las del jardin. No te acontece á veces, Dorotea, que un rumor vago, un soplo de viento despierte en ti recuerdos , impresiones pasadas de placer ó de pena...
Dor. Va que acierto en quién pensáis...
F¿o. Grande esfuerzo por cierto! Nunca pienso sino en él; mas ya jamas le veré.
Dor. Por qué? No pronietió ese cortesano en quiea fiáis devolveros á mis brazos?
F/o. Silencio! El es! Valor, corazón!
Dor. Tembláis?
F¡o. Oh ! no. Estoy tranquila.
Dor. Mi5 recelos se dispiertan.
DOJfA 71.0RINDA. DOROTEA. VOS PKORO 60MBZ.
Gom. Llego, sefíora , á punto.
F/o. Yo hubiera dicho, señor don Pedro, que o» hi* cifiteis esperar.
Gom. Nada temáis. El protector poderoso que os nombré no os ha de abandonar.
Dor. No he de poder acompañarla?
(85)
Gom. No ignoráis la severidad del tribunal.
Dor. Oh! Pero me la devolvereis, no es verdad, cd-
mo lo prometisteis? Gom. Y presto. Os lo torno á prometer. F¡o. El manto, Dorotea.
Dor. [Poniéndole el manto.) Quién pudiera segairosf Gom. (yípar/e.) La jactancia de tal conquista no ha
de poder nada con ella, pero el temor... F/o. (DeípiJiéndose. ) Dorotea!!! Dor. {acompañándola .^ le besa las manos.) Hija mialU
ESCENA TIL
DOROTEA. Después ©os JüAN.
Dor. Oh! ahora al menos puedo maldecirlos á ellos y á su raza sanguinaria, y maldecir sus leyes, su tribunal, sus verdiijjos. Qué hicimos para que nos tratasen de esa suerte? Es esa, sectarios del Cristo, vuestra santa, vuestra dulce religión? Horas tengo en que quisiera tenerlos a todos en mi mano. No sería mas que una justa venganza. Quién pudiera ser generosa con ellos? Con ninguno. No son todos igualmente sanguinarios? Ah! cristianos...
Juan. {Saltando por la ventana del jar din.) Menos uno. sijDOngo.
Dor. ( Dun.lo un grito. ) Sois vos , sefior don Juan T Habéisme asustado. V©s aqui , y de esa suerte?
Juan. De la única que pudiera venir sin riesgo de encontrar importunos. Por la tapia del jardín: felitmente no es elevada.
Dor. Dios de Israel !
Juan. Y acompafiado, Dorotea. (Llegándose á la ventana para ayudar á don Rodrigo.) Venid, don Rodrigo: os dije que la entrada era tacil aun para vuestros años.
(86)
DICHOS. DON RODRrCO.
Dor, Cómo anunciarle esta nueva?
Roii. (acabando de saltar la ventana.) Dónde me traéis, don Juan?
Juan. A puerto de salvación. Y bien, Dorotea? Con que volveré á verla? Qué hace doña Florindai Dónde está ?
Rod. En la posada de doña Florinda!
yuan. No vais, Dorotea? No le anunciáis...?
Dor. {Saliendo de su indecisión. ) Sí, la diré... Esperad aquí un momento, {./aparte.) Ganemos tiempo al menos. C^
DON JUAN. DON RODRIGO.
Rod. Para conducirme á esta casa os negasteis, don Juan, á seguirme al palacio del duque de Medina? Por qué habré yo prometido no dejaros solo un punto? En casa de doña Florinda!
Juan. Pudiera yo llevaros á otra parte?
Rod, A una casa adonde os plugo traer al conde de Santa Fiore, y acechada tal vez por sus parciales, á una casa , en fin, donde podéis encontrarle á él mismo!
yuan. Pluguiese al cielo!
Rod. Dios os libre, don Juan. No lo deseéis. Sabéis, mozo imprudente, lo que arriesgáis, sabéis el porvenir que aventuráis, sabéis quién sois siquiera...?
yuan. Quién soy, en fin, don Rodrigo, quién?
