Nociones de lógica · Sección preliminar
Preliminares
Texto completo de esta unidad literaria, reunido aunque el lector la divida en 2 tramos técnicos para mejorar el rendimiento.
A LA JUVENTUD.
REGLAMENTO
DE SEGUNDA ENSEÑANZA de 15 de Julio de 1867.
CAPÍTULO III.-ARTÍCULO 19.
Primer año.
Por la mañana.
Lección de psicología, (lias alternos; duración ho¬ ra y media. El Profesor do esta asignatura cuidará do dar préviamente á las nociones de Psicología una rápida esplicacion por espacio de 15 ó 20 lecciones de Lógica elemental, ó sea de los principios fundamentales del arto de discúrrir, indicaciones indispensables para la marcha ordenada deja mentó en la investigación do la verdad.
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Unciones í>c í’ógka.
['REPARACION AL ESTUDIO DE LA PSICOLOGÍA.
Lección Primera.
f. Objeto de la Lógica como arte de discurrir.
La Lógica es la ciencia del conocimiento.
Conocer, es poseer la verdad: y en tanto es vale¬ dero un conocimiento, en cuanto expresa la realidad.
La realidad es la verdad considerada en las,,cosas; (verdad material): si se la considera en el entendi¬ miento que conoce, es la conformidad del conocimiento oon la cosa conocida; (verdad formal): v. g. el sol alumbra, yo existo, son verdades reales ú objetivas : conozco que el sol alumbra y que yo soy inteligente, son verdades formales ó subjetivas.
Si queremos discurrir bien, debemos procurar la posesión de la verdad; porque si no conocemos las cosas como son en sí, lejos de caminar al fin propio del entendimiento, que es la verdad, tropezamos con¬ tra su escollo, que es el error. Decimos que el objeto debe ser conocido en sí, tal como él es, porque si le
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percibimos á medias, torpemente ó por partes, el co¬ nocimiento no está acabado, es incompleto: y si le percibimos con alguna añadidura ó mudamos sus ca- . ractéres ó le privamos de cualquiera de sus partes, el conocimiento no es exacto, hay error. El entendi¬ miento odia el error y se disgusta con fracciones de verdad; busca y ama por el contrario Ja verdad entera y completa.
Por otra parte; solo el perfecto conocimiento de las cosas produce los sabios en el orden científico, los genios en el artístico, los hábiles en el político, los diestros en el ejercicio de todas las carreras y pro¬ fesiones, y los hombres honrados en el orden práctico de la vida.
2. Sus reglas*
Para encaminar el entendimiento á la posesión de la verdad, hay principios y reglas.
Los principios, no son otros que las leyes de nues¬ tro espíritu, las cuales señala y esplica la Psicología en sus diversos tratados, y especialmente en el que se ocupa de la inteligencia, ( Nooioffí&);y las reglas, son las máximas que se apoyan y desprenden de aquellos principios, y que nos dicen cómo debemos dirigir nuestro entendimiento para alcanzar la verdad.
La Lógica, es, pues, arte y ciencia\ arte, porque nos dá reglas para hacer bien una cosa; pensar, dis¬ currir, hallar la verdad y huir del error: ciencia, por¬ que contiene en sí la razón de esas mismas reglas.
Nosotros que vamos á considerar la Lógica como arte, podemos definirla como un conjunto de reglas que nos llevan á la adquisición y enunciación de la verdad\ ó como la definía Cicerón, regla para dis¬ tinguir lo verdadero de lo falso (regula vero et falsi.)
3. Su importancia.
En la utilidad de las reglas Lógicas, han conve-
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nido siempre los sabios antiguos y modernos: Sócra¬ tes llamaba á la Lógica Don de los dioses; y los mo¬ dernos filósofos de Alemania, la llaman Ciencia de las ciencias. Como tal, recibe los dictados de Órganum ó instrumento para la invención y formación de todas las ciencias, tanto empíricas como raciona¬ les; de Canónica , porque es la regla segura que nos conduce pronta y fácilmente á la verdad; de Prope¬ déutica ó preparación de la inteligencia á la adqui¬ sición de conocimientos ciertos y valederos: de Ar¬ quitectónica, porque levanta todo el edificio de nuestra ciencia; de Orgánica, porque esplica y faci¬ lita el ejercicio del organismo intelectual de nuestro espíritu: y de Higiene en fin, porque nutre nuestro entendimiento con los jugos saludables de la verdad y lo purga de la ponzoña del error.
Como arte; no solo interesa á los filósofos, sino á todas las gentes; tiene multitud de aplicaciones im¬ portantes, y se estiende su influencia, no solo á todas las-profesiones y carreras, sino á los actos mas senci¬ llos de la vida práctica. El entendimiento es una po¬ tencia que actúa siempre y en todos los hombres; y si se embota ó tuerce, ó nos volverémos estúpidos é idiotas, ó, faltos de guía, caeréinos en el abismo de los errores, dejándonos seducir por los sofismas.
