Nuestra patria, lectura para niños · Capítulo real 13 de 17
CAPITULO XVIII
Texto completo de esta unidad literaria, reunido aunque el lector la divida en 1 tramo técnico para mejorar el rendimiento.
CAPITULO XVIII
ENSEÑANZA PUBLICA
IJO. — Papá, ¿la enseñanza tiene mucha importancia? Te pregunto esto porque el maestro de mi escuela siempre nos dice a los niños que a ella concurrimos, "que lo más importante que tiene una nación son las escuelas públicas, porque en ella se enseña a la población infantil pobre que no puede pagar maestros ni colegios privados, y porque la escuela pública viene siendo así como el templo donde se da sabiduría a los niños, preparando en ellos a los hombres del mañana que han de dirigir a su pueblo."
El maestro nos sigue diciendo: "Niños, apliqúense, estudien mucho para que aprendan, sepan y conozcan todo lo más que sea posible. La enseñanza pública es el mayor bien que un gobierno puede hacer a su pueblo; ningún otro servicio público redunda tanto en beneficios como la enseñanza pública, porque ella impulsa a un país por el camino de la civilización; lo engrandece, lo eleva y lo hace respetable y es admirado por los otros pueblos de la tierra. "
Te pregunto nuevamente si es cierto todo eso que nos dice el maestro, y tú mismo acabas ahora de decir bellas cosas sobre los maestros y la institución.
Padre. — Sí, querido niño; todo eso es verdad; la enseñanza pública es el acto más bello que un gobierno puede realizar; todo gobierno que se respeta y que res-
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peta al país que dirige y administra, está en el deber de instruir a su pueblo; de hacer que sepa, por lo menos, leer y escribir con corrección; que conozca bien los elementos de la aritmética y que adquiera otros conocimientos generales de su pueblo y de la naturaleza; pero la enseñanza que debe ser primordial, imprescindible, imperiosamente impuesta, es la que enseña al niño a leer bien y a escribir bien; sabiendo leer y escribir bien, se da cuenta de lo que lee y escribe y su espíritu goza en grado sumo y se siente atraído al libro que lee, o a las páginas que escribe.
Los niños que leen bien, los que son capaces de darse cuenta de lo que leen o escriben, se sentirán naturalmente atraídos al estudio, y serán en el mañana hombres ilustrados que beneficiarán con su talento a su país, a su familia y a su propia persona.
Los que leen bien, es decir, los que comprenden lo que leen, sienten con la lectura un goce espiritual inefable; ese goce obliga al buen lector a buscar constantemente libros nuevos que leer, y en esos libros y esas lecturas, el buen lector encuentra derroteros que, siguiéndolos, harán la felicidad propia y muchas veces la felicidad ajena.
Sí, querido hijo, tu maestro tiene razón: la enseñanza es una cosa muy buena, muy laudable, magnífica, sublime; los pueblos que saben mucho, son más humanos y más civilizados y gozan de la vida mejor que los pueblos menos civilizados, y por supuesto, el goce de los pueblos superiores está en razón inversa del goce de los pueblos salvajes, ya que éstos no representan nada más que un dolor humano.
Saber leer y escribir bien representa una fortuna, un capital inmenso, cuyo interés es inapreciable, no calculable, porque los goces de los hombres cultos que forman los pueblos civilizados no tienen guarismo en cuanto se refiere a la felicidad del espíritu y los bienes que de esa civilización se desprenden en beneficio material para los hombres.
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El que sabe leer y escribir lo puede hacer todo; él solo se basta a sí mismo para todo : él escribe sus cartas a sus padres, a sus hermanos, a sus amigos; él lleva sus apuntes, sus notas, sus cuentas, él puede reservar sus secretos y acrecentar su felicidad al gozar con el estudio, que le hace adquirir nuevos y mayores conocimientos.
Sí, mi querido hijo, respeta a la escuela, respeta y quiere a tu maestro; acude constantemente a la escuela, aprende todo lo que el maestro te enseña, sé respetuoso con toda persona que sea capaz de enseñarte nuevos conocimientos.
La escuela te enseña a leer, te enseña a escribir, te enseña a contar, te proporciona conocimientos de la naturaleza, de la vida cósmica y humana; te enseña urbanidad, educación; es decir, comportamiento correcto y decente en la vida pública y privada; cosas, éstas, muy esenciales, porque el observar bien las reglas de una bue-
Grupo de profesoras de la Anexa de la Normal de
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Grupo de alumnos de la Escuela Normal de Maestras.
na educación le da a uno buenas amistades, y al darle a uno tanto bien, le proporciona ventajas en la lucha por la vida.
Quiero que sepas, querido niño, que nuestra Cuba, nuestra República, ha progresado mucho por el camino de la enseñanza pública. Ella ha formado buenos maestros que enseñan al niño con amor y con altura, afanándose por mejorar ellos sus conocimientos para mejorar después la enseñanza, para que el niño reciba la mayor cantidad posible de conocimientos, y es de esperarse que ella, la República, continúe avanzando por el camino del progreso para elevar la instrucción pública a un grado eficiente, para que los cubanos puedan aprender artes y oficios sin costo alguno, devolviendo ellos en bienes a la Patria los sacrificios que ella realiza en favor de su pueblo.
Mira, contempla estas fotografías de escuelas públicas, con sus aulas llenas de niños, dirigidas por sus
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maestros, y éstas otras que representan la Escuela Normal, donde la juventud cubana recibe conocimientos suficiente para convertirse en buenos maestros del porvenir.
Garlitos AguirrO^Sánchez
Quiero ahora, mi querido niño, mostrarte el retrato de Carlitos Aguirre y Sánchez, de rica cuna, modelo de hijo, de joven, de caballeros y de estudiantes; muy inteligente; amó el estudio, y tanto, que todos los premios que la Universidad da a los buenos, a los aplicados, a los sobresalientes, los obtuvo él en sus carreras de Derecho Público y Derecho Civil, y cuando su familia y su Cuba, c[ue amó con pasión de buen cubano, esperaban de él todo lo que su carácter, su bondad y su talento prometía, falleció trágica e inesperadamente en el extranjero.
Este joven de 20 años, merece ser conocido por los niños estudiosos, para que recordándolo traten de imitarlo, fíjate en su rostro pleno de bondad e inteligencia.
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