Rod. Un loco, don Juan,
yuan. Don Rodrigo, sosegaos. {Aparte.) Qué hace
(87)
doña Fiorínda?-No tuvierais mas miedo si el santo oficio se hubiese entrometido en nuestros negocios.
RoJ. Es la sola desdicha que nos falta; y no la men-
. teis, si no queréis...
yuan. Oh! Esto es demasiado. Dorotea! (Llegando á la puerta.) Ardo en impaciencia! Dorotea! Vuelves sola?
DICHOS. DOROTEA,
Dor. Ahí señor don Juan...
yuan. Qué veo? Volvéis el rostro? Lloráis, Dorotea? Qué pasó en mi ausencia? Qué me encubrist
Dona Florida... Dor. Salió... jfüan. Adelante. Vor. Cicada por el tribunal... jfuíin. Cual? Dor. El santo oficio! Juan. El santo oficio! Y judia! RoJ. Qué decis?
jfuan. (Desesperado.) Perdida sin remedio! RoJ. No es eso lo que os pregunto. Hablasteis de un^
judia? Doña Florinda es judia! ^•
yuan. Yo dije eso? Y bien, don Rodrigo, {)>tie»^;io
dije... es cierto. ■< . ...
Rod. Lo hubiera jurado. Don Juan, co hay seguridad
aqui ya para nosotros. Juan. Don Rodrigo! RoJ. Sabéis que In inquisición no casriga solo á los
judaizantes, sino también á sus encubridores? Ma
entendéis, don Juan? Jttan. Si , os entiendo: á sus encubridores. Y qué me
importa? Qué hemos de hacer ya?
(88)
RoJ. Qué hemos de hscer, decis? Huir, don Juan.
yuan. Salir de aquí?
Roil. Y de Castilla. En vísperas de un auto de féü Vamos, don Juan.
Juan. ( j^siéndole de un brazo. ) Vamos en buen hora, sí, pero á la inquisición.
RoJ., {Desasiéndose.) A la inquisición!
Dor. Don Juan, teneos. Discreción, cautela. Uno de los personages mas importantes del santo oficio ampara á dona Florindaj él la acompaña, y él ha de volver á conducirla á casa.
y-uan. Esta noche misma?
Dor. Y presto. Asi lo prometió.
Juan. Qué no hablabais?
Rod. Oh! no han de hallarnos aquí.
Juan. Ni yo he de moverme, aunque me cueste la vida.
Rod. Queréis volverme loco, ingrato don Juan? Yo hice cuanto fue humanamente posible para cumplir mi promesa j pero os burlasteis de los consejos de un anciano, y este quiso mas bien acompañaros en vuestras locuras que tener razón abandonándoos á vuestra mala cabeza. Ahora os amaga un riesgo inminente, y queréis también que os acompañe ea
, él, pudiendo fácilmente evitarle... A \:.>'A
^uan. Oh! una idea, pero una idea que todo lo coin-
.. cilia, el, tierno afecto que me profesáis, la palabra que tenéis empeñada, y vuestra propia seguridad... _;,r ,^ ■ ,;:;(^ -;oC ..
lüod. Hablad presto.
Juan. En cuanto doña Florínda se vea sola, me dejo P, ver, y huyo con elk sin esperar segunda cita dei ..'tribunal.
Vor. Oh! sí, salvadla, señor!
Juan. Andad , pues ; procurad caballos y volved por nosotros. Volved, y desde este punto fiamos núes-
tra suerte en vuestras manos. Es el último esfuerzo que de vos exijo.
Rod. Y la última concesión que os hago. Convenido pues. Volveré, y desde el pie de la ventana os haré señas.
j^uan. Sí.
Rod. Tres palmadas.
Juan. Tres palmadas.
Rod. Si puedo entrar en la casa sin riesgo, me contestáis. De otra suerte...
Juan. N9 contestaré.
Rod. {A Dorotea.) Guiadme ahora, y con cautela.
Vor. Nada temáis. {Salen.)
