Nuestra patria, lectura para niños · Capítulo real 5 de 17

CAPITULO VII

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CAPITULO VII

COMO SE FORMO LA PATRIA CUBANA

IJO. — Papá, ¿y siempre existió la Patria del cubano?

Padre. — No, niño; la Patria cubana hace poco que existe: Cuba era una colonia española, hasta que el valor y el esfuerzo gigantesco de sus hijos la convirtió en Patria, lo más grande y sagrado, como te he dicho, que tiene el hombre en la vida.

Hijo. — Papá, ¿y cuándo los cubanos empezaron a hacer Patria?

Padre. — Hijo, como tú sabes, España descubrió a Cuba y al continente americano; España conquistó a muchos países americanos y esclavizó a los habitantes de ellos, que recibieron el nombre de indios; después los gobernantes españoles los tiranizaron y en Cuba los exterminaron; los españoles que de España vinieron más tarde no con-

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Simón Bolívar

sideraron como españoles a los hijos de los que les habían precedido y que en' Cuba habían fundado familias, y empezaron por malquistarse con los hijos de Cuba de origen español, negándoles injustamente el derecho que los españoles tenían en España y en sus territorios. A medida que el tiempo avanzaba era mayor la injusticia y la inquina aumentaba y la idea de la separación de España empezó a surgir en la mente del cubano maltratado, que alentado por las luchas de las Américas española y sajona, a favor de sus libertades e independencia, abrigó el deseo de la separación y pensó en la necesidad de la guerra. El Libertador Simón Bolívar concibió, a ruego de cubanos, la idea, en 1826, de libertar a Cuba. ¡Ah! esa idea de Bolívar no pudo llevarse a la práctica por cuestiones internacionales y Cuba continuó gimiendo en medio de su esclavitud; pero a pesar de ello, los ideales de la Patria no se borraron de la mente del cubano, y en el año 1850, en el mes de mayo y en su día 19, un venezolano ilustre, general del Ejército español, intenta dar la libertad a Cuba, y Joaquín de Agüero, bravo y rico camagüeyano, emprendió también la ímproba tarea de libertar a la colonia; pero fracasaron en su glorioso intento, seguramente por falta de preparación.

Narciso López desembarcó en Cárdenas con una gruesa expedición y permaneció allí pocas horas, al cabo de las cuales se retiró de la Isla. El 12 de agosto de 1851 vuelve a Cuba, y en Playitas, en la Provincia

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Narciso López

de Pinar del Río, al norte, y cerca del puerto de Bahía Honda desembarca, se bate con fuerzas enemigas superiores, que dispersaron a los suyos. Entregado por un cubano de apellido Castañeda, (aquí tienes un mal hijo de la Patria), cae a pocos días prisionero en poder de los españoles; traído a la Habana y juzgado Narciso López en consejo de guerra, fué condenado a muerte y agarrotado en el campo de la Punta (hoy Glorieta del Malecón), el día Io. de septiembre de 1851. Muchos

compañeros de Narciso

López fueron también fusilados, y otros, debido a las reclamaciones del gobierno norteamericano, salvaron sus vidas.

Joaquín de Agüero, que se había sublevado el 12 de agosto de 1851 en el distrito de Camagüey, tampoco tuvo éxito, y prisionero de los españoles corrió la misma suerte que Narciso López. El mismo fin tuvo Isidoro Armenteros en Trinidad.

Joaquín de Agüero

IJO. — Papá, a eso no pudo quedarse reducida la acción de los patriotas cubanos, puesto que somos libres.

Padre. — Te impacientas mucho y te adelantas a los sucesos; espera y escucha, ten calma y sabrás todo lo que hicieron los cubanos por lograr su libertad y hacer su Patria . Hijo. — Pero dímelo pronto, quiero saber en seguida todo lo que hicieron los cubanos para hacer la Patria cubana.

