Nociones de lógica · Capítulo real 2 de 5
Lección Tercera
Texto completo de esta unidad literaria, reunido aunque el lector la divida en 3 tramos técnicos para mejorar el rendimiento.
Lección Tercera.
f. Clasificación general «le nuestros conocimientos.
Divídcnse nuestros conocimientos, con relación al tiempo do su adquisición, en pasados, actuales y fu¬ turos.
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Los primeros serefieren á momentos ya pasados de nuestra existencia, constituyen nuestra esperiencia, y valen como recordados-, la función intelectual que los conserva y aplica se llama memoria. Los ac¬ tuales hacen relación á lo existente, y caen bajo el dominio de la conciencia si consisten en hechos in¬ ternos, bajo el de los sentidos si.son hechos externos, y bajo el de la razón si se trata de principios ó leyes universales, inmutables y eternas. Los conocimientos futuros, abrazan las cuestiones de posibilidad, y se resuelven por el entendimiento que elabora los datos de los sentidos y de la razón.
Esta clasificación puede guiarnos en el exámen lógico de las funciones intelectuales, puesto que coin¬ cide con la que pudiéramos hacer de nuestros conoci¬ mientos según sus fuentes, y llevarnos á la enumera¬ ción dé las reglas que deben, tenerse presentes, al ejercitar cada una de aquellas funciones.
8. De fia memoria como reproducción de conocimientos pasados.
La memoria es la facultad de conservar y repro¬ ducir los conocimientos adquiridos.
La memoria es perfectible como toda facultad anímica, y su perfección consiste, en que sepa con¬ servar con órden y reproducir con fidelidad las ideas de los objetos percibidos en tiempos anteriores. Do este modo el pasado no muere, y su ciencia es aprovechable en el presente, despertando á los lla¬ mamientos de esta facultad.
La memoria no es fuente de conocimientos, sino origen de recuerdos; el valor lógico de sus resultados esto es, el grado de verdad que envuelven, no es, pues, el del conocimiento como tal, sino el del conocimien¬ to como recordado; de aquí se deduce, que el valor ló¬ gico de un recuerdo, puede ser diferente y aun con-
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trario al del conocimiento que contiene: v. g. la re¬ producción de un sueño, puede valer mucho como re¬ cuerdo, y seguramente nada como conocimiento; por el contrario, la reminiscencia oscura ó el recuerdo vago é imperfecto de las verdades aprendidas en épocas anteriores, nada valen como reproducciones y sí mucho como conocimientos.
3. De qué depende la fidelidad del re¬ cuerdo.
La fidelidad de la reproducción depende en pri¬ mer lugar, de las condiciones con que se cumplió el hecho de la adquisición del conocimiento; porque so¬ lo puede ser reproducido aquello que cautivó nuestra atención, y fué estudiado con asistencia del sentido íntimo: esto es, aquello que fué aprendido con con¬ ciencia.
En segundo lugar, depende la exactitud del re¬ cuerdo de la mayor ó menor distancia que separa el momento pasado de la adquisición del conocimiento, del momento actual de su recordación: claro está que á medida que se halle mas próxima la época del cono¬ cimiento, el recuerdo será mas fácil y fiel.
Y en tercer lugar, depende nuestra confianza en la veracidad del recuerdo, del número de veces que haya sido recordado durante el tiempo que media entre el momento presente y la época de su adquisi¬ ción; es evidente que la frecuencia y el hábito de re¬ producir una verdad ó un suceso, aseguran su fideli¬ dad y nos tranquilizan respecto á su exactitud.
4. Reglas para el Inien ejercicio de la memoria*
Supuesto que la memoria es perfectible, pueden darse reglas lógicas para su ejercicio y aplicaciones; y toda vez que su poder reproductivo depende de su fuerza conservadora, á esta con preferencia, y no á
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aquel, irán encaminadas las reglas.
Es ley ideológica de la memoria, que los conoci¬ mientos se coordinan y enlazan en la mente según ciertos principios invariables, que constituyen lo que se llama ley de la asociación de las ideas. Tenien¬ do, pues, en cuenta que ha de satisfacerse esta nece¬ sidad de asociación, porque desordenadamente todo se sepulta en el olvido, las reglas para la conserva¬ ción de las verdades adquiridas, son:
1. a Los conocimientos deben clasificarse, orde¬ narse en grupos según sus relaciones naturales, ó coleccionarse con cierto arte y simetría, en virtud de las semejanzas y analogías que presenten.