ESCENA VIL
DON JUAN. {Se sienta.)
Meditemos. Qué debo hacer? Esperarla? Y si no volviese... Oh! si no volviese, irla á buscarla al fondo de esa cueva, que llaman santo oficio , sí ! insensato ! al santo oficio! Perdería mil vidas antes de abrirme paso... Doña Florinda, doña Florinda ! os perdí por ventura para siempre?
ESCENA Vin.
SON JUAN. DOROTEA.
Dor. {Acude presumía.) Vedla aqui, seSor don Juanl
La he visto: ya está de vuelta. Juan. Corro i su encuentro. Vor. No hagáis tal: no viene sola. La acompaña el
mismo de quien os hablé. Queréis perderla? Juan. Antes perder cien vidas. Mas primero decid,
quién es...
(90)
J^or. Dudáis de mi señora ? Ingrato don Juan.
Juan. Decis bien! mi pasión me turba. Ella engañarme!
J)or. Guardaos, pues, de descubriros. Venid.
j^«í{«. Donde queráis.
Vor. {abriendo una puerta lateral.) Al parage mas apartado de la casa, á mi aposento, y solo para salir de él en tiempo oportuno.
Juan. De vuelta ya! Y yo aqui para defenderla! Ah! respiro, Dorotea. Te obedezco. {Salen.)
DOÑA FLORINDA. DON PEDRO GOMBZ.
Fio. Oh! gracias, don Pedro, gracias. Habéis cumplido vuestra palabra, pías perdonad... [Dejándose caer en un sitial. ) No puedo tenerme en pie.
Gom. El interrogatorio os dejó al parecer una impresión harto penosa.
Fio. Dolorosa, don Pedro, como un horrible ensueño que no pudiese desechar. Aquella sala enlutada, aquellas opacas luces que hacian mas espantosa la oscuridad, aquellos jueces velados, cuyos ojos se fijan en vuestra frente con una inmovilidad que hiela el pensamiento... Oh! no puede la justicia de los hombres aparecemos sino revestida de esas formas terribles?
Gom. No, cuando ha de vengar á Dios. Pero espero j que vuestros jueces se han de humiinar en favor vuestro.
Fio. No tenéis certeza... ,
Gom. Bien quisiera, señora...
Fio. Pero qué saben de mi, qué me quieren...? Está escrito que habré de presentarme de nuevo en su presencia ?
(9<)
Gom, Lo ignoro, mas es posible.
F/o. Querrán someterme á esa prueba de dolor, cuyos instrumentos esparcidos en derredor niio ofuscabaa ya mi débil razón...
Gom. Cuéstarae el creerlo, pero...
Fío. (Levantándole.) Pero es también posible! Ahí no lo consentiréis. Tendréis compasión de mí. No ha de faltarme esfuerzo para morir. Soy tan desdichada! Pero á la vista de tan espantosos dolores, siento en mi toda la flaqueza de una muger. El dolor me espanta. Qué hacer, don Pedro, para evitarle? Desde ahora me someto á cuanto exijan. Cuanto quieran que diga, otro tanto diré, para morir roas pronto, sí, pero una sola vez! Oh! sí, cuanto quieran diré!
Gom. (yíparíe.) Ya está en el punto en que anhelaba verla. - Solo una persona pudiera intervenir entre vos y vuestros jueces j os lo repito, una sola: el rey.
F/o. Y lo hará?
Gom. Podéis dudarlo, cuando se digna venir él mismo á seros fiador de ello?
F/o. Oh! que venga, don Pedro, que venga I
Gom. Como os dije, señora, yo contaba hallarle aquí: dentro de poco le veréis llegar: encubridle todo género de resentimiento. Tened presente que la inquisición intimida hasta á los reyes, que un paso dado con ese tribunal es arriesgado aun para S. M. , y que merece algún agradecimiento.
F/o. Ah! Qué puede prometerse del mió?
Gom. El rey don Felipe no puede tardar; vais, señora, á verle: vuestra suerte está en vuestras manos. Quedaos, señoia, quedaos.