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Padre. — Niño, los cubanos, después del fracaso déla acción de Joaquín de Agüero y de Narciso López, no desmayaron en su obra; su sueño fué hacer de Cuba una nación libre, independiente, soberana, en una palabra; los cubanos laboraron con enérgica actividad en la obra de hacer la Patria, para que el hijo de Cuba pudiera llamarse ciudadano, tener su hogar, tener su familia y vivir con decoro, con dignidad, con honor, respetado por todos los hombres de las tierras libres. Más tarde, allá por el año de 1852, y dirigido por Francisco de Frías, conde de Pozos Dulces, hubo un intento de otra revo-

Conde de Pozos Dulces

lución en Pinar del Río, en la que otros cubanos dieron su vida ; y todavía en el año 1855, un catalán, Ramón Pintó, republicano español, intentó libertar a Cuba; pero denunciado al gobierno español, fué reducido a prisión y ejecutado el 21 de marzo de 1855 en el campo de la Punta (Habana), frente a un cuartel que tenían allí los españoles. Los cubanos, después de esos fracasos, se dedicaron con sigilo a preparar la revolución y hubo un hombre, José de la Luz y Caballero, que amó inten-

Ramón Pintó

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sámente la idea de la libertad sirviéndola con gran esmero e infiltrándola en los discípulos del colegio que fundara con el nombre de "El Salvador".

La sabiduría, el talento, la energía y su gran autoridad moral, le crearon ante los cubanos y españoles una gran reputación; por eso prendió tan bien en el sentimiento cubano la idea de libertad, de decoro y de dignidad que él predicó; los cubanos comprendieron fácilmente que un colono tiranizado no podía ver realiza- _i-¡ilia das las predicaciones de

José de la Luz y Caballero ; era preciso ser libre, ser ciudadano y ser patriota, para poder sentir las predicaciones del gran filósofo, del gran educador de los cubanos.

José de la Luz y Caballero hizo en su colegio hombres dignos, hombres patriotas, al mismo tiempo que los hizo sabios y valientes; Luz y Caballero hizo comprender a sus educandos y a su pueblo que era mejor morir que vivir sin derecho y sin respeto; aquel filósofo, aquel sabio, aquel patriota, enseñó a este pueblo el alto significado de la palabra CIUDADANO; él fué el precursor de nuestras libertades patrias.

Los cubanos más inteligentes, mi querido hijo, y los más ilustrados, se enamoraron de esas ideas de libertad y de decoro, y fueron a su conquista, y en el año 1868, el 10 de octubre, estalló la revolución que acaudilló Carlos Manuel de Céspedes en la jurisdicción de Yara, en su ingenio "La Demajagua"; este hombre era rico y de supremo valor, de gran corazón, de una ilustración

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José de la Luz y Caballero

poco común y lleno de intenso amor por su Patria. Nació en Bayamo el día 18 de abril de 1819.

Su amor a Cuba fué tan grande, que abandonó su hogar, su riqueza, sus comodidades, su vida plácida y tranquila, y retó en combate sin igual a la poderosa España, y llevó a la pelea a sus esclavos, a quienes dio la libertad, y a los amigos y vecinos, diciéndoles éstas o parecidas palabras: " Ya que España no quiere oír las justas reclamaciones de Cuba, hagámosle la guerra para ^g^M^^^ conquistar con las armas

/' y con el sacrificio de la

vida y el bienestar, la libertad y el decoro para esta hermosa tierra en que nacimos". Carlos Manuel de Céspedes desde aquel día no tuvo otra aspiración ni otro ideal que no fuera la República de Cuba. Ofrendó día por día y de modo singular su propia vida, ya que nadie demostró más heroísmo que él en el momento supremo de la gran contienda y muriendo frente al enemigo el 27 de febrero de 1874, en la finca San Lorenzo, situada en la Sierra Maestra. Guerrero y poeta fué Carlos Manuel de Céspedes; probó lo primero combatiendo y lo segundo cantándole al majestuoso Cauto, que le inspiró el siguiente soneto:

AL CAUTO

Naces, ¡ oh Cauto ! en empinadas lomas, Bello desciendes por el valle ufano, Saltas y bulles juguetón, lozano, Peinando lirios y regando aromas;

Carlos Manuel de Céspedes

Incendio de Bayamo por los patriotas de Céspedes. 11 de Enero de 1869.

Luego el arranque fervoroso domas,

Y hondo, lento, callado por el llano, Te vas a hundir en el inmenso Océano ; Tu nombre pierdes y sus aguas tomas.

Así es el hombre; entre caricias nace, Risueño el mundo al goce le convida. Todo es amor y movimiento y vida;

Mas el tiempo sus ímpetus deshace,

Y grave, serio, silencioso, umbrío, Baja y se esconde en el sepulcro frío.