2. a Las cosas que se retengan mal, deben asociar¬ se á otras que ya se conservan bien.
3. a Debe prestarse una atención suficiente al momento de la adquisición.
4. a Es muy conveniente que la sensibilidad se asocie á la inteligencia, tanto en la época de la adqui¬ sición, como en los momentos de las primeras re¬ producciones.
5. a y última; cultívese esta facultad con el ejercicio.
5, En qué consiste la ley de la asocia¬ ción de las ideas>
En el poder que tienen nuestros conocimientos ya asociados, de evocarse unos á otros; poder que tiene su fundamento en las leyes que tienden á relacionar estos conocimientos entre sí.
Conviene que conozcamos las relaciones naturales de los objetos, yá para que las auxiliemos en todo caso, yá para que no intentemos nunca sustituirlas por otras caprichosas, en tanto que aquellas sean po¬ sibles; de lo contrario, el ejercicio de la memoria se entorpece ó imposibilita,
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í». Cuántas y cuales son sus relaciones naturales.
Son tres: primera, relación de coexistencia.
La esperiencia, nos acredita, que al acordarnos de un cuerpo, nos acordamos de aquellos otros que le ro¬ deaban; que al recordar un lugar, recordamos los obje¬ tos contenidos en él; que al reproducir un suces’o, re¬ producimos todos sus'detalles y las circunstancias que le acompañaron; y que al representarnos un hecho, se nos ocurren otros varios que coincidieron con él. Así al recordar el bosque en que fuimos detenidos y roba¬ dos, se nos pintan con sorprendente viveza y minu¬ ciosa exactitud, los accidentes del lugar de la escena, las figuras de los bandidos, sus palabras, sus gestos y sus acciones, la hora, la estación y demás circunstan¬ cias del dia, y los detalles de cuanto se verificaba en aquel momento.
Segunda: relación de sucesión.
También nos dice Inexperiencia, que los fenóme¬ nos se ordenan en el tiempo; y que si bien no siempre el que viene después depende ó se relaciona con el que precede, el simple órden de su presentación ya es bastante para recordar el uno por el otro, aunque debámos siempre distinguir si estuvieron ó nó re¬ lacionados. Tal sucede cuando al ver un árbol re¬ cordamos sus sabrosos frutos; cuando al observar el aspecto del firmamento, se despierta en nosotros la imágen de una tormenta pasada; ó cuando al exami¬ nar, en fin, unas ruinas, acude á la fantasía la idea de la soberbia ciudad ya muerta y de sus antiguos héroes.
Tercera: relación de semejanza.
Por ella se enlazan objetos mqy heterogéneos en sí mismos; pero debemos cuidar mucho de que siem¬ pre tenga esta relación un fundamento verdadero:
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esto es, que la semejanza sea real. Al ver á un niño, solemos recordar el que lloramos perdido; al ver un huerto, aquel otro donde pasaron nuestros alegres juegos; al recorrer nuestras facultades intelectuales, la memoria puede recordarnos el cincel del escultor; la atención, el microscopio del naturalista; la imagi¬ nación, los colores del pintor; y la razón, el compás del matemático.
V. Reglas sacadas de las leyes de la asociación de ideas.
1. a Asóciense las ideas de los cuerpos que existen y aparecen juntos en el espacio.
2. a Relaciónenselos sucesos y accidentes simul¬ táneos en el tiempo.
3. a Refiéranse las cualidades á las’ sustancias, prefiriendo las esenciales á las accidentales.
4. a Enlácense los hechos sucesivos, sin empeñar¬ nos en buscarles una relación natural cuando no la tengan.
5. a Atiéndase á la relación de la causa con el efecto, cuando estemos convencidos de que existe.
6. a Guárdese la relación lógica del principio con sus consecuencias, distinguiendo las deducciones absolutas délas hipotéticas y las generales de las particulares.
7. a Clasifíquonse los objetos por sus caractéres de semejanza, sin dejarnos llevar del gusto á las me¬ táforas, y sin establecer géneros ó grupos puramente artificiales y caprichosos, mientras la naturaleza presente afinidades y analogías.