F/o. ( Dejándose caer de nuevo en e/ sitial. ) Mis bendiciones al menos os acompaSan.
Gom. {yaparte a/ sa/ir.) Prometa ahora el rey, y el amante va á ser dichoso.
(92)
í LOR IND A.
Qué no puede el terror! don Juan! mi vida! Yo llamo á su propio enemigo: al rey! Muy desdichada, ó muy débil debo de ser, pues que deseo volverlo á ver: lo anhelo con todo ; de ello me sonrojo, pero no me es posible vencerme. Dios mió, traedie presto para tranquilizarme sobre los riesgos que me
- amenazau!
ESCENA XI.
DONA FLORINDA. DOROTEA.
"Dor. {Corriendo hacia ella.) Os vuelvo á estrechar en mis brazos!
Fio. Dorotea !
Dor, Tembláis?
Fio. Ah! no aumentes con la tuya mi conmoción: es fuerza sosegarme. Empero á alguien.
Dor. Y yo os anuncio una persona á quien no esperabais.
Fio. Qué quieres decir?
Dor. El , él !
Fio. Don Juan!
Dor. El mismo, que acaba de llegar.
Fio. Don Juan libre! don Juan aqui!
Dor. Oculto ea mi cuarto, me envia á acechar si es- • tais solaj decid una palabra, y le tenéis á vuestros pies.
Fio. AI punto, Dorotea j corre, vuela. {Deteniéndola.) No oiste?
Dnr. No! nada.
tío. Espera! El gozo me hizo olvidar... dile á don Juan que parta, que huya!
(93)
Dor. Con vos, esta noche misma. Solo, jamas.
F¿o. Qué haré'. Dios mió! Ha de encontrarlo.
Dor. A quién?
F/o. Al conde, que no puede tardar, que sube tal vtx ahora, mientras que te estoy hablando... Dios mió! Si volviesen á encontrarse uno en frente de otro!
Dor. Oh! don Juan le mataría!
F/o. Le mataría! Pero ignoras... Sería el crimen mas espantoso...!! Y 3-0 pude solicitar su presencia! Escucha , Dorotea. Don Juan está en tu habitación; es fuerza tenerle en ella! Mas sin hablarle del conde.
Dor. Consentirá?
F/o. Oh! dile que se lo ruego, qae lo exijo; que va en ello su vida... no... la mia, y lo hará !
Dor. No hay riesgo para vos en quedaros sola?
F/o. Ninguno, Dorotea. No ha un momento, temblaba todavía; pero he vuelto á mi ser; ya no pienso sino en él, no temo sino por él; á todo me espondria por salvarle. Ignoras, Dorotea, que el amor es el valor de las mugeres?
Dor. Pero don Juan no tomará consejo sino de su espada si llega á sospechar que os negáis á veils para recibir á su enemigo.
F/o. Tu aposento está distante. No podrá oírnos»
Dor. Ah! señora, si hubieseis podido hablarle!
F/o. Dices bien; todavía puedo; ven; voy contigo^ voy delante de tí; al menos le habré vuelto á ver. {Deteniéndose de repente.) Esta vez no me engañé.
Dor. Alguien sube. Ya llegan.
F/o. El conde! Ya es tarde. Dorotea, sálvanos á entrambos. Corre , vuela. He de cerrar esta puerta! {Echando la //ave.) Todos los obstáculos son pocos entre el conde y don Juan. ( j4de/antúndose hacia e/ medio de /a escena.) Disimulemos.
(94)
DO-Ñ'A FI.ORINDA. FELIPE II.
Fel. {aparte en el fondo.) El, miedo que me la entrega la hace mas hermosa. O esta noche ó jamas.
Fio. {aparte.) Cómo abreviar esta entrevista?
Fel. Me habéis de disculpar, señoia, si vengo á turbar vuestra meditación.
Fio, Tan melancólica era, señor, que aun he de estaros agradecida.
Fel. Esta vez, pues, mi presencia no os es molesta.
