Nuevas lecturas · Unidad 10 de 74
Unidad 10 · 4° I CTL'RAS
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4° I CTL'RAS
es sin duda algo semejante á lo de haberse comido la materia remota del Santísimo Sacramento.
Y si algo más resulta, tenga V. E. por cierto, que el moralista más severo podría muy bien absolverle, sin necesidad de recurrir á los oportunos/^ accidens del zorro del apólogo.
Y aunque esto no se pudiera, dígame por su vida, señor excelentísimo: ¿Hay cosa más hermosa en un gran caballero, que tener siempre ante los ojos, en su trato con los pobres, aquella noble sentencia de nuestro gran hablista Cervantes?
«Cuando pudiere y debiere tener lugar la equidad, no cargues todo el rigor de la ley sobre el delincuente, que no es mejor la fama de juez riguroso, que la de compasivo».
Este título es el que deseo yo para V. E., cuya vida me guarde Dios muchos años.
De Valdehigas á 17 de Abril de 1798.
Suyo afectísimo y obediente servidor,
Luis Coloma, S. J.
RATÓN PÉREZ <x)
(i) Este cuento, inédito hasta el presente, se escribió para S. M. el Rey Alfonso XIII, cuando contaba ocho años.
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RATÓN PÉREZ
(cuento infantil)
Sembrad en los niños la idea, aunque no la entiendan: los años se encargarán de descifrarla en su entendimiento y hacerla florecer en su corazón.
^Pntre la muerte del rey que rabió y el advenimiento al trono de la reina Mari- Castaña, existe un largo y oscuro período en las crónicas, de que quedan pocas memorias. Consta, sin embargo, que floreció en aquella época un rey Buby I, grande amigo de los niños pobres, y protector decidido de los ratones.
Fundó una fábrica de muñecos y caballos de cartón para los primeros, y sábese de cierto, que de esta fábrica procedían los tres caballitos cuatralbos, que regaló el rey D. Bermudo el Diácono á los niños de Hissén I, después de la batalla de Bureva.
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Consta también que el rey Buby prohibió severamente el uso de ratoneras, y dictó muy discretas leyes para encerrar en los límites de la defensa propia, los instintos cazadores de los gatos: lo cual resulta probado, por los graves disturbios que hubo entre la reina doña Goto ó Gotona, viuda de D. Sancho Ordóñez, rey de Galicia, y la Merindad de Ribas de Sil, á causa de haberse querido aplicar en esta las leyes del rey Buby, al gato del Monasterio de Pombeyro, donde aquella Reina vivía retirada.
El caso fué grave y sus memorias muy duraderas, por más que unos autores digan que el gato en cuestión se llamaba Russaf Mateo, y otros le llamen simplimente Minini. De todos modos el hecho resulta probado, aunque nada diga sobre ello Vaseo, ni tampoco lo mencione el Cronicón Iriense, y el bueno de D. Lucas de Tuy haga como que se olvida del caso, quizá, quizá, por razones de conveniencia.
Consta también que el rey Buby comenzó a reinar á los seis años bajo la tutela de su madre, señora muy prudente y cristiana, que guiaba sus pasos y velaba á su lado, como hace con todos los niños buenos el ángel de su guarda.
Era entonces el rey Buby un verdadero encanto, y cuando en los días de gala le ponían