8. ° En resúmen: para asociar nuestras ideas, debemos estudiarlas relaciones naturales, buscar su fundamento, y rechazar todo lo que pueda parecer arbitrario, ó dar lugar á agrupaciones caprichosas y meramente poéticas.
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Loccion Cuarta..
1. Conocimientos actuales: cuestiones tle existencia.
Para adquirir los conocimientos de los objetos existentes en la actualidad, tenemos varios medios en correspondencia con las diversas esferas en que se ofrecen esos objetos: si se trata de hechos internos, disponemos del sentido íntimo; si de fenómenos ex¬ ternos, de los sentidos corporales; si de principios ó leyes, de la razón.
En el terreno de los hechos, tanto internos como externos, tenemos que valernos para llegar al cono¬ cimiento,de la aplicación de ciertos principios raciona¬ les tales como el de causalidad , el destibstancialidkd, el de razón suficiente , y el de contradicción, con ayuda de los cuales, dado un fenómeno, indagamos su causa y averiguamos su ley: v. g. yo siento , luego ec - sisto; es decir; toda modificación supone un ser, el sentir es una modificación, luego en mí existe un ser que siente: allí veo humo , luego hay fuego; esto es, todo efecto tiene causa, y el humo la tiene en el fue¬ go; veo el efecto humo, luego allí existe la causa fue¬ go: esta niña llora; pero como todo fenómeno que se dá tiene razón suficiente para darse, me acerco á la niña y le pregunto, nó si tiene razón para llorar, sino cuál es esa razón: tal es la intención de esta pregunta; porqué lloras?-, por último; un triángulo no es un cuadrado, porque no es posible que á un mismo tiem¬ po afecte un solo objeto formas contradictorias.
S. Realas para resolverlas cuestiones «le existencia actual, en los límites «le la observación.
Este conocimiento do lo invisible, sacado de lo vi-
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sible, este descubrimiento de lo desconocido, partien¬ do de lo-conocido, que es el método fundamental en las ciencias de observación, sin el cual no puede dar¬ se un paso en las cuestiones prácticas de la vida, puede sin embargo inducirnos á error; y para evitar¬ lo, dá la Lógica las reglas siguientes:
1. a Si la experiencia constantemente acredita que dos objetos se presentan juntos, de modo que dado el uno siempre se percibe el otro, y que la falta de uno ¿e ellos trae consigo la ausencia de los dos, podemos juzgar que tienen entre sí algún enlace: pero lacoecsistencia de dos ó mas objetos considerada por sí sola y observada algunas veces, no autoriza para creer que haya dependencia ni otra relación entre ellos.
2. a Si se ha observado siempre que dos objetos se suceden de tal manera, que dado el primero se si¬ gue constantemente el segundo, y este jamás se dá sin aquel, ni el segundo antes que el primero, podre¬ mos inducir que existo entre los dos una relación de dependencia, y que el que sigue emana ó deriva del que precede. Pero la sucesión casual de dos cosas, observada algunas veces, no dá derecho á suponer tal dependencia de la una respecto de la otra.
3. a La relación que supone la existencia simultᬠnea ó la sucesión inmediata, cuando han sido obser¬ vadas muchas veces, no siempre es la de dependencia directa de los objetos entre sí; que también puede ser la de los objetos simultáneos ó sucesivos con relación, á un tercero, mas ó menos próximo, mas ó menos fá-* cil de descubrir.
C5. De la conciencia, como origen de los conocimientos sensibles internos.
La conciencia es el resultado del conocimiento de nuestras propias modificaciones. Ya hemos visto que el alma puede dirigir su atención al esterior, ó
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concentrarla en el interior dedicándose al estudio de sí propia.
La conciencia puede ser de dos maneras: simple ó directa, cuando se limita á sentir sus propias modi¬ ficaciones; y doble ó refleja, cuando se reconoce como una facultad capaz de estudiarlas por medio de la re¬ flexión.
Creen algunos que hay afecciones internas de' que no tenemos conciencia: si fuera así, no podrían ser señaladas; hablar de ellas, supone que han sido conocidas; lo que sí sucede es, que hay seres y casos, en los cuales,existe la conciencia de esas modificacio¬ nes, sin conocimiento de esa conciencia: asi sucedo á los animales, á los locos, 4 los idiotas, al vulgo y á los que no han adquirido la ciencia de sí mismos, los cuales aunque tienen la conciencia simple que acom¬ paña necesariamente á toda modificación anímica, carecen de la conciencia doble, puesto que no tienen conciencia de su conciencia. Así nos sucede á todos en los casos en que obra el instinto, ó el hábito cie¬ go, ó en los que cedemos á una pesadilla y obramos sonámbulos.