Fio. Pudiera serlo, señor, cuando venis á ampararme? Venero , bendigo vuestra justicia.
Fel. De buena gana aceptarla la lisonja si un afecto, mas dulce que la necesidad de ser justo, no me trajese á vuestra presencia.
Fio. La compasión !
Fel. Si, una compasión acompañada de recelos mil, el afecto de un amigo que desconocisteis cuando le pudisteis creer insensible.
Fio. Vuestras palabras me vuelven la esperanza ^ si asi me las hubieran referido , hubieran bastado á calmar mis recelos, y os hubieran ahorrado, señor, una entrevista en que abuso tal vez...
Fel. Al privarme del placer de tranquilizaros yo mismo, no me le envidiéis, bella Florinda.
Fio. {yípnríe.) Se queda!
Fel. Me es tan dulce consagraros estos instantes que robo á mis afanes...
Fio. Y á vuestro descanso tal vez... Sé cuan preciosos son ^ no temnis, señor, que abuse de ellos.
Fel. ( adelantando un sitial para doña Florinda. ) Desechad , señora, ese temor. Fio. {Sentándose.) Es forzoso! «
(95)
Tel. (yíparfe.) La habré por ventura tranquilizado demasiado pronto?-Han debido deciros, señora, que la voluntad soberana pueJe estrellarse en una sentencia del santo oficio. Este tribunal representa á Dios mismo, y delante de Dios qué son los reyes de la tierra? He resuelto, con todo, cualquiera que sea el riesgo, interponerme entre vos y vuestros jueces; y en galardón de ese servicio qué debo de esperar? Odio tal vez!
F¡o. {Levantándose.) Odio yo? Cuando me salváis? Eso fuera, señor, ingratimd de que...
Fel. De que sois incapaz, hermosa Florinda. Os creo. {Convidándola á sentarse.) Por piedad...
Fio. ( Aparte sentándose en tanto que el rey va á tO" mar otro sitial. ) Qué tormento!
Fel. ( Apoyado en el respaldo de su sitial. ) No seréis ingrata; pero per.manecereis indiferente. {Sentándose.) La estrella de un rey es no granjear sino respeto cuando no inspira aborrecimiento ú envidia; y con todo, sensible á todo género de afecto que se le rehusa, abrasado, sin esperanza, de encontradas pasiones , cuan dolorosamente siente un rey la necesidad de ser amacoí
Fio. Lo sois, señor, de un pueblo entero que os venera, que os admira, y que en vos ve el manantial de todo bien.
Fel. Sí , lo soy por ínteres ; soy querido con aquel amor con que se ama al poder, oo al hombre, sino al soberano. Qué á mi, señora, esos homen^ges, esas aclamaciones cansadas? Con cuánto gozo las trocarla por la dicha de estrechar en mis manos una mano amiga ; por un suspiro de la querida que me he creado en mi fantasía , que veo en mis sueños, cuya imagen persigue en fin al monarca en medio de sus afanes, y al cristiano hasta en el fervor de sus oraciones!
(96)
Fio. Esa querida, señor, Dios y la Francia os la envian; una joven esposa os espera, aclamada por sus virtudes, y su persona la hermosa entre todas las princesas.
FeL Mas no entre todas las mugeres. Hay lugar para ella en este corazón que otra imagen acertó antes á llenar y á poseer? No lo creáis, bella Florinda; esa boda política es una triste viudez con todos los recelos y las trabas todas del matrimonio, {^cercando su sitia/ del de Florinda. ) Oh ! cuánto mas reina, que esa reina adornada de un título vano, sería una esposa por mí secretamente preferida, de amor toda , escogida por mí , y adorada en las tinieblas del misterio! A sus plantas depondría mi cetro ^ ella ejercería en mi nonibre ese derecho de hacer gracia, el mas hermoso de los derechos de un rey; sus manos no serian sino un canal por donde pasasen mis tesoros á las de los desdichados. Y ese inmenso poder de consolar el infortunio , esa diadema real encubierta en el misterio, pero mas absoluta que la mía, solo una muger la merece, una sola en el mundo, y esa muger sois vos, bella Florinda.