! P lADRE. — Niño, desde el día 10 de octubre mellllll morable, la guerra se mantuvo en todo el terri- "™™ torio de Oriente y Camagüey. El lema de aquellos patriotas fué: " Vencer o Morir", " Libres o Muertos".

Los cubanos de aquellos días rivalizaban entre sí en actos de valor y patriotismo. El incendio de Bayamo para evitar que cayera en manos de los españoles, demostró a éstos, con sus gigantes llamas, que parecían llegar al cielo en demanda de justicia, la decisión de los patriotas de morir o tener Patria.

Así son los patriotas, mi querido niño ; a nada en absoluto se puede amar ni se puede venerar como a la Patria; fíjate en que constantemente te repito los conceptos, las ideas de libertad y deberes para con la Patria, para que no olvides que son tuyos y que debes cumplirlos.

Bayamo, quemado por sus hijos, dueños de aquellos lugares, demuestra claramente lo que aquellos hombres, lo que aquellas mujeres, lo que aquellos niños amaron a la Patria. Todo Bayamo ardió. No hubo nada, por bueno y estimable que fuera, que se escapara

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del incendio. "Humo y cenizas para el enemigo; que éste no toque con sus manos nuestros sagrados hogares, las reliquias de nuestro pasado; no queremos ninguna otra cosa que no sea nuestra bandera, nuestra Patria; de no ser todo eso, queremos tan sólo la muerte". Así debieron decir los hombres, las mujeres y los niños de Bayamo; en aquel momento histórico no hubo pobres ni hubo ricos, ni hubo blancos ni hubo negros; todos fueron iguales, todos daban a Cuba libre sus bienes y

sus comodidades y todos se enfrentaron con el enemigo y pusieron el pecho a las balas homicidas del opresor, y todos cantaron con el gran patriota, autor del Himno de Bayamo, combatiente en la jornada, Pedro (Perucho) Figueredo, el himno cubano, el himno de Bayamo, la Bayamesa, tocada allí por primera vez como himno de guerra.

Las notas de esa música se unieron en los aires, con el chirriar del incendio, con el tronar del fusil, con el ¡ay ! del moribundo, con Pedro Figueredo el grito del patriota de

"¡Viva Cuba Libre!", y se consideró como un honor concedido por Dios mismo el recibir allí la muerte y regar con su sangre de hombre libre, de patriota, la tierra esclavizada, que sería sin disputa libertada por el esfuerzo y el valor del patriotismo cubano.

Aquellas familias, mi querido niño, se fueron a los montes, dejándolo todo y arrostrándolo todo para luchar, junto con sus hombres, por Cuba libre. Los hombres peleaban y las mujeres curaban a los heridos y enseña-

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ban a sus niños con el sacrificio y la abnegación, el deber que tenían que cumplir, cuando fueran grandes, con la tierra amada.

Las familias de Bayamo fueron imitadas por las de Santiago y Camagüey.

Las más ricas y las más pobres se fueron al campo de la revolución, ocuparon los montes, y en humildísimos bohíos y con una pobreza extrema vivían felices trabajando por Cuba, ayudando al hombre, siendo virtuosas y abnegadas enfermeras y entusiastas ciudadanas que daban aliento a los guerreros, que para poder pelear tenían que quitar las armas al enemigo, ya que la revolución no tenía fusiles para combatir.

Así, hijo, con ese ejemplo, la revolución se extendió por el territorio de Camagüey y de Las Villas y hubo intento de invasión a las provincias occidentales de Cuba, haviendo llegado las huestes revolucionarias cerca de la villa de Colón. La revolución fué servida y mantenida durante diez años por los cubanos de gran valor; ricos y pobres, sabios e ignorantes, blancos y negros, soportaron, en aquellos diez años que duró la guerra, una lucha tremenda y fatigosa. Ellos realizaron actos de heroísmo y de valor dignos de los más grandes hombres de la Historia, afrontaron los combates, sufrieron las más espantosas miserias y desnudeces; pero a pesar de eso, la revolución fracasó, los recursos se terminaron, sus hombres, desaparecidos en los combates o

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Manuel de Quesada

General en Jefe del ejército combatiente en 1868.