4. Cualidades del testimonio de la conciencia.
El testimonio de la conciencia es puramente per¬ sonal y no se estíende mas allá del recinto estrecho, pero profundo, de la conciencia misma; si estendemos sus deposiciones á las conciencias de los demás, es en virtud de un juicio inductivo apoyado en el principio de que idénticos efectos proceden de causas idénti¬ cas; inducción confirmada mas tarde por una demos¬ tración que parte del conocimiento de las leyes del mundo espiritual.
El testimonio de la conciencia es directo: nues¬ tras propias modificaciones caen directamente bajo el
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poder de nuestras observaciones internas, porque se verifican en el mismo sugeto que las estudia, ó son producidas por 61.
Es también inmediato , porque del alma al alma, no hay intermediario; de la substancia á sus propias modificaciones no hay términos interpuestos; lo que no sucede con el conocimiento de lo externo, que se obtiene por medio del organismo.
De aquí se deduce, que las aseveraciones de la conciencia son infalibles, con tal que se refieran á su objeto propio; si salen déla esfera subjetiva, pierden su infalibilidad; si no salen de ella y son erróneas, el vicio emana del entendimiento que elabora torpemente ó combina mal los datos acusados por ella.
Por último, el testimonio de la conciencia es uni¬ versal: si solo fuera patrimonio de los que llegan á co - nocer sus fundamentos y sus leyes, dejarían de tener conciencia la mayor parte de los hombres; pero sien¬ do una facultad ,de tantas y tan importantes aplica¬ ciones á la vida, y tan útil y necesaria, el Creador ha dotado con ella á todo espíritu racional,
5. Reglas lógicas para la buena direc¬ ción de la conciencia.
Todos los preceptos que puede dar la Lógica res¬ pecto al ejercicio de esta facultad, van encaminados á distinguir lo que le es propio, de todo aquello que, no siendo de su dominio, suele comprenderse en él y quedar envuelto en las deposiciones del sentido ínti¬ mo. Estos preceptos son dos:
l. 1 La conciencia no debe salir de su esfera pro¬ pia, si quiere conservar su infalibilidad.
2.° La conciencia es falible cuando estiende sus afirmaciones ó negaciones al mundo externo, supo¬ niendo en él las causas, los efectos ú otras circunstan¬ cias del fenómeno que le pertenece.
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La doctrina de la reflexión, que ya queda breve¬ mente expuesta, termina esta doctrina.
Lección. Quinta.
1. Continuación. Conocimiento sensi¬ ble externo.
El conocimiento sensible externo abraza el de to¬ dos los fenómenos que se realizan fuera del rjeintode la conciencia. Se adquiere mediante el ejercicio de los sentidos corporales, los cuales nos ponen en comu¬ nicación con el mundo corpóreo, dándonos noticias de la existencia actual de muchos objetos, y de sus acci¬ dentes y propiedades. Con tales datos fabrícase el elevado y estenso edificio de las ciencias empíricas ó experimentales.
2. Su división.
El conocimiento de la existencia de un ser, puede ser adquirido directa ó indirectamente: se ad¬ quiere directamente , cuando el objeto cae de algún modo bajo el poder de nuestros sentidos; é indirectamentí ?, cuando, no impresionando nuestros propios órganos, se nos afirma ó niega su existencia por otros liombres. La brevedad de la vida, y lo estrecho dei horizonte que abarcan nuestros sentidos, hacen ne¬ cesaria la autoridad humana.