Fio. {Levantándose.) Yo! Cielos! Quién? Yo?
Fel. Vos, señora, á quien de rodillas la ofrezco, á quien temblando pido esa compasión misma que yo no supe negaros.
Fio. Pero que intentáis venderme al precio de mi honor... Oh! no, no tuvisteis semejante idea. Yo me engañé, yo ultrajé vuestra magestad. Perdón, señor, perdón para mi error.
Fel. No finjáis, bella Florinda, no apeléis á virtudes de que Dios me hace libre desde el punto que me ]as hace impracticables. Lo he resucito ; crimen ó no, de bueno ó de mal grado, Florinda, seréis núa.
(97)
Fh. y yo propia me entregué! Y estoy sola?
Fel. Sola , y nadie os venderá 5 pero nadie tampoco
€S poderoso á salvaros. Fio. Mi desesperación y mis gritos. Fel. Vuestros gritos no serán oidos. Fio. Os engañáis, señor j vendrán j os juro que vendrán. Fel. Quién , pues?
Fio. Nadie. Oh! decís bien, nadie. Estoy íola , sin amparo, sin defensa^ ó mas bien una sola rae queda, y esa sois vos j vos, á quien fio ese honor que veníais á robarme. Vos, señor, que seréis mi defensor contra vos mismo. ( Llegándose á él con exaltación.) Don Felipe, la acción que intentáis es horrible, {Cayendo de rodillas.) y de ella pido justicia ' al rey de España !
Fel. ( Contemplándola con entusiasme. ) Hermosa de orgullo y de terror !-Es€ es, Florinda , el único detus deseos , á que no daré cumplimiento. El rey d©. España ha de ser hoy tu señor, y don Felipe tu esclavo toda su vida. i
Fio. ( Levantándose , y despidiéndole de si al rey. ) Es- ' cuchadme, hombre cruel , cristiano sin compasión^ no diré mas que una palabra, pues que me obligáis... Wel. No cambiará tu suerte. \
Flo.\ÍTr3i sola palabra que ha de perderme, pero que
os ha de hacer retroceder de espanto. Fel. Ya habéis resistido demasiado. {./írrnjánd^se hacia ella.) T' ■ . T Fio. {Huyendo.) Piedad, señor, piedad, ó la {irbotin^
ciaré. Soy, señor... ' r.f-.
Fel. {Cogiéndola en sus brazos.) Qué me imports? ' . Fio. .Soy judía !
Fel. (Retrocediendo horrorizado.) Tú! Qué escucho* Desdichadal Plegué al cielo, para tu salvación en e5te mundo y en el otro, que la virtud te haya inspirado nnn mentira.
(-98)
Fh. Sí, una mentira pesa sobre mi conciencia, mentira que por necesidad me humilló hasta fingir una creencia aparente^ ese es mi crimen, y espero mi castigo. Pero si dais un paso hacia mi, repetiré al pie del tribunal, diré á voces ante mis jueces que un castellano fue bastante vil para intentar triunfar de la inocencia con la fuerza; que un caballero ha ultrajado á una muger, que el rey mas santo de la cristiandad, que tú, don Felipe, tú, rey católico, te has manchado con- una pasión infame por una judía. {Con calma.) Y bien! Señor, ahora os detenéis. Yo estoy tranquila ahora , y vos sois quien tiembla. Fel. Por tí, infeliz. Sabes por. ventura que si, para eterna vergüenza mia, hubiesen llegado tus palabras á otros oidos, sabes que no habría esperanza ya para tí en esta vida? Fio. Pero saldría pura de ella.