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PEDRO FIGUEREDO

ARREGLODE MARÍN OTERO

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en las epidemias, no tuvieron sustitutos; pero así y todo, aquella heroica revolución no fué vencida; ella pactó con el poder de España y consiguió por lo menos libertad para los esclavos y ofrecimientos de derechos políticos para los cubanos; y aun en ese momento mismo del pacto, hubo un hombre, general de la revolución, que en el punto conocido por los Mangos de Baraguá, alzó su voz y levantó su machete para expresar al gobierno español su protesta

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General Antonio Maceo

Salvador Cisneros Betancourt

Presidente del gobierno revolucionario (1873).

de aquel pacto, de aquella paz, afirmando que él y los suyos no la aceptaban, que seguirían combatiendo por el decoro y la libertad cubana. El hombre, el "mambí", el patriota que mandaba y dirigió las fuerzas protestantes de Baraguá, fué el valiente entre los más valientes, el mayor general Antonio Maceo, quien más tarde, al poco tiempo, tuv,o que aceptar lo inútil que era combatir con enemigo tan poderoso, y rendido a la evidencia, abandonó el territorio cubano,

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sin otro compromiso que el de volver a Cuba en el momento oportuno para morir por ella o darle la libertad. Los hombres más preclaros de aquella gran revolución fueron Carlos Manuel de Céspedes, su iniciador; Francisco Vicente Aguilera, Manuel de Quesada, Antonio Maceo, Ignacio Agramonte, Máximo Gómez,

Julio Sanguily, Calixto García, Salvador Cisneros, Tomás Estrada Palma y muchísimos más; de los cuales se pudiera decir que ellos y todo aquel ejército fueron iguales en el valor, en el sufrimiento, en la abnegación, en el honor, en el amor a Cuba y en su excelso patriotismo.

! J"f JIJO.— Papá, ¿cómo,

Bill s* se Percno la gueg|'" '"* rra, somos libres?

Padre. — Niño, ten paciencia, que ya lo sabrás todo.

Francisco Vicente Aguilera

Hijo de Bayamo, hombre muy rico, de gran talento, de vasta ilustración; abrazó la causa de la revolución y fué a prestarle sus servicios al extranjero (New York) ; fué electo Presidente del Gobierno de la Revolución en 1873, pero no pudo tomar posesión de dicho puesto por dificultades en el regreso a Cuba.

Hijo. — Papá, es que me siento emocionado por el conocimiento que tú me haces tener de los patriotas cubanos, de esos magníficos hijos de Cuba, cuyo sacrificio y cuyo valor los hacen tan grandes como aquellos espartanos que la historia nos cuenta; ya tengo deseos de saberlo todo de una vez, y desde luego te aseguro que si la Patria me necesita algún día, me tendrá con igual valor, con igual amor que el que tuvieron los cubanos de aquellos tiempos. Te lo juro.

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Padre. — Niño, me alegro mucho de que esta conversación te enseñe a amar, a adorar a la Patria, y te coloque en disposición de servirla y de amarla como la amaron y sirvieron aquellos hombres y aquellas mujeres, aquellos viejos y aquellos niños, aquellos ricos y aquellos pobres, juntos con aquellos blancos y aquellos negros.

Entre la población pacífica de Cuba de entonces hubo revolucionarios en cantidad inmensa que ayudaban a la guerra en la forma que podían, prestándole grandes beneficios; entre ellos descolló como suprema figura el multimillonario cubano Miguel Aldama y Alfonso, cuya fortuna no era igualada por ninguna otra en Cuba en aquella época, y toda la ofreció a la revolución. Su patriotismo hizo que él expusiera toda su riqueza y prefirió el destierro y la vida incierta a vivir seguro y rico en Cuba esclava; aquel hombre, que desde el día en que nació, vivió y creció como príncipe de rica casa, prefirió la pobreza a pactar con el déspota opresor.

Niño, contempla el rostro de ese hombre que muestra ese retrato; de ese hombre que fué rico, que fué bueno, que fué patriota, que sirvió a la Patria dándole su dinero, dándole toda su fuerza moral y que aceptó por ella todas las desventuras; ese hombre debe ser recordado por los cubanos buenos y patriotas.

Miguel Aldama y Alfonso

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