El conocimiento directo , puede ser mediato é in - mediato: es inmediato, si los sentidos nos ofrecen el °hjeto; y mediato, si con ocasión de ciertas sensacio¬ nes, el entendimiento induce la existencia de nuevas cosas. Ejemplos: el conocimiento de la casa en que nací, el del pueblo donde viví algunosaños, el de las per-
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sonas que me rodeaban, es sensible, externo, directo'. el de César y Pompeyo, el de la antigua Atenas, el de la Batalla de Villalar, son conocimientos sensibles externos indirectos , mi vista percibe una campiña, mi olfato aspira los perfumes del romero y del tomi¬ llo, mi oido escucha el murmullo del arroyo, mi pa¬ ladar saborea una dulce manzana que ^oprimo entre mis dedos: todas estas impresiones producen otros tantos conocimientos sensibles, externos, inmediatos ; en fin; una inscripción, una moneda antigua, unas ruinas, la lava de un volcan apagado, una osamenta, algunas conchas halladas muchos pies bajo el suelo, revelan á mi entendimiento la existencia anterior de otros objetos, y le lanzan á nuevos conocimientos, que apoyados en datos sensibles externos, son media¬ tos con relación á los sentidos.
3, Importancia de los sentidos, como origen de conocimientos directos.
Nos sirven los sentidos para conocer el mundo externo: cada uno de ellos nos revela uil órden de fe¬ nómenos especial, y nos suministra el conocimiento de ciertas propiedades determinadas, por las que sole¬ mos inducir otras nuevas: con estos datos sensibles forma el entendimiento los juicios de esterioridad, que dan lugar á las ciencias empíricas y nos guian por la senda de la vida. Por medio de los sentidos satisface el hombre muchas necesidades de su natu¬ raleza, y halla los medios de cumplir su destino. Son además un instrumento necesario para la comunica¬ ción con nuestros semejantes, y un conducto para lle¬ gar á conocer la existencia de los espíritus; porque los efectos y signos que nos acusan la presencia de ellos, no podrían ser percibidos por quien careciera de sentidos, ni por lo tanto podría su entendimiento lanzarse al descubrimiento y afirmación de su exis-
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tencia. De aquí que debamos procurar su conserva¬ ción y desarrollo, cuidándolos y educándolos esmera¬ damente, con la observancia de los preceptos psico¬ lógicos y de las reglas de la higiene.
4. üíeglas para el filien uso de los sen¬ tidos.
Como no siempre los órganos se hallan bien con¬ servados, como suele suceder que no les hayamos dado la educación ni el desarrollo que debieran al¬ canzar, y como, aunque esto sea asi, ó lió nos ser¬ vimos de ellos como debiéramos, ó la preocupación, la parcialidad, la indolencia, las alucinaciones y la precipitación, pueden dar á los fenómenos que nos trasmiten un valor diferente y aun opuesto al que les corresponde, de aquí la necesidad de dictar reglas á su ejercicio, que alejen el error y les proporcionen la infalibilidad. Estas reglas, son:
1. a El sentido debe estar sano y bien organizado. Un ojo enfermo, percibe mal y se engaña fácilmente; un oido torpe ó dolorido, pierde los detalles de la música y halla defectos armónicos donde existen be¬ llezas, ó encuentra armonía donde faltan el ritmo y la cadencia: un paladar indispuesto, encuentra des¬ abrido lo mas sabroso y amargo lo que es dulce: un olfato torpe ó impedido, ó nó percibe sino los olores muy fuertes, ó encuentra repugnantes las esencias mas suaves: un tacto en fin, tosco y grosero, es in¬ sensible á ciertas delicadezas; mientras que un es¬ tado morboso puede exagerarle hasta hacernos ex¬ perimentar sensaciones de calor y frió intolerables.
2. a Cada «sentido tiene su esfera propia de ac¬ ción, y dentro de ella sus límites cuantitativos y cualitativos. La vista no sirve para conocer la tona¬ lidad del sonido, ni el oido para apreciar las grada¬ ciones del color: al mismo tiempo, la vista en su es-
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fera propia tiene límites de estension que la impiden percibir lo que se halla fuera de su alcance, y lími¬ tes de intensidad, que dificultan la percepción de lo escesivamente pequeño. La vista no puede medir el firmamento, ni contar las moléculas de un polvo de arena. Esto mismo pasa á los demás sentidos.
3. a Los sentidos deben prestarse mútuos auxilios; y así confirmadas las deposiciones de cada uno de ellos con las de los demás, el conocimiento es mucho mas digno de crédito. Una decoración teatral, pue¬ de producir una perfecta ilusión al sentido de la vis¬ ta; pero si nos llegamos á ella, el tacto puede destruir la alucinación óptica: el olor de un manjar puede ha¬ cernos creer que estará dulce; el paladar puede per¬ suadirnos de que es amargo.
