Nuestra patria, lectura para niños · Capítulo real 14 de 17

CAPITULO XIX

Texto completo de esta unidad literaria, reunido aunque el lector la divida en 1 tramo técnico para mejorar el rendimiento.

CAPITULO XIX

LA PO LITICA

[ H JUO- — Papá, la política, ¿qué cosa es la política? Pllljl El maestro nos anuncia para dentro de poco unas ImmM lecciones sobre política; dice que la política es una cosa muy importante en la vida de los pueblos; que todos los buenos ciudadanos deben saber de política y deben practicarla. Cuando yo leo algún periódico, veo que también éstos se ocupan de la política y hablan de política, y tus mismos amigos, cuando conversan contigo en nuestra casa, hablan de política, y yo por eso quisiera saber bien qué cosa es la política y qué importancia tiene ella en la vida de los pueblos y en la vida individual de los ciudadanos.

Padre. — La política, mi querido hijo, tiene mucha importancia; la política es el arte de gobernar a un pueblo, a una nación. La política se practica según el sistema o forma de gobernar a un pueblo. Esa forma o sistema se denomina régimen político.

Los regímenes políticos han variado durante el transcurso de la humanidad; existieron primero los regímenes absolutos; es decir, donde los hombres eran gobernados por otros hombres según su lógica, su razón y su capricho, sin más derechos, sin más ley que los deseos de su dictador, de su amo, de su déspota, que mandaba e imperaba porque una fuerza lo apoyaba y lo hacía omnipotente.

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Después vinieron regímenes políticos más liberales, hereditarios o no, donde el pueblo era dirigido por hombres que tenían que obedecer preceptos de leyes que el pueblo, por medio de organismos especiales, dictaba. A esos se les llamaban imperios o monarquías constitucionales; y por último, vinieron los regímenes democráticos, en que una política liberal plena de derechos y de deberes gobierna a los pueblos y permite a éstos elegir, por medio del sufragio electoral, es decir, del voto, a sus gobernantes y a sus legisladores.

El régimen democrático autoriza al pueblo a elegir sus jueces, sus concejales, sus alcaldes, sus gobernadores, su congreso y su ejecutivo nacional.

Por medio de leyes se establecen las épocas de las elecciones populares para elegir a los hombres que han de regir las funciones de la gobernación de un pueblo.

La política, en los países donde impera el absolutismo, nada importa practicarla, porque como no hay libertad, la política siempre será el deseo manifiesto del déspota, del tirano, que manda, que impera sin sujeción a ningún precepto legal. En las monarquías constitucionales es más obligatorio el deber de hacer política por el ciudadano, porque aunque los derechos de éste están un tanto limitados por ciertos preceptos legales a favor de los que gobiernan, una buena acción política del ciudadano obliga, a los que mandan, a vivir dentro de las leyes que los sostienen.

En las democracias, en que el pueblo es el que gobierna, en que el voto del ciudadano es el que forma los gobiernos y el que forma las cámaras legislativas, el que forma los ayuntamientos y el que forma, en una palabra, todos los instrumentos de gobierno y de administración pública de una nación, deben los ciudadanos todos, sin excepción de ninguna clase, hacer política, interesarse de algún modo en la política de su país, para que conozca y se dé cuenta exacta de las necesidades de su pueblo, para votar en consonancia con los programas de los partidos políticos que parezcan más prove-

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chosos, más capaces de remediar los males de su pueblo. El voto es un deber que ningún ciudadano debe eludir; el que no ejercite su derecho de votar no es un buen ciudadano, no es un buen patriota; porque no le interesa ni el presente, ni el futuro de su patria.

Los ciudadanos que no hacen política, los ciudadanos que no votan, que no depositan en la urna electoral el día de los sufragios electorales su voto, son seres que en realidad no merecen el respeto de los que aman con

sinceridad y con elevación de corazón, la bandera de su patria.

El voto ha sido definido por la niña Olga del Busto, alumna de la Anexa para Maestras, de la siguiente manera:

El Voto

El voto es el derecho sagrado que tiene el hombre para elegir al ciudadano que, según sus opii niones e ideas, sea el más

digno de ocupar un cargo. El ciudadano, al depositar su voto en la urna oiga dei Busto del colegio electoral que

le corresponda, debe hacerlo con el deseo de que su Patria tenga gobernantes dignos que la impulsen por el camino del progreso, haciendo de ella una nación digna, de la que los habitantes de los demás puntos de la tierra puedan decir :

"Es una nación adelantada y progresista, y sobre

todo, una nación honrada, una nación digna que ha

adelantado por el solo camino del deber y del honor."

El ciudadano que por una circunstancia cualquiera

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venda su voto, o lo compre a otro, comete una acción villana, una acción indigna y deshonrosa.

Las elecciones son el acontecimiento que cada cuatro años se celebra en Cuba, en distintos períodos en otros países, y consisten en que todo ciudadano que ame a la Patria, como debe de hacerlo, tiene la obligación de votar y depositar su voto en la urna, como buen ciudadano que es y debe ser.

Yo opino que como la mujer es apta para desempeñar sus deberes en el hogar y con sus hijos, también es apta para ser electa, para tener y depositar su voto y para ejercer cargos públicos, para saber desempeñarlos y conocer tanto como el hombre lo que se necesita para el bienestar y engradecimiento de la Patria.

La mujer debe de influir en su hogar con la familia, para que sea elegido el candidato que crea más digno y honrado y más bueno y más patriota.

Olga del Busto.

Está tan admirablemente descrito lo que significa el voto y el deber de emitirlo, que realmente causa júbilo contemplar a una niña cubana, normalista, de catorce años, aspirante a maestra, con capacidad tan grande, que promete ser una futura preparadora de buenos ciudadanos para nuestra República.

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