Fel. Que todo mi poder no sería bastante para salvarte del tormento y de las llamas? Fio. Pero volarla mártir al seno de ese Dios, que asi es mi Dios como el vuestro, y que ha de juzgar á mis jueces ; pero muriera digna todavía de aquel que tanto me amó. Fel. Oh! Por qué, porqué renovaste ese recuerdo que ahoga en mí toda compasión? Es tu sentencia, í'lorinda , y tu sentencia de muerte. {Oyendo golpes repetidos en la puerta del corredor inmediatx). ) Qué rumor es ese? Fio. ( En el mayor espanto. ) Cuál ? nada 5 no oigo
nada. No sé... Dorotea tal vez... Juan. {Desde adentro.) Abridme esta puerta, ó he de
hacerla pedazos. Fel. Un hombre aqui!
Fio. { Se arroja hacia la puerta , y quiere detener al rey.) Os lo ruego, .señor... Ah! Por lo que mas améis en este mundo!
(99)
Fel- (Disviáadola para abr^ir la.jpuerta.) Ua testigo de mi afiencal He de saber quién es.
; • - •- <'í ; c^■. ESCENA J¿:ÍIL
DON, JUAN. FBLXPB v^. ;^9^ ^^dRUSUAf^.
TeL Don Juan!
yuan. El cond&!; ;,-.,-,
Fel. Me habéis oido? !
Juath Deipia^iad^ ^de* TSÁí,npyy?j estuyierai^, ^^íh* gado- , • - .'!,-.■.;: t i: o^rr^-r: : - '• «jm
F/o. (^PrecJpitJipdose entre los dos.) Niteneis ese, derecho, ni pudierais, don!jua.n>| co conocéis al.^^e afrentáis.
yuan. Le conozco. por >su^bef:}ios};Jaráme razón de ellos.
Fe/, y ya 05. juzgaré por Ipn^iV^^t^.^ y de,?Ilpf 4^^t - breis de responderme, .;, j;,^
F¡o. {yí don Juan.) Le debéis respetoj respeto, sí, á la sangre mas noblede Castilla! - '-, ^ v.,
Juan. Ni es noble, ni castellano qi^en teme á jonjKQin* bre y amena^ja á una niuger, . - ^ ■ r :,, ..
Fel. Compadezco ^^ la mug€r3 en cuanto al hombre^ le veo de bastante altura para despreciar sus .injurias. .. I . , ,- ; , , .,,;,,,
Juan. iVIerced al miedo que tenéis de vengai()« de
ellas. ; . .iyj,; ; ,.,.,... v. .;•
Fel. Si os queda un resto de razón , don Juan , ni una
palabra mas. Salid. . / ^^T Juan. Si os queda una gota de sangre en el corazón,
venid conmigo ó, defendeos. .. Fio. Aqui... á mi vista! no os atreveréis. {Asiéndole.)
No podréis... Fel. Por última vez, obedeced. Juan. Por última vez también, defiéndete. Cruza tu
(100)
*^éspaáa-.'.. 6... {Haciendo demostración de pegarle de llano con la suya.) Fio. {Dando un grito.) Es el rey! jfuan. {Dejando caer la espada.) El rey! Fio. {Una rodilla en tierra.) Perdón, señor, perdón! No para mí 5^ ya estoy condenada ; pero para él, cuyo único delito fue amarme sin saber quién fuese, y defenderme sin conoceros. Fel. {yé Flor inda.) Me habéis vendido. F/o. ]ÍPor salvaros, señor!
Fel. Ó rhas bien á él. Quién os dice que no tengo yo medios para protegerme á mi mismo contra un loco "á quien despreciaba demasiado para nombrarme? -(X/fl»j<i«rfo.) Don Pedro! y.i'.- .
oh no-- ■ ■■^SCB'^A XIV.
Clcrioi. DON Pedro gomez. um oficial, guardias
DEL REY.
Fel. (yí Gómez.) Ese mozo demente al alcázar. {Th-^ 'dicando el aposento de doria Florinda. ) Esta rauger aqui. Decidiré de la suerte de los dos.
Fio. Por qué, don Juan, no me dejasteis morir sola?" ~ ( Entrase á su aposento. ) ^
yuan. No pude vengar ni su honor, ni el mió! O ju- 'ramentomio! - - •' ' ' -
Fel. ( -^ los guardias. ) Retiraos.