4. a En el ejercicio de cada sentido, no debemos olvidar que media siempre una relación entre los ob¬ jetos y los órganos, determinada por leyes fatales. Así para percibir á distancia, es preciso que esta sé halle desprovista de obstáculos, que se tengan en cuenta las leyes de la óptica ó de la acústica, etc. que se observe de antemano el estado de los órganos, que se tenga presente la posición de los objetos etc.: v. g. una campiña aparece mas ó menos colorada, se¬ gún que la atmósfera es mas ó menos diáfana y transparente; el agua parece que está mas fría cuan¬ do humedecemos en ella una mano, que cuando sumerjimos un pié: un rumor lejano se escucha con di¬ ferente intensidad cuando nos lo conduce el aire, que cuando llega á nosotros por el agua: un mismo man¬ jar hoy nos agrada y luego nos disgusta etc.-
5. a Merece desconfianza el testimonio de los sen¬ tidos, l.° si las deposiciones de los diversos órganos son contradictorias: necesítase entonces repetir las observaciones y dar mas crédito al sentido que actúa
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en su esfera propia: un palo sumergido en agua, aparece doblado á la vista y recto al tacto : debe creerse á este último que se aplica á su objeto propio y nó á la vista que se ejercita á través del agua y fuera de sus condiciones habituales. 2.° Si el testi¬ monio sensual se opone á las leyes naturales: vemos salir del seno de la tierra un fantasma, crecer, tocar al cielo y desvanecerse como humo; debemos no dar crédito á la vista, y atribuir esto á delirio de la ima¬ ginación: las leyes de la naturaleza son indefectibles} salvo el caso de los milagros. 3.° Si nuestros conoci¬ mientos sensibles están contradichos por los de los demás hombres; entre muchas personas que se hallan en una habitación, una de ellas ha creído oir un grito y corre desaforada; los demás la detienen y niegan el hecho; debe creer que ha sido ilusión suya y nó un fenómeno real. 5.° Si el testimonio de los sentidos se opone al curso regular de las cosas; creo escuchar el rumor de un combate, me parece distinguir el rui¬ do de las armas, la coñfusion de los que huyen y el choque de los que pelean; pero todo esto debe ser efecto do la fantasía, porque vivimos en tiempo de paz, y el órden de las cosas aleja hasta la posibilidad de una guerra.
6. a Los sentidos deben limitarse á darnos á cono¬ cer las apariencias, pero de ningún modo las esen¬ cias; por ellos solo puede juzgarse de lo que aparece, y no de lo que es en sí; v. g. percibo un fenómeno; veo caer una piedra, aspiro un olor, saboréo un man¬ jar; debo limitarme á decir lo que esperimento, sin aventurarme á hablar de sus causas,, ni á esplicar mis sensaciones, ni á juzgar de la naturaleza de los objetos que me afectan, hasta no haber confirmado mis observaciones y aplicado provechosamente otros medios de conocer.
7. a El ejercicio de los sentidos debe hallarse libre y desembarazado de toda prevención apasionada; el que con ánimo turbado por el miedo recorre de no¬ che un camino orillado de árboles y maleza, entre los arbustos, detrás de cada tronco, en cada piedra, cree ver un bandido; las ramas que el viento agita, son brazos armados contra él, y el ruido del mismo carruage quele conduce,es el que producen sus persegui¬ dores: del mismo modo;el que anhela ardientemente ob¬ tener un resultado especial de sus inve stigaciones, al menor indicio cree en su alucinación haber hallado lo que buscaba, y abandona imprudentemente el cur¬ so de sus observaciones.
8. a Por último; conviene perfeccionar los senti¬ dos con un ejercicio frecuente y racional. El grado de desarrollo que puede alcanzar un sentido, no es fácil de calcular: obsérvese la asombrosa perfectibili¬ dad á que llega el oido en algunos músicos; la que suelen alcanzar este mismo sentido y el tacto en los ciegos; la sorprendente perspicacia de ciertos hombres que perciben con su penetrante vista los mas minu¬ ciosos detalles, y el tino de algunos gastrónomos que aciertan las diferentes sustancias que componen un condimento complicado.
£5. Observación acerca del conocimien¬ to sensible, adquirido mediatamente.