4. Diferentes aspectos del entendi¬ miento con relaciona sus operaciones.
Podemos dividir el entendimiento según sus,fines ó aplicaciones, en teórico y práctico: el entendi¬ miento teórico, nos sirve para discurrir, y produce aquellos juicios que deciden de la verdad ó falsedad de las cosas. Sus resultados los aprovecha solo la inteligencia, y se expresan en la ciencia. El entendi¬ miento práctico, por el contrario, es el que engendra los motivos que determinan nuestras resoluciones, y
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sus resultados trascienden al esterior y constituyen los actos humanos. El primero nos sirve para racio¬ cinar; el segundo dirige nuestra conducta: aquel de¬ cide de la verdad ó falsedad de las 'cosas; este busca el fin y elige los medios para alcanzarlo. Ambos se someten- á las reglas que la crítica lógica les señala.
5. Facultades del alma de cuya direc¬ ción cuida la Lógica.
Por lo que acabamos de decir se comprende, que esta ciencia dirige aquellas facultades que producen nuestros juicios y las que concurren á la determina¬ ción de nuestros actos. Entre las primeras se hallan la conciencia , la memoria , los sentidos, la imagi¬ nación, la razón y el entendimiento , entre las se¬ gundas se encuentran además el sentimiento y las pasiones.
(i. Importancia del conocimiento de sí mismo.
La facilidad con que nos equivocamos en nuestros juicios, las deplorables consecuencias del error y los resultados funestos que estos vicios intelectuales pro¬ ducen en la vida práctica, prueban suficientemente la importancia del conocimiento de sí mismo. Su ne¬ cesidad y utilidad han hecho sin duda que nuestro Creador lo ofrezca tan fácil á todos los hombres, así como su delicadeza y gravedad están aconsejando que se emprenda con toda formalidad, que se continúe sin interrupción y que se lleve á cabo con paciencia y constancia.
No es posible que descansemos tranquilos, sobre la verdad de una ciencia adquirida con ignorancia de los mismos medios de que nos hemos valido para adqui¬ rirla. —No es fácil que nos hallemos satisfechos, con la posesión de conocimientos obtenidos sin saber las leyes del sujeto que conoce. No es dable ejercitar
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la inteligencia, ignorando sus funciones, las esferas de acción de cada una de ellas y sus limites natura¬ les. Ni es en fin, prudente, que admitamos como cier¬ to, ó bello, ó bueno, todo aquello que ha podido ser considerado á través del prisma de nuestras preocu¬ paciones ó del cristal sonrosado de nuestros senti¬ mientos, ó del vidrio engañador de las pasiones. El estudio, pues, mas importante, el mas útil, el que debiera preceder á todos y el que lia de emprenderse cuando nuestro desarrollo intelectual lo permita, es el de nuestros medios de conocer, el de las leyes de nuestro espíritu como sugeto conocedor, el de las funciones intelectuales con sus límites y condiciones, el de las fuentes de nuestros errores y las causas pa¬ ra evitarlos, en una palabra, el de no'sotros mismos. Ninguna ciencia puede sernos mas interesante que la que nos tiene á nosotros mismos por objeto; ningu¬ na mas trascendente por cuanto tiende á perfeccio¬ narnos, ni ninguna mas provechosa, supuesto que al darnos el conocimiento propio, nos dá el de los de¬ más hombres con quienes liemos de vivir en relacio¬ nes civiles y religiosas, políticas y sociales.
Lección. Segunda.
f. Operación fundamental del enten¬ dimiento.
La condición necesaria y constante para llegar al conocimiento de la verdad, es la atención.
La atención es una operación intelectual, por la cual se dirigen y aplican nuestras facultades á un objeto.
Hemos dicho que la condición necesaria para pen¬ sar bien es la «atención, porque aunque á veces se
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ofrecen los objeto^ al espíritu sin que éste atienda á ellos, el conocimiento entonces ó es imposible ó peca por incompleto, inexacto ó erróneo. Lo nó atendido no tiene valor para nosotros; pasa desapercibido sin que apenas lo sienta el corazón, ni lo conozca el en¬ tendimiento, ni lo aprenda la memoria; así sucede con lo que miramos sin ver, ú oimos sin escuchar, ó comemos sin gustar; así se verifica en los casos de profunda abstracción, en las meditaciones, en los éxtasis.
Por la misma razón, las interrupciones que per¬ turban la atención, las digresiones que la hacen va¬ gar de uno á otro objeto, la pereza, madre de la des¬ aplicación y la repugnante indiferencia hácia la ver¬ dad, dificultan, corrompen ó anulan nuestro aprendizage.