Ya hemos dicho que á donde no llegan los senti¬ dos, suele lanzarse el entendimiento, pasando de lo sentido á lo nó sentido, y alcanzando un conoci¬ miento de aquellos objetos que no ejercen acción al¬ guna sobre los órganos, ó porque son incorpóreos, ó porque no se hallan en disposición de afectarlos.
Este tránsito de lo sensible á lo insensible, exige dos condiciones: 1. a que tengamos una idea mas ó menos completa ó general del objeto desconocido:
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y 2. a que hayamos podido descubrir anteriormente, que media entre los dos alguna relación. Para que del hallazgo de un hueso descubierto en las profundi¬ dades de la tierra, venga yo al conocimiento de la existencia antidiluviana de un cuadrúpedo, es me¬ nester que sepa distinguir entre los huesos de los di¬ ferentes animales, los que pertenecen á los cuadrúpe¬ dos; y para que fije su existencia en los tiempos an¬ teriores al Diluvio: necesito poseer conocimientos geológicos que aplicar á este caso.
En la adquisición de los conocimientos sensibles mediatos , deberán tenerse en cuenta las reglas ex¬ puestas para resolver las cuestiones de existencia actual.
Lección sesta..
I. Continuación,—Conocimientos sen¬ sibles externos indirectos.
Los estrechos límites que ponen á nuestras inves¬ tigaciones personales el tiempo y el espacio, hacen que tengámos necesidad del testimonio ageno. Na¬ cimos ayer y no podemos saber lo que hicieron tantas generaciones como nos han precedido, si no nos lo cuentan: vivimos en un punto del globo y no es posi¬ ble que sepamos lo que ocurre en las regiones antípo¬ das, si no nos lo dicen.
Tratándose de la naturaleza, aunque conozcamos sus leyes y sepamos que son constantes y universales, no podemos presumir qué combinación de circunstan¬ cias ha podido complicar las causas para producir de¬ terminados efectos en un momento y lugar dados; y tratándose de actos humanos, imposible es adivinar
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cuáles lian sido, y son hoy lejos de nosotros, las emanaciones de causas libres.
Tenemos, pues, necesidad del testimonio ageno.
25. Condiciones del testimonio huma¬ no.
Para que sea valedero el testimonio de los hom¬ bres, se exigen en el testigo dos condiciones: capaci¬ dad y veracidad' la primera asegura que el testigo no ha podido engañarse; y la segunda que no ha po¬ dido engañarnos.
Prueban la capacidad del testigo.
1. ° Su talento, su tacto, su penetración, sus co¬ nocimientos.
2. ° Su independencia, su imparcialidad, su amor á la verdad y su prudencia.
3. ° Su interés y su facilidad de saber la verdad.
4. ° La naturaleza misma del hecho, su claridad y su importancia.
Acreditan la veracidad del testigo.
1/ Su moralidad como hombre y su probidad co¬ mo historiador.
2. ° Su cualidad de testigo presencial.
3. ° La conformidad de su relato con el de los de¬ más narradores.
4. ° El número y carácter de los testigos que lo refieren.
5. ® Los riesgos que ha corrido ó las persecucio¬ nes que sufrió por haber dicho la verdad.
3. Reglas lógicas que deciden del \aloi* del testimonio humano.
Pero como el historiador puede estar engañado, ó como sus apreciaciones pueden ser erróneas aunque hechas de buena fó, la lógica nos dá, para evaluar sus noticias, las siguientes reglas:
L n Ténganse en cuenta las cualidades morales y
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sociales del historiador, los medios de que dispuso pa¬ ra hallar la verdad y las condiciones de su escrito.
2. a Sepárese con cuidado la parte narrativa del escrito, de la filosófica en que se encuentran las apre¬ ciaciones individuales del expositor.
3. a Entre varios testigos, deben preferirse los oculares.
4. a Entre los testigos oculares, es preferible el que no tuvo intervención en el asunto, y que por lo tanto no debió á él ganancia ni pérdida alguna.
5. a Cotéjense los diferentes relatos; y lo que to¬ dos refieren sin contradiciones ni grandes variantes, debe tenerse por cierto, como también aquellos suce¬ sos cuyas huellas y efectos fueron muy permanentes. Lo sostenido.'por unos y callado por otros, puede reputarse probable, como lo asegurado por historiadores no con¬ temporáneos y pasado en. silencio por los que pu¬ dieron presenciarlo, debe tenerse por dudoso.
6. a Lo que sea’contrario á la razón, debe sertenido por falso; pero no debe declararse contrario á la razón lo que parezca imposible ó repugnante en el actual orden de cosas, ni aquello cuya esplicacion no podamos comprender, ó cuya causa supere d nuestras facultades.
7. a Todo escrito póstumo publicado por personas desconocidas ó de poca confianza, debe ser reputado como apócrifo ó adulterado.
8. a Las revelaciones de intrigas y manejos secre¬ tos, públicos ó privados, merecen la fé del que sale responsable.
9. a Las relaciones de pueblos, costumbres, usos y sucesos muy distantes en lugar y tiempo, merecen poca confianza; como las relaciones de viajeros que no hayan permanecido tiempo suficiente en los luga¬ res y entre las gentes que describen.
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10. a Los periódicos no lo dicen todo respecto á las personas ni á las cosas, aun en los países mas libres, y deben recibirse sus noticias con gran cautela y con una prudente desconfianza.
11. a Finalmente; rara vez deberá darse crédito á los escritos anónimos.
4. Testimonio divino.
Pero además del testimonio humano, hay otra au¬ toridad que nos impone conocimientos que traspasan el alcance de nuestros medios de conocer; y esta es la de Dios ó la de su Iglesia.
Como tal autoridad es absoluta, poique en ella coinciden con el máximum de su fuerza todas las ra¬ zones que determinan nuestro asentimiento, el testi¬ monio divino merece nuestra mas firme adhesión; este completo asentimiento es un tributo racional y justísimo de nuestra fé, rendido ante la infalibilidad de la sabiduría infinita.
5 • Advertencia respecto á este testi¬ monio.
Si bien es verdad que no podemos dudar de la palabra de Dios, ni pedir los fundamentos de la ver¬ dad revelada, también lo es que esto no abre las puer¬ tas de nuestra credulidad á la superchería ni al fana¬ tismo. La crítica lógica advierte, que conviene dis¬ tinguir en este punto dos cosas muy diversas: 1. a si es verdad que Dios ha hablado: y 2. a si lo que Dios ha hablado es verdad. Respecto á esto último, la ra¬ zón calla y se postra y la fé recibe y cree; pero en cuanto á lo primero, la discusión se entabla acalora¬ da, se exigen las pruebas, sé analizan escrupulosa¬ mente todos los datos, y la defensa de los fueros ra¬ cionales es justa, porque debe producir el fundamen¬ to de la fé.
t». Existencia d© la verdad revelada.
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En primer lugar, la revelación es posible; porque si Dios nos ha dado el lenguaje, claro está que no se hallará privado de él, y sinos lia dado una inteligen- * cia para que entendamos al hombre, con mayor ra¬ zón nos la habrá dado para que entendamos á su Au¬ tor si es necesario.
En segundo lugar, el hecho de la rebelación es universal; todos los pueblos del mun do hablan de él> aunque le desfiguren y adulteren, sin que pueda su¬ ponerse que las ideas de los seres sup eriores, de los espíritus, de la vida eterna, de la inmortalidad del al¬ ma, queson patrimonio de la humanidad entera, pue¬ dan ser producto de la fantasía, ni'ocurrencias frecuen¬ tes en quienes nada pueden saber por sí mismos de otro mundo diferente del que habitan.
Y en tercer lugar, el hecho actual de la revela¬ ciones de una verdad histórica innegable, porque existe la sociedad cristiana, y en el la la Iglesia católi¬ ca, que es la depositaría de esas verdades reveladas. Negar la revelación, es negar la autori dad de las Sa¬ gradas Escrituras; y la veracidad de este libro está probada, por el cumplimiento de las profecías conteni¬ das en él, por las pruebas de la divinidad de Jesucris¬ to, por innumerables milagros, por la estension pro¬ digiosa de la doctrina cristiana, por la sangre de in¬ numerables mártires, por diez y ocho siglos de exis¬ tencia azarosa que cuenta la historia de Rom a, por la sublimidad délas verdades escritas endicho libro, por la ciencia y virtud de los Santos Padres y los conci¬ lios, y en fin, para terminar, por la infalibilidad mis¬ ma de Dios, que nos habla continuamente por los la¬ bios del bienaventurado Pió IX.
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