La atención debe ser constante y sostenida, aun¬ que suave: es menester evitar el ensimismarse y el distraerse, si queremos adquirir un conocimiento, j uzgar de un hecho ó discurrir acerca de un princi¬ pio ó de una máxima; solo así podremos decidir de un fenómeno, de las cualidades de una acción, de la ^certeza de un relato ó de la belleza y utilidad de una producción cualquiera. La atención debe ser flexible, sin que sea floja ni perezosa; de esta manera se podrá graduar su intensidad y su estension, hacerla maso menos penetrante y pasarla de uno á otro objeto, de una á otra cualidad ó parte de un mismo objeto, sin que la indolencia lo estorbe ni el espíritu se fatigue.
S. Sus ventajas é inconvenientes.
No solo es la atención condición necesaria para conocer, sino que distingue y esclarece los objetos, hasta completar el conocimiento de ellos y hacerlo mas exacto; hace posible el ejercicio de las demás funciones intelectuales multiplicando sus fuerzas, y
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fija, en fin, nuestras ideas en la memoria, dándoles condiciones de duración y orden que-facilitan el re¬ cuerdo; por eso se ha llamado á la atención buril de la memoria.
Pero una atención exagerada, tenaz y persisten¬ te, se hace abusiva y produce nuestros errores y preo¬ cupaciones por una parte, y el ensimismamiento y la monomanía por otra. Auxiliada de la imaginación, y en ese mismo grado de aplicación incesante á un solo orden de objetos , puede producir desde el dolor; de cabeza, á la hipocondría y la locura; ásí como otras veces se aplica á la curación de estos mismos males, separándo la mente poco á poco de 'sus ideas fijas, arrebatándole su perjudicial fijeza, y dándola en cambio esa agilidad que puede hacerla pasar sin es¬ fuerzo de unas á otras ocupaciones. La buena aten¬ ción no es incompatible con la oportuna distracción? ni con la diversión y el recreo: aquella no consiste en no pensar; sino en variar de objetos; y esto último, nos permite descansar de los trabajos sérios, diri¬ giendo el espíritu hácia otros asuntos mas agrada¬ bles y ligeros, y sobre todo completamente diversos.
3. Sus condiciones.
La atención debe ser una en su dirección; porque pluribus mtentus, minor est ad singula sensus. La atención dividida entre muchos objetos, no puede dar por resultado un conocimiento perfecto de nin¬ guno de ellos.
Directa en su fin; porque si divaga en contempla¬ ciones inútiles haciendo que el espíritu se fatigue con percepciones estériles, desgastará sus fuerzas y lle¬ gará á empezar estenuada las observaciones que de¬ bió emprender con brío.
Enérgica aunque flexible , para que pueda llegar á profundizar hasta donde la verdad se encuentre, y
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pasar de uno á otro aspecto., de una á otra parte del objeto, á fin de dar con el secreto que se intenta sor¬ prender. La superficialidad, así como la flojedad de la atención, ceden ante los obstáculos, se contentan con la apariencia, toman lo que parece ser por lo que es , y engendran graves errores.
Por último: debe ser sostenida', esto es firme, sin escesiva dureza, para que podamos conseguir el triun¬ fo que seguramente nos arrebatarían el abatimiento ó la impaciencia. Pero conviene que esta firmeza no raye en terquedad; porque es inútil gastar las fuerzas intelectuales en una lucha desigual; porque es probable que hallemos fácil mañana lo que el can¬ sancio y la ira ofuscan hoy; y porque en fin, la obsti¬ nación no puede producir sino el error para el enten¬ dimiento y las enfermedades para el cuerpo.
El secreto para conseguir una atención conve¬ niente, se halla ante todo en el amor al estudio, el entusiasmo por la verdad, el orden en el trabajo, y la tranquilidad del espíritu. -
4. En qué se diferencia la atención de la reflexión.
La reflexión solo se diferencia de la atención, en la dirección comunicada al espíritu por la diferente posiciomque ocupa el objeto de su estudio respecto al alma: cuando aquel es exterior al espíritu que tiende á conocerlo, el alma acude á los sentidos para recibir las impresiones que ocasiona si es un fenómeno, ó de¬ ja que la razón le alcance si es un principio y que le conduzca al entendimiento donde se elabora y fija el conocimiento: el espíritu atiende. Pero si el obje¬ to es interno, si es un fenómeno de conciencia, ó una verdad gravada en la mente y reproducida por la memoria, el espíritu se reconcentra, se replega sobre sí mismo y procura estudiar suS propias modificado-
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nes: el alma entonces reflexiona. Este poder concen¬ trador y reflejo del espíritu, es el que hace posible el estudio de nosotros mismos.
La ijiteligencia, pues, se derrama al esterior po r los órganos, para conocer el mundo externo y sensi¬ ble; se remonta en alas de la razón, cuando quiere penetrar en el mundo supra-sensible de las causas y los principios; y retrocede y vuelvo sobre sí, cuando intenta escudriñar lo que pasa en su propio recinto y adquirir la ciencia útilísima que surge de la con¬ ciencia. Para conocer lo sensible externo, el espíri¬ tu atiende; para llegar á lo racional, discurre', y para penetrar en lo interno, reflexiona.
.■>. 5.os efectos (te Bu reflexión son anᬠlogos á los de la atención, aunque en di¬ ferente esfera.
La atención distingue el objeto á que se aplica de los demás, ganando aquel ante la consideración del espíritu lo que pierden gradualmente todos los otros; de la misma manera el fenómeno de concien¬ cia sobre que recae la reflexión, aparece, inundado por la luz intelectual, mas claro ante el pensamiento, mientras que todas las otras modificaciones envueltas en la sombra, se borran y desaparecen. El poder escrudiñador ó analítico de la atención, distingue en el objeto atendido, partes, cualidades ó atributos, que una mirada ligera ó una ojeada superficial no hubie¬ ran podido descubrir: así también la fuerza penetrante de una reflexión detenida é imparcial, descompone la complexidad del hecho interno, cuenta sus elemen¬ tos, marca sus carácteres y le determina con exacti¬ tud, distinguiéndole de los demás de su misma es¬ pecie. En fin; la atención graba las ideas de los ob¬ jetos en la memoria, como la reflexión coloca el fe¬ nómeno de conciencia entre los de su mismo género,
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lo fija en las profundidades de la mente y lo evoca en circunstancias oportunas.
Apesar de esta analogía de las dos operaciones, liay entre ambas algunas diferencias. La primera de ellas, es la mayor dificultad y delicadeza de este movimiento inverso ú oblicuo déla reflexión, com¬ parado con el directo de la atención. La segunda diferencia estriba en la índole de los fenómenos, no menos reales y observables los unos que los otros, pero mas fugaces, mas tumultuosos á veces y mas difíciles de sorprender y estudiar cuando se dan en la conciencia, que cuando tienen por ’ teatro el mundo externo. La tercera diferencia depende, de que en la atención el espíritu se halla íntegro y dedicado de una manera completa á la observación del fenómeno; y en el ácto de reflexión, gran parte, por decirlo así de él, se halla bajo el influjo del mismo fenómeno que se estudia, lo cual hace mas laboriosa y arriesgada la reflexión. Y por último; la atención se ejercita en el espacio donde se estiende el mundo de los cuerpos y la reflexión en el tiempo, donde se desarrolla la vi¬ da del espíritu.
Cí. Si son las condiciones «le la reíl'ecsion las mismas de la atención.
Si; la reflexión debe ser como la atención 'una, di¬ recta, enérgica y sostenida.
Hay tanta mayor necesidad de que la reflexión sea una en su dirección, cuanto que los hechos internos son innumerables, se suceden con una .rapidez tan prodigiosa como la en que se siguen los momentos del tiempo, y suelen ser muy complejos ó aglomerarse en la conciencia con una profusión que asusta y sor¬ prende.
La vivacidad de los hechos internos y la facilidad con que desaparecen y se sustituyen los unos A los
otros, hacen necesaria la reflexión directa ; porque si nos distraemos, si divagamos, el fenómeno desaparece sin ser observado y á veces sin dejar huella.
La composición complicada de muchos de los he- , chos de conciencia, y la posibilidad de que acudan va¬ rios á la vez, exigen que la reflexión sea enérgica, hasta poder separar los que se agrupan y distinguir entre ellos el que ha de ser observado, ó hasta des¬ componer su complexidad y percibir distintamente cada uno de sus elementos.
Y Analmente; la reflexión ha de ser sostenida y firme, para completar el conocimiento de la concien¬ cia y grabarlo en la memoria, procurando no desna¬ turalizar los fenómenos ni destruirlos, remover los obstáculos que se opongan á su estudio, y distinguir en ellos la parte que observamos, de aquella que mu¬ chas veces sirve do medio ó instrumento de obser¬ vación.
Para conseguir que la reflexión reúna estos carac¬ teres, conviene alejar de nosotros todo motivo de dis¬ tracción, todo interés que nos lleve hácia lo exteric r ó todo impedimento que surja del interioré impida nuestro exámen. La soledad y el retiro respecto al mundo, y la tranquilidad y el propósito decidido res¬ pecto al espíritu, favorecen el estudio do nosotros mismos.